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La crisis de la economía “Supersimbólica”

Ricardo Antonio Cuadra García . Febrero 2009.

Existe un debate en el mundo de la ciencia sobre la causa de la extinción del hombre de Neanderthal. Una de las hipótesis culpa al excesivo realismo en las funciones cerebrales. La misma hipótesis alega que el Neanderthal presentaba un gran déficit en su pensamiento abstracto y por ende simbólico. En cambio, el Homo Sapiens Sapiens presentaba un cerebro capaz de imaginar y simbolizar que le permitió en su evolución adaptarse a los vaivenes de su entorno. Este simbolismo tiene su legado tanto en el desarrollo del lenguaje, la escritura y las matemáticas como también en la historia económica del hombre moderno.

Alvin Tofler nos ilustra en su libro “La Tercera Ola” el momento de la transición de una economía del simple trueque, al comercio basado en el papel moneda; el génesis de la economía simbólica. La fortaleza del papel moneda reside en el simbolismo del poder político y económico que lo respalda, sin menospreciar la función de agilizar el comercio de mercancías. Tofler también manifiesta que estamos en “La Tercera Ola”, donde la economía “Supersimbólica” ejerce un protagonismo relevante. La materia prima de la economía Supersimbólica es la información que se desplaza a velocidades extremas en la red del ciberespacio en un mundo globalizado, como nos explica en su último libro “La Revolución de la Riqueza”. Dentro de esta red, operan los interruptores que controlan esta economía; las bolsas de valores quienes manejan el mercado especulativo, hijo del simbolismo humano. Las diferentes bolsas de valores en el mundo se venden como promotoras del financiamiento a los mercados, pero también se promueven como el escenario de la esperanza de la independencia financiera que otorga el lucro personal.

Los Bancos de Inversión, los grandes perdedores en esta crisis económica mundial, operaban como “casinos virtuales” para atraer a sus clientes al mercado especulativo. Es en este contexto que se empieza a confundir el inversionista con el apostador. De hecho, cuando se compra una acción de cualquier empresa, lo que se está haciendo es una apuesta, pues si el próximo informe de la compañía adquirida supera las expectativas del inversionista-apostador, el precio de la acción sube, a la inversa el precio baja. Los bancos trabajaban estimulando el optimismo imaginario del apostador-inversionista.

El mercado de valores tiene dos reglas básicas: la primera es que todos los inversionistas deben tener el mismo acceso a igual cantidad de información y el segundo es la “Fe Pública” que la información presentada por las empresas son un reflejo de la realidad. Para ello se usan empresas auditoras y a las empresas clasificadoras de riesgo para supuestamente certificar los resultados empresariales.

Sabemos que los mercados son imperfectos y con regularidad violan sus propios mandamientos: Igualdad de información y la “Fe Pública” de la información. Como antecedente de esta crisis de la economía, unos años atrás se presentó el macro-fraude de Enron. Esta empresa se usaba junto a otras para calcular el famoso índice bursátil Dow Jones, por ende “libre de todo riesgo”, como decían más de un par de financieros. El escándalo de Enron, significó una herida mortal para las compañías clasificadoras de riesgo, así como para las supuestas “independientes” empresas auditoras. También dejó al descubierto el manejo elitista de la información, violando así la equidad informativa que pregona el sistema bursátil. Con una visión retrospectiva podríamos establecer que el caso Enron es el 9/11 de la economía norteamericana.

Pero también otros escándalos atizaron aún más la crisis en la economía “Supersimbólica” dejando al desnudo las grandes imperfecciones del mercado; la burbuja financiera de las empresas punto com, la burbuja del mercado inmobiliario y la especulación excesiva del precio del petróleo. Los fraudes al vaivén de un mercado imperfecto, apenas están empezando a salir a la luz pública. Uno de los “iconos” de la economía “Supersimbólica”, Donald Trump ha amparado su red de casinos a la onceava enmienda sobre quiebras. No cuesta imaginar la cara de sorpresa de Robert Kiyusaki, a la sazón admirador de Trump y coautor en uno de sus libros, pues recomendaba en sus obras de autoayuda financiera la inversión en bienes raíces y en el mercado bursátil para lograr lo que él llama la libertad financiera, aconsejada por su charlatán “padre rico”.

En los Estados Unidos ya se está hablando de hasta nacionalizar a dos grandes Bancos; Citi Bank y Bank of America. Los que argumenta a favor de esta medida estiman que el gran subsidio que el gobierno de Obama está dando a estos bancos es mayor que el valor de los bancos mismos. La banca estadounidense se quedó “sin silla” al momento de parar la música de la fiesta especulativa. Sus garantías estaban sobrevaloradas por los efectos supersimbólicos del optimismo especulativo. El sector automovilístico también se quedó “parado” mirando el escenario de un futuro incierto para su industria.

Las petroleras fueron diestras en el manejo de la crisis, pues agarraron “silla”, vendieron a tiempo y “apagaron la música”. Es por ello que se encuentra con sus alforjas llenas de dinero, contemplando con disimulo, las quejas de otros sectores que le exigen que pague un “peaje” para surcar la crisis. No es de extrañar que las petroleras aguanten un poco para esperar que la crisis se agudice y salir de “shopping” para adquirir compañías infravaloradas.

Una probable causa de la crisis, podría ser, que el mercado especulativo absorbió los recursos económicos que debieron ir dirigidos a aumentar la productividad de las empresas. La gran mayoría de los altos ejecutivos de las empresas, además de tener un salario muy atractivo, reciben bonos por productividad financiera. También en muchos casos los altos ejecutivos son accionistas y su interés converge con el de sus colegas inversores en las utilidades a corto plazo. Son muy pocos los accionistas que les gusta oír que este año vamos a perder porque invertiremos en investigación y desarrollo, y el próximo veremos.

¿Es esta crisis, estructural o cíclica? se preguntan los economistas; un “Deja Vu” de la depresión de 1929. Los que creen que la crisis es estructural ofrecen pruebas que nos hacen pensar, pero no ofrecen soluciones estructurales viables, pues el socialismo “hiede muerto” en las redes de una burocracia corrupta e interventora. Sin embargo, en algo sí existe consenso; el sistema debe ser reformado, pues las manos invisibles de Smith y de Friedman son manoseadas por intereses individuales mezquinos que no permiten una economía justa.

En un mundo globalizado el rol del estado nación se ha visto disminuido. El mundo jerarquizado y bipolar de antaño ha sido sustituido por un mundo regionalizado interconectado. Es por ello que la solución a esta crisis de la economía supersimbólica, debe salir del concierto de naciones y no de medidas aisladas de los estados. Pero demos brecha al optimismo; El Homo Sapiens Sapiens tiene la capacidad imaginativa para modelar un “mundo real”, más justo.

rcardisa@ibw.com.ni


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