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Los tulipanes y los monos de Wallstreet

Ricardo Antonio Cuadra García. Marzo 2009.

En una próspera Holanda de principios del siglo XVII donde las especies de la India muchas veces llegaron a valer su peso en oro, cierto embajador venido de Turquía llevó a las tierras de los países bajos, bulbos de tulipán. La belleza del tulipán fascinó a las altas esferas de la aristocracia holandesa, más aún cierta variedad escasa que desarrollaba formas y colores que hacían a la flor un ejemplar único. Los tulipanes se adaptaron formidablemente a las tierras holandesas, pero la variedad de colores y formas diversas no era tan productiva. Años después se supo que el secreto de su belleza estaba en un virus que el pulgón le trasmitía. Se hacía de esta manera un trueque típico de la selección natural, belleza a cambio de poca fecundidad.

La fascinación por los tulipanes fue tan grande que se dispararon los precios de los mismos hasta llegar a precios de locura, según nos ilustra Charles Mackay en su libro “Delirios Populares Extraordinarios y la Locura de Multitudes” (1814-89). En 1635 en el mercado paralelo holandés se llegó a pagar hasta 100,000 florines por 40 bulbos de tulipán, el equivalente a unas mil toneladas de mantequilla del momento, sin olvidar que el ingreso medio anual de la gente en esos tiempos era de 150 florines. En el invierno de 1637 el mercado de los tulipanes estaba dominado por los especuladores, llegándose a vender un mismo tulipán hasta 10 veces en el mismo día, cuyos beneficios llegaron hasta el 500 %. Ese invierno se llegó a pagar la cifra récord por un tulipán, 5,200 florines, casi cuarenta veces del ingreso promedio anual de un holandés de ese entonces. También los tulipanes se negociaban vía trueque. Un bulbo de la flor se llegó a cambiar por 24 toneladas de trigo o a intercambiarse por una casa.

Según Mackay, la “burbuja” de los tulipanes estalló en 1637, cuando en una subasta nadie se presentó al corro de la puja. De inmediato se entró en pánico y el mercado de los tulipanes explotó en mil pedazos. El mercado especulativo había desarrollado hasta productos derivados en los llamados contratos a futuro, pues la planta requería siete años para dar la bella flor.

Esta burbuja de la “Tulimanía” provocó una gran crisis en la economía holandesa, a pesar de que este mercado se desarrolló al margen del oficial. Por esto al gobierno le fue fácil anular los contratos a futuros aduciendo que eran apuestas ilegales.

Al margen de lo legendario que puede resultar esta historia de la “Tulimanía” holandesa, nos permite comprender de una forma didáctica los orígenes del frenesí de las burbujas financieras.

Cerrando aún más el círculo para comprender la crisis bursátil, en los últimos meses en la red se ha popularizado un cuento anónimo llamado “Los monos de Wallstreet”. El cual dice que en un pueblo del Caribe llegó cierto extranjero para instalarse en su tienda de mascotas. Lo primero que hizo fue poner un rótulo en la vitrina de la tienda que decía: “Se compran monos a 10 dólares”. No hubo necesidad de más propaganda, los cazadores del pueblo empezaron a llevar los monos al comerciante excéntrico amante de los primates. Una semana después el astuto comerciante ajustó el rótulo y empezó a ofrecer 20 dólares por cada mono. Los cazadores felices por la subida del precio. Los cazadores de monos se multiplicaron a la vez que los monos se escaseaban. Al ver el comerciante que aunque subiera el precio no le significaban más monos decidió hacer un último intento, empezó a ofrecer 50 dólares por mono. El comerciante se fue a la capital y dejó a su asistente a cargo de la compra de los monos.

El asistente, hombre astuto, le propuso a los cazadores el siguiente trato: que él les vendía los monos a 35 dólares cada uno y luego a su jefe ellos se lo vendieran a los 50 que le estaban ofreciendo; ganándose así 15 dólares por mono sin hacer ninguna labor de casería. Los cazadores limpiaron sus alforjas y las de muchos de sus amigos del pueblo, para llevar la plata al asistente desleal del comerciante. Una vez que llevaron los miles de dólares para comprar monos y luego venderlos sin salir de la jaula, el asistente les felicitó por el excelente negocio que habían hecho, ahora solo había que esperar a su jefe para liquidar la operación.

Al final el asistente y el comerciante desaparecieron del pueblo, y al penetrar botando las puertas de la tienda, los asustados ciudadanos encontraron miles de monos ariscos en sus jaulas.

El análisis de estas anécdotas “mono-tulipánicas” no es completo si no tomamos en cuenta el problema que tuvieron los ciudadanos para mantener tanto mono y tulipanes en espera de una mejor compra. El gasto en jardineros y veterinarios y que decir abono y comida, son rubros necesarios para mantener la inversión a “salvo”, mientras aparece un excéntrico comprador. Pero este epílogo imaginario de las anécdotas “cobra” su realidad en los altos costos que los bancos están pagando por ejecutar garantías inmobiliarias y mantenerlas.

Los mercados bursátiles muchas veces trabajan con la teoría de “el tonto aún más grande” (Greater Fool Theory). Esta teoría argumenta que no hay problema en pagar un precio alto por un bien que no lo merece siempre y cuando exista una persona aún más tonta que quiera comprarlo.

Algunos analistas juegan a “metafísicos económicos” buscando el epicentro temporal de la crisis. Algunos la ubican en los años setenta cuando abandona el patrón oro los Estados Unidos, quebrando el sistema de Bretton Woods. Consideran, estos analistas, que mucha confianza a un solo país. Otros ven el epicentro en el fin de la Guerra Fría; cuando la URSS “rindió su rey”, el presupuesto militar de Estados Unidos bajó drásticamente y esto tuvo como consecuencia que mucha tecnología militar pasara a innovaciones en las empresas privadas. Esto atizó un optimismo renovado en un mundo unipolar. La innovación emblemática que asumió el mercado ha sido la red cibernética, la cual la modelaron años antes los militares; el internet, mecanismo sensible a las manipulaciones individuales.

Estas burbujas financieras erosionan grandes capitales, pero también hacen surgir nuevos afortunados beneficiados por la última venta. Pero en general la mayor perdedora es la sociedad en su conjunto, pues estas burbujas financieras provocan estados recesivos que toma años de superar.

rcardisa@ibw.com.ni

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