Qué es el Capitalismo?

El capitalismo es la denominación que se le dio al sistema económico en el que empezó a proliferar y prevalecer la producción de bienes y servicios para su venta. Los embriones de tal sistema existieron desde la antigüedad, solo que esparcidos en el espacio y el tiempo en diferente escala.

El capitalismo es uno de los “ismos” más famosos de la historia, pero quienes lo conciben como una fuerza abstracta e impersonal no pueden captar su significado. Ese enfoque determinista fue parte de un consenso de moda en la historiografía occidental de mediados a finales del siglo XX. La agencia humana, las ideas individuales y el patrón cambiante de los acontecimientos cotidianos recibieron un papel menos central en las narrativas escritas por los historiadores. En su lugar vinieron las fuerzas sociales y económicas que ahora eran aclamadas como el verdadero foco del historiador. Se suponía que estas tendencias y estructuras a largo plazo eran el motor de la historia, ya que determinaban la forma de los acontecimientos. Sin embargo, el espíritu empresarial, la energía detrás del viaje histórico del capitalismo, no se puede categorizar de manera tan simple.

Los caravanserai de Arabia y Palestina de la Alta Edad Media; la  civilización urbana e innovación financiera en España e Italia durante la Edad Media central; el acceso a la riqueza del noroeste de Europa en el siglo XVI, junto con el surgimiento de una dimensión atlantista de la economía mundial “tempranamente moderna”; exploración colonial, aventura marítima y saqueo incomparable en el siglo XVIII, sobre todo en el caso de la Compañía de las Indias Orientales; la energía prometeica de la industrialización que, después de su aparición inicial en los valles del sureste de Gales, pasó a reclamar el “mundo desarrollado” como  su dominio.

La riqueza de la evidencia presentada en las páginas que siguen muestra que el “capitalismo” no se limita a las sociedades industriales. El término tal vez elude una definición universal o esencialista, pero invariablemente está asociado con la propiedad privada, la acumulación de capital, el trabajo asalariado, los mercados competitivos, los contratos legalmente vinculantes en relación con los servicios y los acuerdos sobre precios. Muchos de estos atributos se pueden ver en acción en la historia económica de la Edad Media central en Europa. La palabra latina “capitale”, un derivado de “caput” (cabeza), ganó popularidad durante los siglos que siguieron al colapso del imperio romano occidental a fines del siglo V. “Chattel”, un término en inglés para propiedad mueble, registra una aplicación y derivación similar. A mediados del siglo XIII, se usaba “capitale” para describir las existencias de bienes de un comerciante y, en la década de 1280, su significado se había extendido para incluir todos los activos de una empresa o negocio dedicado al comercio. “Capitalista”, en el sentido de un individuo que posee capital, se había establecido en el uso del inglés a mediados del siglo XVII. Una historia de la palabra por sí sola explica por qué un relato narrativo del capitalismo debe extenderse a lo largo de un milenio y medio de historia humana registrada. … algunas características del esfuerzo capitalista, como la globalización, por ejemplo, pueden observarse en sociedades que son más antiguas incluso que las de Grecia y Roma.

Las profundas raíces del capitalismo, junto con su capacidad de renovación, plantean la posibilidad de que se trate de un fenómeno cuya historia sea coetánea con la de la civilización urbana asentada. Visto desde esta perspectiva a largo plazo, las formas de vida y de pensar capitalistas parecen más naturales que artificiales, y la economía planificada del siglo XX, por el contrario, parece aberrante. La forma clásica de capitalismo adoptada en Occidente se ha basado en la custodia de esa civilización de la noción de dignidad humana, el estado de derecho y el derecho a la privacidad.  El colectivismo anuló estas dignidades.  Hywel Williams. An Introduction to the History of Capitalism 600-1900 AD, by Benedikt Koehler, David Abulafia, Victoria Bateman, Huw Bowen, Nicholas Crafts.

Fue Marx quien adjudicó al capitalismo la característica de un sistema explotador.

Fue en la obra de Karl Marx donde el capitalismo adquirió la connotación de codicia y exceso que ahora tiene en la mente la mayoría de la gente. Para Marx, era un término oprobioso utilizado para referirse a esa fase de la historia en la que el trabajo era (y sigue siendo) explotado por los capitalistas. Según Marx, que tomó prestadas las ideas del economista inglés David Ricardo, el trabajo es la fuente de todo valor, por lo que cualquier excedente sobre lo que se paga al trabajo puede considerarse “explotación”.

De este modo, el sistema social que conocemos como capitalismo -el mismo sistema responsable de la prosperidad milagrosa y sin precedentes de la humanidad- se considera un sistema explotador.

De este modo, el sistema social que conocemos como capitalismo -el mismo sistema responsable de la prosperidad milagrosa y sin precedentes de la humanidad- es visto como un sistema explotador. Aunque el sistema marxista, completamente desacreditado por la experiencia de la historia, puede tener poco peso hoy en día. Peter Lewin. ¿Qué significa realmente “capitalismo”?.  3 de agosto de 2021.

Henry Hazlitt se enfoca en las características que involucra el término capitalismo:

Hay por lo menos media docena de nombres para este sistema, cualquiera de los cuales sería más apropiado y verdaderamente descriptivo: sistema de propiedad privada de los medios de producción, economía de mercado, sistema competitivo, sistema de pérdidas y ganancias, libre empresa, sistema de libertad económica. Sin embargo, intentar desechar la palabra capitalismo a estas alturas puede no solo ser inútil, sino completamente innecesario. Esta palabra difamatoria, al menos llama la atención, involuntariamente, sobre el hecho de que toda mejora económica, progreso y crecimiento, dependen de la acumulación de capital —al constante aumento de la cantidad y mejora en la calidad de los instrumentos de producción— maquinaria, planta y equipo. Y el sistema capitalista hace más para promover este crecimiento que cualquier otra alternativa. Henry Hazlitt. Los fundamentos de la moral. 1964.

El capitalismo no se trata solamente de capital. El capital, que no es más que los recursos usados para producir, siempre ha existido.

“El término “capitalismo” fue acuñado por Marx como un peyorativo hacia las economías de mercado. El término se estancó y ha generado cierta confusión sobre por qué los mercados funcionan realmente. Como ha señalado la historiadora económica Deidre McCloskey, la gente siempre ha intentado acumular capital (tierra, recursos y dinero). Pero esos intentos colectivos no llevaron al tipo de crecimiento económico en toda la sociedad que hemos visto desde 1800.

La base subyacente del capitalismo es la libertad humana. Como reconoció Adam Smith, cuando a los individuos se les permite perseguir su propio interés a través de los mercados, son asombrosamente buenos para encontrar formas de mejorar no solo ellos mismos sino también la sociedad.

Igualmente importante, como explicó el economista  Joseph Schumpeter, de esta libertad surge un proceso continuo de mejora, lo que él llamó “destrucción creativa”. Es esta innovación constante – descubrir y llevar al mercado nuevos productos y servicios, encontrar formas de mejorar los productos y servicios existentes y encontrar formas más eficientes de crear estos productos y servicios – lo que realmente impulsa el crecimiento económico y aumenta los estándares de vida.

El hecho es que, si bien la acumulación de capital es una característica de una economía de mercado, ciertamente no es exclusiva de ella. Es la libertad individual y la innovación que surge de ella lo que impulsa el motor del capitalismo.” James Davenport. 4 Common Capitalism Myths Debunked. 9 de enero de 2018.

El capitalismo se caracteriza por utilizar el capital para generar valor.

El capitalismo, correctamente entendido, se refiere a un sistema social, el único sistema social que utiliza el “capital”. Para entender el capitalismo, hay que entender el fenómeno del capital. Afortunadamente, el significado de sentido común del capital nos lleva muy lejos. El capital debe entenderse como una medida de valor, como la cantidad de dinero que alguien pone, o pide prestado, para iniciar un negocio. Decimos que para iniciar un negocio es necesario tener capital. Sin embargo, en términos más generales, el capital es una medida del valor de cualquier proyecto productivo, en cualquier momento, de los cuales el más comúnmente referido es el valor de un negocio. El valor de cualquier empresa, su valor de capital, es el valor descontado del total de sus ingresos esperados menos sus costos esperados a lo largo de la vida económicamente relevante de la empresa. El capital es una herramienta contable que utiliza convenciones financieras para estimar el valor de las combinaciones de activos productivos empleados, tangibles e intangibles. Peter Lewin. ¿Qué significa realmente “capitalismo”?.  3 de agosto de 2021.

También se caracteriza por la existencia de un mercado en el que se realizan las transacciones de compra y venta. El indicador clave que permite esas transacciones son los precios.

Los empresarios privados, en su búsqueda de ganancias en un sistema social de propiedad privada, son capaces de utilizar los precios de mercado de los recursos productivos y de los bienes de consumo para formarse estimaciones en términos monetarios que sean relevantes para ellos y que motiven sus esfuerzos para proporcionar bienes y servicios valiosos para los consumidores, obteniendo así, si tienen éxito, un beneficio. Sin esa capacidad de estimar y calcular, no habría forma de formar conjeturas especulativas, que impulsan las acciones empresariales que son la sustancia misma del proceso de mercado de prueba y error con el que estamos familiarizados. Peter Lewin. ¿Qué significa realmente “capitalismo”?.  3 de agosto de 2021.

El germen del capitalismo se rastrea hasta el siglo XIII, pero habrían de pasar varios siglos para que fuera sustituyendo paulatinamente al sistema de producción feudal, basado en la agricultura y el trabajo de los siervos sujetos a la autoridad de los señores feudales y monarcas que extraían de los primeros parte de su producción.

Los historiadores coinciden en que el fin del sistema feudal de producción se da en el siglo XVIII. El desarrollo de la navegación ya había permitido la expansión del comercio europeo con otros continentes lejanos desde el siglo XVI, lo que fortaleció a los estados nacionales y la autoridad de los reyes o monarcas en detrimento de los nobles feudales, desarrollándose la producción agrícola y artesanal con fines comerciales. Fue la etapa del capitalismo mercantilista. Se produjo la transformación de pequeñas producciones artesanales que dejaron de ser exclusivamente a pedido, hechas una a una, en producciones para la venta, aunque todavía a pequeña escala. Los artesanos estaban organizados en gremios, fuertemente regulados por las autoridades.

La transición se aceleró con la primera revolución tecnológica de gran impacto, la Revolución Industrial a partir de 1820. Lo que hace expandirse al capitalismo es la invención de máquinas que pueden producir en serie el mismo artículo, sustituyendo el modo de producción manual artesanal, como los telares. Se pasa de la producción artesanal a la producción fabril. Muchos artesanos pasan a ser obreros y muchos siervos de la gleba dejan el campo para ir a trabajar a las ciudades. Eso liquidó más rápidamente al régimen feudal. La gente vota con los pies.

Es a partir de entonces que la producción se acelera, aumentan los ingresos salariales debido a la competencia por la fuerza de trabajo y por tanto, el consumo de la población. No podía ser de otra manera, pues la producción no encontraría compradores. La pobreza empezó a reducirse como resultado de esa primera revolución tecnológica, no a aumentarse, como pretende Marx en su descripción apocalíptica de las condiciones de trabajo en las fábricas del siglo XVIII.

La explotación del trabajo humano masculino, femenino e infantil durante el apogeo del sistema fabril del siglo XIX es discutiblemente válida. Y no lo es del todo para el presente. La narrativa de Marx no es objetiva, sus referencias a las condiciones de trabajo fueron escogidas para llevar agua a su molino. Por qué las personas habrían de irse a trabajar en fábricas con peores condiciones de las que tenían como artesanos o agricultores en el régimen feudal? Fueron acaso obligadas a hacerlo a punta de pistola? Eso desafía la lógica. Hay varios estudios que contradicen la versión apocalíptica de Marx durante la Revolución Industrial en Inglaterra.[i]

Es de esa forma que el capitalismo, nombre adjudicado para diferenciarlo del feudalismo, se basa en la propiedad privada de los medios (máquinas, equipos, edificios, etc.) para producir bienes destinados a la venta en el mercado, donde cada quien es libre de adquirirlos. La competencia no tarda en aparecer y de esa manera se compite por las materias primas y por la fuerza de trabajo, obligando a los empresarios a hacer más eficiente la producción (mediante innovaciones principalmente) para mantenerse en el mercado. Cuando Adam Smith, conocido como el Padre de la Economía, publica “La Riqueza de las Naciones” en 1776, llama a este sistema de libre empresa y libre mercado, en contraposición al sistema mercantilista.

“La ideología del laissez-faire y su rama, la “Revolución Industrial”, derribaron las barreras ideológicas e institucionales al progreso y el bienestar. Derribaron el orden social en el que un número cada vez mayor de personas estaba condenado a la abyecta necesidad y la indigencia. … El sistema fabril inauguró un nuevo modo de comercialización y producción. Su rasgo característico era que las manufacturas no estaban diseñadas para el consumo de unos pocos acomodados, sino para el consumo de aquellos que hasta ahora habían jugado un papel insignificante como consumidores. Cosas baratas para muchos, era el objetivo del sistema fabril. 

El hecho sobresaliente de la Revolución Industrial es que abrió una era de producción en masa para las necesidades de las masas. Los asalariados ya no son personas que se afanan únicamente por el bienestar de otras personas. Ellos mismos son los principales consumidores de los productos que producen las fábricas. Los grandes negocios dependen del consumo masivo. … El principio mismo del espíritu empresarial capitalista es proveer para el hombre común. En su calidad de consumidor, el hombre común es el soberano cuya compra o abstención de comprar decide el destino de las actividades empresariales. En la economía de mercado no hay otro medio de adquirir y preservar la riqueza que abasteciendo a las masas de la mejor y más barata forma de todos los bienes que piden.” Ludwig von Mises. Facts about The Industrial Revolution. 1956.

El capitalismo entonces, se generó espontáneamente y fue evolucionando a través del tiempo, ajustándose a las condiciones propias de cada lugar, geográficas, culturales, sociales y políticas.

“… como  explicó Friedrich Hayek , el sistema de mercado no está realmente “creado” sino que es un sistema que evoluciona a partir de la interacción y el descubrimiento humanos. Al igual que el lenguaje, la economía de mercado no fue creada por un solo individuo o grupo, sino que evolucionó durante un largo período en función de las interacciones de muchas personas. Las reglas e instituciones que sustentan la economía de mercado surgieron de estas interacciones.” James Davenport. 4 Common Capitalism Myths Debunked. 9 de enero de 2018.

“Hayek tomó prestada la noción de orden espontáneo de Adam Smith (recuerde “la mano invisible” del mercado de La riqueza de las naciones de Smith ) y los filósofos escoceses del derecho natural, quienes argumentaron que la sociedad se desarrolló a partir de un orden espontáneo que era el resultado de la acción humana pero no de diseño humano. Hayek, ampliando los argumentos presentados por los escoceses, escribió que la sociedad se desarrolló a través de la tradición y la razón, al mismo tiempo. La experiencia cotidiana, tanto lógica como práctica, influyó en el avance del hombre. Sin embargo, el uso de la razón no era ilimitado, ya que estaba limitado por el sesgo de un individuo o grupo. Esto significaba que la sociedad era demasiado compleja para ser creada pieza por pieza de una manera estrictamente racional y lógica.” David K  Rehr.  El legado de Hayek del orden espontáneo.  1 de junio de 1992.

En términos básicos y generales, el capitalismo es un sistema económico-social basado en la propiedad privada de los medios de producción y de consumo. Se caracteriza por la búsqueda del interés individual bajo libertad y se basa en la influencia de la razón. Sobre la base de sus fundamentos y naturaleza esencial, el capitalismo se caracteriza además por el ahorro, la inversión y la acumulación de capital, la innovación continua, el interés propio y el motivo de lucro, el intercambio entre productores y consumidores a precios determinados por la oferta y la demanda en los mercados, la división del trabajo, la competencia y la cooperación de beneficio mutuo, y la desigualdad económica como resultado de las diferencias individuales.

El lucro, la ganancia de la empresa es la retribución al emprendedor, empresario o propietario. Ninguna empresa tiene garantizada una ganancia, excepto cuando existe una distorsión en el mercado, generalmente causada por la intervención estatal. La mayoría de las nuevas empresas quiebran en sus primeros años de vida, especialmente aquellas en mercados competitivos. Incluso los monopolios no están exentos de irse a la bancarrota por efecto de la irrupción de nuevas tecnologías y nuevos competidores. La evidencia estadística histórica así lo demuestra.

La ganancia (o puede también ser una pérdida) resulta, para simplificar, de los ingresos por la venta de bienes o servicios menos lo que se ha gastado en producirlos. Parte de la ganancia la capta el Estado en forma de impuesto. El objetivo del empresario es que la empresa produzca ganancias. Una empresa que no produce ganancias deja de ser un incentivo para continuar operándola porque no puede sostenerse en el mercado y menos, crecer.

Aún más, el objetivo de obtener ganancias no es solamente para usarlas para el consumo del empresario. Este, como toda persona, tiene que usar parte de ellas para vivir. Pero está obligado a usar otra parte para reinvertirla en el negocio a fin de que este crezca o al menos pueda sobrevivir frente a la competencia de otras empresas, cada una de las cuales estará buscando lo mismo: crecer obteniendo una mayor cuota de mercado. De este modo, la ganancia ahorrada y no consumida es la fuente de la innovación y de la inversión y la inversión es la fuente de la generación de más producción, de más empleo, de más impuestos, en fin, de mayor riqueza y crecimiento económico.

La ganancia, vista de otro modo, es un premio para el empresario que mejor satisface las necesidades de los consumidores, un premio otorgado por estos en el referéndum diario del mercado. Las pérdidas, por el contrario, son el castigo del consumidor al empresario que no ha podido satisfacer tales necesidades, a precios y calidades que el consumidor demanda.

Sin embargo, lo que prevalece es la definición de capitalismo que se usa convencionalmente, no solamente por casi todas las personas, sino también como la usan casi todos los economistas y profesionales de las ciencias sociales. De manera que todos entienden, cuando se habla de capitalismo, del sistema económico basado en la propiedad privada del capital, el derecho de su uso, y el libre intercambio de bienes y servicios en los mercados, donde los precios son las señales que guían el comportamiento de productores y consumidores.

La toma de decisiones de inversión son determinadas por cada propietario de la riqueza en los diferentes mercados, de producción, financieros y de capitales, mientras que los precios y el consumo de bienes y servicios están determinadas principalmente por la competencia en los mercados y la preferencia de los consumidores. El principio fundamental de la Ley de Oferta y Demanda determina los precios, aún en mercados imperfectos, oligopólicos o cartelizados.[1]

Un elemento clave del capitalismo es el orden espontáneo que se produce en una economía de mercado libre, basado en la libertad que tienen los individuos para decidir qué producir, cómo producir, para quién producir, y qué consumir. Guiados por sus intereses individuales, millones de personas interactúan sin ningún plan superior que los guíe, y sin ninguna coacción, solamente su deseo de maximizar su ganancia, en el caso del vendedor (oferta), y su satisfacción en el caso del comprador (demanda), fomentando así, sin saberlo, el interés general. La suma de todas las decisiones individuales determinan, de la manera más eficiente, lo que se necesita producir, ya que es lo que se necesita consumir.

Según Adam Smith, a escala general, el interés voluntario de millones de personas crearía una sociedad estable y próspera sin necesidad de dirección central por parte del Estado. Su doctrina del interés propio iluminado a menudo se llama “la mano invisible“, basada en un famoso pasaje (parafraseado) de La riqueza de las naciones: “Al perseguir su propio interés, cada individuo es guiado por una mano invisible para promover el interés público[ii]

Los mercados tienden a maximizar la libertad de las personas del control político y que la libertad, aquello que siempre constituyó su valor básico, está mejor preservada en un régimen que permite a los mercados un rol decisivo.

Henry Hazlitt, establece que el capitalismo se basa en la existencia de cinco elementos o instituciones fundamentales: propiedad privada, mercado libre, competencia, división y combinación del trabajo, y cooperación social. Concluyen “En definitiva, de esto se trata el capitalismo, un conjunto de cinco instituciones (reglas) que fomentan la cooperación social en busca del mayor bienestar para cada uno de los individuos que forman parte de la sociedad.”[iii]

Para Joseph Schumpeter la esencia del capitalismo es el proceso de “destrucción creativa” (la innovación) mediante el cual nuevos productos (bienes o servicios), procesos y sistemas de producción y comercialización sustituyen continuamente a los viejos, dando como resultado el progreso económico.

Una comparación que trata de resumir el pensamiento de Smith y el de Marx sobre el sistema capitalista es la siguiente:

“Si la obra de Adam Smith es el Génesis de la economía moderna, la de Karl Marx es su Éxodo. Si el filósofo escocés es el gran creador del laissez-faire, el revolucionario alemán es su gran destructor. El marxista John E. Roemer lo admite. Según él, la “principal diferencia” entre Smith y Marx es la siguiente: “Smith sostuvo que la búsqueda del individuo del interés propio conduciría a un resultado beneficioso para todos, mientras que Marx sostuvo que la búsqueda del interés propio conduciría a la anarquía, la crisis, y la disolución del propio sistema basado en la propiedad privada. . . . Smith habló de la mano invisible que guía a los agentes individuales y de interés propio para llevar a cabo aquellas acciones que serían, a pesar de su falta de preocupación por tal resultado, socialmente óptimas; para el marxismo el símil es el puño de hierro de la competencia, pulverizando a los trabajadores y empeorándolos de lo que estarían en otro sistema factible, a saber, uno basado en la propiedad social o pública de la propiedad” (Roemer 1988, 2–3)”. Citado en Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Mercado libre versus Intervencionismo

En su libro La Riqueza de las Naciones, publicado en 1776, el economista Adam Smith hizo la observación más famosa de toda la economía: los hogares y las empresas interactúan en los mercados como si fueran guiados por una “mano invisible” que los condujera a obtener unos resultados de mercado deseables. …

Cuando el lector estudie economía, verá que los precios son el instrumento con que la mano invisible dirige la actividad económica. Los precios reflejan tanto el valor que tienen para la sociedad como el costo social de producirlo. Como los hogares  [consumidores] y las empresas observan los precios cuando deciden lo que van a comprar y a vender, tienen en consideración sin darse cuenta los beneficios y los costos sociales de sus actos. Como consecuencia, los precios llevan a cada uno a obtener unos resultados que en muchos casos maximizan el bienestar de la sociedad en su conjunto. La habilidad de la mano invisible tiene un importante corolario, cuando un gobierno impide que los precios se ajusten a las condiciones naturales de la oferta y la demanda, impide que la mano invisible coordine a los millones de hogares y empresas que constituyen la economía. Este corolario explica por qué los impuestos afectan negativamente a la asignación de recursos: los impuestos distorsionan los precios y, por tanto, las decisiones de los hogares y de las empresas. También explica el daño aún mayor que causan las medidas que controlan directamente los precios, como el control de los alquileres. Y explica el fracaso del comunismo. En los países comunistas, los precios no se determinaban en el mercado, sino que eran dictados por los planificadores centrales. Éstos carecían de la información que se refleja en los precios cuando éstos responden libremente a las fuerzas del mercado. Los planificadores centrales fracasaban porque trataban de dirigir la economía con una mano atada a la espalda: la mano invisible del mercado. Gregory Mankiw. “Principios de microeconomía” (1995).

Ludwig Von Mises explica cómo el libre mercado constituye la forma natural y eficiente de satisfacer los deseos y preferencias de los consumidores usando los recursos disponibles, respetando la libertad y la voluntad de productores y consumidores, lo que ningún plan de intervención estatal puede lograr.

En el siglo XVIII en Francia, el dicho laissez faire, laissez passer fue la fórmula en la que algunos de los defensores de la causa de la libertad comprimieron su programa. Su objetivo era el establecimiento de la sociedad de mercado sin trabas. Para lograr este objetivo, abogaron por la abolición de todas las leyes que impiden que las personas más laboriosas y más eficientes superen a los competidores menos laboriosos y menos eficientes y restrinjan la movilidad de las mercancías y de los hombres. Esto fue lo que la famosa máxima fue diseñada para expresar.

En nuestra era de anhelo apasionado por la omnipotencia del gobierno, la fórmula del laissez faire es de mala reputación. La opinión pública ahora lo considera una manifestación tanto de la depravación moral como de la mayor ignorancia.

A medida que el intervencionista ve las cosas, la alternativa es “fuerzas automáticas” o “planificación consciente”. Es obvio, implica, que confiar en procesos automáticos es pura estupidez. Ningún hombre razonable puede recomendar seriamente no hacer nada y dejar que las cosas vayan como lo hacen sin interferencia por parte de la acción intencional. Un plan, por el solo hecho de que es una muestra de acción consciente, es incomparablemente superior a la ausencia de cualquier planificación. Se dice que el laissez faire significa: que duren los males, no trates de mejorar la suerte de la humanidad mediante una acción razonable.

Esta es una conversación completamente falaz. El argumento avanzado para la planificación se deriva completamente de una interpretación inadmisible de una metáfora. No tiene más fundamento que las connotaciones implicadas en el término “automático”, que se acostumbra a aplicar en un sentido metafórico para la descripción del proceso de mercado. Automático, dice el Concise Oxford Dictionary, significa “inconsciente, no inteligente, simplemente mecánico”. Automático, dice Webster’s Collegiate Dictionary, significa “no sujeto al control de la voluntad, … realizado sin pensamiento activo y sin intención o dirección consciente”. ¡un triunfo para el campeón de planear jugar esta carta de triunfo!

La verdad es que la alternativa no es entre un mecanismo muerto o un automatismo rígido, por un lado, y la planificación consciente, por otro lado. La alternativa no es un plan o ningún plan. La pregunta es ¿de quién es la planificación? ¿Debería cada miembro de la sociedad planificar para sí mismo, o un gobierno benevolente solo debería planificar para todos ellos? El problema no es el automatismo versus la acción consciente; Es una acción autónoma de cada individuo versus la acción exclusiva del gobierno. Es libertad versus omnipotencia gubernamental.

Laissez faire no significa: dejar que operen las fuerzas mecánicas sin alma. Significa: que cada individuo elija cómo quiere cooperar en la división social del trabajo; Deje que los consumidores determinen qué deben producir los empresarios. Planificación significa: dejar que el gobierno elija solo y haga cumplir sus decisiones mediante el aparato de coerción y compulsión.

Según el laissez faire, dice el planificador, no son aquellos bienes que las personas “realmente” necesitan los que se producen, sino aquellos bienes de la venta de los cuales se esperan los mayores rendimientos. Es el objetivo de planificar dirigir la producción hacia la satisfacción de las necesidades “verdaderas”. Pero, ¿quién decidirá cuáles son las necesidades “verdaderas”?

Así, por ejemplo, el profesor Harold Laski, ex presidente del Partido Laborista británico, determinaría como objetivo de la dirección planificada de inversión “que el uso de los ahorros del inversor será en la vivienda y no en los cines”, el punto es si uno está o no de acuerdo con la opinión del profesor de que mejores casas son más importantes que las películas. Es un hecho que los consumidores, al gastar parte de su dinero para ingresar al cine, han tomado otra decisión. Si las masas de Gran Bretaña, las mismas personas cuyos votos llevaron al Partido Laborista al poder, dejaran de patrocinar las películas y gastaran más en casas y apartamentos cómodos, las empresas con fines de lucro se verían obligadas a invertir más en la construcción de viviendas y apartamentos y menos en la producción de cuadros caros. Era deseo del señor Laski desafiar los deseos de los consumidores y sustituir su propia voluntad por la de los consumidores. Quería acabar con la democracia del mercado y establecer la regla absoluta del zar de la producción. Tal vez creía que tenía razón desde un punto de vista superior y que, como superhombre, fue llamado a imponer sus propias valoraciones a las masas de hombres inferiores. Pero entonces debería haber sido lo suficientemente franco como para decirlo claramente.

Todo este elogio apasionado de la supereminencia de la acción del gobierno no es más que un disfraz pobre para la auto deificación del intervencionista individual. El gran dios Estado es un gran dios solo porque se espera que haga exclusivamente lo que el defensor individual del intervencionismo quiere lograr. Solo ese plan es genuino y el planificador individual lo aprueba por completo. Todos los demás planes son simplemente falsificados. Al decir “plan”, lo que el autor de un libro sobre los beneficios de la planificación tiene en mente es, por supuesto, solo su propio plan. No tiene en cuenta la posibilidad de que el plan que el gobierno pone en práctica puede diferir de su propio plan. Los diversos planificadores solo están de acuerdo con respecto a su rechazo del laissez faire, es decir, la discreción de los individuos para elegir y actuar. Están totalmente en desacuerdo con respecto a la elección del plan único que se adoptará. A cada exposición de los defectos manifiestos e incontestables de las políticas intervencionistas, los defensores del intervencionismo reaccionan de la misma manera. Estas fallas, dicen, fueron el resultado del intervencionismo espurio; lo que estamos defendiendo es un buen intervencionismo, no un mal intervencionismo. Y, por supuesto, el buen intervencionismo es la propia marca del maestro.

Laissez faire significa: dejar que el individuo elija y actúe; no obligarlo a ceder ante un dictador. Ludwig Von Mises. Human Action. Laissez Faire vs. Interventionism. 31 de julio de 2019.

Pero los principios básicos del funcionamiento del capitalismo han venido siendo trastocados por la intervención del Estado en el funcionamiento de las economías, con el argumento de corregir “fallas” del mercado, haciendo uso del poder coercitivo del Estado para incidir de manera artificial en el comportamiento de los agentes económicos, a través de políticas fiscales, monetarias y de gasto público, así como en la introducción de regulaciones para productores y consumidores.

El sistema capitalista y el Estado mínimo que existió en el siglo XIX hasta inicios del XX, no existe más. El gasto público que apenas significaba menos del 10% del Producto Interno Bruto (PIB) en la mayoría de países, empezó a expandirse de manera indetenible hasta el presente, de modo que esta cifra llega actualmente al 40% en los Estados Unidos y supera el 50% en muchos países europeos. En Latinoamérica pasó de significar menos de 5% hasta alrededor del 30%. Esto como resultado del crecimiento específicamente en el gasto social. El gasto público social como porcentaje del PIB, pasó de ser menos del 2% a un rango de 15-30% en los países desarrollados. Fuente: Our World in Data: Government spending, 1880 to 2011.

De modo que actualmente, y desde hace décadas, no existe un capitalismo “puro”, sino uno modificado y ajustado a los intereses de las élites o grupos de poder que usan el poder coactivo del Estado para ello. El crecimiento del gasto estatal ha sido a costa de los impuestos que se extraen de la actividad empresarial y del consumo, lo cual significa dejar menos dinero en manos de productores y consumidores para la inversión y el consumo. A pesar de ello, la capacidad del sistema para generar crecimiento económico ha probado ser capaz de soportar la creciente carga impositiva.

La riqueza generada en tan solo 150 años ha sacado de la pobreza extrema a gran parte de la humanidad. Antes de 1820 todas las personas eran pobres. Solo una pequeña minoría era rica: los monarcas, nobles, aristócratas y autoridades religiosas. La desigualdad económica en las sociedades pre modernas era extremadamente alta y la persona promedio vivía en condiciones que hoy llamaríamos pobreza extrema. Desde 1870, ciento cincuenta años después, la creación de riqueza se ha multiplicado doce veces, como promedio mundial, debido al sistema capitalista, ya que, como veremos más adelante, las economías socialistas que significaron un 20% de la economía mundial entre 1917 y 1990, tuvieron un menor desempeño.

Para tomar un período más reciente, cuando en casi todo el mundo funciona el sistema capitalista[2], el PIB per cápita ha pasado de $5,494 en 1990 a $17,913 en 2018, es decir se ha multiplicado 3.3 veces en tan solo 28 años.  Sin embargo, el crecimiento no ha sido igual en los países y regiones. Aun así, todos han crecido. Europa Occidental creció 16 veces, Estados Unidos y América Latina 14 veces.

El otro fenómeno es que el crecimiento se ha acelerado a medida que pasa el tiempo. En los primeros 1800 años de la era cristiana, el ingreso per cápita prácticamente no creció. El crecimiento se ha producido en los últimos 200 años y su tasa de crecimiento se ha ido acelerando, desde 0.65% en el siglo XIX, a 1.06% en los primeros 50 años del siglo XX, a  2.1% en los siguientes 50 años, a 3% en los primeros 15 años del presente siglo. Como consecuencia, el tiempo necesario para que se dupliquen los ingresos se ha venido reduciendo, pasando de 107 años de 1800 a 1900, a 23.5 años en los años transcurridos desde 2000 hasta 2014. De continuar la tendencia, para 2030 el ingreso per-cápita se estaría duplicando cada 14 años, o menos. Fuente de los datos: Javier G. Milei. El retorno al sendero de la decadencia argentina. 2015.

Tal crecimiento ha sido resultado de las sucesivas oleadas de cambios tecnológicos, las revoluciones tecnológicas que se han sucedido, como muy bien las describen Jeffrey D. Sachs y Klaus Schwab et. al (ver la nota).[iv] Como todas, la presente revolución tecnológica no solamente trae ganadores, también perdedores, pero como confirma la historia, los primeros siempre son muchos más que los segundos.[v]

En sólo los últimos 20 años, el crecimiento económico ha sido fenomenal, al mismo tiempo que se redujeron las diferencias en la distribución de riqueza entre países en un fenómeno que se denomina como convergencia de ingresos, mientras que la pobreza extrema en el mundo se ha reducido del 90% hace dos siglos a poco menos del 10% en 2015.

Angus Deaton, en su obra «El Gran Escape» se refiere al asunto diciendo: «el rápido crecimiento de los ingresos promedio, especialmente en China y la India, y particularmente después de 1975, hizo mucho para reducir la pobreza extrema en el mundo. En China más que en cualquier otra parte, pero también en la India, el escape de cientos de millones de una pobreza tradicional y largamente establecida califica como el Escape más Grande de todos.»

Xavier Sala i Martin nos ofrece datos más recientes:

“La riqueza mundial creció aproximadamente un 66 % entre 1995 y 2014 (de USD 690 billones a USD 1140 billones en dólares estadounidenses constantes de 2014 a precios de mercado). La proporción de  la riqueza mundial de los países de ingresos medianos está creciendo: pasó del 19 % al 28 % entre 1995 y 2014, mientras que la proporción de la riqueza mundial de los países de ingreso alto de la OCDE disminuyó del 75 % al 65 %.

De acuerdo con las últimas estimaciones, el 10 % de la población mundial vivía con menos de USD 1,90 al día en 2015, en comparación con el 11 % en 2013. Esta proporción es inferior al valor de casi 36 % registrado en 1990. En la actualidad, casi 1100 millones de personas menos viven en la pobreza, en comparación con 1990. En 2015 había 736 millones de personas que vivían con menos de USD 1,90 al día, cifra inferior a los 1850 millones de 1990.” Banco Mundial. Pobreza: panorama general (2019)

“Nunca, en toda la historia de la humanidad, el planeta Tierra había tenido una tasa de pobreza extrema tan baja como la que tenemos en el 2015. La tasa de pobreza extrema mundial se ha dividido por 5 desde 1970 y se ha dividido por 2 desde 1990. Es decir, los objetivos del milenio que pedían que la pobreza se dividiera por dos entre 1990 y 2015 se consiguieron. El éxito fue tan rotundo que a septiembre de 2015, las Naciones Unidas propusieron un nuevo objetivo para la humanidad: erradicar la pobreza extrema en 2030.” Xavier Sala i Martin. Economía en Colores (2015)

Es indudable que la pobreza está relacionada con el nivel de ingresos y que los datos anteriores confirman cómo esta se ha venido reduciendo por la acción del sistema de libre mercado. Pero la elevación del nivel de vida también puede verse examinando el comportamiento de muchos otros indicadores, como la esperanza de vida que ha venido aumentando, la mortalidad infantil y el analfabetismo que se han venido reduciendo, el acceso a servicios básicos de agua potable y electricidad, el tiempo y la calidad el trabajo, etc. Steven Pinker nos habla sobre el progreso en varios aspectos del bienestar que no notamos por la tendencia del ser humano a olvidar el pasado, desconocer la historia o asumir como dados –taken from granted es la frase en inglés que mejor define ese comportamiento- los beneficios de que hoy disfrutamos. En esa visión negativa influyen los medios de comunicación, sometidos a la competencia por la audiencia, enfatizando en la nota roja, las desgracias y calamidades. Las noticias positivas no venden. (Ver la nota al final).[vi]

Sin embargo, en el transcurso del tiempo ha habido varias caídas en la producción, conocidas como recesiones, pero la economía vuelve a repuntar. Los ciclos económicos de auge y depresión son normales en el capitalismo y son la forma en que se expresan los ajustes del sistema a la realidad de la evolución social. Schumpeter los calificó como procesos de “destrucción creativa” mediante los cuales se destruye lo viejo para dar lugar a lo nuevo. De manera que los expertos concuerdan en que las tendencias a mediano y largo plazo indican un crecimiento continuo.

En este artículo, Qué pasa si el futuro es mejor de lo que pensamos? escrito en 2014, Ben Carlson aporta importantes argumentos sobre la continuidad del crecimiento económico futuro y la mejora del nivel de vida de la población.[vii]

“La humanidad ahora está entrando en un período de transformación radical en el que la tecnología tiene el potencial de elevar significativamente los estándares básicos de vida para cada hombre, mujer y niño en el planeta”. – Peter Diamandis

Lea más sobre este tema en: La evidencia del progreso en el mundo

El capitalismo es un proceso social de gestión económica. Es orgánico y con la capacidad de adaptarse a una infinidad de variables impredecibles, ya que se basa en las decisiones individuales de miles de personas. Se adapta a distintas circunstancias, pero se desarrolla mejor con el sistema de libre mercado sin intervención del gobierno.

El capitalismo es tan versátil  que funciona en regímenes democráticos y en autoritarios, seculares o religiosos, en una variedad de países con culturas diferentes y con niveles diferentes de desarrollo. Existe capitalismo en países tan dispares como Estados Unidos y China, Rusia y Suiza, India e Irán, Finlandia y Panamá, Uruguay y Zimbawe.

No existe una sola forma de capitalismo, ya que factores políticos y culturales inciden en que adopte diferentes formas de funcionamiento:

… el capitalismo no es una forma monolítica de organización, sino más bien adopta muchas formas, que difieren sustancialmente en términos de sus implicaciones para el crecimiento económico y la eliminación de la pobreza.

… [Existen] cuatro tipos diferentes de capitalismo—el emprendedor, el de grandes empresas, el dirigido por el estado y el oligárquico, y … afectan [de manera diferente] el crecimiento. William J. Baumol, Robert E. Litan, Carl J. Schramm. “Good Capitalism, Bad Capitalism, and the Economics of Growth and Prosperity” (2007)

El capitalismo oligárquico es conocido también como “capitalismo de compadres o compinches” en el que las élites en el poder están coludidas con la oligarquía local para extraer las rentas derivadas de las prácticas corruptas, las que de otra manera no pueden obtener participando en el libre juego de la competencia en el mercado, perjudicando así a otros competidores y a los consumidores en general. Esto tiene como consecuencia el desincentivo de la competencia, la innovación y la inversión, fuente principal del desarrollo económico de cualquier país. También perenniza la pobreza, propicia la desigualdad y la concentración de riqueza ilegítima.

Una mirada cercana a los países que aún luchan por salir del subdesarrollo muestra que en ellos prevalece el capitalismo oligárquico y que es gran parte la causa de la pobreza, la desigualdad basada en la acumulación ilegítima de riqueza y del bajo nivel de vida.

A su vez, la existencia del modelo de capitalismo oligárquico es producto de la cultura prevaleciente en tales sociedades.[3] La tesis de Howard Wiarda es similar a la tesis defendida por Lawrence Harrison.

…la cultura es una de las principales claves del éxito. No la clave necesariamente, …, pero es una clave esencial. Además, diría, con la geografía, los recursos, el medio ambiente, la estructura social y las instituciones como las otras claves. Si preguntamos, por ejemplo, por qué Europa y América del Norte avanzaron en los primeros tiempos modernos, la respuesta es, principalmente, la cultura: la revolución de la ciencia, la imprenta, el estado de derecho, la libertad económica y política, el individualismo y el espíritu empresarial, y gobierno pluralista y representativo. Si preguntamos por qué, en la última mitad del siglo XX, Asia Oriental se adelantó a otras áreas en desarrollo (África, América Latina y Medio Oriente), la respuesta nuevamente es, en gran parte, la cultura: la ética del trabajo duro, el honor familiar, la educación y salir adelante que son parte de la cultura confuciana de la sociedad china ahora se extienden a otras partes de Asia. Del mismo modo, si preguntamos por qué algunos países y áreas (Haití, África subsahariana, el Medio Oriente árabe y el sudeste asiático) se han quedado atrás, la respuesta nuevamente es la cultura: la ausencia de una cultura que apoye el desarrollo. La cultura y los valores están en el corazón del desarrollo. … Valores tales como la responsabilidad personal, la confianza (Putnam y Fukuyama), la dignidad del trabajo, el gobierno legal y la prioridad del individuo hacen la gran diferencia en el desarrollo.

… Por el contrario, fue la cultura junto con la estructura social la que explica por qué el sudeste asiático, el Medio Oriente, África subsahariana y América Latina se quedaron atrás y todavía están luchando por ponerse al día. La cultura ayuda a explicar por qué la República Dominicana (hispana) se está modernizando mientras que el vecino Haití (premoderno) todavía está sumido en la pobreza y la desorganización.

Las culturas clientelistas, dirigidas por la familia y dominadas por el patrocinio del sur de Europa [España, Portugal, Italia, Grecia] ayudan a explicar por qué esa zona está en serios problemas, pero el norte de Europa está mucho mejor. Howard J. Wiarda, Cultura política, ciencia política y política de identidad. (2014)

Lea más sobre este tema en: El factor cultural como explicación del desarrollo económico

El capitalismo es el sistema económico-social que funciona en todo el mundo, con muy pocas excepciones, pero pueden distinguirse dos formas principales.

“El capitalismo gobierna el mundo. Con solo pequeñas excepciones, todo el mundo ahora organiza la producción económica de la misma manera: el trabajo es voluntario, el capital está principalmente en manos privadas y la producción se coordina de manera descentralizada y motivada por las ganancias.

… la verdad ineludible es que el capitalismo llegó para quedarse y no tiene competidor. Las sociedades de todo el mundo han adoptado el espíritu competitivo y adquisitivo integrado en el capitalismo, sin el cual los ingresos disminuyen, la pobreza aumenta y el progreso tecnológico se desacelera. En cambio, la verdadera batalla. es dentro del capitalismo, entre dos modelos que se enfrentan entre sí. … que difieren en sus aspectos políticos, económicos y sociales.

En los estados de Europa occidental y América del Norte y en otros países, como India, Indonesia y Japón, predomina una forma liberal de capitalismo meritocrático: un sistema que concentra la gran mayoría de la producción en el sector privado, ostensiblemente permite al talento crecer, y trata de garantizar la oportunidad para todos a través de medidas como la escolaridad gratuita y los impuestos de sucesiones. Junto a ese sistema se encuentra el modelo político del capitalismo dirigido por el estado, que es ejemplificado por China pero que también emerge en otras partes de Asia (Myanmar, Singapur, Vietnam), en Europa (Azerbaiyán, Rusia) y en África (Argelia, Etiopía. Ruanda). Este sistema privilegia el alto crecimiento económico y limita los derechos políticos y cívicos individuales. Branko Milanovic. The Clash of Capitalisms. The Real Fight for the Global Economy’s Future.

A pesar de los evidentes avances en el desarrollo económico, en el mundo actual vemos que hay países en los que el avance en la superación de la pobreza es lento y en que las tasas de crecimiento económico no se traducen en tasas equivalentes de aumento de riqueza para las mayorías, sino para minorías. También vemos países de los que cienes de miles de personas emigran buscando oportunidades de progreso que sus países de origen les niegan. Ciertamente, son realidades evidentes.

La explicación de tal situación es que en esos países existen formas de capitalismo limitado o mezclado con prácticas pre capitalistas o socialistas. En el caso de América Latina, por ejemplo, subsistieron elementos del feudalismo y del mercantilismo hasta hace pocas décadas. Las prácticas de la colonización española persistieron en la agricultura hasta bien entrado el siglo XX. El predominio del capitalismo oligárquico en la región se debe en parte a la herencia del colonialismo español y portugués.

El Informe de competitividad global 2019 del Foro Económico Mundial indica que no todo es color de rosa y que persisten problemas en varios países para lograr erradicar el hambre y la pobreza.[viii]

Sin embargo, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y la distribución de los ingresos explican solo una parte, aunque importante, del bienestar de las personas.  Para medir otros elementos del bienestar humano y presentar una visión global de la calidad de vida de las personas, se desarrolló el Índice de Progreso Social (IPS), publicándose por primera vez en el año 2014. El IPS “es un modelo integral de medición del desempeño social de un país, pues concibe que la calidad de vida de la persona esté compuesta por varios aspectos que se encuentran interrelacionados y que en conjunto impactan en su bienestar. …Para capturar la calidad de vida, el Índice de Progreso Social agrupa indicadores sociales en tres dimensiones: 1) Necesidades Humanas Básicas 2) Fundamentos del Bienestar y 3) Oportunidades, los que a su vez se dividen en doce componentes. Esta estructura permite tener una visión a la vez global del desarrollo social y enfocada en temas relevantes para la vida de las personas.” Manuel Velazquez. El Origen del Índice de Progreso Social.

Los resultados del IPS reflejan que el mundo, en general, está mejorando y muestra avances pero el progreso es lento y desigual en los países.[ix]

Uno de los pilares del capitalismo es la libertad económica, el derecho fundamental de todo ser humano a controlar su propio trabajo y propiedad.[4] El Índice de Libertad Económica (ILE) [x] muestra que los países tienen diferentes grados de libertad económica, lo que influye en su desempeño. El capitalismo no es un sistema homogéneo. Los diferentes sistemas legales y las políticas económicas de cada gobierno inciden positiva o negativamente en su funcionamiento. El ILE muestra que los países con mayor grado de libertad económica –apertura de los mercados, regulaciones y gobierno eficientes, y estado de derecho funcional- son los de mayor progreso económico y social.

De hecho, son los países con menos pobreza, menos desigualdad, menos desempleo, menos emigración; en general, están en mejor posición en cualquier otro indicador económico, social o ambiental. Las naciones más prósperas del mundo son aquellas que han implementado un mayor grado de capitalismo como sistema económico.

Pero bien, aun aceptando que el capitalismo conduce al desarrollo y la reducción de la pobreza si la cultura prevaleciente favorece el emprendimiento en un mercado competitivo y con instituciones democráticas, en contraposición al capitalismo oligárquico donde la corrupción impide la competencia y la democracia, surge la pregunta de por qué en ambos casos existen niveles de desigualdad similares?

La respuesta se ofrece más adelante cuando se aborda el tema de igualdad y desigualdad. Un adelanto es el siguiente: La desigualdad de ingresos es consecuencia natural de la actividad empresarial. La acumulación continua de ganancias conduce a la concentración de capital, resultando desigualdad de riqueza acumulada, pero al mismo tiempo, es la fuente de la inversión, y esta del crecimiento económico que permite reducir la pobreza y elevar el nivel de vida de todos.

La dinámica del capitalismo genera desigualdades de ingresos, pero esto no debe ser un problema en cuanto contribuya a la elevación continua del nivel de vida de los estratos poblacionales de menores ingresos. La desigualdad de ingresos de origen legítimo conduce al desarrollo para todos, la de origen ilegítimo, como en el caso de los países donde prevalece el capitalismo oligárquico, perpetúa la pobreza y el subdesarrollo.

Un resumen de las características del capitalismo se presenta a continuación:

• El capitalismo es el único sistema económico que preserva la libertad individual al tiempo que eleva el nivel de vida.
• La revolución industrial, y el consecuente aumento de la prosperidad, nunca habría tenido lugar ni bajo los gremios medievales ni bajo el socialismo de estado.
• La desigualdad es un resultado necesario para permitir que las personas avancen como individuos en el mercado. Las medidas para hacer cumplir la igualdad ralentizan el progreso y la innovación, perjudicando a todos.
• Los derechos de propiedad individuales brindan incentivos para que los propietarios conserven y mejoren sus activos. La propiedad colectiva o “pública” conduce al abandono y al despilfarro de recursos.
• Los precios de mercado permiten la recopilación y explotación de conocimientos dispersos sobre las preferencias de las personas. Los planificadores centrales socialistas no tienen un dispositivo comparable para obtener esta información.
• El racionamiento por precio tiene muchas ventajas sobre el racionamiento político. Los llamados servicios “gratuitos”, como el Servicio Nacional de Salud, inducen al despilfarro y al empobrecimiento mutuo.
• El capitalismo pone el interés a largo plazo del hombre como consumidor por encima de su interés como productor. En contraste, el socialismo de estado antepone los empleos a los servicios y los gobiernos tienden a favorecer los intereses organizados de los productores sobre los consumidores.
• Para que el capitalismo dé sus mejores resultados, el proceso político debe limitarse a organizar los deberes mínimos del Estado, como la defensa, donde el mercado puede no ser capaz de operar. Los niveles de vida de Occidente siguen estando restringidos y son innecesariamente desiguales porque el proceso político tiene demasiados beneficiarios.
• El estado de bienestar ha destruido en gran medida la prestación voluntaria de servicios, como educación y salud, que lo precedieron. En ausencia del mercado, la calidad del servicio se ha resentido, los intereses de los productores han triunfado y el
La cultura victoriana de “autosuficiencia” se ha visto socavada.
• Es más probable que un mundo de países capitalistas sea pacífico que un mundo de estados socialistas. Las personas y las empresas privadas, incluidas las multinacionales, que operan en un mercado internacional, tienen un claro interés creado a favor de la paz mundial.
Arthur Seldon. Capitalism – a Condensed
Version. The Institute of Economic Affairs, 2007.

Cómo se vislumbra el futuro del capitalismo?

La innovación tecnológica ha sido la fuente del progreso económico y social. Todas las sucesivas oleadas de cambios introducidos por las innovaciones tecnológicas han permitido la creación de más y más bienes y servicios, no solamente ampliando la cantidad producida y reduciendo los precios, sino también mejorando la calidad y características, pero también de productos nuevos y previamente inexistentes, para satisfacer las crecientes demandas de los consumidores, que aumentan en la medida en que aumentan sus ingresos.

Siendo el capitalismo, con sus pilares de libertad individual, derechos de propiedad, competencia y libre mercado[1], el sistema que ha permitido una explosión continua de innovaciones tecnológicas, el futuro parece promisorio. Las preocupaciones actuales sobre pobreza, contaminación, agotamiento de recursos y cambio climático serán resueltas por los avances tecnológicos.

Un análisis de las perspectivas futuras aporta importantes argumentos sobre la continuidad del crecimiento económico y la mejora del nivel de vida de la población: “para la década de 2030 podríamos ver grandes avances en todos nuestros problemas más importantes. … esto podría significar (1) niveles de vida más altos en todo el mundo, (2) una creciente clase media de consumidores para comprar productos, ahorrar e invertir, y (3) tecnologías saliendo a la luz que una vez solo estaban reservadas para el cine. Sin mencionar el hecho de que muchos de estos avances podrían ayudar a cerrar la brecha de la riqueza y sacar a miles de millones de personas de la pobreza. … Los beneficios de áreas como la educación mejorada también podrían conducir a una mayor libertad y democracia en los países opresivos, aunque esto podría llevar algún tiempo.” What if the Future is Better Than We Think? por Ben Carlson, 2014.

[1] La libertad individual, los derechos de propiedad, la competencia y el libre mercado, esenciales para el funcionamiento óptimo del capitalismo, aún estando bajo el asedio de la intervención estatal que los limita, continúan siendo los elementos clave que mantienen la vitalidad del sistema. Allá donde tales elementos están severamente restringidos, el sistema adolece de mal funcionamiento, impidiendo el progreso.

Arturo J. Solórzano
Octubre de 2020

[1] En abril de 2020 el precio del petróleo, cuya producción está en manos de pocos países productores, la mayoría organizados en el cartel de la OPEP, cayó hasta niveles negativos, como consecuencia de la reducción de la demanda mundial y una oferta que había venido en expansión.

[2] Con la excepción de Corea del Norte, Cuba y más recientemente Venezuela.

[3] Destacados estudiosos del desarrollo económico han otorgado un papel fundamental a la cultura como factor determinante en el desarrollo de los países. La larga historia de este debate puede trazarse tan lejos como la existencia de la historia escrita. Entre los principales exponentes del enfoque cultural están Max Weber, Francis Fukuyama, David Landes, Samuel Huntington, Robert Putnam, Lawrence Harrison, Lucian Pye y Howard Wiarda.

[4] En una sociedad económicamente libre, los individuos son libres de trabajar, producir, consumir e invertir como les plazca. En sociedades económicamente libres, los gobiernos permiten que la mano de obra, el capital y los bienes se muevan libremente y se abstienen de la coerción o restricción de la libertad más allá de lo necesario para proteger y mantener la libertad misma. Índice de Libertad Económica.

[i] Ludwig von Mises. Facts about The Industrial Revolution. 1956. La verdad es que las condiciones económicas eran muy insatisfactorias en vísperas de la Revolución Industrial. El sistema social tradicional no era lo suficientemente elástico para satisfacer las necesidades de una población en rápido crecimiento. Ni la agricultura ni los gremios tenían ningún uso para las manos adicionales. Los negocios estaban imbuidos del espíritu heredado de privilegio y monopolio exclusivo; sus fundamentos institucionales fueron las licencias y la concesión de una patente de monopolio; su filosofía era la restricción y la prohibición de la competencia tanto nacional como extranjera. Creció rápidamente el número de personas a las que no les quedaba lugar en el rígido sistema de paternalismo y la tutela gubernamental de los negocios. Eran virtualmente marginados. La mayoría apática de estos miserables vivía de las migajas que caían de las mesas de las castas establecidas. En la temporada de cosecha ganaban una pequeña cantidad con la ayuda ocasional en las granjas; por lo demás, dependían de la caridad privada y la ayuda comunitaria a los pobres.

… Otros miles, los más audaces y despiadados de su clase, infestaron el país como vagabundos, mendigos, vagabundos, ladrones y prostitutas. Las autoridades no conocían ningún medio para hacer frente a estas personas más que el asilo de pobres y el asilo de trabajo.

… Las fábricas liberaron a las autoridades y la aristocracia terrateniente gobernante de un problema vergonzoso que se había vuelto demasiado grande para ellos. Proporcionaron sustento a las masas de pobres. Vaciaron las casas de los pobres, los asilos y las cárceles. Convirtieron a los mendigos hambrientos en sostén de familia.

… En las primeras décadas de la Revolución Industrial, el nivel de vida de los trabajadores de las fábricas era sorprendentemente malo en comparación con las condiciones contemporáneas de las clases altas y con las condiciones actuales de las masas industriales. Las horas de trabajo eran largas, las condiciones sanitarias de los talleres eran deplorables. La capacidad de trabajo del individuo se agotó rápidamente. Pero el hecho es que para la población excedente a la que el movimiento del cercamiento había reducido a una miseria espantosa y para la que literalmente no quedaba lugar en el marco del sistema de producción imperante, el trabajo en las fábricas era la salvación. Estas personas se apiñaban en las plantas sin otro motivo que el impulso de mejorar su nivel de vida.

… Los dueños de las fábricas no tenían el poder de obligar a nadie a aceptar un trabajo en una fábrica. Solo podían contratar personas que estuvieran dispuestas a trabajar por los salarios que se les ofrecían. Por muy bajos que fueran estos salarios, eran mucho más de lo que estos pobres podían ganar en cualquier otro campo que se les abriera. Es una distorsión de los hechos decir que las fábricas se llevaron a las amas de casa de las guarderías y las cocinas ya los niños de sus juegos. Estas mujeres no tenían nada con qué cocinar y alimentar a sus hijos. Estos niños eran indigentes y hambrientos. Su único refugio era la fábrica. Los salvó, en el sentido estricto del término, de la muerte por inanición.

 

[ii] Adam Smith. “La riqueza de las naciones” (1776). “No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés. No nos dirigimos a sus sentimientos humanitarios, sino a su egoísmo, y nunca hablamos de nuestras necesidades, sino de sus propias ventajas.”

“Por regla general, el ciudadano no intenta promover el bienestar público ni sabe cuánto está contribuyendo a él. Prefiriendo apoyar la actividad doméstica en vez de la foránea, sólo busca su propia seguridad, y dirigiendo esta actividad de forma que consiga el mayor valor, sólo busca su propia ganancia, y en éste como en otros casos está conducido por una mano invisible que promueve un objetivo que no entra en sus propósitos.”

“En la medida en que todo individuo procura en lo posible invertir su capital en la actividad nacional y orientar esa actividad para que su producción alcance el máximo valor, todo individuo necesariamente trabaja para hacer que el ingreso anual de la sociedad sea el máximo posible. Es verdad que por regla general él ni intenta promover el interés general ni sabe en qué medida lo está promoviendo. Al preferir dedicarse a la actividad nacional más que a la extranjera él sólo persigue su propia seguridad; y al orientar esa actividad de manera de producir un valor máximo él busca sólo su propio beneficio, pero en este caso como en otros, una mano invisible lo conduce a promover un objetivo que no entraba en sus propósitos. El que sea así no es necesariamente malo para la sociedad. Al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo.”

”Cuál será el tipo de actividad local en donde su capital se puede invertir y cuya producción pueda ser de un valor máximo es algo que cada persona, dadas sus circunstancias, puede evidentemente juzgar mucho mejor que cualquier político o legislador.”

”El político que pretenda dirigir a las personas privadas sobre la forma en que deben invertir sus capitales no sólo se carga a sí mismo con la preocupación más innecesaria, sino que asume una autoridad que no debería ser delegada con seguridad en ninguna persona, en ningún consejo o senado, y que en ningún sitio es más peligrosa que cuando está en las manos de un hombre tan insensato y presuntuoso como para fantasear que es realmente capaz de ejercerla.”

 

[iii] Javier Milei y Diego Giacomini, en “Libertad, libertad, libertad”, (2019) resumen lo escrito por Hazlitt: Las instituciones fundamentales del capitalismo son cinco. En primer lugar tenemos la propiedad privada. En este sentido, cuando los derechos de propiedad están protegidos, ello significa que se puede conservar y gozar en paz de los frutos del trabajo propio. De hecho, esta seguridad es el principal incentivo para el trabajo mismo. Si cualquiera pudiera apropiarse del trabajo ajeno, no habría incentivos para producir. Toda producción, toda civilización descansa en el reconocimiento de los derechos de propiedad. Un sistema de libre empresa es imposible si no existe seguridad para la propiedad y la vida.

La segunda institución fundamental de una economía capitalista es el mercado libre. Mercado libre significa libertad para que todos dispongan de su propiedad, la intercambien por otras propiedades o por dinero, o la empleen para seguir produciendo en aquellos términos, sean cual fueren, que consideren aceptables. Por lo tanto, la propiedad privada y los mercados libres son instituciones inseparables.

La tercera institución capitalista es la competencia. Todo competidor que actúe dentro del sistema de libre empresa debe estar dentro de los precios vigentes en el mercado. Para poder sobrevivir, sus costos de producción deben ser inferiores a dichos precios. Cuanto más bajo sean sus costos con respecto de los precios de mercado, mayor será su margen de ganancia, lo cual permitirá mayores posibilidades para la expansión de la empresa y de su producción. Si debe hacer frente a pérdidas durante un período considerable de tiempo, no podrá sobrevivir.

El efecto de la competencia consiste, pues, en sacar constantemente la producción de las manos de los directivos menos competentes y ponerla más y más en los directivos más eficientes. Dicho con otras palabras, la libre competencia promueve constantemente métodos cada vez más eficientes de producción y tiende a reducir constantemente sus costos. Al mismo tiempo, la contra-cara de este aumento de la productividad implica una mejora de los salarios reales y del bienestar.

La cuarta institución del capitalismo es la división y combinación del trabajo. Así, tal como lo afirmara Adam Smith, “el mayor progreso de la fuerza productiva del trabajo y la mayor medida de la habilidad, destreza y buen juicio con que se aplica o dirige en cualquier parte, parece haber provenido de los efectos de la división del trabajo”. Más de dos siglos de estudios sobre economía sólo han logrado intensificar la verdad de esta afirmación: “la división del trabajo se extiende porque se comprende que, cuanto más se lo divide, más productivo resulta”. “Los hechos fundamentales que produjeron la cooperación, la sociedad y la civilización y transformaron al hombre animal en un ser humano, son aquellos que establecen que el trabajo efectuado bajo el sistema de la división del trabajo es más productivo que el realizado de manera aislada, y que la razón del hombre es capaz de reconocer esta verdad” (Mises).

Por último, y en estrecho vínculo con la institución precedente nos encontramos con la cooperación social, donde cada una implica la otra. Nadie puede especializarse si vive solo y debe proveer a todas sus necesidades. La división y combinación del trabajo ya significa cooperación social. Ellas conllevan el concepto de que cada una cambia parte de su producto especial de su trabajo por el producto especial del trabajo de los demás. Pero, a su vez, la división del trabajo, aumenta e intensifica la cooperación social. Finalmente, como sostenía Ludwig Von Mises, “la sociedad es acción concertada, cooperación. Ella sustituye la vida aislada de los individuos por la colaboración. Sociedad es división y combinación del trabajo. La sociedad no es sino la combinación de los individuos para el esfuerzo cooperativo”.

 

[iv] Jeffrey D. Sachs. «The End of Poverty: Economic Possibilities for Our Time» (2005). La primera oleada de la Revolución Industrial fue el desarrollo de la máquina de vapor y tecnologías relacionadas, incluyendo la organización de la producción de fábricas a gran escala, nueva maquinaria en el sector textil y de la confección, y nuevas técnicas para producir acero. Una segunda oleada de avances tecnológicos se produjo a mediados del siglo XIX con el ferrocarril, y aún más notablemente el telégrafo, que ofrecía las primeras telecomunicaciones instantáneas en todo el mundo, un avance fenomenal en la capacidad de información difusa a gran escala.

La segunda ola tecnológica también incluyó vapores oceánicos, comercio a escala mundial y dos grandes proyectos de infraestructura: el Canal de Suez, terminado en 1869, que acortó significativamente el tiempo de comercio entre Europa y Asia, y el Canal de Panamá, terminado en 1914, que redujo drásticamente el tiempo de comercio entre la costa este de Los Estados Unidos y los destinos en el oeste de los Estados Unidos, gran parte de América Latina y Asia oriental.

… La tercera oleada de avances tecnológicos implicó la electrificación de la industria y la sociedad urbana a finales del siglo XIX, incluyendo la invención de Edison de la bombilla incandescente y otros aparatos electrónicos. Edison, Westinghouse y otros lideraron la construcción de grandes centrales eléctricas que podían llevar electricidad a hogares, edificios de oficinas y fábricas por alambres, que era la nueva infraestructura definitoria de principios del siglo XX. El desarrollo del motor de combustión interna también fue crítico, al igual que el avance fundamental en la industria química, principalmente en Alemania, con el nuevo proceso para tomar nitrógeno atmosférico y convertirlo en amoníaco para fertilizante (el proceso Haber-Bosch). Este uso de la energía de combustibles fósiles para crear fertilizantes a base de nitrógeno fue el gran avance en el aumento de la producción de alimentos en el siglo XX, permitiendo que una gran proporción de la humanidad, aunque todavía no toda, superara el hambre crónica y los riesgos de hambruna que habían plagado siempre a la humanidad.

Klaus Schwab. Min Xu, Jeanne M. David & Suk Hi Kim. “The Fourth Industrial Revolution: Opportunities and Challenges” (2018) Ahora una Cuarta Revolución Industrial se basa en la Tercera, la revolución digital que se está produciendo desde mediados del siglo pasado. Se caracteriza por una fusión de tecnologías que está difuminando las líneas entre las esferas física, digital y biológica.

Hay tres razones por las que las transformaciones actuales representan no sólo una prolongación de la Tercera Revolución Industrial, sino más bien la llegada de una Cuarta y distinta: velocidad, alcance e impacto en los sistemas. La velocidad de los avances actuales no tiene precedentes históricos. En comparación con las revoluciones industriales anteriores, la Cuarta está evolucionando a un ritmo exponencial en lugar de lineal. Además, está perturbando casi todas las industrias de todos los países. Y la amplitud y profundidad de estos cambios anuncian la transformación de sistemas enteros de producción, gestión y gobernanza». (Schwab 2015)

 

[v] Carl Benedikt Frey, Ebrahim Rahbari  Automation and its enemies, Al igual que durante la Revolución Industrial, los perdedores de la tecnología exigen cambios. … Si bien la respuesta política hasta ahora se ha centrado principalmente en la globalización y sus descontentos, muchos ciudadanos ahora también favorecen las políticas para frenar la revolución de los robots. Según una encuesta de Pew Research en 2017, el 85% de los encuestados en los EE. UU. Están a favor de políticas para restringir el uso de máquinas más allá del trabajo peligroso. Mientras tanto, las propuestas para imponer impuestos a los robots para reducir el ritmo de la automatización ahora figuran en el debate tanto en los EE. UU., Europa y Corea. En los Estados Unidos, Andrew Yang incluso ha convertido la automatización en el tema clave de su apuesta por la Casa Blanca en 2020. El impulso ludita podría regresar. …

Podríamos decir que estamos en medio de otra revolución en robótica e inteligencia artificial, que amenaza con hacer que muchos trabajos sean redundantes (Citi 2015, Frey y Osborne 2017). Y como hemos visto, tales tecnologías históricamente han provocado una resistencia generalizada. Si se bloquean las nuevas tecnologías porque algunas personas temen perder sus empleos, el crecimiento y la prosperidad a largo plazo sufrirán como consecuencia. La revolución industrial fue el comienzo de una transformación extraordinaria que benefició a todos a largo plazo. La robótica avanzada y la inteligencia artificial tienen el potencial de hacer lo mismo, pero cosechar los beneficios de las tecnologías en el horizonte requerirá administrar el corto plazo.

 

[vi] Steven Pinker. El mundo, ¿está mejorando o empeorando? Una mirada a los números. …Durante casi toda la historia humana, la esperanza de vida al nacer eran 30 años. Hoy en día, mundialmente, es de más de 70 años, y en el mundo desarrollado es de más de 80 años. Hace 250 años, en los países más ricos del mundo, un tercio de los niños no vivían para ver su quinto cumpleaños, antes de que el riesgo descendiera 100 veces. Hoy en día, menos de un 6 % de los niños corren esa misma suerte en los países más pobres del mundo. La hambruna es uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Puede llevar la devastación a cualquier parte del mundo. Hoy, la hambruna ha sido desterrada a las regiones más remotas y devastadas por la guerra. Hace 200 años, un 90 % de la población mundial subsistía en extrema pobreza. Hoy en día, menos del 10 % de la gente lo hace.

…Antes de siglo XVII, solo un 15 % de los europeos sabían leer o escribir. Europa y EE.UU. alcanzaron la alfabetización universal a mediados del siglo XX, y el resto del mundo la está alcanzando. Hoy en día, más del 90 % de la población mundial de menos de 25 años sabe leer y escribir. En el siglo XIX, los occidentales trabajaban más de 60 horas por semana. Hoy en día, trabajan menos de 40 horas. Gracias al suministro universal de agua corriente y electricidad en el mundo desarrollado y la adopción general de lavarropas, aspiradoras, refrigeradores, lavavajillas, hornos y microondas, la cantidad de tiempo que pasamos en tareas domésticas se redujo de 60 horas por semana a menos de 15 horas por semana.

Todos estos avances en salud, riqueza, seguridad, conocimiento y ocio, ¿nos hacen más felices? La respuesta es sí. En un 86 % de los países del mundo, la felicidad ha aumentado en las décadas recientes.

Bien, espero haberlos convencido de que el progreso no es cuestión de fe u optimismo, sino una realidad de la historia humana, de hecho, la realidad más grande en la historia humana. ¿Y cómo han cubierto los medios esta realidad? Una tabulación de palabras sobre emociones positivas y negativas en las noticias mostró que durante las décadas en las que la humanidad se volvió más sana, más rica, más sabia, más segura y más feliz, «The New York Times» se volvió cada vez más malhumorado y las transmisiones de TV también se fueron volviendo más sombrías. Las noticias son sobre cosas que ocurren, no cosas que no pasan. Nunca ven un periodista que diga: «Estoy transmitiendo en vivo desde un país que estuvo en paz durante 40 años», o una ciudad que no ha sido atacada por los terroristas. Además, las cosas malas suelen ocurrir rápidamente, pero las cosas buenas no se construyen en un día. Los periódicos podrían destacar: «137 000 personas escaparon ayer de la extrema pobreza», cada día durante los últimos 25 años. Eso es 1,250 millones de personas que dejaron atrás la pobreza, pero nunca leen sobre eso. Además, las noticias capitalizan nuestro interés mórbido en lo que puede ir mal, capturado en la política de programación … el mundo está por terminarse ya desde hace mucho tiempo.

 

[vii] Ben Carlson. What if the Future is Better Than We Think? ¿Qué pasa si las personas están subestimando el potencial del futuro crecimiento económico mundial y la innovación? Cualquiera que tenga un teléfono inteligente tiene mejores capacidades de telefonía móvil que el presidente de los EE. UU. hace 25 años y un mejor acceso a la información que el presidente hace 15 años (piense en Google). Es imposible predecir lo que puede suceder cuando el crecimiento exponencial se afianza porque significa que las mejoras se desarrollan sobre sí mismas de manera muy similar al interés compuesto por los esteroides.

Diamandis argumenta que la mayoría de las personas ni siquiera pueden comenzar a imaginar adónde nos llevará el progreso tecnológico continuo porque es difícil comprender el crecimiento exponencial. Y no en un futuro lejano dentro de cientos de años. Regreso al futuro II podría estar aquí antes de lo que pensamos. Él dice que para la década de 2030 podríamos ver grandes avances en todos nuestros problemas más importantes.
Lea más en el artículo de Carlson.

 

[viii] World Economic Forum. Informe de competitividad global 2019. El crecimiento económico sostenido sigue siendo la ruta más segura para salir de la pobreza y un motor central del desarrollo humano. Durante la última década, el crecimiento ha sido moderado y sigue siendo inferior al potencial en la mayoría de los países en desarrollo, lo que obstaculiza gravemente el progreso en varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030 de la ONU. El panorama de competitividad de 2019 no es un buen augurio. Los países individuales, la comunidad de ayuda y todas las partes interesadas deben intensificar sus esfuerzos con urgencia. Los países individuales, la comunidad de ayuda y todas las partes interesadas deben intensificar sus esfuerzos con urgencia El mundo no está en camino de cumplir ninguno de los ODS. Los países menos adelantados han incumplido el objetivo de crecimiento del 7% cada año desde 2015. La reducción de la pobreza extrema se está desacelerando. 3.400 millones de personas, o el 46% de la población mundial, vivían con menos de $ 5.50 por día y luchaban por satisfacer las necesidades básicas. Después de años de disminución constante, el hambre ha aumentado y ahora afecta a 826 millones, o una de cada nueve personas, en comparación con 784 millones en 2015. Un total del 20% de la población de África está desnutrida. Es casi seguro que se perderá el objetivo de «hambre cero». El índice muestra que hay poco determinismo y fatalismo en el proceso de desarrollo económico. El crecimiento económico no ocurre en el vacío. Se requieren algunos elementos básicos para impulsar el proceso de desarrollo, y se necesitan más para mantenerlo. En el contexto geopolítico volátil actual, y con una probable recesión por delante, la creación de resiliencia económica a través de una competitividad mejorada es crucial, especialmente para los países de bajos ingresos. Por lo tanto, a medida que las políticas monetarias comienzan a agotarse, es crucial que las economías confíen en la política fiscal y los incentivos públicos para impulsar la investigación y el desarrollo, mejorar la base de habilidades de la fuerza laboral actual y futura, desarrollar nuevas infraestructuras e integrar nuevas tecnologías.

 

Rachel Bartlett, al contestar en Quora la pregunta ¿Por qué los estadounidenses son tan reacios al socialismo? nos da una muestra de lo que piensan las personas que vivieron bajo el régimen comunista:

Viví bajo el comunismo. No tengo interés en volver a pasar por esto. He tenido profesores universitarios de Manhattan que me han dado una conferencia sobre cómo el socialismo no es lo mismo que el comunismo, y sobre cómo esto no era «comunismo real», como si no me hubieran obligado a perder cientos de horas de mi juventud estudiando marxismo-leninismo . Como si no hubiera vivido en una cultura política decrépita compuesta por dieciséis millones de expertos en marxismo-leninismo.

Dieciséis millones de expertos en socialismo que no pudieron lograr que este horror cerebral funcionara en cuarenta años. ¿Cuántas horas-hombre de intentar lo mismo necesita la humanidad para comprender que los humanos no pueden existir en un sistema inhumano?

No importa cómo lo llames, socialismo, comunismo, socialismo democrático, el hecho es que no obtienes analgésicos en la odontología infantil. No tienes voz en qué carrera puedes seguir. No puedes elegir dónde vives o trabajas. Tendrá atención médica gratuita a cambio de existir en una prisión al aire libre. Why are Americans so averse to socialism?

 

 

[ix] Deloitte. 2020 Social Progress Index results. Los principales hallazgos del IPS de 2020 son:

  • El mundo obtiene las mejores puntuaciones en Nutrición y Atención Médica Básica (84,63), Vivienda (77,09), Agua y Saneamiento (74,72) y Acceso a los Conocimientos Básicos (75,18). El mundo obtiene las peores puntuaciones en Calidad ambiental (36,87) e Inclusión (39,25), las cuales están muy por detrás de todos los demás componentes del Índice.
  • El mundo ha mejorado drásticamente en el acceso a la información y las comunicaciones (+21.61). Otras mejoras materiales incluyen: acceso a educación avanzada (+7.45), refugio (+6.10) y agua y saneamiento (+5.57).
  • Noruega ocupa el primer lugar en el mundo en progreso social, con Sudán del Sur al final de la lista. El progreso más rápido durante la última década se da entre los países en desarrollo, incluidos Gambia, Sierra Leona, Túnez, Etiopía y Nepal.
  • Estados Unidos es el único país del G7 que retrocede en el progreso social y uno de los tres únicos países que han disminuido durante la última década, junto con Brasil y Hungría.
  • Los países en desarrollo se están poniendo al día. Desde 2011, la variación en las puntuaciones del índice ha caído un 12,3%. Las tasas de convergencia son más altas que las del PIB per cápita.
  • El PIB no lo dice todo. Muchos países tienen un desempeño inferior al del progreso social en relación con su PIB, pero otros se desempeñan mucho mejor de lo que sus ingresos sugieren que es posible o probable. El mundo debe aprender de estos países para acelerar el progreso de manera más amplia.

[x] Índice de Libertad Económica. Medimos la libertad económica con base en 12 factores cuantitativos y cualitativos, agrupados en cuatro amplias categorías, o pilares, de libertad económica:

  1. Estado de derecho (derechos de propiedad, integridad gubernamental, eficacia judicial)
  2. Tamaño del gobierno (gasto público, carga fiscal, salud fiscal)
  3. Eficiencia regulatoria (libertad comercial, libertad laboral, libertad monetaria)
  4. Mercados abiertos (libertad de comercio, libertad de inversión, libertad financiera)

 

Una respuesta a «Qué es el Capitalismo?»

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