El factor cultural como explicación del desarrollo económico

Estoy convencido de que las circunstancias geográficas más afortunadas y las mejores leyes no pueden mantener una constitución a pesar de las costumbres, mientras que estas últimas pueden sacar ventaja incluso de las circunstancias más desfavorables y las peores leyes. La importancia de las costumbres es una verdad universal a la que el estudio y la experiencia nos traen continuamente de vuelta.  Alexis de Tocqueville.  Democracy in América

Alexis de Tocqueville (1805–1859) se refería así a sus conclusiones al comparar las leyes y costumbres de su Francia aristocrática natal con las de los democráticos Estados Unidos de América. Su investigación en el terreno, aunque iba dirigida a otros fines específicos –el sistema de prisiones- le permitió descubrir que muchas de las creencias, actitudes y valores eran diferentes a las que imperaban en Francia, y que son éstas, la cultura, más que las leyes o las circunstancias geográficas, determinantes para la democracia. 

Destacados estudiosos del desarrollo económico han otorgado un papel fundamental a la cultura como factor determinante en el desarrollo de los países. La larga historia de este debate puede trazarse tan lejos como la existencia de la historia escrita. Entre los principales exponentes del enfoque cultural están Max Weber, Francis Fukuyama, David Landes, Samuel Huntington, Robert Putnam, Lawrence Harrison, Lucian Pye y Howard Wiarda. En la actualidad se pueden distinguir dos corrientes principales: las que niegan su influencia y las que la toman en cuenta.

Pero antes, veamos qué entendemos por cultura en el contexto pertinente para el desarrollo económico y social. La Real Academia de la lengua española la define como: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” The Oxford Dictionary la define como “Las costumbres y creencias, el arte, la forma de vida y la organización social de un país o grupo en particular” y “Las creencias y actitudes sobre algo que las personas de un grupo u organización en particular comparten”. El Cambridge Dictionary (American Dictionary) la define como “la forma de vida de un pueblo en particular, especialmente como se muestra en su comportamiento y hábitos ordinarios, sus actitudes mutuas y sus creencias morales y religiosas”.

Howard J. Wiarda, en su obra “Cultura política, ciencia política y política de identidad” (2014) define la “cultura política” como “las ideas, creencias, valores y orientaciones conductuales profundamente arraigadas que las personas tienen, o llevan en sus cabezas, hacia el sistema político.” Esta definición está más cerca del significado que entendemos cuando hablamos del “factor cultural” como explicación del desarrollo económico.

Volviendo a las corrientes principales sobre el tema de la cultura, los que niegan su influencia en la economía y la política son llamados, según Wiarda, estructuralistas o lo que es lo mismo, los marxistas. “Los marxistas insisten en que miremos la estructura, específicamente la estructura de clase. Y el modo de producción, propiedad y distribución. Los marxistas … ven la cultura política, incluidos los valores, la religión, las ideas y la ideología, como parte de la superestructura y sin importancia sustantiva. Es parte de los “epifenómenos” de Marx: fugaz, desaparecida con el viento, no vale la pena estudiarla. En contraste, los eruditos marxistas nos deberían centrar en lo sustantivo: las relaciones de clase subyacentes, la propiedad de la riqueza, la explotación y el conflicto de clases”.

En las sociedades desarrolladas de hoy, ese análisis no sirve de mucho para explicar la dinámica del desarrollo económico. Sin embargo, en los países en desarrollo, según Wiarda, “El análisis marxista y las categorías “se ajustan” mejor a estos países que a los desarrollados. … La estructura de clase obviamente cuenta mucho. El problema surge cuando los defensores de las interpretaciones estructuralistas intentan elevar una explicación útil pero aún parcial a una completa y que lo abarca todo. O traten de decir que la interpretación marxista es la única.” El enfoque marxista en la teoría de la dependencia pertenece a esta corriente de los estructuralistas. 

Otra corriente que niega la influencia del factor cultural en el desarrollo son los “institucionalistas”, para quienes lo único que cuenta es el papel de las instituciones, pues son estas las que regulan el comportamiento de los individuos. El tipo de instituciones, sus características y funciones, ejercen el papel fundamental en el desarrollo político, económico y social. Esta corriente, al igual que la estructuralista, despoja al individuo de jugar un papel en ello. En esta son las instituciones y en aquella las clases sociales. El más reciente exponente de esta corriente es Douglass North, quien recibió el premio Nobel de economía en 1993. North reconoce el papel del factor cultural (costumbres, normas y convenciones de una sociedad), pero lo trata como una “institución” social más, además de las leyes, derechos de propiedad, los seguros, la política.

La otra corriente importante es la denominada “desarrollista”. En palabras de Wiarda (Op.cit.), para esta corriente: “Primero, el crecimiento económico fue la fuerza impulsora del desarrollo, más que la cultura, la geografía, la historia, la sociología y la política. Segundo, el cambio social y el desarrollo político (es decir, la democratización) fueron los resultados del crecimiento económico. Tercero, estos economistas argumentaron que el modelo de desarrollo europeo / estadounidense, en lugar de ser un modelo particular basado en la historia y cultura únicas de Europa o América, era el modelo de desarrollo universal para ser replicado en todas partes. Finalmente, estos economistas argumentaron que una vez que la economía estuviera preparada, la afluencia de inversiones alentaría el crecimiento automático y autosuficiente. Inevitablemente seguirían cambios sociales y políticos positivos (democratización).”

Los principales economistas en esta corriente son W.W. Rostow, Everett von Hagen, Bruce Morris, Robert Heilbroner y Raúl Prebisch. A decir verdad, en el análisis de Rostow sobre las etapas del crecimiento, este concede el papel principal al desarrollo tecnológico como la causa principal del desarrollo económico, el cual, a su vez, causa cambios sociales, debido a que “las elecciones hechas por la sociedad están determinadas por la existencia de procesos políticos y sociales poderosos e independientes”. Es decir, independientes del estado de desarrollo económico, siendo tales procesos políticos y sociales fuertemente influenciados por la cultura prevaleciente en la sociedad, por lo que la crítica de Wiarda no es atinada respecto a lo planteado por Rostow.

Wiarda resume su tesis sobre la cultura como factor clave en los siguientes párrafos. En lo fundamental, es similar a la tesis defendida por Lawrence Harrison:

En la literatura analizada en este libro, y en la literatura sobre desarrollo nacional, se hace evidente que la cultura es una de las principales claves del éxito. No la clave necesariamente, aunque algunos de nuestros autores lo argumentan, pero es una clave esencial. Además, diría, con la geografía, los recursos, el medio ambiente, la estructura social y las instituciones como las otras claves. Si preguntamos, por ejemplo, por qué Europa y América del Norte avanzaron en los primeros tiempos modernos, la respuesta es, principalmente, la cultura: la revolución de la ciencia, la imprenta, el estado de derecho, la libertad económica y política, el individualismo y el espíritu empresarial, y Gobierno pluralista y representativo. Si preguntamos por qué, en la última mitad del siglo XX, Asia Oriental se adelantó a otras áreas en desarrollo (África, América Latina y Medio Oriente), la respuesta nuevamente es, en gran parte, la cultura: la ética del trabajo duro, el honor familiar, la educación y salir adelante que son parte de la cultura confuciana de la sociedad china ahora se extienden a otras partes de Asia. Del mismo modo, si preguntamos por qué algunos países y áreas (Haití, África subsahariana, el Medio Oriente árabe y el sudeste asiático) se han quedado atrás, la respuesta nuevamente es la cultura: la ausencia de una cultura que apoye el desarrollo. La cultura y los valores están en el corazón del desarrollo. Por supuesto, también es necesario que sus instituciones estén bien, pero, al menos en las etapas iniciales de desarrollo, es esencial tener una cultura de apoyo, propicia para el desarrollo como en Asia, Europa y América del Norte. Valores tales como la responsabilidad personal, la confianza (Putnam y Fukuyama), la dignidad del trabajo, el gobierno legal y la prioridad del individuo hacen la gran diferencia en el desarrollo. Así, por supuesto, los recursos naturales, la geografía (por ejemplo, el sistema de transporte fluvial interno estadounidense y europeo), y tener un sistema de clase permeable que permita la movilidad ascendente. Todos estos factores (las instituciones adecuadas, los recursos, la geografía y un sistema social móvil ascendente) son importantes, pero en última instancia, la cultura también juega un papel importante, tal vez el más importante. La cultura es la llave que abre la puerta del éxito civilizatorio.

Algunas culturas, algunos sistemas de valores, algunas creencias y algunas religiones son más propicias para promover el desarrollo y la democracia que otras. Puede que no estemos muy cómodos con ese hecho, y ciertamente no es muy políticamente correcto decirlo, pero es un hecho.

… siguiendo el trabajo pionero de Max Weber, los países protestantes (calvinistas y evangélicos luteranos) del norte de Europa fueron mejores para promover los valores que llevaron al crecimiento: confianza, responsabilidad individual, estado de derecho, el valor de la educación, y la toma de riesgos, que los países católicos del Mediterráneo, aunque ahora países católicos como Austria, Bélgica y Francia se han puesto al día. Del mismo modo, en las Américas: las sociedades modernas, progresistas, de clase media y autosuficientes que los británicos y holandeses implantaron en América del Norte apoyaron mucho más la democracia que los cuasi feudales, de dos clases, y sociedades aún medievales y premodernas que España y Portugal implantaron en América Latina. Y ahora en Asia: las sociedades confucianas de Japón, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Singapur y recientemente Macao y China, con su énfasis en la educación, el honor de los padres y el logro individual, lo han hecho fenomenalmente bien, con tasas de crecimiento milagrosas, que incluso han superado a los Estados Unidos y Europa occidental. Sin embargo, las culturas de África, el sudeste de Asia y el Medio Oriente, áreas que también están sujetas a rígidos sistemas de creencias, instituciones débiles y sociedad civil, y estructuras sociales que no conducen ni al crecimiento ni al desarrollo, no han tenido tanto éxito. 

… La cultura explica mucho, pero no todo. Ayuda a explicar por qué Europa occidental avanzó en el siglo XVI, mientras que otras regiones globales se quedaron atrás. Pero también explica, debido a la ética del trabajo confuciano, por qué Asia Oriental despegó en la última mitad del siglo XX. Por el contrario, fue la cultura junto con la estructura social la que explica por qué el sudeste asiático, el Medio Oriente, África subsahariana y América Latina se quedaron atrás y todavía están luchando por ponerse al día. La cultura ayuda a explicar por qué la República Dominicana (hispana) se está modernizando mientras que el vecino Haití (premoderno) todavía está sumido en la pobreza y la desorganización.

Las culturas clientelistas, dirigidas por la familia y dominadas por el patrocinio del sur de Europa [España, Portugal, Italia, Grecia] ayudan a explicar por qué esa zona está en serios problemas, pero el norte de Europa está mucho mejor. Howard J. Wiarda, Cultura política, ciencia política y política de identidad. (2014)

Las obras de Lawrence E. Harrison abordan el factor cultural como explicación del desarrollo económico. En “Who Prospers?” estudia los casos de cinco países, Brasil, España, Japón, Corea del Sur y Taiwán y analiza los aspectos culturales que los han llevado al progreso o al estancamiento económico. La segunda parte del libro argumenta que los valores también explican la prosperidad de los inmigrantes asiáticos a los Estados Unidos y las dificultades que experimentan los hispanos y negros. En su libro “El Subdesarrollo es un Estado de la Mente” Harrison compara algunos países con culturas diferentes, como Haití con Barbados, ambos con población de origen africano, y con la República Dominicana, con quien comparte frontera. También compara Australia con Argentina, dos países extensos con recursos naturales y Costa Rica con Nicaragua, dos países vecinos. Las comparaciones muestran que la población de estos países tiene valores y actitudes diferentes que conducen al progreso o al débil crecimiento económico.  Otra publicación es la coeditada con Samuel P. Huntington, “Culture Matters: How Values Shape Human Progress” un compendio de  las contribuciones de veintiún intelectuales sobre la importancia de la influencia de los factores culturales. En este se define la cultura como “los valores, actitudes, creencias, orientaciones y suposiciones subyacentes prevalentes entre las personas en una sociedad” y el progreso humano como el “movimiento hacia el desarrollo económico y el bienestar material, la equidad socioeconómica y la democracia política“.

Entre las contribuciones sobre el tema de cultura y desarrollo económico los editores presentan las siguientes:

Landes detalló su conclusión en The Wealth and Poverty of Nations de que “la cultura marca la diferencia“. Michael Porter reconoció que la cultura influye en el desarrollo económico y la competitividad, pero subrayó que la globalización incluye la transmisión cultural que tenderá a homogeneizar la cultura y facilitará a los países superar las desventajas culturales y geográficas. Jeffrey Sachs argumentó que la cultura es un factor insignificante en comparación con la geografía y el clima. … Mariano Grondona presentó su tipología de culturas propensas al desarrollo y resistentes al desarrollo, que deriva principalmente de su apreciación de cómo los factores resistentes han obstaculizado el progreso de Argentina. Carlos Alberto Montaner explicó cómo esa misma cultura latinoamericana influye en el comportamiento de los grupos de élite en detrimento de la sociedad más amplia. Y Daniel Etounga-Manguelle discutió los obstáculos culturales para el desarrollo y la competitividad de Africa. Lawrence E. Harrison and Samuel P. Huntington, editors. Culture matters: how values shape human progress. Basic Books, 2000

Lawrence E. Harrison en su ensayo “La Cultura Importa”. Una breve referencia sobre este asunto:

¿Qué explica la persistencia de la pobreza y el autoritarismo? ¿Por qué han resultado tan difíciles de lidiar? ¿Por qué no hay países en África, Asia y América Latina, fuera de los dragones asiáticos, que hayan transitado hacia el grupo de élite de países ricos? Los diagnósticos convencionales que se han ofrecido durante el último medio siglo, explotación, imperialismo, déficit de educación y conocimientos técnicos, falta de oportunidades, falta de capital, mercados inadecuados, instituciones débiles–son claramente insuficientes. El elemento fundamental que ha sido ignorado en gran parte es el cultural: es decir, valores y actitudes que se interponen en el camino del progreso. Algunas culturas, sobre todo las del oeste y las de Asia oriental, han demostrado más propensión a avanzar. Sus logros son reiterados cuando su gente emigra a otros países, como en el caso de los británicos en los Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda; y los chinos, japoneses y coreanos, que prosperaron donde han emigrado. [Agrego a los judíos]. La conclusión de que la cultura importa cae pesada. Choca con el relativismo cultural, suscrito ampliamente en el mundo académico, que afirma que las culturas pueden evaluarse sólo en sus propios términos y que los juicios de valor por foráneos son tabú.

Pero un número cada vez mayor de académicos, periodistas y políticos escriben y hablan de la cultura como un factor crucial en el desarrollo social, y está surgiendo un nuevo paradigma del progreso humano. El Presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, capturó el cambio recientemente cuando dijo, en el contexto de las condiciones económicas en Rusia, que él había asumido que el capitalismo es “naturaleza humana”. Pero tras el colapso de la economía rusa, concluyó que “no era la naturaleza humana, sino la cultura” –una sucinta re expresión de la tesis de Max Weber en “La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo”.  Lawrence E. Harrison. “La Cultura Importa”. The National Interest, Summer 2000.

Por su parte, David C. Rose, en “Why Culture Matters Most”, concuerda en mucho con el análisis de Fukuyama sobre la importancia de la confianza para crear una sociedad próspera y adicionalmente se refiere a la importancia de educar a los menores en este tema.  

Si la cultura la alienta, la confianza será alta, lo que permite una democracia de libre mercado, lo que genera florecimiento material. La cultura es lo más importante.

Enseñar bien a sus hijos (muy pequeños) es crucial para que sean confiables. Este “control mental” (el desafortunado término de Rose, que revolcó bastantes plumas en mi grupo de lectura de estudiantes) debe ocurrir antes de que los niños puedan pensar por sí mismos. Si suficientes personas son confiables, se convierte en el valor predeterminado asumir que otros son confiables, lo que reduce los costos de las transacciones y permite una mayor cooperación y prosperidad. Enseñar que la deshonestidad está bien es similar a la contaminación. Los padres deben enseñar moderación moral basada en el deber moral para hacer que sus hijos sean dignos de confianza y que la sociedad confíe. Se debe enseñar a los niños a rechazar la idea misma de captar las llamadas “oportunidades de oro”, es decir, acciones que les permitan beneficiarse a expensas de los demás sin temor a ser detectados, como hacer trampa en un examen de llevar a casa, hacer trampa en sus impuestos cuando no hay rastro de papel, o eludir en el trabajo cuando nadie puede detectarlo. Nuestros cerebros deben “llegar a considerar la acción oportunista como indigno de consideración”, por lo que “literalmente eludirán el estado de cálculo costo-beneficio de la toma de decisiones cuando las posibilidades de comportarse oportunistamente se presenten” (pág. 70).

Al igual que otras formas de contaminación, la contaminación por deshonestidad es peor en grupos grandes que en grupos pequeños. Aquellos que se hunden en el señuelo de ser deshonestos en una sociedad honesta pueden pagarse caro. Esta propensión de algunos a liberarse en la confianza de otros, esta tragedia de los comunes al invertir en confiabilidad, aumenta con el tamaño del grupo. Enseñar bien a los niños es caro y los beneficios se acumulan para los extraños, por lo que los padres a menudo invierten poco en la creación de niños confiables, socavando así la cooperación en grupos grandes.

Las democracias de libre mercado pueden desmoronarse si los padres y otros no enseñan suficiente fiabilidad. Y, las democracias de libre mercado se están desmoronando a través del redistribucionismo, el favoritismo regulatorio y el amiguismo. Esto está socavando la confianza en el sistema y socavando las instituciones democráticas, y por lo tanto socavando el capitalismo del libre mercado y la prosperidad material. La confianza no se produce en grandes grupos sólo en algún sentido teórico, sino que está erosionando y disminuyendo en este momento en muchos países, incluidos los Estados Unidos. Reseña de Robert M. Whaples, The Independent Review, del libro de David C. Rose “Why Culture Matters Most”, Oxford University Press, 2019.

Scott Sumner encuentra que la falta de confianza mutua es una causa del atraso económico y la falta de prosperidad de una sociedad.

 “Prácticamente toda transacción comercial tiene en sí misma un elemento de confianza… Se puede argumentar de manera plausible que gran parte del atraso económico en el mundo puede explicarse por la falta de confianza mutua”. (Kenneth Arrow. Gifts and Exchanges, Philosophy and Public Affairs, 1972, p. 357.)

“Mientras viajaba por el norte de Michigan este verano, noté puestos agrícolas al borde de la carretera que vendían cerezas. A menudo, no había ningún vendedor presente. Uno simplemente colocó un billete de cinco dólares en una pequeña caja de metal y se marchó con un paquete de cerezas. Este sistema hace que uno se dé cuenta del enorme desperdicio de recursos laborales que implica que alguien tenga que esperar al borde de la carretera a que los automovilistas se detengan y compren cerezas, y puede ser una de las razones por las que las sociedades de alta confianza tienden a ser relativamente prósperas.” Scott Sumner. The Great Danes: Cultural Values and Neoliberal Reforms, 2008.

Lawrence W. Reed sostiene que la confianza es la base de la sociedad.

“La humanidad no se mantiene unida por las mentiras. La confianza es la base de la sociedad. Donde no hay verdad, no puede haber confianza, y donde no hay confianza, no puede haber sociedad. Donde hay sociedad, hay confianza, y donde hay confianza, hay algo sobre lo que se apoya.” El abolicionista y orador Frederick Douglass.

El declive moral está en marcha cuando la verdad se ve como algo relativo: flexible y personal, sólido no como una roca sino como una pluma arrastrada por el viento. Luego suprimimos activamente nuestras conciencias y adoptamos lo efímero, lo frívolo, la ventaja temporal, los aplausos de la mafia y las promesas de los demagogos.

Cuando la verdad deja de ser un ideal y un absoluto y se convierte en otro inconveniente, o cuando la verdad es lo que sea que alguien quiera que sea por algo más importante para ellos, el desastre está a la vuelta de la esquina.

Pervertir la verdad en una verdad parcial o una mentira absoluta es un signo seguro de podredumbre de carácter. Es una herramienta común de los podridos, que por definición son personas que buscan dañar, engañar y controlar su propio engrandecimiento. Huye de cualquiera que teme la verdad o se opone a la verdad, porque no pueden hacerte ningún bien.

Es por eso que la primera víctima en la pendiente resbaladiza hacia la tiranía es la verdad. … Si “su” verdad entra en conflicto con “la” verdad, debe arreglarse usted, no el mundo. Ninguna sociedad se vuelve o permanece libre si pone algo más alto en el pedestal de la vida que la verdad pura, no adulterada y objetiva. Lawrence W. Reed.  There’s No Such Thing as “Her Truth” or “His Truth”—Only the Truth.

Francis Fukuyama, más conocido por su libro “El fin de la historia”, aborda en su obra “Trust. The Social Virtues and the Creation of Prosperity” (Confianza. Las Virtudes Sociales y la Creación de Prosperidad), 1995,  un elemento cultural fundamental, la confianza, que se construye a partir de la honestidad, como determinante para el desarrollo económico, pues este se facilita cuando hay relaciones de cooperación. Según Fukuyama, las relaciones de cooperación basadas en la confianza en un radio más amplio que el limitado de la familia, son claves porque disminuyen los costos de transacción y por tanto mejoran la competitividad.

El análisis de Fukuyama se concentra en el papel que juega la confianza en el crecimiento y desarrollo económico, independientemente del grado de desigualdad, y confirma los hallazgos de Richard Wilkinson y Kate Pickett en su libro “The Spirit Level“, enfatizados por Peter Saunders en  la revisión crítica de ese estudio en “When Prophecy Fails“, en cuanto a la alta correlación del grado de confianza en la sociedad y el nivel de ingreso per cápita, como se muestra en el artículo Desigualdad y Desarrollo Económico: Por qué la desigualdad es necesaria para reducir la pobreza. El gráfico abajo, que muestra esa correlación, es del libro de Saunders.

Trust-vs-GDP

El análisis de Saunders valida también el que hacen Wilkinson y Pickett sobre la correlación negativa entre el nivel de confianza y la desigualdad dentro de los países. En los países más pobres hay mayor desconfianza y presentan un mayor grado de desigualdad.

Trust-vs-Inequality

También encuentra que los países con menor desigualdad comparten, además de un mayor grado de confianza, otras características comunes, como la homogeneidad étnica, tradiciones culturales y desarrollo histórico orientadas a un sentido de pertenencia nacional común y un menor grado de individualismo y diversidad. En los extremos se agrupan países como los nórdicos y Japón por un lado, y los latinoamericanos por el otro.

Los valores culturales y el subdesarrollo latinoamericano

Varios autores latinoamericanos han abordado el tema de la influencia de los valores culturales como causa del pobre desempeño económico y social latinoamericano. 

… el escritor venezolano Carlos Rangel en un libro publicado a mediados de los años 70, “Los Latinoamericanos: su Relación de Amor-Odio con los Estados Unidos”. Rangel no fue el primer latinoamericano en concluir que los valores y las actitudes tradicionales Iberoamericanos y las instituciones que los reflejaban y reforzaban, fueron la causa principal del “fracaso” de América Latina, una palabra que él contrasta con el “éxito” de los Estados Unidos y Canadá. Conclusiones similares fueron realizadas, entre otros, por Francisco de Miranda, ayudante de Simón Bolívar, en los últimos años del siglo XVIII; por los eminentes argentinos Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento y el chileno Francisco Bilbao en la segunda mitad del siglo XIX; y por el intelectual nicaragüense Salvador Mendieta a inicios del siglo XX. Anticipando comentarios similares de Alexis de Tocqueville veinte años más tarde, el mismo Bolívar tuvo que decir esto en 1815:

Mientras nuestros compatriotas no adquieran los talentos y virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del norte, sistemas políticos basados en la participación popular, lejos de ayudarnos, traerá nuestra ruina. Por desgracia, esas cualidades en el grado necesario están más allá de nosotros. Estamos dominados por los vicios de España–violencia, ambición prepotente, venganza y codicia.

El libro de Rangel le granjeó la enemistad de la mayoría de los intelectuales de América Latina y fue ignorado en su mayoría por los especialistas de América Latina en Europa y América del Norte. Sin embargo, el libro ha demostrado ser muy influyente. En 1979 el Premio Nobel Octavio Paz explicó el contraste entre las dos Américas, de esta forma:

Una, hablando en inglés, es la hija de la tradición que ha fundado el mundo moderno: la reforma, con sus consecuencias sociales y políticas, la democracia y el capitalismo. Las demás, de habla española y portuguesa, son la hija de la monarquía Católica universal y la Contrarreforma.

Uno encuentra fuertes ecos de Rangel en el libro de Claudio Veliz 1994, “El Nuevo Mundo de la Zorra Gótica”, que contrasta los legados Anglo-Protestante e Ibero-Católico en el Nuevo Mundo. Veliz define la nueva corriente cultural con las palabras del célebre escritor peruano Mario Vargas Llosa, quien afirma que las reformas económicas, educativas y judiciales necesarias para la modernización de América Latina no pueden llevarse a cabo a menos que sean precedidas o acompañadas por una reforma de nuestras costumbres e ideas, del conjunto complejo sistema de hábitos, conocimientos, imágenes y formas que se entienden por «cultura». “La cultura en la que vivimos y actuamos hoy en América Latina no es ni liberal ni es totalmente democrática. Tenemos gobiernos democráticos, pero nuestras instituciones, nuestros reflejos y nuestra mentalidad están muy lejos de ser democráticos. Siguen siendo populistas y oligárquicos, o absolutistas, colectivistas o dogmáticos, viciados por prejuicios raciales y sociales, inmensamente intolerantes con respecto a los adversarios políticos y dedicados al peor monopolio de todos, el de la verdad”.

El reciente bestseller en América Latina, “Guía del Perfecto Idiota Latinoamericano”, se dedica a Rangel por sus coautores, el colombiano Plinio Apuleyo Mendoza; el hijo de Vargas Llosa, Alvaro; y el cubano exiliado, Carlos Alberto Montaner, los tres identificándose a sí mismos como “idiotas” de la extrema izquierda en sus años mozos. El libro critica a los intelectuales latinoamericanos de este siglo, que han promovido la opinión de que la región es una víctima del imperialismo. Entre ellos se encuentran Galeano, Fidel Castro, Guevara, el pre-presidencial Fernando Henrique Cardoso y Gustavo Gutiérrez, fundador de la teología de la liberación. Mendoza, Montaner y Vargas Llosa fuertemente concluyen que las verdaderas causas del subdesarrollo de América Latina están en la mente de los latinoamericanos:

En realidad, excepto por los factores culturales, nada impidió a México lo que hizo Japón cuando desplazó casi totalmente la producción de aparatos de televisión en los Estados Unidos.
En su siguiente libro de 1998, “Fabricantes de Miseria”, los autores rastrear la influencia de la cultura tradicional en el comportamiento de los seis grupos de élite: los políticos, los militares, los empresarios, el clero, los intelectuales y los revolucionarios, todos los cuales han actuado de manera que impiden el progreso hacia la modernidad democrática-capitalista. Un año más tarde, un prominente intelectual argentino y una celebridad de los medios de comunicación; Mariano Grondona, publicó “Las Condiciones Culturales del Desarrollo Económico”, que analiza y contrasta las culturas propensas al desarrollo (por ejemplo, Estados Unidos y Canadá) y las resistentes al desarrollo (por ejemplo, América Latina). Entre las diferencias que observó fue un mayor énfasis en la creatividad; innovación, confianza, educación y mérito en la primera.

Sin embargo, un estadounidense de ascendencia mexicana, el empresario de Texas Lionel Sosa, ha contribuido al nuevo paradigma. En su libro de 1998, “El Sueño Americano”, Sosa cataloga una serie de actitudes y valores hispanos que presentan obstáculos para lograr la movilidad ascendente de la corriente dominante estadounidense.

        • La resignación de los pobres: “ser pobre es merecer el cielo. Ser rico es merecer el infierno. Es bueno quien sufre en esta vida, porque en la vida siguiente encontrará recompensa eterna”.
        • La baja prioridad a la educación–“las niñas no la necesitan realmente– de todas formas se casarán. ¿Y los muchachos? Es mejor que vayan a trabajar, para ayudar a la familia.” (La tasa de deserción de secundaria de hispanos en los Estados Unidos es cerca del 30%, muy superior a la de los estadounidenses blancos y negros).
        • Fatalismo–“Iniciativa individual, logro, autosuficiencia, ambición, agresividad–todos estos son inútiles frente a una actitud que dice: ‘No debemos desafiar la voluntad de Dios’…. Las virtudes tan esenciales para el éxito empresarial en los Estados Unidos son vistas como pecados por la Iglesia Latina.” Al menos en California, la tasa de empleo de hispanos por cuenta propia esta muy por debajo del promedio del Estado.
        • La desconfianza hacia los de fuera de la familia, lo que contribuye al generalmente pequeño tamaño de las empresas hispanas.

Lawrence E. Harrison, “La Cultura Importa”
The National Interest, Summer 2000

Los valores culturales y el subdesarrollo africano

Un prominente consultor e intelectual camerunés, Daniel Etounga-Manguelle publicó un libro titulado “Necesita África un Programa de Ajuste Cultural?”, en el cual identifica los valores culturales que impiden el progreso en gran parte del continente y atribuye la pobreza de África; autoritarismo y la injusticia social principalmente a los valores culturales y las actitudes tradicionales. 

El análisis de Etounga-Manguelle de la cultura africana destaca las tradiciones muy centralizadas y verticales de la autoridad; un enfoque en el pasado y el presente, no en el futuro; un rechazo de “la tiranía del tiempo”; un disgusto por el trabajo (“El africano trabaja para vivir pero no vive para trabajar”); la represión de la iniciativa individual, del logro y del ahorro (el corolario son los celos del éxito); una creencia en la brujería que nutre la irracionalidad y fatalismo.

Para las personas, especialmente en la comunidad internacional, que ven el “fortalecimiento institucional” como forma de resolver los problemas del tercer mundo, Etounga-Manguelle ofrece una visión: “la cultura es la madre; las instituciones son los niños”.

Etounga-Manguelle concluye que África debe “cambiar o perecer.” Un “ajuste” cultural no es suficiente. Lo que se necesita es una revolución cultural que transforme las tradicionales prácticas de crianza autoritarias, que “producen ovejas”; transformar la educación haciendo hincapié en el individuo, el juicio independiente y la creatividad; producir individuos libres trabajando juntos por el progreso de la comunidad; producir una élite preocupada por el bienestar de la sociedad; y promover una economía sana basada en la ética del trabajo, el lucro y la iniciativa individual. Lawrence E. Harrison, “La Cultura Importa”.

Del libro citado de Etounga-Manguelle, los siguientes párrafos presentan lo más relevante de su descripción de los valores culturales que ayudan a explicar el secular atraso  africano:

Control sobre Incertidumbre
África, a excepción del extremo sur del continente, parece pertenecer por completo a la categoría de sociedades con controles débiles sobre la incertidumbre. Para crear sociedades seguras, hay tres palancas disponibles: tecnología, jurisprudencia y religión. Podríamos decir que las sociedades africanas son sociedades de fuerte control sobre la incertidumbre; lamentablemente, el control se ejerce solo a través de la religión. En definitiva, si los africanos se sumergen en el presente y demuestran desinterés por el mañana, es menos por la seguridad de las estructuras sociales comunitarias que los envuelven que por su sumisión a una voluntad divina ubicua e implacable.

El africano, volviendo a las raíces de la religión, cree que solo Dios puede modificar la lógica de un mundo creado para la eternidad. El mundo y nuestro comportamiento son un dato inmutable, legado en un pasado mítico a nuestros antepasados ​​fundadores, cuya sabiduría continúa iluminando nuestros principios de vida. El africano sigue esclavizado por su entorno. La naturaleza es su amo y marca su destino.

Este postulado de un mundo regido por un orden divino inmutable en un universo sin fronteras va acompañado de una percepción peculiarmente africana de la noción de espacio y tiempo.

La tiranía del tiempo
El africano ve el espacio y el tiempo como una sola entidad. Los nigerianos dicen: “Un reloj no inventó al hombre”. Los africanos siempre han tenido su propio tiempo y, a menudo, han sido criticados por ello. Como ejemplo, Jean-Jacques ServanSchreiber escribe:

El tiempo en África tiene un valor simbólico y cultural que es muy importante en la forma en que se vive y se siente. Francamente, esto es tanto un beneficio como una desventaja, un beneficio en la medida en que es satisfactorio para las personas vivir durante un período a un ritmo que les es propio y al que no desean renunciar. Pero también es un hándicap en la medida en que compiten con países que no tienen los mismos métodos de trabajo y para los que la competencia a nivel de productividad, por ejemplo, pasa por un uso más racional del tiempo. 

Servan-Schreiber tiene razón. En la sociedad africana tradicional, que exalta el glorioso pasado de los antepasados ​​a través de cuentos y fábulas, no se hace nada para prepararse para el futuro. El africano, anclado en su cultura ancestral, está tan convencido de que el pasado sólo puede repetirse que se preocupa sólo superficialmente por el futuro. Sin embargo, sin una percepción dinámica del futuro, no hay planificación, ni previsión, ni construcción de escenarios; en otras palabras, ninguna política que afecte el curso de los acontecimientos.

Poder y autoridad indivisibles
En África, sin embargo, la fuerza de la religión sigue pesando tanto en el destino individual como en el colectivo. Es común que los líderes africanos reclamen poderes mágicos.

Es difícil explicar la pasividad africana más que por el miedo inspirado por un Dios escondido en los pliegues de la ropa de todo jefe africano. Si un rey o presidente escapa a un ataque (incluso uno simulado), toda la población deducirá que tiene un poder sobrenatural y, por lo tanto, es invencible. Esta propensión a equiparar todo poder con autoridad divina no concierne sólo a los “padres de la nación”; afecta a todos los ciudadanos, incluso a los más comunes, tan pronto como se les otorga alguna autoridad. Tome un africano, dele un poco de poder, y probablemente se volverá rencoroso, arrogante, intolerante y celoso de sus prerrogativas.

Los africanos no aceptarán cambios en la posición social: los dominantes y dominados permanecen eternamente en los lugares asignados, por lo que a menudo se condena el cambio en las clasificaciones sociales. Nos quejamos de las dificultades para promover el sector privado en nuestros estados. Estas dificultades tienen su raíz en los celos que dominan todas las relaciones interpersonales, que es menos el deseo de obtener lo que poseen los demás que evitar cualquier cambio de estatus social.

Si tuviéramos que citar una característica única de la cultura africana, la subordinación del individuo por parte de la comunidad sería seguramente el punto de referencia a recordar. El pensamiento africano rechaza cualquier visión del individuo como un ser autónomo y responsable.

El concepto de responsabilidad individual no existe en nuestras estructuras tradicionales hipercentralizadas. En Camerún, la palabra “responsable” se traduce como “jefe”. Decir a los campesinos que todos son responsables de una iniciativa de grupo es decirles, por tanto, que todos son jefes, lo que inevitablemente conduce a conflictos interpersonales interminables.

… Debemos ser realistas. El tribalismo florece en nuestros países tanto por la negación del individuo como por la precariedad de su situación ante la ausencia de un conjunto operativo de derechos y responsabilidades individuales.

Convivialidad excesiva y rechazo al conflicto abierto
El africano trabaja para vivir pero no vive para trabajar. Demuestra una propensión a la fiesta que sugiere que las sociedades africanas se estructuran en torno al placer. Todo es pretexto para la celebración: nacimiento, bautizo, matrimonio, cumpleaños, promoción, elección, regreso de un viaje corto o largo, duelo, apertura o clausura del Congreso, fiestas tradicionales y religiosas. Ya sea que el salario sea considerable o modesto, que los graneros estén vacíos o llenos, la fiesta debe ser hermosa y debe incluir el máximo número posible de invitados.

… La amistad viene antes que los negocios; es de mala educación, en una discusión de negocios, ir inmediatamente al meollo del asunto. El africano tiene una necesidad inagotable de comunicación y prefiere la calidez interpersonal al contenido. Ésta es la principal razón de la ineficacia de las burocracias africanas. Cada peticionario, en lugar de escribir, busca reunirse en persona con el funcionario encargado de examinar su expediente, pensando que esto elimina toda la frialdad de escribir cartas de ida y vuelta.

Homo Economicus ineficiente
En África, lo que clasifica al hombre es su valor intrínseco y su nacimiento. Si el africano no es muy ahorrativo es porque su visión del mundo atribuye muy poca importancia, muy poca, a los aspectos económicos y financieros de la vida. … ahorrar para el futuro tiene una prioridad menor que el consumo inmediato. Para que no haya la tentación de acumular riquezas, quienes reciben un salario regular tienen que financiar los estudios de hermanos, primos, sobrinos y sobrinas, albergar a los recién llegados y financiar la multitud de ceremonias que llenan la vida social.

Es evidente que los gobiernos africanos no son mejores en la gestión económica que los individuos africanos, como confirman nuestras frecuentes crisis económicas.

Los altos costos del irracionalismo
Una sociedad en la que hoy florecen la magia y la brujería es una sociedad enferma gobernada por la tensión, el miedo y el desorden moral. La brujería es un mecanismo costoso para gestionar los conflictos y preservar el status quo, que es, lo que es más importante, de lo que se trata la cultura africana. Por tanto, ¿no es la brujería un espejo que refleja el estado de nuestras sociedades? Hay mucho que sugiere esto. La brujería es tanto un instrumento de coacción social (ayuda a mantener y quizás incluso a incrementar la lealtad de los individuos hacia el clan) como un instrumento político muy conveniente para eliminar cualquier oposición que pudiera surgir. La brujería es para nosotros un refugio psicológico en el que toda nuestra ignorancia encuentra sus respuestas y nuestras fantasías más salvajes se convierten en realidades.

… La brujería también se extiende al gobierno. Los médicos brujos rodean a los presidentes africanos, y nada de lo que realmente importa en política ocurre sin recurrir a la brujería. Los consejeros ocultistas, responsables de asegurar que las autoridades mantengan su poder mediante la detección y neutralización de posibles oponentes, tienen un poder que los consejeros occidentales más influyentes envidiarían. Los médicos brujos a menudo amasan fortunas y, a veces, terminan con designaciones oficiales, disfrutando del ejercicio directo del poder.

El hecho de que África no sea la única que celebre el irracionalismo a principios del siglo XXI no excusa nuestra propensión a delegar en hechiceros y hechiceros la responsabilidad de resolver nuestros problemas. Jean Francois Revel ha preguntado: “¿Podría ser el hombre un ser inteligente al que la inteligencia no guía?” 8 En mi opinión, el africano es el ser inteligente que menos usa su inteligencia, siempre que esté feliz de vivir la vida tal como viene. En una África que se niega a vincular conocimiento y actividad, opera nuestra auténtica identidad cultural cuando decimos, como señala Revel, “Danos el desarrollo en forma de subvenciones, para ahorrarnos el esfuerzo de establecer una relación eficaz con la realidad. ” 9 Esa misma cultura está detrás de nuestro reclamo del derecho a la ineficiencia en la producción, el derecho a la corrupción y el derecho a la falta de respeto a los derechos humanos básicos.

Canibalismo y Totalitarismo
… Vistas desde el interior, las sociedades africanas son como un equipo de fútbol en el que, por rivalidades personales y falta de espíritu de equipo, un jugador no pasa el balón a otro por miedo a que éste marque un gol. ¿Cómo podemos esperar la victoria? … Rara vez existe una visión de un futuro mejor para todos. Al mismo tiempo, se condena la iniciativa y el dinamismo como signos de enriquecimiento personal. El hechicero quiere igualdad en la miseria. Existen numerosos casos en los que a alguien que ha construido una casa se le ha dicho que no viva en ella; a otros que han comenzado la construcción se les ha dicho que dejen de trabajar si valoran sus vidas.

… ¿El totalitarismo africano nació con la independencia? ¡Por supuesto no! Ya estaba allí, inscrito en los cimientos de nuestras culturas tribales. El autoritarismo impregna nuestras familias, nuestros pueblos, nuestras escuelas, nuestras iglesias. Es para nosotros una forma de vida.
Por tanto, ante una cultura tan poderosa e inamovible, ¿qué podemos hacer para cambiar el destino de África? Estamos condenados a cambiar o perecer. Daniel Etounga-Manguelle. Does Africa Need a Cultural Adjustment Program?, 2000.

En la costa del Caribe nicaragüense hay una población predominantemente de origen africano de raza negra. El atraso económico de la zona es mucho mayor que en el resto del país, donde  predomina la población mestiza, mezcla de ancestros españoles, indígenas y también africanos. Durante continuos viajes de trabajo a la zona caribeña, como gerente de un programa del Cuerpo de Paz para promover el emprendimiento y creación de negocios, pude darme cuenta de que los obstáculos culturales para el emprendimiento eran mucho mayores que en el resto de país, donde también funcionaba el programa, y es en buena parte la causa del atraso económico de esa parte de Nicaragua. Al leer a Etounga-Manguelle puedo reconocer muchas de las características de la cultura africana en esa zona.

En contraste, ciertas etnias indígenas latinoamericanas, han mostrado rasgos culturales que impulsan el progreso económico. Es interesante observar que aquellos grupos indígenas que más han conservado hasta hoy sus características y cultura, son grupos que han mantenido una tradición de ser artesanos emprendedores. Ejemplos son los indígenas guatemaltecos, ecuatorianos y los indígenas nicaragüenses de Masaya, en Nicaragua, particularmente de Monimbó. No puede decirse lo mismo de las etnias indígenas de la costa caribeña, más atrasadas. El espíritu emprendedor en los primeros continúa vivo hasta el presente.

Una muestra es que “los masayas” instalan negocios en los cuatro puntos cardinales del país. Los locales, en el norte, el sur, y el este, se quejan de que han llegado a apoderarse del comercio (en ciertos rubros). Mi respuesta a tales reclamos fue: ”quién les impide que ustedes hagan lo mismo que ellos?” La diferencia está en la actitud.

Otra característica de los afro-descendientes es su incapacidad para la cooperación. Durante dos años facilitamos la organización de un festival para promover la cultura caribeña en la zona del Pacífico, con éxito. Los obstáculos para que los diferentes líderes y organizaciones cooperaran fueron diversos, pero superados por una coordinación central externa (el programa del Cuerpo de Paz) a la que se sumaron. El tercer año deberían hacerlo solos, ya que habían conocido todos los elementos necesarios para llevarlo a cabo. No lo hicieron. Los celos, las rivalidades y su incapacidad de sobreponerlos ante los beneficios de un proyecto común lo impidieron.

Influencia de los valores culturales en las empresas

 “Las PYMEs, la Cultura Empresarial y su Implicación para el Desarrollo Económico” es un ensayo que escribí en 2005 sobre lo que llamé una “cultura empresarial” que se manifestaba en diferentes elementos. que frenaban el progreso y desarrollo de las empresas.  Esta vez, usaré lo que escribí entonces sin limitarlo al aspecto empresarial, sino al más general de cultura de la sociedad.

La hipocresía, el fingimiento, la simulación y la mojigatería son prácticas que se derivan de la mentira, que están enraizadas en lo profundo de la cultura de gran parte de los latinoamericanos. 

La confianza, basada en la práctica de decir siempre la verdad, tiene implicaciones claves para la economía y las empresas. Hágase unas preguntas: ¿Confiaría Ud. en alguien que le miente? ¿Lo haría Ud. su socio? ¿Haría Ud. socio de su negocio a alguien que no conoce? ¿Puede dejar Ud. a sus trabajadores sin supervisión, confiando en que harán bien su trabajo? –Sólo el ojo del amo engorda al caballo– ¿Está Ud. totalmente seguro de que le pagarán el dinero que prestó en el día convenido? ¿Cuántas veces ha dado Ud. un adelanto en dinero para que otros le presten un servicio o le suministren un producto y luego no recibe lo que esperó? – Músico pagado no toca buen son– ¿Dice Ud. toda la verdad sobre su producto o servicio a sus clientes? –Más vale pájaro en mano que cien volando– [las frases entre guiones son algunos refranes muy populares en Nicaragua].

El hecho de mentir, de engañar, de prometer algo y no cumplirlo tiene consecuencias devastadoras en las relaciones personales, en la política y en los negocios. Si no hay confianza en las demás personas, no puede haber ningún tipo de cooperación o relación confiable. Veamos algunos ejemplos:

Al desconfiar de las personas preferimos que en nuestra empresa o en la institución en la que estamos, trabajen familiares, amigos o personas que alguien de confianza nos ha recomendado. Es lo que conocemos como nepotismo, o favoritismo arbitrario. ¿Cuál es el resultado del nepotismo en las empresas? El personal no está ahí por sus méritos, sino por sus conexiones, por tanto no es el más calificado para desempeñar los puestos en el negocio. ¿Y qué pasa cuando el personal no es el adecuado? Ineficiencia general, mala calidad, mal servicio al cliente o al ciudadano y baja competitividad en el caso de los negocios –las instituciones estatales no tienen competencia y muchas organizaciones privadas no empresariales tampoco-.

El nepotismo tiene nefastas consecuencias en la economía y la sociedad. ¿Para qué alguien va a esforzarse en estudiar, en prepararse para luego recoger los frutos de su esfuerzo, si lo que cuenta más son las conexiones, no el mérito? El nepotismo desincentiva el deseo de superación personal y promueve en las personas vicios de comportamiento negativos como la adulación calculada, el servilismo, el clientelismo, el soborno y la corrupción.

El nepotismo es una práctica recurrente tanto en las empresas privadas como en el Estado. El nepotismo frena el incentivo por la educación y la superación personal, por desarrollar habilidades con la certeza de obtener luego los frutos del esfuerzo personal. En la cultura local, el mérito pasa a segundo plano, se vuelve más importante desarrollar relaciones de amistad, especialmente con las personas de las cuales se puede obtener algún beneficio, ya sea alguien que toma decisiones en una empresa o un funcionario estatal. Se cae a veces en el servilismo para generar confianza en la lealtad para con los superiores o en halagos y regalos para con otras personas de interés. Una vez lograda la confianza, se usa para coludirse en actos reñidos con las leyes, normas o reglamentos, para obtener mutuos beneficios, en otras palabras, en actos de corrupción como obtener una concesión, un contrato o un tratamiento preferencial.

La corrupción es un cáncer que corroe a la sociedad y le extrae recursos para el enriquecimiento ilícito de unos cuantos que se coluden para obtener ventajas exclusivas. Es lo que se ha dado en llamar el “capitalismo de compadres o compinches” en el que las élites en el poder están coludidas con la oligarquía local para extraer las rentas derivadas de las prácticas corruptas, las que de otra manera no pueden obtener participando en el libre juego de la competencia en el mercado, perjudicando así a otros competidores y a los consumidores en general. Esto tiene como consecuencia el desincentivo de la competencia, la innovación y la inversión, fuente principal del desarrollo económico de cualquier país.  

Otro resultado de estos valores culturales es el desincentivo que conlleva la desconfianza para la cooperación inter-empresarial. La desconfianza -y con razón- hacia todos los que no están en el estrecho círculo de familia y amistades, impide desarrollar emprendimientos más allá de las propias capacidades. De ahí que una de las características principales de las empresas locales sea el de integrar todos los procesos dentro de la unidad empresarial, porque se descarta la posibilidad de que algunos procesos se puedan contratar con otras empresas, debido a la dificultad para el cumplimiento de los compromisos y contratos que puedan hacerse. Al no existir una cultura de confianza, que honre ante todo la palabra empeñada, el incumplimiento y rompimiento de contratos es algo corriente. 

La mentira y el engaño como práctica, imposibilita la confianza y esta la cooperación. Hace surgir el nepotismo y vicios como el servilismo, el clientelismo, y la corrupción, como únicos medios pragmáticos para competir y “triunfar” en un ambiente hostil.

¿Cuántas veces Ud. ha prometido algo que luego no cumple, a veces a sabiendas que no podía cumplirlo cuando lo prometió, aun tratándose de cosas pequeñas de la vida diaria? … la famosa “guatusa” [el gesto obsceno que se hace con los dedos de la mano y que en otras partes del planeta lo llaman “higa”, indica desaprobación de algo o se usa cuando se finge, se dice algo que no es cierto o no se está dispuesto a cumplir] está presente en el comportamiento del nicaragüense. A veces las promesas se hacen con ligereza, sin reflexionar en la capacidad de cumplirlas, y no se establece un plan o con el propósito de hacerlas realidad.

El engaño no es más que la falta de respeto por los demás. No interesa qué pueda pensar la persona cuando lo que le ha prometido Ud. no lo ha cumplido. Lo importante es que Ud. logró lo que quería en el momento, sin importar las consecuencias futuras. Lo importante es lo que pasa en el momento, mañana ya se verá.

Esto conduce a instaurar la práctica de que no hay que preocuparse por el futuro, solamente por el presente. Y eso a su vez, conduce a la despreocupación y falta de hábito por planificar nuestro futuro, dejando todo en manos de lo que determinen los acontecimientos, o en otros casos, del “destino”. Más adelante me refiero sobre otros aspectos de este asunto.

La impuntualidad es otro comportamiento relacionado con estos valores. Si establecemos una cita y llegamos tarde a ella o si prometemos entregar un producto o un trabajo en un plazo convenido, además de quedar como mentirosos, estamos dando muestras del poco respeto que los demás se merecen, sin importarnos las consecuencias -para los demás y para nosotros mismos- de nuestra tardanza. También demuestra la falta de previsión y planificación y el escaso valor que damos al tiempo.

La cultura de impuntualidad, la ocupación de puestos por conexiones y no por mérito, y la falta de confianza en los demás también impide el trabajo en equipo, pilar fundamental de cualquier organización moderna, ya sea una empresa o una institución. De ahí el verticalismo en la toma de decisiones, en contraposición con el trabajo en equipo, que implica reconocer las capacidades de los demás, el respeto por el tiempo de los demás, la disciplina y la cooperación.

Estas actitudes, que se convierten en patrones de comportamiento ampliamente aceptados como normales, son valores culturales que impiden el desarrollo de los negocios. De ahí que prive el individualismo como patrón en el sector empresarial y es parte de la explicación de por qué no se han podido desarrollar en Latinoamérica aglomerados de empresas interdependientes unas de otras, sistemas de cooperación inter empresarial -en los que las PYMEs son la mayoría- que han resultado ser importantes motores del desarrollo económico en otras zonas del mundo.

Estos sistemas, llamados distritos industriales o clusters de desarrollo, no son simples mecanismos contractuales de ventas y suministro de productos o servicios entre empresas. Requieren para su aparición y desarrollo de la existencia de un substrato intangible que haga posible su funcionamiento: la confianza, la puntualidad, el cumplimiento de contratos, y el respeto por el derecho de los demás, valores muy débiles en nuestra cultura . Las cadenas de valor globales, en las que diferentes partes de un producto son elaboradas por diferentes empresas de diferentes partes del mundo,no pueden existir y funcionar sin la práctica de estos valores. 

El respeto por el derecho de los demás es tal vez uno de los valores que más se ha deteriorado en nuestra cultura. Esta falta de respeto está presente en todos los ámbitos de la sociedad y es otro de los factores que impiden el desarrollo.

El Estado es el que más irrespeta los derechos de los ciudadanos con sus ineficientes servicios. ¿No es eso obligar a la gente a hacer largas y exasperantes filas en los servicios de salud y otros? ¿No es eso programar una cita médica o una operación que se requiere con urgencia para una fecha en la que el paciente ya estará muerto? ¿No es eso exigir una infinidad de agobiantes trámites que consumen tiempo y dinero? ¿No es eso abusar de los recursos del Estado? ¿No es eso la arbitraria selección y exclusión de quienes son sujetos de recibir beneficios por el Estado? ¿No es eso la administración sesgada de la justicia? Solo para mencionar algunos ejemplos. El pensamiento del funcionario público no es el de un servidor público, consciente de que es pagado por los impuestos de los ciudadanos, sino el de un leal servidor a su jefe, al que debe su puesto de trabajo.

Pero también ese irrespeto los derechos de las personas se manifiesta en varios aspectos del funcionamiento de los negocios. ¿Qué es sino producir o vender productos de baja calidad y prestar un mal servicio al cliente? Cuando una empresa hace lo imposible por no honrar una garantía, cuando un restaurante sirve un refresco que es más agua con hielo y azúcar, cuando no se especifica el peso o los ingredientes en la etiqueta de un producto, etc. En todos estos casos hay un desprecio al derecho de las personas a recibir un buen producto o servicio, ¡por el que están pagando dinero! El pensamiento de estos empleados o dueños de negocios “vivos” es el de sacar ventaja hoy sin importar las consecuencias del mañana.

El respeto y preocupación por el cliente es directamente proporcional a la competencia. A más competencia, menos espacio hay para los negocios que no sirven bien a sus clientes pues los consumidores tienen más opciones para escoger y así aprendan a distinguir aspectos de calidad y a reclamar sus derechos. La globalización, que conlleva más competencia, va cerrando los espacios a aquellas empresas que no se interesan por el derecho de sus clientes a recibir productos y servicios de calidad.

Otra actitud propia de nuestra cultura es la de gozar hoy sin importar mucho lo que pase mañana, de priorizar el ocio, el entretenimiento y el placer antes que el trabajo, de ver el trabajo como un mal necesario más que como una fuente de satisfacción -una canción popular dice que “el trabajo lo hizo Dios como castigo”. Esto es reforzado por el fatalismo y la indulgencia tradicionalmente inculcados por la religión católica.

El catolicismo ha hecho mucho énfasis en la promesa de una vida eterna para los pobres y la negación de ella para los ricos -como ilustra la parábola de la aguja y el camello- como si hacerse rico significara un pecado en sí mismo. De ahí deriva una corriente de pensamiento que cree que lo que una persona obtiene otro necesariamente lo pierde y una actitud de resignación ante la pobreza porque “de los humildes será el reino de los cielos”.

Lo que es pecado es hacerse rico ilícitamente, no mediante el trabajo honesto y diligente. El fatalismo está presente en la cultura popular de dejar todo a un Dios que supuestamente está decidiendo hasta los más mínimos detalles de nuestras vidas, dejando poco espacio a nuestra autonomía como personas para fijarnos objetivos y alcanzar metas. “Si Dios quiere” es una de las frases usuales en las conversaciones populares. Por el contrario, no se enfatiza lo que otras partes de las sagradas escrituras expresan en la dirección opuesta: “Dios dio libre albedrío a las personas” es decir, capacidad para tomar sus propias decisiones y “la fe mueve montañas”, en otras palabras, la convicción, la resolución, el entusiasmo, la confianza en lo que podemos hacer para lograr tales metas u objetivos.

Con el desdeño de la importancia de planificar para el futuro, de vivir el hoy, sin preocuparse mucho por mañana –Dios proveerá– ¿qué negocio podrá tener éxito con esta mentalidad? ¿Podrá esta actitud fomentar la inversión, la investigación y el desarrollo? Quien piense que una empresa puede crecer, o al menos sobrevivir, improvisando, más temprano que tarde quedará fuera del juego.

La influencia del marxismo

Otra influencia dañina ha sido el marxismo, aunque sus teorías no son muy creíbles entre los empresarios, pero sí entre los trabajadores. Según esa corriente, los ricos lo son porque le han quitado el fruto de su trabajo a los trabajadores y por eso estos son pobres. Un juego de suma cero que se aplica a las personas y se extrapola a las relaciones entre los países: hay países ricos porque han robado su riqueza a los que son pobres.

La teoría de la dependencia, que presentaba a América Latina y otros países de la “periferia” del sistema capitalista como una víctima de los países ricos y desarrollados del “centro” no hizo más que reforzar el fatalismo con un análisis falso que intentaba culpar a otros de nuestros propios fracasos e incapacidades, producto de los vicios y valores culturales prevalecientes. Ver Colonialismo y Dependencia.

La teoría marxista de la explotación del trabajo asalariado ha sido demostrada por muchos renombrados economistas como una falacia. La literatura disponible es extensiva. No existe tal explotación sistémica. Puede darse explotación en casos específicos, como seguramente todavía existen. Pero decir que en el sistema capitalista el empresario explota al trabajador es algo que no resiste el análisis económico. Las ganancias no son producto de la explotación de los trabajadores, sino del valor que los consumidores asignan a los bienes y servicios con sus decisiones de compra. También hay que recordar que en las empresas no siempre hay ganancias, pueden haber también pérdidas.

Pero aunque todos los economistas posteriores hayan rebatido y mostrado la falsedad de la doctrina marxista, la tesis marxista de la explotación sigue teniendo un atractivo para los que no comprenden el funcionamiento económico y para todos aquellos que ingenuamente creen que los ricos son ricos por explotar a los pobres. Ya forma parte de las creencias arraigadas en muchas personas y es parte de sus valores culturales. 

Desde la antigüedad ha habido líderes que saben perfectamente que la manera de alcanzar y mantener el poder es diciendo a la gente lo que quieren oir, por irreal o inalcanzable que sea. Expertos en el marketing político. El populista se dirige a las masas, a los pobres que son la mayoría, ofreciendo acabar con la miseria, acabando con los supuestos causantes de la misma, la minoría más pudiente, identificada como el enemigo. Para los comunistas el enemigo es la burguesía. Para los nazis fueron los judíos. En otros casos, se escogen “enemigos” externos. Las masas, en su mayoría ignorantes y con bajo nivel de confianza en sus capacidades individuales, acogen los cantos de sirena del populista como una tabla de salvación.

La popularidad del líder se basa entonces en su capacidad de convencer a las masas de que la solución para todos sus males es destruir al enemigo. Destruido éste, todo vendrá por añadidura: la riqueza, la abundancia, la felicidad.

Marx fue un maestro del populismo. Alumnos aventajados como Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Castro o Chávez en la línea socialista, y otros como Hitler o Mussolini en la fascista, siguieron la misma estrategia para erigirse en dictadores totalitarios. Todos prometieron a las masas traer el cielo a la tierra destruyendo a los identificados como enemigos y erigieron al Estado como el instrumento central para llevar a cabo sus propósitos.
La revolución cubana en 1959 y la nicaragüense en 1979 fueron inspiradas en el marxismo. Aunque disfrazaron su ideología como una lucha popular contra dictaduras, una vez alcanzado el poder se deshicieron de sus aliados democráticos e instauraron regímenes autoritarios demoliendo las instituciones democráticas. Muchos movimientos guerrilleros en Latinoamérica fueron también inspirados en la doctrina marxista y ayudados por Cuba.

La cultura y los modelos de negocio


Además de tales valores, creencias, comportamientos y costumbres que impiden el progreso y el desarrollo, las empresas adolecen de otros lastres que resultan del modelo de empresa individual, familiar o de sociedades cerradas. Este modelo empresarial está determinado por la forma cómo se crean, cómo se organizan y se administran las empresas. Son empresas de propiedad individual o familiar -y en el caso más “avanzado”, de sociedades con amigos y conocidos-. Son empresas cerradas a la inversión de extraños, y por tanto, a la fiscalización de extraños.

En este tipo de empresas, por el mismo hecho de ser cerradas a la participación de extraños, se refuerza la práctica de valores culturales que conducen al fracaso, tales como la desconfianza, el autoritarismo y el nepotismo. De ahí se derivan una serie de problemas y debilidades ya antes analizados que desembocan en la falta de competitividad de estas empresas y sus limitaciones para desarrollarse.

Siguiendo con la característica cerrada de las empresas, por el sólo hecho de ser propiedad de una persona o de un círculo reducido, la empresa no está sujeta a la fiscalización de extraños -salvo los organismos recaudadores y normadores- y carece de transparencia en su gestión. ¿Le interesa a Ud. que puede sucederle a determinadas empresas cuando Ud. no tiene invertido ni un centavo en ellas?

Somos un país subdesarrollado porque tenemos empresas subdesarrolladas. Los países que han logrado desarrollarse lo han hecho principalmente porque una parte importante de sus empresas han superado el modelo de empresa familiar o de sociedades limitadas a amigos y conocidos. Si bien las empresas individuales, familiares o de sociedades cerradas constituyen la mayor parte de los negocios en las economías desarrolladas, las empresas de sociedades abiertas constituyen el sector más dinámico, el que más crece y que más aporta a la economía. Son este tipo de empresas las que pueden crecer, desarrollar economías de escala para servir mercados más amplios, tanto en el país como en el ámbito internacional.

Una gran debilidad de la empresa cerrada es su limitación para crecer y aumentar su escala de producción. Para crecer se requiere invertir y para invertir se requiere capital. Las empresas familiares y de sociedades cerradas están limitadas en su crecimiento por falta de capital. La opción tradicional para invertir son sus ganancias acumuladas, pero cuando estas son insuficientes y los socios no pueden aportar más capital, la opción que queda es recurrir al financiamiento bancario, con la consecuente carga de intereses que afectan el costo de operación.

Los bancos y otras instituciones financieras han mostrado ser el sector económico que más crece de manera sostenida en la economía nacional. Solo basta revisar las publicaciones de la institución que los regula para ver el alto crecimiento que han tenido sus activos y sus ganancias. Tal crecimiento ha sido en parte a expensas de las ganancias de los demás sectores, es decir de los intereses que cobra por los préstamos, con tasas altísimas mientras paga tasas ridículas por los ahorros. Las tasas de interés se sustentan en gran parte en la capacidad de pago y en el riesgo que conlleva la actividad económica de los usuarios del crédito. Estos riesgos son altos cuando se manipula la información que se provee al prestatario para obtener el préstamo, inflando la capacidad de pago prevista. Por eso, los préstamos personales y para las micro y pequeñas empresas tienen un interés más alto. Sin embargo, el margen entre tasas activas y pasivas es el más alto en comparación con los demás países de la región centroamericana.

En conclusión, para las pequeñas empresas, el crédito no puede ser una fuente para la inversión en actividades con márgenes de ganancia modestos o reducidos, sino solamente para negocios de alta rotación de inventarios y altos márgenes de ganancia, que generalmente se dan más en el comercio, siendo esta una de las explicaciones del atraso en el desarrollo económico de la agricultura y la manufactura y especialmente donde predominan las pequeñas empresas.      

Por el contrario, las empresas abiertas a la inversión de extraños tienen la ventaja de que pueden obtener el capital que necesitan mediante la venta de acciones de participación, que cualquiera puede adquirir, sin costo financiero de intereses, lo cual les hace tener precios más competitivos, en relación a aquellas que se financian con préstamos bancarios. En los países desarrollados, las bolsas de valores han jugado un papel fundamental pues movilizan el ahorro de millones de personas que invierten en acciones empresariales, impulsando así el desarrollo económico. Pero, por qué alguien confiaría su dinero para comprar acciones de una empresa? Obviamente, se necesita conocer la situación financiera de la empresa, por lo que un requisito para emitir acciones es publicar dicha información debidamente auditada. De ahí resulta que los mercados de capital promueven la transparencia, como requisito esencial para que los inversores puedan tener confianza en sus decisiones de inversión. Esto también beneficia a los gobiernos pues así es más difícil esconder información para evadir impuestos, lo cual es una práctica recurrente en las empresas familiares y de sociedades cerradas.

¿Cuál es uno de los signos de tener una economía desarrollada sino contar con una bolsa de valores? Estas son centros donde se compran y venden diariamente acciones de participación en el capital de las principales empresas que determinan el comportamiento de la economía. Las bolsas de valores donde se comercian acciones de participación en empresas son hoy -y desde hace tiempo atrás-, un símbolo y un indicador de las economías desarrolladas. Realmente, en los países subdesarrollados, las bolsas de valores donde se transan acciones empresariales, o bien no existen, o son incipientes, o se limitan a transacciones de títulos y valores emitidos por instituciones públicas y esporádicas ofertas de acciones empresariales, como es el caso de Nicaragua. Las empresas que se manejan bien y logran la confianza del público -los miles de accionistas- son las que consiguen el éxito, a aquellas que se manejan mal, el público las castiga y fracasan. Los tenedores de acciones siempre buscarán comprar las acciones de las empresas más rentables y exitosas, elevando el valor de las mismas en la bolsa de valores. Por el contrario, buscarán como deshacerse de las acciones de empresas con baja rentabilidad o en peligro de fracasar, precipitando la baja del precio de dichas acciones. Esta es la manera cómo los accionistas premian y castigan a las empresas. Este es el principal acicate para la competitividad, no las políticas gubernamentales. De esta manera las empresas se ven obligadas a contratar a sus gerentes y empleados por mérito y no por conexiones y parentesco; a invertir en la innovación y mejora constante del producto o servicio, a controlar la calidad; a brindar un buen servicio al cliente, etc., para maximizar las ganancias y de esa manera lograr el incremento del valor de sus acciones que se cotizan en la bolsa, atrayendo más y más inversionistas. Esa es la lógica empresarial moderna. Lo demás es historia. Arturo J. Solórzano. Las PYMEs, la Cultura Empresarial y su Implicación para el Desarrollo Económico . 2004.

Resumiendo, los valores, creencias, actitudes y comportamientos de las personas, en una palabra, la cultura, determina la manera en que se conducen los negocios, resultando en limitaciones de diverso tipo para el crecimiento y desarrollo de las empresas, como hemos visto: limitaciones de tamaño, de vinculaciones inter-empresariales, de eficiencia y de competitividad. La cultura de los individuos determina el modelo empresarial prevaleciente, generando distorsiones y obstáculos para el desarrollo económico y social.  

Esta situación, sin embargo, puede cambiarse con el tiempo. La manera de cómo hacerlo es educando a la juventud, preparándolos para practicar los valores culturales compatibles con el éxito y capacitándolos en las técnicas para iniciar y manejar empresas de sociedades abiertas.

Por otra parte, la conclusión de Wiarda es que la cultura no explica todo, pero es un factor clave y que otros factores también intervienen. También, que la cultura no es estática, cambia con el tiempo, especialmente cuando hay interrelación con otras culturas.

La cultura es importante pero no es determinista. … Porque las sociedades y las culturas no están tan encerradas en su lugar como él dice. En cambio, las sociedades y culturas cambian, se modernizan y experimentan transformación. La globalización, excepto quizás para Corea del Norte, afecta a todos los países a lo largo del tiempo. Los hombres y las mujeres cambian; se ajustan a nuevas realidades; se encuentran en nuevas circunstancias. …veo la cultura, junto con la geografía y los recursos, como una variable clave inicialmente al explicar por qué algunos países y áreas avanzaron. … En esta etapa temprana, las instituciones son menos importantes. Recuerde Bolivia: hermosas leyes y constituciones pero muy poca democracia. … debemos reconocer que las culturas cambian. No son deterministas ni fijos para siempre. Se ajustan, adaptan, se alteran, incluso experimentan a veces transformaciones revolucionarias. Las sociedades cambian; la modernización y la globalización avanzan; y la cultura cambia ambos impulsos y es producto de estos otros cambios. Howard J. Wiarda, Cultura política, ciencia política y política de identidad. (2014)

Como lo expresa un resumen de un artículo de Adam Martin y Matias Petersen, “la pobreza no es una simple falta de recursos identificables objetivamente, sino más bien un fenómeno multidimensional y socialmente integrado. Comprender cómo se vería el alivio de la pobreza requiere pensar en problemas de intercambio, coordinación y gobernanza.” Es decir, de aspectos económicos, sociales y políticos, necesarios para entender el tema de la pobreza y por tanto del desarrollo económico.

En el caso de América Latina, el factor cultural, valores y actitudes que se interponen en el camino del progreso, ha tenido un peso determinante en su desarrollo económico y social. Los pueblos latinoamericanos, acostumbrados desde antes de la Colonia al autoritarismo y al poder discrecional de los gobernantes, y luego a la visión mercantilista de suma cero de la economía, al incipiente desarrollo del mercado, a la prevalencia de estructuras económicas oligárquicas, colusivas y corruptas, y un nivel muy bajo de educación en las mayorías, fue presa fácil de los cantos de sirena de líderes políticos que les prometían el cielo en la tierra, para lo cual en muchos casos vendieron sus libertades a cambio de dádivas y de la protección de dictadores y Estados “benefactores”. Así surgieron y se impusieron por mucho tiempo las dictaduras de izquierda y derecha que asolaron el continente en el siglo XX, regresando de nuevo más recientemente con las dictaduras y regímenes populistas del autonombrado “Socialismo del siglo XXI”. 

Como lo expresa un resumen de un artículo de Adam Martin y Matias Petersen, “la pobreza no es una simple falta de recursos identificables objetivamente, sino más bien un fenómeno multidimensional y socialmente integrado. Comprender cómo se vería el alivio de la pobreza requiere pensar en problemas de intercambio, coordinación y gobernanza.” Es decir, de aspectos económicos, sociales y políticos, necesarios para entender el tema de la pobreza y por tanto del desarrollo económico.

El título de una de las obras de Lawrence Harrison sobre estos temas no puede ser más apropiado y válido: “El subdesarrollo es un estado mental”.

Arturo J. Solórzano
Enero, 2019