Los errores de la Doctrina Marxista

Marx había reconocido, por supuesto, que el capitalismo mejora el nivel de vida de la gran mayoría de la gente, incluidos los trabajadores. El reconocimiento de Marx es precisamente la razón por la que la idea de que los trabajadores siempre son remunerados a nivel de subsistencia tuvo que ser rescatada mediante la redefinición del concepto de subsistencia. La subsistencia ya no se consideraba una mera supervivencia, sino más bien una vida plena que depende de la etapa de desarrollo económico. Algunos comentaristas críticos han encontrado que esta idea de subsistencia es suficiente para descartar la teoría de la explotación marxista, pero en sentido estricto, el mero hecho de que el nivel de vida material de los trabajadores esté aumentando bajo el capitalismo, no implica en absoluto que los trabajadores no sean explotados. Es muy posible que los trabajadores sigan sin recibir la parte que les corresponde, incluso hoy en día.

Sin embargo, en la medida en que la explotación existe en la sociedad, no emana de ninguna característica inherente a la relación entre capital y trabajo en un orden de libre mercado. Este argumento fue demostrado desde el principio por el gran economista austriaco Eugen von Böhm-Bawerk en su crítica magistral La conclusión del sistema marxiano (1896).

Incluso después de más de 120 años, vale la pena entender la crítica de Böhm-Bawerk, y no sólo porque haya proporcionado varios ejemplos interesantes para los que la teoría del valor-trabajo no parece ser válida. Después de todo, tales ejemplos podrían ser sólo las excepciones que dejan la regla intacta. Vale especialmente la pena leer a Böhm-Bawerk, porque puso al descubierto una contradicción interna que pone en peligro todo el marco marxiano.

Para la vergüenza duradera de todos los autoproclamados marxistas modernos, nadie ha presentado todavía una solución viable a la crítica de Böhm-Bawerk.” Karl-Friedrich Israel. El fin de la teoría de la explotación marxiana

En este video Martin Krause muestra con ejemplos cómo la teoría subjetiva del valor logra lo que no puede explicar la teoría del valor trabajo de Marx.

Eugen Böhm-Bawerk, economista austríaco, describe los errores conceptuales de la teoría del valor-trabajo de Marx.  Los siguientes párrafos resumen lo fundamental de su crítica.

… Marx había enseñado en su primer volumen que todo el valor de las mercancías se basaba en el trabajo incorporado en ellas, y que en virtud de esta “ley del valor” se deben intercambiar en proporción a la cantidad de trabajo que contienen; que, además, la plusvalía o ganancia que obtiene el capitalista era el fruto de la extorsión practicada al trabajador; que, sin embargo, la cantidad de plusvalía no era proporcional a la cantidad total del capital empleado por el capitalista, sino solo a la cantidad de la parte “variable”, es decir, a la parte del capital pagada en salarios mientras que el “capital constante”, el capital empleado en la compra de los medios de producción, no agregó plusvalía. Sin embargo, en la vida diaria, la ganancia de capital es proporcional al capital total invertido; y, en gran parte por esta razón, los productos no se intercambian como un hecho en proporción a la cantidad de trabajo incorporado en ellos. Aquí, por lo tanto, había una contradicción entre el sistema y el hecho que apenas parecía admitir una explicación satisfactoria. La evidente contradicción tampoco escapó al propio Marx. Él dice con referencia a ella: “Esta ley” (la ley, a saber, que la plusvalía es proporcional solo a la parte variable del capital), “claramente contradice toda experiencia prima facie”. Pero al mismo tiempo declara que la contradicción es solo aparente, cuya solución requiere muchos enlaces faltantes, y será pospuesta a volúmenes posteriores de su trabajo. La crítica experta pensó que podría aventurarse a profetizar con certeza que Marx nunca redimiría esta promesa, porque, como trató de demostrarlo de manera elaborada, la contradicción era insoluble. Sin embargo, su razonamiento no causó ninguna impresión en la masa de los seguidores de Marx. Su simple promesa superaba todas las refutaciones lógicas.

… El suspenso se volvió más difícil cuando se vio que en el segundo volumen del trabajo de Marx, que apareció después de la muerte del maestro, no se había hecho ningún intento hacia la solución anunciada (que, según el plan de todo el trabajo, estaba reservada para el tercer volumen), ni siquiera se dio la más mínima indicación de la dirección en la que Marx propuso buscar la solución.

Entre 1885, el año en que apareció el segundo volumen de Capital de Marx, y 1894, cuando salió el tercer volumen, se realizó un concurso de ensayos de premios sobre la “tasa de ganancia promedio” y su relación con la “ley del valor” [al que Friedrich Engels había convocado] para intentar resolver el problema “cómo, no solo sin contradecir la ley del valor, sino incluso en virtud de ella, se puede y se debe crear una tasa de beneficio promedio igual“. … Según el punto de vista de Friedrich Engels … nadie logró llevarse el premio. Eugen Böhm-Bawerk. Karl Marx and the Close of His System.

Con esta introducción al problema insoluble de que en la realidad verificable los productos no se intercambian por un valor que está en proporción a la cantidad de trabajo incorporado en ellos y que por tanto invalida el concepto de plusvalía, Böhm-Bawerk procede a realizar un análisis detallado de la construcción lógica que sigue Marx, desde la definición de mercancía, la distinción entre valor de uso y valor de cambio, el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir la mercancía, el concepto de plusvalía generada por la fuerza de trabajo, la tasa de plusvalía y la tasa de ganancia.

Luego pasa a exponer los errores lógicos de esa construcción teórica, tales como la falta de pruebas empíricas con información de la realidad; la exclusión inicial, per se, del análisis del efecto de la oferta y la demanda en el valor de cambio; el uso de una prueba negativa –por exclusión arbitraria de propiedades-, en lugar de positiva, para encontrar el factor común que explicaría el valor de cambio de las mercancías; la exclusión del factor cualitativo, tanto del trabajo como de las mercancías; la falacia del trabajo simple (no calificado) para calcular el tiempo de trabajo incorporado y por tanto el valor de las mercancías; los errores de método al ignorar en la investigación científica el mismo punto que exige explicación; la contradicción entre la ley del “precio de producción” y la “ley de valor”; el posterior análisis superficial y forzado de la competencia, la oferta y la demanda; la contradicción con su tesis original y la admisión de que las mercancías se intercambian pricipalmente según sus precios de producción debido a la competencia (oferta y demanda); y la inconsistente descripción de los factores que rigen el valor de mercado, entre otros.

En fin, un análisis crítico de alta calidad científica que desmenuza, parte por parte, las teorías expuestas por Marx en los tres volúmenes de El Capital, señalando los errores, inconsistencias, contradicciones y falacias existentes en la obra, y

que, desde el principio, su argumento no es natural y no se adapta al carácter del problema; y, además, que la evidencia que Marx presenta en su sistema claramente no es la misma por medio de la cual él mismo llega a sus convicciones, sino que posteriormente se consideró como un apoyo artificial para una opinión que se derivaba previamente de otras fuentes; y finalmente, y este es el punto más decisivo, que el razonamiento está lleno de las fallas más obvias de lógica y método que lo privan de toda fuerza. … Sin embargo, lo que diré es que nadie, con una mente tan poderosa como Marx, ha exhibido una lógica tan continua y tan palpablemente errónea como lo demuestra en la prueba sistemática de su doctrina fundamental.” Böhm-Bawerk. Idem.

Otros dos párrafos resumen la crítica de Böhm-Bawerk:  

…De tal naturaleza son el razonamiento y el método empleado por Marx al introducir en su sistema su proposición fundamental de que el trabajo es la única base de valor. En mi opinión, es bastante imposible que este hocus-pocus dialéctico constituya el fundamento y la fuente de las propias convicciones de Marx. Hubiera sido imposible para un pensador como él (y lo veo como una fuerza intelectual del más alto orden), haber seguido métodos tan tortuosos y antinaturales si hubiera estado involucrado, con una mente libre y abierta, en realmente investigar las conexiones reales de las cosas y formar sus propias conclusiones con respecto a ellas; hubiera sido imposible para él caer sucesivamente por simple accidente en todos los errores de pensamiento y método que he descrito, para llegar a la conclusión de que el trabajo es la única fuente de valor como la consecuencia natural, no el resultado deseado y predeterminado, de tal modo de investigación.

…Aquí yace [en el décimo capítulo del tercer volumen de El Capital], creo, el Alfa y la Omega de todo lo que es falaz, contradictorio y vago en el tratamiento de su tema por parte de Marx. Su sistema no está en contacto cercano con los hechos. Marx no ha deducido de los hechos los principios fundamentales de su sistema, ya sea mediante un empirismo sólido o un análisis económico-psicológico sólido; pero lo encuentra en un terreno no más firme que una dialéctica formal. Esta es la gran falla radical del sistema marxista en su nacimiento; de él todo lo demás surge necesariamente. El sistema funciona en una dirección, los hechos van en otra; y cruzan el curso del sistema a veces aquí, a veces allí, y en cada ocasión la falla original engendra una falla nueva. El conflicto entre el sistema y los hechos deben mantenerse apartados de la vista, de modo que el asunto esté envuelto en la oscuridad o la vaguedad, o se dé vuelta y se retuerza con los mismos trucos de dialéctica que al principio; o donde nada de esto sirve tenemos una contradicción. Tal es el carácter del décimo capítulo del tercer volumen de Marx. Trae la mala cosecha diferida durante mucho tiempo, que creció por necesidad de la mala semilla. Eugen Böhm-Bawerk. Karl Marx and the Close of His System.

Una traducción al español está en el Apéndice: Karl Marx y la Conclusión de su Sistema o La Conclusión del Sistema Marxiano

Otro crítico de la teoría del valor trabajo de Marx es Phillip Wiksteed, quien argumenta que solo si la fuerza de trabajo pudiera cambiarse para producir más fuerza de trabajo, en lugar de para producir otras mercancías, su valor estaría relacionado con el tiempo necesario para producirla, es decir, con el costo de producir y reproducir al trabajador. Ver la argumentación en el apéndice Wicksteed sobre la plusvalía.

La principal crítica que Joseph Schumpeter hizo a la teoría del valor trabajo se centra en la imposibilidad de calcular el valor de la fuerza de trabajo, que Marx considera una mercancía,  ya que los trabajadores, a diferencia de las máquinas, no son “producidos” de acuerdo con cálculos racionales de costos.  A continuación los párrafos esenciales sobre este tema. Una ampliación de este tema está en La crítica de Schumpeter a la teoría económica de Marx.

“… Todo el mundo sabe que esta teoría del valor es insatisfactoria. … Para la economía como ciencia positiva, sin embargo, que tiene que describir o explicar los procesos reales, es mucho más importante preguntar cómo funciona la teoría del valor trabajo como una herramienta de análisis, y el verdadero problema con ella es que lo hace muy mal.

Para empezar, no funciona en absoluto fuera del caso de competencia perfecta. En segundo lugar, incluso con una competencia perfecta nunca funciona sin problemas excepto si el trabajo es el único factor de producción y, además, si el trabajo es todo de un tipo.

…La teoría que la reemplazó, en su forma más antigua y ahora anticuada, conocida como la teoría de la utilidad marginal, puede reclamar superioridad en muchos aspectos, pero el verdadero argumento es porque es mucho más general y se aplica igualmente bien, por un lado, a los casos de monopolio y competencia imperfecta y, por otro lado, a la presencia de otros factores y de trabajo de muchos tipos y cualidades diferentes.

… [Según Marx]  El cerebro, los músculos y los nervios de un obrero constituyen, por así decirlo, un fondo o un stock de mano de obra potencial (Arbeitskraft, generalmente traducido no muy satisfactoriamente como fuerza de trabajo). Este fondo o acervo que Marx considera como una especie de sustancia que existe en una cantidad definida y que en la sociedad capitalista es una mercancía como cualquier otra. 

… Ahora bien, dado que el trabajo en ese sentido (no el servicio de trabajo o la verdadera hora-hombre) es una mercancía, la ley del valor debe aplicarse a ella. Es decir, debe, en equilibrio y competencia perfecta, obtener un salario proporcional al número de horas de trabajo que entró en su “producción”. Pero, ¿qué número de horas de trabajo entra en la “producción” del stock de mano de obra potencial que se almacena dentro de la piel de un obrero? Bueno, el número de horas de trabajo que se necesitaron y necesitan para levantarse, comer, vestirse y albergarse el obrero. Esto constituye el valor de ese acervo, y si vende partes de él, expresados en días, semanas o años, recibirá salarios que corresponden al valor del trabajo de esas partes así como un comerciante de esclavos que vende un esclavo recibiría en equilibrio un precio proporcional al número total de esas horas de trabajo. 

…La teoría del valor del trabajo, incluso si pudiéramos concederla válida para cualquier otra mercancía nunca se puede aplicar a la mercancía trabajo, ya que esto implicaría que los trabajadores, como las máquinas, son producidos de acuerdo con cálculos racionales de costos. Como no lo son, no hay ninguna justificación para asumir que el valor de la fuerza de trabajo será proporcional a las horas-hombre que entran en su “producción”. ”  Joseph A. Schumpeter. “Capitalism, Socialism, and Democray” (1943)

Luego, Schumpeter analiza la teoría de la “explotación” marxista, de la concentración del capital, los ciclos económicos y su aporte al análisis histórico.

“Debe observarse, una vez más, que Marx se mantiene así cuidadosamente aparte de todos los tópicos populares que en una u otra forma sostenían que, en el mercado de trabajo capitalista, el obrero es robado o engañado o que, en su lamentable debilidad, está simplemente constreñido a aceptar cualesquiera condiciones que se le impongan. La cosa no es tan sencilla; el obrero obtiene el valor pleno de su potencial de trabajo.

… [Según Marx] Pero una vez que los “capitalistas” han adquirido ese stock de servicios potenciales, están en condiciones de hacer que el trabajador trabaje más horas —prestan más servicios reales— de lo que se necesita para producir ese stock o existencia potencial. Pueden exigir, en este sentido, más horas de trabajo reales de las que han pagado. Dado que los productos resultantes también se venden a un precio proporcional a las horas-hombre que entran en su producción, existe una diferencia entre los dos valores —que surgen de nada más que el modus operandi de la ley marxista de los valores— que necesariamente y en virtud del mecanismo de los mercados capitalistas va al capitalista. Este es el valor de excedente o  plusvalía (Mehrwert). Al apropiarse de él, el trabajo capitalista “explota” al obrero, aunque paga a los obreros no menos que el valor total de su potencial laboral y recibe de los consumidores no más que el valor total de los productos que vende. Una vez más, debe observarse que no hay ningún atractivo para cosas tales como la fijación de precios desleales, la restricción de la producción o el engaño en los mercados de los productos. Marx, por supuesto, no quiso negar la existencia de tales prácticas. Pero las vio en su verdadera perspectiva y, por lo tanto, nunca basó en ellas ninguna conclusión fundamental.

… En primer lugar, la teoría de la plusvalía no hace en nada más fácil la resolución de los problemas aludidos anteriormente, que son creados por la discrepancia entre la teoría del valor del trabajo y los hechos patentes de la realidad económica. Por el contrario, los agudiza, porque, según esta teoría, el capital constante —es decir, el capital que no es de salarios- no transmite al producto un valor superior al .que pierde en su producción; únicamente transmite más valor el capital de salarios y los beneficios obtenidos habrán de variar, por consiguiente, de una empresa a otra, según la composición orgánica de sus capitales. Marx cuenta con la competencia entre los capitalistas para llevar a cabo una redistribución tal de la “masa” total de plusvalía .que cada empresa obtenga beneficios proporcionales a su capital total o que se equiparen los tipos singulares de los beneficios. Vemos, fácilmente, que la dificultad entra en la categoría de los falsos problemas que resultan siempre de los intentos de construcción de una teoría artificiosa y la solución pertenece a la categoría de las resoluciones desesperadas.

…Pero una proposición afín, aunque no idéntica, proporciona a la vez una de las “fuerzas” más importantes de la dinámica de Marx y el eslabón que une la teoría de la explotación y la planta superior del edificio analítico de Marx, denominada, usualmente, teoría de la acumulación.

La parte principal del botín arrancado a la mano de obra explotada (según algunos de sus discípulos, prácticamente todo él) la convierten los capitalistas en capital, esto es, en medio de producción. En sí misma, y prescindiendo del modo de expresión con que la presenta ta fraseología de Marx, ésta no es, por supuesto, más que la afirmación de un hecho bien conocido, descrito por lo general en términos de ahorro e inversión. 

… Al discutir la teoría de la explotación de Marx he subrayado que, en una economía de competencia perfecta, los beneficios de explotación inducirían a los capitalistas a expandir la producción o a intentar expandirla, porque desde el punto de vista de cada uno de ellos esto significaría más beneficio. Ahora bien: para conseguirlo tendrían que acumular. Además, el efecto masivo de este comportamiento tendería a reducir las plus valías a causa de la elevación consiguiente de los tipos de salarios, así como también por una baja subsiguiente de los precios de los productos, lo cual constituye un buen ejemplo de las contradicciones inherentes al capitalismo, que eran tan queridas por el corazón de Marx. Y esta misma tendencia constituirla, también para el capitalista individual, otra razón por la que se sentiría compelido a acumular, aunque, en definitiva, este comportamiento haría, a su vez, empeorar las cosas para la clase capitalista en su conjunto. Habría, por tanto, una especie de coerción hacia la acumulación aun en un sistema estacionario en todo lo demás, el cual, como antes decía, no puede alcanzar un equilibrio estable hasta que la acumulación haya reducido a cero la plus valía y haya destruido así al capitalismo mismo.

Constantemente se dan posibilidades de obtener ganancias produciendo cosas nuevas o produciendo cosas antiguas más baratas. y se atraenJ para ello, nuevas inversiones. Estos nuevos productos y estos métodos nuevos compiten con los productos y con los métodos antiguos, no en término~ de igualdad, sino de ventaja decisiva que puede significar la muerte para los últimos. Así es como penetra el “progreso” en la sociedad capitalista. A fin de evitar ser vendidas a bajo precio todas las empresas se ven constreñidas, en definitiva, a seguir el mismo camino, esto es, a invertir por su parte, y, a fin de poder hacerlo, a reservar parte de sus beneficios, es decir, a acumular. Así, pues, todo el mundo acumula.

Hay, sin embargo, otra fuerza de acumulación mucho más importante y mucho más drásticamente coercitiva. En realidad, la economía capitalista no es ni puede ser estacionaria. Tampoco se expande conforme a un ritmo uniforme. Está, incesantemente, revolucionada desde dentro por un nuevo espíritu de empresa, es decir, por la introducción de nuevas mercancías o nuevos métodos de producción o nuevas posibilidades comerciales en la estructura industrial, tal como existe en cualquier momento. Todas las estructuras existentes y todas las condiciones de la vida económica se hallan siempre en un proceso de transformación. Toda situación es derribada antes de que haya tenido tiempo de desarrollarse plenamente. En la sociedad capitalista el progreso económico significa derrumbamiento. Y, como veremos en la parte siguiente, en un proceso de derrumbamiento funciona la competencia de una manera completamente diferente a como funcionaría en un sistema estacionario, aunque fuese de competencia perfecta.

… basta con que el beneficio de cada empresa singular esté incesantemente amenazado por la competencia efectiva o potencial de nuevas mercancías o nuevos métodos de producción, que, más tarde o más temprano, lo convertirían en una pérdida. Así obtenemos la fuerza impulsora necesaria e, incluso un analogon a la afirmación de Marx de que el capital constante no produce plusvalía -pues ninguna reunión singular de bienes de capital permanece para siempre como una fuente de sobre ganancia- sin tener que apoyarnos en aquellas partes de su argumentación que son de validez dudosa.

Otro ejemplo lo suministra el eslabón siguiente de la cadena de Marx, su teoría de la concentración, esto es, su tratamiento de la tendencia del proceso capitalista a incrementar tanto el volumen de las instalaciones industriales, com9 el de las unidades de intervención. La única explicación que ofrece,  si se la despoja de su fantasía, se reduce a afirmaciones desapasionadas, tales como la de que “la batalla de la competencia se libra mediante el abaratamiento de las mercancías”, el cual “depende, ceteris paribus de la productividad del trabajo”;  de la que ésta depende, a su vez, de la escala de producción, y la de que “los capitales mayores aniquilan a los menores”.

Sin embargo, la admiración que tantos economistas fuera del redil profesan sentir por esta teoría no es injustificada. Para empezar, predecir el advenimiento de las grandes empresas fue, teniendo en cuenta las condiciones del día de Marx, un logro en sí mismo. Pero hizo más que eso. Enganchó perfectamente la concentración en el proceso de acumulación o más bien visualizó el primero como parte del segundo, y no sólo como parte de su patrón fáctico, sino también de su lógica. Percibió correctamente algunas de las consecuencias, por ejemplo, que “la creciente mayor parte de las masas individuales de capital se convierte en la base material de una revolución ininterrumpida en el modo de producción en sí misma”— y otras al menos en una unilateral o distorsionada manera.

Dos elementos más completarán este boceto: la teoría de Marx de Verelendung o, para usar el equivalente inglés que me he atrevido a adoptar, de la pauperización [immiserization en inglés, empobrecimiento en español], y su teoría (y la de Engels) del ciclo económico. En el primero, tanto el análisis como la visión fallan sin remedio; ambos se cuentan en su haber. Marx sin duda sostuvo que en el curso de la evolución capitalista las tasas salariales reales y el nivel de vida de las masas caería para los mejor pagados, y no mejoraría en los estratos peor pagados y que esto no se produciría a través de ningún accidente o medio ambiente circunstancial, sino en virtud de la lógica misma del proceso capitalista. Como predicción, esto era, por supuesto, singularmente calamitosa y los marxistas de todo tipo se han visto en dificultades en un aprieto para salir con bien de las pruebas claramente adversas con que se enfrentaron. Al principio, y en algunos casos aislados incluso hasta nuestros días, mostraron una notable tenacidad al tratar de salvar esa “ley” como una declaración de una tendencia real confirmada por las estadísticas salariales. Después se esforzaron por darle otro sentido, esto es, por referirla no a los tipos de salario real ni a la participación absoluta en la renta de la clase trabajadora, sino a la parte relativa de las rentas del trabajo respecto de la renta nacional total.

Pero el verdadero problema es que la estructura teórica de Marx es cualquier cosa menos confiable en ese sector: junto con la visión, la base analítica es la culpable. La base de la teoría de la pauperización es la teoría del “ejército de reserva industrial”, es decir, del desempleo creado por la mecanización del proceso de producción. Y la teoría del ejército de reserva se basa a su vez en la doctrina expuesta en la de Ricardo en el capítulo sobre maquinaria. En ningún otro lugar — excepto por supuesto la teoría del valor— el argumento de Marx depende tan completamente del de Ricardo sin agregar nada esencial.

Por una parte, Marx exalta indudablemente -aunque con una motivación no del todo adecuada- el enorme poder del capitalisnmo para desarrollar la capacidad de producción de la sociedad. Por otra parte, destaca incesantemente la creciente miseria de las masas. ¿No es la cosa más natural del mundo concluir que las crisis o depresiones se deben al hecho de que las masas explotadas no pueden comprar todo ]o que este aparato de producción constantemente en aumento crea o está en situación de crear y que, por esta y otras razones, que no necesitamos repetir, el tipo de beneficio baja hasta un nivel de bancarrota? Así, pues, parecemos efectivamente arribar. según el elemento que queramos realizar. a las costas de una teoría del infraconsu.mo o a las de una teoría de la superproducción del tipo más vulgar.

… La realidad es que no tenía ninguna teoría sencilla del ciclo económico. Y no puede deducirse lógicamente ninguna siguiendo sus “leyes” de la evolución capitalista. Aun cuando aceptemos su explicación del origen de la plus valía y convengamos en admitir que la acumulación, la mecanización (aumento relativo del capital constante y la superpoblación profundizan inexorablemente la miseria de las masas y se enlazan en una cadena lógica que termina en la catástrofe del sistema capitalista, incluso entonces nos falta un factor que confiera al proceso las fluctuaciones cíclicas, con carácter de necesi dad, y explique la alternación inmanente de las prosperidades y las depresiones.  Indudablemente, tenemos siempre a la mano bastantes accidentes e incidentes a los que asirnos para compensar los defectos de la explicación fundamental.

Además, hace ya tiempo que marxistas, que en lo demás son ortodoxos, han comenzado a poner en duda la validez de la afirmación de que la concentración del dominio industrial es necesariamente incompatible con el sistema funcional del capitalismo. El primero de ellos en proclamar esta duda mediante un razonamiento bien fundamentado fue Rudolf Hilferding, uno de los dirigentes del importante grupo de los neo-marxistas, quien, efectivamente, se inclinó hacia la tesis opuesta a saber: que el capitalismo podría ganar en estabilidad por medio de la concentración.

No es apenas necesario resumir de un modo detallado. Nuestro bosquejo, aunque imperfecto, debe bastar para establecer: primero, que nadie que se interese algo por el análisis puramente económico puede hablar de éxito absoluto de Marx en el dominio económico; seguro de que nadie que se interese algo por las construcciones. atrevidas puede hablar de fracaso absoluto.

En el tribunal que juzga la técnica teórica el veredicto tiene que ser adverso a Marx. La adhesión a un aparato analítico que ha sido siempre inadecuado y que en los propios días de Marx se anticuaba rápidamente; una larga lista de conclusiones que no están bien deducidas o son manifiestamente erróneas; errores que si se corrigieran cambiarían las conclusiones esenciales, a veces, en sus contrarias; todos estos cargos pueden hacerse, con razón, contra Marx en cuanto técnico teórico.

…Por último, la idea de que la evolución capitalista estallará —o superará— las instituciones de la sociedad capitalista (Zusammenbruchstheorie, la teoría de la catástrofe inevitable) ofrece un último ejemplo de la combinación de un non sequitur con una visión profunda que ayuda a rescatar el resultado.

… Estando basada, como está, la “deducción dialéctica” de Marx en el crecimiento de la miseria y la opresión que provocará la rebelión de las masas, es invalidada por el non sequitur que vicia el argumento que era establecer ese inevitable crecimiento de la miseria.

Pero Marx ha logrado efectivamente una cosa de importancia fundamental para la metodología de la economía. Los economistas siempre han utilizado ó bien el trabajo histórico económico realizado por ellos mismos o bien el trabajo histórico de los demás. Pero los hechos de la historia económica se relegaban a un compartimento separado. Si entraban en la teoría era, simplemente, desempeñando el papel de ilustraciones o posiblemente el de verificación de las conclusiones. Se mezclaban con ella sólo mecánicamente.

Ahora bien: la mezcla de Marx es una mezcla química, es decir. que él introdujo los datos históricos en el mismo razonamiento del que deriva sus conclusiones. Fue el primer economista de rango superior que vio y enseñó, sistemáticamente, cómo la teoría económica puede convertirse en análisis histórico y cómo la narración histórica puede convertirse en histoire raisonnée.  El problema análogo con relación a la estadística no intentó resolverlo. Pero, en cierto sentido, está implícito en el otro. Esto también responde a la cuestión de en qué medida la teoría económica de Marx, de la manera como se expuso al final del capítulo anterior, consiguió apuntalar su andamiaje sociológico. En esto no tuvo éxito; pero al fracasar no sólo señaló una meta, sino que fundó, también, un método.” Joseph A. Schumpeter. “Capitalism, Socialism, and Democray” (1943)

Por su parte, Juan Ramón Rallo, economista español, ofrece un análisis de los errores cometidos por Marx en la construcción de su teoría del valor-trabajo, en el cual resalta la renuencia de Marx a reconocer el papel del empresario en la creación de valor y adjudicarle todo a los trabajadores. 

Un resumen de las principales críticas de Rallo son las siguientes.: 

El primer error o primer problema: la arbitraria selección que efectúa Marx de cuál es el denominador común de las mercancías que participan en un intercambio. Recordemos que Marx afirma que los mercancías que son intercambiadas sólo tienen en común ser fruto del trabajo humano, pero esto es evidentemente falso. La propiedad verdaderamente relevante que tienen en común dos mercancías intercambiadas no es o no son, ni sus propiedades naturales ni el ser fruto de la energía sino que son mercancías, son bienes relativamente escasos con respecto a las necesidades humanas que pueden satisfacer. Es decir, la característica común es la utilidad de las mismas, no el trabajo humano. Esto se demuestra en el caso de una mercancía producida por animales o por robots y en los casos de todo aquello que no es reproducible mediante el trabajo humano. El valor de cambio está determinado por la utilidad de las mercancías.

El segundo error: el tiempo de trabajo socialmente necesario, que como sabemos es lo que determina el valor de cambio de las mercancías es un concepto vago y endógeno a la demanda. Porque no existe una unidad homogénea de trabajo abstracto al que reducir los distintos trabajos concretos y heterogéneos que tienen lugar dentro de una economía. Marx  considera que el trabajo más complejo, por ejemplo, el de un cirujano, es igual sólo a un trabajo simple potenciado o más bien multiplicado, de suerte que una pequeña cantidad de trabajo complejo equivale a una cantidad mayor de trabajo simple. El problema es que cómo establecemos la relación multiplicada que existe entre el trabajo simple por ejemplo de un granjero y el trabajo complejo de un cirujano? Lo que nos dice Marx es que tenemos que comparar los valores de cambio del producto de su trabajo. El problema de esto es que los diferenciales de intensidad de trabajo no pueden medirse por los diferenciales de los precios de mercado de las mercancías producidas. Y por qué razón no podemos hacer esto? Que es lo que nos sugiere Marx? Que el valor no es directamente observable en el mercado. Lo que observamos en el mercado son los precios de mercado y en el volumen tercero Marx nos dice que los precios de mercado no reflejan necesariamente el valor. Por tanto, apelar al tiempo de trabajo socialmente necesario para aproximar el valor de cambio de una mercancía por necesidad sea un concepto muy vago, muy indefinido, porque las distintas obras de distintos trabajadores no valdrán lo mismo y no tendremos forma de saber cuánto vale cada una de ellas porque los precios de mercado no serán un indicador para conocer esto.

El tercer problema, el tercer error, es que es solo el trabajo es fuente de valor. Para Marx, sólo el trabajo humano, como ya hemos dicho, es capaz de generar nuevo valor de cambio. Ni los animales ni los robots pueden generar un nuevo valor de cambio. Para Marx, los animales o los robots, únicamente trasladan el valor de cambio que incorporaban cuando fueron producidos a su vez a través del trabajo. Al final lo que está haciendo Marx sin explicitarlo claramente, es imputarle al trabajador toda la ganancia de productividad que se pueda derivar de un cambio de una mejoría en la estructura productiva.  

Marx  dice que todos los trabajadores tienen que soportar el coste de la gestión empresarial. … Cómo sabe Marx que se está sobre remunerando a los capitalistas? Pues realmente no lo sabe. Cuál es la intensidad del trabajo de los capitalistas en relación con la intensidad del trabajo de los trabajadores? La intensidad del trabajo coordinador, de un capitalista puede ser un múltiplo gigantesco de veces la intensidad del trabajo de un trabajador raso. … Si no atendemos a esta literalidad de la teoría del valor trabajo pues simplemente no sabemos cuál es el valor que está generando un capitalista como coordinador. De hecho esto lo descubrimos a través del proceso de competencia: Si un capitalista genera mucho valor en alianza en trabajo conjunto con un trabajador esa empresa logrará muchos más beneficios que otra empresa que no incorpora ese capitalista. El hecho diferencial entre una empresa y otra será el capitalista y si  la empresa que incorpora ese capitalista gana mucho más dinero es porque diferencialmente ese capitalista genera mucho más valor que el otro merced a su mayor habilidad.

En definitiva, la teoría del valor trabajo es errónea por las razones que hemos explicado, una serie de supuestos totalmente arbitrarios y en parte contradictorios que adopta más para terminar defendiéndola y a su vez, la teoría de la explotación también es errónea no sólo porque la teoría de valor trabajo lo es, … pero incluso aceptando la teoría del valor trabajo, la teoría de la explotación es errónea porque al final se niega a reconocer la contribución que desarrolla el capitalista dentro del proceso productivo. Refutación a las teorías del valor trabajo y de la explotación de Marx – Juan Ramón Rallo.

Richard M. Ebeling refiere que uno de los principales error es de la teoría económica marxista fue basarla exclusivamente en la parte “material” de las relaciones económicas.

Los economistas clásicos distinguieron entre lo que llamaron intereses y motivos “materiales” y “no materiales”. El concepto central del enfoque “clásico” era que la economía como campo de estudio era la ciencia de la producción y distribución de la riqueza. Es decir, las actividades materiales del hombre en la búsqueda de su supervivencia y mejora.

El “giro” de Marx en este enfoque, como hemos visto, fue su argumento de que el lado material de la vida del hombre (es decir, su [modo de] producción) era el ingrediente determinante para establecer y dictar todas las demás relaciones sociales, políticas y económicas en la sociedad. Las “relaciones de producción” (la tecnología dominante y las formas físicas de capital en las que se encarnaba) determinaron la “superestructura” del orden social en la forma de sus instituciones y relaciones humanas. …

A finales del siglo XIX, los economistas vieron cada vez más el concepto de escasez como un elemento central para la comprensión económica. La economía se reformuló como el estudio del principio del comportamiento económico bajo la restricción de medios insuficientes para satisfacer todos los fines del deseo.

En las décadas de 1920 y 1930, los economistas desarrollaron un enfoque que extendió y refinó la idea de la economía aún más. Especialmente a través de los escritos de varios economistas de la escuela austriaca, en particular, Ludwig von Mises, Hans Mayer y Richard Strigl, y el economista británico, Lionel Robbins, la economía llegó a ser vista como la lógica de la acción y la elección: lo que delinea un campo de investigación para el análisis económico no son los motivos particulares por los cuales los individuos emprenden acciones, es decir, objetivos “materiales” versus algunos objetivos “no materiales”, sino las relaciones particulares que imponen un “aspecto económico” a toda acción humana: eso constituye la necesidad de seleccionar entre todos y cada uno de los fines alternativos cuando los medios son insuficientes para cumplir con todos los objetivos o propósitos para los cuales podrían aplicarse.

En esto, el individuo compara todo tipo de fines, independientemente de su contenido. Por ejemplo, la escasez de tiempo requiere una elección entre “trabajar por dinero” en lugar de hacer “trabajo de caridad”. O elegir entre “pan” y “honor”. Por lo tanto, no hay nada distinto sobre el “lado material” de la vida, aparte de la manera en que los medios pueden usarse para perseguir un conjunto de fines, en lugar de otros.

… De hecho, cuanto más se desarrolla la sociedad en términos del aumento del nivel de vida material, menos importante se vuelve la búsqueda de fines “materiales” en sentido estricto (comida, vivienda, ropa). Cuanto más productiva es la sociedad, más se satisface este tipo de fines para la gran mayoría de las personas. Como resultado, los intereses y deseos de las personas cambian a otros “márgenes” de interés y deseo, por ejemplo, “estilos de vida”, “arte”, una amplia variedad de usos personales y cambiantes de los medios cada vez más disponibles para diversos refinamientos y placeres de la “buena vida”.

Es el capitalismo, en otras palabras, lo que aumenta la capacidad de un número cada vez mayor de personas para contemplar cómo distribuir su mayor cantidad de “tiempo libre” entre los fines deseables alcanzables (tal vez, para usar la frase de Marx, para ir a “pescar en el mañana” y “cazar por la tarde”…). Por lo tanto, es el capitalismo el que proporciona los medios para que las personas tengan más tiempo y más medios para lo que Marx llamó “acción autónoma”. Richard M. Ebeling. Karl Marx’s Ideas and Errors About Capitalism and Markets

La alemana Gran Enciclopedia de la Economía, describe el abandono de la teoría del valor trabajo por los economistas posteriores a Marx, como explicación para la formación de los precios, debido a los errores y contradicción en la teoría marxista antes señalados por Böhm-Bawerk.

La economía neoclásica y, en particular, la revolución marginalista supuso un cambio de rumbo considerable en la utilización del concepto de valor. El neoclasicismo abandona la teoría del valor-trabajo y la sustituye por la teoría subjetiva del valor, que explica por medio de una combinación de escasez y utilidad [Desarrollada originalmente por Carl Menger (1840-1921)]. William Stanley Jevons (1835-1882) se deshizo de la paradoja smithiana de discrepancia entre el valor de uso y el valor de cambio apelando al concepto de grado de utilidad final (utilidad marginal). El valor de uso de los economistas clásicos se corresponde con el concepto de utilidad total del bien, mientras que el intercambio de un bien por otro se establece en términos de utilidad marginal, que disminuye al aumentar la cantidad del bien intercambiado.

ni la cantidad de trabajo requerida para la producción o reproducción de un bien ni otros bienes constituyen el factor determinante del valor. La medida viene dada por la magnitud de la significación de [el valor que asignamos a] aquella necesidad para cuya satisfacción dependemos y sabemos que dependemos de la disposición [uso o goce] de un bien. Carl Menger. Principios de Economía Política (1871).

La teoría económica neoclásica es una teoría de la formación de los precios y del funcionamiento de los mercados. La teoría de la distribución es para el neoclasicismo una prolongación de la teoría de los precios; en equilibrio el precio de cada factor productivo es igual al valor de su productividad marginal. Los economistas neoclásicos relegan el concepto de valor al campo de la psicología y centran su atención en la teoría de la formación de los precios. Los precios que, bajo la óptica del equilibrio parcial, son el resultado del equilibrio entre la oferta (detrás de la cual está el costo o sacrificio que la producción del bien implica) y la demanda (detrás de la cual está la utilidad o satisfacción que el consumo del bien reporta) son las expresiones monetarias de los valores de las cosas, de los bienes y servicios intercambiados en el mercado.

La ley de la oferta y la demanda además de ser la ley de la formación de los precios ha pasado a ser con los economistas neoclásicos la ley de la determinación del valor de las cosas. La teoría del valor-trabajo continúa siendo utilizada hoy día por los economistas neo-marxistas y pos ricardianos. Die Größe Enzyklopädie der Wirtschaft. Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas.

Aunque los economistas posteriores a Marx de todas las escuelas económicas y de todas las épocas –exceptuando a los marxistas por supuesto- hayan demostrado que la teoría del valor-trabajo fue superada como explicación del precio de las cosas, y que la ley de la oferta y la demanda, se reconoce como la ley que explica la determinación de los precios; mucha gente piensa que sigue siendo válida la teoría de la explotación de los trabajadores –basada en la teoría del valor trabajo, desarrollada primeramente por David Ricardo y luego por Karl Marx como base para construir su teoría del funcionamiento del capitalismo y la inevitabilidad de su reemplazo por un sistema superior: el comunismo-. 

En efecto, la teoría del valor trabajo como explicación del precio y valor de las cosas, solamente se aborda en las clases de economía de la universidad y si el análisis lo hace un profesor de ideología marxista, socialista o de izquierda, tratará de acomodarlo para sustentar sus ideas. De este asunto teórico pocos se ocupan. La posterior demostración de la inutilidad de la teoría marxista del valor,  realizada por los más prestigiados economistas y académicos del mundo no es conocida por la inmensa mayoría de personas.

Como hemos visto, la teoría del valor trabajo de Marx establece que el valor de los bienes y servicios viene dado por el valor del trabajo incorporado en su producción, pero que los trabajadores solamente reciben una parte del valor de los mismos y que el empresario se apropia del resto.

Marx sostuvo que la fuerza de trabajo tenía un valor de uso (rendimiento obtenido por el capitalista) superior al valor de cambio (salario pagado por el capitalista); esa diferencia constituye la plusvalía que es la ganancia de la que se apropia el capitalista. Para Marx el valor de un bien depende del trabajo socialmente necesario para producirlo.

El postulado de Marx no era útil para explicar el comportamiento de los precios en la vida real, por lo que posteriormente los economistas abandonan la teoría del valor-trabajo y la sustituyen por la teoría subjetiva del valor, que explica que el valor es determinado por medio de una combinación de escasez y utilidad y por el concepto de grado de utilidad final (utilidad marginal), desarrollada por Carl Menger, William S. Jevons, León Walras y Alfred Marshall en el último cuarto del siglo XIX. El valor de uso se corresponde con el concepto de utilidad total del bien, mientras que el valor de cambio de un bien por otro se establece en términos de utilidad marginal, que disminuye al aumentar la cantidad del bien intercambiado.

Hans-Hermann Hoppe explica que la  falla en la teoría marxista de la explotación es que Marx obvia el axioma de “preferencia intertemporal” como una categoría básica de acción humana.  Pero antes de entrar a  este punto, como antecedente, Hoppe aborda el concepto de explotación en la obra de Marx.

“Según Marx, los sistemas pre-capitalistas como el esclavismo y el feudalismo estaban caracterizados por la explotación. Cierto. En ambos sistemas los intereses del explotado y el explotador son antagonistas. El esclavo no puede ganar en un intercambio que no es libre, y por tanto el beneficio del explotador es la pérdida del explotado [un juego de suma cero]. Lo mismo se puede decir del señor feudal que extrae rentas de las tierras que el campesino legítimamente se apropió con su trabajo. Las ganancias del ‘lord’ son las pérdidas del campesino.

Y es claro que ambos sistemas impedían el desarrollo de mejores formas productivas. El esclavo y el siervo no eran tan productivos como hubieran podido serlo en ausencia de tales sistemas. Si al esclavo le hubieran ‘pagado’ según su productividad, entonces hubiera trabajado con más ganas.

Pero Marx sigue creyendo que las condiciones no han cambiado en el capitalismo. En el capítulo 24 del Capital —”Sobre la Apropiación Originaria”— Marx da un recuento histórico de cómo el capitalismo emergió a partir de conquistas, robos y asesinatos. De la misma forma, en el capítulo 25, “Sobre la Teoría Moderna del Colonialismo”, la invasión del tercer mundo es fuertemente enfatizada. Todo eso es correcto, nadie puede negar la conquista imperialista. Pero no tiene nada que ver una invasión violenta con intercambio voluntario [Capitalismo].

En este punto Marx entra en un juego lógico. A través de recuentos históricos y apelando a la indignación de los lectores frente a la forma en que unas riquezas capitalistas fueron creadas, Marx mueve la discusión en su favor con un tema que no era su tesis básica. Marx no explica el origen de la propiedad ‘limpia’, es decir, la propiedad que fue adquirida por apropiación originaria cuando un hombre cultivó una tierra antes no poseída por nadie. Marx simplemente describe el robo de propiedad, pero no el origen. No habla de la propiedad que no fue robada a nadie. Según Marx, el hombre que adquirió propiedad limpiamente —porque antes no había sido poseída por nadie— sigue siendo un explotador sin importar que ahora las transacciones sean voluntarias entre hombres libres.

Esto me hace recordar la famosa afirmación de Proudhon de que la propiedad es robo. Eso es una contradicción porque todo robo presupone propiedad.

¿Cuáles son las ‘pruebas’ que Marx presenta para demostrar que el capitalista sigue siendo un explotador? [Y Marx consideraba esto su mayor aporte al análisis económico].

Su prueba de esto es que el salario es menor que el precio de venta del producto. Por ejemplo, si el obrero crea valor trabajando por 5 días, sólo recibe el valor de tres días de trabajo. El resto del valor creado -la plusvalía- es apropiado por el capitalista, luego —según Marx— se prueba que hay explotación. Esa explicación es incorrecta.

¿Qué está mal en ese análisis? La respuesta es clara cuando uno se pregunta: ¿por qué el obrero acepta tal oferta?

Que el obrero no reciba el valor completo de su trabajo no tiene nada que ver con explotación sino que es un reflejo de su preferencia intertemporal.”

Qué es la preferencia intertemporal? “Preferir lo que puede obtenerse en el presente para satisfacer una necesidad inmediata en lugar de lo que puede tenerse en el futuro aunque tenga mayor valor. El hombre prefiere más a menos, cierto. Pero el hombre está restringido por su consumo para mantenerse vivo.  Nadie que tiene la comida contada dejaría de comer un pan hoy para recibir un pan dentro de un mes” , pero sí podría limitarse para recibir dos panes. Y así aparece la categoría de interés. Es una característica propia de la acción humana.”  

Si el obrero quiere recibir el fruto completo de su trabajo, entonces necesita esperar más tiempo ya que al no aceptar el empleo, el obrero puede dedicarse a producir para él mismo. Y al final no recibiría tres días de paga salarial, sino que recibiría los cinco días de valor que le corresponde. Pero tiene que esperar más. El obrero acepta porque el salario que recibe representa bienes de consumo presente, mientras que su trabajo representa bienes de consumo futuro.”

La diferencia en el precio de venta de un producto y el costo de los factores para producirlo siempre será —y tiene que ser— positiva dada la preferencia de consumo en el tiempo.

Si el empresario no estuviera seguro de que puede recibir algo más en el futuro, simplemente no produciría nada. De la misma forma, el obrero sabe que puede recibir más bienes en el futuro, pero lo que le interesan son los bienes en el presente.

¿Por qué el obrero decide intercambiar? El obrero, como el resto de hombres, decide intercambiar porque a través del intercambio mejora su situación.

Si tengo sed, y el vendedor de la esquina me ofrece una Coca-Cola por medio dólar, al comprar la Coca-Cola demuestro que saciar mi sed vale más para mí que el medio dólar. Mientras que para el vendedor mi medio dólar vale más que la Coca-Cola, que obviamente le costó menos de medio dólar. Al final ambas partes han ganado porque ambas partes han obtenido más por algo que valoraban menos. Si no hubiera beneficio para ambas partes el intercambio voluntario sería imposible. A partir de este ejemplo podemos observar también que ‘el valor’ se crea en la cabeza de los individuos.

¿Y por qué el obrero acepta intercambiar su salario —una cantidad menor de bienes- por una cantidad mayor de bienes— el fruto completo de su trabajo?  Por el tiempo que tardarán en llegar los bienes futuros.

¿Por qué el capitalista está dispuesto a adelantar pagos salariales por un producto que estará listo mucho después? Obviamente el capitalista, no pagaría $100 hoy para recibir los mismos $100 luego de un año. En ese caso sería mejor no entrar en negociaciones con nadie y tener absoluto control sobre los $100. El capitalista espera recibir más dinero en el futuro.

Por tanto, Hoppe concluye que “Lo que está mal en la teoría de Marx es que él no comprende el axioma de “preferencia intertemporal” como una categoría básica de acción humana.

Que el obrero no reciba el valor completo de su trabajo no tiene nada que ver con explotación sino que es un reflejo de su preferencia intertemporal, la idea de que es imposible para el hombre recibir la misma cantidad de un bien hoy y dentro de 3 años a menos que esté descontada por un valor. Es imposible para el hombre intercambiar bienes presentes y bienes futuros al mismo valor, sino que tiene que descontarlos.” Hans-Hermann Hoppe.  Economía y Ética de la Propiedad Privada. 2da. Ed.

Por tal razón, la relación entre el empresario y el empleado es de mutuo beneficio, no una de explotación. 

Contrario a lo que ocurre en esclavitud donde el esclavista se beneficia a expensas del esclavo, la relación entre el capitalista y el empleado es mutuamente beneficiosa. El empleado entra al acuerdo porque, dada su preferencia de tiempo, él prefiere un monto menor de bienes hoy frente a un monto mayor de bienes en el futuro. Y el capitalista entra en el acuerdo porque, dada su preferencia intertemporal, él tiene una preferencia intertemporal en reversa y valora un mayor monto de bienes en el futuro más que una menor cantidad de bienes en el futuro. Los intereses no son antagonistas sino armoniosos. Si el capitalista no tuviese preferencia intertemporal, el empleado estaría peor, porque tendría que esperar más de lo que está dispuesto a esperar para recibir el fruto de su trabajo. Y si el empleado no tuviese preferencia intertemporal, el capitalista estaría peor porque tendría que recurrir a procesos más largos e ineficientes de producción. Pero con el intercambio ambas partes ganan.” [Ibid.]

La falacia de la teoría del valor trabajo puede demostrarse observando lo que sucede en la vida real. Cuando se inventa un nuevo bien o servicio, lo que convencionalmente se llama innovación, término definido en “Guidelines for Collecting and Interpreting Innovation Data. A joint publication of OECD and Eurostat”, 2005, más conocido como el Manual de Oslo, se crea un nuevo valor agregado, adicional a la suma de los valores agregados de las partes o componentes del nuevo producto. El concepto de valor agregado comprende las remuneraciones al trabajo, la depreciación, ganancias e impuestos. El Producto Interno Bruto de un país es la suma de los valores agregados de todas las actividades económicas. Por su parte, las innovaciones pueden ser de producto (características del bien o servicio), de procesos de producción o comercialización y organizacionales. Para ser reconocida como tal, una innovación debe pasar la prueba del mercado, es decir, los consumidores pagan por ella.

Puede ser el caso de introducir un nuevo equipo o maquinaria más eficiente que reduce el tiempo de producción, produciendo más unidades del producto en menos tiempo o que reduce el desperdicio o que mejora la el acabado y otras características del producto y le confiere mayor calidad. En cualquier caso, crea mayor valor, independiente del tiempo de trabajo humano, el cual incluso puede reducirse.

Puede ser el caso de introducir un material o componente adicional a un producto existente, que mejora su utilidad, le dota de un uso adicional o le confiere una nueva utilidad. Al hacerlo, se vende por un precio (valor de cambio) que es superior al costo del nuevo material empleado y del trabajo adicional que requiere su introducción en el proceso de producción, usualmente genera una ganancia (excedente de explotación) proporcionalmente superior a la ganancia que se obtenía antes de introducirlo. En otras palabras, genera un valor agregado proporcionalmente mayor al que se generaba antes de realizar la innovación. En este caso, de igual manera, se crea mayor valor, independiente del tiempo de trabajo humano.

Hay miles de ejemplos de estos casos. Veamos uno de ellos para ilustrar este hecho:

Poniéndole cifras al ejemplo (véase la tabla arriba), supongamos de manera simplificada que antes de la innovación, el costo de los materiales empleados (5 o 10 diferentes materiales) era de $50, el de las remuneraciones al trabajo era de $20, la depreciación era de $10 y la ganancia de $20, para un valor total o precio de venta del producto de $100. Luego de la innovación, agregamos $10 por el costo del nuevo material y tenemos un total de costo de materiales de $60, 20% más, y agregamos $5 por aumento de las remuneraciones pagadas (asumiendo que la introducción del material aumenta 25% las horas de trabajo). Para ser consistente, también agregamos un 25% de aumento a la depreciación, con lo que esta llega a $12.50. Sumando los costos llegamos a $97.50, un aumento de 22% sobre el costo total anterior.

Las características del nuevo producto permiten que se pueda vender, digamos, por $125, un 25% más, en lugar de los $100 anteriores, lo cual no es nada inusual para un producto que satisface necesidades adicionales. Se supone que los consumidores están dispuestos a pagar el precio, de lo contrario, la innovación no habrá pasado la prueba de mercado y será un fracaso. Por otro lado, el aumento de 25% en el precio de venta es ligeramente mayor al aumento de 22% en los costos totales, siendo por tanto, modesto y razonable. Esto deja una ganancia de $27.50, superior a los $20 anteriores, un margen adicional de $7.50 o en términos porcentuales, 37.5% adicional. El valor agregado ha aumentado en 30% y ha pasado de representar un 50% del valor total del producto a un 52%.

Aquí podemos deducir que (1) el aumento del valor agregado y de la ganancia depende del nivel de aumento en el precio de venta (valor de cambio) del producto; (2) el precio de venta, está a su vez determinado por (3) cuánto está dispuesto a pagar el comprador por el producto según la utilidad marginal que le asigna para satisfacer sus necesidades o la de otros para los cuales está comprando el producto. Para simplificar, en este punto, no estamos considerando la influencia, en el tiempo, del nivel de oferta y demanda del producto, que también implica un aumento o disminución del precio, según la estructura del mercado (número de oferentes y demandantes del producto), ya que estamos considerando que el producto se produce en las cantidades que demandan los consumidores al momento de poner en el mercado la innovación. (4) El aumento de la ganancia y del valor agregado, por tanto, depende de (3): la utilidad marginal que el comprador le asigna al producto.

Ahora bien, en este ejemplo, el comprador está dispuesto a pagar un 25% más por el producto, que a la empresa le genera un 37.5% de aumento en sus ganancias. Cómo se generó el aumento? Como dijimos, por la introducción de un material adicional que le incorporó nuevas características al producto. Quién debe recibir los beneficios de esta innovación? La o las personas que tuvieron la idea de mejorar las características del producto introduciendo el material adicional. Generalmente, quien toma las decisiones para hacerlo realidad es el dueño o gerente de la empresa. Puede que sea iniciativa de un emprendedor que ha visto la oportunidad de vender un producto con esas características para satisfacer una necesidad y que ha tenido la idea de que incorporando el material adicional, puede hacer tal producto, por lo que inicia una nueva empresa; o puede que sea una idea de alguien en una empresa que ya existe.

En cualquier caso, el dueño de la idea puede proteger su derecho a recibir los beneficios de su explotación registrando ante las autoridades correspondientes la propiedad intelectual. También, en cualquier caso, para que se convierta en una innovación, es necesario llevar la idea a la práctica y pasar la prueba del mercado. Esto exige diversas tareas, como reunir el capital que se necesita, y organizar y administrar los procesos de producción y comercialización. De esta manera, podemos ver claramente que el aumento de valor se debe a la actividad intelectual creativa que origina la innovación y a la actividad intelectual del emprendedor o empresario que lleva a la práctica la innovación, asumiendo el riesgo que conlleva.

Como puede verse, no ha sido entonces el trabajo de los empleados, el que ha causado el aumento del valor del producto. Ellos han recibido un aumento en sus remuneraciones equivalente al aumento de las horas adicionales de trabajo. Los trabajadores no han hecho absolutamente nada en la creación de la innovación ni en su puesta en práctica. El mérito corresponde al innovador y al emprendedor o empresario. Por tanto, es a ellos a los que corresponde cosechar los frutos de su trabajo. 

La pretensión marxista de que el excedente generado por la introducción de innovaciones que aumentan la “productividad del trabajo” es una apropiación forzosa del trabajo de los empleados, la teoría de la explotación, no solo es falsa, sino que es inmoral y anti ética, ya que pretende justificar un despojo arbitrario a los creadores de esa riqueza del fruto de su esfuerzo, para entregarlo a quienes no han hecho nada por crearla.

Las implicaciones de esta teoría no solamente conducen a crear una ideología de condena y desprecio por los innovadores, emprendedores y empresarios, sino también a crear una ilusión de que los trabajadores “explotados”, una vez libres de sus “explotadores” serán capaces de obtener todos los beneficios de los que ahora son despojados. Tal ilusión asume que todas las personas tienen la misma capacidad, los mismos conocimientos, y las mismas habilidades de los innovadores, los emprendedores y los empresarios.  Otra muestra de que la teoría marxista niega las evidencias de la realidad.  De ahí el estrepitoso fracaso donde tales ideas se han implantado.    

La otra falacia está relacionada a la llamada “productividad del trabajo”, un concepto que recogen de la teoría marxista hasta los economistas modernos. La productividad del trabajo es una medida que resulta de dividir el valor de lo producido por el número de personas que trabajaron o el número de horas usadas para producir. Medida de esta manera, la productividad del trabajo atribuye al número de personas o al número de horas trabajadas, las variaciones en la misma. Si aumenta la productividad, es porque el mismo número de personas producen productos con mayor valor o porque trabajaron más, y viceversa. Se hace caso omiso de la fuente de los aumentos en el valor causados por la innovación de productos o procesos.

En el ejemplo que hemos visto, que se trata de una innovación del producto, la productividad del trabajo aumentó 5%, ya que el valor agregado aumentó en 30% y las horas trabajadas en 25%. Pero el aumento del valor agregado no se debió a que los trabajadores fueran más eficientes, sino a la innovación introducida. Es más, el aumento del 5% en la productividad del trabajo se debió al trabajo intelectual involucrado en el desarrollo de la idea inicial y la organización de la puesta en práctica de la innovación (su venta en el mercado), que no se puede atribuir a los trabajadores.

De igual manera, en una innovación del proceso de producción, digamos, por la introducción de un nuevo equipo que realiza el trabajo con mayor rapidez, en menos tiempo, con mayor calidad y menor cantidad de errores y desperdicios, es posible que el mismo número de empleados produzca una mayor cantidad de producto, lo que aumenta el valor agregado, principalmente, en términos absolutos, aunque la disminución de errores y desperdicios también puede aumentarlo en términos relativos. Como resultado, al dividir el valor agregado total creado entre el número de personas, que permanece constante, o el número de horas trabajadas, tenemos un aumento de la productividad del trabajo. De nuevo, en este caso también la productividad del trabajo se ha incrementado debido a la introducción de un equipo más eficiente, no a un aumento de la eficiencia de los trabajadores.

Se puede argumentar que al introducir un nuevo material, un nuevo equipo o un nuevo proceso de producción, se requiere de mayores conocimientos o habilidades por parte de los trabajadores, lo cual es correcto. Normalmente, esa adquisición de conocimientos se hace mediante la capacitación o entrenamiento. De esa manera, se desarrollan nuevas capacidades que normalmente son mejor remuneradas. De este modo, la innovación también produce beneficios para los trabajadores. De aquí surge el concepto de “capital humano” para designar los conocimientos, habilidades y destrezas de las personas que resultan en mejoras a su productividad o eficiencia.

En resumen, la innovación, y especialmente la de carácter tecnológico, la innovación tecnológica, es la fuente principal de la creación de valor en las empresas y en la economía de un país. No es el trabajo físico el que crea valor, es el trabajo intelectual, en la medida en que este se aplica a la creación de innovaciones. No es por tanto casual que el desarrollo económico y la mayor generación de riqueza se haya empezado con la revolución industrial en 1750 y la incorporación de innovaciones en las sucesivas oleadas de revoluciones tecnológicas.

Para un mayor detalle sobre este tema, véase “Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas”.

Walt Whitman Rostow (1916-2003), creador del modelo de desarrollo económico por etapas, hace una crítica de la teoría económica marxista y piensa que el principal error de Marx fue que “no pudo percibir que el cuerpo de pensamiento sobre la sociedad, del que formaba parte la economía clásica, era un credo amplio, complejo y esencialmente paradójico”. El comportamiento humano “se ve no como un acto de maximización” a lo que lo reduce la doctrina marxista, “sino como un acto de equilibrio entre objetivos humanos alternativos y, a menudo, conflictivos e independientes frente a la gama cambiante de alternativas que los hombres perciben como abiertos a ellos”. El comportamiento humano, es pues, complejo, lo que no calza con la visión reduccionista de Marx de clases enfrentadas por maximizar beneficios.

Marx interpretó varias de sus herramientas analíticas esenciales de la economía clásica, tal como la interpretó: una teoría laboral del valor; una ley esencialmente maltusiana de población y oferta de trabajo; y una versión de rendimientos decrecientes, aplicada al capital social. Pero su derivación más importante fue la noción de tratar el comportamiento humano como un ejercicio de maximización de ganancias.

…el desempeño de las sociedades no está determinado únicamente por el lugar de la propiedad ni por la naturaleza de las técnicas de producción. Los sectores de la sociedad interactúan: las fuerzas culturales, sociales y políticas, que reflejan diferentes facetas de la aspiración humana, tienen su propio impacto auténtico en la evolución de las sociedades, incluida su evolución económica. No son una superestructura derivada de la economía. Esta visión altera las etapas específicas de crecimiento alejándose del patrón marxista de maneras bastante particulares.

…ni dentro ni fuera del mercado está el poder de los propietarios como para negar necesariamente a la fuerza laboral una participación en la expansión de la producción una vez que el crecimiento regular comienza con el despegue; y el hecho del progreso, combinado con la urbanización, generalmente ha puesto en marcha una disminución no maltusiana en las tasas de natalidad, tendiendo a reforzar el aumento de los salarios reales.

… con el hecho de un progreso regular en el ingreso, la elasticidad ingreso de la demanda entra en juego como una fuerza independiente, alterando el rango de alternativas percibidas, el patrón de demanda efectiva y la estructura sectorial de la economía; mientras que en el marxismo la elasticidad ingreso de la demanda aparece solo en la forma perversa de aumento del ingreso por plusvalía en manos de una banda cada vez más estrecha de la burguesía, capaz de utilizarla y que solo distorsionará aún más la estructura sectorial de la economía y acelerará su crisis final.

…las elecciones hechas por la sociedad están determinadas por la existencia de procesos políticos y sociales poderosos e independientes donde la influencia efectiva no se ve ponderada por la propiedad; y, especialmente cuando se alcanza la madurez, estas áreas de influencia ayudan a determinar cómo y en qué secuencia se utilizarán los recursos de la economía madura, incluida la posibilidad de un estado de bienestar basado en impuestos progresivos.

…las opciones abiertas a los hombres cuando se alcanza la riqueza parecen incluir pero trascender la visión un tanto romántica de Marx de “el trabajo como una necesidad primordial de la vida”. Existen, como se sugirió anteriormente, las posibilidades de un aumento de la población; espacio exterior; ocio; una elevación de la calidad de vida; o el diablo haciendo trabajo para manos ociosas.

El error básico en el marxismo no es, entonces, un error técnico en su economía; aunque tales errores pueden ser identificados. Al construir sobre la tradición intelectual y moral occidental, no pudo percibir que el cuerpo de pensamiento sobre la sociedad, del que formaba parte la economía clásica, era un credo amplio, complejo y esencialmente paradójico. Como Myrdal y Robbins han señalado en esta generación, el credo individualista-utilitarista defendió los mercados libres y competitivos y la propiedad privada; pero también contenía dentro de sus presupuestos el caso de elecciones libres, en base a un hombre, un voto; para destruir o controlar monopolios; para una legislación social que pondría las consideraciones del bienestar humano frente a los incentivos de ganancias; y, sobre todo, para el impuesto progresivo sobre la renta. W. W. Rostow. The Stages Of Economic Growth. The Economic History Review. Second Series, Vol. XII, No. I 1959.

Hemos visto las principales críticas a la teoría económica de Marx. Ahora veamos cuáles son las principales críticas a la teoría social marxista, aunque ambas están relacionadas.

Un párrafo que resume un elemento fundamental de esa teoría es el siguiente:

En cierto estadio de su desarrollo, las fuerzas materiales de producción entran en conflicto, en la sociedad, con las relaciones existentes de producción, o —lo que no es sino una manera legal de decir lo mismo— con las relaciones de propiedad dentro de las cuales han operado antes. Estas relaciones, que habían sido formas de desarrollo de las fuerzas productivas, se convierten en las cadenas de los hombres. Sobreviene luego la época de la revolución social. Con el cambio de los cimientos económicos, toda la entera e inmensa superestructura queda tarde o temprano enteramente transformada. Karl Marx. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. 1859.

El materialismo histórico es una interpretación de la historia pasada de la cual Marx sacó la conclusión que las sociedades cambiaban como resultado de la lucha de clases y la transformación de las relaciones de producción. Como abstracción obtenida a partir de la evolución histórica pasada, tenía lógica. El problema de esa abstracción es que encasilló los “modos de producción” a épocas pero la realidad es que, si bien tales “modos de producción” se generalizaron o eran predominantes en una época determinada, no es menos cierto que coexistían otros. Ejemplo: el esclavismo fue predominante en una época, pero en esa misma época también habían relaciones de producción feudales y capitalistas, solo que el desarrollo de la tecnología era mucho menor y por tanto no existían las grandes fábricas que Marx usó como ejemplo del capitalismo.

El problema con esa teoría es que es absolutista y etnocéntrica, basada en la historia europea, teniendo poco que ver con la historia económica en el resto del mundo. Esa concepción absolutista llevó a Marx a cometer el error de vaticinar la desaparición del capitalismo y su sustitución por el socialismo y luego el comunismo, un sistema que jamás había existido en la historia de la humanidad, precisamente por su inviabilidad práctica.

De modo que toda la construcción teórica de Marx la hace con ese objetivo, tratando de justificar la supuesta inevitabilidad del comunismo. Su vaticinio de que el desarrollo de las fuerzas productivas llevaría a tal cambio de sistema económico o modo de producción jamás se cumplió. Todos los intentos de implantarlo fueron por la fuerza y demostraron su fracaso para continuar desarrollando las fuerzas productivas.

Pero ¿Es la humanidad llevada a lo largo de un viaje histórico de evolución social por un patrón repetitivo de lucha entre fuerzas internas contradictorias que producen los cambios en los sistemas políticos, económicos y sociales?

Y si es así, ¿deberían tales luchas ser llevadas apelando al uso de la violencia, la humillación, la tortura o la muerte de los adversarios, –tal como el animal por instinto de sobrevivencia en la selva, la estepa o el mar, mata para comer–, rebajando la humanidad a un estadio salvaje? ¿deberían tales muertes, individuales o masivas –genocidios– considerarse solo como “efectos secundarios”, nimiedades, en comparación al fin supremo? ¿cuál es la base moral de tal perversión? ¿hasta dónde puede justificarse un fin superior de beneficio para una sociedad para que un segmento de ella pretenda erigirse en dioses con poder para quitarle la vida a las personas que ven como enemigos? ¿no es acaso propio de mentes enfermas, distorsionadas, obtusas y carentes de empatía cometer crímenes sin tener el más mínimo sentimiento de remordimiento o de pesar por sus víctimas, sino por el contrario, de haber hecho algo bueno?

En sus escritos, Marx y Engels llamaron abiertamente a una revolución para destruir el sistema capitalista. No esperaron lo que su propia teoría establecía, el desarrollo de las fuerzas productivas que produciría contradicciones entre las clases sociales hasta el punto de reemplazar el sistema económico prevaleciente. No había que esperar. En ello iba implícito el uso de la violencia. El desprecio por la vida humana, siempre que fuera de un oponente ideológico o simplemente de cualquiera que se considerase un enemigo, activo o pasivo, es parte de la doctrina marxista de la revolución social, que sus seguidores prácticos llevaron a extremos perversos, solo comparables al holocausto fascista del régimen nazi de Hitler.

El mundo entero ha condenado la estela de muerte dejada por aquellos auto declarados herederos del pensamiento marxista en Rusia, Europa oriental, China, el Sudeste Asiático, África y América Latina, igual que condenó el genocidio en la Alemania fascista, las matanzas étnicas en los Balcanes y Burundi y otras en el pasado reciente que no tuvieron nada que ver con el marxismo.

La historia ha demostrado que la inmensa mayoría de la humanidad tiene una vocación por la paz y el progreso y que las guerras han sido impulsadas por personas mesiánicas y pequeños grupos partidarios de la violencia que desprecian la vida de las personas, que han sabido cómo arrastrar a otros para acompañarlos en sus crímenes, cometidos en nombre de causas religiosas, ideológicas, económicas o raciales.

En la medida en que la civilización ha ido avanzando, en que los avances tecnológicos no solo mejoran continuamente el nivel de vida, sino que difunden más rápida y globalmente las ideas; en la medida en que la globalización ha creado mayor interdependencia económica y los estados-naciones están en parte supeditados a órganos supranacionales, el espacio para los que promueven la violencia como manera de resolver los conflictos se hace cada vez más reducido.

Podemos entonces concluir que la doctrina marxista de la resolución violenta de los conflictos sociales, enunciada como ley científica, no tiene espacio en el mundo de hoy, dadas las evidencias de su culpabilidad como causa originaria de millones de muertes en los países donde se llevó a la práctica.  

Además, ¿no deberían conducir las luchas sociales a elevar la calidad de vida de las personas al mismo tiempo que respetar su individualidad y libertad, eliminando toda clase de opresión o imposición coercitiva que pone límites a la voluntad individual, más que aquellos que afectan los derechos legítimos de los demás?

La abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la construcción del socialismo bajo la dictadura del proletariado, postulados conclusivos de la doctrina social de Marx, condujeron en todos los casos, a dictaduras totalitarias o autoritarias de una elite que se arrogó la representación del proletariado o del pueblo, al culto a la personalidad, a la existencia de un Estado omnipotente que controlaba todos los aspectos de la vida de las personas. Estas fueron características del socialismo real.

Un Estado donde un grupo de burócratas planificaba y dirigía centralmente la economía, decidiendo qué producir, cómo producir y para quién producir, lo que provocó el atraso económico y la insatisfacción de las necesidades de la población. La promesa de la igualdad se cumplió para la gran mayoría de la población, solo que la riqueza resultó tan poca que lo que se igualó fue la pobreza. Sin embargo la elite vivía con las comodidades y lujos que antes los revolucionarios criticaron a la burguesía. Las clases no desaparecieron, sino que cambiaron. Los burgueses fueron sustituidos por la nueva clase de burócratas del partido, gozando de privilegios negados a la mayoría.

Un Estado policíaco que restringe las libertades personales y los derechos humanos y reprime sin miramientos cualquier disidencia u opinión diferente a los dogmas revolucionarios; dogmas y mitos difundidos a través de la educación obligatoria y el adoctrinamiento ideológico en las escuelas y universidades para crear el “hombre nuevo”, de modo que con el cerebro lavado y libre de la ideología “burguesa”, las personas se convirtieran en entusiastas fanáticos que aplaudieran los dictados del partido, o al menos en dóciles y obedientes, pusilánimes o resignados ciudadanos incapaces de desafiar el poder.

De modo que el socialismo real no produjo, ni en lo económico ni en lo social, los efectos que la doctrina marxista había sostenido. Fue un completo fracaso en todos los aspectos y en todos y cada uno de los países donde se ha implementado. Los neo marxistas aducen que el socialismo real, sus características y por tanto su fracaso, no son el resultado de la doctrina marxista, pero las evidencias están ahí: los dogmas de Marx sobre la necesaria abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la dictadura del proletariado, conducida por una vanguardia intelectual, que destruyera a la burguesía, como clase explotadora de los trabajadores, para construir el socialismo, son postulados centrales de la doctrina marxista. Sus seguidores implementaron fielmente estos postulados.

Que Lenin, Stalin, Mao, Honecker, Ceaucescu, Ho-Chi Min, Kim Il Sung, Castro o Chávez hayan impreso al socialismo su sello personal y lo hayan adecuado a las condiciones de sus respectivos países, tal vez alejándose de los deseos de Marx, es otro asunto y es totalmente comprensible, pues Marx nunca llegó a escribir en detalle cómo debía ser la construcción del socialismo, y de haberlo hecho, nunca podría haberse implementado de igual manera en todas partes. Tocó a cada uno adecuarlo a las circunstancias, pero los dogmas en los que se basaron fueron los mismos.

Pero lo que cuenta aquí no son los deseos de Marx, o lo que utópicamente creyó que sería el resultado final de sus teorías –y fue un contrasentido que en su tiempo llamara utopistas a quienes pretendían elaborar una teoría de cómo debía organizarse el socialismo–, sino los resultados reales de su dogma sobre el proceso dialéctico que según él conduce fatalmente al socialismo, etapa intermedia para construir el comunismo el cual como dijo Ludwig von Mises “promete realizar los sueños y los viejos deseos de la humanidad y saciar sus resentimientos innatos. Promete el paraíso terrenal, una Jauja llena de felicidades y de goces, y el regalo más apetitoso para los desheredados: la humillación de todos aquellos que son más fuertes y mejores que la multitud.” 

Max Eastman en Reflections on the Failure of Socialism se refiere a esa utopía: “Era natural que las personas idealistas que habían dejado de creer en el cielo pensaran en alguna esperanza brillante para la humanidad en la tierra.” 

Marx fue un maestro del populismo. Desde la antigüedad ha habido líderes que saben perfectamente que la manera de alcanzar y mantener el poder es diciendo a la gente lo que quieren oir, por irreal o inalcanzable que sea. Expertos en el marketing político. El populista se dirige a las masas, a los pobres que son la mayoría, ofreciendo acabar con la miseria, acabando con los supuestos causantes de la misma, la minoría más pudiente, identificada como el enemigo. Para los comunistas el enemigo es la burguesía. Para los nazis fueron los judíos. En otros casos, se escogen “enemigos” externos. Las masas, en su mayoría ignorantes y con bajo nivel de confianza en sus capacidades individuales, acogen los cantos de sirena del populista como una tabla de salvación.

La popularidad del líder se basa entonces en su capacidad  de convencer a las masas de que la solución para todos sus males es destruir al enemigo. Destruido éste, todo vendrá por añadidura: la riqueza, la abundancia, la felicidad.

El idílico mundo de la sociedad comunista que Bujarin describió en su ABC del Comunismo, jamás fue alcanzado. Durante los 70 años que duró el socialismo real en la Unión Soviética y Europa del Este, los más de 50 años que duró en China, y los más de 70 años que ha durado en Cuba, no se dio la  transición hacia el comunismo, donde el Estado desaparece. Por el contrario, en el socialismo real el Estado se convirtió en la fuente principal de opresión,  control y miseria de la sociedad.  

Si la doctrina marxista erró en cuanto a los resultados que debían producir sus postulados sobre el socialismo y el comunismo, también erró en cuanto a sus predicciones sobre el capitalismo. Veamos los más importantes:

El capitalismo no creó una gran masa de obreros cada vez más pobres. Por el contrario, la pobreza se ha ido reduciendo en el mundo capitalista. China es el ejemplo más reciente de la capacidad del capitalismo para sacar a millones de personas de la pobreza, lo que solo pudo lograr abandonando el sistema socialista.

    1. El capitalismo no creó un “ejército industrial de reserva” o un número de desempleados cada vez mayor. De hecho, hay ciclos económicos de mayor o menor desempleo, pero en los países con economía de mercado y mayor desarrollo económico, la tasa media de  desempleo es cada vez menor.

    2. Las dos primeras predicciones no condujeron a una constante pauperización de los trabajadores, como tampoco a una “sobreproducción” persistente que no encuentra salida en el mercado ante la falta de capacidad de compra de los trabajadores, reduciendo la tasa de ganancia y la reinversión de capital. Al contrario, el crecimiento de las economías de mercado ha sido constante, aunque se registran mayores tasas de crecimiento en las economías emergentes que en las economías maduras y se da un movimiento internacional de capitales de estas hacia las primeras.

    3. La división del trabajo y la especialización no condenó a los trabajadores a la “inmovilidad” y la “degeneración”, “fomentando artificialmente una de sus habilidades parciales”. La división del trabajo existe desde tiempos remotos, mucho antes de que existiera el capitalismo. Sin ella, aún estaríamos en la era de las cavernas. Por otro lado, el desarrollo de la tecnología ha liberado a los trabajadores de trabajos pesados, repetitivos, peligrosos y monótonos.

    4. La división de la sociedad capitalista en dos clases principales antagónicas –la burguesía (los capitalistas) y el proletariado (los trabajadores asalariados)– que debían enfrentarse a muerte de manera inexorable nunca se produjo. Con el desarrollo tecnológico, el número de trabajadores industriales se ha venido reduciendo, trasladándose a ocupaciones en el creciente sector de servicios. También, las economías de mercado hicieron posible el surgimiento de una creciente clase media, compuesta de una amplia gama de ocupaciones y con mejores salarios. De hecho, muchas de esas personas pueden ser al mismo tiempo empleados asalariados, tener ingresos de negocios, ser propietarios que alquilan un inmueble o ser inversores en acciones empresariales o bonos estatales, de modo que no pueden clasificarse en las estrechas clases antiguas de burgueses y proletarios.

    5. La “anarquía de la producción”, a causa de la falta de un plan central que la dirija, no causó un permanente desperdicio de recursos y falta de aplicación donde la misma se requiere para satisfacer necesidades. Al contrario, el libre mercado, aún con sus imperfecciones, y no la planificación central, demostró ser el mejor sistema para asignar recursos y satisfacer necesidades, y los precios como la guía fundamental para las decisiones del empresario y del consumidor.

    6. La idea de la concentración y centralización del capital resultó ser falsa.  En el capitalismo, si bien hay empresas que logran perdurar en el tiempo, existen otras que si no están constantemente innovando, entonces se van a  la quiebra o pierden poder dentro del mercado, tal como sucedió con Blockbuster frente a Netflix o Kodak frente a las cámaras digitales. Si uno examina, por ejemplo, el Índice Industrial Dow Jones puede percatarse de los cambios en las industrias que integran aquel índice desde 1894 hasta la fecha. En nuestros días los Rothschild, los Carnegie o los Rockefeller han dejado de ser la “gran amenaza monopolista”. Como explica Rothbard, si la ley de la concentración del capital no es en absoluto cierta, entonces la tesis que le sigue, la ley de la centralización del capital, resulta ser más endeble. Nadie es capaz de predecir por donde soplarán los vientos de la competencia, de la creación y el declive, de la innovación y la decadencia. [Nadie sabe quiénes desbancarán mañana a los gigantes de hoy como Google, Amazon, Apple o Microsoft]. No cabe duda de que una de las tendencias del capitalismo es hacia una gran variedad y gama en la calidad de los productos, y esta tendencia promueve la “descentralización” y no la centralización marxista. Jan Doxrud. Errores económicos del pensamiento marxista.

En los siguientes párrafos, Richard M. Ebeling se refiere a la falacia del determinismo dialéctico marxista y su fracaso para predecir el curso de la historia política, económica y social de la humanidad.

… Marx estaba convencido de que esas décadas intermedias del siglo XIX fueron los años crepusculares de la época capitalista de la industrialización. Sus escritos dejan en claro que creía que la revolución socialista estaba a la vuelta de la esquina en su propia vida.

>Desde la perspectiva de 2017, casi 170 años después de la publicación del Manifiesto Comunista, su visión del siglo XIX no parece más que una ilusión de un revolucionario anticapitalista que quería creer que el “estado obrero” estaba al terminar el horizonte.

Marx no solo malinterpretó los “dolores de parto” del capitalismo por su “sonajero de muerte”, sino que también interpretó mal la forma en que el capitalismo realmente ha evolucionado, considerando que como sistema económico estaba emergiendo cuando Marx escribió, y no estaba terminando.

En su Pobreza del historicismo (1957), el filósofo de la ciencia, Karl Popper (1902-1994), señaló con acierto la imprevisibilidad inevitable del futuro debido a su dependencia del conocimiento que las personas poseen y la imposibilidad de conocer hoy el conocimiento que varias personas solo pueden adquirir mañana:

El curso de la historia humana está fuertemente influenciado por el crecimiento del conocimiento humano. . . No podemos predecir, por métodos racionales o científicos, el crecimiento futuro de nuestro conocimiento científico. . . Por lo tanto, no podemos predecir el curso futuro de la historia humana. . . Esto significa que debemos rechazar la posibilidad de una historia teórica; es decir, de una ciencia social histórica que correspondería a la física teórica. No puede haber una teoría científica del desarrollo histórico que sirva de base para la predicción histórica….

…¡Con qué frecuencia las tendencias de la época parecen inevitables e ineludibles! La mayoría de las personas a principios del siglo XX confiaban en que, después de todos los logros políticos, sociales y económicos del orden liberal (clásico) del siglo XIX, el nuevo siglo recién amaneciendo solo podía prometer más libertad personal, mayor prosperidad material y una probable paz segura para la humanidad. Pocos imaginaron los restos humanos y materiales que la “Gran Guerra” de 1914-1918 pronto traería sobre la humanidad.

Muchos amigos de la libertad vivos a mediados de la década de 1930 estaban profundamente abatidos, temiendo o incluso creyendo que la época de la libertad terminaba con el surgimiento del colectivismo moderno en las formas de la revolución comunista en Rusia, el movimiento fascista en Italia, el surgimiento de Hitler y los nazis al poder en Alemania, y el establecimiento del New Deal en América. Y a muchos les preocupaba que se acercara otra gran guerra que terminaría con la civilización como la humanidad había llegado a conocerla con el triunfo del colectivismo totalitario en todas partes. No resultó de esa manera.

Durante la mayor parte de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial que comenzó en 1945, muchos en Occidente estaban seguros de que el marxismo, dirigido e inspirado por la Unión Soviética y luego por la China comunista, significaba el fin de la democracia liberal y cualquier forma de economía de mercado. Muchos de los de “la izquierda” en Occidente no podían esperar el día en que alguna forma de planificación central socialista prevalecería en todas partes. Aquellos en la “derecha” política temieron y se desesperaron si “Occidente” todavía tenía el carácter y las convicciones para oponerse y triunfar sobre el comunismo como una fuerza ideológica y militar en la lucha global de la Guerra Fría. No resultó de esa manera.

En la década de 1990, después de la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, las nuevas tendencias históricas parecían asegurar un futuro para la humanidad de los sistemas de “capitalismo democrático”, y algunos incluso sugirieron que con esta etapa de la política y el desarrollo económico, la humanidad había alcanzado “el fin de la historia”, en alguna evolución hegeliana pro capitalista. No ha resultado así.

Ahora, en el siglo XXI, muchos de los lectores de las tendencias de la historia temen que el fundamentalismo islámico envuelva a algunas partes de Europa, o el surgimiento de China como la nueva potencia global con un modelo ganador de una forma de gestión autoritaria, capitalismo de compinches, o la involución de los Estados Unidos bajo las presiones y fuerzas del socialismo populista, la bancarrota fiscal y la corrección política “progresista”. No tiene que suceder así.

No hay un “lado derecho de la historia” en el sentido hegeliano y marxista. Aquellos en la izquierda política que, hoy en día, continúan usando esta retórica de los lados correcto e incorrecto de la historia, simplemente usan una frase atractiva que les da la sensación de poseer un terreno moral y que puede intimidar fácilmente a aquellos a quienes se les dice que “Las políticas progresistas, un uso más amable y gentil de las palabras “socialismo”, “colectivismo”, “tiranía” o “planificación”, representan el progreso.

… Sin embargo, es cierto que una noción de “lado derecho de la historia” es una frase vacía y sin sentido. La historia no es producto de fuerzas misteriosas más allá del control y el poder del hombre y la humanidad. La historia es el producto y el resultado de las ideas: ideas sobre la naturaleza del hombre, las concepciones de cómo los hombres podrían y deberían vivir juntos, y el orden institucional político y económico de las cosas que beneficiarán mejor a la humanidad como la suma de los individuos que lo componen.

Lo que la historia ha demostrado es que ha habido una mayor libertad humana, una mayor prosperidad humana y una mayor paz y tranquilidad humanas durante los momentos en que las ideas de libertad individual, mercados libres y gobierno limitado han prevalecido y se han instituido en la sociedad. Cuanto mayor es el grado de control, intervención y coerción del gobierno en la sociedad, menos han existido y florecido estas cosas.

La tarea no es estar en el mítico “lado derecho de la historia”, sino hacer que la historia refleje el triunfo y el éxito de la idea y los ideales de la libertad humana. Pero esto no sucede solo. Requiere que cada uno de nosotros comprenda el significado, el valor y la importancia de la libertad en ese sentido liberal y libertario clásico, y que estemos dispuestos a defenderla y promoverla entre nuestros semejantes. Eso es lo que haría historia. Richard M. Ebeling. Karl Marx’s Ideas and Errors About Capitalism and Markets

Karl Popper considerado como uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo XX rechaza lo que él denominó como el historicismo en la doctrina marxista. 

¿Está dentro de las posibilidades de alguna ciencia social la formulación de profecías históricas de tan vasto alcance? ¿Cabe esperar algo más que la irresponsable respuesta de un adivino cuando nos dirigimos a un hombre para interrogarlo acerca de lo que el futuro depara a la Humanidad? Se trata aquí de la cuestión del método de las ciencias sociales. Evidentemente, es más fundamental que cualquier debate relativo a cualquier argumento particular en defensa de cualquier profecía histórica.

…También creen haber descubierto ciertas leyes de la historia que les permiten profetizar el curso de los sucesos históricos. Bajo el nombre de historicismo, he agrupado las diversas teorías sociales que sustentan afirmaciones de este tipo. En otra parte, en The Poverty of Historicism | La pobreza del historicismo | (Económica, 1944-1945), he tratado de rebatir esas pretensiones y de demostrar que, pese a su plausibilidad, se basan en una idea errónea del método de la ciencia, y especialmente, en el olvido de la distinción que debe realizarse entre una predicción científica y una profecía histórica.

… Marx veía a los actores humanos del escenario de la historia, incluyendo también a los «grandes», como simples marionetas movidas por la fuerza irresistible de los hilos económicos, de las fuerzas históricas sobre las cuales carecen absolutamente de control. La escena de la historia —pensaba Marx— se levanta dentro de un sistema social que nos ata a todos igualmente; se levanta en el «reino de la necesidad».

… Al describir al marxismo como la forma más dura del historicismo creo haber dejado bien sentado que, a mi juicio, el método marxista es, en verdad, sumamente pobre.

Pese a todos sus méritos, Marx fue, a mi entender, un falso profeta. Profetizó sobre el curso de la historia y sus profecías no resultaron ciertas. Sin embargo, no es ésta mi principal acusación. Mucho más importante es que haya conducido por la senda equivocada a docenas de poderosas mentalidades, convenciéndolas de que la profecía histórica era el método científico indicado para la resolución de los problemas sociales. Marx es responsable de la devastadora influencia del método de pensamiento historicista en las filas de quienes desean defender la causa de la sociedad abierta. Karl Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. 1945.

Mario Vargas Llosa, en su obra La llamada de la tribu (2018) considera como erróneo el determinismo histórico pues es la actuación de los individuos la que va produciendo los cambios en las sociedades.

Los destinos humanos no están escritos, no se hallan trazados de manera fatídica. Individuos y sociedades pueden trascender los condicionamientos geográficos, sociales y culturales y alterar el orden de las cosas mediante actos, optando por ciertas decisiones y descartando otras. Por eso, porque gozan siempre de ese margen de libertad son responsables de su propio destino. Todo esto lo describe Hayek admirablemente en un ensayo dedicado a mostrar las semejanzas entre dos pensadores a quienes se creería muy alejados uno del otro: «Compte and Hegel»

En los países donde se impusieron regímenes socialistas, el balance de la herencia ideológica de Marx es negativo, ya que ha contribuido no solo al surgimiento de guerras, genocidios, odio de clases, dictaduras, pérdida de las libertades individuales, sometimiento, pobreza y estancamiento económico, según el país donde tales ideas se incrustaron, como lo resume Mark Skousen en este párrafo:

… “Marx está maldito con una marca negra en la historia. Su nombre se asociará para siempre con el lado oscuro del comunismo. Un espectro está atormentando a Karl Marx: la historia de Lenin, Stalin, Mao y Pol Pot, y los millones que murieron y sufrieron bajo el “imperio del mal”, como lo llamó Ronald Reagan. Los apologistas dicen que Marx no puede ser responsable de las atrocidades de sus seguidores comunistas e incluso afirman que Marx habría sido uno de los primeros en ser ejecutado o enviado al Gulag. Quizás. Por un lado, se opuso vehementemente a la censura de la prensa a lo largo de su carrera. Sin embargo, sin Marx, ¿podría haber habido una revolución y una represión tan violentas? ¿No apoyó Marx un “reino del terror” sobre la burguesía? Como dijo un amargo crítico: “En nombre del progreso humano, Marx probablemente ha causado más muerte, miseria, degradación y desesperación que cualquier hombre que haya vivido” (Downs 1983, 299).” Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Pero además de causar sufrimiento, atraso y pobreza en los países que sucumbieron a la imposición violenta del socialismo, en el resto del mundo no se cumplió la profecía marxista de que el capitalismo inevitablemente se destruiría a sí mismo. 

Las predicciones de Marx fueron erróneas, aunque no todas de inmediato. Ya en 1937, Wassily Leontief, el emigrante ruso que más tarde ganó el Premio Nobel por su análisis de insumo-producto, proclamó que el historial de Marx era “impresionante” y “correcto” (Leontief 1938, 5, 8). Pero los elogios de Leontief fueron prematuros. Desde entonces, como Leszek Kolakowski, ex líder del Partido Comunista Polaco, declaró: “Todas las profecías importantes de Marx resultaron ser falsas” (Denby 1996, 339). Para revisar:

1. Bajo el capitalismo, la tasa de ganancias no ha disminuido, aun cuando se ha acumulado más y más capital a lo largo de los siglos. 

2. La clase trabajadora no ha caído en mayor y mayor miseria. Los salarios han aumentado sustancialmente por encima del nivel de subsistencia. Las naciones industriales han visto un aumento dramático en el nivel de vida del trabajador promedio. La clase media no ha desaparecido, sino que se ha expandido. Como concluye Paul Samuelson: “La pauperización de la clase obrera… simplemente nunca tuvo lugar. Como profeta, Marx tuvo una mala suerte y su sistema era colosalmente inútil” (1967, 622).

3. Hay poca evidencia de una mayor concentración de industrias en las sociedades capitalistas avanzadas, especialmente con la competencia mundial.

4. Las sociedades utópicas socialistas no han florecido, ni la revolución proletaria ha ocurrido inevitablemente.

5. A pesar de los ciclos empresariales e incluso de depresiones ocasionales, el capitalismo parece estar floreciendo como nunca antes.  
Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Algunas observaciones se derivan de estos hechos, tomando las afirmaciones de la teoría marxista:

    1. Si la tasa de ganancia debiera tender a disminuir y esta resulta de la plusvalía, eso significaría que la tendencia es a disminuir la explotación, no a aumentarla como calculaba Marx. Aquí su teoría es en sí misma contradictoria.

    2.  Las crisis periódicas del capitalismo concuerdan con la explicación de la dialéctica de los ciclos. Por qué entonces habrían de verse como nocivas? No es, por el contrario, una validación de que luego de cada crisis, el capitalismo emerge mejorado y fortalecido? La monotonía de una economía sin altibajos sería una negación del progreso y la dialéctica. Schumpeter lo desarrolla con su análisis de la “destrucción creativa”.

    3. El proceso de concentración del capital tampoco provocó la desaparición de las pequeñas empresas, pues si bien desaparecieron en algunos sectores, surgieron otras en otros sectores. El desempleo se ha reducido con el tiempo. Las personas cambiaron de ocupación. Tampoco provocó perjuicios a los consumidores, sino al contrario, ya que las economías de escala conducen a mayor eficiencia y productividad, mayores volúmenes de producción, mejor calidad, precios más bajos y mejores salarios. 

    4. La acumulación y concentración de capital contribuye a la desigualdad de ingresos y de riqueza. Pero no es en sí misma un problema, en cuanto, a la vez que incrementa la desigualdad, reduce la pobreza, por lo mencionado en el punto anterior. 

La doctrina de Marx es la base del socialismo, como la de Smith y otros lo es del capitalismo. Pero veamos cómo surge la doctrina marxista, en lo escrito al respecto en 1932 por Ludwig von Mises:

… “la idea fundamental del socialismo se fue desarrollando claramente a partir del segundo cuarto del siglo XIX, y los proyectos de un orden social socialista, concebidos por los escritores que la terminología marxista denomina hoy «socialistas utópicos», se convirtieron en materia de examen científico. Este examen reducía a la nada la idea socialista. Los «utopistas» no habían logrado inventar, edificar un sistema social capaz de resistir a la crítica de los economistas y de los sociólogos. Era fácil descubrir los puntos débiles de sus proyectos. Se demostró que una sociedad organizada conforme a los principios de los utopistas no podía vivir ni funcionar, y que no podría ciertamente llevar a cabo lo que de ella se esperaba. Hacia mediados del siglo XIX las ideas socialistas parecían estar muertas definitivamente. La ciencia, por medio de una argumentación rigurosamente lógica, había demostrado su vaciedad, y los portavoces del socialismo se mostraban incapaces de oponer a dicha argumentación contraargumentos de algún valor.

En ese momento Marx entró en escena, muy imbuido de dialéctica hegeliana. Es fácil abusar del método hegeliano cuando se quiere subordinar el pensamiento al servicio de ideas fantásticas, de imaginaciones arbitrarias y de redundancias metafísicas, para probar todo lo que complace a tal o cual política.

Ahí encontró Marx, sin dificultad, un medio de sacar al socialismo del descrédito en que había caído. Puesto que la ciencia y el pensamiento lógico ofrecían testimonios contra el socialismo, se quería hallar un sistema que lo protegiese de la ingrata crítica de los científicos y de los lógicos. Esa fue la tarea que el marxismo se esforzó en realizar. Para ello empleó tres medios. [Marx] Negaba el carácter necesario y universal de la lógica, válido para todos los hombres y todas las épocas. [Aseguraba que] El pensamiento es función de la clase social en que vive el pensador, es una «superestructura ideológica» de sus intereses de clase. Marx declara como «burgués», como defensor del capitalismo, el tipo de razonamiento que refuta la idea socialista. En segundo lugar, el marxismo enseñaba que el proceso dialéctico conduce fatalmente al socialismo. El objeto y fin de la historia es, dice, la socialización de los medios de producción mediante la expropiación de los expropiadores en cuanto negación de la negación. El marxismo, finalmente, pretendía que es inadmisible ocuparse, como hicieron los utopistas, de la organización de la Tierra Prometida del socialismo, que verá la luz como inevitable necesidad. Aún más, la ciencia debería renunciar a cualquier estudio sobre el carácter y la esencia del socialismo, puesto que éste es ineluctable.

Nunca doctrina alguna obtuvo en la historia un triunfo tan rápido ni tan completo como esos tres principios del marxismo. … El éxito incomparable del marxismo se debe al hecho de que promete realizar los sueños y los viejos deseos de la humanidad y saciar sus resentimientos innatos. Promete el paraíso terrenal, una Jauja llena de felicidades y de goces, y el regalo más apetitoso para los desheredados: la humillación de todos aquellos que son más fuertes y mejores que la multitud. Enseña cómo eliminar la lógica y el pensamiento, debido a que estos hacen ver la estupidez de tales sueños de felicidad y venganza. El marxismo es la más radical de todas las reacciones contra el dominio del pensamiento científico sobre la vida y la acción establecida por el racionalismo. Es contrario a la lógica, a la ciencia, al pensamiento. Por otro lado, su principio más notable es la prohibición de pensar e investigar científicamente la organización y el funcionamiento de la economía socialista. Por un procedimiento característico de su rencor contra la ciencia, el marxismo se ha aplicado a sí mismo el nombre de socialismo «científico». Al extender su autoridad sobre la vida y la acción con éxito indiscutible, la ciencia ha adquirido un prestigio del cual el marxismo quiere sacar partido en su lucha contra el empleo de la ciencia en la organización de la economía social. Los bolcheviques no cesan de repetir que la religión es un opio para el pueblo. Lo cierto, sin embargo, es que el marxismo es el opio de la alta clase intelectual, de quienes podrían pensar y a quienes desea mantener al margen del pensamiento.” Ludwig von Mises. Socialismo: Análisis Económico y Sociológico. Unión Editorial, 2007.

Una comparación que trata de resumir el pensamiento de Smith y el de Marx sobre el sistema capitalista es la siguiente:

“Si la obra de Adam Smith es el Génesis de la economía moderna, la de Karl Marx es su Éxodo. Si el filósofo escocés es el gran creador del laissez-faire, el revolucionario alemán es su gran destructor. El marxista John E. Roemer lo admite. Según él, la “principal diferencia” entre Smith y Marx es la siguiente: “Smith sostuvo que la búsqueda del individuo del interés propio conduciría a un resultado beneficioso para todos, mientras que Marx sostuvo que la búsqueda del interés propio conduciría a la anarquía, la crisis, y la disolución del propio sistema basado en la propiedad privada. . . . Smith habló de la mano invisible que guía a los agentes individuales y de interés propio para llevar a cabo aquellas acciones que serían, a pesar de su falta de preocupación por tal resultado, socialmente óptimas; para el marxismo el símil es el puño de hierro de la competencia, pulverizando a los trabajadores y empeorándolos de lo que estarían en otro sistema factible, a saber, uno basado en la propiedad social o pública de la propiedad” (Roemer 1988, 2–3)”. Citado en Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Al pasar el tiempo, ha quedado demostrada la capacidad del capitalismo para producir riqueza y progreso. Hasta el mismo Marx quedó muy impresionado con la capacidad de los empresarios para acumular más capital y crear nuevos mercados, tanto en el país como en el extranjero. El Manifiesto Comunista describió este fenómeno en un pasaje famoso: “La burguesía, durante su gobierno de escasos cien años, ha creado fuerzas productivas más masivas y colosales que todas las generaciones anteriores juntas“. 

Marx argumentó que el capitalismo es en esencia un sistema de búsqueda de rentas: en lugar de crear riqueza de la nada, como les gusta imaginar, los capitalistas se dedican a expropiar la riqueza de los demás. Marx estaba equivocado acerca del capitalismo en esencia: los grandes empresarios acumulan fortunas inventando nuevos productos o nuevas formas de organizar la producción. Pero tenía un punto sobre el capitalismo en su forma burocrática. Un número deprimente de los jefes de hoy son burócratas corporativos en lugar de creadores de riqueza, que usan fórmulas convenientes para asegurarse de que sus salarios aumenten. Trabajan de la mano con una creciente multitud de otros solicitantes de rentas, como consultores de gestión (que sueñan con nuevas excusas para la búsqueda de rentas).

El capitalismo, sostuvo Marx, es por su naturaleza un sistema global: “Debe anidarse en todas partes, establecerse en todas partes, establecer conexiones en todas partes”. Eso es tan cierto hoy como lo fue en la era victoriana. Los dos desarrollos más llamativos de los últimos 30 años son el desmantelamiento progresivo de las barreras a la libre circulación de los factores de producción (bienes, capital y, en cierta medida, personas) y el surgimiento del mundo emergente. Las empresas globales plantan sus banderas donde sea más conveniente. Los CEOs sin fronteras se trasladan de un país a otro en busca de la eficiencia. El jamboree anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, bien podría titularse “Marx tenía razón”.

Pensaba que el capitalismo tenía una tendencia al monopolio, ya que los capitalistas exitosos expulsaban a sus rivales más débiles del preludio a la extracción de las rentas del monopolio. Nuevamente, esto parece ser una descripción razonable del mundo comercial que está siendo moldeado por la globalización e Internet. Las empresas más grandes del mundo no solo están creciendo en términos absolutos, sino que también están convirtiendo a un gran número de empresas más pequeñas en simples apéndices. Los gigantes de la nueva economía están ejerciendo un dominio de mercado que no se había visto desde los barones ladrones de Estados Unidos. Facebook y Google absorben dos tercios de los ingresos publicitarios en línea de Estados Unidos. Amazon controla más del 40% del floreciente mercado de compras en línea del país. En algunos países, Google procesa más del 90% de las búsquedas web. El medio no solo es el mensaje, sino que la plataforma también es el mercado.

Desde el punto de vista de Marx, el capitalismo produjo un ejército de trabajadores ocasionales que existían de un trabajo a otro. Durante el largo boom de la posguerra, esto parecía una tontería. Lejos de no tener nada que perder excepto sus cadenas, los trabajadores del mundo, al menos el mundo rico, tenían trabajos seguros, casas en los suburbios y una gran cantidad de posesiones. Los marxistas como Herbert Marcuse se vieron obligados a denunciar el capitalismo con el argumento de que producía demasiada riqueza para los trabajadores en lugar de muy poco.

Sin embargo, una vez más, el argumento de Marx está ganando urgencia. La economía del concierto está reuniendo una fuerza de reserva de trabajadores atomizados que esperan ser convocados, a través de capataces electrónicos, para entregar la comida de las personas, limpiar sus casas o actuar como sus choferes. 

… Aún así, la rehabilitación no debería ir demasiado lejos. Los errores de Marx superaron con creces sus ideas. Su insistencia en que el capitalismo lleva el nivel de vida de los trabajadores al nivel de subsistencia es absurdo. El genio del capitalismo es que reduce sin descanso el precio de los artículos de consumo regular: los trabajadores de hoy tienen fácil acceso a los bienes que alguna vez se consideraron lujos de los monarcas. El Banco Mundial calcula que el número de personas en “extrema pobreza” ha disminuido de 1.850 millones en 1990 a 767 millones en 2013, una cifra que pone en perspectiva el estancamiento lamentable del nivel de vida de los trabajadores occidentales. La visión de Marx de un futuro pos capitalista es banal y peligrosa: banal porque presenta una imagen de personas que holgazanean (cazar por la mañana, pescar por la tarde, criar ganado por la noche y criticar después de la cena);

Sin embargo, el mayor fracaso de Marx fue que subestimó el poder de la reforma: la capacidad de las personas para resolver los problemas evidentes del capitalismo a través de la discusión racional y el compromiso. Él creía que la historia era un carro que tronaba hasta un fin predeterminado y que lo mejor que pueden hacer los aurigas es esperar. Los reformadores liberales, incluido su casi contemporáneo William Gladstone, han demostrado repetidamente que estaba equivocado. No solo han salvado al capitalismo de sí mismo mediante la introducción de reformas de gran alcance, sino que lo han hecho a través del poder de la persuasión. La “superestructura” ha triunfado sobre la “base”, el “cretinismo parlamentario” sobre la “dictadura del proletariado”. The Economist. Rulers of the world: read Karl Marx!

Un enfoque basado en las fallas de las tesis que sostenía el marxismo es el que presenta el investigador alemán Immanuel Wallerstein.

Marx ha muerto muchas veces, pero ha experimentado otros tantos renacimientos. Como para todo pensador de esta envergadura, es a la luz de la actualidad que es preciso releerlo, puesto que hoy en día no sólo es Marx quien muere una vez más; es también toda una serie de estados que se habían atribuido la etiqueta marxista-leninista los que se encuentran conmocionados y que en su mayor parte se derrumban. Ante esta situación, algunas personas se regocijan, otras entristecen, pero raros son quienes intentan hacer un balance juicioso y ponderado. Recordemos de entrada que el marxismo no es la suma de las ideas o de los escritos de Marx, sino más bien un conjunto de teorías, de análisis y de recetas de acción política —inspiradas sin duda en los razonamientos de Marx— que fueron erigidas en una especie de canon; esta versión del marxismo, que llamaré dominante, se debe a los aportes paralelos y sucesivos, conjuntos mas no conjugados, de dos partidos históricos; el partido socialdemócrata alemán (sobre todo en el periodo anterior a 1914) y el partido bolchevique, que se convirtió en el Partido Comunista de la Unión Soviética. Si bien la versión dominante del “marxismo” no ocupó nunca sola el terreno, otras versiones permanecieron, hasta una época relativamente reciente, decididamente minoritarias. Los verdaderos inicios de la escisión del marxismo no datan, en efecto, sino de la revolución que sacudió al mundo en 1968 (ver Lefebvre, 1976). Una cierta confusión surgió de la coincidencia de esta revolución con el estancamiento, y luego el fracaso, de los estados etiquetados como marxistas.

Para salir de esta confusión es preciso aceptar un desafío particularmente delicado: intentar separar, en la medida de lo posible, por una parte, las tesis del “marxismo de los partidos” (versión dominante), que están gravemente comprometidas —incluso totalmente refutadas— por el derrumbe de los estados del “socialismo real”; y, por otra, las tesis de Marx o aquellos aspectos de su pensamiento (o aun los de la práctica de los marxistas) que no estaban —o no estaban esencialmente— implicados en la experiencia de los estados-partidos.

El razonamiento siguiente puede resumirse en estos términos: lo que ha muerto es el marxismo como teoría de la modernidad, teoría coexistente con la del liberalismo y, a decir verdad, inspirada en él. Lo que aún no ha muerto es el marxismo como crítica de la modernidad (incluyendo la manifestación histórica de esta última, la economía-mundo capitalista). Lo que ha muerto es el marxismo-leninismo como estrategia política, que, bien considerada, fue una estrategia reformista. Lo que aún no ha muerto es la tendencia anti sistémica popular y marxizante que anima ciertas fuerzas sociales reales.

Me parece que la teoría del marxismo, convertido en marxismo-leninismo, reposaba de hecho en cinco tesis principales. Éstas no emanaron de los marxólogos, sino de los marxistas practicantes y fueron elaboradas a través de la praxis de los partidos.

En suma, una tras otra, cada una de las cinco tesis del marxismo de los partidos (marxismo realmente existente) fueron nuevamente puestas en tela de juicio, particularmente por aquellos mismos que habían sostenido estos regímenes. Immanuel Wallerstein. El Marxismo después del fin de los Comunismos. 1993,

Sin embargo, todas las evidencias anteriormente presentadas sobre los errores de la doctrina marxista son invalidadas a priori por los marxistas recurriendo al polilogismo: invalidar la lógica, pretender que la lógica no es única, sino que depende de quién la expresa y que la única lógica válida es la lógica marxista. Veamos lo que al respecto nos dice Ludwig von Mises:

Hasta mediados del siglo XIX, nadie se atrevió a cuestionar el hecho de que la estructura lógica de la mente es inmutable y común a todos los seres humanos. Todas las interrelaciones humanas se basan en este supuesto de una estructura lógica uniforme. Solo podemos hablar unos con otros porque podemos apelar a algo común para todos nosotros, a saber, la estructura lógica de la razón

Hay personas que no pueden contar más de tres; pero su conteo, por lo que va, no difiere del de Gauss o Laplace. Ningún historiador o viajero nos ha traído ningún conocimiento de personas para quienes a y no-a eran idénticos, o quienes no podían comprender la diferencia entre afirmación y negación.

Diariamente, es cierto, las personas violan los principios lógicos en el razonamiento. Pero quien examina sus inferencias de manera competente puede descubrir sus errores. Debido a que todos consideran que estos hechos son incuestionables, los hombres entran en discusiones; se hablan el uno al otro escriben cartas y libros; Intentan probar o refutar. La cooperación social e intelectual entre hombres sería imposible si esto no fuera así. Nuestras mentes ni siquiera pueden imaginar constantemente un mundo poblado por hombres de diferentes estructuras lógicas o una estructura lógica diferente a la nuestra.

Sin embargo, en el transcurso del siglo XIX, este hecho innegable ha sido impugnado. Marx y los marxistas, entre ellos el «filósofo proletario» Dietzgen, enseñaron que el pensamiento está determinado por la posición de clase del pensador. Lo que produce el pensamiento no es verdad sino «ideologías».

Esta palabra significa, en el contexto de la filosofía marxiana, un disfraz del interés egoísta de la clase social a la que está unido el individuo pensante. Por lo tanto, es inútil discutir cualquier cosa con personas de otra clase social.

Las ideologías no necesitan ser refutadas por el razonamiento discursivo; deben desenmascararse denunciando la posición de clase, el trasfondo social de sus autores. Pues, los marxistas no discuten los méritos de las teorías físicas; simplemente descubren a los «burgueses».

Los marxistas han recurrido al polilogismo porque no pudieron refutar con métodos lógicos las teorías desarrolladas por la economía «burguesa» o las inferencias extraídas de estas teorías que demuestran la impracticabilidad del socialismo. Como no pudieron demostrar racionalmente la solidez de sus propias ideas o la insensatez de las ideas de sus adversarios, han denunciado los métodos lógicos aceptados.

El éxito de esta estratagema marxiana no tuvo precedentes. Ha brindado pruebas contra cualquier crítica razonable de todos los absurdos de los supuestos economistas marxianos y de la posible sociología. Sólo mediante los trucos lógicos del polilogismo podría el estatismo hacerse con la mente moderna.

El principio del polilogismo llevaría a la inferencia de que las enseñanzas marxianas tampoco son objetivamente verdaderas, sino que son solo declaraciones «ideológicas». Pero los marxistas lo niegan. Ellos reclaman para sus propias doctrinas el carácter de verdad absoluta. Así, Dietzgen enseña que «las ideas de la lógica proletaria no son ideas de partido, sino el resultado de la lógica pura y simple». La lógica proletaria no es «ideología» sino lógica absoluta. Los marxistas actuales, que etiquetan sus enseñanzas como sociología del conocimiento dan prueba de la misma inconsistencia.

Uno de sus campeones, el profesor Mannheim, intenta demostrar que existe un grupo de hombres, los «intelectuales desapegados», que están equipados con el don de captar la verdad sin caer en la culpa de los errores ideológicos. Por supuesto, el profesor Mannheim está convencido de que es el más importante de estos «intelectuales desapegados». Simplemente no puedes refutarlo. Si no estás de acuerdo con él, solo demuestras que tú mismo no eres uno de esta elite de «intelectuales desapegados» y que tus declaraciones son tonterías ideológicas.

Los nacionalsocialistas alemanes tuvieron que enfrentar precisamente el mismo problema que los marxistas. Tampoco pudieron demostrar la exactitud de sus propias afirmaciones ni refutar las teorías de la economía y la praxeología. Así se refugiaron bajo el techo del polilogismo, preparado para ellos por los marxistas. Por supuesto, inventaron su propia marca de polilogismo. La estructura lógica de la mente, dicen, es diferente en diferentes naciones y razas.

A los ojos de los marxistas, Ricardo, Freud, Bergson, y Einstein se equivocan porque son burgueses; a los ojos de los nazis están equivocados porque son judíos. Ni el polilogismo marxiano ni el nazi fueron más lejos que declarar que la estructura lógica de la mente es diferente con varias clases o razas. Nunca se aventuraron a demostrar precisamente en qué difiere la lógica de los proletarios de la lógica de la burguesía, o en qué difiere la lógica de los arios de la lógica de los judíos o los británicos.

El polilogismo tiene un método peculiar de tratar con puntos de vista disidentes. Si sus partidarios no logran desenmascarar el fondo de un oponente, simplemente lo califican de traidor. Tanto los marxistas como los nazis conocen solo dos categorías de adversarios. Los extraños, ya sean miembros de una clase no proletaria o de una raza no aria, están equivocados porque son extraños; los opositores de origen proletario o ario están equivocados porque son traidores.  Lo que los Nazis tomaron prestado de Marx, por Ludwig von Mises.

Arturo J. Sol órzano
Mayo de 2019

 

APÉNDICE

Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas

Karl Marx y la Conclusión de su Sistema o La Conclusión del Sistema Marxiano

Wicksteed sobre la plusvalía

La crítica de Schumpeter a la teoría económica de Marx

Refutación a las teorías del valor trabajo y de la explotación de Marx – Juan Ramón Rallo

“El segundo y tercer volumen de Kapital de Marx fueron publicados póstumamente bajo la dirección de su estrecho colaborador Friedrich Engels en 1883 y 1894, respectivamente. Es un hecho curioso que para entonces los cimientos subyacentes del sistema económico de Marx, tal como se presentaron en el primer volumen en 1867, estaban completamente obsoletos. En cierto modo, todo el punto de partida del análisis de Marx estaba obsoleto antes de que su final viera la luz del día. Esta obsolescencia no ha impedido en lo más mínimo el tremendo éxito del marxismo en el ámbito político y cultural. La narrativa de la explotación inherente de los trabajadores asalariados por parte de los capitalistas está viva hoy en día, a pesar de un nivel de vida material creciente y de unos servicios tecnológicos cada vez más innovadores que hace tan sólo unos años eran inimaginables.

Marx había reconocido, por supuesto, que el capitalismo mejora el nivel de vida de la gran mayoría de la gente, incluidos los trabajadores. El reconocimiento de Marx es precisamente la razón por la que la idea de que los trabajadores siempre son remunerados a nivel de subsistencia tuvo que ser rescatada mediante la redefinición del concepto de subsistencia. La subsistencia ya no se consideraba una mera supervivencia, sino más bien una vida plena que depende de la etapa de desarrollo económico. Algunos comentaristas críticos han encontrado que esta idea de subsistencia es suficiente para descartar la teoría de la explotación marxista, pero en sentido estricto, el mero hecho de que el nivel de vida material de los trabajadores esté aumentando bajo el capitalismo, no implica en absoluto que los trabajadores no sean explotados. Es muy posible que los trabajadores sigan sin recibir la parte que les corresponde, incluso hoy en día.

Sin embargo, en la medida en que la explotación existe en la sociedad, no emana de ninguna característica inherente a la relación entre capital y trabajo en un orden de libre mercado. Este argumento fue demostrado desde el principio por el gran economista austriaco Eugen von Böhm-Bawerk en su crítica magistral La conclusión del sistema marxiano (1896).

Incluso después de más de 120 años, vale la pena entender la crítica de Böhm-Bawerk, y no sólo porque haya proporcionado varios ejemplos interesantes para los que la teoría del valor-trabajo no parece ser válida. Después de todo, tales ejemplos podrían ser sólo las excepciones que dejan la regla intacta. Vale especialmente la pena leer a Böhm-Bawerk, porque puso al descubierto una contradicción interna que pone en peligro todo el marco marxiano.

Para la vergüenza duradera de todos los autoproclamados marxistas modernos, nadie ha presentado todavía una solución viable a la crítica de Böhm-Bawerk.” Karl-Friedrich Israel. El fin de la teoría de la explotación marxiana

En este video Martin Krause muestra con ejemplos cómo la teoría subjetiva del valor logra lo que no puede explicar la teoría del valor trabajo de Marx.

Eugen Böhm-Bawerk, economista austríaco, describe los errores conceptuales de la teoría del valor-trabajo de Marx.  Los siguientes párrafos resumen lo fundamental de su crítica.

… Marx había enseñado en su primer volumen que todo el valor de las mercancías se basaba en el trabajo incorporado en ellas, y que en virtud de esta “ley del valor” se deben intercambiar en proporción a la cantidad de trabajo que contienen; que, además, la plusvalía o ganancia que obtiene el capitalista era el fruto de la extorsión practicada al trabajador; que, sin embargo, la cantidad de plusvalía no era proporcional a la cantidad total del capital empleado por el capitalista, sino solo a la cantidad de la parte “variable”, es decir, a la parte del capital pagada en salarios mientras que el “capital constante”, el capital empleado en la compra de los medios de producción, no agregó plusvalía. Sin embargo, en la vida diaria, la ganancia de capital es proporcional al capital total invertido; y, en gran parte por esta razón, los productos no se intercambian como un hecho en proporción a la cantidad de trabajo incorporado en ellos. Aquí, por lo tanto, había una contradicción entre el sistema y el hecho que apenas parecía admitir una explicación satisfactoria. La evidente contradicción tampoco escapó al propio Marx. Él dice con referencia a ella: “Esta ley” (la ley, a saber, que la plusvalía es proporcional solo a la parte variable del capital), “claramente contradice toda experiencia prima facie”. Pero al mismo tiempo declara que la contradicción es solo aparente, cuya solución requiere muchos enlaces faltantes, y será pospuesta a volúmenes posteriores de su trabajo. La crítica experta pensó que podría aventurarse a profetizar con certeza que Marx nunca redimiría esta promesa, porque, como trató de demostrarlo de manera elaborada, la contradicción era insoluble. Sin embargo, su razonamiento no causó ninguna impresión en la masa de los seguidores de Marx. Su simple promesa superaba todas las refutaciones lógicas.

… El suspenso se volvió más difícil cuando se vio que en el segundo volumen del trabajo de Marx, que apareció después de la muerte del maestro, no se había hecho ningún intento hacia la solución anunciada (que, según el plan de todo el trabajo, estaba reservada para el tercer volumen), ni siquiera se dio la más mínima indicación de la dirección en la que Marx propuso buscar la solución.

Entre 1885, el año en que apareció el segundo volumen de Capital de Marx, y 1894, cuando salió el tercer volumen, se realizó un concurso de ensayos de premios sobre la “tasa de ganancia promedio” y su relación con la “ley del valor” [al que Friedrich Engels había convocado] para intentar resolver el problema “cómo, no solo sin contradecir la ley del valor, sino incluso en virtud de ella, se puede y se debe crear una tasa de beneficio promedio igual“. … Según el punto de vista de Friedrich Engels … nadie logró llevarse el premio. Eugen Böhm-Bawerk. Karl Marx and the Close of His System.

Con esta introducción al problema insoluble de que en la realidad verificable los productos no se intercambian por un valor que está en proporción a la cantidad de trabajo incorporado en ellos y que por tanto invalida el concepto de plusvalía, Böhm-Bawerk procede a realizar un análisis detallado de la construcción lógica que sigue Marx, desde la definición de mercancía, la distinción entre valor de uso y valor de cambio, el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir la mercancía, el concepto de plusvalía generada por la fuerza de trabajo, la tasa de plusvalía y la tasa de ganancia.

Luego pasa a exponer los errores lógicos de esa construcción teórica, tales como la falta de pruebas empíricas con información de la realidad; la exclusión inicial, per se, del análisis del efecto de la oferta y la demanda en el valor de cambio; el uso de una prueba negativa –por exclusión arbitraria de propiedades-, en lugar de positiva, para encontrar el factor común que explicaría el valor de cambio de las mercancías; la exclusión del factor cualitativo, tanto del trabajo como de las mercancías; la falacia del trabajo simple (no calificado) para calcular el tiempo de trabajo incorporado y por tanto el valor de las mercancías; los errores de método al ignorar en la investigación científica el mismo punto que exige explicación; la contradicción entre la ley del “precio de producción” y la “ley de valor”; el posterior análisis superficial y forzado de la competencia, la oferta y la demanda; la contradicción con su tesis original y la admisión de que las mercancías se intercambian pricipalmente según sus precios de producción debido a la competencia (oferta y demanda); y la inconsistente descripción de los factores que rigen el valor de mercado, entre otros.

En fin, un análisis crítico de alta calidad científica que desmenuza, parte por parte, las teorías expuestas por Marx en los tres volúmenes de El Capital, señalando los errores, inconsistencias, contradicciones y falacias existentes en la obra, y

que, desde el principio, su argumento no es natural y no se adapta al carácter del problema; y, además, que la evidencia que Marx presenta en su sistema claramente no es la misma por medio de la cual él mismo llega a sus convicciones, sino que posteriormente se consideró como un apoyo artificial para una opinión que se derivaba previamente de otras fuentes; y finalmente, y este es el punto más decisivo, que el razonamiento está lleno de las fallas más obvias de lógica y método que lo privan de toda fuerza. … Sin embargo, lo que diré es que nadie, con una mente tan poderosa como Marx, ha exhibido una lógica tan continua y tan palpablemente errónea como lo demuestra en la prueba sistemática de su doctrina fundamental.” Böhm-Bawerk. Idem.

Otros dos párrafos resumen la crítica de Böhm-Bawerk:  

…De tal naturaleza son el razonamiento y el método empleado por Marx al introducir en su sistema su proposición fundamental de que el trabajo es la única base de valor. En mi opinión, es bastante imposible que este hocus-pocus dialéctico constituya el fundamento y la fuente de las propias convicciones de Marx. Hubiera sido imposible para un pensador como él (y lo veo como una fuerza intelectual del más alto orden), haber seguido métodos tan tortuosos y antinaturales si hubiera estado involucrado, con una mente libre y abierta, en realmente investigar las conexiones reales de las cosas y formar sus propias conclusiones con respecto a ellas; hubiera sido imposible para él caer sucesivamente por simple accidente en todos los errores de pensamiento y método que he descrito, para llegar a la conclusión de que el trabajo es la única fuente de valor como la consecuencia natural, no el resultado deseado y predeterminado, de tal modo de investigación.

…Aquí yace [en el décimo capítulo del tercer volumen de El Capital], creo, el Alfa y la Omega de todo lo que es falaz, contradictorio y vago en el tratamiento de su tema por parte de Marx. Su sistema no está en contacto cercano con los hechos. Marx no ha deducido de los hechos los principios fundamentales de su sistema, ya sea mediante un empirismo sólido o un análisis económico-psicológico sólido; pero lo encuentra en un terreno no más firme que una dialéctica formal. Esta es la gran falla radical del sistema marxista en su nacimiento; de él todo lo demás surge necesariamente. El sistema funciona en una dirección, los hechos van en otra; y cruzan el curso del sistema a veces aquí, a veces allí, y en cada ocasión la falla original engendra una falla nueva. El conflicto entre el sistema y los hechos deben mantenerse apartados de la vista, de modo que el asunto esté envuelto en la oscuridad o la vaguedad, o se dé vuelta y se retuerza con los mismos trucos de dialéctica que al principio; o donde nada de esto sirve tenemos una contradicción. Tal es el carácter del décimo capítulo del tercer volumen de Marx. Trae la mala cosecha diferida durante mucho tiempo, que creció por necesidad de la mala semilla. Eugen Böhm-Bawerk. Karl Marx and the Close of His System.

Una traducción al español está en el Apéndice: Karl Marx y la Conclusión de su Sistema o La Conclusión del Sistema Marxiano

Otro crítico de la teoría del valor trabajo de Marx es Phillip Wiksteed, quien argumenta que solo si la fuerza de trabajo pudiera cambiarse para producir más fuerza de trabajo, en lugar de para producir otras mercancías, su valor estaría relacionado con el tiempo necesario para producirla, es decir, con el costo de producir y reproducir al trabajador. Ver la argumentación en el apéndice Wicksteed sobre la plusvalía.

La principal crítica que Joseph Schumpeter hizo a la teoría del valor trabajo se centra en la imposibilidad de calcular el valor de la fuerza de trabajo, que Marx considera una mercancía,  ya que los trabajadores, a diferencia de las máquinas, no son “producidos” de acuerdo con cálculos racionales de costos.  A continuación los párrafos esenciales sobre este tema. Una ampliación de este tema está en La crítica de Schumpeter a la teoría económica de Marx.

“… Todo el mundo sabe que esta teoría del valor es insatisfactoria. … Para la economía como ciencia positiva, sin embargo, que tiene que describir o explicar los procesos reales, es mucho más importante preguntar cómo funciona la teoría del valor trabajo como una herramienta de análisis, y el verdadero problema con ella es que lo hace muy mal.

Para empezar, no funciona en absoluto fuera del caso de competencia perfecta. En segundo lugar, incluso con una competencia perfecta nunca funciona sin problemas excepto si el trabajo es el único factor de producción y, además, si el trabajo es todo de un tipo.

…La teoría que la reemplazó, en su forma más antigua y ahora anticuada, conocida como la teoría de la utilidad marginal, puede reclamar superioridad en muchos aspectos, pero el verdadero argumento es porque es mucho más general y se aplica igualmente bien, por un lado, a los casos de monopolio y competencia imperfecta y, por otro lado, a la presencia de otros factores y de trabajo de muchos tipos y cualidades diferentes.

… [Según Marx]  El cerebro, los músculos y los nervios de un obrero constituyen, por así decirlo, un fondo o un stock de mano de obra potencial (Arbeitskraft, generalmente traducido no muy satisfactoriamente como fuerza de trabajo). Este fondo o acervo que Marx considera como una especie de sustancia que existe en una cantidad definida y que en la sociedad capitalista es una mercancía como cualquier otra. 

… Ahora bien, dado que el trabajo en ese sentido (no el servicio de trabajo o la verdadera hora-hombre) es una mercancía, la ley del valor debe aplicarse a ella. Es decir, debe, en equilibrio y competencia perfecta, obtener un salario proporcional al número de horas de trabajo que entró en su “producción”. Pero, ¿qué número de horas de trabajo entra en la “producción” del stock de mano de obra potencial que se almacena dentro de la piel de un obrero? Bueno, el número de horas de trabajo que se necesitaron y necesitan para levantarse, comer, vestirse y albergarse el obrero. Esto constituye el valor de ese acervo, y si vende partes de él, expresados en días, semanas o años, recibirá salarios que corresponden al valor del trabajo de esas partes así como un comerciante de esclavos que vende un esclavo recibiría en equilibrio un precio proporcional al número total de esas horas de trabajo. 

…La teoría del valor del trabajo, incluso si pudiéramos concederla válida para cualquier otra mercancía nunca se puede aplicar a la mercancía trabajo, ya que esto implicaría que los trabajadores, como las máquinas, son producidos de acuerdo con cálculos racionales de costos. Como no lo son, no hay ninguna justificación para asumir que el valor de la fuerza de trabajo será proporcional a las horas-hombre que entran en su “producción”. ”  Joseph A. Schumpeter. “Capitalism, Socialism, and Democray” (1943)

Luego, Schumpeter analiza la teoría de la “explotación” marxista, de la concentración del capital, los ciclos económicos y su aporte al análisis histórico.

“Debe observarse, una vez más, que Marx se mantiene así cuidadosamente aparte de todos los tópicos populares que en una u otra forma sostenían que, en el mercado de trabajo capitalista, el obrero es robado o engañado o que, en su lamentable debilidad, está simplemente constreñido a aceptar cualesquiera condiciones que se le impongan. La cosa no es tan sencilla; el obrero obtiene el valor pleno de su potencial de trabajo.

… [Según Marx] Pero una vez que los “capitalistas” han adquirido ese stock de servicios potenciales, están en condiciones de hacer que el trabajador trabaje más horas —prestan más servicios reales— de lo que se necesita para producir ese stock o existencia potencial. Pueden exigir, en este sentido, más horas de trabajo reales de las que han pagado. Dado que los productos resultantes también se venden a un precio proporcional a las horas-hombre que entran en su producción, existe una diferencia entre los dos valores —que surgen de nada más que el modus operandi de la ley marxista de los valores— que necesariamente y en virtud del mecanismo de los mercados capitalistas va al capitalista. Este es el valor de excedente o  plusvalía (Mehrwert). Al apropiarse de él, el trabajo capitalista “explota” al obrero, aunque paga a los obreros no menos que el valor total de su potencial laboral y recibe de los consumidores no más que el valor total de los productos que vende. Una vez más, debe observarse que no hay ningún atractivo para cosas tales como la fijación de precios desleales, la restricción de la producción o el engaño en los mercados de los productos. Marx, por supuesto, no quiso negar la existencia de tales prácticas. Pero las vio en su verdadera perspectiva y, por lo tanto, nunca basó en ellas ninguna conclusión fundamental.

… En primer lugar, la teoría de la plusvalía no hace en nada más fácil la resolución de los problemas aludidos anteriormente, que son creados por la discrepancia entre la teoría del valor del trabajo y los hechos patentes de la realidad económica. Por el contrario, los agudiza, porque, según esta teoría, el capital constante —es decir, el capital que no es de salarios- no transmite al producto un valor superior al .que pierde en su producción; únicamente transmite más valor el capital de salarios y los beneficios obtenidos habrán de variar, por consiguiente, de una empresa a otra, según la composición orgánica de sus capitales. Marx cuenta con la competencia entre los capitalistas para llevar a cabo una redistribución tal de la “masa” total de plusvalía .que cada empresa obtenga beneficios proporcionales a su capital total o que se equiparen los tipos singulares de los beneficios. Vemos, fácilmente, que la dificultad entra en la categoría de los falsos problemas que resultan siempre de los intentos de construcción de una teoría artificiosa y la solución pertenece a la categoría de las resoluciones desesperadas.

…Pero una proposición afín, aunque no idéntica, proporciona a la vez una de las “fuerzas” más importantes de la dinámica de Marx y el eslabón que une la teoría de la explotación y la planta superior del edificio analítico de Marx, denominada, usualmente, teoría de la acumulación.

La parte principal del botín arrancado a la mano de obra explotada (según algunos de sus discípulos, prácticamente todo él) la convierten los capitalistas en capital, esto es, en medio de producción. En sí misma, y prescindiendo del modo de expresión con que la presenta ta fraseología de Marx, ésta no es, por supuesto, más que la afirmación de un hecho bien conocido, descrito por lo general en términos de ahorro e inversión. 

… Al discutir la teoría de la explotación de Marx he subrayado que, en una economía de competencia perfecta, los beneficios de explotación inducirían a los capitalistas a expandir la producción o a intentar expandirla, porque desde el punto de vista de cada uno de ellos esto significaría más beneficio. Ahora bien: para conseguirlo tendrían que acumular. Además, el efecto masivo de este comportamiento tendería a reducir las plus valías a causa de la elevación consiguiente de los tipos de salarios, así como también por una baja subsiguiente de los precios de los productos, lo cual constituye un buen ejemplo de las contradicciones inherentes al capitalismo, que eran tan queridas por el corazón de Marx. Y esta misma tendencia constituirla, también para el capitalista individual, otra razón por la que se sentiría compelido a acumular, aunque, en definitiva, este comportamiento haría, a su vez, empeorar las cosas para la clase capitalista en su conjunto. Habría, por tanto, una especie de coerción hacia la acumulación aun en un sistema estacionario en todo lo demás, el cual, como antes decía, no puede alcanzar un equilibrio estable hasta que la acumulación haya reducido a cero la plus valía y haya destruido así al capitalismo mismo.

Constantemente se dan posibilidades de obtener ganancias produciendo cosas nuevas o produciendo cosas antiguas más baratas. y se atraenJ para ello, nuevas inversiones. Estos nuevos productos y estos métodos nuevos compiten con los productos y con los métodos antiguos, no en término~ de igualdad, sino de ventaja decisiva que puede significar la muerte para los últimos. Así es como penetra el “progreso” en la sociedad capitalista. A fin de evitar ser vendidas a bajo precio todas las empresas se ven constreñidas, en definitiva, a seguir el mismo camino, esto es, a invertir por su parte, y, a fin de poder hacerlo, a reservar parte de sus beneficios, es decir, a acumular. Así, pues, todo el mundo acumula.

Hay, sin embargo, otra fuerza de acumulación mucho más importante y mucho más drásticamente coercitiva. En realidad, la economía capitalista no es ni puede ser estacionaria. Tampoco se expande conforme a un ritmo uniforme. Está, incesantemente, revolucionada desde dentro por un nuevo espíritu de empresa, es decir, por la introducción de nuevas mercancías o nuevos métodos de producción o nuevas posibilidades comerciales en la estructura industrial, tal como existe en cualquier momento. Todas las estructuras existentes y todas las condiciones de la vida económica se hallan siempre en un proceso de transformación. Toda situación es derribada antes de que haya tenido tiempo de desarrollarse plenamente. En la sociedad capitalista el progreso económico significa derrumbamiento. Y, como veremos en la parte siguiente, en un proceso de derrumbamiento funciona la competencia de una manera completamente diferente a como funcionaría en un sistema estacionario, aunque fuese de competencia perfecta.

… basta con que el beneficio de cada empresa singular esté incesantemente amenazado por la competencia efectiva o potencial de nuevas mercancías o nuevos métodos de producción, que, más tarde o más temprano, lo convertirían en una pérdida. Así obtenemos la fuerza impulsora necesaria e, incluso un analogon a la afirmación de Marx de que el capital constante no produce plusvalía -pues ninguna reunión singular de bienes de capital permanece para siempre como una fuente de sobre ganancia- sin tener que apoyarnos en aquellas partes de su argumentación que son de validez dudosa.

Otro ejemplo lo suministra el eslabón siguiente de la cadena de Marx, su teoría de la concentración, esto es, su tratamiento de la tendencia del proceso capitalista a incrementar tanto el volumen de las instalaciones industriales, com9 el de las unidades de intervención. La única explicación que ofrece,  si se la despoja de su fantasía, se reduce a afirmaciones desapasionadas, tales como la de que “la batalla de la competencia se libra mediante el abaratamiento de las mercancías”, el cual “depende, ceteris paribus de la productividad del trabajo”;  de la que ésta depende, a su vez, de la escala de producción, y la de que “los capitales mayores aniquilan a los menores”.

Sin embargo, la admiración que tantos economistas fuera del redil profesan sentir por esta teoría no es injustificada. Para empezar, predecir el advenimiento de las grandes empresas fue, teniendo en cuenta las condiciones del día de Marx, un logro en sí mismo. Pero hizo más que eso. Enganchó perfectamente la concentración en el proceso de acumulación o más bien visualizó el primero como parte del segundo, y no sólo como parte de su patrón fáctico, sino también de su lógica. Percibió correctamente algunas de las consecuencias, por ejemplo, que “la creciente mayor parte de las masas individuales de capital se convierte en la base material de una revolución ininterrumpida en el modo de producción en sí misma”— y otras al menos en una unilateral o distorsionada manera.

Dos elementos más completarán este boceto: la teoría de Marx de Verelendung o, para usar el equivalente inglés que me he atrevido a adoptar, de la pauperización [immiserization en inglés, empobrecimiento en español], y su teoría (y la de Engels) del ciclo económico. En el primero, tanto el análisis como la visión fallan sin remedio; ambos se cuentan en su haber. Marx sin duda sostuvo que en el curso de la evolución capitalista las tasas salariales reales y el nivel de vida de las masas caería para los mejor pagados, y no mejoraría en los estratos peor pagados y que esto no se produciría a través de ningún accidente o medio ambiente circunstancial, sino en virtud de la lógica misma del proceso capitalista. Como predicción, esto era, por supuesto, singularmente calamitosa y los marxistas de todo tipo se han visto en dificultades en un aprieto para salir con bien de las pruebas claramente adversas con que se enfrentaron. Al principio, y en algunos casos aislados incluso hasta nuestros días, mostraron una notable tenacidad al tratar de salvar esa “ley” como una declaración de una tendencia real confirmada por las estadísticas salariales. Después se esforzaron por darle otro sentido, esto es, por referirla no a los tipos de salario real ni a la participación absoluta en la renta de la clase trabajadora, sino a la parte relativa de las rentas del trabajo respecto de la renta nacional total.

Pero el verdadero problema es que la estructura teórica de Marx es cualquier cosa menos confiable en ese sector: junto con la visión, la base analítica es la culpable. La base de la teoría de la pauperización es la teoría del “ejército de reserva industrial”, es decir, del desempleo creado por la mecanización del proceso de producción. Y la teoría del ejército de reserva se basa a su vez en la doctrina expuesta en la de Ricardo en el capítulo sobre maquinaria. En ningún otro lugar — excepto por supuesto la teoría del valor— el argumento de Marx depende tan completamente del de Ricardo sin agregar nada esencial.

Por una parte, Marx exalta indudablemente -aunque con una motivación no del todo adecuada- el enorme poder del capitalisnmo para desarrollar la capacidad de producción de la sociedad. Por otra parte, destaca incesantemente la creciente miseria de las masas. ¿No es la cosa más natural del mundo concluir que las crisis o depresiones se deben al hecho de que las masas explotadas no pueden comprar todo ]o que este aparato de producción constantemente en aumento crea o está en situación de crear y que, por esta y otras razones, que no necesitamos repetir, el tipo de beneficio baja hasta un nivel de bancarrota? Así, pues, parecemos efectivamente arribar. según el elemento que queramos realizar. a las costas de una teoría del infraconsu.mo o a las de una teoría de la superproducción del tipo más vulgar.

… La realidad es que no tenía ninguna teoría sencilla del ciclo económico. Y no puede deducirse lógicamente ninguna siguiendo sus “leyes” de la evolución capitalista. Aun cuando aceptemos su explicación del origen de la plus valía y convengamos en admitir que la acumulación, la mecanización (aumento relativo del capital constante y la superpoblación profundizan inexorablemente la miseria de las masas y se enlazan en una cadena lógica que termina en la catástrofe del sistema capitalista, incluso entonces nos falta un factor que confiera al proceso las fluctuaciones cíclicas, con carácter de necesi dad, y explique la alternación inmanente de las prosperidades y las depresiones.  Indudablemente, tenemos siempre a la mano bastantes accidentes e incidentes a los que asirnos para compensar los defectos de la explicación fundamental.

Además, hace ya tiempo que marxistas, que en lo demás son ortodoxos, han comenzado a poner en duda la validez de la afirmación de que la concentración del dominio industrial es necesariamente incompatible con el sistema funcional del capitalismo. El primero de ellos en proclamar esta duda mediante un razonamiento bien fundamentado fue Rudolf Hilferding, uno de los dirigentes del importante grupo de los neo-marxistas, quien, efectivamente, se inclinó hacia la tesis opuesta a saber: que el capitalismo podría ganar en estabilidad por medio de la concentración.

No es apenas necesario resumir de un modo detallado. Nuestro bosquejo, aunque imperfecto, debe bastar para establecer: primero, que nadie que se interese algo por el análisis puramente económico puede hablar de éxito absoluto de Marx en el dominio económico; seguro de que nadie que se interese algo por las construcciones. atrevidas puede hablar de fracaso absoluto.

En el tribunal que juzga la técnica teórica el veredicto tiene que ser adverso a Marx. La adhesión a un aparato analítico que ha sido siempre inadecuado y que en los propios días de Marx se anticuaba rápidamente; una larga lista de conclusiones que no están bien deducidas o son manifiestamente erróneas; errores que si se corrigieran cambiarían las conclusiones esenciales, a veces, en sus contrarias; todos estos cargos pueden hacerse, con razón, contra Marx en cuanto técnico teórico.

…Por último, la idea de que la evolución capitalista estallará —o superará— las instituciones de la sociedad capitalista (Zusammenbruchstheorie, la teoría de la catástrofe inevitable) ofrece un último ejemplo de la combinación de un non sequitur con una visión profunda que ayuda a rescatar el resultado.

… Estando basada, como está, la “deducción dialéctica” de Marx en el crecimiento de la miseria y la opresión que provocará la rebelión de las masas, es invalidada por el non sequitur que vicia el argumento que era establecer ese inevitable crecimiento de la miseria.

Pero Marx ha logrado efectivamente una cosa de importancia fundamental para la metodología de la economía. Los economistas siempre han utilizado ó bien el trabajo histórico económico realizado por ellos mismos o bien el trabajo histórico de los demás. Pero los hechos de la historia económica se relegaban a un compartimento separado. Si entraban en la teoría era, simplemente, desempeñando el papel de ilustraciones o posiblemente el de verificación de las conclusiones. Se mezclaban con ella sólo mecánicamente.

Ahora bien: la mezcla de Marx es una mezcla química, es decir. que él introdujo los datos históricos en el mismo razonamiento del que deriva sus conclusiones. Fue el primer economista de rango superior que vio y enseñó, sistemáticamente, cómo la teoría económica puede convertirse en análisis histórico y cómo la narración histórica puede convertirse en histoire raisonnée.  El problema análogo con relación a la estadística no intentó resolverlo. Pero, en cierto sentido, está implícito en el otro. Esto también responde a la cuestión de en qué medida la teoría económica de Marx, de la manera como se expuso al final del capítulo anterior, consiguió apuntalar su andamiaje sociológico. En esto no tuvo éxito; pero al fracasar no sólo señaló una meta, sino que fundó, también, un método.” Joseph A. Schumpeter. “Capitalism, Socialism, and Democray” (1943)

Por su parte, Juan Ramón Rallo, economista español, ofrece un análisis de los errores cometidos por Marx en la construcción de su teoría del valor-trabajo, en el cual resalta la renuencia de Marx a reconocer el papel del empresario en la creación de valor y adjudicarle todo a los trabajadores. 

Un resumen de las principales críticas de Rallo son las siguientes.: 

El primer error o primer problema: la arbitraria selección que efectúa Marx de cuál es el denominador común de las mercancías que participan en un intercambio. Recordemos que Marx afirma que los mercancías que son intercambiadas sólo tienen en común ser fruto del trabajo humano, pero esto es evidentemente falso. La propiedad verdaderamente relevante que tienen en común dos mercancías intercambiadas no es o no son, ni sus propiedades naturales ni el ser fruto de la energía sino que son mercancías, son bienes relativamente escasos con respecto a las necesidades humanas que pueden satisfacer. Es decir, la característica común es la utilidad de las mismas, no el trabajo humano. Esto se demuestra en el caso de una mercancía producida por animales o por robots y en los casos de todo aquello que no es reproducible mediante el trabajo humano. El valor de cambio está determinado por la utilidad de las mercancías.

El segundo error: el tiempo de trabajo socialmente necesario, que como sabemos es lo que determina el valor de cambio de las mercancías es un concepto vago y endógeno a la demanda. Porque no existe una unidad homogénea de trabajo abstracto al que reducir los distintos trabajos concretos y heterogéneos que tienen lugar dentro de una economía. Marx  considera que el trabajo más complejo, por ejemplo, el de un cirujano, es igual sólo a un trabajo simple potenciado o más bien multiplicado, de suerte que una pequeña cantidad de trabajo complejo equivale a una cantidad mayor de trabajo simple. El problema es que cómo establecemos la relación multiplicada que existe entre el trabajo simple por ejemplo de un granjero y el trabajo complejo de un cirujano? Lo que nos dice Marx es que tenemos que comparar los valores de cambio del producto de su trabajo. El problema de esto es que los diferenciales de intensidad de trabajo no pueden medirse por los diferenciales de los precios de mercado de las mercancías producidas. Y por qué razón no podemos hacer esto? Que es lo que nos sugiere Marx? Que el valor no es directamente observable en el mercado. Lo que observamos en el mercado son los precios de mercado y en el volumen tercero Marx nos dice que los precios de mercado no reflejan necesariamente el valor. Por tanto, apelar al tiempo de trabajo socialmente necesario para aproximar el valor de cambio de una mercancía por necesidad sea un concepto muy vago, muy indefinido, porque las distintas obras de distintos trabajadores no valdrán lo mismo y no tendremos forma de saber cuánto vale cada una de ellas porque los precios de mercado no serán un indicador para conocer esto.

El tercer problema, el tercer error, es que es solo el trabajo es fuente de valor. Para Marx, sólo el trabajo humano, como ya hemos dicho, es capaz de generar nuevo valor de cambio. Ni los animales ni los robots pueden generar un nuevo valor de cambio. Para Marx, los animales o los robots, únicamente trasladan el valor de cambio que incorporaban cuando fueron producidos a su vez a través del trabajo. Al final lo que está haciendo Marx sin explicitarlo claramente, es imputarle al trabajador toda la ganancia de productividad que se pueda derivar de un cambio de una mejoría en la estructura productiva.  

Marx  dice que todos los trabajadores tienen que soportar el coste de la gestión empresarial. … Cómo sabe Marx que se está sobre remunerando a los capitalistas? Pues realmente no lo sabe. Cuál es la intensidad del trabajo de los capitalistas en relación con la intensidad del trabajo de los trabajadores? La intensidad del trabajo coordinador, de un capitalista puede ser un múltiplo gigantesco de veces la intensidad del trabajo de un trabajador raso. … Si no atendemos a esta literalidad de la teoría del valor trabajo pues simplemente no sabemos cuál es el valor que está generando un capitalista como coordinador. De hecho esto lo descubrimos a través del proceso de competencia: Si un capitalista genera mucho valor en alianza en trabajo conjunto con un trabajador esa empresa logrará muchos más beneficios que otra empresa que no incorpora ese capitalista. El hecho diferencial entre una empresa y otra será el capitalista y si  la empresa que incorpora ese capitalista gana mucho más dinero es porque diferencialmente ese capitalista genera mucho más valor que el otro merced a su mayor habilidad.

En definitiva, la teoría del valor trabajo es errónea por las razones que hemos explicado, una serie de supuestos totalmente arbitrarios y en parte contradictorios que adopta más para terminar defendiéndola y a su vez, la teoría de la explotación también es errónea no sólo porque la teoría de valor trabajo lo es, … pero incluso aceptando la teoría del valor trabajo, la teoría de la explotación es errónea porque al final se niega a reconocer la contribución que desarrolla el capitalista dentro del proceso productivo. Refutación a las teorías del valor trabajo y de la explotación de Marx – Juan Ramón Rallo.

Richard M. Ebeling refiere que uno de los principales error es de la teoría económica marxista fue basarla exclusivamente en la parte “material” de las relaciones económicas.

Los economistas clásicos distinguieron entre lo que llamaron intereses y motivos “materiales” y “no materiales”. El concepto central del enfoque “clásico” era que la economía como campo de estudio era la ciencia de la producción y distribución de la riqueza. Es decir, las actividades materiales del hombre en la búsqueda de su supervivencia y mejora.

El “giro” de Marx en este enfoque, como hemos visto, fue su argumento de que el lado material de la vida del hombre (es decir, su [modo de] producción) era el ingrediente determinante para establecer y dictar todas las demás relaciones sociales, políticas y económicas en la sociedad. Las “relaciones de producción” (la tecnología dominante y las formas físicas de capital en las que se encarnaba) determinaron la “superestructura” del orden social en la forma de sus instituciones y relaciones humanas. …

A finales del siglo XIX, los economistas vieron cada vez más el concepto de escasez como un elemento central para la comprensión económica. La economía se reformuló como el estudio del principio del comportamiento económico bajo la restricción de medios insuficientes para satisfacer todos los fines del deseo.

En las décadas de 1920 y 1930, los economistas desarrollaron un enfoque que extendió y refinó la idea de la economía aún más. Especialmente a través de los escritos de varios economistas de la escuela austriaca, en particular, Ludwig von Mises, Hans Mayer y Richard Strigl, y el economista británico, Lionel Robbins, la economía llegó a ser vista como la lógica de la acción y la elección: lo que delinea un campo de investigación para el análisis económico no son los motivos particulares por los cuales los individuos emprenden acciones, es decir, objetivos “materiales” versus algunos objetivos “no materiales”, sino las relaciones particulares que imponen un “aspecto económico” a toda acción humana: eso constituye la necesidad de seleccionar entre todos y cada uno de los fines alternativos cuando los medios son insuficientes para cumplir con todos los objetivos o propósitos para los cuales podrían aplicarse.

En esto, el individuo compara todo tipo de fines, independientemente de su contenido. Por ejemplo, la escasez de tiempo requiere una elección entre “trabajar por dinero” en lugar de hacer “trabajo de caridad”. O elegir entre “pan” y “honor”. Por lo tanto, no hay nada distinto sobre el “lado material” de la vida, aparte de la manera en que los medios pueden usarse para perseguir un conjunto de fines, en lugar de otros.

… De hecho, cuanto más se desarrolla la sociedad en términos del aumento del nivel de vida material, menos importante se vuelve la búsqueda de fines “materiales” en sentido estricto (comida, vivienda, ropa). Cuanto más productiva es la sociedad, más se satisface este tipo de fines para la gran mayoría de las personas. Como resultado, los intereses y deseos de las personas cambian a otros “márgenes” de interés y deseo, por ejemplo, “estilos de vida”, “arte”, una amplia variedad de usos personales y cambiantes de los medios cada vez más disponibles para diversos refinamientos y placeres de la “buena vida”.

Es el capitalismo, en otras palabras, lo que aumenta la capacidad de un número cada vez mayor de personas para contemplar cómo distribuir su mayor cantidad de “tiempo libre” entre los fines deseables alcanzables (tal vez, para usar la frase de Marx, para ir a “pescar en el mañana” y “cazar por la tarde”…). Por lo tanto, es el capitalismo el que proporciona los medios para que las personas tengan más tiempo y más medios para lo que Marx llamó “acción autónoma”. Richard M. Ebeling. Karl Marx’s Ideas and Errors About Capitalism and Markets

La alemana Gran Enciclopedia de la Economía, describe el abandono de la teoría del valor trabajo por los economistas posteriores a Marx, como explicación para la formación de los precios, debido a los errores y contradicción en la teoría marxista antes señalados por Böhm-Bawerk.

La economía neoclásica y, en particular, la revolución marginalista supuso un cambio de rumbo considerable en la utilización del concepto de valor. El neoclasicismo abandona la teoría del valor-trabajo y la sustituye por la teoría subjetiva del valor, que explica por medio de una combinación de escasez y utilidad [Desarrollada originalmente por Carl Menger (1840-1921)]. William Stanley Jevons (1835-1882) se deshizo de la paradoja smithiana de discrepancia entre el valor de uso y el valor de cambio apelando al concepto de grado de utilidad final (utilidad marginal). El valor de uso de los economistas clásicos se corresponde con el concepto de utilidad total del bien, mientras que el intercambio de un bien por otro se establece en términos de utilidad marginal, que disminuye al aumentar la cantidad del bien intercambiado.

ni la cantidad de trabajo requerida para la producción o reproducción de un bien ni otros bienes constituyen el factor determinante del valor. La medida viene dada por la magnitud de la significación de [el valor que asignamos a] aquella necesidad para cuya satisfacción dependemos y sabemos que dependemos de la disposición [uso o goce] de un bien. Carl Menger. Principios de Economía Política (1871).

La teoría económica neoclásica es una teoría de la formación de los precios y del funcionamiento de los mercados. La teoría de la distribución es para el neoclasicismo una prolongación de la teoría de los precios; en equilibrio el precio de cada factor productivo es igual al valor de su productividad marginal. Los economistas neoclásicos relegan el concepto de valor al campo de la psicología y centran su atención en la teoría de la formación de los precios. Los precios que, bajo la óptica del equilibrio parcial, son el resultado del equilibrio entre la oferta (detrás de la cual está el costo o sacrificio que la producción del bien implica) y la demanda (detrás de la cual está la utilidad o satisfacción que el consumo del bien reporta) son las expresiones monetarias de los valores de las cosas, de los bienes y servicios intercambiados en el mercado.

La ley de la oferta y la demanda además de ser la ley de la formación de los precios ha pasado a ser con los economistas neoclásicos la ley de la determinación del valor de las cosas. La teoría del valor-trabajo continúa siendo utilizada hoy día por los economistas neo-marxistas y pos ricardianos. Die Größe Enzyklopädie der Wirtschaft. Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas.

Aunque los economistas posteriores a Marx de todas las escuelas económicas y de todas las épocas –exceptuando a los marxistas por supuesto- hayan demostrado que la teoría del valor-trabajo fue superada como explicación del precio de las cosas, y que la ley de la oferta y la demanda, se reconoce como la ley que explica la determinación de los precios; mucha gente piensa que sigue siendo válida la teoría de la explotación de los trabajadores –basada en la teoría del valor trabajo, desarrollada primeramente por David Ricardo y luego por Karl Marx como base para construir su teoría del funcionamiento del capitalismo y la inevitabilidad de su reemplazo por un sistema superior: el comunismo-. 

En efecto, la teoría del valor trabajo como explicación del precio y valor de las cosas, solamente se aborda en las clases de economía de la universidad y si el análisis lo hace un profesor de ideología marxista, socialista o de izquierda, tratará de acomodarlo para sustentar sus ideas. De este asunto teórico pocos se ocupan. La posterior demostración de la inutilidad de la teoría marxista del valor,  realizada por los más prestigiados economistas y académicos del mundo no es conocida por la inmensa mayoría de personas.

Como hemos visto, la teoría del valor trabajo de Marx establece que el valor de los bienes y servicios viene dado por el valor del trabajo incorporado en su producción, pero que los trabajadores solamente reciben una parte del valor de los mismos y que el empresario se apropia del resto.

Marx sostuvo que la fuerza de trabajo tenía un valor de uso (rendimiento obtenido por el capitalista) superior al valor de cambio (salario pagado por el capitalista); esa diferencia constituye la plusvalía que es la ganancia de la que se apropia el capitalista. Para Marx el valor de un bien depende del trabajo socialmente necesario para producirlo.

El postulado de Marx no era útil para explicar el comportamiento de los precios en la vida real, por lo que posteriormente los economistas abandonan la teoría del valor-trabajo y la sustituyen por la teoría subjetiva del valor, que explica que el valor es determinado por medio de una combinación de escasez y utilidad y por el concepto de grado de utilidad final (utilidad marginal), desarrollada por Carl Menger, William S. Jevons, León Walras y Alfred Marshall en el último cuarto del siglo XIX. El valor de uso se corresponde con el concepto de utilidad total del bien, mientras que el valor de cambio de un bien por otro se establece en términos de utilidad marginal, que disminuye al aumentar la cantidad del bien intercambiado.

Hans-Hermann Hoppe explica que la  falla en la teoría marxista de la explotación es que Marx obvia el axioma de “preferencia intertemporal” como una categoría básica de acción humana.  Pero antes de entrar a  este punto, como antecedente, Hoppe aborda el concepto de explotación en la obra de Marx.

“Según Marx, los sistemas pre-capitalistas como el esclavismo y el feudalismo estaban caracterizados por la explotación. Cierto. En ambos sistemas los intereses del explotado y el explotador son antagonistas. El esclavo no puede ganar en un intercambio que no es libre, y por tanto el beneficio del explotador es la pérdida del explotado [un juego de suma cero]. Lo mismo se puede decir del señor feudal que extrae rentas de las tierras que el campesino legítimamente se apropió con su trabajo. Las ganancias del ‘lord’ son las pérdidas del campesino.

Y es claro que ambos sistemas impedían el desarrollo de mejores formas productivas. El esclavo y el siervo no eran tan productivos como hubieran podido serlo en ausencia de tales sistemas. Si al esclavo le hubieran ‘pagado’ según su productividad, entonces hubiera trabajado con más ganas.

Pero Marx sigue creyendo que las condiciones no han cambiado en el capitalismo. En el capítulo 24 del Capital —”Sobre la Apropiación Originaria”— Marx da un recuento histórico de cómo el capitalismo emergió a partir de conquistas, robos y asesinatos. De la misma forma, en el capítulo 25, “Sobre la Teoría Moderna del Colonialismo”, la invasión del tercer mundo es fuertemente enfatizada. Todo eso es correcto, nadie puede negar la conquista imperialista. Pero no tiene nada que ver una invasión violenta con intercambio voluntario [Capitalismo].

En este punto Marx entra en un juego lógico. A través de recuentos históricos y apelando a la indignación de los lectores frente a la forma en que unas riquezas capitalistas fueron creadas, Marx mueve la discusión en su favor con un tema que no era su tesis básica. Marx no explica el origen de la propiedad ‘limpia’, es decir, la propiedad que fue adquirida por apropiación originaria cuando un hombre cultivó una tierra antes no poseída por nadie. Marx simplemente describe el robo de propiedad, pero no el origen. No habla de la propiedad que no fue robada a nadie. Según Marx, el hombre que adquirió propiedad limpiamente —porque antes no había sido poseída por nadie— sigue siendo un explotador sin importar que ahora las transacciones sean voluntarias entre hombres libres.

Esto me hace recordar la famosa afirmación de Proudhon de que la propiedad es robo. Eso es una contradicción porque todo robo presupone propiedad.

¿Cuáles son las ‘pruebas’ que Marx presenta para demostrar que el capitalista sigue siendo un explotador? [Y Marx consideraba esto su mayor aporte al análisis económico].

Su prueba de esto es que el salario es menor que el precio de venta del producto. Por ejemplo, si el obrero crea valor trabajando por 5 días, sólo recibe el valor de tres días de trabajo. El resto del valor creado -la plusvalía- es apropiado por el capitalista, luego —según Marx— se prueba que hay explotación. Esa explicación es incorrecta.

¿Qué está mal en ese análisis? La respuesta es clara cuando uno se pregunta: ¿por qué el obrero acepta tal oferta?

Que el obrero no reciba el valor completo de su trabajo no tiene nada que ver con explotación sino que es un reflejo de su preferencia intertemporal.”

Qué es la preferencia intertemporal? “Preferir lo que puede obtenerse en el presente para satisfacer una necesidad inmediata en lugar de lo que puede tenerse en el futuro aunque tenga mayor valor. El hombre prefiere más a menos, cierto. Pero el hombre está restringido por su consumo para mantenerse vivo.  Nadie que tiene la comida contada dejaría de comer un pan hoy para recibir un pan dentro de un mes” , pero sí podría limitarse para recibir dos panes. Y así aparece la categoría de interés. Es una característica propia de la acción humana.”  

Si el obrero quiere recibir el fruto completo de su trabajo, entonces necesita esperar más tiempo ya que al no aceptar el empleo, el obrero puede dedicarse a producir para él mismo. Y al final no recibiría tres días de paga salarial, sino que recibiría los cinco días de valor que le corresponde. Pero tiene que esperar más. El obrero acepta porque el salario que recibe representa bienes de consumo presente, mientras que su trabajo representa bienes de consumo futuro.”

La diferencia en el precio de venta de un producto y el costo de los factores para producirlo siempre será —y tiene que ser— positiva dada la preferencia de consumo en el tiempo.

Si el empresario no estuviera seguro de que puede recibir algo más en el futuro, simplemente no produciría nada. De la misma forma, el obrero sabe que puede recibir más bienes en el futuro, pero lo que le interesan son los bienes en el presente.

¿Por qué el obrero decide intercambiar? El obrero, como el resto de hombres, decide intercambiar porque a través del intercambio mejora su situación.

Si tengo sed, y el vendedor de la esquina me ofrece una Coca-Cola por medio dólar, al comprar la Coca-Cola demuestro que saciar mi sed vale más para mí que el medio dólar. Mientras que para el vendedor mi medio dólar vale más que la Coca-Cola, que obviamente le costó menos de medio dólar. Al final ambas partes han ganado porque ambas partes han obtenido más por algo que valoraban menos. Si no hubiera beneficio para ambas partes el intercambio voluntario sería imposible. A partir de este ejemplo podemos observar también que ‘el valor’ se crea en la cabeza de los individuos.

¿Y por qué el obrero acepta intercambiar su salario —una cantidad menor de bienes- por una cantidad mayor de bienes— el fruto completo de su trabajo?  Por el tiempo que tardarán en llegar los bienes futuros.

¿Por qué el capitalista está dispuesto a adelantar pagos salariales por un producto que estará listo mucho después? Obviamente el capitalista, no pagaría $100 hoy para recibir los mismos $100 luego de un año. En ese caso sería mejor no entrar en negociaciones con nadie y tener absoluto control sobre los $100. El capitalista espera recibir más dinero en el futuro.

Por tanto, Hoppe concluye que “Lo que está mal en la teoría de Marx es que él no comprende el axioma de “preferencia intertemporal” como una categoría básica de acción humana.

Que el obrero no reciba el valor completo de su trabajo no tiene nada que ver con explotación sino que es un reflejo de su preferencia intertemporal, la idea de que es imposible para el hombre recibir la misma cantidad de un bien hoy y dentro de 3 años a menos que esté descontada por un valor. Es imposible para el hombre intercambiar bienes presentes y bienes futuros al mismo valor, sino que tiene que descontarlos.” Hans-Hermann Hoppe.  Economía y Ética de la Propiedad Privada. 2da. Ed.

Por tal razón, la relación entre el empresario y el empleado es de mutuo beneficio, no una de explotación. 

Contrario a lo que ocurre en esclavitud donde el esclavista se beneficia a expensas del esclavo, la relación entre el capitalista y el empleado es mutuamente beneficiosa. El empleado entra al acuerdo porque, dada su preferencia de tiempo, él prefiere un monto menor de bienes hoy frente a un monto mayor de bienes en el futuro. Y el capitalista entra en el acuerdo porque, dada su preferencia intertemporal, él tiene una preferencia intertemporal en reversa y valora un mayor monto de bienes en el futuro más que una menor cantidad de bienes en el futuro. Los intereses no son antagonistas sino armoniosos. Si el capitalista no tuviese preferencia intertemporal, el empleado estaría peor, porque tendría que esperar más de lo que está dispuesto a esperar para recibir el fruto de su trabajo. Y si el empleado no tuviese preferencia intertemporal, el capitalista estaría peor porque tendría que recurrir a procesos más largos e ineficientes de producción. Pero con el intercambio ambas partes ganan.” [Ibid.]

La falacia de la teoría del valor trabajo puede demostrarse observando lo que sucede en la vida real. Cuando se inventa un nuevo bien o servicio, lo que convencionalmente se llama innovación, término definido en “Guidelines for Collecting and Interpreting Innovation Data. A joint publication of OECD and Eurostat”, 2005, más conocido como el Manual de Oslo, se crea un nuevo valor agregado, adicional a la suma de los valores agregados de las partes o componentes del nuevo producto. El concepto de valor agregado comprende las remuneraciones al trabajo, la depreciación, ganancias e impuestos. El Producto Interno Bruto de un país es la suma de los valores agregados de todas las actividades económicas. Por su parte, las innovaciones pueden ser de producto (características del bien o servicio), de procesos de producción o comercialización y organizacionales. Para ser reconocida como tal, una innovación debe pasar la prueba del mercado, es decir, los consumidores pagan por ella.

Puede ser el caso de introducir un nuevo equipo o maquinaria más eficiente que reduce el tiempo de producción, produciendo más unidades del producto en menos tiempo o que reduce el desperdicio o que mejora la el acabado y otras características del producto y le confiere mayor calidad. En cualquier caso, crea mayor valor, independiente del tiempo de trabajo humano, el cual incluso puede reducirse.

Puede ser el caso de introducir un material o componente adicional a un producto existente, que mejora su utilidad, le dota de un uso adicional o le confiere una nueva utilidad. Al hacerlo, se vende por un precio (valor de cambio) que es superior al costo del nuevo material empleado y del trabajo adicional que requiere su introducción en el proceso de producción, usualmente genera una ganancia (excedente de explotación) proporcionalmente superior a la ganancia que se obtenía antes de introducirlo. En otras palabras, genera un valor agregado proporcionalmente mayor al que se generaba antes de realizar la innovación. En este caso, de igual manera, se crea mayor valor, independiente del tiempo de trabajo humano.

Hay miles de ejemplos de estos casos. Veamos uno de ellos para ilustrar este hecho:

Poniéndole cifras al ejemplo (véase la tabla arriba), supongamos de manera simplificada que antes de la innovación, el costo de los materiales empleados (5 o 10 diferentes materiales) era de $50, el de las remuneraciones al trabajo era de $20, la depreciación era de $10 y la ganancia de $20, para un valor total o precio de venta del producto de $100. Luego de la innovación, agregamos $10 por el costo del nuevo material y tenemos un total de costo de materiales de $60, 20% más, y agregamos $5 por aumento de las remuneraciones pagadas (asumiendo que la introducción del material aumenta 25% las horas de trabajo). Para ser consistente, también agregamos un 25% de aumento a la depreciación, con lo que esta llega a $12.50. Sumando los costos llegamos a $97.50, un aumento de 22% sobre el costo total anterior.

Las características del nuevo producto permiten que se pueda vender, digamos, por $125, un 25% más, en lugar de los $100 anteriores, lo cual no es nada inusual para un producto que satisface necesidades adicionales. Se supone que los consumidores están dispuestos a pagar el precio, de lo contrario, la innovación no habrá pasado la prueba de mercado y será un fracaso. Por otro lado, el aumento de 25% en el precio de venta es ligeramente mayor al aumento de 22% en los costos totales, siendo por tanto, modesto y razonable. Esto deja una ganancia de $27.50, superior a los $20 anteriores, un margen adicional de $7.50 o en términos porcentuales, 37.5% adicional. El valor agregado ha aumentado en 30% y ha pasado de representar un 50% del valor total del producto a un 52%.

Aquí podemos deducir que (1) el aumento del valor agregado y de la ganancia depende del nivel de aumento en el precio de venta (valor de cambio) del producto; (2) el precio de venta, está a su vez determinado por (3) cuánto está dispuesto a pagar el comprador por el producto según la utilidad marginal que le asigna para satisfacer sus necesidades o la de otros para los cuales está comprando el producto. Para simplificar, en este punto, no estamos considerando la influencia, en el tiempo, del nivel de oferta y demanda del producto, que también implica un aumento o disminución del precio, según la estructura del mercado (número de oferentes y demandantes del producto), ya que estamos considerando que el producto se produce en las cantidades que demandan los consumidores al momento de poner en el mercado la innovación. (4) El aumento de la ganancia y del valor agregado, por tanto, depende de (3): la utilidad marginal que el comprador le asigna al producto.

Ahora bien, en este ejemplo, el comprador está dispuesto a pagar un 25% más por el producto, que a la empresa le genera un 37.5% de aumento en sus ganancias. Cómo se generó el aumento? Como dijimos, por la introducción de un material adicional que le incorporó nuevas características al producto. Quién debe recibir los beneficios de esta innovación? La o las personas que tuvieron la idea de mejorar las características del producto introduciendo el material adicional. Generalmente, quien toma las decisiones para hacerlo realidad es el dueño o gerente de la empresa. Puede que sea iniciativa de un emprendedor que ha visto la oportunidad de vender un producto con esas características para satisfacer una necesidad y que ha tenido la idea de que incorporando el material adicional, puede hacer tal producto, por lo que inicia una nueva empresa; o puede que sea una idea de alguien en una empresa que ya existe.

En cualquier caso, el dueño de la idea puede proteger su derecho a recibir los beneficios de su explotación registrando ante las autoridades correspondientes la propiedad intelectual. También, en cualquier caso, para que se convierta en una innovación, es necesario llevar la idea a la práctica y pasar la prueba del mercado. Esto exige diversas tareas, como reunir el capital que se necesita, y organizar y administrar los procesos de producción y comercialización. De esta manera, podemos ver claramente que el aumento de valor se debe a la actividad intelectual creativa que origina la innovación y a la actividad intelectual del emprendedor o empresario que lleva a la práctica la innovación, asumiendo el riesgo que conlleva.

Como puede verse, no ha sido entonces el trabajo de los empleados, el que ha causado el aumento del valor del producto. Ellos han recibido un aumento en sus remuneraciones equivalente al aumento de las horas adicionales de trabajo. Los trabajadores no han hecho absolutamente nada en la creación de la innovación ni en su puesta en práctica. El mérito corresponde al innovador y al emprendedor o empresario. Por tanto, es a ellos a los que corresponde cosechar los frutos de su trabajo. 

La pretensión marxista de que el excedente generado por la introducción de innovaciones que aumentan la “productividad del trabajo” es una apropiación forzosa del trabajo de los empleados, la teoría de la explotación, no solo es falsa, sino que es inmoral y anti ética, ya que pretende justificar un despojo arbitrario a los creadores de esa riqueza del fruto de su esfuerzo, para entregarlo a quienes no han hecho nada por crearla.

Las implicaciones de esta teoría no solamente conducen a crear una ideología de condena y desprecio por los innovadores, emprendedores y empresarios, sino también a crear una ilusión de que los trabajadores “explotados”, una vez libres de sus “explotadores” serán capaces de obtener todos los beneficios de los que ahora son despojados. Tal ilusión asume que todas las personas tienen la misma capacidad, los mismos conocimientos, y las mismas habilidades de los innovadores, los emprendedores y los empresarios.  Otra muestra de que la teoría marxista niega las evidencias de la realidad.  De ahí el estrepitoso fracaso donde tales ideas se han implantado.    

La otra falacia está relacionada a la llamada “productividad del trabajo”, un concepto que recogen de la teoría marxista hasta los economistas modernos. La productividad del trabajo es una medida que resulta de dividir el valor de lo producido por el número de personas que trabajaron o el número de horas usadas para producir. Medida de esta manera, la productividad del trabajo atribuye al número de personas o al número de horas trabajadas, las variaciones en la misma. Si aumenta la productividad, es porque el mismo número de personas producen productos con mayor valor o porque trabajaron más, y viceversa. Se hace caso omiso de la fuente de los aumentos en el valor causados por la innovación de productos o procesos.

En el ejemplo que hemos visto, que se trata de una innovación del producto, la productividad del trabajo aumentó 5%, ya que el valor agregado aumentó en 30% y las horas trabajadas en 25%. Pero el aumento del valor agregado no se debió a que los trabajadores fueran más eficientes, sino a la innovación introducida. Es más, el aumento del 5% en la productividad del trabajo se debió al trabajo intelectual involucrado en el desarrollo de la idea inicial y la organización de la puesta en práctica de la innovación (su venta en el mercado), que no se puede atribuir a los trabajadores.

De igual manera, en una innovación del proceso de producción, digamos, por la introducción de un nuevo equipo que realiza el trabajo con mayor rapidez, en menos tiempo, con mayor calidad y menor cantidad de errores y desperdicios, es posible que el mismo número de empleados produzca una mayor cantidad de producto, lo que aumenta el valor agregado, principalmente, en términos absolutos, aunque la disminución de errores y desperdicios también puede aumentarlo en términos relativos. Como resultado, al dividir el valor agregado total creado entre el número de personas, que permanece constante, o el número de horas trabajadas, tenemos un aumento de la productividad del trabajo. De nuevo, en este caso también la productividad del trabajo se ha incrementado debido a la introducción de un equipo más eficiente, no a un aumento de la eficiencia de los trabajadores.

Se puede argumentar que al introducir un nuevo material, un nuevo equipo o un nuevo proceso de producción, se requiere de mayores conocimientos o habilidades por parte de los trabajadores, lo cual es correcto. Normalmente, esa adquisición de conocimientos se hace mediante la capacitación o entrenamiento. De esa manera, se desarrollan nuevas capacidades que normalmente son mejor remuneradas. De este modo, la innovación también produce beneficios para los trabajadores. De aquí surge el concepto de “capital humano” para designar los conocimientos, habilidades y destrezas de las personas que resultan en mejoras a su productividad o eficiencia.

En resumen, la innovación, y especialmente la de carácter tecnológico, la innovación tecnológica, es la fuente principal de la creación de valor en las empresas y en la economía de un país. No es el trabajo físico el que crea valor, es el trabajo intelectual, en la medida en que este se aplica a la creación de innovaciones. No es por tanto casual que el desarrollo económico y la mayor generación de riqueza se haya empezado con la revolución industrial en 1750 y la incorporación de innovaciones en las sucesivas oleadas de revoluciones tecnológicas.

Para un mayor detalle sobre este tema, véase “Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas”.

Walt Whitman Rostow (1916-2003), creador del modelo de desarrollo económico por etapas, hace una crítica de la teoría económica marxista y piensa que el principal error de Marx fue que “no pudo percibir que el cuerpo de pensamiento sobre la sociedad, del que formaba parte la economía clásica, era un credo amplio, complejo y esencialmente paradójico”. El comportamiento humano “se ve no como un acto de maximización” a lo que lo reduce la doctrina marxista, “sino como un acto de equilibrio entre objetivos humanos alternativos y, a menudo, conflictivos e independientes frente a la gama cambiante de alternativas que los hombres perciben como abiertos a ellos”. El comportamiento humano, es pues, complejo, lo que no calza con la visión reduccionista de Marx de clases enfrentadas por maximizar beneficios.

Marx interpretó varias de sus herramientas analíticas esenciales de la economía clásica, tal como la interpretó: una teoría laboral del valor; una ley esencialmente maltusiana de población y oferta de trabajo; y una versión de rendimientos decrecientes, aplicada al capital social. Pero su derivación más importante fue la noción de tratar el comportamiento humano como un ejercicio de maximización de ganancias.

…el desempeño de las sociedades no está determinado únicamente por el lugar de la propiedad ni por la naturaleza de las técnicas de producción. Los sectores de la sociedad interactúan: las fuerzas culturales, sociales y políticas, que reflejan diferentes facetas de la aspiración humana, tienen su propio impacto auténtico en la evolución de las sociedades, incluida su evolución económica. No son una superestructura derivada de la economía. Esta visión altera las etapas específicas de crecimiento alejándose del patrón marxista de maneras bastante particulares.

…ni dentro ni fuera del mercado está el poder de los propietarios como para negar necesariamente a la fuerza laboral una participación en la expansión de la producción una vez que el crecimiento regular comienza con el despegue; y el hecho del progreso, combinado con la urbanización, generalmente ha puesto en marcha una disminución no maltusiana en las tasas de natalidad, tendiendo a reforzar el aumento de los salarios reales.

… con el hecho de un progreso regular en el ingreso, la elasticidad ingreso de la demanda entra en juego como una fuerza independiente, alterando el rango de alternativas percibidas, el patrón de demanda efectiva y la estructura sectorial de la economía; mientras que en el marxismo la elasticidad ingreso de la demanda aparece solo en la forma perversa de aumento del ingreso por plusvalía en manos de una banda cada vez más estrecha de la burguesía, capaz de utilizarla y que solo distorsionará aún más la estructura sectorial de la economía y acelerará su crisis final.

…las elecciones hechas por la sociedad están determinadas por la existencia de procesos políticos y sociales poderosos e independientes donde la influencia efectiva no se ve ponderada por la propiedad; y, especialmente cuando se alcanza la madurez, estas áreas de influencia ayudan a determinar cómo y en qué secuencia se utilizarán los recursos de la economía madura, incluida la posibilidad de un estado de bienestar basado en impuestos progresivos.

…las opciones abiertas a los hombres cuando se alcanza la riqueza parecen incluir pero trascender la visión un tanto romántica de Marx de “el trabajo como una necesidad primordial de la vida”. Existen, como se sugirió anteriormente, las posibilidades de un aumento de la población; espacio exterior; ocio; una elevación de la calidad de vida; o el diablo haciendo trabajo para manos ociosas.

El error básico en el marxismo no es, entonces, un error técnico en su economía; aunque tales errores pueden ser identificados. Al construir sobre la tradición intelectual y moral occidental, no pudo percibir que el cuerpo de pensamiento sobre la sociedad, del que formaba parte la economía clásica, era un credo amplio, complejo y esencialmente paradójico. Como Myrdal y Robbins han señalado en esta generación, el credo individualista-utilitarista defendió los mercados libres y competitivos y la propiedad privada; pero también contenía dentro de sus presupuestos el caso de elecciones libres, en base a un hombre, un voto; para destruir o controlar monopolios; para una legislación social que pondría las consideraciones del bienestar humano frente a los incentivos de ganancias; y, sobre todo, para el impuesto progresivo sobre la renta. W. W. Rostow. The Stages Of Economic Growth. The Economic History Review. Second Series, Vol. XII, No. I 1959.

Hemos visto las principales críticas a la teoría económica de Marx. Ahora veamos cuáles son las principales críticas a la teoría social marxista, aunque ambas están relacionadas.

Un párrafo que resume un elemento fundamental de esa teoría es el siguiente:

En cierto estadio de su desarrollo, las fuerzas materiales de producción entran en conflicto, en la sociedad, con las relaciones existentes de producción, o —lo que no es sino una manera legal de decir lo mismo— con las relaciones de propiedad dentro de las cuales han operado antes. Estas relaciones, que habían sido formas de desarrollo de las fuerzas productivas, se convierten en las cadenas de los hombres. Sobreviene luego la época de la revolución social. Con el cambio de los cimientos económicos, toda la entera e inmensa superestructura queda tarde o temprano enteramente transformada. Karl Marx. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. 1859.

El materialismo histórico es una interpretación de la historia pasada de la cual Marx sacó la conclusión que las sociedades cambiaban como resultado de la lucha de clases y la transformación de las relaciones de producción. Como abstracción obtenida a partir de la evolución histórica pasada, tenía lógica. El problema de esa abstracción es que encasilló los “modos de producción” a épocas pero la realidad es que, si bien tales “modos de producción” se generalizaron o eran predominantes en una época determinada, no es menos cierto que coexistían otros. Ejemplo: el esclavismo fue predominante en una época, pero en esa misma época también habían relaciones de producción feudales y capitalistas, solo que el desarrollo de la tecnología era mucho menor y por tanto no existían las grandes fábricas que Marx usó como ejemplo del capitalismo.

El problema con esa teoría es que es absolutista y etnocéntrica, basada en la historia europea, teniendo poco que ver con la historia económica en el resto del mundo. Esa concepción absolutista llevó a Marx a cometer el error de vaticinar la desaparición del capitalismo y su sustitución por el socialismo y luego el comunismo, un sistema que jamás había existido en la historia de la humanidad, precisamente por su inviabilidad práctica.

De modo que toda la construcción teórica de Marx la hace con ese objetivo, tratando de justificar la supuesta inevitabilidad del comunismo. Su vaticinio de que el desarrollo de las fuerzas productivas llevaría a tal cambio de sistema económico o modo de producción jamás se cumplió. Todos los intentos de implantarlo fueron por la fuerza y demostraron su fracaso para continuar desarrollando las fuerzas productivas.

Pero ¿Es la humanidad llevada a lo largo de un viaje histórico de evolución social por un patrón repetitivo de lucha entre fuerzas internas contradictorias que producen los cambios en los sistemas políticos, económicos y sociales?

Y si es así, ¿deberían tales luchas ser llevadas apelando al uso de la violencia, la humillación, la tortura o la muerte de los adversarios, –tal como el animal por instinto de sobrevivencia en la selva, la estepa o el mar, mata para comer–, rebajando la humanidad a un estadio salvaje? ¿deberían tales muertes, individuales o masivas –genocidios– considerarse solo como “efectos secundarios”, nimiedades, en comparación al fin supremo? ¿cuál es la base moral de tal perversión? ¿hasta dónde puede justificarse un fin superior de beneficio para una sociedad para que un segmento de ella pretenda erigirse en dioses con poder para quitarle la vida a las personas que ven como enemigos? ¿no es acaso propio de mentes enfermas, distorsionadas, obtusas y carentes de empatía cometer crímenes sin tener el más mínimo sentimiento de remordimiento o de pesar por sus víctimas, sino por el contrario, de haber hecho algo bueno?

En sus escritos, Marx y Engels llamaron abiertamente a una revolución para destruir el sistema capitalista. No esperaron lo que su propia teoría establecía, el desarrollo de las fuerzas productivas que produciría contradicciones entre las clases sociales hasta el punto de reemplazar el sistema económico prevaleciente. No había que esperar. En ello iba implícito el uso de la violencia. El desprecio por la vida humana, siempre que fuera de un oponente ideológico o simplemente de cualquiera que se considerase un enemigo, activo o pasivo, es parte de la doctrina marxista de la revolución social, que sus seguidores prácticos llevaron a extremos perversos, solo comparables al holocausto fascista del régimen nazi de Hitler.

El mundo entero ha condenado la estela de muerte dejada por aquellos auto declarados herederos del pensamiento marxista en Rusia, Europa oriental, China, el Sudeste Asiático, África y América Latina, igual que condenó el genocidio en la Alemania fascista, las matanzas étnicas en los Balcanes y Burundi y otras en el pasado reciente que no tuvieron nada que ver con el marxismo.

La historia ha demostrado que la inmensa mayoría de la humanidad tiene una vocación por la paz y el progreso y que las guerras han sido impulsadas por personas mesiánicas y pequeños grupos partidarios de la violencia que desprecian la vida de las personas, que han sabido cómo arrastrar a otros para acompañarlos en sus crímenes, cometidos en nombre de causas religiosas, ideológicas, económicas o raciales.

En la medida en que la civilización ha ido avanzando, en que los avances tecnológicos no solo mejoran continuamente el nivel de vida, sino que difunden más rápida y globalmente las ideas; en la medida en que la globalización ha creado mayor interdependencia económica y los estados-naciones están en parte supeditados a órganos supranacionales, el espacio para los que promueven la violencia como manera de resolver los conflictos se hace cada vez más reducido.

Podemos entonces concluir que la doctrina marxista de la resolución violenta de los conflictos sociales, enunciada como ley científica, no tiene espacio en el mundo de hoy, dadas las evidencias de su culpabilidad como causa originaria de millones de muertes en los países donde se llevó a la práctica.  

Además, ¿no deberían conducir las luchas sociales a elevar la calidad de vida de las personas al mismo tiempo que respetar su individualidad y libertad, eliminando toda clase de opresión o imposición coercitiva que pone límites a la voluntad individual, más que aquellos que afectan los derechos legítimos de los demás?

La abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la construcción del socialismo bajo la dictadura del proletariado, postulados conclusivos de la doctrina social de Marx, condujeron en todos los casos, a dictaduras totalitarias o autoritarias de una elite que se arrogó la representación del proletariado o del pueblo, al culto a la personalidad, a la existencia de un Estado omnipotente que controlaba todos los aspectos de la vida de las personas. Estas fueron características del socialismo real.

Un Estado donde un grupo de burócratas planificaba y dirigía centralmente la economía, decidiendo qué producir, cómo producir y para quién producir, lo que provocó el atraso económico y la insatisfacción de las necesidades de la población. La promesa de la igualdad se cumplió para la gran mayoría de la población, solo que la riqueza resultó tan poca que lo que se igualó fue la pobreza. Sin embargo la elite vivía con las comodidades y lujos que antes los revolucionarios criticaron a la burguesía. Las clases no desaparecieron, sino que cambiaron. Los burgueses fueron sustituidos por la nueva clase de burócratas del partido, gozando de privilegios negados a la mayoría.

Un Estado policíaco que restringe las libertades personales y los derechos humanos y reprime sin miramientos cualquier disidencia u opinión diferente a los dogmas revolucionarios; dogmas y mitos difundidos a través de la educación obligatoria y el adoctrinamiento ideológico en las escuelas y universidades para crear el “hombre nuevo”, de modo que con el cerebro lavado y libre de la ideología “burguesa”, las personas se convirtieran en entusiastas fanáticos que aplaudieran los dictados del partido, o al menos en dóciles y obedientes, pusilánimes o resignados ciudadanos incapaces de desafiar el poder.

De modo que el socialismo real no produjo, ni en lo económico ni en lo social, los efectos que la doctrina marxista había sostenido. Fue un completo fracaso en todos los aspectos y en todos y cada uno de los países donde se ha implementado. Los neo marxistas aducen que el socialismo real, sus características y por tanto su fracaso, no son el resultado de la doctrina marxista, pero las evidencias están ahí: los dogmas de Marx sobre la necesaria abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la dictadura del proletariado, conducida por una vanguardia intelectual, que destruyera a la burguesía, como clase explotadora de los trabajadores, para construir el socialismo, son postulados centrales de la doctrina marxista. Sus seguidores implementaron fielmente estos postulados.

Que Lenin, Stalin, Mao, Honecker, Ceaucescu, Ho-Chi Min, Kim Il Sung, Castro o Chávez hayan impreso al socialismo su sello personal y lo hayan adecuado a las condiciones de sus respectivos países, tal vez alejándose de los deseos de Marx, es otro asunto y es totalmente comprensible, pues Marx nunca llegó a escribir en detalle cómo debía ser la construcción del socialismo, y de haberlo hecho, nunca podría haberse implementado de igual manera en todas partes. Tocó a cada uno adecuarlo a las circunstancias, pero los dogmas en los que se basaron fueron los mismos.

Pero lo que cuenta aquí no son los deseos de Marx, o lo que utópicamente creyó que sería el resultado final de sus teorías –y fue un contrasentido que en su tiempo llamara utopistas a quienes pretendían elaborar una teoría de cómo debía organizarse el socialismo–, sino los resultados reales de su dogma sobre el proceso dialéctico que según él conduce fatalmente al socialismo, etapa intermedia para construir el comunismo el cual como dijo Ludwig von Mises “promete realizar los sueños y los viejos deseos de la humanidad y saciar sus resentimientos innatos. Promete el paraíso terrenal, una Jauja llena de felicidades y de goces, y el regalo más apetitoso para los desheredados: la humillación de todos aquellos que son más fuertes y mejores que la multitud.” 

Max Eastman en Reflections on the Failure of Socialism se refiere a esa utopía: “Era natural que las personas idealistas que habían dejado de creer en el cielo pensaran en alguna esperanza brillante para la humanidad en la tierra.” 

Marx fue un maestro del populismo. Desde la antigüedad ha habido líderes que saben perfectamente que la manera de alcanzar y mantener el poder es diciendo a la gente lo que quieren oir, por irreal o inalcanzable que sea. Expertos en el marketing político. El populista se dirige a las masas, a los pobres que son la mayoría, ofreciendo acabar con la miseria, acabando con los supuestos causantes de la misma, la minoría más pudiente, identificada como el enemigo. Para los comunistas el enemigo es la burguesía. Para los nazis fueron los judíos. En otros casos, se escogen “enemigos” externos. Las masas, en su mayoría ignorantes y con bajo nivel de confianza en sus capacidades individuales, acogen los cantos de sirena del populista como una tabla de salvación.

La popularidad del líder se basa entonces en su capacidad  de convencer a las masas de que la solución para todos sus males es destruir al enemigo. Destruido éste, todo vendrá por añadidura: la riqueza, la abundancia, la felicidad.

El idílico mundo de la sociedad comunista que Bujarin describió en su ABC del Comunismo, jamás fue alcanzado. Durante los 70 años que duró el socialismo real en la Unión Soviética y Europa del Este, los más de 50 años que duró en China, y los más de 70 años que ha durado en Cuba, no se dio la  transición hacia el comunismo, donde el Estado desaparece. Por el contrario, en el socialismo real el Estado se convirtió en la fuente principal de opresión,  control y miseria de la sociedad.  

Si la doctrina marxista erró en cuanto a los resultados que debían producir sus postulados sobre el socialismo y el comunismo, también erró en cuanto a sus predicciones sobre el capitalismo. Veamos los más importantes:

El capitalismo no creó una gran masa de obreros cada vez más pobres. Por el contrario, la pobreza se ha ido reduciendo en el mundo capitalista. China es el ejemplo más reciente de la capacidad del capitalismo para sacar a millones de personas de la pobreza, lo que solo pudo lograr abandonando el sistema socialista.

    1. El capitalismo no creó un “ejército industrial de reserva” o un número de desempleados cada vez mayor. De hecho, hay ciclos económicos de mayor o menor desempleo, pero en los países con economía de mercado y mayor desarrollo económico, la tasa media de  desempleo es cada vez menor.

    2. Las dos primeras predicciones no condujeron a una constante pauperización de los trabajadores, como tampoco a una “sobreproducción” persistente que no encuentra salida en el mercado ante la falta de capacidad de compra de los trabajadores, reduciendo la tasa de ganancia y la reinversión de capital. Al contrario, el crecimiento de las economías de mercado ha sido constante, aunque se registran mayores tasas de crecimiento en las economías emergentes que en las economías maduras y se da un movimiento internacional de capitales de estas hacia las primeras.

    3. La división del trabajo y la especialización no condenó a los trabajadores a la “inmovilidad” y la “degeneración”, “fomentando artificialmente una de sus habilidades parciales”. La división del trabajo existe desde tiempos remotos, mucho antes de que existiera el capitalismo. Sin ella, aún estaríamos en la era de las cavernas. Por otro lado, el desarrollo de la tecnología ha liberado a los trabajadores de trabajos pesados, repetitivos, peligrosos y monótonos.

    4. La división de la sociedad capitalista en dos clases principales antagónicas –la burguesía (los capitalistas) y el proletariado (los trabajadores asalariados)– que debían enfrentarse a muerte de manera inexorable nunca se produjo. Con el desarrollo tecnológico, el número de trabajadores industriales se ha venido reduciendo, trasladándose a ocupaciones en el creciente sector de servicios. También, las economías de mercado hicieron posible el surgimiento de una creciente clase media, compuesta de una amplia gama de ocupaciones y con mejores salarios. De hecho, muchas de esas personas pueden ser al mismo tiempo empleados asalariados, tener ingresos de negocios, ser propietarios que alquilan un inmueble o ser inversores en acciones empresariales o bonos estatales, de modo que no pueden clasificarse en las estrechas clases antiguas de burgueses y proletarios.

    5. La “anarquía de la producción”, a causa de la falta de un plan central que la dirija, no causó un permanente desperdicio de recursos y falta de aplicación donde la misma se requiere para satisfacer necesidades. Al contrario, el libre mercado, aún con sus imperfecciones, y no la planificación central, demostró ser el mejor sistema para asignar recursos y satisfacer necesidades, y los precios como la guía fundamental para las decisiones del empresario y del consumidor.

    6. La idea de la concentración y centralización del capital resultó ser falsa.  En el capitalismo, si bien hay empresas que logran perdurar en el tiempo, existen otras que si no están constantemente innovando, entonces se van a  la quiebra o pierden poder dentro del mercado, tal como sucedió con Blockbuster frente a Netflix o Kodak frente a las cámaras digitales. Si uno examina, por ejemplo, el Índice Industrial Dow Jones puede percatarse de los cambios en las industrias que integran aquel índice desde 1894 hasta la fecha. En nuestros días los Rothschild, los Carnegie o los Rockefeller han dejado de ser la “gran amenaza monopolista”. Como explica Rothbard, si la ley de la concentración del capital no es en absoluto cierta, entonces la tesis que le sigue, la ley de la centralización del capital, resulta ser más endeble. Nadie es capaz de predecir por donde soplarán los vientos de la competencia, de la creación y el declive, de la innovación y la decadencia. [Nadie sabe quiénes desbancarán mañana a los gigantes de hoy como Google, Amazon, Apple o Microsoft]. No cabe duda de que una de las tendencias del capitalismo es hacia una gran variedad y gama en la calidad de los productos, y esta tendencia promueve la “descentralización” y no la centralización marxista. Jan Doxrud. Errores económicos del pensamiento marxista.

En los siguientes párrafos, Richard M. Ebeling se refiere a la falacia del determinismo dialéctico marxista y su fracaso para predecir el curso de la historia política, económica y social de la humanidad.

… Marx estaba convencido de que esas décadas intermedias del siglo XIX fueron los años crepusculares de la época capitalista de la industrialización. Sus escritos dejan en claro que creía que la revolución socialista estaba a la vuelta de la esquina en su propia vida.

>Desde la perspectiva de 2017, casi 170 años después de la publicación del Manifiesto Comunista, su visión del siglo XIX no parece más que una ilusión de un revolucionario anticapitalista que quería creer que el “estado obrero” estaba al terminar el horizonte.

Marx no solo malinterpretó los “dolores de parto” del capitalismo por su “sonajero de muerte”, sino que también interpretó mal la forma en que el capitalismo realmente ha evolucionado, considerando que como sistema económico estaba emergiendo cuando Marx escribió, y no estaba terminando.

En su Pobreza del historicismo (1957), el filósofo de la ciencia, Karl Popper (1902-1994), señaló con acierto la imprevisibilidad inevitable del futuro debido a su dependencia del conocimiento que las personas poseen y la imposibilidad de conocer hoy el conocimiento que varias personas solo pueden adquirir mañana:

El curso de la historia humana está fuertemente influenciado por el crecimiento del conocimiento humano. . . No podemos predecir, por métodos racionales o científicos, el crecimiento futuro de nuestro conocimiento científico. . . Por lo tanto, no podemos predecir el curso futuro de la historia humana. . . Esto significa que debemos rechazar la posibilidad de una historia teórica; es decir, de una ciencia social histórica que correspondería a la física teórica. No puede haber una teoría científica del desarrollo histórico que sirva de base para la predicción histórica….

…¡Con qué frecuencia las tendencias de la época parecen inevitables e ineludibles! La mayoría de las personas a principios del siglo XX confiaban en que, después de todos los logros políticos, sociales y económicos del orden liberal (clásico) del siglo XIX, el nuevo siglo recién amaneciendo solo podía prometer más libertad personal, mayor prosperidad material y una probable paz segura para la humanidad. Pocos imaginaron los restos humanos y materiales que la “Gran Guerra” de 1914-1918 pronto traería sobre la humanidad.

Muchos amigos de la libertad vivos a mediados de la década de 1930 estaban profundamente abatidos, temiendo o incluso creyendo que la época de la libertad terminaba con el surgimiento del colectivismo moderno en las formas de la revolución comunista en Rusia, el movimiento fascista en Italia, el surgimiento de Hitler y los nazis al poder en Alemania, y el establecimiento del New Deal en América. Y a muchos les preocupaba que se acercara otra gran guerra que terminaría con la civilización como la humanidad había llegado a conocerla con el triunfo del colectivismo totalitario en todas partes. No resultó de esa manera.

Durante la mayor parte de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial que comenzó en 1945, muchos en Occidente estaban seguros de que el marxismo, dirigido e inspirado por la Unión Soviética y luego por la China comunista, significaba el fin de la democracia liberal y cualquier forma de economía de mercado. Muchos de los de “la izquierda” en Occidente no podían esperar el día en que alguna forma de planificación central socialista prevalecería en todas partes. Aquellos en la “derecha” política temieron y se desesperaron si “Occidente” todavía tenía el carácter y las convicciones para oponerse y triunfar sobre el comunismo como una fuerza ideológica y militar en la lucha global de la Guerra Fría. No resultó de esa manera.

En la década de 1990, después de la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, las nuevas tendencias históricas parecían asegurar un futuro para la humanidad de los sistemas de “capitalismo democrático”, y algunos incluso sugirieron que con esta etapa de la política y el desarrollo económico, la humanidad había alcanzado “el fin de la historia”, en alguna evolución hegeliana pro capitalista. No ha resultado así.

Ahora, en el siglo XXI, muchos de los lectores de las tendencias de la historia temen que el fundamentalismo islámico envuelva a algunas partes de Europa, o el surgimiento de China como la nueva potencia global con un modelo ganador de una forma de gestión autoritaria, capitalismo de compinches, o la involución de los Estados Unidos bajo las presiones y fuerzas del socialismo populista, la bancarrota fiscal y la corrección política “progresista”. No tiene que suceder así.

No hay un “lado derecho de la historia” en el sentido hegeliano y marxista. Aquellos en la izquierda política que, hoy en día, continúan usando esta retórica de los lados correcto e incorrecto de la historia, simplemente usan una frase atractiva que les da la sensación de poseer un terreno moral y que puede intimidar fácilmente a aquellos a quienes se les dice que “Las políticas progresistas, un uso más amable y gentil de las palabras “socialismo”, “colectivismo”, “tiranía” o “planificación”, representan el progreso.

… Sin embargo, es cierto que una noción de “lado derecho de la historia” es una frase vacía y sin sentido. La historia no es producto de fuerzas misteriosas más allá del control y el poder del hombre y la humanidad. La historia es el producto y el resultado de las ideas: ideas sobre la naturaleza del hombre, las concepciones de cómo los hombres podrían y deberían vivir juntos, y el orden institucional político y económico de las cosas que beneficiarán mejor a la humanidad como la suma de los individuos que lo componen.

Lo que la historia ha demostrado es que ha habido una mayor libertad humana, una mayor prosperidad humana y una mayor paz y tranquilidad humanas durante los momentos en que las ideas de libertad individual, mercados libres y gobierno limitado han prevalecido y se han instituido en la sociedad. Cuanto mayor es el grado de control, intervención y coerción del gobierno en la sociedad, menos han existido y florecido estas cosas.

La tarea no es estar en el mítico “lado derecho de la historia”, sino hacer que la historia refleje el triunfo y el éxito de la idea y los ideales de la libertad humana. Pero esto no sucede solo. Requiere que cada uno de nosotros comprenda el significado, el valor y la importancia de la libertad en ese sentido liberal y libertario clásico, y que estemos dispuestos a defenderla y promoverla entre nuestros semejantes. Eso es lo que haría historia. Richard M. Ebeling. Karl Marx’s Ideas and Errors About Capitalism and Markets

Karl Popper considerado como uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo XX rechaza lo que él denominó como el historicismo en la doctrina marxista. 

¿Está dentro de las posibilidades de alguna ciencia social la formulación de profecías históricas de tan vasto alcance? ¿Cabe esperar algo más que la irresponsable respuesta de un adivino cuando nos dirigimos a un hombre para interrogarlo acerca de lo que el futuro depara a la Humanidad? Se trata aquí de la cuestión del método de las ciencias sociales. Evidentemente, es más fundamental que cualquier debate relativo a cualquier argumento particular en defensa de cualquier profecía histórica.

…También creen haber descubierto ciertas leyes de la historia que les permiten profetizar el curso de los sucesos históricos. Bajo el nombre de historicismo, he agrupado las diversas teorías sociales que sustentan afirmaciones de este tipo. En otra parte, en The Poverty of Historicism | La pobreza del historicismo | (Económica, 1944-1945), he tratado de rebatir esas pretensiones y de demostrar que, pese a su plausibilidad, se basan en una idea errónea del método de la ciencia, y especialmente, en el olvido de la distinción que debe realizarse entre una predicción científica y una profecía histórica.

… Marx veía a los actores humanos del escenario de la historia, incluyendo también a los «grandes», como simples marionetas movidas por la fuerza irresistible de los hilos económicos, de las fuerzas históricas sobre las cuales carecen absolutamente de control. La escena de la historia —pensaba Marx— se levanta dentro de un sistema social que nos ata a todos igualmente; se levanta en el «reino de la necesidad».

… Al describir al marxismo como la forma más dura del historicismo creo haber dejado bien sentado que, a mi juicio, el método marxista es, en verdad, sumamente pobre.

Pese a todos sus méritos, Marx fue, a mi entender, un falso profeta. Profetizó sobre el curso de la historia y sus profecías no resultaron ciertas. Sin embargo, no es ésta mi principal acusación. Mucho más importante es que haya conducido por la senda equivocada a docenas de poderosas mentalidades, convenciéndolas de que la profecía histórica era el método científico indicado para la resolución de los problemas sociales. Marx es responsable de la devastadora influencia del método de pensamiento historicista en las filas de quienes desean defender la causa de la sociedad abierta. Karl Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. 1945.

Mario Vargas Llosa, en su obra La llamada de la tribu (2018) considera como erróneo el determinismo histórico pues es la actuación de los individuos la que va produciendo los cambios en las sociedades.

Los destinos humanos no están escritos, no se hallan trazados de manera fatídica. Individuos y sociedades pueden trascender los condicionamientos geográficos, sociales y culturales y alterar el orden de las cosas mediante actos, optando por ciertas decisiones y descartando otras. Por eso, porque gozan siempre de ese margen de libertad son responsables de su propio destino. Todo esto lo describe Hayek admirablemente en un ensayo dedicado a mostrar las semejanzas entre dos pensadores a quienes se creería muy alejados uno del otro: «Compte and Hegel»

En los países donde se impusieron regímenes socialistas, el balance de la herencia ideológica de Marx es negativo, ya que ha contribuido no solo al surgimiento de guerras, genocidios, odio de clases, dictaduras, pérdida de las libertades individuales, sometimiento, pobreza y estancamiento económico, según el país donde tales ideas se incrustaron, como lo resume Mark Skousen en este párrafo:

… “Marx está maldito con una marca negra en la historia. Su nombre se asociará para siempre con el lado oscuro del comunismo. Un espectro está atormentando a Karl Marx: la historia de Lenin, Stalin, Mao y Pol Pot, y los millones que murieron y sufrieron bajo el “imperio del mal”, como lo llamó Ronald Reagan. Los apologistas dicen que Marx no puede ser responsable de las atrocidades de sus seguidores comunistas e incluso afirman que Marx habría sido uno de los primeros en ser ejecutado o enviado al Gulag. Quizás. Por un lado, se opuso vehementemente a la censura de la prensa a lo largo de su carrera. Sin embargo, sin Marx, ¿podría haber habido una revolución y una represión tan violentas? ¿No apoyó Marx un “reino del terror” sobre la burguesía? Como dijo un amargo crítico: “En nombre del progreso humano, Marx probablemente ha causado más muerte, miseria, degradación y desesperación que cualquier hombre que haya vivido” (Downs 1983, 299).” Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Pero además de causar sufrimiento, atraso y pobreza en los países que sucumbieron a la imposición violenta del socialismo, en el resto del mundo no se cumplió la profecía marxista de que el capitalismo inevitablemente se destruiría a sí mismo. 

Las predicciones de Marx fueron erróneas, aunque no todas de inmediato. Ya en 1937, Wassily Leontief, el emigrante ruso que más tarde ganó el Premio Nobel por su análisis de insumo-producto, proclamó que el historial de Marx era “impresionante” y “correcto” (Leontief 1938, 5, 8). Pero los elogios de Leontief fueron prematuros. Desde entonces, como Leszek Kolakowski, ex líder del Partido Comunista Polaco, declaró: “Todas las profecías importantes de Marx resultaron ser falsas” (Denby 1996, 339). Para revisar:

1. Bajo el capitalismo, la tasa de ganancias no ha disminuido, aun cuando se ha acumulado más y más capital a lo largo de los siglos. 

2. La clase trabajadora no ha caído en mayor y mayor miseria. Los salarios han aumentado sustancialmente por encima del nivel de subsistencia. Las naciones industriales han visto un aumento dramático en el nivel de vida del trabajador promedio. La clase media no ha desaparecido, sino que se ha expandido. Como concluye Paul Samuelson: “La pauperización de la clase obrera… simplemente nunca tuvo lugar. Como profeta, Marx tuvo una mala suerte y su sistema era colosalmente inútil” (1967, 622).

3. Hay poca evidencia de una mayor concentración de industrias en las sociedades capitalistas avanzadas, especialmente con la competencia mundial.

4. Las sociedades utópicas socialistas no han florecido, ni la revolución proletaria ha ocurrido inevitablemente.

5. A pesar de los ciclos empresariales e incluso de depresiones ocasionales, el capitalismo parece estar floreciendo como nunca antes.  
Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Algunas observaciones se derivan de estos hechos, tomando las afirmaciones de la teoría marxista:

    1. Si la tasa de ganancia debiera tender a disminuir y esta resulta de la plusvalía, eso significaría que la tendencia es a disminuir la explotación, no a aumentarla como calculaba Marx. Aquí su teoría es en sí misma contradictoria.

    2.  Las crisis periódicas del capitalismo concuerdan con la explicación de la dialéctica de los ciclos. Por qué entonces habrían de verse como nocivas? No es, por el contrario, una validación de que luego de cada crisis, el capitalismo emerge mejorado y fortalecido? La monotonía de una economía sin altibajos sería una negación del progreso y la dialéctica. Schumpeter lo desarrolla con su análisis de la “destrucción creativa”.

    3. El proceso de concentración del capital tampoco provocó la desaparición de las pequeñas empresas, pues si bien desaparecieron en algunos sectores, surgieron otras en otros sectores. El desempleo se ha reducido con el tiempo. Las personas cambiaron de ocupación. Tampoco provocó perjuicios a los consumidores, sino al contrario, ya que las economías de escala conducen a mayor eficiencia y productividad, mayores volúmenes de producción, mejor calidad, precios más bajos y mejores salarios. 

    4. La acumulación y concentración de capital contribuye a la desigualdad de ingresos y de riqueza. Pero no es en sí misma un problema, en cuanto, a la vez que incrementa la desigualdad, reduce la pobreza, por lo mencionado en el punto anterior. 

La doctrina de Marx es la base del socialismo, como la de Smith y otros lo es del capitalismo. Pero veamos cómo surge la doctrina marxista, en lo escrito al respecto en 1932 por Ludwig von Mises:

… “la idea fundamental del socialismo se fue desarrollando claramente a partir del segundo cuarto del siglo XIX, y los proyectos de un orden social socialista, concebidos por los escritores que la terminología marxista denomina hoy «socialistas utópicos», se convirtieron en materia de examen científico. Este examen reducía a la nada la idea socialista. Los «utopistas» no habían logrado inventar, edificar un sistema social capaz de resistir a la crítica de los economistas y de los sociólogos. Era fácil descubrir los puntos débiles de sus proyectos. Se demostró que una sociedad organizada conforme a los principios de los utopistas no podía vivir ni funcionar, y que no podría ciertamente llevar a cabo lo que de ella se esperaba. Hacia mediados del siglo XIX las ideas socialistas parecían estar muertas definitivamente. La ciencia, por medio de una argumentación rigurosamente lógica, había demostrado su vaciedad, y los portavoces del socialismo se mostraban incapaces de oponer a dicha argumentación contraargumentos de algún valor.

En ese momento Marx entró en escena, muy imbuido de dialéctica hegeliana. Es fácil abusar del método hegeliano cuando se quiere subordinar el pensamiento al servicio de ideas fantásticas, de imaginaciones arbitrarias y de redundancias metafísicas, para probar todo lo que complace a tal o cual política.

Ahí encontró Marx, sin dificultad, un medio de sacar al socialismo del descrédito en que había caído. Puesto que la ciencia y el pensamiento lógico ofrecían testimonios contra el socialismo, se quería hallar un sistema que lo protegiese de la ingrata crítica de los científicos y de los lógicos. Esa fue la tarea que el marxismo se esforzó en realizar. Para ello empleó tres medios. [Marx] Negaba el carácter necesario y universal de la lógica, válido para todos los hombres y todas las épocas. [Aseguraba que] El pensamiento es función de la clase social en que vive el pensador, es una «superestructura ideológica» de sus intereses de clase. Marx declara como «burgués», como defensor del capitalismo, el tipo de razonamiento que refuta la idea socialista. En segundo lugar, el marxismo enseñaba que el proceso dialéctico conduce fatalmente al socialismo. El objeto y fin de la historia es, dice, la socialización de los medios de producción mediante la expropiación de los expropiadores en cuanto negación de la negación. El marxismo, finalmente, pretendía que es inadmisible ocuparse, como hicieron los utopistas, de la organización de la Tierra Prometida del socialismo, que verá la luz como inevitable necesidad. Aún más, la ciencia debería renunciar a cualquier estudio sobre el carácter y la esencia del socialismo, puesto que éste es ineluctable.

Nunca doctrina alguna obtuvo en la historia un triunfo tan rápido ni tan completo como esos tres principios del marxismo. … El éxito incomparable del marxismo se debe al hecho de que promete realizar los sueños y los viejos deseos de la humanidad y saciar sus resentimientos innatos. Promete el paraíso terrenal, una Jauja llena de felicidades y de goces, y el regalo más apetitoso para los desheredados: la humillación de todos aquellos que son más fuertes y mejores que la multitud. Enseña cómo eliminar la lógica y el pensamiento, debido a que estos hacen ver la estupidez de tales sueños de felicidad y venganza. El marxismo es la más radical de todas las reacciones contra el dominio del pensamiento científico sobre la vida y la acción establecida por el racionalismo. Es contrario a la lógica, a la ciencia, al pensamiento. Por otro lado, su principio más notable es la prohibición de pensar e investigar científicamente la organización y el funcionamiento de la economía socialista. Por un procedimiento característico de su rencor contra la ciencia, el marxismo se ha aplicado a sí mismo el nombre de socialismo «científico». Al extender su autoridad sobre la vida y la acción con éxito indiscutible, la ciencia ha adquirido un prestigio del cual el marxismo quiere sacar partido en su lucha contra el empleo de la ciencia en la organización de la economía social. Los bolcheviques no cesan de repetir que la religión es un opio para el pueblo. Lo cierto, sin embargo, es que el marxismo es el opio de la alta clase intelectual, de quienes podrían pensar y a quienes desea mantener al margen del pensamiento.” Ludwig von Mises. Socialismo: Análisis Económico y Sociológico. Unión Editorial, 2007.

Una comparación que trata de resumir el pensamiento de Smith y el de Marx sobre el sistema capitalista es la siguiente:

“Si la obra de Adam Smith es el Génesis de la economía moderna, la de Karl Marx es su Éxodo. Si el filósofo escocés es el gran creador del laissez-faire, el revolucionario alemán es su gran destructor. El marxista John E. Roemer lo admite. Según él, la “principal diferencia” entre Smith y Marx es la siguiente: “Smith sostuvo que la búsqueda del individuo del interés propio conduciría a un resultado beneficioso para todos, mientras que Marx sostuvo que la búsqueda del interés propio conduciría a la anarquía, la crisis, y la disolución del propio sistema basado en la propiedad privada. . . . Smith habló de la mano invisible que guía a los agentes individuales y de interés propio para llevar a cabo aquellas acciones que serían, a pesar de su falta de preocupación por tal resultado, socialmente óptimas; para el marxismo el símil es el puño de hierro de la competencia, pulverizando a los trabajadores y empeorándolos de lo que estarían en otro sistema factible, a saber, uno basado en la propiedad social o pública de la propiedad” (Roemer 1988, 2–3)”. Citado en Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Al pasar el tiempo, ha quedado demostrada la capacidad del capitalismo para producir riqueza y progreso. Hasta el mismo Marx quedó muy impresionado con la capacidad de los empresarios para acumular más capital y crear nuevos mercados, tanto en el país como en el extranjero. El Manifiesto Comunista describió este fenómeno en un pasaje famoso: “La burguesía, durante su gobierno de escasos cien años, ha creado fuerzas productivas más masivas y colosales que todas las generaciones anteriores juntas“. 

Marx argumentó que el capitalismo es en esencia un sistema de búsqueda de rentas: en lugar de crear riqueza de la nada, como les gusta imaginar, los capitalistas se dedican a expropiar la riqueza de los demás. Marx estaba equivocado acerca del capitalismo en esencia: los grandes empresarios acumulan fortunas inventando nuevos productos o nuevas formas de organizar la producción. Pero tenía un punto sobre el capitalismo en su forma burocrática. Un número deprimente de los jefes de hoy son burócratas corporativos en lugar de creadores de riqueza, que usan fórmulas convenientes para asegurarse de que sus salarios aumenten. Trabajan de la mano con una creciente multitud de otros solicitantes de rentas, como consultores de gestión (que sueñan con nuevas excusas para la búsqueda de rentas).

El capitalismo, sostuvo Marx, es por su naturaleza un sistema global: “Debe anidarse en todas partes, establecerse en todas partes, establecer conexiones en todas partes”. Eso es tan cierto hoy como lo fue en la era victoriana. Los dos desarrollos más llamativos de los últimos 30 años son el desmantelamiento progresivo de las barreras a la libre circulación de los factores de producción (bienes, capital y, en cierta medida, personas) y el surgimiento del mundo emergente. Las empresas globales plantan sus banderas donde sea más conveniente. Los CEOs sin fronteras se trasladan de un país a otro en busca de la eficiencia. El jamboree anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, bien podría titularse “Marx tenía razón”.

Pensaba que el capitalismo tenía una tendencia al monopolio, ya que los capitalistas exitosos expulsaban a sus rivales más débiles del preludio a la extracción de las rentas del monopolio. Nuevamente, esto parece ser una descripción razonable del mundo comercial que está siendo moldeado por la globalización e Internet. Las empresas más grandes del mundo no solo están creciendo en términos absolutos, sino que también están convirtiendo a un gran número de empresas más pequeñas en simples apéndices. Los gigantes de la nueva economía están ejerciendo un dominio de mercado que no se había visto desde los barones ladrones de Estados Unidos. Facebook y Google absorben dos tercios de los ingresos publicitarios en línea de Estados Unidos. Amazon controla más del 40% del floreciente mercado de compras en línea del país. En algunos países, Google procesa más del 90% de las búsquedas web. El medio no solo es el mensaje, sino que la plataforma también es el mercado.

Desde el punto de vista de Marx, el capitalismo produjo un ejército de trabajadores ocasionales que existían de un trabajo a otro. Durante el largo boom de la posguerra, esto parecía una tontería. Lejos de no tener nada que perder excepto sus cadenas, los trabajadores del mundo, al menos el mundo rico, tenían trabajos seguros, casas en los suburbios y una gran cantidad de posesiones. Los marxistas como Herbert Marcuse se vieron obligados a denunciar el capitalismo con el argumento de que producía demasiada riqueza para los trabajadores en lugar de muy poco.

Sin embargo, una vez más, el argumento de Marx está ganando urgencia. La economía del concierto está reuniendo una fuerza de reserva de trabajadores atomizados que esperan ser convocados, a través de capataces electrónicos, para entregar la comida de las personas, limpiar sus casas o actuar como sus choferes. 

… Aún así, la rehabilitación no debería ir demasiado lejos. Los errores de Marx superaron con creces sus ideas. Su insistencia en que el capitalismo lleva el nivel de vida de los trabajadores al nivel de subsistencia es absurdo. El genio del capitalismo es que reduce sin descanso el precio de los artículos de consumo regular: los trabajadores de hoy tienen fácil acceso a los bienes que alguna vez se consideraron lujos de los monarcas. El Banco Mundial calcula que el número de personas en “extrema pobreza” ha disminuido de 1.850 millones en 1990 a 767 millones en 2013, una cifra que pone en perspectiva el estancamiento lamentable del nivel de vida de los trabajadores occidentales. La visión de Marx de un futuro pos capitalista es banal y peligrosa: banal porque presenta una imagen de personas que holgazanean (cazar por la mañana, pescar por la tarde, criar ganado por la noche y criticar después de la cena);

Sin embargo, el mayor fracaso de Marx fue que subestimó el poder de la reforma: la capacidad de las personas para resolver los problemas evidentes del capitalismo a través de la discusión racional y el compromiso. Él creía que la historia era un carro que tronaba hasta un fin predeterminado y que lo mejor que pueden hacer los aurigas es esperar. Los reformadores liberales, incluido su casi contemporáneo William Gladstone, han demostrado repetidamente que estaba equivocado. No solo han salvado al capitalismo de sí mismo mediante la introducción de reformas de gran alcance, sino que lo han hecho a través del poder de la persuasión. La “superestructura” ha triunfado sobre la “base”, el “cretinismo parlamentario” sobre la “dictadura del proletariado”. The Economist. Rulers of the world: read Karl Marx!

Un enfoque basado en las fallas de las tesis que sostenía el marxismo es el que presenta el investigador alemán Immanuel Wallerstein.

Marx ha muerto muchas veces, pero ha experimentado otros tantos renacimientos. Como para todo pensador de esta envergadura, es a la luz de la actualidad que es preciso releerlo, puesto que hoy en día no sólo es Marx quien muere una vez más; es también toda una serie de estados que se habían atribuido la etiqueta marxista-leninista los que se encuentran conmocionados y que en su mayor parte se derrumban. Ante esta situación, algunas personas se regocijan, otras entristecen, pero raros son quienes intentan hacer un balance juicioso y ponderado. Recordemos de entrada que el marxismo no es la suma de las ideas o de los escritos de Marx, sino más bien un conjunto de teorías, de análisis y de recetas de acción política —inspiradas sin duda en los razonamientos de Marx— que fueron erigidas en una especie de canon; esta versión del marxismo, que llamaré dominante, se debe a los aportes paralelos y sucesivos, conjuntos mas no conjugados, de dos partidos históricos; el partido socialdemócrata alemán (sobre todo en el periodo anterior a 1914) y el partido bolchevique, que se convirtió en el Partido Comunista de la Unión Soviética. Si bien la versión dominante del “marxismo” no ocupó nunca sola el terreno, otras versiones permanecieron, hasta una época relativamente reciente, decididamente minoritarias. Los verdaderos inicios de la escisión del marxismo no datan, en efecto, sino de la revolución que sacudió al mundo en 1968 (ver Lefebvre, 1976). Una cierta confusión surgió de la coincidencia de esta revolución con el estancamiento, y luego el fracaso, de los estados etiquetados como marxistas.

Para salir de esta confusión es preciso aceptar un desafío particularmente delicado: intentar separar, en la medida de lo posible, por una parte, las tesis del “marxismo de los partidos” (versión dominante), que están gravemente comprometidas —incluso totalmente refutadas— por el derrumbe de los estados del “socialismo real”; y, por otra, las tesis de Marx o aquellos aspectos de su pensamiento (o aun los de la práctica de los marxistas) que no estaban —o no estaban esencialmente— implicados en la experiencia de los estados-partidos.

El razonamiento siguiente puede resumirse en estos términos: lo que ha muerto es el marxismo como teoría de la modernidad, teoría coexistente con la del liberalismo y, a decir verdad, inspirada en él. Lo que aún no ha muerto es el marxismo como crítica de la modernidad (incluyendo la manifestación histórica de esta última, la economía-mundo capitalista). Lo que ha muerto es el marxismo-leninismo como estrategia política, que, bien considerada, fue una estrategia reformista. Lo que aún no ha muerto es la tendencia anti sistémica popular y marxizante que anima ciertas fuerzas sociales reales.

Me parece que la teoría del marxismo, convertido en marxismo-leninismo, reposaba de hecho en cinco tesis principales. Éstas no emanaron de los marxólogos, sino de los marxistas practicantes y fueron elaboradas a través de la praxis de los partidos.

En suma, una tras otra, cada una de las cinco tesis del marxismo de los partidos (marxismo realmente existente) fueron nuevamente puestas en tela de juicio, particularmente por aquellos mismos que habían sostenido estos regímenes. Immanuel Wallerstein. El Marxismo después del fin de los Comunismos. 1993,

Sin embargo, todas las evidencias anteriormente presentadas sobre los errores de la doctrina marxista son invalidadas a priori por los marxistas recurriendo al polilogismo: invalidar la lógica, pretender que la lógica no es única, sino que depende de quién la expresa y que la única lógica válida es la lógica marxista. Veamos lo que al respecto nos dice Ludwig von Mises:

Hasta mediados del siglo XIX, nadie se atrevió a cuestionar el hecho de que la estructura lógica de la mente es inmutable y común a todos los seres humanos. Todas las interrelaciones humanas se basan en este supuesto de una estructura lógica uniforme. Solo podemos hablar unos con otros porque podemos apelar a algo común para todos nosotros, a saber, la estructura lógica de la razón

Hay personas que no pueden contar más de tres; pero su conteo, por lo que va, no difiere del de Gauss o Laplace. Ningún historiador o viajero nos ha traído ningún conocimiento de personas para quienes a y no-a eran idénticos, o quienes no podían comprender la diferencia entre afirmación y negación.

Diariamente, es cierto, las personas violan los principios lógicos en el razonamiento. Pero quien examina sus inferencias de manera competente puede descubrir sus errores. Debido a que todos consideran que estos hechos son incuestionables, los hombres entran en discusiones; se hablan el uno al otro escriben cartas y libros; Intentan probar o refutar. La cooperación social e intelectual entre hombres sería imposible si esto no fuera así. Nuestras mentes ni siquiera pueden imaginar constantemente un mundo poblado por hombres de diferentes estructuras lógicas o una estructura lógica diferente a la nuestra.

Sin embargo, en el transcurso del siglo XIX, este hecho innegable ha sido impugnado. Marx y los marxistas, entre ellos el «filósofo proletario» Dietzgen, enseñaron que el pensamiento está determinado por la posición de clase del pensador. Lo que produce el pensamiento no es verdad sino «ideologías».

Esta palabra significa, en el contexto de la filosofía marxiana, un disfraz del interés egoísta de la clase social a la que está unido el individuo pensante. Por lo tanto, es inútil discutir cualquier cosa con personas de otra clase social.

Las ideologías no necesitan ser refutadas por el razonamiento discursivo; deben desenmascararse denunciando la posición de clase, el trasfondo social de sus autores. Pues, los marxistas no discuten los méritos de las teorías físicas; simplemente descubren a los «burgueses».

Los marxistas han recurrido al polilogismo porque no pudieron refutar con métodos lógicos las teorías desarrolladas por la economía «burguesa» o las inferencias extraídas de estas teorías que demuestran la impracticabilidad del socialismo. Como no pudieron demostrar racionalmente la solidez de sus propias ideas o la insensatez de las ideas de sus adversarios, han denunciado los métodos lógicos aceptados.

El éxito de esta estratagema marxiana no tuvo precedentes. Ha brindado pruebas contra cualquier crítica razonable de todos los absurdos de los supuestos economistas marxianos y de la posible sociología. Sólo mediante los trucos lógicos del polilogismo podría el estatismo hacerse con la mente moderna.

El principio del polilogismo llevaría a la inferencia de que las enseñanzas marxianas tampoco son objetivamente verdaderas, sino que son solo declaraciones «ideológicas». Pero los marxistas lo niegan. Ellos reclaman para sus propias doctrinas el carácter de verdad absoluta. Así, Dietzgen enseña que «las ideas de la lógica proletaria no son ideas de partido, sino el resultado de la lógica pura y simple». La lógica proletaria no es «ideología» sino lógica absoluta. Los marxistas actuales, que etiquetan sus enseñanzas como sociología del conocimiento dan prueba de la misma inconsistencia.

Uno de sus campeones, el profesor Mannheim, intenta demostrar que existe un grupo de hombres, los «intelectuales desapegados», que están equipados con el don de captar la verdad sin caer en la culpa de los errores ideológicos. Por supuesto, el profesor Mannheim está convencido de que es el más importante de estos «intelectuales desapegados». Simplemente no puedes refutarlo. Si no estás de acuerdo con él, solo demuestras que tú mismo no eres uno de esta elite de «intelectuales desapegados» y que tus declaraciones son tonterías ideológicas.

Los nacionalsocialistas alemanes tuvieron que enfrentar precisamente el mismo problema que los marxistas. Tampoco pudieron demostrar la exactitud de sus propias afirmaciones ni refutar las teorías de la economía y la praxeología. Así se refugiaron bajo el techo del polilogismo, preparado para ellos por los marxistas. Por supuesto, inventaron su propia marca de polilogismo. La estructura lógica de la mente, dicen, es diferente en diferentes naciones y razas.

A los ojos de los marxistas, Ricardo, Freud, Bergson, y Einstein se equivocan porque son burgueses; a los ojos de los nazis están equivocados porque son judíos. Ni el polilogismo marxiano ni el nazi fueron más lejos que declarar que la estructura lógica de la mente es diferente con varias clases o razas. Nunca se aventuraron a demostrar precisamente en qué difiere la lógica de los proletarios de la lógica de la burguesía, o en qué difiere la lógica de los arios de la lógica de los judíos o los británicos.

El polilogismo tiene un método peculiar de tratar con puntos de vista disidentes. Si sus partidarios no logran desenmascarar el fondo de un oponente, simplemente lo califican de traidor. Tanto los marxistas como los nazis conocen solo dos categorías de adversarios. Los extraños, ya sean miembros de una clase no proletaria o de una raza no aria, están equivocados porque son extraños; los opositores de origen proletario o ario están equivocados porque son traidores.  Lo que los Nazis tomaron prestado de Marx, por Ludwig von Mises.

Arturo J. Sol órzano
Mayo de 2019

 

APÉNDICE

Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas

Karl Marx y la Conclusión de su Sistema o La Conclusión del Sistema Marxiano

Wicksteed sobre la plusvalía

La crítica de Schumpeter a la teoría económica de Marx

Refutación a las teorías del valor trabajo y de la explotación de Marx – Juan Ramón Rallo

El atractivo principal que para muchos tiene la doctrina elaborada por Karl Marx se basa en haber proveído justificaciones teóricas a las inclinaciones igualitarias y colectivistas: (i) legitimar el papel de víctimas que muchas personas tienen de sí mismos, víctimas de otros que son culpables de su pobreza o su falta de éxito económico al arrebatarles el fruto de su trabajo; (ii) los villanos capitalistas explotadores no tienen ningún mérito ni cualidades personales que  expliquen su progreso económico; (iii) tal sistema de explotación solo conducirá a la concentración de la riqueza en los capitalistas mientras se produce un empeoramiento del  nivel de vida de los trabajadores; (iv) la buena noticia es que ha descubierto las “leyes científicas” que rigen el curso de la historia, que indican que tal sistema llegará a su fin para dar lugar a uno, el comunismo, donde cesa la explotación y todos se reparten por igual lo que el sistema produce, sin importar su capacidad de contribución al mismo.

El andamiaje teórico construido por Marx se basó, principalmente, en su concepción del valor de las cosas, su ley del valor derivado del trabajo y la apropiación del mismo por el capitalista, la teoría de la explotación, la concentración del capital y la reducción de la tasa media de ganancia. La otra base fue el uso de la dialéctica hegeliana para la interpretación de los cambios económicos en la historia que lo llevaron a profetizar la destrucción del capitalismo y su sustitución por el socialismo, como sistema intermedio hacia el comunismo. En este capítulo empezamos por  referirnos a los errores y equivocaciones de la teoría económica de Marx y posteriormente a los que forman parte de su teoría del desarrollo social.

Karl-Friedrich Israel introduce en un artículo una de las críticas más devastadoras de la teoría marxista con las siguientes palabras.

“El segundo y tercer volumen de Kapital de Marx fueron publicados póstumamente bajo la dirección de su estrecho colaborador Friedrich Engels en 1883 y 1894, respectivamente. Es un hecho curioso que para entonces los cimientos subyacentes del sistema económico de Marx, tal como se presentaron en el primer volumen en 1867, estaban completamente obsoletos. En cierto modo, todo el punto de partida del análisis de Marx estaba obsoleto antes de que su final viera la luz del día. Esta obsolescencia no ha impedido en lo más mínimo el tremendo éxito del marxismo en el ámbito político y cultural. La narrativa de la explotación inherente de los trabajadores asalariados por parte de los capitalistas está viva hoy en día, a pesar de un nivel de vida material creciente y de unos servicios tecnológicos cada vez más innovadores que hace tan sólo unos años eran inimaginables.

Marx había reconocido, por supuesto, que el capitalismo mejora el nivel de vida de la gran mayoría de la gente, incluidos los trabajadores. El reconocimiento de Marx es precisamente la razón por la que la idea de que los trabajadores siempre son remunerados a nivel de subsistencia tuvo que ser rescatada mediante la redefinición del concepto de subsistencia. La subsistencia ya no se consideraba una mera supervivencia, sino más bien una vida plena que depende de la etapa de desarrollo económico. Algunos comentaristas críticos han encontrado que esta idea de subsistencia es suficiente para descartar la teoría de la explotación marxista, pero en sentido estricto, el mero hecho de que el nivel de vida material de los trabajadores esté aumentando bajo el capitalismo, no implica en absoluto que los trabajadores no sean explotados. Es muy posible que los trabajadores sigan sin recibir la parte que les corresponde, incluso hoy en día.

Sin embargo, en la medida en que la explotación existe en la sociedad, no emana de ninguna característica inherente a la relación entre capital y trabajo en un orden de libre mercado. Este argumento fue demostrado desde el principio por el gran economista austriaco Eugen von Böhm-Bawerk en su crítica magistral La conclusión del sistema marxiano (1896).

Incluso después de más de 120 años, vale la pena entender la crítica de Böhm-Bawerk, y no sólo porque haya proporcionado varios ejemplos interesantes para los que la teoría del valor-trabajo no parece ser válida. Después de todo, tales ejemplos podrían ser sólo las excepciones que dejan la regla intacta. Vale especialmente la pena leer a Böhm-Bawerk, porque puso al descubierto una contradicción interna que pone en peligro todo el marco marxiano.

Para la vergüenza duradera de todos los autoproclamados marxistas modernos, nadie ha presentado todavía una solución viable a la crítica de Böhm-Bawerk.” Karl-Friedrich Israel. El fin de la teoría de la explotación marxiana

En este video Martin Krause muestra con ejemplos cómo la teoría subjetiva del valor logra lo que no puede explicar la teoría del valor trabajo de Marx.

Eugen Böhm-Bawerk, economista austríaco, describe los errores conceptuales de la teoría del valor-trabajo de Marx.  Los siguientes párrafos resumen lo fundamental de su crítica.

… Marx había enseñado en su primer volumen que todo el valor de las mercancías se basaba en el trabajo incorporado en ellas, y que en virtud de esta “ley del valor” se deben intercambiar en proporción a la cantidad de trabajo que contienen; que, además, la plusvalía o ganancia que obtiene el capitalista era el fruto de la extorsión practicada al trabajador; que, sin embargo, la cantidad de plusvalía no era proporcional a la cantidad total del capital empleado por el capitalista, sino solo a la cantidad de la parte “variable”, es decir, a la parte del capital pagada en salarios mientras que el “capital constante”, el capital empleado en la compra de los medios de producción, no agregó plusvalía. Sin embargo, en la vida diaria, la ganancia de capital es proporcional al capital total invertido; y, en gran parte por esta razón, los productos no se intercambian como un hecho en proporción a la cantidad de trabajo incorporado en ellos. Aquí, por lo tanto, había una contradicción entre el sistema y el hecho que apenas parecía admitir una explicación satisfactoria. La evidente contradicción tampoco escapó al propio Marx. Él dice con referencia a ella: “Esta ley” (la ley, a saber, que la plusvalía es proporcional solo a la parte variable del capital), “claramente contradice toda experiencia prima facie”. Pero al mismo tiempo declara que la contradicción es solo aparente, cuya solución requiere muchos enlaces faltantes, y será pospuesta a volúmenes posteriores de su trabajo. La crítica experta pensó que podría aventurarse a profetizar con certeza que Marx nunca redimiría esta promesa, porque, como trató de demostrarlo de manera elaborada, la contradicción era insoluble. Sin embargo, su razonamiento no causó ninguna impresión en la masa de los seguidores de Marx. Su simple promesa superaba todas las refutaciones lógicas.

… El suspenso se volvió más difícil cuando se vio que en el segundo volumen del trabajo de Marx, que apareció después de la muerte del maestro, no se había hecho ningún intento hacia la solución anunciada (que, según el plan de todo el trabajo, estaba reservada para el tercer volumen), ni siquiera se dio la más mínima indicación de la dirección en la que Marx propuso buscar la solución.

Entre 1885, el año en que apareció el segundo volumen de Capital de Marx, y 1894, cuando salió el tercer volumen, se realizó un concurso de ensayos de premios sobre la “tasa de ganancia promedio” y su relación con la “ley del valor” [al que Friedrich Engels había convocado] para intentar resolver el problema “cómo, no solo sin contradecir la ley del valor, sino incluso en virtud de ella, se puede y se debe crear una tasa de beneficio promedio igual“. … Según el punto de vista de Friedrich Engels … nadie logró llevarse el premio. Eugen Böhm-Bawerk. Karl Marx and the Close of His System.

Con esta introducción al problema insoluble de que en la realidad verificable los productos no se intercambian por un valor que está en proporción a la cantidad de trabajo incorporado en ellos y que por tanto invalida el concepto de plusvalía, Böhm-Bawerk procede a realizar un análisis detallado de la construcción lógica que sigue Marx, desde la definición de mercancía, la distinción entre valor de uso y valor de cambio, el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir la mercancía, el concepto de plusvalía generada por la fuerza de trabajo, la tasa de plusvalía y la tasa de ganancia.

Luego pasa a exponer los errores lógicos de esa construcción teórica, tales como la falta de pruebas empíricas con información de la realidad; la exclusión inicial, per se, del análisis del efecto de la oferta y la demanda en el valor de cambio; el uso de una prueba negativa –por exclusión arbitraria de propiedades-, en lugar de positiva, para encontrar el factor común que explicaría el valor de cambio de las mercancías; la exclusión del factor cualitativo, tanto del trabajo como de las mercancías; la falacia del trabajo simple (no calificado) para calcular el tiempo de trabajo incorporado y por tanto el valor de las mercancías; los errores de método al ignorar en la investigación científica el mismo punto que exige explicación; la contradicción entre la ley del “precio de producción” y la “ley de valor”; el posterior análisis superficial y forzado de la competencia, la oferta y la demanda; la contradicción con su tesis original y la admisión de que las mercancías se intercambian pricipalmente según sus precios de producción debido a la competencia (oferta y demanda); y la inconsistente descripción de los factores que rigen el valor de mercado, entre otros.

En fin, un análisis crítico de alta calidad científica que desmenuza, parte por parte, las teorías expuestas por Marx en los tres volúmenes de El Capital, señalando los errores, inconsistencias, contradicciones y falacias existentes en la obra, y

que, desde el principio, su argumento no es natural y no se adapta al carácter del problema; y, además, que la evidencia que Marx presenta en su sistema claramente no es la misma por medio de la cual él mismo llega a sus convicciones, sino que posteriormente se consideró como un apoyo artificial para una opinión que se derivaba previamente de otras fuentes; y finalmente, y este es el punto más decisivo, que el razonamiento está lleno de las fallas más obvias de lógica y método que lo privan de toda fuerza. … Sin embargo, lo que diré es que nadie, con una mente tan poderosa como Marx, ha exhibido una lógica tan continua y tan palpablemente errónea como lo demuestra en la prueba sistemática de su doctrina fundamental.” Böhm-Bawerk. Idem.

Otros dos párrafos resumen la crítica de Böhm-Bawerk:  

…De tal naturaleza son el razonamiento y el método empleado por Marx al introducir en su sistema su proposición fundamental de que el trabajo es la única base de valor. En mi opinión, es bastante imposible que este hocus-pocus dialéctico constituya el fundamento y la fuente de las propias convicciones de Marx. Hubiera sido imposible para un pensador como él (y lo veo como una fuerza intelectual del más alto orden), haber seguido métodos tan tortuosos y antinaturales si hubiera estado involucrado, con una mente libre y abierta, en realmente investigar las conexiones reales de las cosas y formar sus propias conclusiones con respecto a ellas; hubiera sido imposible para él caer sucesivamente por simple accidente en todos los errores de pensamiento y método que he descrito, para llegar a la conclusión de que el trabajo es la única fuente de valor como la consecuencia natural, no el resultado deseado y predeterminado, de tal modo de investigación.

…Aquí yace [en el décimo capítulo del tercer volumen de El Capital], creo, el Alfa y la Omega de todo lo que es falaz, contradictorio y vago en el tratamiento de su tema por parte de Marx. Su sistema no está en contacto cercano con los hechos. Marx no ha deducido de los hechos los principios fundamentales de su sistema, ya sea mediante un empirismo sólido o un análisis económico-psicológico sólido; pero lo encuentra en un terreno no más firme que una dialéctica formal. Esta es la gran falla radical del sistema marxista en su nacimiento; de él todo lo demás surge necesariamente. El sistema funciona en una dirección, los hechos van en otra; y cruzan el curso del sistema a veces aquí, a veces allí, y en cada ocasión la falla original engendra una falla nueva. El conflicto entre el sistema y los hechos deben mantenerse apartados de la vista, de modo que el asunto esté envuelto en la oscuridad o la vaguedad, o se dé vuelta y se retuerza con los mismos trucos de dialéctica que al principio; o donde nada de esto sirve tenemos una contradicción. Tal es el carácter del décimo capítulo del tercer volumen de Marx. Trae la mala cosecha diferida durante mucho tiempo, que creció por necesidad de la mala semilla. Eugen Böhm-Bawerk. Karl Marx and the Close of His System.

Una traducción al español está en el Apéndice: Karl Marx y la Conclusión de su Sistema o La Conclusión del Sistema Marxiano

Otro crítico de la teoría del valor trabajo de Marx es Phillip Wiksteed, quien argumenta que solo si la fuerza de trabajo pudiera cambiarse para producir más fuerza de trabajo, en lugar de para producir otras mercancías, su valor estaría relacionado con el tiempo necesario para producirla, es decir, con el costo de producir y reproducir al trabajador. Ver la argumentación en el apéndice Wicksteed sobre la plusvalía.

La principal crítica que Joseph Schumpeter hizo a la teoría del valor trabajo se centra en la imposibilidad de calcular el valor de la fuerza de trabajo, que Marx considera una mercancía,  ya que los trabajadores, a diferencia de las máquinas, no son “producidos” de acuerdo con cálculos racionales de costos.  A continuación los párrafos esenciales sobre este tema. Una ampliación de este tema está en La crítica de Schumpeter a la teoría económica de Marx.

“… Todo el mundo sabe que esta teoría del valor es insatisfactoria. … Para la economía como ciencia positiva, sin embargo, que tiene que describir o explicar los procesos reales, es mucho más importante preguntar cómo funciona la teoría del valor trabajo como una herramienta de análisis, y el verdadero problema con ella es que lo hace muy mal.

Para empezar, no funciona en absoluto fuera del caso de competencia perfecta. En segundo lugar, incluso con una competencia perfecta nunca funciona sin problemas excepto si el trabajo es el único factor de producción y, además, si el trabajo es todo de un tipo.

…La teoría que la reemplazó, en su forma más antigua y ahora anticuada, conocida como la teoría de la utilidad marginal, puede reclamar superioridad en muchos aspectos, pero el verdadero argumento es porque es mucho más general y se aplica igualmente bien, por un lado, a los casos de monopolio y competencia imperfecta y, por otro lado, a la presencia de otros factores y de trabajo de muchos tipos y cualidades diferentes.

… [Según Marx]  El cerebro, los músculos y los nervios de un obrero constituyen, por así decirlo, un fondo o un stock de mano de obra potencial (Arbeitskraft, generalmente traducido no muy satisfactoriamente como fuerza de trabajo). Este fondo o acervo que Marx considera como una especie de sustancia que existe en una cantidad definida y que en la sociedad capitalista es una mercancía como cualquier otra. 

… Ahora bien, dado que el trabajo en ese sentido (no el servicio de trabajo o la verdadera hora-hombre) es una mercancía, la ley del valor debe aplicarse a ella. Es decir, debe, en equilibrio y competencia perfecta, obtener un salario proporcional al número de horas de trabajo que entró en su “producción”. Pero, ¿qué número de horas de trabajo entra en la “producción” del stock de mano de obra potencial que se almacena dentro de la piel de un obrero? Bueno, el número de horas de trabajo que se necesitaron y necesitan para levantarse, comer, vestirse y albergarse el obrero. Esto constituye el valor de ese acervo, y si vende partes de él, expresados en días, semanas o años, recibirá salarios que corresponden al valor del trabajo de esas partes así como un comerciante de esclavos que vende un esclavo recibiría en equilibrio un precio proporcional al número total de esas horas de trabajo. 

…La teoría del valor del trabajo, incluso si pudiéramos concederla válida para cualquier otra mercancía nunca se puede aplicar a la mercancía trabajo, ya que esto implicaría que los trabajadores, como las máquinas, son producidos de acuerdo con cálculos racionales de costos. Como no lo son, no hay ninguna justificación para asumir que el valor de la fuerza de trabajo será proporcional a las horas-hombre que entran en su “producción”. ”  Joseph A. Schumpeter. “Capitalism, Socialism, and Democray” (1943)

Luego, Schumpeter analiza la teoría de la “explotación” marxista, de la concentración del capital, los ciclos económicos y su aporte al análisis histórico.

“Debe observarse, una vez más, que Marx se mantiene así cuidadosamente aparte de todos los tópicos populares que en una u otra forma sostenían que, en el mercado de trabajo capitalista, el obrero es robado o engañado o que, en su lamentable debilidad, está simplemente constreñido a aceptar cualesquiera condiciones que se le impongan. La cosa no es tan sencilla; el obrero obtiene el valor pleno de su potencial de trabajo.

… [Según Marx] Pero una vez que los “capitalistas” han adquirido ese stock de servicios potenciales, están en condiciones de hacer que el trabajador trabaje más horas —prestan más servicios reales— de lo que se necesita para producir ese stock o existencia potencial. Pueden exigir, en este sentido, más horas de trabajo reales de las que han pagado. Dado que los productos resultantes también se venden a un precio proporcional a las horas-hombre que entran en su producción, existe una diferencia entre los dos valores —que surgen de nada más que el modus operandi de la ley marxista de los valores— que necesariamente y en virtud del mecanismo de los mercados capitalistas va al capitalista. Este es el valor de excedente o  plusvalía (Mehrwert). Al apropiarse de él, el trabajo capitalista “explota” al obrero, aunque paga a los obreros no menos que el valor total de su potencial laboral y recibe de los consumidores no más que el valor total de los productos que vende. Una vez más, debe observarse que no hay ningún atractivo para cosas tales como la fijación de precios desleales, la restricción de la producción o el engaño en los mercados de los productos. Marx, por supuesto, no quiso negar la existencia de tales prácticas. Pero las vio en su verdadera perspectiva y, por lo tanto, nunca basó en ellas ninguna conclusión fundamental.

… En primer lugar, la teoría de la plusvalía no hace en nada más fácil la resolución de los problemas aludidos anteriormente, que son creados por la discrepancia entre la teoría del valor del trabajo y los hechos patentes de la realidad económica. Por el contrario, los agudiza, porque, según esta teoría, el capital constante —es decir, el capital que no es de salarios- no transmite al producto un valor superior al .que pierde en su producción; únicamente transmite más valor el capital de salarios y los beneficios obtenidos habrán de variar, por consiguiente, de una empresa a otra, según la composición orgánica de sus capitales. Marx cuenta con la competencia entre los capitalistas para llevar a cabo una redistribución tal de la “masa” total de plusvalía .que cada empresa obtenga beneficios proporcionales a su capital total o que se equiparen los tipos singulares de los beneficios. Vemos, fácilmente, que la dificultad entra en la categoría de los falsos problemas que resultan siempre de los intentos de construcción de una teoría artificiosa y la solución pertenece a la categoría de las resoluciones desesperadas.

…Pero una proposición afín, aunque no idéntica, proporciona a la vez una de las “fuerzas” más importantes de la dinámica de Marx y el eslabón que une la teoría de la explotación y la planta superior del edificio analítico de Marx, denominada, usualmente, teoría de la acumulación.

La parte principal del botín arrancado a la mano de obra explotada (según algunos de sus discípulos, prácticamente todo él) la convierten los capitalistas en capital, esto es, en medio de producción. En sí misma, y prescindiendo del modo de expresión con que la presenta ta fraseología de Marx, ésta no es, por supuesto, más que la afirmación de un hecho bien conocido, descrito por lo general en términos de ahorro e inversión. 

… Al discutir la teoría de la explotación de Marx he subrayado que, en una economía de competencia perfecta, los beneficios de explotación inducirían a los capitalistas a expandir la producción o a intentar expandirla, porque desde el punto de vista de cada uno de ellos esto significaría más beneficio. Ahora bien: para conseguirlo tendrían que acumular. Además, el efecto masivo de este comportamiento tendería a reducir las plus valías a causa de la elevación consiguiente de los tipos de salarios, así como también por una baja subsiguiente de los precios de los productos, lo cual constituye un buen ejemplo de las contradicciones inherentes al capitalismo, que eran tan queridas por el corazón de Marx. Y esta misma tendencia constituirla, también para el capitalista individual, otra razón por la que se sentiría compelido a acumular, aunque, en definitiva, este comportamiento haría, a su vez, empeorar las cosas para la clase capitalista en su conjunto. Habría, por tanto, una especie de coerción hacia la acumulación aun en un sistema estacionario en todo lo demás, el cual, como antes decía, no puede alcanzar un equilibrio estable hasta que la acumulación haya reducido a cero la plus valía y haya destruido así al capitalismo mismo.

Constantemente se dan posibilidades de obtener ganancias produciendo cosas nuevas o produciendo cosas antiguas más baratas. y se atraenJ para ello, nuevas inversiones. Estos nuevos productos y estos métodos nuevos compiten con los productos y con los métodos antiguos, no en término~ de igualdad, sino de ventaja decisiva que puede significar la muerte para los últimos. Así es como penetra el “progreso” en la sociedad capitalista. A fin de evitar ser vendidas a bajo precio todas las empresas se ven constreñidas, en definitiva, a seguir el mismo camino, esto es, a invertir por su parte, y, a fin de poder hacerlo, a reservar parte de sus beneficios, es decir, a acumular. Así, pues, todo el mundo acumula.

Hay, sin embargo, otra fuerza de acumulación mucho más importante y mucho más drásticamente coercitiva. En realidad, la economía capitalista no es ni puede ser estacionaria. Tampoco se expande conforme a un ritmo uniforme. Está, incesantemente, revolucionada desde dentro por un nuevo espíritu de empresa, es decir, por la introducción de nuevas mercancías o nuevos métodos de producción o nuevas posibilidades comerciales en la estructura industrial, tal como existe en cualquier momento. Todas las estructuras existentes y todas las condiciones de la vida económica se hallan siempre en un proceso de transformación. Toda situación es derribada antes de que haya tenido tiempo de desarrollarse plenamente. En la sociedad capitalista el progreso económico significa derrumbamiento. Y, como veremos en la parte siguiente, en un proceso de derrumbamiento funciona la competencia de una manera completamente diferente a como funcionaría en un sistema estacionario, aunque fuese de competencia perfecta.

… basta con que el beneficio de cada empresa singular esté incesantemente amenazado por la competencia efectiva o potencial de nuevas mercancías o nuevos métodos de producción, que, más tarde o más temprano, lo convertirían en una pérdida. Así obtenemos la fuerza impulsora necesaria e, incluso un analogon a la afirmación de Marx de que el capital constante no produce plusvalía -pues ninguna reunión singular de bienes de capital permanece para siempre como una fuente de sobre ganancia- sin tener que apoyarnos en aquellas partes de su argumentación que son de validez dudosa.

Otro ejemplo lo suministra el eslabón siguiente de la cadena de Marx, su teoría de la concentración, esto es, su tratamiento de la tendencia del proceso capitalista a incrementar tanto el volumen de las instalaciones industriales, com9 el de las unidades de intervención. La única explicación que ofrece,  si se la despoja de su fantasía, se reduce a afirmaciones desapasionadas, tales como la de que “la batalla de la competencia se libra mediante el abaratamiento de las mercancías”, el cual “depende, ceteris paribus de la productividad del trabajo”;  de la que ésta depende, a su vez, de la escala de producción, y la de que “los capitales mayores aniquilan a los menores”.

Sin embargo, la admiración que tantos economistas fuera del redil profesan sentir por esta teoría no es injustificada. Para empezar, predecir el advenimiento de las grandes empresas fue, teniendo en cuenta las condiciones del día de Marx, un logro en sí mismo. Pero hizo más que eso. Enganchó perfectamente la concentración en el proceso de acumulación o más bien visualizó el primero como parte del segundo, y no sólo como parte de su patrón fáctico, sino también de su lógica. Percibió correctamente algunas de las consecuencias, por ejemplo, que “la creciente mayor parte de las masas individuales de capital se convierte en la base material de una revolución ininterrumpida en el modo de producción en sí misma”— y otras al menos en una unilateral o distorsionada manera.

Dos elementos más completarán este boceto: la teoría de Marx de Verelendung o, para usar el equivalente inglés que me he atrevido a adoptar, de la pauperización [immiserization en inglés, empobrecimiento en español], y su teoría (y la de Engels) del ciclo económico. En el primero, tanto el análisis como la visión fallan sin remedio; ambos se cuentan en su haber. Marx sin duda sostuvo que en el curso de la evolución capitalista las tasas salariales reales y el nivel de vida de las masas caería para los mejor pagados, y no mejoraría en los estratos peor pagados y que esto no se produciría a través de ningún accidente o medio ambiente circunstancial, sino en virtud de la lógica misma del proceso capitalista. Como predicción, esto era, por supuesto, singularmente calamitosa y los marxistas de todo tipo se han visto en dificultades en un aprieto para salir con bien de las pruebas claramente adversas con que se enfrentaron. Al principio, y en algunos casos aislados incluso hasta nuestros días, mostraron una notable tenacidad al tratar de salvar esa “ley” como una declaración de una tendencia real confirmada por las estadísticas salariales. Después se esforzaron por darle otro sentido, esto es, por referirla no a los tipos de salario real ni a la participación absoluta en la renta de la clase trabajadora, sino a la parte relativa de las rentas del trabajo respecto de la renta nacional total.

Pero el verdadero problema es que la estructura teórica de Marx es cualquier cosa menos confiable en ese sector: junto con la visión, la base analítica es la culpable. La base de la teoría de la pauperización es la teoría del “ejército de reserva industrial”, es decir, del desempleo creado por la mecanización del proceso de producción. Y la teoría del ejército de reserva se basa a su vez en la doctrina expuesta en la de Ricardo en el capítulo sobre maquinaria. En ningún otro lugar — excepto por supuesto la teoría del valor— el argumento de Marx depende tan completamente del de Ricardo sin agregar nada esencial.

Por una parte, Marx exalta indudablemente -aunque con una motivación no del todo adecuada- el enorme poder del capitalisnmo para desarrollar la capacidad de producción de la sociedad. Por otra parte, destaca incesantemente la creciente miseria de las masas. ¿No es la cosa más natural del mundo concluir que las crisis o depresiones se deben al hecho de que las masas explotadas no pueden comprar todo ]o que este aparato de producción constantemente en aumento crea o está en situación de crear y que, por esta y otras razones, que no necesitamos repetir, el tipo de beneficio baja hasta un nivel de bancarrota? Así, pues, parecemos efectivamente arribar. según el elemento que queramos realizar. a las costas de una teoría del infraconsu.mo o a las de una teoría de la superproducción del tipo más vulgar.

… La realidad es que no tenía ninguna teoría sencilla del ciclo económico. Y no puede deducirse lógicamente ninguna siguiendo sus “leyes” de la evolución capitalista. Aun cuando aceptemos su explicación del origen de la plus valía y convengamos en admitir que la acumulación, la mecanización (aumento relativo del capital constante y la superpoblación profundizan inexorablemente la miseria de las masas y se enlazan en una cadena lógica que termina en la catástrofe del sistema capitalista, incluso entonces nos falta un factor que confiera al proceso las fluctuaciones cíclicas, con carácter de necesi dad, y explique la alternación inmanente de las prosperidades y las depresiones.  Indudablemente, tenemos siempre a la mano bastantes accidentes e incidentes a los que asirnos para compensar los defectos de la explicación fundamental.

Además, hace ya tiempo que marxistas, que en lo demás son ortodoxos, han comenzado a poner en duda la validez de la afirmación de que la concentración del dominio industrial es necesariamente incompatible con el sistema funcional del capitalismo. El primero de ellos en proclamar esta duda mediante un razonamiento bien fundamentado fue Rudolf Hilferding, uno de los dirigentes del importante grupo de los neo-marxistas, quien, efectivamente, se inclinó hacia la tesis opuesta a saber: que el capitalismo podría ganar en estabilidad por medio de la concentración.

No es apenas necesario resumir de un modo detallado. Nuestro bosquejo, aunque imperfecto, debe bastar para establecer: primero, que nadie que se interese algo por el análisis puramente económico puede hablar de éxito absoluto de Marx en el dominio económico; seguro de que nadie que se interese algo por las construcciones. atrevidas puede hablar de fracaso absoluto.

En el tribunal que juzga la técnica teórica el veredicto tiene que ser adverso a Marx. La adhesión a un aparato analítico que ha sido siempre inadecuado y que en los propios días de Marx se anticuaba rápidamente; una larga lista de conclusiones que no están bien deducidas o son manifiestamente erróneas; errores que si se corrigieran cambiarían las conclusiones esenciales, a veces, en sus contrarias; todos estos cargos pueden hacerse, con razón, contra Marx en cuanto técnico teórico.

…Por último, la idea de que la evolución capitalista estallará —o superará— las instituciones de la sociedad capitalista (Zusammenbruchstheorie, la teoría de la catástrofe inevitable) ofrece un último ejemplo de la combinación de un non sequitur con una visión profunda que ayuda a rescatar el resultado.

… Estando basada, como está, la “deducción dialéctica” de Marx en el crecimiento de la miseria y la opresión que provocará la rebelión de las masas, es invalidada por el non sequitur que vicia el argumento que era establecer ese inevitable crecimiento de la miseria.

Pero Marx ha logrado efectivamente una cosa de importancia fundamental para la metodología de la economía. Los economistas siempre han utilizado ó bien el trabajo histórico económico realizado por ellos mismos o bien el trabajo histórico de los demás. Pero los hechos de la historia económica se relegaban a un compartimento separado. Si entraban en la teoría era, simplemente, desempeñando el papel de ilustraciones o posiblemente el de verificación de las conclusiones. Se mezclaban con ella sólo mecánicamente.

Ahora bien: la mezcla de Marx es una mezcla química, es decir. que él introdujo los datos históricos en el mismo razonamiento del que deriva sus conclusiones. Fue el primer economista de rango superior que vio y enseñó, sistemáticamente, cómo la teoría económica puede convertirse en análisis histórico y cómo la narración histórica puede convertirse en histoire raisonnée.  El problema análogo con relación a la estadística no intentó resolverlo. Pero, en cierto sentido, está implícito en el otro. Esto también responde a la cuestión de en qué medida la teoría económica de Marx, de la manera como se expuso al final del capítulo anterior, consiguió apuntalar su andamiaje sociológico. En esto no tuvo éxito; pero al fracasar no sólo señaló una meta, sino que fundó, también, un método.” Joseph A. Schumpeter. “Capitalism, Socialism, and Democray” (1943)

Por su parte, Juan Ramón Rallo, economista español, ofrece un análisis de los errores cometidos por Marx en la construcción de su teoría del valor-trabajo, en el cual resalta la renuencia de Marx a reconocer el papel del empresario en la creación de valor y adjudicarle todo a los trabajadores. 

Un resumen de las principales críticas de Rallo son las siguientes.: 

El primer error o primer problema: la arbitraria selección que efectúa Marx de cuál es el denominador común de las mercancías que participan en un intercambio. Recordemos que Marx afirma que los mercancías que son intercambiadas sólo tienen en común ser fruto del trabajo humano, pero esto es evidentemente falso. La propiedad verdaderamente relevante que tienen en común dos mercancías intercambiadas no es o no son, ni sus propiedades naturales ni el ser fruto de la energía sino que son mercancías, son bienes relativamente escasos con respecto a las necesidades humanas que pueden satisfacer. Es decir, la característica común es la utilidad de las mismas, no el trabajo humano. Esto se demuestra en el caso de una mercancía producida por animales o por robots y en los casos de todo aquello que no es reproducible mediante el trabajo humano. El valor de cambio está determinado por la utilidad de las mercancías.

El segundo error: el tiempo de trabajo socialmente necesario, que como sabemos es lo que determina el valor de cambio de las mercancías es un concepto vago y endógeno a la demanda. Porque no existe una unidad homogénea de trabajo abstracto al que reducir los distintos trabajos concretos y heterogéneos que tienen lugar dentro de una economía. Marx  considera que el trabajo más complejo, por ejemplo, el de un cirujano, es igual sólo a un trabajo simple potenciado o más bien multiplicado, de suerte que una pequeña cantidad de trabajo complejo equivale a una cantidad mayor de trabajo simple. El problema es que cómo establecemos la relación multiplicada que existe entre el trabajo simple por ejemplo de un granjero y el trabajo complejo de un cirujano? Lo que nos dice Marx es que tenemos que comparar los valores de cambio del producto de su trabajo. El problema de esto es que los diferenciales de intensidad de trabajo no pueden medirse por los diferenciales de los precios de mercado de las mercancías producidas. Y por qué razón no podemos hacer esto? Que es lo que nos sugiere Marx? Que el valor no es directamente observable en el mercado. Lo que observamos en el mercado son los precios de mercado y en el volumen tercero Marx nos dice que los precios de mercado no reflejan necesariamente el valor. Por tanto, apelar al tiempo de trabajo socialmente necesario para aproximar el valor de cambio de una mercancía por necesidad sea un concepto muy vago, muy indefinido, porque las distintas obras de distintos trabajadores no valdrán lo mismo y no tendremos forma de saber cuánto vale cada una de ellas porque los precios de mercado no serán un indicador para conocer esto.

El tercer problema, el tercer error, es que es solo el trabajo es fuente de valor. Para Marx, sólo el trabajo humano, como ya hemos dicho, es capaz de generar nuevo valor de cambio. Ni los animales ni los robots pueden generar un nuevo valor de cambio. Para Marx, los animales o los robots, únicamente trasladan el valor de cambio que incorporaban cuando fueron producidos a su vez a través del trabajo. Al final lo que está haciendo Marx sin explicitarlo claramente, es imputarle al trabajador toda la ganancia de productividad que se pueda derivar de un cambio de una mejoría en la estructura productiva.  

Marx  dice que todos los trabajadores tienen que soportar el coste de la gestión empresarial. … Cómo sabe Marx que se está sobre remunerando a los capitalistas? Pues realmente no lo sabe. Cuál es la intensidad del trabajo de los capitalistas en relación con la intensidad del trabajo de los trabajadores? La intensidad del trabajo coordinador, de un capitalista puede ser un múltiplo gigantesco de veces la intensidad del trabajo de un trabajador raso. … Si no atendemos a esta literalidad de la teoría del valor trabajo pues simplemente no sabemos cuál es el valor que está generando un capitalista como coordinador. De hecho esto lo descubrimos a través del proceso de competencia: Si un capitalista genera mucho valor en alianza en trabajo conjunto con un trabajador esa empresa logrará muchos más beneficios que otra empresa que no incorpora ese capitalista. El hecho diferencial entre una empresa y otra será el capitalista y si  la empresa que incorpora ese capitalista gana mucho más dinero es porque diferencialmente ese capitalista genera mucho más valor que el otro merced a su mayor habilidad.

En definitiva, la teoría del valor trabajo es errónea por las razones que hemos explicado, una serie de supuestos totalmente arbitrarios y en parte contradictorios que adopta más para terminar defendiéndola y a su vez, la teoría de la explotación también es errónea no sólo porque la teoría de valor trabajo lo es, … pero incluso aceptando la teoría del valor trabajo, la teoría de la explotación es errónea porque al final se niega a reconocer la contribución que desarrolla el capitalista dentro del proceso productivo. Refutación a las teorías del valor trabajo y de la explotación de Marx – Juan Ramón Rallo.

Richard M. Ebeling refiere que uno de los principales error es de la teoría económica marxista fue basarla exclusivamente en la parte “material” de las relaciones económicas.

Los economistas clásicos distinguieron entre lo que llamaron intereses y motivos “materiales” y “no materiales”. El concepto central del enfoque “clásico” era que la economía como campo de estudio era la ciencia de la producción y distribución de la riqueza. Es decir, las actividades materiales del hombre en la búsqueda de su supervivencia y mejora.

El “giro” de Marx en este enfoque, como hemos visto, fue su argumento de que el lado material de la vida del hombre (es decir, su [modo de] producción) era el ingrediente determinante para establecer y dictar todas las demás relaciones sociales, políticas y económicas en la sociedad. Las “relaciones de producción” (la tecnología dominante y las formas físicas de capital en las que se encarnaba) determinaron la “superestructura” del orden social en la forma de sus instituciones y relaciones humanas. …

A finales del siglo XIX, los economistas vieron cada vez más el concepto de escasez como un elemento central para la comprensión económica. La economía se reformuló como el estudio del principio del comportamiento económico bajo la restricción de medios insuficientes para satisfacer todos los fines del deseo.

En las décadas de 1920 y 1930, los economistas desarrollaron un enfoque que extendió y refinó la idea de la economía aún más. Especialmente a través de los escritos de varios economistas de la escuela austriaca, en particular, Ludwig von Mises, Hans Mayer y Richard Strigl, y el economista británico, Lionel Robbins, la economía llegó a ser vista como la lógica de la acción y la elección: lo que delinea un campo de investigación para el análisis económico no son los motivos particulares por los cuales los individuos emprenden acciones, es decir, objetivos “materiales” versus algunos objetivos “no materiales”, sino las relaciones particulares que imponen un “aspecto económico” a toda acción humana: eso constituye la necesidad de seleccionar entre todos y cada uno de los fines alternativos cuando los medios son insuficientes para cumplir con todos los objetivos o propósitos para los cuales podrían aplicarse.

En esto, el individuo compara todo tipo de fines, independientemente de su contenido. Por ejemplo, la escasez de tiempo requiere una elección entre “trabajar por dinero” en lugar de hacer “trabajo de caridad”. O elegir entre “pan” y “honor”. Por lo tanto, no hay nada distinto sobre el “lado material” de la vida, aparte de la manera en que los medios pueden usarse para perseguir un conjunto de fines, en lugar de otros.

… De hecho, cuanto más se desarrolla la sociedad en términos del aumento del nivel de vida material, menos importante se vuelve la búsqueda de fines “materiales” en sentido estricto (comida, vivienda, ropa). Cuanto más productiva es la sociedad, más se satisface este tipo de fines para la gran mayoría de las personas. Como resultado, los intereses y deseos de las personas cambian a otros “márgenes” de interés y deseo, por ejemplo, “estilos de vida”, “arte”, una amplia variedad de usos personales y cambiantes de los medios cada vez más disponibles para diversos refinamientos y placeres de la “buena vida”.

Es el capitalismo, en otras palabras, lo que aumenta la capacidad de un número cada vez mayor de personas para contemplar cómo distribuir su mayor cantidad de “tiempo libre” entre los fines deseables alcanzables (tal vez, para usar la frase de Marx, para ir a “pescar en el mañana” y “cazar por la tarde”…). Por lo tanto, es el capitalismo el que proporciona los medios para que las personas tengan más tiempo y más medios para lo que Marx llamó “acción autónoma”. Richard M. Ebeling. Karl Marx’s Ideas and Errors About Capitalism and Markets

La alemana Gran Enciclopedia de la Economía, describe el abandono de la teoría del valor trabajo por los economistas posteriores a Marx, como explicación para la formación de los precios, debido a los errores y contradicción en la teoría marxista antes señalados por Böhm-Bawerk.

La economía neoclásica y, en particular, la revolución marginalista supuso un cambio de rumbo considerable en la utilización del concepto de valor. El neoclasicismo abandona la teoría del valor-trabajo y la sustituye por la teoría subjetiva del valor, que explica por medio de una combinación de escasez y utilidad [Desarrollada originalmente por Carl Menger (1840-1921)]. William Stanley Jevons (1835-1882) se deshizo de la paradoja smithiana de discrepancia entre el valor de uso y el valor de cambio apelando al concepto de grado de utilidad final (utilidad marginal). El valor de uso de los economistas clásicos se corresponde con el concepto de utilidad total del bien, mientras que el intercambio de un bien por otro se establece en términos de utilidad marginal, que disminuye al aumentar la cantidad del bien intercambiado.

ni la cantidad de trabajo requerida para la producción o reproducción de un bien ni otros bienes constituyen el factor determinante del valor. La medida viene dada por la magnitud de la significación de [el valor que asignamos a] aquella necesidad para cuya satisfacción dependemos y sabemos que dependemos de la disposición [uso o goce] de un bien. Carl Menger. Principios de Economía Política (1871).

La teoría económica neoclásica es una teoría de la formación de los precios y del funcionamiento de los mercados. La teoría de la distribución es para el neoclasicismo una prolongación de la teoría de los precios; en equilibrio el precio de cada factor productivo es igual al valor de su productividad marginal. Los economistas neoclásicos relegan el concepto de valor al campo de la psicología y centran su atención en la teoría de la formación de los precios. Los precios que, bajo la óptica del equilibrio parcial, son el resultado del equilibrio entre la oferta (detrás de la cual está el costo o sacrificio que la producción del bien implica) y la demanda (detrás de la cual está la utilidad o satisfacción que el consumo del bien reporta) son las expresiones monetarias de los valores de las cosas, de los bienes y servicios intercambiados en el mercado.

La ley de la oferta y la demanda además de ser la ley de la formación de los precios ha pasado a ser con los economistas neoclásicos la ley de la determinación del valor de las cosas. La teoría del valor-trabajo continúa siendo utilizada hoy día por los economistas neo-marxistas y pos ricardianos. Die Größe Enzyklopädie der Wirtschaft. Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas.

Aunque los economistas posteriores a Marx de todas las escuelas económicas y de todas las épocas –exceptuando a los marxistas por supuesto- hayan demostrado que la teoría del valor-trabajo fue superada como explicación del precio de las cosas, y que la ley de la oferta y la demanda, se reconoce como la ley que explica la determinación de los precios; mucha gente piensa que sigue siendo válida la teoría de la explotación de los trabajadores –basada en la teoría del valor trabajo, desarrollada primeramente por David Ricardo y luego por Karl Marx como base para construir su teoría del funcionamiento del capitalismo y la inevitabilidad de su reemplazo por un sistema superior: el comunismo-. 

En efecto, la teoría del valor trabajo como explicación del precio y valor de las cosas, solamente se aborda en las clases de economía de la universidad y si el análisis lo hace un profesor de ideología marxista, socialista o de izquierda, tratará de acomodarlo para sustentar sus ideas. De este asunto teórico pocos se ocupan. La posterior demostración de la inutilidad de la teoría marxista del valor,  realizada por los más prestigiados economistas y académicos del mundo no es conocida por la inmensa mayoría de personas.

Como hemos visto, la teoría del valor trabajo de Marx establece que el valor de los bienes y servicios viene dado por el valor del trabajo incorporado en su producción, pero que los trabajadores solamente reciben una parte del valor de los mismos y que el empresario se apropia del resto.

Marx sostuvo que la fuerza de trabajo tenía un valor de uso (rendimiento obtenido por el capitalista) superior al valor de cambio (salario pagado por el capitalista); esa diferencia constituye la plusvalía que es la ganancia de la que se apropia el capitalista. Para Marx el valor de un bien depende del trabajo socialmente necesario para producirlo.

El postulado de Marx no era útil para explicar el comportamiento de los precios en la vida real, por lo que posteriormente los economistas abandonan la teoría del valor-trabajo y la sustituyen por la teoría subjetiva del valor, que explica que el valor es determinado por medio de una combinación de escasez y utilidad y por el concepto de grado de utilidad final (utilidad marginal), desarrollada por Carl Menger, William S. Jevons, León Walras y Alfred Marshall en el último cuarto del siglo XIX. El valor de uso se corresponde con el concepto de utilidad total del bien, mientras que el valor de cambio de un bien por otro se establece en términos de utilidad marginal, que disminuye al aumentar la cantidad del bien intercambiado.

Hans-Hermann Hoppe explica que la  falla en la teoría marxista de la explotación es que Marx obvia el axioma de “preferencia intertemporal” como una categoría básica de acción humana.  Pero antes de entrar a  este punto, como antecedente, Hoppe aborda el concepto de explotación en la obra de Marx.

“Según Marx, los sistemas pre-capitalistas como el esclavismo y el feudalismo estaban caracterizados por la explotación. Cierto. En ambos sistemas los intereses del explotado y el explotador son antagonistas. El esclavo no puede ganar en un intercambio que no es libre, y por tanto el beneficio del explotador es la pérdida del explotado [un juego de suma cero]. Lo mismo se puede decir del señor feudal que extrae rentas de las tierras que el campesino legítimamente se apropió con su trabajo. Las ganancias del ‘lord’ son las pérdidas del campesino.

Y es claro que ambos sistemas impedían el desarrollo de mejores formas productivas. El esclavo y el siervo no eran tan productivos como hubieran podido serlo en ausencia de tales sistemas. Si al esclavo le hubieran ‘pagado’ según su productividad, entonces hubiera trabajado con más ganas.

Pero Marx sigue creyendo que las condiciones no han cambiado en el capitalismo. En el capítulo 24 del Capital —”Sobre la Apropiación Originaria”— Marx da un recuento histórico de cómo el capitalismo emergió a partir de conquistas, robos y asesinatos. De la misma forma, en el capítulo 25, “Sobre la Teoría Moderna del Colonialismo”, la invasión del tercer mundo es fuertemente enfatizada. Todo eso es correcto, nadie puede negar la conquista imperialista. Pero no tiene nada que ver una invasión violenta con intercambio voluntario [Capitalismo].

En este punto Marx entra en un juego lógico. A través de recuentos históricos y apelando a la indignación de los lectores frente a la forma en que unas riquezas capitalistas fueron creadas, Marx mueve la discusión en su favor con un tema que no era su tesis básica. Marx no explica el origen de la propiedad ‘limpia’, es decir, la propiedad que fue adquirida por apropiación originaria cuando un hombre cultivó una tierra antes no poseída por nadie. Marx simplemente describe el robo de propiedad, pero no el origen. No habla de la propiedad que no fue robada a nadie. Según Marx, el hombre que adquirió propiedad limpiamente —porque antes no había sido poseída por nadie— sigue siendo un explotador sin importar que ahora las transacciones sean voluntarias entre hombres libres.

Esto me hace recordar la famosa afirmación de Proudhon de que la propiedad es robo. Eso es una contradicción porque todo robo presupone propiedad.

¿Cuáles son las ‘pruebas’ que Marx presenta para demostrar que el capitalista sigue siendo un explotador? [Y Marx consideraba esto su mayor aporte al análisis económico].

Su prueba de esto es que el salario es menor que el precio de venta del producto. Por ejemplo, si el obrero crea valor trabajando por 5 días, sólo recibe el valor de tres días de trabajo. El resto del valor creado -la plusvalía- es apropiado por el capitalista, luego —según Marx— se prueba que hay explotación. Esa explicación es incorrecta.

¿Qué está mal en ese análisis? La respuesta es clara cuando uno se pregunta: ¿por qué el obrero acepta tal oferta?

Que el obrero no reciba el valor completo de su trabajo no tiene nada que ver con explotación sino que es un reflejo de su preferencia intertemporal.”

Qué es la preferencia intertemporal? “Preferir lo que puede obtenerse en el presente para satisfacer una necesidad inmediata en lugar de lo que puede tenerse en el futuro aunque tenga mayor valor. El hombre prefiere más a menos, cierto. Pero el hombre está restringido por su consumo para mantenerse vivo.  Nadie que tiene la comida contada dejaría de comer un pan hoy para recibir un pan dentro de un mes” , pero sí podría limitarse para recibir dos panes. Y así aparece la categoría de interés. Es una característica propia de la acción humana.”  

Si el obrero quiere recibir el fruto completo de su trabajo, entonces necesita esperar más tiempo ya que al no aceptar el empleo, el obrero puede dedicarse a producir para él mismo. Y al final no recibiría tres días de paga salarial, sino que recibiría los cinco días de valor que le corresponde. Pero tiene que esperar más. El obrero acepta porque el salario que recibe representa bienes de consumo presente, mientras que su trabajo representa bienes de consumo futuro.”

La diferencia en el precio de venta de un producto y el costo de los factores para producirlo siempre será —y tiene que ser— positiva dada la preferencia de consumo en el tiempo.

Si el empresario no estuviera seguro de que puede recibir algo más en el futuro, simplemente no produciría nada. De la misma forma, el obrero sabe que puede recibir más bienes en el futuro, pero lo que le interesan son los bienes en el presente.

¿Por qué el obrero decide intercambiar? El obrero, como el resto de hombres, decide intercambiar porque a través del intercambio mejora su situación.

Si tengo sed, y el vendedor de la esquina me ofrece una Coca-Cola por medio dólar, al comprar la Coca-Cola demuestro que saciar mi sed vale más para mí que el medio dólar. Mientras que para el vendedor mi medio dólar vale más que la Coca-Cola, que obviamente le costó menos de medio dólar. Al final ambas partes han ganado porque ambas partes han obtenido más por algo que valoraban menos. Si no hubiera beneficio para ambas partes el intercambio voluntario sería imposible. A partir de este ejemplo podemos observar también que ‘el valor’ se crea en la cabeza de los individuos.

¿Y por qué el obrero acepta intercambiar su salario —una cantidad menor de bienes- por una cantidad mayor de bienes— el fruto completo de su trabajo?  Por el tiempo que tardarán en llegar los bienes futuros.

¿Por qué el capitalista está dispuesto a adelantar pagos salariales por un producto que estará listo mucho después? Obviamente el capitalista, no pagaría $100 hoy para recibir los mismos $100 luego de un año. En ese caso sería mejor no entrar en negociaciones con nadie y tener absoluto control sobre los $100. El capitalista espera recibir más dinero en el futuro.

Por tanto, Hoppe concluye que “Lo que está mal en la teoría de Marx es que él no comprende el axioma de “preferencia intertemporal” como una categoría básica de acción humana.

Que el obrero no reciba el valor completo de su trabajo no tiene nada que ver con explotación sino que es un reflejo de su preferencia intertemporal, la idea de que es imposible para el hombre recibir la misma cantidad de un bien hoy y dentro de 3 años a menos que esté descontada por un valor. Es imposible para el hombre intercambiar bienes presentes y bienes futuros al mismo valor, sino que tiene que descontarlos.” Hans-Hermann Hoppe.  Economía y Ética de la Propiedad Privada. 2da. Ed.

Por tal razón, la relación entre el empresario y el empleado es de mutuo beneficio, no una de explotación. 

Contrario a lo que ocurre en esclavitud donde el esclavista se beneficia a expensas del esclavo, la relación entre el capitalista y el empleado es mutuamente beneficiosa. El empleado entra al acuerdo porque, dada su preferencia de tiempo, él prefiere un monto menor de bienes hoy frente a un monto mayor de bienes en el futuro. Y el capitalista entra en el acuerdo porque, dada su preferencia intertemporal, él tiene una preferencia intertemporal en reversa y valora un mayor monto de bienes en el futuro más que una menor cantidad de bienes en el futuro. Los intereses no son antagonistas sino armoniosos. Si el capitalista no tuviese preferencia intertemporal, el empleado estaría peor, porque tendría que esperar más de lo que está dispuesto a esperar para recibir el fruto de su trabajo. Y si el empleado no tuviese preferencia intertemporal, el capitalista estaría peor porque tendría que recurrir a procesos más largos e ineficientes de producción. Pero con el intercambio ambas partes ganan.” [Ibid.]

La falacia de la teoría del valor trabajo puede demostrarse observando lo que sucede en la vida real. Cuando se inventa un nuevo bien o servicio, lo que convencionalmente se llama innovación, término definido en “Guidelines for Collecting and Interpreting Innovation Data. A joint publication of OECD and Eurostat”, 2005, más conocido como el Manual de Oslo, se crea un nuevo valor agregado, adicional a la suma de los valores agregados de las partes o componentes del nuevo producto. El concepto de valor agregado comprende las remuneraciones al trabajo, la depreciación, ganancias e impuestos. El Producto Interno Bruto de un país es la suma de los valores agregados de todas las actividades económicas. Por su parte, las innovaciones pueden ser de producto (características del bien o servicio), de procesos de producción o comercialización y organizacionales. Para ser reconocida como tal, una innovación debe pasar la prueba del mercado, es decir, los consumidores pagan por ella.

Puede ser el caso de introducir un nuevo equipo o maquinaria más eficiente que reduce el tiempo de producción, produciendo más unidades del producto en menos tiempo o que reduce el desperdicio o que mejora la el acabado y otras características del producto y le confiere mayor calidad. En cualquier caso, crea mayor valor, independiente del tiempo de trabajo humano, el cual incluso puede reducirse.

Puede ser el caso de introducir un material o componente adicional a un producto existente, que mejora su utilidad, le dota de un uso adicional o le confiere una nueva utilidad. Al hacerlo, se vende por un precio (valor de cambio) que es superior al costo del nuevo material empleado y del trabajo adicional que requiere su introducción en el proceso de producción, usualmente genera una ganancia (excedente de explotación) proporcionalmente superior a la ganancia que se obtenía antes de introducirlo. En otras palabras, genera un valor agregado proporcionalmente mayor al que se generaba antes de realizar la innovación. En este caso, de igual manera, se crea mayor valor, independiente del tiempo de trabajo humano.

Hay miles de ejemplos de estos casos. Veamos uno de ellos para ilustrar este hecho:

Poniéndole cifras al ejemplo (véase la tabla arriba), supongamos de manera simplificada que antes de la innovación, el costo de los materiales empleados (5 o 10 diferentes materiales) era de $50, el de las remuneraciones al trabajo era de $20, la depreciación era de $10 y la ganancia de $20, para un valor total o precio de venta del producto de $100. Luego de la innovación, agregamos $10 por el costo del nuevo material y tenemos un total de costo de materiales de $60, 20% más, y agregamos $5 por aumento de las remuneraciones pagadas (asumiendo que la introducción del material aumenta 25% las horas de trabajo). Para ser consistente, también agregamos un 25% de aumento a la depreciación, con lo que esta llega a $12.50. Sumando los costos llegamos a $97.50, un aumento de 22% sobre el costo total anterior.

Las características del nuevo producto permiten que se pueda vender, digamos, por $125, un 25% más, en lugar de los $100 anteriores, lo cual no es nada inusual para un producto que satisface necesidades adicionales. Se supone que los consumidores están dispuestos a pagar el precio, de lo contrario, la innovación no habrá pasado la prueba de mercado y será un fracaso. Por otro lado, el aumento de 25% en el precio de venta es ligeramente mayor al aumento de 22% en los costos totales, siendo por tanto, modesto y razonable. Esto deja una ganancia de $27.50, superior a los $20 anteriores, un margen adicional de $7.50 o en términos porcentuales, 37.5% adicional. El valor agregado ha aumentado en 30% y ha pasado de representar un 50% del valor total del producto a un 52%.

Aquí podemos deducir que (1) el aumento del valor agregado y de la ganancia depende del nivel de aumento en el precio de venta (valor de cambio) del producto; (2) el precio de venta, está a su vez determinado por (3) cuánto está dispuesto a pagar el comprador por el producto según la utilidad marginal que le asigna para satisfacer sus necesidades o la de otros para los cuales está comprando el producto. Para simplificar, en este punto, no estamos considerando la influencia, en el tiempo, del nivel de oferta y demanda del producto, que también implica un aumento o disminución del precio, según la estructura del mercado (número de oferentes y demandantes del producto), ya que estamos considerando que el producto se produce en las cantidades que demandan los consumidores al momento de poner en el mercado la innovación. (4) El aumento de la ganancia y del valor agregado, por tanto, depende de (3): la utilidad marginal que el comprador le asigna al producto.

Ahora bien, en este ejemplo, el comprador está dispuesto a pagar un 25% más por el producto, que a la empresa le genera un 37.5% de aumento en sus ganancias. Cómo se generó el aumento? Como dijimos, por la introducción de un material adicional que le incorporó nuevas características al producto. Quién debe recibir los beneficios de esta innovación? La o las personas que tuvieron la idea de mejorar las características del producto introduciendo el material adicional. Generalmente, quien toma las decisiones para hacerlo realidad es el dueño o gerente de la empresa. Puede que sea iniciativa de un emprendedor que ha visto la oportunidad de vender un producto con esas características para satisfacer una necesidad y que ha tenido la idea de que incorporando el material adicional, puede hacer tal producto, por lo que inicia una nueva empresa; o puede que sea una idea de alguien en una empresa que ya existe.

En cualquier caso, el dueño de la idea puede proteger su derecho a recibir los beneficios de su explotación registrando ante las autoridades correspondientes la propiedad intelectual. También, en cualquier caso, para que se convierta en una innovación, es necesario llevar la idea a la práctica y pasar la prueba del mercado. Esto exige diversas tareas, como reunir el capital que se necesita, y organizar y administrar los procesos de producción y comercialización. De esta manera, podemos ver claramente que el aumento de valor se debe a la actividad intelectual creativa que origina la innovación y a la actividad intelectual del emprendedor o empresario que lleva a la práctica la innovación, asumiendo el riesgo que conlleva.

Como puede verse, no ha sido entonces el trabajo de los empleados, el que ha causado el aumento del valor del producto. Ellos han recibido un aumento en sus remuneraciones equivalente al aumento de las horas adicionales de trabajo. Los trabajadores no han hecho absolutamente nada en la creación de la innovación ni en su puesta en práctica. El mérito corresponde al innovador y al emprendedor o empresario. Por tanto, es a ellos a los que corresponde cosechar los frutos de su trabajo. 

La pretensión marxista de que el excedente generado por la introducción de innovaciones que aumentan la “productividad del trabajo” es una apropiación forzosa del trabajo de los empleados, la teoría de la explotación, no solo es falsa, sino que es inmoral y anti ética, ya que pretende justificar un despojo arbitrario a los creadores de esa riqueza del fruto de su esfuerzo, para entregarlo a quienes no han hecho nada por crearla.

Las implicaciones de esta teoría no solamente conducen a crear una ideología de condena y desprecio por los innovadores, emprendedores y empresarios, sino también a crear una ilusión de que los trabajadores “explotados”, una vez libres de sus “explotadores” serán capaces de obtener todos los beneficios de los que ahora son despojados. Tal ilusión asume que todas las personas tienen la misma capacidad, los mismos conocimientos, y las mismas habilidades de los innovadores, los emprendedores y los empresarios.  Otra muestra de que la teoría marxista niega las evidencias de la realidad.  De ahí el estrepitoso fracaso donde tales ideas se han implantado.    

La otra falacia está relacionada a la llamada “productividad del trabajo”, un concepto que recogen de la teoría marxista hasta los economistas modernos. La productividad del trabajo es una medida que resulta de dividir el valor de lo producido por el número de personas que trabajaron o el número de horas usadas para producir. Medida de esta manera, la productividad del trabajo atribuye al número de personas o al número de horas trabajadas, las variaciones en la misma. Si aumenta la productividad, es porque el mismo número de personas producen productos con mayor valor o porque trabajaron más, y viceversa. Se hace caso omiso de la fuente de los aumentos en el valor causados por la innovación de productos o procesos.

En el ejemplo que hemos visto, que se trata de una innovación del producto, la productividad del trabajo aumentó 5%, ya que el valor agregado aumentó en 30% y las horas trabajadas en 25%. Pero el aumento del valor agregado no se debió a que los trabajadores fueran más eficientes, sino a la innovación introducida. Es más, el aumento del 5% en la productividad del trabajo se debió al trabajo intelectual involucrado en el desarrollo de la idea inicial y la organización de la puesta en práctica de la innovación (su venta en el mercado), que no se puede atribuir a los trabajadores.

De igual manera, en una innovación del proceso de producción, digamos, por la introducción de un nuevo equipo que realiza el trabajo con mayor rapidez, en menos tiempo, con mayor calidad y menor cantidad de errores y desperdicios, es posible que el mismo número de empleados produzca una mayor cantidad de producto, lo que aumenta el valor agregado, principalmente, en términos absolutos, aunque la disminución de errores y desperdicios también puede aumentarlo en términos relativos. Como resultado, al dividir el valor agregado total creado entre el número de personas, que permanece constante, o el número de horas trabajadas, tenemos un aumento de la productividad del trabajo. De nuevo, en este caso también la productividad del trabajo se ha incrementado debido a la introducción de un equipo más eficiente, no a un aumento de la eficiencia de los trabajadores.

Se puede argumentar que al introducir un nuevo material, un nuevo equipo o un nuevo proceso de producción, se requiere de mayores conocimientos o habilidades por parte de los trabajadores, lo cual es correcto. Normalmente, esa adquisición de conocimientos se hace mediante la capacitación o entrenamiento. De esa manera, se desarrollan nuevas capacidades que normalmente son mejor remuneradas. De este modo, la innovación también produce beneficios para los trabajadores. De aquí surge el concepto de “capital humano” para designar los conocimientos, habilidades y destrezas de las personas que resultan en mejoras a su productividad o eficiencia.

En resumen, la innovación, y especialmente la de carácter tecnológico, la innovación tecnológica, es la fuente principal de la creación de valor en las empresas y en la economía de un país. No es el trabajo físico el que crea valor, es el trabajo intelectual, en la medida en que este se aplica a la creación de innovaciones. No es por tanto casual que el desarrollo económico y la mayor generación de riqueza se haya empezado con la revolución industrial en 1750 y la incorporación de innovaciones en las sucesivas oleadas de revoluciones tecnológicas.

Para un mayor detalle sobre este tema, véase “Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas”.

Walt Whitman Rostow (1916-2003), creador del modelo de desarrollo económico por etapas, hace una crítica de la teoría económica marxista y piensa que el principal error de Marx fue que “no pudo percibir que el cuerpo de pensamiento sobre la sociedad, del que formaba parte la economía clásica, era un credo amplio, complejo y esencialmente paradójico”. El comportamiento humano “se ve no como un acto de maximización” a lo que lo reduce la doctrina marxista, “sino como un acto de equilibrio entre objetivos humanos alternativos y, a menudo, conflictivos e independientes frente a la gama cambiante de alternativas que los hombres perciben como abiertos a ellos”. El comportamiento humano, es pues, complejo, lo que no calza con la visión reduccionista de Marx de clases enfrentadas por maximizar beneficios.

Marx interpretó varias de sus herramientas analíticas esenciales de la economía clásica, tal como la interpretó: una teoría laboral del valor; una ley esencialmente maltusiana de población y oferta de trabajo; y una versión de rendimientos decrecientes, aplicada al capital social. Pero su derivación más importante fue la noción de tratar el comportamiento humano como un ejercicio de maximización de ganancias.

…el desempeño de las sociedades no está determinado únicamente por el lugar de la propiedad ni por la naturaleza de las técnicas de producción. Los sectores de la sociedad interactúan: las fuerzas culturales, sociales y políticas, que reflejan diferentes facetas de la aspiración humana, tienen su propio impacto auténtico en la evolución de las sociedades, incluida su evolución económica. No son una superestructura derivada de la economía. Esta visión altera las etapas específicas de crecimiento alejándose del patrón marxista de maneras bastante particulares.

…ni dentro ni fuera del mercado está el poder de los propietarios como para negar necesariamente a la fuerza laboral una participación en la expansión de la producción una vez que el crecimiento regular comienza con el despegue; y el hecho del progreso, combinado con la urbanización, generalmente ha puesto en marcha una disminución no maltusiana en las tasas de natalidad, tendiendo a reforzar el aumento de los salarios reales.

… con el hecho de un progreso regular en el ingreso, la elasticidad ingreso de la demanda entra en juego como una fuerza independiente, alterando el rango de alternativas percibidas, el patrón de demanda efectiva y la estructura sectorial de la economía; mientras que en el marxismo la elasticidad ingreso de la demanda aparece solo en la forma perversa de aumento del ingreso por plusvalía en manos de una banda cada vez más estrecha de la burguesía, capaz de utilizarla y que solo distorsionará aún más la estructura sectorial de la economía y acelerará su crisis final.

…las elecciones hechas por la sociedad están determinadas por la existencia de procesos políticos y sociales poderosos e independientes donde la influencia efectiva no se ve ponderada por la propiedad; y, especialmente cuando se alcanza la madurez, estas áreas de influencia ayudan a determinar cómo y en qué secuencia se utilizarán los recursos de la economía madura, incluida la posibilidad de un estado de bienestar basado en impuestos progresivos.

…las opciones abiertas a los hombres cuando se alcanza la riqueza parecen incluir pero trascender la visión un tanto romántica de Marx de “el trabajo como una necesidad primordial de la vida”. Existen, como se sugirió anteriormente, las posibilidades de un aumento de la población; espacio exterior; ocio; una elevación de la calidad de vida; o el diablo haciendo trabajo para manos ociosas.

El error básico en el marxismo no es, entonces, un error técnico en su economía; aunque tales errores pueden ser identificados. Al construir sobre la tradición intelectual y moral occidental, no pudo percibir que el cuerpo de pensamiento sobre la sociedad, del que formaba parte la economía clásica, era un credo amplio, complejo y esencialmente paradójico. Como Myrdal y Robbins han señalado en esta generación, el credo individualista-utilitarista defendió los mercados libres y competitivos y la propiedad privada; pero también contenía dentro de sus presupuestos el caso de elecciones libres, en base a un hombre, un voto; para destruir o controlar monopolios; para una legislación social que pondría las consideraciones del bienestar humano frente a los incentivos de ganancias; y, sobre todo, para el impuesto progresivo sobre la renta. W. W. Rostow. The Stages Of Economic Growth. The Economic History Review. Second Series, Vol. XII, No. I 1959.

Hemos visto las principales críticas a la teoría económica de Marx. Ahora veamos cuáles son las principales críticas a la teoría social marxista, aunque ambas están relacionadas.

Un párrafo que resume un elemento fundamental de esa teoría es el siguiente:

En cierto estadio de su desarrollo, las fuerzas materiales de producción entran en conflicto, en la sociedad, con las relaciones existentes de producción, o —lo que no es sino una manera legal de decir lo mismo— con las relaciones de propiedad dentro de las cuales han operado antes. Estas relaciones, que habían sido formas de desarrollo de las fuerzas productivas, se convierten en las cadenas de los hombres. Sobreviene luego la época de la revolución social. Con el cambio de los cimientos económicos, toda la entera e inmensa superestructura queda tarde o temprano enteramente transformada. Karl Marx. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. 1859.

El materialismo histórico es una interpretación de la historia pasada de la cual Marx sacó la conclusión que las sociedades cambiaban como resultado de la lucha de clases y la transformación de las relaciones de producción. Como abstracción obtenida a partir de la evolución histórica pasada, tenía lógica. El problema de esa abstracción es que encasilló los “modos de producción” a épocas pero la realidad es que, si bien tales “modos de producción” se generalizaron o eran predominantes en una época determinada, no es menos cierto que coexistían otros. Ejemplo: el esclavismo fue predominante en una época, pero en esa misma época también habían relaciones de producción feudales y capitalistas, solo que el desarrollo de la tecnología era mucho menor y por tanto no existían las grandes fábricas que Marx usó como ejemplo del capitalismo.

El problema con esa teoría es que es absolutista y etnocéntrica, basada en la historia europea, teniendo poco que ver con la historia económica en el resto del mundo. Esa concepción absolutista llevó a Marx a cometer el error de vaticinar la desaparición del capitalismo y su sustitución por el socialismo y luego el comunismo, un sistema que jamás había existido en la historia de la humanidad, precisamente por su inviabilidad práctica.

De modo que toda la construcción teórica de Marx la hace con ese objetivo, tratando de justificar la supuesta inevitabilidad del comunismo. Su vaticinio de que el desarrollo de las fuerzas productivas llevaría a tal cambio de sistema económico o modo de producción jamás se cumplió. Todos los intentos de implantarlo fueron por la fuerza y demostraron su fracaso para continuar desarrollando las fuerzas productivas.

Pero ¿Es la humanidad llevada a lo largo de un viaje histórico de evolución social por un patrón repetitivo de lucha entre fuerzas internas contradictorias que producen los cambios en los sistemas políticos, económicos y sociales?

Y si es así, ¿deberían tales luchas ser llevadas apelando al uso de la violencia, la humillación, la tortura o la muerte de los adversarios, –tal como el animal por instinto de sobrevivencia en la selva, la estepa o el mar, mata para comer–, rebajando la humanidad a un estadio salvaje? ¿deberían tales muertes, individuales o masivas –genocidios– considerarse solo como “efectos secundarios”, nimiedades, en comparación al fin supremo? ¿cuál es la base moral de tal perversión? ¿hasta dónde puede justificarse un fin superior de beneficio para una sociedad para que un segmento de ella pretenda erigirse en dioses con poder para quitarle la vida a las personas que ven como enemigos? ¿no es acaso propio de mentes enfermas, distorsionadas, obtusas y carentes de empatía cometer crímenes sin tener el más mínimo sentimiento de remordimiento o de pesar por sus víctimas, sino por el contrario, de haber hecho algo bueno?

En sus escritos, Marx y Engels llamaron abiertamente a una revolución para destruir el sistema capitalista. No esperaron lo que su propia teoría establecía, el desarrollo de las fuerzas productivas que produciría contradicciones entre las clases sociales hasta el punto de reemplazar el sistema económico prevaleciente. No había que esperar. En ello iba implícito el uso de la violencia. El desprecio por la vida humana, siempre que fuera de un oponente ideológico o simplemente de cualquiera que se considerase un enemigo, activo o pasivo, es parte de la doctrina marxista de la revolución social, que sus seguidores prácticos llevaron a extremos perversos, solo comparables al holocausto fascista del régimen nazi de Hitler.

El mundo entero ha condenado la estela de muerte dejada por aquellos auto declarados herederos del pensamiento marxista en Rusia, Europa oriental, China, el Sudeste Asiático, África y América Latina, igual que condenó el genocidio en la Alemania fascista, las matanzas étnicas en los Balcanes y Burundi y otras en el pasado reciente que no tuvieron nada que ver con el marxismo.

La historia ha demostrado que la inmensa mayoría de la humanidad tiene una vocación por la paz y el progreso y que las guerras han sido impulsadas por personas mesiánicas y pequeños grupos partidarios de la violencia que desprecian la vida de las personas, que han sabido cómo arrastrar a otros para acompañarlos en sus crímenes, cometidos en nombre de causas religiosas, ideológicas, económicas o raciales.

En la medida en que la civilización ha ido avanzando, en que los avances tecnológicos no solo mejoran continuamente el nivel de vida, sino que difunden más rápida y globalmente las ideas; en la medida en que la globalización ha creado mayor interdependencia económica y los estados-naciones están en parte supeditados a órganos supranacionales, el espacio para los que promueven la violencia como manera de resolver los conflictos se hace cada vez más reducido.

Podemos entonces concluir que la doctrina marxista de la resolución violenta de los conflictos sociales, enunciada como ley científica, no tiene espacio en el mundo de hoy, dadas las evidencias de su culpabilidad como causa originaria de millones de muertes en los países donde se llevó a la práctica.  

Además, ¿no deberían conducir las luchas sociales a elevar la calidad de vida de las personas al mismo tiempo que respetar su individualidad y libertad, eliminando toda clase de opresión o imposición coercitiva que pone límites a la voluntad individual, más que aquellos que afectan los derechos legítimos de los demás?

La abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la construcción del socialismo bajo la dictadura del proletariado, postulados conclusivos de la doctrina social de Marx, condujeron en todos los casos, a dictaduras totalitarias o autoritarias de una elite que se arrogó la representación del proletariado o del pueblo, al culto a la personalidad, a la existencia de un Estado omnipotente que controlaba todos los aspectos de la vida de las personas. Estas fueron características del socialismo real.

Un Estado donde un grupo de burócratas planificaba y dirigía centralmente la economía, decidiendo qué producir, cómo producir y para quién producir, lo que provocó el atraso económico y la insatisfacción de las necesidades de la población. La promesa de la igualdad se cumplió para la gran mayoría de la población, solo que la riqueza resultó tan poca que lo que se igualó fue la pobreza. Sin embargo la elite vivía con las comodidades y lujos que antes los revolucionarios criticaron a la burguesía. Las clases no desaparecieron, sino que cambiaron. Los burgueses fueron sustituidos por la nueva clase de burócratas del partido, gozando de privilegios negados a la mayoría.

Un Estado policíaco que restringe las libertades personales y los derechos humanos y reprime sin miramientos cualquier disidencia u opinión diferente a los dogmas revolucionarios; dogmas y mitos difundidos a través de la educación obligatoria y el adoctrinamiento ideológico en las escuelas y universidades para crear el “hombre nuevo”, de modo que con el cerebro lavado y libre de la ideología “burguesa”, las personas se convirtieran en entusiastas fanáticos que aplaudieran los dictados del partido, o al menos en dóciles y obedientes, pusilánimes o resignados ciudadanos incapaces de desafiar el poder.

De modo que el socialismo real no produjo, ni en lo económico ni en lo social, los efectos que la doctrina marxista había sostenido. Fue un completo fracaso en todos los aspectos y en todos y cada uno de los países donde se ha implementado. Los neo marxistas aducen que el socialismo real, sus características y por tanto su fracaso, no son el resultado de la doctrina marxista, pero las evidencias están ahí: los dogmas de Marx sobre la necesaria abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la dictadura del proletariado, conducida por una vanguardia intelectual, que destruyera a la burguesía, como clase explotadora de los trabajadores, para construir el socialismo, son postulados centrales de la doctrina marxista. Sus seguidores implementaron fielmente estos postulados.

Que Lenin, Stalin, Mao, Honecker, Ceaucescu, Ho-Chi Min, Kim Il Sung, Castro o Chávez hayan impreso al socialismo su sello personal y lo hayan adecuado a las condiciones de sus respectivos países, tal vez alejándose de los deseos de Marx, es otro asunto y es totalmente comprensible, pues Marx nunca llegó a escribir en detalle cómo debía ser la construcción del socialismo, y de haberlo hecho, nunca podría haberse implementado de igual manera en todas partes. Tocó a cada uno adecuarlo a las circunstancias, pero los dogmas en los que se basaron fueron los mismos.

Pero lo que cuenta aquí no son los deseos de Marx, o lo que utópicamente creyó que sería el resultado final de sus teorías –y fue un contrasentido que en su tiempo llamara utopistas a quienes pretendían elaborar una teoría de cómo debía organizarse el socialismo–, sino los resultados reales de su dogma sobre el proceso dialéctico que según él conduce fatalmente al socialismo, etapa intermedia para construir el comunismo el cual como dijo Ludwig von Mises “promete realizar los sueños y los viejos deseos de la humanidad y saciar sus resentimientos innatos. Promete el paraíso terrenal, una Jauja llena de felicidades y de goces, y el regalo más apetitoso para los desheredados: la humillación de todos aquellos que son más fuertes y mejores que la multitud.” 

Max Eastman en Reflections on the Failure of Socialism se refiere a esa utopía: “Era natural que las personas idealistas que habían dejado de creer en el cielo pensaran en alguna esperanza brillante para la humanidad en la tierra.” 

Marx fue un maestro del populismo. Desde la antigüedad ha habido líderes que saben perfectamente que la manera de alcanzar y mantener el poder es diciendo a la gente lo que quieren oir, por irreal o inalcanzable que sea. Expertos en el marketing político. El populista se dirige a las masas, a los pobres que son la mayoría, ofreciendo acabar con la miseria, acabando con los supuestos causantes de la misma, la minoría más pudiente, identificada como el enemigo. Para los comunistas el enemigo es la burguesía. Para los nazis fueron los judíos. En otros casos, se escogen “enemigos” externos. Las masas, en su mayoría ignorantes y con bajo nivel de confianza en sus capacidades individuales, acogen los cantos de sirena del populista como una tabla de salvación.

La popularidad del líder se basa entonces en su capacidad  de convencer a las masas de que la solución para todos sus males es destruir al enemigo. Destruido éste, todo vendrá por añadidura: la riqueza, la abundancia, la felicidad.

El idílico mundo de la sociedad comunista que Bujarin describió en su ABC del Comunismo, jamás fue alcanzado. Durante los 70 años que duró el socialismo real en la Unión Soviética y Europa del Este, los más de 50 años que duró en China, y los más de 70 años que ha durado en Cuba, no se dio la  transición hacia el comunismo, donde el Estado desaparece. Por el contrario, en el socialismo real el Estado se convirtió en la fuente principal de opresión,  control y miseria de la sociedad.  

Si la doctrina marxista erró en cuanto a los resultados que debían producir sus postulados sobre el socialismo y el comunismo, también erró en cuanto a sus predicciones sobre el capitalismo. Veamos los más importantes:

El capitalismo no creó una gran masa de obreros cada vez más pobres. Por el contrario, la pobreza se ha ido reduciendo en el mundo capitalista. China es el ejemplo más reciente de la capacidad del capitalismo para sacar a millones de personas de la pobreza, lo que solo pudo lograr abandonando el sistema socialista.

    1. El capitalismo no creó un “ejército industrial de reserva” o un número de desempleados cada vez mayor. De hecho, hay ciclos económicos de mayor o menor desempleo, pero en los países con economía de mercado y mayor desarrollo económico, la tasa media de  desempleo es cada vez menor.

    2. Las dos primeras predicciones no condujeron a una constante pauperización de los trabajadores, como tampoco a una “sobreproducción” persistente que no encuentra salida en el mercado ante la falta de capacidad de compra de los trabajadores, reduciendo la tasa de ganancia y la reinversión de capital. Al contrario, el crecimiento de las economías de mercado ha sido constante, aunque se registran mayores tasas de crecimiento en las economías emergentes que en las economías maduras y se da un movimiento internacional de capitales de estas hacia las primeras.

    3. La división del trabajo y la especialización no condenó a los trabajadores a la “inmovilidad” y la “degeneración”, “fomentando artificialmente una de sus habilidades parciales”. La división del trabajo existe desde tiempos remotos, mucho antes de que existiera el capitalismo. Sin ella, aún estaríamos en la era de las cavernas. Por otro lado, el desarrollo de la tecnología ha liberado a los trabajadores de trabajos pesados, repetitivos, peligrosos y monótonos.

    4. La división de la sociedad capitalista en dos clases principales antagónicas –la burguesía (los capitalistas) y el proletariado (los trabajadores asalariados)– que debían enfrentarse a muerte de manera inexorable nunca se produjo. Con el desarrollo tecnológico, el número de trabajadores industriales se ha venido reduciendo, trasladándose a ocupaciones en el creciente sector de servicios. También, las economías de mercado hicieron posible el surgimiento de una creciente clase media, compuesta de una amplia gama de ocupaciones y con mejores salarios. De hecho, muchas de esas personas pueden ser al mismo tiempo empleados asalariados, tener ingresos de negocios, ser propietarios que alquilan un inmueble o ser inversores en acciones empresariales o bonos estatales, de modo que no pueden clasificarse en las estrechas clases antiguas de burgueses y proletarios.

    5. La “anarquía de la producción”, a causa de la falta de un plan central que la dirija, no causó un permanente desperdicio de recursos y falta de aplicación donde la misma se requiere para satisfacer necesidades. Al contrario, el libre mercado, aún con sus imperfecciones, y no la planificación central, demostró ser el mejor sistema para asignar recursos y satisfacer necesidades, y los precios como la guía fundamental para las decisiones del empresario y del consumidor.

    6. La idea de la concentración y centralización del capital resultó ser falsa.  En el capitalismo, si bien hay empresas que logran perdurar en el tiempo, existen otras que si no están constantemente innovando, entonces se van a  la quiebra o pierden poder dentro del mercado, tal como sucedió con Blockbuster frente a Netflix o Kodak frente a las cámaras digitales. Si uno examina, por ejemplo, el Índice Industrial Dow Jones puede percatarse de los cambios en las industrias que integran aquel índice desde 1894 hasta la fecha. En nuestros días los Rothschild, los Carnegie o los Rockefeller han dejado de ser la “gran amenaza monopolista”. Como explica Rothbard, si la ley de la concentración del capital no es en absoluto cierta, entonces la tesis que le sigue, la ley de la centralización del capital, resulta ser más endeble. Nadie es capaz de predecir por donde soplarán los vientos de la competencia, de la creación y el declive, de la innovación y la decadencia. [Nadie sabe quiénes desbancarán mañana a los gigantes de hoy como Google, Amazon, Apple o Microsoft]. No cabe duda de que una de las tendencias del capitalismo es hacia una gran variedad y gama en la calidad de los productos, y esta tendencia promueve la “descentralización” y no la centralización marxista. Jan Doxrud. Errores económicos del pensamiento marxista.

En los siguientes párrafos, Richard M. Ebeling se refiere a la falacia del determinismo dialéctico marxista y su fracaso para predecir el curso de la historia política, económica y social de la humanidad.

… Marx estaba convencido de que esas décadas intermedias del siglo XIX fueron los años crepusculares de la época capitalista de la industrialización. Sus escritos dejan en claro que creía que la revolución socialista estaba a la vuelta de la esquina en su propia vida.

>Desde la perspectiva de 2017, casi 170 años después de la publicación del Manifiesto Comunista, su visión del siglo XIX no parece más que una ilusión de un revolucionario anticapitalista que quería creer que el “estado obrero” estaba al terminar el horizonte.

Marx no solo malinterpretó los “dolores de parto” del capitalismo por su “sonajero de muerte”, sino que también interpretó mal la forma en que el capitalismo realmente ha evolucionado, considerando que como sistema económico estaba emergiendo cuando Marx escribió, y no estaba terminando.

En su Pobreza del historicismo (1957), el filósofo de la ciencia, Karl Popper (1902-1994), señaló con acierto la imprevisibilidad inevitable del futuro debido a su dependencia del conocimiento que las personas poseen y la imposibilidad de conocer hoy el conocimiento que varias personas solo pueden adquirir mañana:

El curso de la historia humana está fuertemente influenciado por el crecimiento del conocimiento humano. . . No podemos predecir, por métodos racionales o científicos, el crecimiento futuro de nuestro conocimiento científico. . . Por lo tanto, no podemos predecir el curso futuro de la historia humana. . . Esto significa que debemos rechazar la posibilidad de una historia teórica; es decir, de una ciencia social histórica que correspondería a la física teórica. No puede haber una teoría científica del desarrollo histórico que sirva de base para la predicción histórica….

…¡Con qué frecuencia las tendencias de la época parecen inevitables e ineludibles! La mayoría de las personas a principios del siglo XX confiaban en que, después de todos los logros políticos, sociales y económicos del orden liberal (clásico) del siglo XIX, el nuevo siglo recién amaneciendo solo podía prometer más libertad personal, mayor prosperidad material y una probable paz segura para la humanidad. Pocos imaginaron los restos humanos y materiales que la “Gran Guerra” de 1914-1918 pronto traería sobre la humanidad.

Muchos amigos de la libertad vivos a mediados de la década de 1930 estaban profundamente abatidos, temiendo o incluso creyendo que la época de la libertad terminaba con el surgimiento del colectivismo moderno en las formas de la revolución comunista en Rusia, el movimiento fascista en Italia, el surgimiento de Hitler y los nazis al poder en Alemania, y el establecimiento del New Deal en América. Y a muchos les preocupaba que se acercara otra gran guerra que terminaría con la civilización como la humanidad había llegado a conocerla con el triunfo del colectivismo totalitario en todas partes. No resultó de esa manera.

Durante la mayor parte de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial que comenzó en 1945, muchos en Occidente estaban seguros de que el marxismo, dirigido e inspirado por la Unión Soviética y luego por la China comunista, significaba el fin de la democracia liberal y cualquier forma de economía de mercado. Muchos de los de “la izquierda” en Occidente no podían esperar el día en que alguna forma de planificación central socialista prevalecería en todas partes. Aquellos en la “derecha” política temieron y se desesperaron si “Occidente” todavía tenía el carácter y las convicciones para oponerse y triunfar sobre el comunismo como una fuerza ideológica y militar en la lucha global de la Guerra Fría. No resultó de esa manera.

En la década de 1990, después de la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, las nuevas tendencias históricas parecían asegurar un futuro para la humanidad de los sistemas de “capitalismo democrático”, y algunos incluso sugirieron que con esta etapa de la política y el desarrollo económico, la humanidad había alcanzado “el fin de la historia”, en alguna evolución hegeliana pro capitalista. No ha resultado así.

Ahora, en el siglo XXI, muchos de los lectores de las tendencias de la historia temen que el fundamentalismo islámico envuelva a algunas partes de Europa, o el surgimiento de China como la nueva potencia global con un modelo ganador de una forma de gestión autoritaria, capitalismo de compinches, o la involución de los Estados Unidos bajo las presiones y fuerzas del socialismo populista, la bancarrota fiscal y la corrección política “progresista”. No tiene que suceder así.

No hay un “lado derecho de la historia” en el sentido hegeliano y marxista. Aquellos en la izquierda política que, hoy en día, continúan usando esta retórica de los lados correcto e incorrecto de la historia, simplemente usan una frase atractiva que les da la sensación de poseer un terreno moral y que puede intimidar fácilmente a aquellos a quienes se les dice que “Las políticas progresistas, un uso más amable y gentil de las palabras “socialismo”, “colectivismo”, “tiranía” o “planificación”, representan el progreso.

… Sin embargo, es cierto que una noción de “lado derecho de la historia” es una frase vacía y sin sentido. La historia no es producto de fuerzas misteriosas más allá del control y el poder del hombre y la humanidad. La historia es el producto y el resultado de las ideas: ideas sobre la naturaleza del hombre, las concepciones de cómo los hombres podrían y deberían vivir juntos, y el orden institucional político y económico de las cosas que beneficiarán mejor a la humanidad como la suma de los individuos que lo componen.

Lo que la historia ha demostrado es que ha habido una mayor libertad humana, una mayor prosperidad humana y una mayor paz y tranquilidad humanas durante los momentos en que las ideas de libertad individual, mercados libres y gobierno limitado han prevalecido y se han instituido en la sociedad. Cuanto mayor es el grado de control, intervención y coerción del gobierno en la sociedad, menos han existido y florecido estas cosas.

La tarea no es estar en el mítico “lado derecho de la historia”, sino hacer que la historia refleje el triunfo y el éxito de la idea y los ideales de la libertad humana. Pero esto no sucede solo. Requiere que cada uno de nosotros comprenda el significado, el valor y la importancia de la libertad en ese sentido liberal y libertario clásico, y que estemos dispuestos a defenderla y promoverla entre nuestros semejantes. Eso es lo que haría historia. Richard M. Ebeling. Karl Marx’s Ideas and Errors About Capitalism and Markets

Karl Popper considerado como uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo XX rechaza lo que él denominó como el historicismo en la doctrina marxista. 

¿Está dentro de las posibilidades de alguna ciencia social la formulación de profecías históricas de tan vasto alcance? ¿Cabe esperar algo más que la irresponsable respuesta de un adivino cuando nos dirigimos a un hombre para interrogarlo acerca de lo que el futuro depara a la Humanidad? Se trata aquí de la cuestión del método de las ciencias sociales. Evidentemente, es más fundamental que cualquier debate relativo a cualquier argumento particular en defensa de cualquier profecía histórica.

…También creen haber descubierto ciertas leyes de la historia que les permiten profetizar el curso de los sucesos históricos. Bajo el nombre de historicismo, he agrupado las diversas teorías sociales que sustentan afirmaciones de este tipo. En otra parte, en The Poverty of Historicism | La pobreza del historicismo | (Económica, 1944-1945), he tratado de rebatir esas pretensiones y de demostrar que, pese a su plausibilidad, se basan en una idea errónea del método de la ciencia, y especialmente, en el olvido de la distinción que debe realizarse entre una predicción científica y una profecía histórica.

… Marx veía a los actores humanos del escenario de la historia, incluyendo también a los «grandes», como simples marionetas movidas por la fuerza irresistible de los hilos económicos, de las fuerzas históricas sobre las cuales carecen absolutamente de control. La escena de la historia —pensaba Marx— se levanta dentro de un sistema social que nos ata a todos igualmente; se levanta en el «reino de la necesidad».

… Al describir al marxismo como la forma más dura del historicismo creo haber dejado bien sentado que, a mi juicio, el método marxista es, en verdad, sumamente pobre.

Pese a todos sus méritos, Marx fue, a mi entender, un falso profeta. Profetizó sobre el curso de la historia y sus profecías no resultaron ciertas. Sin embargo, no es ésta mi principal acusación. Mucho más importante es que haya conducido por la senda equivocada a docenas de poderosas mentalidades, convenciéndolas de que la profecía histórica era el método científico indicado para la resolución de los problemas sociales. Marx es responsable de la devastadora influencia del método de pensamiento historicista en las filas de quienes desean defender la causa de la sociedad abierta. Karl Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. 1945.

Mario Vargas Llosa, en su obra La llamada de la tribu (2018) considera como erróneo el determinismo histórico pues es la actuación de los individuos la que va produciendo los cambios en las sociedades.

Los destinos humanos no están escritos, no se hallan trazados de manera fatídica. Individuos y sociedades pueden trascender los condicionamientos geográficos, sociales y culturales y alterar el orden de las cosas mediante actos, optando por ciertas decisiones y descartando otras. Por eso, porque gozan siempre de ese margen de libertad son responsables de su propio destino. Todo esto lo describe Hayek admirablemente en un ensayo dedicado a mostrar las semejanzas entre dos pensadores a quienes se creería muy alejados uno del otro: «Compte and Hegel»

En los países donde se impusieron regímenes socialistas, el balance de la herencia ideológica de Marx es negativo, ya que ha contribuido no solo al surgimiento de guerras, genocidios, odio de clases, dictaduras, pérdida de las libertades individuales, sometimiento, pobreza y estancamiento económico, según el país donde tales ideas se incrustaron, como lo resume Mark Skousen en este párrafo:

… “Marx está maldito con una marca negra en la historia. Su nombre se asociará para siempre con el lado oscuro del comunismo. Un espectro está atormentando a Karl Marx: la historia de Lenin, Stalin, Mao y Pol Pot, y los millones que murieron y sufrieron bajo el “imperio del mal”, como lo llamó Ronald Reagan. Los apologistas dicen que Marx no puede ser responsable de las atrocidades de sus seguidores comunistas e incluso afirman que Marx habría sido uno de los primeros en ser ejecutado o enviado al Gulag. Quizás. Por un lado, se opuso vehementemente a la censura de la prensa a lo largo de su carrera. Sin embargo, sin Marx, ¿podría haber habido una revolución y una represión tan violentas? ¿No apoyó Marx un “reino del terror” sobre la burguesía? Como dijo un amargo crítico: “En nombre del progreso humano, Marx probablemente ha causado más muerte, miseria, degradación y desesperación que cualquier hombre que haya vivido” (Downs 1983, 299).” Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Pero además de causar sufrimiento, atraso y pobreza en los países que sucumbieron a la imposición violenta del socialismo, en el resto del mundo no se cumplió la profecía marxista de que el capitalismo inevitablemente se destruiría a sí mismo. 

Las predicciones de Marx fueron erróneas, aunque no todas de inmediato. Ya en 1937, Wassily Leontief, el emigrante ruso que más tarde ganó el Premio Nobel por su análisis de insumo-producto, proclamó que el historial de Marx era “impresionante” y “correcto” (Leontief 1938, 5, 8). Pero los elogios de Leontief fueron prematuros. Desde entonces, como Leszek Kolakowski, ex líder del Partido Comunista Polaco, declaró: “Todas las profecías importantes de Marx resultaron ser falsas” (Denby 1996, 339). Para revisar:

1. Bajo el capitalismo, la tasa de ganancias no ha disminuido, aun cuando se ha acumulado más y más capital a lo largo de los siglos. 

2. La clase trabajadora no ha caído en mayor y mayor miseria. Los salarios han aumentado sustancialmente por encima del nivel de subsistencia. Las naciones industriales han visto un aumento dramático en el nivel de vida del trabajador promedio. La clase media no ha desaparecido, sino que se ha expandido. Como concluye Paul Samuelson: “La pauperización de la clase obrera… simplemente nunca tuvo lugar. Como profeta, Marx tuvo una mala suerte y su sistema era colosalmente inútil” (1967, 622).

3. Hay poca evidencia de una mayor concentración de industrias en las sociedades capitalistas avanzadas, especialmente con la competencia mundial.

4. Las sociedades utópicas socialistas no han florecido, ni la revolución proletaria ha ocurrido inevitablemente.

5. A pesar de los ciclos empresariales e incluso de depresiones ocasionales, el capitalismo parece estar floreciendo como nunca antes.  
Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Algunas observaciones se derivan de estos hechos, tomando las afirmaciones de la teoría marxista:

    1. Si la tasa de ganancia debiera tender a disminuir y esta resulta de la plusvalía, eso significaría que la tendencia es a disminuir la explotación, no a aumentarla como calculaba Marx. Aquí su teoría es en sí misma contradictoria.

    2.  Las crisis periódicas del capitalismo concuerdan con la explicación de la dialéctica de los ciclos. Por qué entonces habrían de verse como nocivas? No es, por el contrario, una validación de que luego de cada crisis, el capitalismo emerge mejorado y fortalecido? La monotonía de una economía sin altibajos sería una negación del progreso y la dialéctica. Schumpeter lo desarrolla con su análisis de la “destrucción creativa”.

    3. El proceso de concentración del capital tampoco provocó la desaparición de las pequeñas empresas, pues si bien desaparecieron en algunos sectores, surgieron otras en otros sectores. El desempleo se ha reducido con el tiempo. Las personas cambiaron de ocupación. Tampoco provocó perjuicios a los consumidores, sino al contrario, ya que las economías de escala conducen a mayor eficiencia y productividad, mayores volúmenes de producción, mejor calidad, precios más bajos y mejores salarios. 

    4. La acumulación y concentración de capital contribuye a la desigualdad de ingresos y de riqueza. Pero no es en sí misma un problema, en cuanto, a la vez que incrementa la desigualdad, reduce la pobreza, por lo mencionado en el punto anterior. 

La doctrina de Marx es la base del socialismo, como la de Smith y otros lo es del capitalismo. Pero veamos cómo surge la doctrina marxista, en lo escrito al respecto en 1932 por Ludwig von Mises:

… “la idea fundamental del socialismo se fue desarrollando claramente a partir del segundo cuarto del siglo XIX, y los proyectos de un orden social socialista, concebidos por los escritores que la terminología marxista denomina hoy «socialistas utópicos», se convirtieron en materia de examen científico. Este examen reducía a la nada la idea socialista. Los «utopistas» no habían logrado inventar, edificar un sistema social capaz de resistir a la crítica de los economistas y de los sociólogos. Era fácil descubrir los puntos débiles de sus proyectos. Se demostró que una sociedad organizada conforme a los principios de los utopistas no podía vivir ni funcionar, y que no podría ciertamente llevar a cabo lo que de ella se esperaba. Hacia mediados del siglo XIX las ideas socialistas parecían estar muertas definitivamente. La ciencia, por medio de una argumentación rigurosamente lógica, había demostrado su vaciedad, y los portavoces del socialismo se mostraban incapaces de oponer a dicha argumentación contraargumentos de algún valor.

En ese momento Marx entró en escena, muy imbuido de dialéctica hegeliana. Es fácil abusar del método hegeliano cuando se quiere subordinar el pensamiento al servicio de ideas fantásticas, de imaginaciones arbitrarias y de redundancias metafísicas, para probar todo lo que complace a tal o cual política.

Ahí encontró Marx, sin dificultad, un medio de sacar al socialismo del descrédito en que había caído. Puesto que la ciencia y el pensamiento lógico ofrecían testimonios contra el socialismo, se quería hallar un sistema que lo protegiese de la ingrata crítica de los científicos y de los lógicos. Esa fue la tarea que el marxismo se esforzó en realizar. Para ello empleó tres medios. [Marx] Negaba el carácter necesario y universal de la lógica, válido para todos los hombres y todas las épocas. [Aseguraba que] El pensamiento es función de la clase social en que vive el pensador, es una «superestructura ideológica» de sus intereses de clase. Marx declara como «burgués», como defensor del capitalismo, el tipo de razonamiento que refuta la idea socialista. En segundo lugar, el marxismo enseñaba que el proceso dialéctico conduce fatalmente al socialismo. El objeto y fin de la historia es, dice, la socialización de los medios de producción mediante la expropiación de los expropiadores en cuanto negación de la negación. El marxismo, finalmente, pretendía que es inadmisible ocuparse, como hicieron los utopistas, de la organización de la Tierra Prometida del socialismo, que verá la luz como inevitable necesidad. Aún más, la ciencia debería renunciar a cualquier estudio sobre el carácter y la esencia del socialismo, puesto que éste es ineluctable.

Nunca doctrina alguna obtuvo en la historia un triunfo tan rápido ni tan completo como esos tres principios del marxismo. … El éxito incomparable del marxismo se debe al hecho de que promete realizar los sueños y los viejos deseos de la humanidad y saciar sus resentimientos innatos. Promete el paraíso terrenal, una Jauja llena de felicidades y de goces, y el regalo más apetitoso para los desheredados: la humillación de todos aquellos que son más fuertes y mejores que la multitud. Enseña cómo eliminar la lógica y el pensamiento, debido a que estos hacen ver la estupidez de tales sueños de felicidad y venganza. El marxismo es la más radical de todas las reacciones contra el dominio del pensamiento científico sobre la vida y la acción establecida por el racionalismo. Es contrario a la lógica, a la ciencia, al pensamiento. Por otro lado, su principio más notable es la prohibición de pensar e investigar científicamente la organización y el funcionamiento de la economía socialista. Por un procedimiento característico de su rencor contra la ciencia, el marxismo se ha aplicado a sí mismo el nombre de socialismo «científico». Al extender su autoridad sobre la vida y la acción con éxito indiscutible, la ciencia ha adquirido un prestigio del cual el marxismo quiere sacar partido en su lucha contra el empleo de la ciencia en la organización de la economía social. Los bolcheviques no cesan de repetir que la religión es un opio para el pueblo. Lo cierto, sin embargo, es que el marxismo es el opio de la alta clase intelectual, de quienes podrían pensar y a quienes desea mantener al margen del pensamiento.” Ludwig von Mises. Socialismo: Análisis Económico y Sociológico. Unión Editorial, 2007.

Una comparación que trata de resumir el pensamiento de Smith y el de Marx sobre el sistema capitalista es la siguiente:

“Si la obra de Adam Smith es el Génesis de la economía moderna, la de Karl Marx es su Éxodo. Si el filósofo escocés es el gran creador del laissez-faire, el revolucionario alemán es su gran destructor. El marxista John E. Roemer lo admite. Según él, la “principal diferencia” entre Smith y Marx es la siguiente: “Smith sostuvo que la búsqueda del individuo del interés propio conduciría a un resultado beneficioso para todos, mientras que Marx sostuvo que la búsqueda del interés propio conduciría a la anarquía, la crisis, y la disolución del propio sistema basado en la propiedad privada. . . . Smith habló de la mano invisible que guía a los agentes individuales y de interés propio para llevar a cabo aquellas acciones que serían, a pesar de su falta de preocupación por tal resultado, socialmente óptimas; para el marxismo el símil es el puño de hierro de la competencia, pulverizando a los trabajadores y empeorándolos de lo que estarían en otro sistema factible, a saber, uno basado en la propiedad social o pública de la propiedad” (Roemer 1988, 2–3)”. Citado en Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Al pasar el tiempo, ha quedado demostrada la capacidad del capitalismo para producir riqueza y progreso. Hasta el mismo Marx quedó muy impresionado con la capacidad de los empresarios para acumular más capital y crear nuevos mercados, tanto en el país como en el extranjero. El Manifiesto Comunista describió este fenómeno en un pasaje famoso: “La burguesía, durante su gobierno de escasos cien años, ha creado fuerzas productivas más masivas y colosales que todas las generaciones anteriores juntas“. 

Marx argumentó que el capitalismo es en esencia un sistema de búsqueda de rentas: en lugar de crear riqueza de la nada, como les gusta imaginar, los capitalistas se dedican a expropiar la riqueza de los demás. Marx estaba equivocado acerca del capitalismo en esencia: los grandes empresarios acumulan fortunas inventando nuevos productos o nuevas formas de organizar la producción. Pero tenía un punto sobre el capitalismo en su forma burocrática. Un número deprimente de los jefes de hoy son burócratas corporativos en lugar de creadores de riqueza, que usan fórmulas convenientes para asegurarse de que sus salarios aumenten. Trabajan de la mano con una creciente multitud de otros solicitantes de rentas, como consultores de gestión (que sueñan con nuevas excusas para la búsqueda de rentas).

El capitalismo, sostuvo Marx, es por su naturaleza un sistema global: “Debe anidarse en todas partes, establecerse en todas partes, establecer conexiones en todas partes”. Eso es tan cierto hoy como lo fue en la era victoriana. Los dos desarrollos más llamativos de los últimos 30 años son el desmantelamiento progresivo de las barreras a la libre circulación de los factores de producción (bienes, capital y, en cierta medida, personas) y el surgimiento del mundo emergente. Las empresas globales plantan sus banderas donde sea más conveniente. Los CEOs sin fronteras se trasladan de un país a otro en busca de la eficiencia. El jamboree anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, bien podría titularse “Marx tenía razón”.

Pensaba que el capitalismo tenía una tendencia al monopolio, ya que los capitalistas exitosos expulsaban a sus rivales más débiles del preludio a la extracción de las rentas del monopolio. Nuevamente, esto parece ser una descripción razonable del mundo comercial que está siendo moldeado por la globalización e Internet. Las empresas más grandes del mundo no solo están creciendo en términos absolutos, sino que también están convirtiendo a un gran número de empresas más pequeñas en simples apéndices. Los gigantes de la nueva economía están ejerciendo un dominio de mercado que no se había visto desde los barones ladrones de Estados Unidos. Facebook y Google absorben dos tercios de los ingresos publicitarios en línea de Estados Unidos. Amazon controla más del 40% del floreciente mercado de compras en línea del país. En algunos países, Google procesa más del 90% de las búsquedas web. El medio no solo es el mensaje, sino que la plataforma también es el mercado.

Desde el punto de vista de Marx, el capitalismo produjo un ejército de trabajadores ocasionales que existían de un trabajo a otro. Durante el largo boom de la posguerra, esto parecía una tontería. Lejos de no tener nada que perder excepto sus cadenas, los trabajadores del mundo, al menos el mundo rico, tenían trabajos seguros, casas en los suburbios y una gran cantidad de posesiones. Los marxistas como Herbert Marcuse se vieron obligados a denunciar el capitalismo con el argumento de que producía demasiada riqueza para los trabajadores en lugar de muy poco.

Sin embargo, una vez más, el argumento de Marx está ganando urgencia. La economía del concierto está reuniendo una fuerza de reserva de trabajadores atomizados que esperan ser convocados, a través de capataces electrónicos, para entregar la comida de las personas, limpiar sus casas o actuar como sus choferes. 

… Aún así, la rehabilitación no debería ir demasiado lejos. Los errores de Marx superaron con creces sus ideas. Su insistencia en que el capitalismo lleva el nivel de vida de los trabajadores al nivel de subsistencia es absurdo. El genio del capitalismo es que reduce sin descanso el precio de los artículos de consumo regular: los trabajadores de hoy tienen fácil acceso a los bienes que alguna vez se consideraron lujos de los monarcas. El Banco Mundial calcula que el número de personas en “extrema pobreza” ha disminuido de 1.850 millones en 1990 a 767 millones en 2013, una cifra que pone en perspectiva el estancamiento lamentable del nivel de vida de los trabajadores occidentales. La visión de Marx de un futuro pos capitalista es banal y peligrosa: banal porque presenta una imagen de personas que holgazanean (cazar por la mañana, pescar por la tarde, criar ganado por la noche y criticar después de la cena);

Sin embargo, el mayor fracaso de Marx fue que subestimó el poder de la reforma: la capacidad de las personas para resolver los problemas evidentes del capitalismo a través de la discusión racional y el compromiso. Él creía que la historia era un carro que tronaba hasta un fin predeterminado y que lo mejor que pueden hacer los aurigas es esperar. Los reformadores liberales, incluido su casi contemporáneo William Gladstone, han demostrado repetidamente que estaba equivocado. No solo han salvado al capitalismo de sí mismo mediante la introducción de reformas de gran alcance, sino que lo han hecho a través del poder de la persuasión. La “superestructura” ha triunfado sobre la “base”, el “cretinismo parlamentario” sobre la “dictadura del proletariado”. The Economist. Rulers of the world: read Karl Marx!

Un enfoque basado en las fallas de las tesis que sostenía el marxismo es el que presenta el investigador alemán Immanuel Wallerstein.

Marx ha muerto muchas veces, pero ha experimentado otros tantos renacimientos. Como para todo pensador de esta envergadura, es a la luz de la actualidad que es preciso releerlo, puesto que hoy en día no sólo es Marx quien muere una vez más; es también toda una serie de estados que se habían atribuido la etiqueta marxista-leninista los que se encuentran conmocionados y que en su mayor parte se derrumban. Ante esta situación, algunas personas se regocijan, otras entristecen, pero raros son quienes intentan hacer un balance juicioso y ponderado. Recordemos de entrada que el marxismo no es la suma de las ideas o de los escritos de Marx, sino más bien un conjunto de teorías, de análisis y de recetas de acción política —inspiradas sin duda en los razonamientos de Marx— que fueron erigidas en una especie de canon; esta versión del marxismo, que llamaré dominante, se debe a los aportes paralelos y sucesivos, conjuntos mas no conjugados, de dos partidos históricos; el partido socialdemócrata alemán (sobre todo en el periodo anterior a 1914) y el partido bolchevique, que se convirtió en el Partido Comunista de la Unión Soviética. Si bien la versión dominante del “marxismo” no ocupó nunca sola el terreno, otras versiones permanecieron, hasta una época relativamente reciente, decididamente minoritarias. Los verdaderos inicios de la escisión del marxismo no datan, en efecto, sino de la revolución que sacudió al mundo en 1968 (ver Lefebvre, 1976). Una cierta confusión surgió de la coincidencia de esta revolución con el estancamiento, y luego el fracaso, de los estados etiquetados como marxistas.

Para salir de esta confusión es preciso aceptar un desafío particularmente delicado: intentar separar, en la medida de lo posible, por una parte, las tesis del “marxismo de los partidos” (versión dominante), que están gravemente comprometidas —incluso totalmente refutadas— por el derrumbe de los estados del “socialismo real”; y, por otra, las tesis de Marx o aquellos aspectos de su pensamiento (o aun los de la práctica de los marxistas) que no estaban —o no estaban esencialmente— implicados en la experiencia de los estados-partidos.

El razonamiento siguiente puede resumirse en estos términos: lo que ha muerto es el marxismo como teoría de la modernidad, teoría coexistente con la del liberalismo y, a decir verdad, inspirada en él. Lo que aún no ha muerto es el marxismo como crítica de la modernidad (incluyendo la manifestación histórica de esta última, la economía-mundo capitalista). Lo que ha muerto es el marxismo-leninismo como estrategia política, que, bien considerada, fue una estrategia reformista. Lo que aún no ha muerto es la tendencia anti sistémica popular y marxizante que anima ciertas fuerzas sociales reales.

Me parece que la teoría del marxismo, convertido en marxismo-leninismo, reposaba de hecho en cinco tesis principales. Éstas no emanaron de los marxólogos, sino de los marxistas practicantes y fueron elaboradas a través de la praxis de los partidos.

En suma, una tras otra, cada una de las cinco tesis del marxismo de los partidos (marxismo realmente existente) fueron nuevamente puestas en tela de juicio, particularmente por aquellos mismos que habían sostenido estos regímenes. Immanuel Wallerstein. El Marxismo después del fin de los Comunismos. 1993,

Sin embargo, todas las evidencias anteriormente presentadas sobre los errores de la doctrina marxista son invalidadas a priori por los marxistas recurriendo al polilogismo: invalidar la lógica, pretender que la lógica no es única, sino que depende de quién la expresa y que la única lógica válida es la lógica marxista. Veamos lo que al respecto nos dice Ludwig von Mises:

Hasta mediados del siglo XIX, nadie se atrevió a cuestionar el hecho de que la estructura lógica de la mente es inmutable y común a todos los seres humanos. Todas las interrelaciones humanas se basan en este supuesto de una estructura lógica uniforme. Solo podemos hablar unos con otros porque podemos apelar a algo común para todos nosotros, a saber, la estructura lógica de la razón

Hay personas que no pueden contar más de tres; pero su conteo, por lo que va, no difiere del de Gauss o Laplace. Ningún historiador o viajero nos ha traído ningún conocimiento de personas para quienes a y no-a eran idénticos, o quienes no podían comprender la diferencia entre afirmación y negación.

Diariamente, es cierto, las personas violan los principios lógicos en el razonamiento. Pero quien examina sus inferencias de manera competente puede descubrir sus errores. Debido a que todos consideran que estos hechos son incuestionables, los hombres entran en discusiones; se hablan el uno al otro escriben cartas y libros; Intentan probar o refutar. La cooperación social e intelectual entre hombres sería imposible si esto no fuera así. Nuestras mentes ni siquiera pueden imaginar constantemente un mundo poblado por hombres de diferentes estructuras lógicas o una estructura lógica diferente a la nuestra.

Sin embargo, en el transcurso del siglo XIX, este hecho innegable ha sido impugnado. Marx y los marxistas, entre ellos el «filósofo proletario» Dietzgen, enseñaron que el pensamiento está determinado por la posición de clase del pensador. Lo que produce el pensamiento no es verdad sino «ideologías».

Esta palabra significa, en el contexto de la filosofía marxiana, un disfraz del interés egoísta de la clase social a la que está unido el individuo pensante. Por lo tanto, es inútil discutir cualquier cosa con personas de otra clase social.

Las ideologías no necesitan ser refutadas por el razonamiento discursivo; deben desenmascararse denunciando la posición de clase, el trasfondo social de sus autores. Pues, los marxistas no discuten los méritos de las teorías físicas; simplemente descubren a los «burgueses».

Los marxistas han recurrido al polilogismo porque no pudieron refutar con métodos lógicos las teorías desarrolladas por la economía «burguesa» o las inferencias extraídas de estas teorías que demuestran la impracticabilidad del socialismo. Como no pudieron demostrar racionalmente la solidez de sus propias ideas o la insensatez de las ideas de sus adversarios, han denunciado los métodos lógicos aceptados.

El éxito de esta estratagema marxiana no tuvo precedentes. Ha brindado pruebas contra cualquier crítica razonable de todos los absurdos de los supuestos economistas marxianos y de la posible sociología. Sólo mediante los trucos lógicos del polilogismo podría el estatismo hacerse con la mente moderna.

El principio del polilogismo llevaría a la inferencia de que las enseñanzas marxianas tampoco son objetivamente verdaderas, sino que son solo declaraciones «ideológicas». Pero los marxistas lo niegan. Ellos reclaman para sus propias doctrinas el carácter de verdad absoluta. Así, Dietzgen enseña que «las ideas de la lógica proletaria no son ideas de partido, sino el resultado de la lógica pura y simple». La lógica proletaria no es «ideología» sino lógica absoluta. Los marxistas actuales, que etiquetan sus enseñanzas como sociología del conocimiento dan prueba de la misma inconsistencia.

Uno de sus campeones, el profesor Mannheim, intenta demostrar que existe un grupo de hombres, los «intelectuales desapegados», que están equipados con el don de captar la verdad sin caer en la culpa de los errores ideológicos. Por supuesto, el profesor Mannheim está convencido de que es el más importante de estos «intelectuales desapegados». Simplemente no puedes refutarlo. Si no estás de acuerdo con él, solo demuestras que tú mismo no eres uno de esta elite de «intelectuales desapegados» y que tus declaraciones son tonterías ideológicas.

Los nacionalsocialistas alemanes tuvieron que enfrentar precisamente el mismo problema que los marxistas. Tampoco pudieron demostrar la exactitud de sus propias afirmaciones ni refutar las teorías de la economía y la praxeología. Así se refugiaron bajo el techo del polilogismo, preparado para ellos por los marxistas. Por supuesto, inventaron su propia marca de polilogismo. La estructura lógica de la mente, dicen, es diferente en diferentes naciones y razas.

A los ojos de los marxistas, Ricardo, Freud, Bergson, y Einstein se equivocan porque son burgueses; a los ojos de los nazis están equivocados porque son judíos. Ni el polilogismo marxiano ni el nazi fueron más lejos que declarar que la estructura lógica de la mente es diferente con varias clases o razas. Nunca se aventuraron a demostrar precisamente en qué difiere la lógica de los proletarios de la lógica de la burguesía, o en qué difiere la lógica de los arios de la lógica de los judíos o los británicos.

El polilogismo tiene un método peculiar de tratar con puntos de vista disidentes. Si sus partidarios no logran desenmascarar el fondo de un oponente, simplemente lo califican de traidor. Tanto los marxistas como los nazis conocen solo dos categorías de adversarios. Los extraños, ya sean miembros de una clase no proletaria o de una raza no aria, están equivocados porque son extraños; los opositores de origen proletario o ario están equivocados porque son traidores.  Lo que los Nazis tomaron prestado de Marx, por Ludwig von Mises.

Arturo J. Sol órzano
Mayo de 2019

 

APÉNDICE

Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas

Karl Marx y la Conclusión de su Sistema o La Conclusión del Sistema Marxiano

Wicksteed sobre la plusvalía

La crítica de Schumpeter a la teoría económica de Marx

Refutación a las teorías del valor trabajo y de la explotación de Marx – Juan Ramón Rallo

El atractivo principal que para muchos tiene la doctrina elaborada por Karl Marx se basa en haber proveído justificaciones teóricas a las inclinaciones igualitarias y colectivistas: (i) legitimar el papel de víctimas que muchas personas tienen de sí mismos, víctimas de otros que son culpables de su pobreza o su falta de éxito económico al arrebatarles el fruto de su trabajo; (ii) los villanos capitalistas explotadores no tienen ningún mérito ni cualidades personales que  expliquen su progreso económico; (iii) tal sistema de explotación solo conducirá a la concentración de la riqueza en los capitalistas mientras se produce un empeoramiento del  nivel de vida de los trabajadores; (iv) la buena noticia es que ha descubierto las “leyes científicas” que rigen el curso de la historia, que indican que tal sistema llegará a su fin para dar lugar a uno, el comunismo, donde cesa la explotación y todos se reparten por igual lo que el sistema produce, sin importar su capacidad de contribución al mismo.

El andamiaje teórico construido por Marx se basó, principalmente, en su concepción del valor de las cosas, su ley del valor derivado del trabajo y la apropiación del mismo por el capitalista, la teoría de la explotación, la concentración del capital y la reducción de la tasa media de ganancia. La otra base fue el uso de la dialéctica hegeliana para la interpretación de los cambios económicos en la historia que lo llevaron a profetizar la destrucción del capitalismo y su sustitución por el socialismo, como sistema intermedio hacia el comunismo. En este capítulo empezamos por  referirnos a los errores y equivocaciones de la teoría económica de Marx y posteriormente a los que forman parte de su teoría del desarrollo social.

Karl-Friedrich Israel introduce en un artículo una de las críticas más devastadoras de la teoría marxista con las siguientes palabras.

“El segundo y tercer volumen de Kapital de Marx fueron publicados póstumamente bajo la dirección de su estrecho colaborador Friedrich Engels en 1883 y 1894, respectivamente. Es un hecho curioso que para entonces los cimientos subyacentes del sistema económico de Marx, tal como se presentaron en el primer volumen en 1867, estaban completamente obsoletos. En cierto modo, todo el punto de partida del análisis de Marx estaba obsoleto antes de que su final viera la luz del día. Esta obsolescencia no ha impedido en lo más mínimo el tremendo éxito del marxismo en el ámbito político y cultural. La narrativa de la explotación inherente de los trabajadores asalariados por parte de los capitalistas está viva hoy en día, a pesar de un nivel de vida material creciente y de unos servicios tecnológicos cada vez más innovadores que hace tan sólo unos años eran inimaginables.

Marx había reconocido, por supuesto, que el capitalismo mejora el nivel de vida de la gran mayoría de la gente, incluidos los trabajadores. El reconocimiento de Marx es precisamente la razón por la que la idea de que los trabajadores siempre son remunerados a nivel de subsistencia tuvo que ser rescatada mediante la redefinición del concepto de subsistencia. La subsistencia ya no se consideraba una mera supervivencia, sino más bien una vida plena que depende de la etapa de desarrollo económico. Algunos comentaristas críticos han encontrado que esta idea de subsistencia es suficiente para descartar la teoría de la explotación marxista, pero en sentido estricto, el mero hecho de que el nivel de vida material de los trabajadores esté aumentando bajo el capitalismo, no implica en absoluto que los trabajadores no sean explotados. Es muy posible que los trabajadores sigan sin recibir la parte que les corresponde, incluso hoy en día.

Sin embargo, en la medida en que la explotación existe en la sociedad, no emana de ninguna característica inherente a la relación entre capital y trabajo en un orden de libre mercado. Este argumento fue demostrado desde el principio por el gran economista austriaco Eugen von Böhm-Bawerk en su crítica magistral La conclusión del sistema marxiano (1896).

Incluso después de más de 120 años, vale la pena entender la crítica de Böhm-Bawerk, y no sólo porque haya proporcionado varios ejemplos interesantes para los que la teoría del valor-trabajo no parece ser válida. Después de todo, tales ejemplos podrían ser sólo las excepciones que dejan la regla intacta. Vale especialmente la pena leer a Böhm-Bawerk, porque puso al descubierto una contradicción interna que pone en peligro todo el marco marxiano.

Para la vergüenza duradera de todos los autoproclamados marxistas modernos, nadie ha presentado todavía una solución viable a la crítica de Böhm-Bawerk.” Karl-Friedrich Israel. El fin de la teoría de la explotación marxiana

En este video Martin Krause muestra con ejemplos cómo la teoría subjetiva del valor logra lo que no puede explicar la teoría del valor trabajo de Marx.

Eugen Böhm-Bawerk, economista austríaco, describe los errores conceptuales de la teoría del valor-trabajo de Marx.  Los siguientes párrafos resumen lo fundamental de su crítica.

… Marx había enseñado en su primer volumen que todo el valor de las mercancías se basaba en el trabajo incorporado en ellas, y que en virtud de esta “ley del valor” se deben intercambiar en proporción a la cantidad de trabajo que contienen; que, además, la plusvalía o ganancia que obtiene el capitalista era el fruto de la extorsión practicada al trabajador; que, sin embargo, la cantidad de plusvalía no era proporcional a la cantidad total del capital empleado por el capitalista, sino solo a la cantidad de la parte “variable”, es decir, a la parte del capital pagada en salarios mientras que el “capital constante”, el capital empleado en la compra de los medios de producción, no agregó plusvalía. Sin embargo, en la vida diaria, la ganancia de capital es proporcional al capital total invertido; y, en gran parte por esta razón, los productos no se intercambian como un hecho en proporción a la cantidad de trabajo incorporado en ellos. Aquí, por lo tanto, había una contradicción entre el sistema y el hecho que apenas parecía admitir una explicación satisfactoria. La evidente contradicción tampoco escapó al propio Marx. Él dice con referencia a ella: “Esta ley” (la ley, a saber, que la plusvalía es proporcional solo a la parte variable del capital), “claramente contradice toda experiencia prima facie”. Pero al mismo tiempo declara que la contradicción es solo aparente, cuya solución requiere muchos enlaces faltantes, y será pospuesta a volúmenes posteriores de su trabajo. La crítica experta pensó que podría aventurarse a profetizar con certeza que Marx nunca redimiría esta promesa, porque, como trató de demostrarlo de manera elaborada, la contradicción era insoluble. Sin embargo, su razonamiento no causó ninguna impresión en la masa de los seguidores de Marx. Su simple promesa superaba todas las refutaciones lógicas.

… El suspenso se volvió más difícil cuando se vio que en el segundo volumen del trabajo de Marx, que apareció después de la muerte del maestro, no se había hecho ningún intento hacia la solución anunciada (que, según el plan de todo el trabajo, estaba reservada para el tercer volumen), ni siquiera se dio la más mínima indicación de la dirección en la que Marx propuso buscar la solución.

Entre 1885, el año en que apareció el segundo volumen de Capital de Marx, y 1894, cuando salió el tercer volumen, se realizó un concurso de ensayos de premios sobre la “tasa de ganancia promedio” y su relación con la “ley del valor” [al que Friedrich Engels había convocado] para intentar resolver el problema “cómo, no solo sin contradecir la ley del valor, sino incluso en virtud de ella, se puede y se debe crear una tasa de beneficio promedio igual“. … Según el punto de vista de Friedrich Engels … nadie logró llevarse el premio. Eugen Böhm-Bawerk. Karl Marx and the Close of His System.

Con esta introducción al problema insoluble de que en la realidad verificable los productos no se intercambian por un valor que está en proporción a la cantidad de trabajo incorporado en ellos y que por tanto invalida el concepto de plusvalía, Böhm-Bawerk procede a realizar un análisis detallado de la construcción lógica que sigue Marx, desde la definición de mercancía, la distinción entre valor de uso y valor de cambio, el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir la mercancía, el concepto de plusvalía generada por la fuerza de trabajo, la tasa de plusvalía y la tasa de ganancia.

Luego pasa a exponer los errores lógicos de esa construcción teórica, tales como la falta de pruebas empíricas con información de la realidad; la exclusión inicial, per se, del análisis del efecto de la oferta y la demanda en el valor de cambio; el uso de una prueba negativa –por exclusión arbitraria de propiedades-, en lugar de positiva, para encontrar el factor común que explicaría el valor de cambio de las mercancías; la exclusión del factor cualitativo, tanto del trabajo como de las mercancías; la falacia del trabajo simple (no calificado) para calcular el tiempo de trabajo incorporado y por tanto el valor de las mercancías; los errores de método al ignorar en la investigación científica el mismo punto que exige explicación; la contradicción entre la ley del “precio de producción” y la “ley de valor”; el posterior análisis superficial y forzado de la competencia, la oferta y la demanda; la contradicción con su tesis original y la admisión de que las mercancías se intercambian pricipalmente según sus precios de producción debido a la competencia (oferta y demanda); y la inconsistente descripción de los factores que rigen el valor de mercado, entre otros.

En fin, un análisis crítico de alta calidad científica que desmenuza, parte por parte, las teorías expuestas por Marx en los tres volúmenes de El Capital, señalando los errores, inconsistencias, contradicciones y falacias existentes en la obra, y

que, desde el principio, su argumento no es natural y no se adapta al carácter del problema; y, además, que la evidencia que Marx presenta en su sistema claramente no es la misma por medio de la cual él mismo llega a sus convicciones, sino que posteriormente se consideró como un apoyo artificial para una opinión que se derivaba previamente de otras fuentes; y finalmente, y este es el punto más decisivo, que el razonamiento está lleno de las fallas más obvias de lógica y método que lo privan de toda fuerza. … Sin embargo, lo que diré es que nadie, con una mente tan poderosa como Marx, ha exhibido una lógica tan continua y tan palpablemente errónea como lo demuestra en la prueba sistemática de su doctrina fundamental.” Böhm-Bawerk. Idem.

Otros dos párrafos resumen la crítica de Böhm-Bawerk:  

…De tal naturaleza son el razonamiento y el método empleado por Marx al introducir en su sistema su proposición fundamental de que el trabajo es la única base de valor. En mi opinión, es bastante imposible que este hocus-pocus dialéctico constituya el fundamento y la fuente de las propias convicciones de Marx. Hubiera sido imposible para un pensador como él (y lo veo como una fuerza intelectual del más alto orden), haber seguido métodos tan tortuosos y antinaturales si hubiera estado involucrado, con una mente libre y abierta, en realmente investigar las conexiones reales de las cosas y formar sus propias conclusiones con respecto a ellas; hubiera sido imposible para él caer sucesivamente por simple accidente en todos los errores de pensamiento y método que he descrito, para llegar a la conclusión de que el trabajo es la única fuente de valor como la consecuencia natural, no el resultado deseado y predeterminado, de tal modo de investigación.

…Aquí yace [en el décimo capítulo del tercer volumen de El Capital], creo, el Alfa y la Omega de todo lo que es falaz, contradictorio y vago en el tratamiento de su tema por parte de Marx. Su sistema no está en contacto cercano con los hechos. Marx no ha deducido de los hechos los principios fundamentales de su sistema, ya sea mediante un empirismo sólido o un análisis económico-psicológico sólido; pero lo encuentra en un terreno no más firme que una dialéctica formal. Esta es la gran falla radical del sistema marxista en su nacimiento; de él todo lo demás surge necesariamente. El sistema funciona en una dirección, los hechos van en otra; y cruzan el curso del sistema a veces aquí, a veces allí, y en cada ocasión la falla original engendra una falla nueva. El conflicto entre el sistema y los hechos deben mantenerse apartados de la vista, de modo que el asunto esté envuelto en la oscuridad o la vaguedad, o se dé vuelta y se retuerza con los mismos trucos de dialéctica que al principio; o donde nada de esto sirve tenemos una contradicción. Tal es el carácter del décimo capítulo del tercer volumen de Marx. Trae la mala cosecha diferida durante mucho tiempo, que creció por necesidad de la mala semilla. Eugen Böhm-Bawerk. Karl Marx and the Close of His System.

Una traducción al español está en el Apéndice: Karl Marx y la Conclusión de su Sistema o La Conclusión del Sistema Marxiano

Otro crítico de la teoría del valor trabajo de Marx es Phillip Wiksteed, quien argumenta que solo si la fuerza de trabajo pudiera cambiarse para producir más fuerza de trabajo, en lugar de para producir otras mercancías, su valor estaría relacionado con el tiempo necesario para producirla, es decir, con el costo de producir y reproducir al trabajador. Ver la argumentación en el apéndice Wicksteed sobre la plusvalía.

La principal crítica que Joseph Schumpeter hizo a la teoría del valor trabajo se centra en la imposibilidad de calcular el valor de la fuerza de trabajo, que Marx considera una mercancía,  ya que los trabajadores, a diferencia de las máquinas, no son “producidos” de acuerdo con cálculos racionales de costos.  A continuación los párrafos esenciales sobre este tema. Una ampliación de este tema está en La crítica de Schumpeter a la teoría económica de Marx.

“… Todo el mundo sabe que esta teoría del valor es insatisfactoria. … Para la economía como ciencia positiva, sin embargo, que tiene que describir o explicar los procesos reales, es mucho más importante preguntar cómo funciona la teoría del valor trabajo como una herramienta de análisis, y el verdadero problema con ella es que lo hace muy mal.

Para empezar, no funciona en absoluto fuera del caso de competencia perfecta. En segundo lugar, incluso con una competencia perfecta nunca funciona sin problemas excepto si el trabajo es el único factor de producción y, además, si el trabajo es todo de un tipo.

…La teoría que la reemplazó, en su forma más antigua y ahora anticuada, conocida como la teoría de la utilidad marginal, puede reclamar superioridad en muchos aspectos, pero el verdadero argumento es porque es mucho más general y se aplica igualmente bien, por un lado, a los casos de monopolio y competencia imperfecta y, por otro lado, a la presencia de otros factores y de trabajo de muchos tipos y cualidades diferentes.

… [Según Marx]  El cerebro, los músculos y los nervios de un obrero constituyen, por así decirlo, un fondo o un stock de mano de obra potencial (Arbeitskraft, generalmente traducido no muy satisfactoriamente como fuerza de trabajo). Este fondo o acervo que Marx considera como una especie de sustancia que existe en una cantidad definida y que en la sociedad capitalista es una mercancía como cualquier otra. 

… Ahora bien, dado que el trabajo en ese sentido (no el servicio de trabajo o la verdadera hora-hombre) es una mercancía, la ley del valor debe aplicarse a ella. Es decir, debe, en equilibrio y competencia perfecta, obtener un salario proporcional al número de horas de trabajo que entró en su “producción”. Pero, ¿qué número de horas de trabajo entra en la “producción” del stock de mano de obra potencial que se almacena dentro de la piel de un obrero? Bueno, el número de horas de trabajo que se necesitaron y necesitan para levantarse, comer, vestirse y albergarse el obrero. Esto constituye el valor de ese acervo, y si vende partes de él, expresados en días, semanas o años, recibirá salarios que corresponden al valor del trabajo de esas partes así como un comerciante de esclavos que vende un esclavo recibiría en equilibrio un precio proporcional al número total de esas horas de trabajo. 

…La teoría del valor del trabajo, incluso si pudiéramos concederla válida para cualquier otra mercancía nunca se puede aplicar a la mercancía trabajo, ya que esto implicaría que los trabajadores, como las máquinas, son producidos de acuerdo con cálculos racionales de costos. Como no lo son, no hay ninguna justificación para asumir que el valor de la fuerza de trabajo será proporcional a las horas-hombre que entran en su “producción”. ”  Joseph A. Schumpeter. “Capitalism, Socialism, and Democray” (1943)

Luego, Schumpeter analiza la teoría de la “explotación” marxista, de la concentración del capital, los ciclos económicos y su aporte al análisis histórico.

“Debe observarse, una vez más, que Marx se mantiene así cuidadosamente aparte de todos los tópicos populares que en una u otra forma sostenían que, en el mercado de trabajo capitalista, el obrero es robado o engañado o que, en su lamentable debilidad, está simplemente constreñido a aceptar cualesquiera condiciones que se le impongan. La cosa no es tan sencilla; el obrero obtiene el valor pleno de su potencial de trabajo.

… [Según Marx] Pero una vez que los “capitalistas” han adquirido ese stock de servicios potenciales, están en condiciones de hacer que el trabajador trabaje más horas —prestan más servicios reales— de lo que se necesita para producir ese stock o existencia potencial. Pueden exigir, en este sentido, más horas de trabajo reales de las que han pagado. Dado que los productos resultantes también se venden a un precio proporcional a las horas-hombre que entran en su producción, existe una diferencia entre los dos valores —que surgen de nada más que el modus operandi de la ley marxista de los valores— que necesariamente y en virtud del mecanismo de los mercados capitalistas va al capitalista. Este es el valor de excedente o  plusvalía (Mehrwert). Al apropiarse de él, el trabajo capitalista “explota” al obrero, aunque paga a los obreros no menos que el valor total de su potencial laboral y recibe de los consumidores no más que el valor total de los productos que vende. Una vez más, debe observarse que no hay ningún atractivo para cosas tales como la fijación de precios desleales, la restricción de la producción o el engaño en los mercados de los productos. Marx, por supuesto, no quiso negar la existencia de tales prácticas. Pero las vio en su verdadera perspectiva y, por lo tanto, nunca basó en ellas ninguna conclusión fundamental.

… En primer lugar, la teoría de la plusvalía no hace en nada más fácil la resolución de los problemas aludidos anteriormente, que son creados por la discrepancia entre la teoría del valor del trabajo y los hechos patentes de la realidad económica. Por el contrario, los agudiza, porque, según esta teoría, el capital constante —es decir, el capital que no es de salarios- no transmite al producto un valor superior al .que pierde en su producción; únicamente transmite más valor el capital de salarios y los beneficios obtenidos habrán de variar, por consiguiente, de una empresa a otra, según la composición orgánica de sus capitales. Marx cuenta con la competencia entre los capitalistas para llevar a cabo una redistribución tal de la “masa” total de plusvalía .que cada empresa obtenga beneficios proporcionales a su capital total o que se equiparen los tipos singulares de los beneficios. Vemos, fácilmente, que la dificultad entra en la categoría de los falsos problemas que resultan siempre de los intentos de construcción de una teoría artificiosa y la solución pertenece a la categoría de las resoluciones desesperadas.

…Pero una proposición afín, aunque no idéntica, proporciona a la vez una de las “fuerzas” más importantes de la dinámica de Marx y el eslabón que une la teoría de la explotación y la planta superior del edificio analítico de Marx, denominada, usualmente, teoría de la acumulación.

La parte principal del botín arrancado a la mano de obra explotada (según algunos de sus discípulos, prácticamente todo él) la convierten los capitalistas en capital, esto es, en medio de producción. En sí misma, y prescindiendo del modo de expresión con que la presenta ta fraseología de Marx, ésta no es, por supuesto, más que la afirmación de un hecho bien conocido, descrito por lo general en términos de ahorro e inversión. 

… Al discutir la teoría de la explotación de Marx he subrayado que, en una economía de competencia perfecta, los beneficios de explotación inducirían a los capitalistas a expandir la producción o a intentar expandirla, porque desde el punto de vista de cada uno de ellos esto significaría más beneficio. Ahora bien: para conseguirlo tendrían que acumular. Además, el efecto masivo de este comportamiento tendería a reducir las plus valías a causa de la elevación consiguiente de los tipos de salarios, así como también por una baja subsiguiente de los precios de los productos, lo cual constituye un buen ejemplo de las contradicciones inherentes al capitalismo, que eran tan queridas por el corazón de Marx. Y esta misma tendencia constituirla, también para el capitalista individual, otra razón por la que se sentiría compelido a acumular, aunque, en definitiva, este comportamiento haría, a su vez, empeorar las cosas para la clase capitalista en su conjunto. Habría, por tanto, una especie de coerción hacia la acumulación aun en un sistema estacionario en todo lo demás, el cual, como antes decía, no puede alcanzar un equilibrio estable hasta que la acumulación haya reducido a cero la plus valía y haya destruido así al capitalismo mismo.

Constantemente se dan posibilidades de obtener ganancias produciendo cosas nuevas o produciendo cosas antiguas más baratas. y se atraenJ para ello, nuevas inversiones. Estos nuevos productos y estos métodos nuevos compiten con los productos y con los métodos antiguos, no en término~ de igualdad, sino de ventaja decisiva que puede significar la muerte para los últimos. Así es como penetra el “progreso” en la sociedad capitalista. A fin de evitar ser vendidas a bajo precio todas las empresas se ven constreñidas, en definitiva, a seguir el mismo camino, esto es, a invertir por su parte, y, a fin de poder hacerlo, a reservar parte de sus beneficios, es decir, a acumular. Así, pues, todo el mundo acumula.

Hay, sin embargo, otra fuerza de acumulación mucho más importante y mucho más drásticamente coercitiva. En realidad, la economía capitalista no es ni puede ser estacionaria. Tampoco se expande conforme a un ritmo uniforme. Está, incesantemente, revolucionada desde dentro por un nuevo espíritu de empresa, es decir, por la introducción de nuevas mercancías o nuevos métodos de producción o nuevas posibilidades comerciales en la estructura industrial, tal como existe en cualquier momento. Todas las estructuras existentes y todas las condiciones de la vida económica se hallan siempre en un proceso de transformación. Toda situación es derribada antes de que haya tenido tiempo de desarrollarse plenamente. En la sociedad capitalista el progreso económico significa derrumbamiento. Y, como veremos en la parte siguiente, en un proceso de derrumbamiento funciona la competencia de una manera completamente diferente a como funcionaría en un sistema estacionario, aunque fuese de competencia perfecta.

… basta con que el beneficio de cada empresa singular esté incesantemente amenazado por la competencia efectiva o potencial de nuevas mercancías o nuevos métodos de producción, que, más tarde o más temprano, lo convertirían en una pérdida. Así obtenemos la fuerza impulsora necesaria e, incluso un analogon a la afirmación de Marx de que el capital constante no produce plusvalía -pues ninguna reunión singular de bienes de capital permanece para siempre como una fuente de sobre ganancia- sin tener que apoyarnos en aquellas partes de su argumentación que son de validez dudosa.

Otro ejemplo lo suministra el eslabón siguiente de la cadena de Marx, su teoría de la concentración, esto es, su tratamiento de la tendencia del proceso capitalista a incrementar tanto el volumen de las instalaciones industriales, com9 el de las unidades de intervención. La única explicación que ofrece,  si se la despoja de su fantasía, se reduce a afirmaciones desapasionadas, tales como la de que “la batalla de la competencia se libra mediante el abaratamiento de las mercancías”, el cual “depende, ceteris paribus de la productividad del trabajo”;  de la que ésta depende, a su vez, de la escala de producción, y la de que “los capitales mayores aniquilan a los menores”.

Sin embargo, la admiración que tantos economistas fuera del redil profesan sentir por esta teoría no es injustificada. Para empezar, predecir el advenimiento de las grandes empresas fue, teniendo en cuenta las condiciones del día de Marx, un logro en sí mismo. Pero hizo más que eso. Enganchó perfectamente la concentración en el proceso de acumulación o más bien visualizó el primero como parte del segundo, y no sólo como parte de su patrón fáctico, sino también de su lógica. Percibió correctamente algunas de las consecuencias, por ejemplo, que “la creciente mayor parte de las masas individuales de capital se convierte en la base material de una revolución ininterrumpida en el modo de producción en sí misma”— y otras al menos en una unilateral o distorsionada manera.

Dos elementos más completarán este boceto: la teoría de Marx de Verelendung o, para usar el equivalente inglés que me he atrevido a adoptar, de la pauperización [immiserization en inglés, empobrecimiento en español], y su teoría (y la de Engels) del ciclo económico. En el primero, tanto el análisis como la visión fallan sin remedio; ambos se cuentan en su haber. Marx sin duda sostuvo que en el curso de la evolución capitalista las tasas salariales reales y el nivel de vida de las masas caería para los mejor pagados, y no mejoraría en los estratos peor pagados y que esto no se produciría a través de ningún accidente o medio ambiente circunstancial, sino en virtud de la lógica misma del proceso capitalista. Como predicción, esto era, por supuesto, singularmente calamitosa y los marxistas de todo tipo se han visto en dificultades en un aprieto para salir con bien de las pruebas claramente adversas con que se enfrentaron. Al principio, y en algunos casos aislados incluso hasta nuestros días, mostraron una notable tenacidad al tratar de salvar esa “ley” como una declaración de una tendencia real confirmada por las estadísticas salariales. Después se esforzaron por darle otro sentido, esto es, por referirla no a los tipos de salario real ni a la participación absoluta en la renta de la clase trabajadora, sino a la parte relativa de las rentas del trabajo respecto de la renta nacional total.

Pero el verdadero problema es que la estructura teórica de Marx es cualquier cosa menos confiable en ese sector: junto con la visión, la base analítica es la culpable. La base de la teoría de la pauperización es la teoría del “ejército de reserva industrial”, es decir, del desempleo creado por la mecanización del proceso de producción. Y la teoría del ejército de reserva se basa a su vez en la doctrina expuesta en la de Ricardo en el capítulo sobre maquinaria. En ningún otro lugar — excepto por supuesto la teoría del valor— el argumento de Marx depende tan completamente del de Ricardo sin agregar nada esencial.

Por una parte, Marx exalta indudablemente -aunque con una motivación no del todo adecuada- el enorme poder del capitalisnmo para desarrollar la capacidad de producción de la sociedad. Por otra parte, destaca incesantemente la creciente miseria de las masas. ¿No es la cosa más natural del mundo concluir que las crisis o depresiones se deben al hecho de que las masas explotadas no pueden comprar todo ]o que este aparato de producción constantemente en aumento crea o está en situación de crear y que, por esta y otras razones, que no necesitamos repetir, el tipo de beneficio baja hasta un nivel de bancarrota? Así, pues, parecemos efectivamente arribar. según el elemento que queramos realizar. a las costas de una teoría del infraconsu.mo o a las de una teoría de la superproducción del tipo más vulgar.

… La realidad es que no tenía ninguna teoría sencilla del ciclo económico. Y no puede deducirse lógicamente ninguna siguiendo sus “leyes” de la evolución capitalista. Aun cuando aceptemos su explicación del origen de la plus valía y convengamos en admitir que la acumulación, la mecanización (aumento relativo del capital constante y la superpoblación profundizan inexorablemente la miseria de las masas y se enlazan en una cadena lógica que termina en la catástrofe del sistema capitalista, incluso entonces nos falta un factor que confiera al proceso las fluctuaciones cíclicas, con carácter de necesi dad, y explique la alternación inmanente de las prosperidades y las depresiones.  Indudablemente, tenemos siempre a la mano bastantes accidentes e incidentes a los que asirnos para compensar los defectos de la explicación fundamental.

Además, hace ya tiempo que marxistas, que en lo demás son ortodoxos, han comenzado a poner en duda la validez de la afirmación de que la concentración del dominio industrial es necesariamente incompatible con el sistema funcional del capitalismo. El primero de ellos en proclamar esta duda mediante un razonamiento bien fundamentado fue Rudolf Hilferding, uno de los dirigentes del importante grupo de los neo-marxistas, quien, efectivamente, se inclinó hacia la tesis opuesta a saber: que el capitalismo podría ganar en estabilidad por medio de la concentración.

No es apenas necesario resumir de un modo detallado. Nuestro bosquejo, aunque imperfecto, debe bastar para establecer: primero, que nadie que se interese algo por el análisis puramente económico puede hablar de éxito absoluto de Marx en el dominio económico; seguro de que nadie que se interese algo por las construcciones. atrevidas puede hablar de fracaso absoluto.

En el tribunal que juzga la técnica teórica el veredicto tiene que ser adverso a Marx. La adhesión a un aparato analítico que ha sido siempre inadecuado y que en los propios días de Marx se anticuaba rápidamente; una larga lista de conclusiones que no están bien deducidas o son manifiestamente erróneas; errores que si se corrigieran cambiarían las conclusiones esenciales, a veces, en sus contrarias; todos estos cargos pueden hacerse, con razón, contra Marx en cuanto técnico teórico.

…Por último, la idea de que la evolución capitalista estallará —o superará— las instituciones de la sociedad capitalista (Zusammenbruchstheorie, la teoría de la catástrofe inevitable) ofrece un último ejemplo de la combinación de un non sequitur con una visión profunda que ayuda a rescatar el resultado.

… Estando basada, como está, la “deducción dialéctica” de Marx en el crecimiento de la miseria y la opresión que provocará la rebelión de las masas, es invalidada por el non sequitur que vicia el argumento que era establecer ese inevitable crecimiento de la miseria.

Pero Marx ha logrado efectivamente una cosa de importancia fundamental para la metodología de la economía. Los economistas siempre han utilizado ó bien el trabajo histórico económico realizado por ellos mismos o bien el trabajo histórico de los demás. Pero los hechos de la historia económica se relegaban a un compartimento separado. Si entraban en la teoría era, simplemente, desempeñando el papel de ilustraciones o posiblemente el de verificación de las conclusiones. Se mezclaban con ella sólo mecánicamente.

Ahora bien: la mezcla de Marx es una mezcla química, es decir. que él introdujo los datos históricos en el mismo razonamiento del que deriva sus conclusiones. Fue el primer economista de rango superior que vio y enseñó, sistemáticamente, cómo la teoría económica puede convertirse en análisis histórico y cómo la narración histórica puede convertirse en histoire raisonnée.  El problema análogo con relación a la estadística no intentó resolverlo. Pero, en cierto sentido, está implícito en el otro. Esto también responde a la cuestión de en qué medida la teoría económica de Marx, de la manera como se expuso al final del capítulo anterior, consiguió apuntalar su andamiaje sociológico. En esto no tuvo éxito; pero al fracasar no sólo señaló una meta, sino que fundó, también, un método.” Joseph A. Schumpeter. “Capitalism, Socialism, and Democray” (1943)

Por su parte, Juan Ramón Rallo, economista español, ofrece un análisis de los errores cometidos por Marx en la construcción de su teoría del valor-trabajo, en el cual resalta la renuencia de Marx a reconocer el papel del empresario en la creación de valor y adjudicarle todo a los trabajadores. 

Un resumen de las principales críticas de Rallo son las siguientes.: 

El primer error o primer problema: la arbitraria selección que efectúa Marx de cuál es el denominador común de las mercancías que participan en un intercambio. Recordemos que Marx afirma que los mercancías que son intercambiadas sólo tienen en común ser fruto del trabajo humano, pero esto es evidentemente falso. La propiedad verdaderamente relevante que tienen en común dos mercancías intercambiadas no es o no son, ni sus propiedades naturales ni el ser fruto de la energía sino que son mercancías, son bienes relativamente escasos con respecto a las necesidades humanas que pueden satisfacer. Es decir, la característica común es la utilidad de las mismas, no el trabajo humano. Esto se demuestra en el caso de una mercancía producida por animales o por robots y en los casos de todo aquello que no es reproducible mediante el trabajo humano. El valor de cambio está determinado por la utilidad de las mercancías.

El segundo error: el tiempo de trabajo socialmente necesario, que como sabemos es lo que determina el valor de cambio de las mercancías es un concepto vago y endógeno a la demanda. Porque no existe una unidad homogénea de trabajo abstracto al que reducir los distintos trabajos concretos y heterogéneos que tienen lugar dentro de una economía. Marx  considera que el trabajo más complejo, por ejemplo, el de un cirujano, es igual sólo a un trabajo simple potenciado o más bien multiplicado, de suerte que una pequeña cantidad de trabajo complejo equivale a una cantidad mayor de trabajo simple. El problema es que cómo establecemos la relación multiplicada que existe entre el trabajo simple por ejemplo de un granjero y el trabajo complejo de un cirujano? Lo que nos dice Marx es que tenemos que comparar los valores de cambio del producto de su trabajo. El problema de esto es que los diferenciales de intensidad de trabajo no pueden medirse por los diferenciales de los precios de mercado de las mercancías producidas. Y por qué razón no podemos hacer esto? Que es lo que nos sugiere Marx? Que el valor no es directamente observable en el mercado. Lo que observamos en el mercado son los precios de mercado y en el volumen tercero Marx nos dice que los precios de mercado no reflejan necesariamente el valor. Por tanto, apelar al tiempo de trabajo socialmente necesario para aproximar el valor de cambio de una mercancía por necesidad sea un concepto muy vago, muy indefinido, porque las distintas obras de distintos trabajadores no valdrán lo mismo y no tendremos forma de saber cuánto vale cada una de ellas porque los precios de mercado no serán un indicador para conocer esto.

El tercer problema, el tercer error, es que es solo el trabajo es fuente de valor. Para Marx, sólo el trabajo humano, como ya hemos dicho, es capaz de generar nuevo valor de cambio. Ni los animales ni los robots pueden generar un nuevo valor de cambio. Para Marx, los animales o los robots, únicamente trasladan el valor de cambio que incorporaban cuando fueron producidos a su vez a través del trabajo. Al final lo que está haciendo Marx sin explicitarlo claramente, es imputarle al trabajador toda la ganancia de productividad que se pueda derivar de un cambio de una mejoría en la estructura productiva.  

Marx  dice que todos los trabajadores tienen que soportar el coste de la gestión empresarial. … Cómo sabe Marx que se está sobre remunerando a los capitalistas? Pues realmente no lo sabe. Cuál es la intensidad del trabajo de los capitalistas en relación con la intensidad del trabajo de los trabajadores? La intensidad del trabajo coordinador, de un capitalista puede ser un múltiplo gigantesco de veces la intensidad del trabajo de un trabajador raso. … Si no atendemos a esta literalidad de la teoría del valor trabajo pues simplemente no sabemos cuál es el valor que está generando un capitalista como coordinador. De hecho esto lo descubrimos a través del proceso de competencia: Si un capitalista genera mucho valor en alianza en trabajo conjunto con un trabajador esa empresa logrará muchos más beneficios que otra empresa que no incorpora ese capitalista. El hecho diferencial entre una empresa y otra será el capitalista y si  la empresa que incorpora ese capitalista gana mucho más dinero es porque diferencialmente ese capitalista genera mucho más valor que el otro merced a su mayor habilidad.

En definitiva, la teoría del valor trabajo es errónea por las razones que hemos explicado, una serie de supuestos totalmente arbitrarios y en parte contradictorios que adopta más para terminar defendiéndola y a su vez, la teoría de la explotación también es errónea no sólo porque la teoría de valor trabajo lo es, … pero incluso aceptando la teoría del valor trabajo, la teoría de la explotación es errónea porque al final se niega a reconocer la contribución que desarrolla el capitalista dentro del proceso productivo. Refutación a las teorías del valor trabajo y de la explotación de Marx – Juan Ramón Rallo.

Richard M. Ebeling refiere que uno de los principales error es de la teoría económica marxista fue basarla exclusivamente en la parte “material” de las relaciones económicas.

Los economistas clásicos distinguieron entre lo que llamaron intereses y motivos “materiales” y “no materiales”. El concepto central del enfoque “clásico” era que la economía como campo de estudio era la ciencia de la producción y distribución de la riqueza. Es decir, las actividades materiales del hombre en la búsqueda de su supervivencia y mejora.

El “giro” de Marx en este enfoque, como hemos visto, fue su argumento de que el lado material de la vida del hombre (es decir, su [modo de] producción) era el ingrediente determinante para establecer y dictar todas las demás relaciones sociales, políticas y económicas en la sociedad. Las “relaciones de producción” (la tecnología dominante y las formas físicas de capital en las que se encarnaba) determinaron la “superestructura” del orden social en la forma de sus instituciones y relaciones humanas. …

A finales del siglo XIX, los economistas vieron cada vez más el concepto de escasez como un elemento central para la comprensión económica. La economía se reformuló como el estudio del principio del comportamiento económico bajo la restricción de medios insuficientes para satisfacer todos los fines del deseo.

En las décadas de 1920 y 1930, los economistas desarrollaron un enfoque que extendió y refinó la idea de la economía aún más. Especialmente a través de los escritos de varios economistas de la escuela austriaca, en particular, Ludwig von Mises, Hans Mayer y Richard Strigl, y el economista británico, Lionel Robbins, la economía llegó a ser vista como la lógica de la acción y la elección: lo que delinea un campo de investigación para el análisis económico no son los motivos particulares por los cuales los individuos emprenden acciones, es decir, objetivos “materiales” versus algunos objetivos “no materiales”, sino las relaciones particulares que imponen un “aspecto económico” a toda acción humana: eso constituye la necesidad de seleccionar entre todos y cada uno de los fines alternativos cuando los medios son insuficientes para cumplir con todos los objetivos o propósitos para los cuales podrían aplicarse.

En esto, el individuo compara todo tipo de fines, independientemente de su contenido. Por ejemplo, la escasez de tiempo requiere una elección entre “trabajar por dinero” en lugar de hacer “trabajo de caridad”. O elegir entre “pan” y “honor”. Por lo tanto, no hay nada distinto sobre el “lado material” de la vida, aparte de la manera en que los medios pueden usarse para perseguir un conjunto de fines, en lugar de otros.

… De hecho, cuanto más se desarrolla la sociedad en términos del aumento del nivel de vida material, menos importante se vuelve la búsqueda de fines “materiales” en sentido estricto (comida, vivienda, ropa). Cuanto más productiva es la sociedad, más se satisface este tipo de fines para la gran mayoría de las personas. Como resultado, los intereses y deseos de las personas cambian a otros “márgenes” de interés y deseo, por ejemplo, “estilos de vida”, “arte”, una amplia variedad de usos personales y cambiantes de los medios cada vez más disponibles para diversos refinamientos y placeres de la “buena vida”.

Es el capitalismo, en otras palabras, lo que aumenta la capacidad de un número cada vez mayor de personas para contemplar cómo distribuir su mayor cantidad de “tiempo libre” entre los fines deseables alcanzables (tal vez, para usar la frase de Marx, para ir a “pescar en el mañana” y “cazar por la tarde”…). Por lo tanto, es el capitalismo el que proporciona los medios para que las personas tengan más tiempo y más medios para lo que Marx llamó “acción autónoma”. Richard M. Ebeling. Karl Marx’s Ideas and Errors About Capitalism and Markets

La alemana Gran Enciclopedia de la Economía, describe el abandono de la teoría del valor trabajo por los economistas posteriores a Marx, como explicación para la formación de los precios, debido a los errores y contradicción en la teoría marxista antes señalados por Böhm-Bawerk.

La economía neoclásica y, en particular, la revolución marginalista supuso un cambio de rumbo considerable en la utilización del concepto de valor. El neoclasicismo abandona la teoría del valor-trabajo y la sustituye por la teoría subjetiva del valor, que explica por medio de una combinación de escasez y utilidad [Desarrollada originalmente por Carl Menger (1840-1921)]. William Stanley Jevons (1835-1882) se deshizo de la paradoja smithiana de discrepancia entre el valor de uso y el valor de cambio apelando al concepto de grado de utilidad final (utilidad marginal). El valor de uso de los economistas clásicos se corresponde con el concepto de utilidad total del bien, mientras que el intercambio de un bien por otro se establece en términos de utilidad marginal, que disminuye al aumentar la cantidad del bien intercambiado.

ni la cantidad de trabajo requerida para la producción o reproducción de un bien ni otros bienes constituyen el factor determinante del valor. La medida viene dada por la magnitud de la significación de [el valor que asignamos a] aquella necesidad para cuya satisfacción dependemos y sabemos que dependemos de la disposición [uso o goce] de un bien. Carl Menger. Principios de Economía Política (1871).

La teoría económica neoclásica es una teoría de la formación de los precios y del funcionamiento de los mercados. La teoría de la distribución es para el neoclasicismo una prolongación de la teoría de los precios; en equilibrio el precio de cada factor productivo es igual al valor de su productividad marginal. Los economistas neoclásicos relegan el concepto de valor al campo de la psicología y centran su atención en la teoría de la formación de los precios. Los precios que, bajo la óptica del equilibrio parcial, son el resultado del equilibrio entre la oferta (detrás de la cual está el costo o sacrificio que la producción del bien implica) y la demanda (detrás de la cual está la utilidad o satisfacción que el consumo del bien reporta) son las expresiones monetarias de los valores de las cosas, de los bienes y servicios intercambiados en el mercado.

La ley de la oferta y la demanda además de ser la ley de la formación de los precios ha pasado a ser con los economistas neoclásicos la ley de la determinación del valor de las cosas. La teoría del valor-trabajo continúa siendo utilizada hoy día por los economistas neo-marxistas y pos ricardianos. Die Größe Enzyklopädie der Wirtschaft. Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas.

Aunque los economistas posteriores a Marx de todas las escuelas económicas y de todas las épocas –exceptuando a los marxistas por supuesto- hayan demostrado que la teoría del valor-trabajo fue superada como explicación del precio de las cosas, y que la ley de la oferta y la demanda, se reconoce como la ley que explica la determinación de los precios; mucha gente piensa que sigue siendo válida la teoría de la explotación de los trabajadores –basada en la teoría del valor trabajo, desarrollada primeramente por David Ricardo y luego por Karl Marx como base para construir su teoría del funcionamiento del capitalismo y la inevitabilidad de su reemplazo por un sistema superior: el comunismo-. 

En efecto, la teoría del valor trabajo como explicación del precio y valor de las cosas, solamente se aborda en las clases de economía de la universidad y si el análisis lo hace un profesor de ideología marxista, socialista o de izquierda, tratará de acomodarlo para sustentar sus ideas. De este asunto teórico pocos se ocupan. La posterior demostración de la inutilidad de la teoría marxista del valor,  realizada por los más prestigiados economistas y académicos del mundo no es conocida por la inmensa mayoría de personas.

Como hemos visto, la teoría del valor trabajo de Marx establece que el valor de los bienes y servicios viene dado por el valor del trabajo incorporado en su producción, pero que los trabajadores solamente reciben una parte del valor de los mismos y que el empresario se apropia del resto.

Marx sostuvo que la fuerza de trabajo tenía un valor de uso (rendimiento obtenido por el capitalista) superior al valor de cambio (salario pagado por el capitalista); esa diferencia constituye la plusvalía que es la ganancia de la que se apropia el capitalista. Para Marx el valor de un bien depende del trabajo socialmente necesario para producirlo.

El postulado de Marx no era útil para explicar el comportamiento de los precios en la vida real, por lo que posteriormente los economistas abandonan la teoría del valor-trabajo y la sustituyen por la teoría subjetiva del valor, que explica que el valor es determinado por medio de una combinación de escasez y utilidad y por el concepto de grado de utilidad final (utilidad marginal), desarrollada por Carl Menger, William S. Jevons, León Walras y Alfred Marshall en el último cuarto del siglo XIX. El valor de uso se corresponde con el concepto de utilidad total del bien, mientras que el valor de cambio de un bien por otro se establece en términos de utilidad marginal, que disminuye al aumentar la cantidad del bien intercambiado.

Hans-Hermann Hoppe explica que la  falla en la teoría marxista de la explotación es que Marx obvia el axioma de “preferencia intertemporal” como una categoría básica de acción humana.  Pero antes de entrar a  este punto, como antecedente, Hoppe aborda el concepto de explotación en la obra de Marx.

“Según Marx, los sistemas pre-capitalistas como el esclavismo y el feudalismo estaban caracterizados por la explotación. Cierto. En ambos sistemas los intereses del explotado y el explotador son antagonistas. El esclavo no puede ganar en un intercambio que no es libre, y por tanto el beneficio del explotador es la pérdida del explotado [un juego de suma cero]. Lo mismo se puede decir del señor feudal que extrae rentas de las tierras que el campesino legítimamente se apropió con su trabajo. Las ganancias del ‘lord’ son las pérdidas del campesino.

Y es claro que ambos sistemas impedían el desarrollo de mejores formas productivas. El esclavo y el siervo no eran tan productivos como hubieran podido serlo en ausencia de tales sistemas. Si al esclavo le hubieran ‘pagado’ según su productividad, entonces hubiera trabajado con más ganas.

Pero Marx sigue creyendo que las condiciones no han cambiado en el capitalismo. En el capítulo 24 del Capital —”Sobre la Apropiación Originaria”— Marx da un recuento histórico de cómo el capitalismo emergió a partir de conquistas, robos y asesinatos. De la misma forma, en el capítulo 25, “Sobre la Teoría Moderna del Colonialismo”, la invasión del tercer mundo es fuertemente enfatizada. Todo eso es correcto, nadie puede negar la conquista imperialista. Pero no tiene nada que ver una invasión violenta con intercambio voluntario [Capitalismo].

En este punto Marx entra en un juego lógico. A través de recuentos históricos y apelando a la indignación de los lectores frente a la forma en que unas riquezas capitalistas fueron creadas, Marx mueve la discusión en su favor con un tema que no era su tesis básica. Marx no explica el origen de la propiedad ‘limpia’, es decir, la propiedad que fue adquirida por apropiación originaria cuando un hombre cultivó una tierra antes no poseída por nadie. Marx simplemente describe el robo de propiedad, pero no el origen. No habla de la propiedad que no fue robada a nadie. Según Marx, el hombre que adquirió propiedad limpiamente —porque antes no había sido poseída por nadie— sigue siendo un explotador sin importar que ahora las transacciones sean voluntarias entre hombres libres.

Esto me hace recordar la famosa afirmación de Proudhon de que la propiedad es robo. Eso es una contradicción porque todo robo presupone propiedad.

¿Cuáles son las ‘pruebas’ que Marx presenta para demostrar que el capitalista sigue siendo un explotador? [Y Marx consideraba esto su mayor aporte al análisis económico].

Su prueba de esto es que el salario es menor que el precio de venta del producto. Por ejemplo, si el obrero crea valor trabajando por 5 días, sólo recibe el valor de tres días de trabajo. El resto del valor creado -la plusvalía- es apropiado por el capitalista, luego —según Marx— se prueba que hay explotación. Esa explicación es incorrecta.

¿Qué está mal en ese análisis? La respuesta es clara cuando uno se pregunta: ¿por qué el obrero acepta tal oferta?

Que el obrero no reciba el valor completo de su trabajo no tiene nada que ver con explotación sino que es un reflejo de su preferencia intertemporal.”

Qué es la preferencia intertemporal? “Preferir lo que puede obtenerse en el presente para satisfacer una necesidad inmediata en lugar de lo que puede tenerse en el futuro aunque tenga mayor valor. El hombre prefiere más a menos, cierto. Pero el hombre está restringido por su consumo para mantenerse vivo.  Nadie que tiene la comida contada dejaría de comer un pan hoy para recibir un pan dentro de un mes” , pero sí podría limitarse para recibir dos panes. Y así aparece la categoría de interés. Es una característica propia de la acción humana.”  

Si el obrero quiere recibir el fruto completo de su trabajo, entonces necesita esperar más tiempo ya que al no aceptar el empleo, el obrero puede dedicarse a producir para él mismo. Y al final no recibiría tres días de paga salarial, sino que recibiría los cinco días de valor que le corresponde. Pero tiene que esperar más. El obrero acepta porque el salario que recibe representa bienes de consumo presente, mientras que su trabajo representa bienes de consumo futuro.”

La diferencia en el precio de venta de un producto y el costo de los factores para producirlo siempre será —y tiene que ser— positiva dada la preferencia de consumo en el tiempo.

Si el empresario no estuviera seguro de que puede recibir algo más en el futuro, simplemente no produciría nada. De la misma forma, el obrero sabe que puede recibir más bienes en el futuro, pero lo que le interesan son los bienes en el presente.

¿Por qué el obrero decide intercambiar? El obrero, como el resto de hombres, decide intercambiar porque a través del intercambio mejora su situación.

Si tengo sed, y el vendedor de la esquina me ofrece una Coca-Cola por medio dólar, al comprar la Coca-Cola demuestro que saciar mi sed vale más para mí que el medio dólar. Mientras que para el vendedor mi medio dólar vale más que la Coca-Cola, que obviamente le costó menos de medio dólar. Al final ambas partes han ganado porque ambas partes han obtenido más por algo que valoraban menos. Si no hubiera beneficio para ambas partes el intercambio voluntario sería imposible. A partir de este ejemplo podemos observar también que ‘el valor’ se crea en la cabeza de los individuos.

¿Y por qué el obrero acepta intercambiar su salario —una cantidad menor de bienes- por una cantidad mayor de bienes— el fruto completo de su trabajo?  Por el tiempo que tardarán en llegar los bienes futuros.

¿Por qué el capitalista está dispuesto a adelantar pagos salariales por un producto que estará listo mucho después? Obviamente el capitalista, no pagaría $100 hoy para recibir los mismos $100 luego de un año. En ese caso sería mejor no entrar en negociaciones con nadie y tener absoluto control sobre los $100. El capitalista espera recibir más dinero en el futuro.

Por tanto, Hoppe concluye que “Lo que está mal en la teoría de Marx es que él no comprende el axioma de “preferencia intertemporal” como una categoría básica de acción humana.

Que el obrero no reciba el valor completo de su trabajo no tiene nada que ver con explotación sino que es un reflejo de su preferencia intertemporal, la idea de que es imposible para el hombre recibir la misma cantidad de un bien hoy y dentro de 3 años a menos que esté descontada por un valor. Es imposible para el hombre intercambiar bienes presentes y bienes futuros al mismo valor, sino que tiene que descontarlos.” Hans-Hermann Hoppe.  Economía y Ética de la Propiedad Privada. 2da. Ed.

Por tal razón, la relación entre el empresario y el empleado es de mutuo beneficio, no una de explotación. 

Contrario a lo que ocurre en esclavitud donde el esclavista se beneficia a expensas del esclavo, la relación entre el capitalista y el empleado es mutuamente beneficiosa. El empleado entra al acuerdo porque, dada su preferencia de tiempo, él prefiere un monto menor de bienes hoy frente a un monto mayor de bienes en el futuro. Y el capitalista entra en el acuerdo porque, dada su preferencia intertemporal, él tiene una preferencia intertemporal en reversa y valora un mayor monto de bienes en el futuro más que una menor cantidad de bienes en el futuro. Los intereses no son antagonistas sino armoniosos. Si el capitalista no tuviese preferencia intertemporal, el empleado estaría peor, porque tendría que esperar más de lo que está dispuesto a esperar para recibir el fruto de su trabajo. Y si el empleado no tuviese preferencia intertemporal, el capitalista estaría peor porque tendría que recurrir a procesos más largos e ineficientes de producción. Pero con el intercambio ambas partes ganan.” [Ibid.]

La falacia de la teoría del valor trabajo puede demostrarse observando lo que sucede en la vida real. Cuando se inventa un nuevo bien o servicio, lo que convencionalmente se llama innovación, término definido en “Guidelines for Collecting and Interpreting Innovation Data. A joint publication of OECD and Eurostat”, 2005, más conocido como el Manual de Oslo, se crea un nuevo valor agregado, adicional a la suma de los valores agregados de las partes o componentes del nuevo producto. El concepto de valor agregado comprende las remuneraciones al trabajo, la depreciación, ganancias e impuestos. El Producto Interno Bruto de un país es la suma de los valores agregados de todas las actividades económicas. Por su parte, las innovaciones pueden ser de producto (características del bien o servicio), de procesos de producción o comercialización y organizacionales. Para ser reconocida como tal, una innovación debe pasar la prueba del mercado, es decir, los consumidores pagan por ella.

Puede ser el caso de introducir un nuevo equipo o maquinaria más eficiente que reduce el tiempo de producción, produciendo más unidades del producto en menos tiempo o que reduce el desperdicio o que mejora la el acabado y otras características del producto y le confiere mayor calidad. En cualquier caso, crea mayor valor, independiente del tiempo de trabajo humano, el cual incluso puede reducirse.

Puede ser el caso de introducir un material o componente adicional a un producto existente, que mejora su utilidad, le dota de un uso adicional o le confiere una nueva utilidad. Al hacerlo, se vende por un precio (valor de cambio) que es superior al costo del nuevo material empleado y del trabajo adicional que requiere su introducción en el proceso de producción, usualmente genera una ganancia (excedente de explotación) proporcionalmente superior a la ganancia que se obtenía antes de introducirlo. En otras palabras, genera un valor agregado proporcionalmente mayor al que se generaba antes de realizar la innovación. En este caso, de igual manera, se crea mayor valor, independiente del tiempo de trabajo humano.

Hay miles de ejemplos de estos casos. Veamos uno de ellos para ilustrar este hecho:

Poniéndole cifras al ejemplo (véase la tabla arriba), supongamos de manera simplificada que antes de la innovación, el costo de los materiales empleados (5 o 10 diferentes materiales) era de $50, el de las remuneraciones al trabajo era de $20, la depreciación era de $10 y la ganancia de $20, para un valor total o precio de venta del producto de $100. Luego de la innovación, agregamos $10 por el costo del nuevo material y tenemos un total de costo de materiales de $60, 20% más, y agregamos $5 por aumento de las remuneraciones pagadas (asumiendo que la introducción del material aumenta 25% las horas de trabajo). Para ser consistente, también agregamos un 25% de aumento a la depreciación, con lo que esta llega a $12.50. Sumando los costos llegamos a $97.50, un aumento de 22% sobre el costo total anterior.

Las características del nuevo producto permiten que se pueda vender, digamos, por $125, un 25% más, en lugar de los $100 anteriores, lo cual no es nada inusual para un producto que satisface necesidades adicionales. Se supone que los consumidores están dispuestos a pagar el precio, de lo contrario, la innovación no habrá pasado la prueba de mercado y será un fracaso. Por otro lado, el aumento de 25% en el precio de venta es ligeramente mayor al aumento de 22% en los costos totales, siendo por tanto, modesto y razonable. Esto deja una ganancia de $27.50, superior a los $20 anteriores, un margen adicional de $7.50 o en términos porcentuales, 37.5% adicional. El valor agregado ha aumentado en 30% y ha pasado de representar un 50% del valor total del producto a un 52%.

Aquí podemos deducir que (1) el aumento del valor agregado y de la ganancia depende del nivel de aumento en el precio de venta (valor de cambio) del producto; (2) el precio de venta, está a su vez determinado por (3) cuánto está dispuesto a pagar el comprador por el producto según la utilidad marginal que le asigna para satisfacer sus necesidades o la de otros para los cuales está comprando el producto. Para simplificar, en este punto, no estamos considerando la influencia, en el tiempo, del nivel de oferta y demanda del producto, que también implica un aumento o disminución del precio, según la estructura del mercado (número de oferentes y demandantes del producto), ya que estamos considerando que el producto se produce en las cantidades que demandan los consumidores al momento de poner en el mercado la innovación. (4) El aumento de la ganancia y del valor agregado, por tanto, depende de (3): la utilidad marginal que el comprador le asigna al producto.

Ahora bien, en este ejemplo, el comprador está dispuesto a pagar un 25% más por el producto, que a la empresa le genera un 37.5% de aumento en sus ganancias. Cómo se generó el aumento? Como dijimos, por la introducción de un material adicional que le incorporó nuevas características al producto. Quién debe recibir los beneficios de esta innovación? La o las personas que tuvieron la idea de mejorar las características del producto introduciendo el material adicional. Generalmente, quien toma las decisiones para hacerlo realidad es el dueño o gerente de la empresa. Puede que sea iniciativa de un emprendedor que ha visto la oportunidad de vender un producto con esas características para satisfacer una necesidad y que ha tenido la idea de que incorporando el material adicional, puede hacer tal producto, por lo que inicia una nueva empresa; o puede que sea una idea de alguien en una empresa que ya existe.

En cualquier caso, el dueño de la idea puede proteger su derecho a recibir los beneficios de su explotación registrando ante las autoridades correspondientes la propiedad intelectual. También, en cualquier caso, para que se convierta en una innovación, es necesario llevar la idea a la práctica y pasar la prueba del mercado. Esto exige diversas tareas, como reunir el capital que se necesita, y organizar y administrar los procesos de producción y comercialización. De esta manera, podemos ver claramente que el aumento de valor se debe a la actividad intelectual creativa que origina la innovación y a la actividad intelectual del emprendedor o empresario que lleva a la práctica la innovación, asumiendo el riesgo que conlleva.

Como puede verse, no ha sido entonces el trabajo de los empleados, el que ha causado el aumento del valor del producto. Ellos han recibido un aumento en sus remuneraciones equivalente al aumento de las horas adicionales de trabajo. Los trabajadores no han hecho absolutamente nada en la creación de la innovación ni en su puesta en práctica. El mérito corresponde al innovador y al emprendedor o empresario. Por tanto, es a ellos a los que corresponde cosechar los frutos de su trabajo. 

La pretensión marxista de que el excedente generado por la introducción de innovaciones que aumentan la “productividad del trabajo” es una apropiación forzosa del trabajo de los empleados, la teoría de la explotación, no solo es falsa, sino que es inmoral y anti ética, ya que pretende justificar un despojo arbitrario a los creadores de esa riqueza del fruto de su esfuerzo, para entregarlo a quienes no han hecho nada por crearla.

Las implicaciones de esta teoría no solamente conducen a crear una ideología de condena y desprecio por los innovadores, emprendedores y empresarios, sino también a crear una ilusión de que los trabajadores “explotados”, una vez libres de sus “explotadores” serán capaces de obtener todos los beneficios de los que ahora son despojados. Tal ilusión asume que todas las personas tienen la misma capacidad, los mismos conocimientos, y las mismas habilidades de los innovadores, los emprendedores y los empresarios.  Otra muestra de que la teoría marxista niega las evidencias de la realidad.  De ahí el estrepitoso fracaso donde tales ideas se han implantado.    

La otra falacia está relacionada a la llamada “productividad del trabajo”, un concepto que recogen de la teoría marxista hasta los economistas modernos. La productividad del trabajo es una medida que resulta de dividir el valor de lo producido por el número de personas que trabajaron o el número de horas usadas para producir. Medida de esta manera, la productividad del trabajo atribuye al número de personas o al número de horas trabajadas, las variaciones en la misma. Si aumenta la productividad, es porque el mismo número de personas producen productos con mayor valor o porque trabajaron más, y viceversa. Se hace caso omiso de la fuente de los aumentos en el valor causados por la innovación de productos o procesos.

En el ejemplo que hemos visto, que se trata de una innovación del producto, la productividad del trabajo aumentó 5%, ya que el valor agregado aumentó en 30% y las horas trabajadas en 25%. Pero el aumento del valor agregado no se debió a que los trabajadores fueran más eficientes, sino a la innovación introducida. Es más, el aumento del 5% en la productividad del trabajo se debió al trabajo intelectual involucrado en el desarrollo de la idea inicial y la organización de la puesta en práctica de la innovación (su venta en el mercado), que no se puede atribuir a los trabajadores.

De igual manera, en una innovación del proceso de producción, digamos, por la introducción de un nuevo equipo que realiza el trabajo con mayor rapidez, en menos tiempo, con mayor calidad y menor cantidad de errores y desperdicios, es posible que el mismo número de empleados produzca una mayor cantidad de producto, lo que aumenta el valor agregado, principalmente, en términos absolutos, aunque la disminución de errores y desperdicios también puede aumentarlo en términos relativos. Como resultado, al dividir el valor agregado total creado entre el número de personas, que permanece constante, o el número de horas trabajadas, tenemos un aumento de la productividad del trabajo. De nuevo, en este caso también la productividad del trabajo se ha incrementado debido a la introducción de un equipo más eficiente, no a un aumento de la eficiencia de los trabajadores.

Se puede argumentar que al introducir un nuevo material, un nuevo equipo o un nuevo proceso de producción, se requiere de mayores conocimientos o habilidades por parte de los trabajadores, lo cual es correcto. Normalmente, esa adquisición de conocimientos se hace mediante la capacitación o entrenamiento. De esa manera, se desarrollan nuevas capacidades que normalmente son mejor remuneradas. De este modo, la innovación también produce beneficios para los trabajadores. De aquí surge el concepto de “capital humano” para designar los conocimientos, habilidades y destrezas de las personas que resultan en mejoras a su productividad o eficiencia.

En resumen, la innovación, y especialmente la de carácter tecnológico, la innovación tecnológica, es la fuente principal de la creación de valor en las empresas y en la economía de un país. No es el trabajo físico el que crea valor, es el trabajo intelectual, en la medida en que este se aplica a la creación de innovaciones. No es por tanto casual que el desarrollo económico y la mayor generación de riqueza se haya empezado con la revolución industrial en 1750 y la incorporación de innovaciones en las sucesivas oleadas de revoluciones tecnológicas.

Para un mayor detalle sobre este tema, véase “Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas”.

Walt Whitman Rostow (1916-2003), creador del modelo de desarrollo económico por etapas, hace una crítica de la teoría económica marxista y piensa que el principal error de Marx fue que “no pudo percibir que el cuerpo de pensamiento sobre la sociedad, del que formaba parte la economía clásica, era un credo amplio, complejo y esencialmente paradójico”. El comportamiento humano “se ve no como un acto de maximización” a lo que lo reduce la doctrina marxista, “sino como un acto de equilibrio entre objetivos humanos alternativos y, a menudo, conflictivos e independientes frente a la gama cambiante de alternativas que los hombres perciben como abiertos a ellos”. El comportamiento humano, es pues, complejo, lo que no calza con la visión reduccionista de Marx de clases enfrentadas por maximizar beneficios.

Marx interpretó varias de sus herramientas analíticas esenciales de la economía clásica, tal como la interpretó: una teoría laboral del valor; una ley esencialmente maltusiana de población y oferta de trabajo; y una versión de rendimientos decrecientes, aplicada al capital social. Pero su derivación más importante fue la noción de tratar el comportamiento humano como un ejercicio de maximización de ganancias.

…el desempeño de las sociedades no está determinado únicamente por el lugar de la propiedad ni por la naturaleza de las técnicas de producción. Los sectores de la sociedad interactúan: las fuerzas culturales, sociales y políticas, que reflejan diferentes facetas de la aspiración humana, tienen su propio impacto auténtico en la evolución de las sociedades, incluida su evolución económica. No son una superestructura derivada de la economía. Esta visión altera las etapas específicas de crecimiento alejándose del patrón marxista de maneras bastante particulares.

…ni dentro ni fuera del mercado está el poder de los propietarios como para negar necesariamente a la fuerza laboral una participación en la expansión de la producción una vez que el crecimiento regular comienza con el despegue; y el hecho del progreso, combinado con la urbanización, generalmente ha puesto en marcha una disminución no maltusiana en las tasas de natalidad, tendiendo a reforzar el aumento de los salarios reales.

… con el hecho de un progreso regular en el ingreso, la elasticidad ingreso de la demanda entra en juego como una fuerza independiente, alterando el rango de alternativas percibidas, el patrón de demanda efectiva y la estructura sectorial de la economía; mientras que en el marxismo la elasticidad ingreso de la demanda aparece solo en la forma perversa de aumento del ingreso por plusvalía en manos de una banda cada vez más estrecha de la burguesía, capaz de utilizarla y que solo distorsionará aún más la estructura sectorial de la economía y acelerará su crisis final.

…las elecciones hechas por la sociedad están determinadas por la existencia de procesos políticos y sociales poderosos e independientes donde la influencia efectiva no se ve ponderada por la propiedad; y, especialmente cuando se alcanza la madurez, estas áreas de influencia ayudan a determinar cómo y en qué secuencia se utilizarán los recursos de la economía madura, incluida la posibilidad de un estado de bienestar basado en impuestos progresivos.

…las opciones abiertas a los hombres cuando se alcanza la riqueza parecen incluir pero trascender la visión un tanto romántica de Marx de “el trabajo como una necesidad primordial de la vida”. Existen, como se sugirió anteriormente, las posibilidades de un aumento de la población; espacio exterior; ocio; una elevación de la calidad de vida; o el diablo haciendo trabajo para manos ociosas.

El error básico en el marxismo no es, entonces, un error técnico en su economía; aunque tales errores pueden ser identificados. Al construir sobre la tradición intelectual y moral occidental, no pudo percibir que el cuerpo de pensamiento sobre la sociedad, del que formaba parte la economía clásica, era un credo amplio, complejo y esencialmente paradójico. Como Myrdal y Robbins han señalado en esta generación, el credo individualista-utilitarista defendió los mercados libres y competitivos y la propiedad privada; pero también contenía dentro de sus presupuestos el caso de elecciones libres, en base a un hombre, un voto; para destruir o controlar monopolios; para una legislación social que pondría las consideraciones del bienestar humano frente a los incentivos de ganancias; y, sobre todo, para el impuesto progresivo sobre la renta. W. W. Rostow. The Stages Of Economic Growth. The Economic History Review. Second Series, Vol. XII, No. I 1959.

Hemos visto las principales críticas a la teoría económica de Marx. Ahora veamos cuáles son las principales críticas a la teoría social marxista, aunque ambas están relacionadas.

Un párrafo que resume un elemento fundamental de esa teoría es el siguiente:

En cierto estadio de su desarrollo, las fuerzas materiales de producción entran en conflicto, en la sociedad, con las relaciones existentes de producción, o —lo que no es sino una manera legal de decir lo mismo— con las relaciones de propiedad dentro de las cuales han operado antes. Estas relaciones, que habían sido formas de desarrollo de las fuerzas productivas, se convierten en las cadenas de los hombres. Sobreviene luego la época de la revolución social. Con el cambio de los cimientos económicos, toda la entera e inmensa superestructura queda tarde o temprano enteramente transformada. Karl Marx. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. 1859.

El materialismo histórico es una interpretación de la historia pasada de la cual Marx sacó la conclusión que las sociedades cambiaban como resultado de la lucha de clases y la transformación de las relaciones de producción. Como abstracción obtenida a partir de la evolución histórica pasada, tenía lógica. El problema de esa abstracción es que encasilló los “modos de producción” a épocas pero la realidad es que, si bien tales “modos de producción” se generalizaron o eran predominantes en una época determinada, no es menos cierto que coexistían otros. Ejemplo: el esclavismo fue predominante en una época, pero en esa misma época también habían relaciones de producción feudales y capitalistas, solo que el desarrollo de la tecnología era mucho menor y por tanto no existían las grandes fábricas que Marx usó como ejemplo del capitalismo.

El problema con esa teoría es que es absolutista y etnocéntrica, basada en la historia europea, teniendo poco que ver con la historia económica en el resto del mundo. Esa concepción absolutista llevó a Marx a cometer el error de vaticinar la desaparición del capitalismo y su sustitución por el socialismo y luego el comunismo, un sistema que jamás había existido en la historia de la humanidad, precisamente por su inviabilidad práctica.

De modo que toda la construcción teórica de Marx la hace con ese objetivo, tratando de justificar la supuesta inevitabilidad del comunismo. Su vaticinio de que el desarrollo de las fuerzas productivas llevaría a tal cambio de sistema económico o modo de producción jamás se cumplió. Todos los intentos de implantarlo fueron por la fuerza y demostraron su fracaso para continuar desarrollando las fuerzas productivas.

Pero ¿Es la humanidad llevada a lo largo de un viaje histórico de evolución social por un patrón repetitivo de lucha entre fuerzas internas contradictorias que producen los cambios en los sistemas políticos, económicos y sociales?

Y si es así, ¿deberían tales luchas ser llevadas apelando al uso de la violencia, la humillación, la tortura o la muerte de los adversarios, –tal como el animal por instinto de sobrevivencia en la selva, la estepa o el mar, mata para comer–, rebajando la humanidad a un estadio salvaje? ¿deberían tales muertes, individuales o masivas –genocidios– considerarse solo como “efectos secundarios”, nimiedades, en comparación al fin supremo? ¿cuál es la base moral de tal perversión? ¿hasta dónde puede justificarse un fin superior de beneficio para una sociedad para que un segmento de ella pretenda erigirse en dioses con poder para quitarle la vida a las personas que ven como enemigos? ¿no es acaso propio de mentes enfermas, distorsionadas, obtusas y carentes de empatía cometer crímenes sin tener el más mínimo sentimiento de remordimiento o de pesar por sus víctimas, sino por el contrario, de haber hecho algo bueno?

En sus escritos, Marx y Engels llamaron abiertamente a una revolución para destruir el sistema capitalista. No esperaron lo que su propia teoría establecía, el desarrollo de las fuerzas productivas que produciría contradicciones entre las clases sociales hasta el punto de reemplazar el sistema económico prevaleciente. No había que esperar. En ello iba implícito el uso de la violencia. El desprecio por la vida humana, siempre que fuera de un oponente ideológico o simplemente de cualquiera que se considerase un enemigo, activo o pasivo, es parte de la doctrina marxista de la revolución social, que sus seguidores prácticos llevaron a extremos perversos, solo comparables al holocausto fascista del régimen nazi de Hitler.

El mundo entero ha condenado la estela de muerte dejada por aquellos auto declarados herederos del pensamiento marxista en Rusia, Europa oriental, China, el Sudeste Asiático, África y América Latina, igual que condenó el genocidio en la Alemania fascista, las matanzas étnicas en los Balcanes y Burundi y otras en el pasado reciente que no tuvieron nada que ver con el marxismo.

La historia ha demostrado que la inmensa mayoría de la humanidad tiene una vocación por la paz y el progreso y que las guerras han sido impulsadas por personas mesiánicas y pequeños grupos partidarios de la violencia que desprecian la vida de las personas, que han sabido cómo arrastrar a otros para acompañarlos en sus crímenes, cometidos en nombre de causas religiosas, ideológicas, económicas o raciales.

En la medida en que la civilización ha ido avanzando, en que los avances tecnológicos no solo mejoran continuamente el nivel de vida, sino que difunden más rápida y globalmente las ideas; en la medida en que la globalización ha creado mayor interdependencia económica y los estados-naciones están en parte supeditados a órganos supranacionales, el espacio para los que promueven la violencia como manera de resolver los conflictos se hace cada vez más reducido.

Podemos entonces concluir que la doctrina marxista de la resolución violenta de los conflictos sociales, enunciada como ley científica, no tiene espacio en el mundo de hoy, dadas las evidencias de su culpabilidad como causa originaria de millones de muertes en los países donde se llevó a la práctica.  

Además, ¿no deberían conducir las luchas sociales a elevar la calidad de vida de las personas al mismo tiempo que respetar su individualidad y libertad, eliminando toda clase de opresión o imposición coercitiva que pone límites a la voluntad individual, más que aquellos que afectan los derechos legítimos de los demás?

La abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la construcción del socialismo bajo la dictadura del proletariado, postulados conclusivos de la doctrina social de Marx, condujeron en todos los casos, a dictaduras totalitarias o autoritarias de una elite que se arrogó la representación del proletariado o del pueblo, al culto a la personalidad, a la existencia de un Estado omnipotente que controlaba todos los aspectos de la vida de las personas. Estas fueron características del socialismo real.

Un Estado donde un grupo de burócratas planificaba y dirigía centralmente la economía, decidiendo qué producir, cómo producir y para quién producir, lo que provocó el atraso económico y la insatisfacción de las necesidades de la población. La promesa de la igualdad se cumplió para la gran mayoría de la población, solo que la riqueza resultó tan poca que lo que se igualó fue la pobreza. Sin embargo la elite vivía con las comodidades y lujos que antes los revolucionarios criticaron a la burguesía. Las clases no desaparecieron, sino que cambiaron. Los burgueses fueron sustituidos por la nueva clase de burócratas del partido, gozando de privilegios negados a la mayoría.

Un Estado policíaco que restringe las libertades personales y los derechos humanos y reprime sin miramientos cualquier disidencia u opinión diferente a los dogmas revolucionarios; dogmas y mitos difundidos a través de la educación obligatoria y el adoctrinamiento ideológico en las escuelas y universidades para crear el “hombre nuevo”, de modo que con el cerebro lavado y libre de la ideología “burguesa”, las personas se convirtieran en entusiastas fanáticos que aplaudieran los dictados del partido, o al menos en dóciles y obedientes, pusilánimes o resignados ciudadanos incapaces de desafiar el poder.

De modo que el socialismo real no produjo, ni en lo económico ni en lo social, los efectos que la doctrina marxista había sostenido. Fue un completo fracaso en todos los aspectos y en todos y cada uno de los países donde se ha implementado. Los neo marxistas aducen que el socialismo real, sus características y por tanto su fracaso, no son el resultado de la doctrina marxista, pero las evidencias están ahí: los dogmas de Marx sobre la necesaria abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la dictadura del proletariado, conducida por una vanguardia intelectual, que destruyera a la burguesía, como clase explotadora de los trabajadores, para construir el socialismo, son postulados centrales de la doctrina marxista. Sus seguidores implementaron fielmente estos postulados.

Que Lenin, Stalin, Mao, Honecker, Ceaucescu, Ho-Chi Min, Kim Il Sung, Castro o Chávez hayan impreso al socialismo su sello personal y lo hayan adecuado a las condiciones de sus respectivos países, tal vez alejándose de los deseos de Marx, es otro asunto y es totalmente comprensible, pues Marx nunca llegó a escribir en detalle cómo debía ser la construcción del socialismo, y de haberlo hecho, nunca podría haberse implementado de igual manera en todas partes. Tocó a cada uno adecuarlo a las circunstancias, pero los dogmas en los que se basaron fueron los mismos.

Pero lo que cuenta aquí no son los deseos de Marx, o lo que utópicamente creyó que sería el resultado final de sus teorías –y fue un contrasentido que en su tiempo llamara utopistas a quienes pretendían elaborar una teoría de cómo debía organizarse el socialismo–, sino los resultados reales de su dogma sobre el proceso dialéctico que según él conduce fatalmente al socialismo, etapa intermedia para construir el comunismo el cual como dijo Ludwig von Mises “promete realizar los sueños y los viejos deseos de la humanidad y saciar sus resentimientos innatos. Promete el paraíso terrenal, una Jauja llena de felicidades y de goces, y el regalo más apetitoso para los desheredados: la humillación de todos aquellos que son más fuertes y mejores que la multitud.” 

Max Eastman en Reflections on the Failure of Socialism se refiere a esa utopía: “Era natural que las personas idealistas que habían dejado de creer en el cielo pensaran en alguna esperanza brillante para la humanidad en la tierra.” 

Marx fue un maestro del populismo. Desde la antigüedad ha habido líderes que saben perfectamente que la manera de alcanzar y mantener el poder es diciendo a la gente lo que quieren oir, por irreal o inalcanzable que sea. Expertos en el marketing político. El populista se dirige a las masas, a los pobres que son la mayoría, ofreciendo acabar con la miseria, acabando con los supuestos causantes de la misma, la minoría más pudiente, identificada como el enemigo. Para los comunistas el enemigo es la burguesía. Para los nazis fueron los judíos. En otros casos, se escogen “enemigos” externos. Las masas, en su mayoría ignorantes y con bajo nivel de confianza en sus capacidades individuales, acogen los cantos de sirena del populista como una tabla de salvación.

La popularidad del líder se basa entonces en su capacidad  de convencer a las masas de que la solución para todos sus males es destruir al enemigo. Destruido éste, todo vendrá por añadidura: la riqueza, la abundancia, la felicidad.

El idílico mundo de la sociedad comunista que Bujarin describió en su ABC del Comunismo, jamás fue alcanzado. Durante los 70 años que duró el socialismo real en la Unión Soviética y Europa del Este, los más de 50 años que duró en China, y los más de 70 años que ha durado en Cuba, no se dio la  transición hacia el comunismo, donde el Estado desaparece. Por el contrario, en el socialismo real el Estado se convirtió en la fuente principal de opresión,  control y miseria de la sociedad.  

Si la doctrina marxista erró en cuanto a los resultados que debían producir sus postulados sobre el socialismo y el comunismo, también erró en cuanto a sus predicciones sobre el capitalismo. Veamos los más importantes:

El capitalismo no creó una gran masa de obreros cada vez más pobres. Por el contrario, la pobreza se ha ido reduciendo en el mundo capitalista. China es el ejemplo más reciente de la capacidad del capitalismo para sacar a millones de personas de la pobreza, lo que solo pudo lograr abandonando el sistema socialista.

    1. El capitalismo no creó un “ejército industrial de reserva” o un número de desempleados cada vez mayor. De hecho, hay ciclos económicos de mayor o menor desempleo, pero en los países con economía de mercado y mayor desarrollo económico, la tasa media de  desempleo es cada vez menor.

    2. Las dos primeras predicciones no condujeron a una constante pauperización de los trabajadores, como tampoco a una “sobreproducción” persistente que no encuentra salida en el mercado ante la falta de capacidad de compra de los trabajadores, reduciendo la tasa de ganancia y la reinversión de capital. Al contrario, el crecimiento de las economías de mercado ha sido constante, aunque se registran mayores tasas de crecimiento en las economías emergentes que en las economías maduras y se da un movimiento internacional de capitales de estas hacia las primeras.

    3. La división del trabajo y la especialización no condenó a los trabajadores a la “inmovilidad” y la “degeneración”, “fomentando artificialmente una de sus habilidades parciales”. La división del trabajo existe desde tiempos remotos, mucho antes de que existiera el capitalismo. Sin ella, aún estaríamos en la era de las cavernas. Por otro lado, el desarrollo de la tecnología ha liberado a los trabajadores de trabajos pesados, repetitivos, peligrosos y monótonos.

    4. La división de la sociedad capitalista en dos clases principales antagónicas –la burguesía (los capitalistas) y el proletariado (los trabajadores asalariados)– que debían enfrentarse a muerte de manera inexorable nunca se produjo. Con el desarrollo tecnológico, el número de trabajadores industriales se ha venido reduciendo, trasladándose a ocupaciones en el creciente sector de servicios. También, las economías de mercado hicieron posible el surgimiento de una creciente clase media, compuesta de una amplia gama de ocupaciones y con mejores salarios. De hecho, muchas de esas personas pueden ser al mismo tiempo empleados asalariados, tener ingresos de negocios, ser propietarios que alquilan un inmueble o ser inversores en acciones empresariales o bonos estatales, de modo que no pueden clasificarse en las estrechas clases antiguas de burgueses y proletarios.

    5. La “anarquía de la producción”, a causa de la falta de un plan central que la dirija, no causó un permanente desperdicio de recursos y falta de aplicación donde la misma se requiere para satisfacer necesidades. Al contrario, el libre mercado, aún con sus imperfecciones, y no la planificación central, demostró ser el mejor sistema para asignar recursos y satisfacer necesidades, y los precios como la guía fundamental para las decisiones del empresario y del consumidor.

    6. La idea de la concentración y centralización del capital resultó ser falsa.  En el capitalismo, si bien hay empresas que logran perdurar en el tiempo, existen otras que si no están constantemente innovando, entonces se van a  la quiebra o pierden poder dentro del mercado, tal como sucedió con Blockbuster frente a Netflix o Kodak frente a las cámaras digitales. Si uno examina, por ejemplo, el Índice Industrial Dow Jones puede percatarse de los cambios en las industrias que integran aquel índice desde 1894 hasta la fecha. En nuestros días los Rothschild, los Carnegie o los Rockefeller han dejado de ser la “gran amenaza monopolista”. Como explica Rothbard, si la ley de la concentración del capital no es en absoluto cierta, entonces la tesis que le sigue, la ley de la centralización del capital, resulta ser más endeble. Nadie es capaz de predecir por donde soplarán los vientos de la competencia, de la creación y el declive, de la innovación y la decadencia. [Nadie sabe quiénes desbancarán mañana a los gigantes de hoy como Google, Amazon, Apple o Microsoft]. No cabe duda de que una de las tendencias del capitalismo es hacia una gran variedad y gama en la calidad de los productos, y esta tendencia promueve la “descentralización” y no la centralización marxista. Jan Doxrud. Errores económicos del pensamiento marxista.

En los siguientes párrafos, Richard M. Ebeling se refiere a la falacia del determinismo dialéctico marxista y su fracaso para predecir el curso de la historia política, económica y social de la humanidad.

… Marx estaba convencido de que esas décadas intermedias del siglo XIX fueron los años crepusculares de la época capitalista de la industrialización. Sus escritos dejan en claro que creía que la revolución socialista estaba a la vuelta de la esquina en su propia vida.

>Desde la perspectiva de 2017, casi 170 años después de la publicación del Manifiesto Comunista, su visión del siglo XIX no parece más que una ilusión de un revolucionario anticapitalista que quería creer que el “estado obrero” estaba al terminar el horizonte.

Marx no solo malinterpretó los “dolores de parto” del capitalismo por su “sonajero de muerte”, sino que también interpretó mal la forma en que el capitalismo realmente ha evolucionado, considerando que como sistema económico estaba emergiendo cuando Marx escribió, y no estaba terminando.

En su Pobreza del historicismo (1957), el filósofo de la ciencia, Karl Popper (1902-1994), señaló con acierto la imprevisibilidad inevitable del futuro debido a su dependencia del conocimiento que las personas poseen y la imposibilidad de conocer hoy el conocimiento que varias personas solo pueden adquirir mañana:

El curso de la historia humana está fuertemente influenciado por el crecimiento del conocimiento humano. . . No podemos predecir, por métodos racionales o científicos, el crecimiento futuro de nuestro conocimiento científico. . . Por lo tanto, no podemos predecir el curso futuro de la historia humana. . . Esto significa que debemos rechazar la posibilidad de una historia teórica; es decir, de una ciencia social histórica que correspondería a la física teórica. No puede haber una teoría científica del desarrollo histórico que sirva de base para la predicción histórica….

…¡Con qué frecuencia las tendencias de la época parecen inevitables e ineludibles! La mayoría de las personas a principios del siglo XX confiaban en que, después de todos los logros políticos, sociales y económicos del orden liberal (clásico) del siglo XIX, el nuevo siglo recién amaneciendo solo podía prometer más libertad personal, mayor prosperidad material y una probable paz segura para la humanidad. Pocos imaginaron los restos humanos y materiales que la “Gran Guerra” de 1914-1918 pronto traería sobre la humanidad.

Muchos amigos de la libertad vivos a mediados de la década de 1930 estaban profundamente abatidos, temiendo o incluso creyendo que la época de la libertad terminaba con el surgimiento del colectivismo moderno en las formas de la revolución comunista en Rusia, el movimiento fascista en Italia, el surgimiento de Hitler y los nazis al poder en Alemania, y el establecimiento del New Deal en América. Y a muchos les preocupaba que se acercara otra gran guerra que terminaría con la civilización como la humanidad había llegado a conocerla con el triunfo del colectivismo totalitario en todas partes. No resultó de esa manera.

Durante la mayor parte de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial que comenzó en 1945, muchos en Occidente estaban seguros de que el marxismo, dirigido e inspirado por la Unión Soviética y luego por la China comunista, significaba el fin de la democracia liberal y cualquier forma de economía de mercado. Muchos de los de “la izquierda” en Occidente no podían esperar el día en que alguna forma de planificación central socialista prevalecería en todas partes. Aquellos en la “derecha” política temieron y se desesperaron si “Occidente” todavía tenía el carácter y las convicciones para oponerse y triunfar sobre el comunismo como una fuerza ideológica y militar en la lucha global de la Guerra Fría. No resultó de esa manera.

En la década de 1990, después de la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, las nuevas tendencias históricas parecían asegurar un futuro para la humanidad de los sistemas de “capitalismo democrático”, y algunos incluso sugirieron que con esta etapa de la política y el desarrollo económico, la humanidad había alcanzado “el fin de la historia”, en alguna evolución hegeliana pro capitalista. No ha resultado así.

Ahora, en el siglo XXI, muchos de los lectores de las tendencias de la historia temen que el fundamentalismo islámico envuelva a algunas partes de Europa, o el surgimiento de China como la nueva potencia global con un modelo ganador de una forma de gestión autoritaria, capitalismo de compinches, o la involución de los Estados Unidos bajo las presiones y fuerzas del socialismo populista, la bancarrota fiscal y la corrección política “progresista”. No tiene que suceder así.

No hay un “lado derecho de la historia” en el sentido hegeliano y marxista. Aquellos en la izquierda política que, hoy en día, continúan usando esta retórica de los lados correcto e incorrecto de la historia, simplemente usan una frase atractiva que les da la sensación de poseer un terreno moral y que puede intimidar fácilmente a aquellos a quienes se les dice que “Las políticas progresistas, un uso más amable y gentil de las palabras “socialismo”, “colectivismo”, “tiranía” o “planificación”, representan el progreso.

… Sin embargo, es cierto que una noción de “lado derecho de la historia” es una frase vacía y sin sentido. La historia no es producto de fuerzas misteriosas más allá del control y el poder del hombre y la humanidad. La historia es el producto y el resultado de las ideas: ideas sobre la naturaleza del hombre, las concepciones de cómo los hombres podrían y deberían vivir juntos, y el orden institucional político y económico de las cosas que beneficiarán mejor a la humanidad como la suma de los individuos que lo componen.

Lo que la historia ha demostrado es que ha habido una mayor libertad humana, una mayor prosperidad humana y una mayor paz y tranquilidad humanas durante los momentos en que las ideas de libertad individual, mercados libres y gobierno limitado han prevalecido y se han instituido en la sociedad. Cuanto mayor es el grado de control, intervención y coerción del gobierno en la sociedad, menos han existido y florecido estas cosas.

La tarea no es estar en el mítico “lado derecho de la historia”, sino hacer que la historia refleje el triunfo y el éxito de la idea y los ideales de la libertad humana. Pero esto no sucede solo. Requiere que cada uno de nosotros comprenda el significado, el valor y la importancia de la libertad en ese sentido liberal y libertario clásico, y que estemos dispuestos a defenderla y promoverla entre nuestros semejantes. Eso es lo que haría historia. Richard M. Ebeling. Karl Marx’s Ideas and Errors About Capitalism and Markets

Karl Popper considerado como uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo XX rechaza lo que él denominó como el historicismo en la doctrina marxista. 

¿Está dentro de las posibilidades de alguna ciencia social la formulación de profecías históricas de tan vasto alcance? ¿Cabe esperar algo más que la irresponsable respuesta de un adivino cuando nos dirigimos a un hombre para interrogarlo acerca de lo que el futuro depara a la Humanidad? Se trata aquí de la cuestión del método de las ciencias sociales. Evidentemente, es más fundamental que cualquier debate relativo a cualquier argumento particular en defensa de cualquier profecía histórica.

…También creen haber descubierto ciertas leyes de la historia que les permiten profetizar el curso de los sucesos históricos. Bajo el nombre de historicismo, he agrupado las diversas teorías sociales que sustentan afirmaciones de este tipo. En otra parte, en The Poverty of Historicism | La pobreza del historicismo | (Económica, 1944-1945), he tratado de rebatir esas pretensiones y de demostrar que, pese a su plausibilidad, se basan en una idea errónea del método de la ciencia, y especialmente, en el olvido de la distinción que debe realizarse entre una predicción científica y una profecía histórica.

… Marx veía a los actores humanos del escenario de la historia, incluyendo también a los «grandes», como simples marionetas movidas por la fuerza irresistible de los hilos económicos, de las fuerzas históricas sobre las cuales carecen absolutamente de control. La escena de la historia —pensaba Marx— se levanta dentro de un sistema social que nos ata a todos igualmente; se levanta en el «reino de la necesidad».

… Al describir al marxismo como la forma más dura del historicismo creo haber dejado bien sentado que, a mi juicio, el método marxista es, en verdad, sumamente pobre.

Pese a todos sus méritos, Marx fue, a mi entender, un falso profeta. Profetizó sobre el curso de la historia y sus profecías no resultaron ciertas. Sin embargo, no es ésta mi principal acusación. Mucho más importante es que haya conducido por la senda equivocada a docenas de poderosas mentalidades, convenciéndolas de que la profecía histórica era el método científico indicado para la resolución de los problemas sociales. Marx es responsable de la devastadora influencia del método de pensamiento historicista en las filas de quienes desean defender la causa de la sociedad abierta. Karl Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. 1945.

Mario Vargas Llosa, en su obra La llamada de la tribu (2018) considera como erróneo el determinismo histórico pues es la actuación de los individuos la que va produciendo los cambios en las sociedades.

Los destinos humanos no están escritos, no se hallan trazados de manera fatídica. Individuos y sociedades pueden trascender los condicionamientos geográficos, sociales y culturales y alterar el orden de las cosas mediante actos, optando por ciertas decisiones y descartando otras. Por eso, porque gozan siempre de ese margen de libertad son responsables de su propio destino. Todo esto lo describe Hayek admirablemente en un ensayo dedicado a mostrar las semejanzas entre dos pensadores a quienes se creería muy alejados uno del otro: «Compte and Hegel»

En los países donde se impusieron regímenes socialistas, el balance de la herencia ideológica de Marx es negativo, ya que ha contribuido no solo al surgimiento de guerras, genocidios, odio de clases, dictaduras, pérdida de las libertades individuales, sometimiento, pobreza y estancamiento económico, según el país donde tales ideas se incrustaron, como lo resume Mark Skousen en este párrafo:

… “Marx está maldito con una marca negra en la historia. Su nombre se asociará para siempre con el lado oscuro del comunismo. Un espectro está atormentando a Karl Marx: la historia de Lenin, Stalin, Mao y Pol Pot, y los millones que murieron y sufrieron bajo el “imperio del mal”, como lo llamó Ronald Reagan. Los apologistas dicen que Marx no puede ser responsable de las atrocidades de sus seguidores comunistas e incluso afirman que Marx habría sido uno de los primeros en ser ejecutado o enviado al Gulag. Quizás. Por un lado, se opuso vehementemente a la censura de la prensa a lo largo de su carrera. Sin embargo, sin Marx, ¿podría haber habido una revolución y una represión tan violentas? ¿No apoyó Marx un “reino del terror” sobre la burguesía? Como dijo un amargo crítico: “En nombre del progreso humano, Marx probablemente ha causado más muerte, miseria, degradación y desesperación que cualquier hombre que haya vivido” (Downs 1983, 299).” Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Pero además de causar sufrimiento, atraso y pobreza en los países que sucumbieron a la imposición violenta del socialismo, en el resto del mundo no se cumplió la profecía marxista de que el capitalismo inevitablemente se destruiría a sí mismo. 

Las predicciones de Marx fueron erróneas, aunque no todas de inmediato. Ya en 1937, Wassily Leontief, el emigrante ruso que más tarde ganó el Premio Nobel por su análisis de insumo-producto, proclamó que el historial de Marx era “impresionante” y “correcto” (Leontief 1938, 5, 8). Pero los elogios de Leontief fueron prematuros. Desde entonces, como Leszek Kolakowski, ex líder del Partido Comunista Polaco, declaró: “Todas las profecías importantes de Marx resultaron ser falsas” (Denby 1996, 339). Para revisar:

1. Bajo el capitalismo, la tasa de ganancias no ha disminuido, aun cuando se ha acumulado más y más capital a lo largo de los siglos. 

2. La clase trabajadora no ha caído en mayor y mayor miseria. Los salarios han aumentado sustancialmente por encima del nivel de subsistencia. Las naciones industriales han visto un aumento dramático en el nivel de vida del trabajador promedio. La clase media no ha desaparecido, sino que se ha expandido. Como concluye Paul Samuelson: “La pauperización de la clase obrera… simplemente nunca tuvo lugar. Como profeta, Marx tuvo una mala suerte y su sistema era colosalmente inútil” (1967, 622).

3. Hay poca evidencia de una mayor concentración de industrias en las sociedades capitalistas avanzadas, especialmente con la competencia mundial.

4. Las sociedades utópicas socialistas no han florecido, ni la revolución proletaria ha ocurrido inevitablemente.

5. A pesar de los ciclos empresariales e incluso de depresiones ocasionales, el capitalismo parece estar floreciendo como nunca antes.  
Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Algunas observaciones se derivan de estos hechos, tomando las afirmaciones de la teoría marxista:

    1. Si la tasa de ganancia debiera tender a disminuir y esta resulta de la plusvalía, eso significaría que la tendencia es a disminuir la explotación, no a aumentarla como calculaba Marx. Aquí su teoría es en sí misma contradictoria.

    2.  Las crisis periódicas del capitalismo concuerdan con la explicación de la dialéctica de los ciclos. Por qué entonces habrían de verse como nocivas? No es, por el contrario, una validación de que luego de cada crisis, el capitalismo emerge mejorado y fortalecido? La monotonía de una economía sin altibajos sería una negación del progreso y la dialéctica. Schumpeter lo desarrolla con su análisis de la “destrucción creativa”.

    3. El proceso de concentración del capital tampoco provocó la desaparición de las pequeñas empresas, pues si bien desaparecieron en algunos sectores, surgieron otras en otros sectores. El desempleo se ha reducido con el tiempo. Las personas cambiaron de ocupación. Tampoco provocó perjuicios a los consumidores, sino al contrario, ya que las economías de escala conducen a mayor eficiencia y productividad, mayores volúmenes de producción, mejor calidad, precios más bajos y mejores salarios. 

    4. La acumulación y concentración de capital contribuye a la desigualdad de ingresos y de riqueza. Pero no es en sí misma un problema, en cuanto, a la vez que incrementa la desigualdad, reduce la pobreza, por lo mencionado en el punto anterior. 

La doctrina de Marx es la base del socialismo, como la de Smith y otros lo es del capitalismo. Pero veamos cómo surge la doctrina marxista, en lo escrito al respecto en 1932 por Ludwig von Mises:

… “la idea fundamental del socialismo se fue desarrollando claramente a partir del segundo cuarto del siglo XIX, y los proyectos de un orden social socialista, concebidos por los escritores que la terminología marxista denomina hoy «socialistas utópicos», se convirtieron en materia de examen científico. Este examen reducía a la nada la idea socialista. Los «utopistas» no habían logrado inventar, edificar un sistema social capaz de resistir a la crítica de los economistas y de los sociólogos. Era fácil descubrir los puntos débiles de sus proyectos. Se demostró que una sociedad organizada conforme a los principios de los utopistas no podía vivir ni funcionar, y que no podría ciertamente llevar a cabo lo que de ella se esperaba. Hacia mediados del siglo XIX las ideas socialistas parecían estar muertas definitivamente. La ciencia, por medio de una argumentación rigurosamente lógica, había demostrado su vaciedad, y los portavoces del socialismo se mostraban incapaces de oponer a dicha argumentación contraargumentos de algún valor.

En ese momento Marx entró en escena, muy imbuido de dialéctica hegeliana. Es fácil abusar del método hegeliano cuando se quiere subordinar el pensamiento al servicio de ideas fantásticas, de imaginaciones arbitrarias y de redundancias metafísicas, para probar todo lo que complace a tal o cual política.

Ahí encontró Marx, sin dificultad, un medio de sacar al socialismo del descrédito en que había caído. Puesto que la ciencia y el pensamiento lógico ofrecían testimonios contra el socialismo, se quería hallar un sistema que lo protegiese de la ingrata crítica de los científicos y de los lógicos. Esa fue la tarea que el marxismo se esforzó en realizar. Para ello empleó tres medios. [Marx] Negaba el carácter necesario y universal de la lógica, válido para todos los hombres y todas las épocas. [Aseguraba que] El pensamiento es función de la clase social en que vive el pensador, es una «superestructura ideológica» de sus intereses de clase. Marx declara como «burgués», como defensor del capitalismo, el tipo de razonamiento que refuta la idea socialista. En segundo lugar, el marxismo enseñaba que el proceso dialéctico conduce fatalmente al socialismo. El objeto y fin de la historia es, dice, la socialización de los medios de producción mediante la expropiación de los expropiadores en cuanto negación de la negación. El marxismo, finalmente, pretendía que es inadmisible ocuparse, como hicieron los utopistas, de la organización de la Tierra Prometida del socialismo, que verá la luz como inevitable necesidad. Aún más, la ciencia debería renunciar a cualquier estudio sobre el carácter y la esencia del socialismo, puesto que éste es ineluctable.

Nunca doctrina alguna obtuvo en la historia un triunfo tan rápido ni tan completo como esos tres principios del marxismo. … El éxito incomparable del marxismo se debe al hecho de que promete realizar los sueños y los viejos deseos de la humanidad y saciar sus resentimientos innatos. Promete el paraíso terrenal, una Jauja llena de felicidades y de goces, y el regalo más apetitoso para los desheredados: la humillación de todos aquellos que son más fuertes y mejores que la multitud. Enseña cómo eliminar la lógica y el pensamiento, debido a que estos hacen ver la estupidez de tales sueños de felicidad y venganza. El marxismo es la más radical de todas las reacciones contra el dominio del pensamiento científico sobre la vida y la acción establecida por el racionalismo. Es contrario a la lógica, a la ciencia, al pensamiento. Por otro lado, su principio más notable es la prohibición de pensar e investigar científicamente la organización y el funcionamiento de la economía socialista. Por un procedimiento característico de su rencor contra la ciencia, el marxismo se ha aplicado a sí mismo el nombre de socialismo «científico». Al extender su autoridad sobre la vida y la acción con éxito indiscutible, la ciencia ha adquirido un prestigio del cual el marxismo quiere sacar partido en su lucha contra el empleo de la ciencia en la organización de la economía social. Los bolcheviques no cesan de repetir que la religión es un opio para el pueblo. Lo cierto, sin embargo, es que el marxismo es el opio de la alta clase intelectual, de quienes podrían pensar y a quienes desea mantener al margen del pensamiento.” Ludwig von Mises. Socialismo: Análisis Económico y Sociológico. Unión Editorial, 2007.

Una comparación que trata de resumir el pensamiento de Smith y el de Marx sobre el sistema capitalista es la siguiente:

“Si la obra de Adam Smith es el Génesis de la economía moderna, la de Karl Marx es su Éxodo. Si el filósofo escocés es el gran creador del laissez-faire, el revolucionario alemán es su gran destructor. El marxista John E. Roemer lo admite. Según él, la “principal diferencia” entre Smith y Marx es la siguiente: “Smith sostuvo que la búsqueda del individuo del interés propio conduciría a un resultado beneficioso para todos, mientras que Marx sostuvo que la búsqueda del interés propio conduciría a la anarquía, la crisis, y la disolución del propio sistema basado en la propiedad privada. . . . Smith habló de la mano invisible que guía a los agentes individuales y de interés propio para llevar a cabo aquellas acciones que serían, a pesar de su falta de preocupación por tal resultado, socialmente óptimas; para el marxismo el símil es el puño de hierro de la competencia, pulverizando a los trabajadores y empeorándolos de lo que estarían en otro sistema factible, a saber, uno basado en la propiedad social o pública de la propiedad” (Roemer 1988, 2–3)”. Citado en Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Al pasar el tiempo, ha quedado demostrada la capacidad del capitalismo para producir riqueza y progreso. Hasta el mismo Marx quedó muy impresionado con la capacidad de los empresarios para acumular más capital y crear nuevos mercados, tanto en el país como en el extranjero. El Manifiesto Comunista describió este fenómeno en un pasaje famoso: “La burguesía, durante su gobierno de escasos cien años, ha creado fuerzas productivas más masivas y colosales que todas las generaciones anteriores juntas“. 

Marx argumentó que el capitalismo es en esencia un sistema de búsqueda de rentas: en lugar de crear riqueza de la nada, como les gusta imaginar, los capitalistas se dedican a expropiar la riqueza de los demás. Marx estaba equivocado acerca del capitalismo en esencia: los grandes empresarios acumulan fortunas inventando nuevos productos o nuevas formas de organizar la producción. Pero tenía un punto sobre el capitalismo en su forma burocrática. Un número deprimente de los jefes de hoy son burócratas corporativos en lugar de creadores de riqueza, que usan fórmulas convenientes para asegurarse de que sus salarios aumenten. Trabajan de la mano con una creciente multitud de otros solicitantes de rentas, como consultores de gestión (que sueñan con nuevas excusas para la búsqueda de rentas).

El capitalismo, sostuvo Marx, es por su naturaleza un sistema global: “Debe anidarse en todas partes, establecerse en todas partes, establecer conexiones en todas partes”. Eso es tan cierto hoy como lo fue en la era victoriana. Los dos desarrollos más llamativos de los últimos 30 años son el desmantelamiento progresivo de las barreras a la libre circulación de los factores de producción (bienes, capital y, en cierta medida, personas) y el surgimiento del mundo emergente. Las empresas globales plantan sus banderas donde sea más conveniente. Los CEOs sin fronteras se trasladan de un país a otro en busca de la eficiencia. El jamboree anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, bien podría titularse “Marx tenía razón”.

Pensaba que el capitalismo tenía una tendencia al monopolio, ya que los capitalistas exitosos expulsaban a sus rivales más débiles del preludio a la extracción de las rentas del monopolio. Nuevamente, esto parece ser una descripción razonable del mundo comercial que está siendo moldeado por la globalización e Internet. Las empresas más grandes del mundo no solo están creciendo en términos absolutos, sino que también están convirtiendo a un gran número de empresas más pequeñas en simples apéndices. Los gigantes de la nueva economía están ejerciendo un dominio de mercado que no se había visto desde los barones ladrones de Estados Unidos. Facebook y Google absorben dos tercios de los ingresos publicitarios en línea de Estados Unidos. Amazon controla más del 40% del floreciente mercado de compras en línea del país. En algunos países, Google procesa más del 90% de las búsquedas web. El medio no solo es el mensaje, sino que la plataforma también es el mercado.

Desde el punto de vista de Marx, el capitalismo produjo un ejército de trabajadores ocasionales que existían de un trabajo a otro. Durante el largo boom de la posguerra, esto parecía una tontería. Lejos de no tener nada que perder excepto sus cadenas, los trabajadores del mundo, al menos el mundo rico, tenían trabajos seguros, casas en los suburbios y una gran cantidad de posesiones. Los marxistas como Herbert Marcuse se vieron obligados a denunciar el capitalismo con el argumento de que producía demasiada riqueza para los trabajadores en lugar de muy poco.

Sin embargo, una vez más, el argumento de Marx está ganando urgencia. La economía del concierto está reuniendo una fuerza de reserva de trabajadores atomizados que esperan ser convocados, a través de capataces electrónicos, para entregar la comida de las personas, limpiar sus casas o actuar como sus choferes. 

… Aún así, la rehabilitación no debería ir demasiado lejos. Los errores de Marx superaron con creces sus ideas. Su insistencia en que el capitalismo lleva el nivel de vida de los trabajadores al nivel de subsistencia es absurdo. El genio del capitalismo es que reduce sin descanso el precio de los artículos de consumo regular: los trabajadores de hoy tienen fácil acceso a los bienes que alguna vez se consideraron lujos de los monarcas. El Banco Mundial calcula que el número de personas en “extrema pobreza” ha disminuido de 1.850 millones en 1990 a 767 millones en 2013, una cifra que pone en perspectiva el estancamiento lamentable del nivel de vida de los trabajadores occidentales. La visión de Marx de un futuro pos capitalista es banal y peligrosa: banal porque presenta una imagen de personas que holgazanean (cazar por la mañana, pescar por la tarde, criar ganado por la noche y criticar después de la cena);

Sin embargo, el mayor fracaso de Marx fue que subestimó el poder de la reforma: la capacidad de las personas para resolver los problemas evidentes del capitalismo a través de la discusión racional y el compromiso. Él creía que la historia era un carro que tronaba hasta un fin predeterminado y que lo mejor que pueden hacer los aurigas es esperar. Los reformadores liberales, incluido su casi contemporáneo William Gladstone, han demostrado repetidamente que estaba equivocado. No solo han salvado al capitalismo de sí mismo mediante la introducción de reformas de gran alcance, sino que lo han hecho a través del poder de la persuasión. La “superestructura” ha triunfado sobre la “base”, el “cretinismo parlamentario” sobre la “dictadura del proletariado”. The Economist. Rulers of the world: read Karl Marx!

Un enfoque basado en las fallas de las tesis que sostenía el marxismo es el que presenta el investigador alemán Immanuel Wallerstein.

Marx ha muerto muchas veces, pero ha experimentado otros tantos renacimientos. Como para todo pensador de esta envergadura, es a la luz de la actualidad que es preciso releerlo, puesto que hoy en día no sólo es Marx quien muere una vez más; es también toda una serie de estados que se habían atribuido la etiqueta marxista-leninista los que se encuentran conmocionados y que en su mayor parte se derrumban. Ante esta situación, algunas personas se regocijan, otras entristecen, pero raros son quienes intentan hacer un balance juicioso y ponderado. Recordemos de entrada que el marxismo no es la suma de las ideas o de los escritos de Marx, sino más bien un conjunto de teorías, de análisis y de recetas de acción política —inspiradas sin duda en los razonamientos de Marx— que fueron erigidas en una especie de canon; esta versión del marxismo, que llamaré dominante, se debe a los aportes paralelos y sucesivos, conjuntos mas no conjugados, de dos partidos históricos; el partido socialdemócrata alemán (sobre todo en el periodo anterior a 1914) y el partido bolchevique, que se convirtió en el Partido Comunista de la Unión Soviética. Si bien la versión dominante del “marxismo” no ocupó nunca sola el terreno, otras versiones permanecieron, hasta una época relativamente reciente, decididamente minoritarias. Los verdaderos inicios de la escisión del marxismo no datan, en efecto, sino de la revolución que sacudió al mundo en 1968 (ver Lefebvre, 1976). Una cierta confusión surgió de la coincidencia de esta revolución con el estancamiento, y luego el fracaso, de los estados etiquetados como marxistas.

Para salir de esta confusión es preciso aceptar un desafío particularmente delicado: intentar separar, en la medida de lo posible, por una parte, las tesis del “marxismo de los partidos” (versión dominante), que están gravemente comprometidas —incluso totalmente refutadas— por el derrumbe de los estados del “socialismo real”; y, por otra, las tesis de Marx o aquellos aspectos de su pensamiento (o aun los de la práctica de los marxistas) que no estaban —o no estaban esencialmente— implicados en la experiencia de los estados-partidos.

El razonamiento siguiente puede resumirse en estos términos: lo que ha muerto es el marxismo como teoría de la modernidad, teoría coexistente con la del liberalismo y, a decir verdad, inspirada en él. Lo que aún no ha muerto es el marxismo como crítica de la modernidad (incluyendo la manifestación histórica de esta última, la economía-mundo capitalista). Lo que ha muerto es el marxismo-leninismo como estrategia política, que, bien considerada, fue una estrategia reformista. Lo que aún no ha muerto es la tendencia anti sistémica popular y marxizante que anima ciertas fuerzas sociales reales.

Me parece que la teoría del marxismo, convertido en marxismo-leninismo, reposaba de hecho en cinco tesis principales. Éstas no emanaron de los marxólogos, sino de los marxistas practicantes y fueron elaboradas a través de la praxis de los partidos.

En suma, una tras otra, cada una de las cinco tesis del marxismo de los partidos (marxismo realmente existente) fueron nuevamente puestas en tela de juicio, particularmente por aquellos mismos que habían sostenido estos regímenes. Immanuel Wallerstein. El Marxismo después del fin de los Comunismos. 1993,

Sin embargo, todas las evidencias anteriormente presentadas sobre los errores de la doctrina marxista son invalidadas a priori por los marxistas recurriendo al polilogismo: invalidar la lógica, pretender que la lógica no es única, sino que depende de quién la expresa y que la única lógica válida es la lógica marxista. Veamos lo que al respecto nos dice Ludwig von Mises:

Hasta mediados del siglo XIX, nadie se atrevió a cuestionar el hecho de que la estructura lógica de la mente es inmutable y común a todos los seres humanos. Todas las interrelaciones humanas se basan en este supuesto de una estructura lógica uniforme. Solo podemos hablar unos con otros porque podemos apelar a algo común para todos nosotros, a saber, la estructura lógica de la razón

Hay personas que no pueden contar más de tres; pero su conteo, por lo que va, no difiere del de Gauss o Laplace. Ningún historiador o viajero nos ha traído ningún conocimiento de personas para quienes a y no-a eran idénticos, o quienes no podían comprender la diferencia entre afirmación y negación.

Diariamente, es cierto, las personas violan los principios lógicos en el razonamiento. Pero quien examina sus inferencias de manera competente puede descubrir sus errores. Debido a que todos consideran que estos hechos son incuestionables, los hombres entran en discusiones; se hablan el uno al otro escriben cartas y libros; Intentan probar o refutar. La cooperación social e intelectual entre hombres sería imposible si esto no fuera así. Nuestras mentes ni siquiera pueden imaginar constantemente un mundo poblado por hombres de diferentes estructuras lógicas o una estructura lógica diferente a la nuestra.

Sin embargo, en el transcurso del siglo XIX, este hecho innegable ha sido impugnado. Marx y los marxistas, entre ellos el «filósofo proletario» Dietzgen, enseñaron que el pensamiento está determinado por la posición de clase del pensador. Lo que produce el pensamiento no es verdad sino «ideologías».

Esta palabra significa, en el contexto de la filosofía marxiana, un disfraz del interés egoísta de la clase social a la que está unido el individuo pensante. Por lo tanto, es inútil discutir cualquier cosa con personas de otra clase social.

Las ideologías no necesitan ser refutadas por el razonamiento discursivo; deben desenmascararse denunciando la posición de clase, el trasfondo social de sus autores. Pues, los marxistas no discuten los méritos de las teorías físicas; simplemente descubren a los «burgueses».

Los marxistas han recurrido al polilogismo porque no pudieron refutar con métodos lógicos las teorías desarrolladas por la economía «burguesa» o las inferencias extraídas de estas teorías que demuestran la impracticabilidad del socialismo. Como no pudieron demostrar racionalmente la solidez de sus propias ideas o la insensatez de las ideas de sus adversarios, han denunciado los métodos lógicos aceptados.

El éxito de esta estratagema marxiana no tuvo precedentes. Ha brindado pruebas contra cualquier crítica razonable de todos los absurdos de los supuestos economistas marxianos y de la posible sociología. Sólo mediante los trucos lógicos del polilogismo podría el estatismo hacerse con la mente moderna.

El principio del polilogismo llevaría a la inferencia de que las enseñanzas marxianas tampoco son objetivamente verdaderas, sino que son solo declaraciones «ideológicas». Pero los marxistas lo niegan. Ellos reclaman para sus propias doctrinas el carácter de verdad absoluta. Así, Dietzgen enseña que «las ideas de la lógica proletaria no son ideas de partido, sino el resultado de la lógica pura y simple». La lógica proletaria no es «ideología» sino lógica absoluta. Los marxistas actuales, que etiquetan sus enseñanzas como sociología del conocimiento dan prueba de la misma inconsistencia.

Uno de sus campeones, el profesor Mannheim, intenta demostrar que existe un grupo de hombres, los «intelectuales desapegados», que están equipados con el don de captar la verdad sin caer en la culpa de los errores ideológicos. Por supuesto, el profesor Mannheim está convencido de que es el más importante de estos «intelectuales desapegados». Simplemente no puedes refutarlo. Si no estás de acuerdo con él, solo demuestras que tú mismo no eres uno de esta elite de «intelectuales desapegados» y que tus declaraciones son tonterías ideológicas.

Los nacionalsocialistas alemanes tuvieron que enfrentar precisamente el mismo problema que los marxistas. Tampoco pudieron demostrar la exactitud de sus propias afirmaciones ni refutar las teorías de la economía y la praxeología. Así se refugiaron bajo el techo del polilogismo, preparado para ellos por los marxistas. Por supuesto, inventaron su propia marca de polilogismo. La estructura lógica de la mente, dicen, es diferente en diferentes naciones y razas.

A los ojos de los marxistas, Ricardo, Freud, Bergson, y Einstein se equivocan porque son burgueses; a los ojos de los nazis están equivocados porque son judíos. Ni el polilogismo marxiano ni el nazi fueron más lejos que declarar que la estructura lógica de la mente es diferente con varias clases o razas. Nunca se aventuraron a demostrar precisamente en qué difiere la lógica de los proletarios de la lógica de la burguesía, o en qué difiere la lógica de los arios de la lógica de los judíos o los británicos.

El polilogismo tiene un método peculiar de tratar con puntos de vista disidentes. Si sus partidarios no logran desenmascarar el fondo de un oponente, simplemente lo califican de traidor. Tanto los marxistas como los nazis conocen solo dos categorías de adversarios. Los extraños, ya sean miembros de una clase no proletaria o de una raza no aria, están equivocados porque son extraños; los opositores de origen proletario o ario están equivocados porque son traidores.  Lo que los Nazis tomaron prestado de Marx, por Ludwig von Mises.

Arturo J. Sol órzano
Mayo de 2019

 

APÉNDICE

Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas

Karl Marx y la Conclusión de su Sistema o La Conclusión del Sistema Marxiano

Wicksteed sobre la plusvalía

La crítica de Schumpeter a la teoría económica de Marx

Refutación a las teorías del valor trabajo y de la explotación de Marx – Juan Ramón Rallo

Una respuesta a «Los errores de la Doctrina Marxista»

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