Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas

Detrás de toda teoría económica ha estado siempre una determinada teoría del valor. Los economistas clásicos diferenciaron entre los conceptos de valor de uso y valor de cambio. Pero como la característica fundamental de lo económico era para ellos el intercambio, centraron su atención en la segunda de estas acepciones del término valor.

Adam Smith (1723-1790) propuso como medida del valor de un bien la cantidad de trabajo de que se puede disponer o adquirir a cambio de dicho bien (teoría del valor-trabajo adquirible). El trabajo era para Adam Smith el primer precio o el dinero primigenio que había que pagar por la adquisición de cualquier bien. En una economía primitiva en la que no existiera división del trabajo ni propiedad privada el valor de las cosas dependería únicamente de la dificultad o trabajo necesario para su obtención. En una economía especializada de intercambio, en la que los medios de producción son de propiedad privada, el valor del trabajo representa sólo una fracción (mayor o menor, según los casos) del valor total de los bienes y servicios productivos.

David Ricardo (1772-1823) centró también su atención en el valor de cambio y en la teoría del valor trabajo, pero, a diferencia de Smith, Ricardo sostuvo que el valor de cambio de las cosas viene determinado por el valor del trabajo incorporado (teoría del valor-trabajo incorporado), y para evitar el problema de la variación del valor del trabajo al variar el nivel del salario de subsistencia, Ricardo propuso como unidad de medida una mercancía que contuviera una cantidad de trabajo constante. Dada la dificultad de encontrar una mercancía de estas características, David Ricardo propuso como nueva unidad de medida un bien que tuviera como relación capital/trabajo el valor medio de las relaciones capital/trabajo de todos los bienes de la economía.

Las primeras críticas a la teoría del valor-trabajo de David Ricardo le vinieron de parte de J. B. Say (1767-1832) y John Stuart Mill (1806-1873), quienes sostuvieron, al igual que otros muchos economistas de la época, que si bien el valor de cambio de las cosas puede fluctuar accidentalmente en función de la demanda, su verdadero valor (a modo de valor natural o precio justo, alrededor del cual oscilará el precio de mercado) viene determinado por el valor del trabajo y demás insumos incorporados (teoría del costo de la producción).

Para Karl Marx (1818-1883) el trabajo es la única fuente de valor. Sostuvo que la fuerza de trabajo tenía un valor de uso (rendimiento obtenido por el capitalista) superior al valor de cambio (salario pagado por el capitalista); esa diferencia constituye la plusvalía. Para Marx el valor de un bien depende del trabajo socialmente necesario para producirlo.

La economía neoclásica y, en particular, la revolución marginalista supuso un cambio de rumbo considerable en la utilización del concepto de valor. El neoclasicismo abandona la teoría del valor-trabajo y la sustituye por la teoría subjetiva del valor, que explica por medio de una combinación de escasez y utilidad [Desarrollada originalmente por Carl Menger (1840-1921)]. William Stanley Jevons (1835-1882) se deshizo de la paradoja smithiana de discrepancia entre el valor de uso y el valor de cambio apelando al concepto de grado de utilidad final (utilidad marginal). El valor de uso de los economistas clásicos se corresponde con el concepto de utilidad total del bien, mientras que el intercambio de un bien por otro se establece en términos de utilidad marginal, que disminuye al aumentar la cantidad del bien intercambiado.

En este video Martin Krause muestra con ejemplos cómo la teoría subjetiva del valor logra lo que no puede explicar la teoría del valor trabajo de Marx.

ni la cantidad de trabajo requerida para la producción o reproducción de un bien ni otros bienes constituyen el factor determinante del valor. La medida viene dada por la magnitud de la significación de [el valor que asignamos a] aquella necesidad para cuya satisfacción dependemos y sabemos que dependemos de la disposición [uso o goce] de un bien. Carl Menger. Principios de Economía Política (1871).

Eugene Böhm-Bawerk, economista austríaco, hizo una crítica de todo el edificio económico de Marx, hace más de un siglo en su “Karl Marx and the close of his System” . Böhm-Bawerk ataca los tres principales pilares del sistema económico de Marx: la teoría del valor trabajo, la ley del valor de Marx y su teoría del valor de la plusvalía como fuente de beneficio del capitalista. Al final de su asalto, ninguno de estos pilares queda en pie y todo el edificio se viene abajo. La crítica de Böhm-Bawerk sigue siendo hasta hoy una de las más poderosas del argumento de que la fuente del beneficio del capitalista reside en la explotación de los trabajadores.

… Marx había enseñado en su primer volumen que todo el valor de las mercancías se basaba en el trabajo incorporado en ellas, y que en virtud de esta “ley del valor” se deben intercambiar en proporción a la cantidad de trabajo que contienen; que, además, la plusvalía o ganancia que obtiene el capitalista era el fruto de la extorsión practicada al trabajador; que, sin embargo, la cantidad de plusvalía no era proporcional a la cantidad total del capital empleado por el capitalista, sino solo a la cantidad de la parte “variable”, es decir, a la parte del capital pagada en salarios mientras que el “capital constante”, el capital empleado en la compra de los medios de producción, no agregó plusvalía. Sin embargo, en la vida diaria, la ganancia de capital es proporcional al capital total invertido; y, en gran parte por esta razón, los productos no se intercambian como un hecho en proporción a la cantidad de trabajo incorporado en ellos. Aquí, por lo tanto, había una contradicción entre el sistema y el hecho que apenas parecía admitir una explicación satisfactoria. La evidente contradicción tampoco escapó al propio Marx. Él dice con referencia a ella: “Esta ley” (la ley, a saber, que la plusvalía es proporcional solo a la parte variable del capital), “claramente contradice toda experiencia prima facie”. Pero al mismo tiempo declara que la contradicción es solo aparente, cuya solución requiere muchos enlaces faltantes, y será pospuesta a volúmenes posteriores de su trabajo. La crítica experta pensó que podría aventurarse a profetizar con certeza que Marx nunca redimiría esta promesa, porque, como trató de demostrarlo de manera elaborada, la contradicción era insoluble. Sin embargo, su razonamiento no causó ninguna impresión en la masa de los seguidores de Marx. Su simple promesa superaba todas las refutaciones lógicas.

… El suspenso se volvió más difícil cuando se vio que en el segundo volumen del trabajo de Marx, que apareció después de la muerte del maestro, no se había hecho ningún intento hacia la solución anunciada (que, según el plan de todo el trabajo, estaba reservada para el tercer volumen), ni siquiera se dio la más mínima indicación de la dirección en la que Marx propuso buscar la solución.

Entre 1885, el año en que apareció el segundo volumen de Capital de Marx, y 1894, cuando salió el tercer volumen, se realizó un concurso de ensayos de premios sobre la “tasa de ganancia promedio” y su relación con la “ley del valor” [al que Friedrich Engels había convocado] para intentar resolver el problema “cómo, no solo sin contradecir la ley del valor, sino incluso en virtud de ella, se puede y se debe crear una tasa de beneficio promedio igual“. … Según el punto de vista de Friedrich Engels … nadie logró llevarse el premio. Eugen Böhm-Bawerk. Karl Marx and the Close of His System.

Con esta introducción al problema insoluble de que en la realidad verificable los productos no se intercambian por un valor que está en proporción a la cantidad de trabajo incorporado en ellos y que por tanto invalida el concepto de plusvalía, Böhm-Bawerk procede a realizar un análisis detallado de la construcción lógica que sigue Marx, desde la definición de mercancía, la distinción entre valor de uso y valor de cambio, el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir la mercancía, el concepto de plusvalía generada por la fuerza de trabajo, la tasa de plusvalía y la tasa de ganancia.

Luego pasa a exponer los errores lógicos de esa construcción teórica, tales como la falta de pruebas empíricas con información de la realidad; la exclusión inicial, per se, del análisis del efecto de la oferta y la demanda en el valor de cambio; el uso de una prueba negativa –por exclusión arbitraria de propiedades-, en lugar de positiva, para encontrar el factor común que explicaría el valor de cambio de las mercancías; la exclusión del factor cualitativo, tanto del trabajo como de las mercancías; la falacia del trabajo simple (no calificado) para calcular el tiempo de trabajo incorporado y por tanto el valor de las mercancías; los errores de método al ignorar en la investigación científica el mismo punto que exige explicación; la contradicción entre la ley del “precio de producción” y la “ley de valor”; el posterior análisis superficial y forzado de la competencia, la oferta y la demanda; la contradicción con su tesis original y la admisión de que las mercancías se intercambian pricipalmente según sus precios de producción debido a la competencia (oferta y demanda); y la inconsistente descripción de los factores que rigen el valor de mercado, entre otros.

En fin, un análisis crítico de alta calidad científica que desmenuza, parte por parte, las teorías expuestas por Marx en los tres volúmenes de El Capital, señalando los errores, inconsistencias, contradicciones y falacias existentes en la obra, y

que, desde el principio, su argumento no es natural y no se adapta al carácter del problema; y, además, que la evidencia que Marx presenta en su sistema claramente no es la misma por medio de la cual él mismo llega a sus convicciones, sino que posteriormente se consideró como un apoyo artificial para una opinión que se derivaba previamente de otras fuentes; y finalmente, y este es el punto más decisivo, que el razonamiento está lleno de las fallas más obvias de lógica y método que lo privan de toda fuerza. … Sin embargo, lo que diré es que nadie, con una mente tan poderosa como Marx, ha exhibido una lógica tan continua y tan palpablemente errónea como lo demuestra en la prueba sistemática de su doctrina fundamental.” Böhm-Bawerk. Idem.

Otros dos párrafos resumen la crítica de Böhm-Bawerk:

…De tal naturaleza son el razonamiento y el método empleado por Marx al introducir en su sistema su proposición fundamental de que el trabajo es la única base de valor. En mi opinión, es bastante imposible que este hocus-pocus dialéctico constituya el fundamento y la fuente de las propias convicciones de Marx. Hubiera sido imposible para un pensador como él (y lo veo como una fuerza intelectual del más alto orden), haber seguido métodos tan tortuosos y antinaturales si hubiera estado involucrado, con una mente libre y abierta, en realmente investigar las conexiones reales de las cosas y formar sus propias conclusiones con respecto a ellas; hubiera sido imposible para él caer sucesivamente por simple accidente en todos los errores de pensamiento y método que he descrito, para llegar a la conclusión de que el trabajo es la única fuente de valor como la consecuencia natural, no el resultado deseado y predeterminado, de tal modo de investigación.

…Aquí yace [en el décimo capítulo del tercer volumen de El Capital], creo, el Alfa y la Omega de todo lo que es falaz, contradictorio y vago en el tratamiento de su tema por parte de Marx. Su sistema no está en contacto cercano con los hechos. Marx no ha deducido de los hechos los principios fundamentales de su sistema, ya sea mediante un empirismo sólido o un análisis económico-psicológico sólido; pero lo encuentra en un terreno no más firme que una dialéctica formal. Esta es la gran falla radical del sistema marxista en su nacimiento; de él todo lo demás surge necesariamente. El sistema funciona en una dirección, los hechos van en otra; y cruzan el curso del sistema a veces aquí, a veces allí, y en cada ocasión la falla original engendra una falla nueva. El conflicto entre el sistema y los hechos deben mantenerse apartados de la vista, de modo que el asunto esté envuelto en la oscuridad o la vaguedad, o se dé vuelta y se retuerza con los mismos trucos de dialéctica que al principio; o donde nada de esto sirve tenemos una contradicción. Tal es el carácter del décimo capítulo del tercer volumen de Marx. Trae la mala cosecha diferida durante mucho tiempo, que creció por necesidad de la mala semilla. Eugen Böhm-Bawerk. Karl Marx and the Close of His System.

Una traducción al español está en el Apéndice: Karl Marx y la Conclusión de su Sistema o La Conclusión del Sistema Marxiano

Otro crítico de la teoría del valor trabajo de Marx es Phillip Wiksteed, quien argumenta que solo si la fuerza de trabajo pudiera cambiarse para producir más fuerza de trabajo, en lugar de para producir otras mercancías, su valor estaría relacionado con el tiempo necesario para producirla, es decir, con el costo de producir y reproducir al trabajador. Ver la argumentación en el apéndice Wicksteed sobre la plusvalía.

El austríaco Joseph Schumpeter fue otro de los que hizo una revisión crítica de la teoría económica marxista. Con respecto a la teoría del valor, dice lo siguiente:

“Marx cayó con la corriente ordinaria de los teóricos de su tiempo y también de una época posterior haciendo de la teoría del valor la piedra angular de su estructura teórica. Su teoría del valor es la Ricardiana. … Tanto Ricardo como Marx dicen que el valor de cada mercancía es (en perfecto equilibrio y competencia perfecta) proporcional a la cantidad de mano de obra contenida en el producto, siempre que esta mano de obra esté de acuerdo con el estándar existente de eficiencia de la producción (la “cantidad socialmente necesaria de mano de obra”). Ambos miden esta cantidad en horas de trabajo y utilizan el mismo método para reducir las diferentes calidades de trabajo a un solo estándar. 

Todo el mundo sabe que esta teoría del valor es insatisfactoria. … Para la economía como ciencia positiva, sin embargo, que tiene que describir o explicar los procesos reales, es mucho más importante preguntar cómo funciona la teoría del valor trabajo como una herramienta de análisis, y el verdadero problema con ella es que lo hace muy mal.

Para empezar, no funciona en absoluto fuera del caso de competencia perfecta. En segundo lugar, incluso con una competencia perfecta nunca funciona sin problemas excepto si el trabajo es el único factor de producción y, además, si el trabajo es todo de un tipo. Si no se cumple alguna de estas dos condiciones, deben introducirse supuestos adicionales y aumentar las dificultades analíticas hasta una medida que pronto se vuelva inmanejable. El razonamiento sobre las líneas de la teoría laboral del valor es, por lo tanto, el razonamiento sobre un caso muy especial sin importancia práctica, aunque algo podría decirse de ello si se interpreta en el sentido de una aproximación a las tendencias históricas de los valores relativos. La teoría que la reemplazó, en su forma más antigua y ahora anticuada, conocida como la teoría de la utilidad marginal, puede reclamar superioridad en muchos aspectos, pero el verdadero argumento es porque es mucho más general y se aplica igualmente bien, por un lado, a los casos de monopolio y competencia imperfecta y, por otro lado, a la presencia de otros factores y de trabajo de muchos tipos y cualidades diferentes.

… [Según Marx]  El cerebro, los músculos y los nervios de un obrero constituyen, por así decirlo, un fondo o un stock de mano de obra potencial (Arbeitskraft, generalmente traducido no muy satisfactoriamente como fuerza de trabajo). Este fondo o acervo que Marx considera como una especie de sustancia que existe en una cantidad definida y que en la sociedad capitalista es una mercancía como cualquier otra. 

…Ahora bien, dado que el trabajo en ese sentido (no el servicio de trabajo o la verdadera hora-hombre) es una mercancía, la ley del valor debe aplicarse a ella. Es decir, debe, en equilibrio y competencia perfecta, obtener un salario proporcional al número de horas de trabajo que entró en su “producción”. Pero, ¿qué número de horas de trabajo entra en la “producción” del stock de mano de obra potencial que se almacena dentro de la piel de un obrero? Bueno, el número de horas de trabajo que se necesitaron y necesitan para levantarse, comer, vestirse y albergarse el obrero. Esto constituye el valor de ese acervo, y si vende partes de él, expresados en días, semanas o años, recibirá salarios que corresponden al valor del trabajo de esas partes así como un comerciante de esclavos que vende un esclavo recibiría en equilibrio un precio proporcional al número total de esas horas de trabajo. 

Pero una vez que los “capitalistas” han adquirido ese stock de servicios potenciales, están en condiciones de hacer que el trabajador trabaje más horas —prestan más servicios reales— de lo que se necesita para producir ese stock o existencia potencial. Pueden exigir, en este sentido, más horas de trabajo reales de las que han pagado. Dado que los productos resultantes también se venden a un precio proporcional a las horas-hombre que entran en su producción, existe una diferencia entre los dos valores —que surgen de nada más que el modus operandi de la ley marxista de los valores— que necesariamente y en virtud del mecanismo de los mercados capitalistas va al capitalista. Este es el valor de excedente o  plusvalía (Mehrwert). Al apropiarse de él, el trabajo capitalista “explota” al obrero, aunque paga a los obreros no menos que el valor total de su potencial laboral y recibe de los consumidores no más que el valor total de los productos que vende.

…La teoría del valor del trabajo, incluso si pudiéramos concederla válida para cualquier otra mercancía nunca se puede aplicar a la mercancía trabajo, ya que esto implicaría que los trabajadores, como las máquinas, son producidos de acuerdo con cálculos racionales de costos. Como no lo son, no hay ninguna justificación para asumir que el valor de la fuerza de trabajo será proporcional a las horas-hombre que entran en su “producción”. “

Luego, Schumpeter analiza la teoría de la “explotación” marxista, de la concentración del capital, los ciclos económicos y su aporte al análisis histórico.  El texto puede consultarse en La crítica de Schumpeter a la teoría económica de Marx.

Por su parte, Juan Ramón Rallo, economista español, ofrece un análisis de los errores cometidos por Marx en la construcción de su teoría del valor-trabajo, en el cual resalta la renuencia de Marx a reconocer el papel del empresario en la creación de valor y adjudicarle todo a los trabajadores. 

Un resumen de las principales críticas de Rallo son las siguientes. Para una explicación completa ver: Refutación a las teorías del valor trabajo y de la explotación de Marx – Juan Ramón Rallo. : 

El primer error o primer problema: la arbitraria selección que efectúa Marx de cuál es el denominador común de las mercancías que participan en un intercambio. Recordemos que Marx afirma que los mercancías que son intercambiadas sólo tienen en común ser fruto del trabajo humano, pero esto es evidentemente falso. La propiedad verdaderamente relevante que tienen en común dos mercancías intercambiadas no es o no son, ni sus propiedades naturales ni el ser fruto de la energía sino que son mercancías, son bienes relativamente escasos con respecto a las necesidades humanas que pueden satisfacer. Es decir, la característica común es la utilidad de las mismas, no el trabajo humano. Esto se demuestra en el caso de una mercancía producida por animales o por robots y en los casos de todo aquello que no es reproducible mediante el trabajo humano. El valor de cambio está determinado por la utilidad de las mercancías.

El segundo error: el tiempo de trabajo socialmente necesario, que como sabemos es lo que determina el valor de cambio de las mercancías es un concepto vago y endógeno a la demanda. Porque no existe una unidad homogénea de trabajo abstracto al que reducir los distintos trabajos concretos y heterogéneos que tienen lugar dentro de una economía. Marx  considera que el trabajo más complejo, por ejemplo, el de un cirujano, es igual sólo a un trabajo simple potenciado o más bien multiplicado, de suerte que una pequeña cantidad de trabajo complejo equivale a una cantidad mayor de trabajo simple. El problema es que cómo establecemos la relación multiplicada que existe entre el trabajo simple por ejemplo de un granjero y el trabajo complejo de un cirujano? Lo que nos dice Marx es que tenemos que comparar los valores de cambio del producto de su trabajo. El problema de esto es que los diferenciales de intensidad de trabajo no pueden medirse por los diferenciales de los precios de mercado de las mercancías producidas. Y por qué razón no podemos hacer esto? Que es lo que nos sugiere Marx? Que el valor no es directamente observable en el mercado. Lo que observamos en el mercado son los precios de mercado y en el volumen tercero Marx nos dice que los precios de mercado no reflejan necesariamente el valor. Por tanto, apelar al tiempo de trabajo socialmente necesario para aproximar el valor de cambio de una mercancía por necesidad sea un concepto muy vago, muy indefinido, porque las distintas obras de distintos trabajadores no valdrán lo mismo y no tendremos forma de saber cuánto vale cada una de ellas porque los precios de mercado no serán un indicador para conocer esto.

El tercer problema, el tercer error, es que es solo el trabajo es fuente de valor. Para Marx, sólo el trabajo humano, como ya hemos dicho, es capaz de generar nuevo valor de cambio. Ni los animales ni los robots pueden generar un nuevo valor de cambio. Para Marx, los animales o los robots, únicamente trasladan el valor de cambio que incorporaban cuando fueron producidos a su vez a través del trabajo. Al final lo que está haciendo Marx sin explicitarlo claramente, es imputarle al trabajador toda la ganancia de productividad que se pueda derivar de un cambio de una mejoría en la estructura productiva.  La cantidad y calidad de los medios de producción disponibles en una sociedad dependen de la cantidad y de la intensidad del tiempo de trabajo que los individuos dediquen a producirlos. Esto es así dentro del marco de la teoría del valor trabajo. Si las personas son más pacientes, si las personas son más adversas al riesgo, si las personas son menos hábiles, la estructura productiva a la que llegaremos será una diferente a la que llegaremos si son más pacientes, más valientes y más hábiles.  Parte de la productividad, parte de la mejoría del tiempo de trabajo socialmente necesario, parte de la mayor creación de valor de cambio, es atribuible a las decisiones de ahorro, de inversión y de gestión empresarial que toman determinadas personas con un determinado perfil de preferencia temporal, de aversión al riesgo y de habilidad gestora. Y esa parte de la producción que terminará yendo a los capitalistas por esas decisiones que han impactado sobre la estructura productiva y que han modificado el tiempo de trabajo socialmente necesario vía la mayor productividad del sistema económico,  esa parte de la producción que va a parar a ellos es lo que se llama plusvalía, plusvalor, pero eso no es ninguna explotación, eso es simplemente trabajador y capitalista, cada uno aportando algo, el trabajador su fuerza de trabajo, el capitalista los medios de producción que ha creado donde no los había, debido a su ahorro, a su inversión arriesgada y a su habilidad coordinadora, ambos trabajando conjuntamente han dado lugar a una determinada cantidad de producción y como los dos han participado en producir esas mercancías, los dos terminan repartiéndose el valor de cambio conjunto contenido en esas mercancías. 

Marx  dice que todos los trabajadores tienen que soportar el coste de esta gestión empresarial. Lo que dice Marx a continuación es que esta parte es decir, los gastos generales de administración, “En esta parte se conseguirá desde el primer momento una reducción considerabilísima en comparación con la sociedad actual, reducción que irá en aumento a medida que la nueva sociedad se desarrolle. Es decir, lo que está diciendo Marx es vamos a pagar mucho menos a los capitalistas por su administración y como vamos a pagar menos a los capitalistas por su administración, el producto que irá a parar al trabajador será mayor de lo que es ahora. El punto es qué sabe Marx sobre que el trabajo de los capitalistas a la hora de coordinar trabajadores y medios de producción es menos valioso de lo que se está pagando en una economía de libre mercado? Por qué hay que rebajarles en otras palabras el sueldo a los capitalistas que coordinan los medios de producción y a los trabajadores con respecto a las rentas que obtienen hoy? Cómo sabe Marx que se está sobre remunerando a los capitalistas? Pues realmente no lo sabe. Cuál es la intensidad del trabajo de los capitalistas en relación con la intensidad del trabajo de los trabajadores? La intensidad del trabajo coordinador, de un capitalista puede ser un múltiplo gigantesco de veces la intensidad del trabajo de un trabajador raso. De hecho si atendiéramos a su explicación de cómo reducir a unidades de trabajo homogéneo el trabajo heterogéneo de distintos trabajadores lo que deberíamos observar es el diferencial de remuneración de los productos, de las mercancías, de cada uno de estos trabajadores en el mercado y en este sentido, si el valor de mercado de la producción de uno es muchísimo mayor que el valor de mercado de la producción de otro, deberíamos decir que en función de sus diferenciales de valor de mercado también hay diferenciales de sus valores de la intensidad de sus horas de trabajo. Ya hemos dicho que esto tiene problemas de coherencia dentro de la teoría marxista porque los precios de mercado no tienen por qué reflejar los valores de cambio pero si nos inscribimos a la interpretación literal de Marx, deberíamos convalidar los diferenciales de remuneración de capitalistas y trabajadores suponiendo que simplemente son diferenciales de intensidad de su trabajo, del trabajo como coordinador del capitalista y del trabajo de reproductor de órdenes del trabajador. Si no atendemos a esta literalidad de la teoría del valor trabajo pues simplemente no sabemos cuál es el valor que está generando un capitalista como coordinador. De hecho esto lo descubrimos a través del proceso de competencia: Si un capitalista genera mucho valor en alianza en trabajo conjunto con un trabajador esa empresa logrará muchos más beneficios que otra empresa que no incorpora ese capitalista. El hecho diferencial entre una empresa y otra será el capitalista y si y si la empresa que incorpora ese capitalista gana mucho más dinero es porque diferencialmente ese capitalista genera mucho más valor que el otro merced a su mayor habilidad.

En definitiva, la teoría del valor trabajo es errónea por las razones que hemos explicado, una serie de supuestos totalmente arbitrarios y en parte contradictorios que adopta más para terminar defendiéndola y a su vez, la teoría de la explotación también es errónea no sólo porque la teoría de valor trabajo lo es, … pero incluso aceptando la teoría del valor trabajo, la teoría de la explotación es errónea porque al final se niega a reconocer la contribución que desarrolla el capitalista dentro del proceso productivo.

Otro crítico, Richard M. Ebeling, refiere que uno de los principales errores de la teoría económica marxista fue basarla exclusivamente en la parte “material” de las relaciones económicas. 

La teoría económica neoclásica es una teoría de la formación de los precios y del funcionamiento de los mercados. La teoría de la distribución es para el neoclasicismo una prolongación de la teoría de los precios; en equilibrio el precio de cada factor productivo es igual al valor de su productividad marginal. Los economistas neoclásicos relegan el concepto de valor al campo de la psicología y centran su atención en la teoría de la formación de los precios. Los precios que, bajo la óptica del equilibrio parcial, son el resultado del equilibrio entre la oferta (detrás de la cual está el costo o sacrificio que la producción del bien implica) y la demanda (detrás de la cual está la utilidad o satisfacción que el consumo del bien reporta) son las expresiones monetarias de los valores de las cosas, de los bienes y servicios intercambiados en el mercado.

La ley de la oferta y la demanda además de ser la ley de la formación de los precios ha pasado a ser con los economistas neoclásicos la ley de la determinación del valor de las cosas. La teoría del valor-trabajo continúa siendo utilizada hoy día por los economistas neo-marxistas y posricardianos.

Detrás de la teoría de los juegos desarrollada por el matemático austríaco nacido en Budapest Janos (más tarde John) von Neumann y del economista de la misma nacionalidad Oskar Morgenstern, en su obra Teoría de los juegos y comportamiento económico (1944), se halla también una nueva y original teoría del valor, según la cual el valor resultante de una situación en la que hay conflicto de intereses (intereses encontrados o contrapuestos) es un valor de equilibrio que expresa la posición de fuerza relativa de las diferentes partes implicadas en el juego. Fuente: Die Größe Enzyklopädie der Wirtschaft

La teoría marxista del valor que establece que el valor de cambio, que es el precio, depende del trabajo socialmente necesario para producirlo no es capaz de explicar de donde sale el valor de muchos bienes y servicios. Por ejemplo, tomemos el caso de los bienes naturales, de los que se encuentran en la naturaleza en su estado original y en los que la acción del ser humano no ha tenido ninguna intervención: la tierra virgen, los árboles de un bosque natural, el agua de una fuente natural, el petróleo o los minerales bajo el subsuelo, etc.

Tomemos por ejemplo el caso de la tierra virgen. El valor de la tierra, antes de invertir trabajo para hacerla producir, es el precio que alguien paga por adquirirla. Tiene un valor propio que nada tiene que ver con trabajo, pues no es producto del trabajo. Puede ser objeto de trabajo futuro y adquirir más valor pero la tierra en su estado virgen no ha sido producto del trabajo y, sin embargo, tiene un valor. Igual pasa con un árbol silvestre, en el cual no hay trabajo invertido. Tiene un valor por sí mismo y el dueño de la tierra donde está ese árbol puede venderlo por un precio determinado.

En cualquier caso, ya sea la tierra o el árbol, el precio promedio o valor de cambio no refleja ningún valor de tiempo de trabajo invertido, ya que son bienes naturales no producidos por el trabajo humano. Aquí se cae el supuesto de Marx de que el valor de cambio está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario.

La falacia de la teoría del valor trabajo -y por tanto, de la “plusvalía” generada exclusivamente por el trabajo- también puede demostrarse observando lo que sucede en la vida real.

Cuando se inventa un nuevo bien o servicio, lo que convencionalmente se llama innovación, término definido en “Guidelines for Collecting and Interpreting Innovation Data. A joint publication of OECD and Eurostat”, 2005, más conocido como el Manual de Oslo, se crea un nuevo valor agregado, adicional a la suma de los valores agregados de las partes o componentes del nuevo producto. El concepto de valor agregado comprende las remuneraciones al trabajo, la depreciación, ganancias e impuestos. El Producto Interno Bruto de un país es la suma de los valores agregados de todas las actividades económicas. Por su parte, las innovaciones pueden ser de producto (características del bien o servicio), de procesos de producción o comercialización y organizacionales. Para ser reconocida como tal, una innovación debe pasar la prueba del mercado, es decir, los consumidores pagan por ella. Para ser reconocida como tal, una innovación debe pasar la prueba del mercado, es decir, los consumidores pagan por ella, lo que es congruente con la teoría de la utilidad marginal.

Puede ser el caso de introducir un material o componente adicional a un producto existente, que mejora su utilidad, le dota de un uso adicional o le confiere una nueva utilidad. Al hacerlo, se vende por un precio (valor de cambio) que es superior al costo del nuevo material empleado y del trabajo adicional que requiere su introducción en el proceso de producción, usualmente genera una ganancia (excedente de explotación) proporcionalmente superior a la ganancia que se obtenía antes de introducirlo. En otras palabras, genera un valor agregado proporcionalmente mayor al que se generaba antes de realizar la innovación. Hay miles de ejemplos de estos casos.

Poniéndole cifras al ejemplo (véase la tabla arriba), supongamos de manera simplificada que antes de la innovación, el costo de los materiales empleados (5 o 10 diferentes materiales) era de $50, el de las remuneraciones al trabajo era de $20, la depreciación era de $10 y la ganancia de $20, para un valor total o precio de venta del producto de $100. Luego de la innovación, agregamos $10 por el costo del nuevo material y tenemos un total de costo de materiales de $60, 20% más, y agregamos $5 por aumento de las remuneraciones pagadas (asumiendo que la introducción del material aumenta 25% las horas de trabajo). Para ser consistente, también agregamos un 25% de aumento a la depreciación, con lo que esta llega a $12.50. Sumando los costos llegamos a $97.50, un aumento de 22% sobre el costo total anterior. Las características del nuevo producto permiten que se pueda vender, digamos, por $125, un 25% más, en lugar de los $100 anteriores, lo cual no es nada inusual para un producto que satisface necesidades adicionales. Se supone que los consumidores están dispuestos a pagar el precio, de lo contrario, la innovación no habrá pasado la prueba de mercado y será un fracaso. Por otro lado, el aumento de 25% en el precio de venta es ligeramente mayor al aumento de 22% en los costos totales, siendo por tanto, modesto y razonable. Esto deja una ganancia de $27.50, superior a los $20 anteriores, un margen adicional de $7.50 o en términos porcentuales, 37.5% adicional. El valor agregado ha aumentado en 30% y ha pasado de representar un 50% del valor total del producto a un 52%.

Aquí podemos deducir que (1) el aumento del valor agregado y de la ganancia depende del nivel de aumento en el precio de venta (valor de cambio) del producto; (2) el precio de venta, está a su vez determinado por (3) cuánto está dispuesto a pagar el comprador por el producto según la utilidad marginal que le asigna para satisfacer sus necesidades o la de otros para los cuales está comprando el producto. Para simplificar, en este punto, no estamos considerando la influencia, en el tiempo, del nivel de oferta y demanda del producto, que también implica un aumento o disminución del precio, según la estructura del mercado (número de oferentes y demandantes del producto), ya que estamos considerando que el producto se produce en las cantidades que demandan los consumidores al momento de poner en el mercado la innovación. (4) El aumento de la ganancia y del valor agregado, por tanto, depende de (3): la utilidad marginal que el comprador le asigna al producto.

Ahora bien, en este ejemplo, el comprador está dispuesto a pagar un 25% más por el producto, que a la empresa le genera un 37.5% de aumento en sus ganancias. Cómo se generó el aumento? Como dijimos, por la introducción de un material adicional que le incorporó nuevas características al producto. Quién debe recibir los beneficios de esta innovación? La o las personas que tuvieron la idea de mejorar las características del producto introduciendo el material adicional. Generalmente, quien toma las decisiones para hacerlo realidad es el dueño o gerente de la empresa. Puede que sea iniciativa de un emprendedor que ha visto la oportunidad de vender un producto con esas características para satisfacer una necesidad y que ha tenido la idea de que incorporando el material adicional, puede hacer tal producto, por lo que inicia una nueva empresa; o puede que sea una idea de alguien en una empresa que ya existe. En cualquier caso, el dueño de la idea puede proteger su derecho a recibir los beneficios de su explotación registrando ante las autoridades correspondientes la propiedad intelectual. También, en cualquier caso, para que se convierta en una innovación, es necesario llevar la idea a la práctica y pasar la prueba del mercado. Esto exige diversas tareas, como reunir el capital que se necesita, y organizar y administrar los procesos de producción y comercialización. De esta manera, podemos ver claramente que el aumento de valor se debe a la actividad intelectual creativa que origina la innovación y a la actividad intelectual del emprendedor o empresario que lleva a la práctica la innovación, asumiendo el riesgo que conlleva.

Como puede verse, no ha sido entonces el trabajo de los empleados, el que ha causado el aumento del valor del producto. Ellos han recibido un aumento en sus remuneraciones equivalente al aumento de las horas adicionales de trabajo.

El aumento del valor del producto en el ejemplo se ha debido a la innovación, esto es, a la introducción de un material adicional que le confiere al producto características diferentes que el consumidor valora como merecedoras de pagar un precio adicional. De ahí que la innovación sea el factor fundamental para el aumento del valor de las cosas y de las ganancias, es decir, de la creación de nueva riqueza, que se mide por el valor agregado generado.

La otra falacia es la relacionada a la llamada “productividad del trabajo”.

La productividad del trabajo no es más que una medida que resulta de dividir el valor de lo producido por el número de personas que trabajaron o el número de horas usadas para producir. Es decir, es un indicador de medición ex-post. Medida de esta manera, la productividad del trabajo atribuye al número de personas o al número de horas trabajadas, las variaciones en la producción.

Si aumenta la productividad, es porque el mismo número de personas producen productos con mayor valor que antes debido a la introducción de cambios tecnológicos en los procesos empresariales o porque, sin haberse introducido cambios tecnológicos, intensificaron su trabajo usando el mismo tiempo o alternativamente porque, por haberse introducido cambios tecnológicos, menos personas producen productos con igual valor que antes. Vemos entonces que el aumento en la productividad del trabajo solo puede hacerse por dos vías, por: 1) la intensificación del trabajo usando el mismo tiempo o por 2) la introducción de cambios tecnológicos.

La intensificación del trabajo usando el mismo tiempo tiene un límite, por lo que no puede tomarse como la explicación de una productividad del trabajo aumentada, excepto para un muy corto período de tiempo, por lo que la explicación que queda como válida es la introducción de cambios tecnológicos.

Por tanto, vemos que la productividad del trabajo es causada principalmente por la innovación de productos o procesos.

En el ejemplo que hemos visto, que se trata de una innovación del producto, la productividad del trabajo aumentó 5%, ya que el valor agregado aumentó en 30% y las horas trabajadas en 25%. Pero el aumento del valor agregado no se debió a que los trabajadores fueran más eficientes, sino a la innovación introducida. Es más, el aumento del 5% en la productividad del trabajo se debió al trabajo intelectual involucrado en el desarrollo de la idea inicial y la organización de la puesta en práctica de la innovación (su venta en el mercado), que no se puede atribuir a los trabajadores.

De igual manera, en una innovación del proceso de producción, digamos, por la introducción de un nuevo equipo que realiza el trabajo con mayor rapidez, en menos tiempo, con mayor calidad y menor cantidad de errores y desperdicios, es posible que el mismo número de empleados produzca una mayor cantidad de producto, lo que aumenta el valor agregado, principalmente, en términos absolutos, aunque la disminución de errores y desperdicios también puede aumentarlo en términos relativos. Como resultado, al dividir el valor agregado total creado entre el número de personas, que permanece constante, o el número de horas trabajadas, tenemos un aumento de la productividad del trabajo. De nuevo, en este caso también la productividad del trabajo se ha incrementado debido a la introducción de un equipo más eficiente, no a un aumento de la eficiencia de los trabajadores.

Se puede argumentar que al introducir un nuevo material, un nuevo equipo o un nuevo proceso de producción, se requiere de mayores conocimientos o habilidades por parte de los trabajadores, lo cual es correcto. Normalmente, esa adquisición de conocimientos se hace mediante la capacitación o entrenamiento. De esa manera, se desarrollan nuevas capacidades que normalmente son mejor remuneradas. De este modo, la innovación también produce beneficios para los trabajadores. De aquí surge el concepto de “capital humano” para designar los conocimientos, habilidades y destrezas de las personas que resultan en mejoras a su productividad o eficiencia.

En resumen, la innovación, y especialmente la de carácter tecnológico, la innovación tecnológica, es la fuente principal de la creación de valor en las empresas y en la economía de un país. No es el trabajo físico el que crea valor, es el trabajo intelectual, en la medida en que este se aplica a la creación de innovaciones. No es por tanto casual que el desarrollo económico y la mayor generación de riqueza se haya empezado con la revolución industrial en 1750 y la incorporación de innovaciones en las sucesivas oleadas de revoluciones tecnológicas.

Arturo J. Solórzano
Mayo, 2019

 

APÉNDICE

Teorías explicativas de los factores determinantes del valor y precio de las cosas

Karl Marx y la Conclusión de su Sistema o La Conclusión del Sistema Marxiano

Wicksteed sobre la plusvalía

La crítica de Schumpeter a la teoría económica de Marx

Refutación a las teorías del valor trabajo y de la explotación de Marx – Juan Ramón Rallo

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