Emprendimiento y Financiamiento – Capital para Iniciar Negocios

Conferencia en el II CONGRESO NACIONAL DE EMPRENDEDORES
Managua, Nicaragua
Noviembre 2010

El modelo empresarial que debemos transformar
Cómo financiar un nuevo negocio: Las buenas ideas son más importantes que el dinero
¿Qué podemos hacer para generar una buena idea de negocio?
Un método para iniciar y hacer crecer un negocio sin tener dinero de previo pero generando buenas ideas
¿Cómo financiar el negocio. Qué hacer para obtener el capital inicial?
Reuniendo el capital inicial del negocio: La venta de la idea a inversionistas
Enseñanzas derivadas de este método de capitalización
Incubación de Empresas y Financiamiento
Mercados de Capital y Desarrollo Económico
Conclusiones

[Las referencias a Nicaragua son aplicables a todos los países de América Latina]

El modelo empresarial que debemos transformar

En Nicaragua, la costumbre es manejar los negocios lo más cerrado posible a la participación de
extraños. En su mayoría, las MIPYMEs son empresas individuales y familiares. Al igual que éstas, las
sociedades limitadas y anónimas son propiedad de un número definido de socios y no están abiertas a
la inversión de personas ajenas a ese círculo cerrado, que generalmente lo componen familiares o
amigos.

La causa principal de la incapacidad de nuestras empresas para competir es que operan bajo un modelo
empresarial obsoleto para los estándares de las empresas en los países desarrollados y aún más, para
los estándares que exige el proceso de globalización.

Hasta ahora lo que he dicho es evidente y nada
nuevo. Pero darle la relevancia debida es el punto de partida para explicar en gran medida por qué
Nicaragua es un país subdesarrollado. Si no cambiamos la manera en cómo creamos y manejamos
nuestras empresas –lo que llamo la cultura empresarial vigente‐ equiparándonos a la manera en cómo
se crean y manejan las empresas modernas en el primer mundo, Nicaragua estará condenada a
continuar en el subdesarrollo.

Pero ¿cuál es esa cultura empresarial que practicamos y nos hace estar en desventaja? Sólo para
mencionar el más importante de los factores que la determinan: la forma cómo se crean, cómo se
organizan. Son empresas de propiedad individual o familiar –y en el caso más “avanzado” sociedades
con amigos y conocidos‐. Son empresas cerradas a la inversión de extraños –y por tanto a la
fiscalización de extraños‐. Empresas donde el nepotismo, que atrae la mediocridad, impera. Donde se
contrata a las personas por ser familiares, amigos o recomendados, no por mérito o calificación. Esta es
la fuente de muchos de los vicios y debilidades de nuestras empresas. ¿Podrá haber preocupación por la
calidad, el buen servicio al cliente, la eficiencia y la competitividad cuando las personas que trabajan en
una empresa no son contratadas en base al mérito? – Lo mismo pasa en el Estado, que es el reflejo de la
sociedad.

El modelo de empresa familiar –con los vicios y debilidades que le son inherentes‐ es un modelo
atrasado que nunca podrá ser competitivo en la actualidad. Además del nepotismo y la falta de
transparencia, la empresa familiar adolece de otros lastres. Uno de ellos es el verticalismo en la toma de
decisiones –“mi empresa es mía y nadie tiene que decirme lo que tengo que hacer”‐ en contraposición
con el trabajo en equipo.

Otra práctica contraria al progreso es la falta de confianza en los demás –parte de la cultura, reforzada
por la falta de respeto al derecho ajeno‐ que lleva a la imposibilidad de hacer alianzas y asociaciones,
subcontrataciones y especialización de las empresas. El modelo de “clusters” y esquemas asociativos no
es viable mientras persista la cultura de incumplimiento de contratos –irrespeto del derecho ajeno y
despreocupación por las consecuencias futuras‐. La falta de respeto por el derecho de los demás es
también una de las causas de la baja calidad de los productos o servicios y de la impuntualidad –no se
respeta el tiempo de las demás personas‐. La cultura de impuntualidad y la falta de confianza en los
demás también impiden el trabajo en equipo, pilar fundamental de la empresa moderna.

La Sociedad está construida sobre la confianza, y la confianza está construida sobre la confianza en la integridad de otros.
Autor: Robert South

El hábito de gozar hoy sin importar mucho qué pase mañana –reforzada por el fatalismo inculcado por
ciertas religiones‐ es el origen de la actitud de trabajar solamente lo justo para pasar el día de hoy o a lo
sumo el mes o el año actual. El resultado es el desdeño de la importancia de planificar para el futuro, o
de vender un producto o servicio sin importar la satisfacción del cliente. ¿Qué empresa podrá tener
éxito con esta mentalidad? ¿Podrá esta actitud fomentar la inversión y el desarrollo de las empresas?

Otra gran debilidad de la empresa cerrada es su limitación para crecer. Si su dueño o socios no cuentan
con fondos adicionales para capitalizar la empresa, ésta no puede crecer. Su única opción para ello es el
préstamo bancario y cuando no es posible tener acceso al crédito, ya sabemos cuáles son los
resultados.

Haría falta más espacio para referirme a otros valores anti‐progreso que resultan de la cultura
empresarial que practicamos en Nicaragua. Heredamos esta cultura de nuestros antepasados, los
españoles, cultura que mantuvo a España y Portugal como las naciones menos desarrolladas de Europa
Occidental hasta hace unas décadas.

Por el contrario, el modelo de empresa con participación accionaria abierta es el modelo que ha
propiciado el desarrollo económico en los países del primer mundo. Por su misma esencia, este modelo
empresarial no es compatible con la mayoría de los vicios que genera el modelo de empresa cerrada:
nepotismo, verticalismo, desconfianza, falta de transparencia, etc., que a su vez producen las
deficiencias antes señaladas que conducen a la falta de competitividad y limitaciones para crecer: altos
costos financieros, baja calidad, mal servicio al cliente, impuntualidad, no respeto de contratos, etc.

El modelo de empresa con participación de terceros en el capital, por el contrario, se ve obligado, por su
mismo origen, a la contratación de personas por mérito, a trabajar como equipo, a planificar para el
futuro –que significa investigar e invertir‐, a preocuparse por la calidad, a respetar estrictamente los
contratos, etc. En una palabra, a maximizar las ganancias mediante la competitividad.

Qué debemos hacer entonces los nicaragüenses para salir del atraso? Aprender y adoptar las prácticas y
valores culturales de esas naciones que han podido progresar. Especialmente, aprender y adoptar las
prácticas y valores que llevan al éxito empresarial. Debemos cambiar radicalmente la cultura
empresarial predominante.

Pero, ¿cómo podemos cambiar esta cultura empresarial? Enseñando cómo crear negocios que no
conlleven los problemas inherentes a la empresa familiar, promoviendo la creación de empresas de
participación abierta en el capital.

De esa manera, también se movilizarían recursos locales, especialmente capital, que se encuentran
ociosos en forma de tierras agrícolas, terrenos urbanos, edificios, y dinero guardado en cuentas de
ahorro. Muchos recursos se encuentran ociosos porque sus dueños no encuentran una manera de
ponerlos a producir. No toda persona es capaz de generar ideas rentables de negocio.
Por otro lado, hay muchas personas que sí son capaces de generar esas ideas ‐y habrán muchas más si
se les provee la educación y entrenamiento adecuado‐ pero carecen del capital necesario para echarlas
a andar.

El fomento de este modelo empresarial abierto viene a ser una solución para juntar ambos tipos de
personas: a los que tienen las ideas de negocios con los que tienen el capital. También, mientras más
empresas se crean bajo este modelo, se ayudaría a desarrollar una bolsa de valores donde se transen
acciones de participación en el capital de las empresas.
El fomento de este modelo, junto a la formación de emprendedores y la enseñanza de valores positivos,
son ingredientes básicos para la transformación de la cultura empresarial existente, en otra capaz de
crear y desarrollar empresas dinámicas, modernas y competitivas que empujen el desarrollo económico
y social del país.

El fomento de este modelo empresarial puede hacerse, al igual que el fomento del espíritu empresarial
y la formación de emprendedores, a través del sistema de educación formal, para lo cual habría que
emprender la reforma del mismo.

Cuando un hombre ha puesto un límite a lo que hará, ha puesto un límite a lo que puede hacer. Autor: Charles M. Schwab

Cómo financiar un nuevo negocio: Las buenas ideas son más importantes que el dinero

Si no tenemos dinero, pensamos que no podemos iniciar ningún negocio. Así funcionan las cosas en
nuestro país. Toda empresa o negocio ha necesitado dinero para empezar y desarrollarse. Las personas
que cuentan con dinero o propiedades que pueden convertir en dinero pueden empezar un negocio. Las
que no tienen algo o casi nada, no pueden. Ningún banco o institución de micro finanzas va a prestarle
dinero a Ud. para empezar un negocio, a menos que Ud. le ofrezca garantías en propiedades que valen
mucho más del valor del préstamo. Algunas organizaciones financieras ni siquiera aceptan una solicitud de préstamo para negocios que tienen menos de un año de haber estado en operación.

Entonces, pensará Ud.: si no tienen dinero para iniciar un negocio, ¿para qué van a aprender cómo
hacer un plan de negocios, cómo crearlo y manejarlo?

Si Ud. es capaz de generar una buena idea de negocio, el dinero se conseguirá. Por el contrario, si no
hay buenas ideas, el dinero nunca vendrá. El dinero en sí mismo no produce nada sin una mente que
decida cómo invertirlo adecuadamente para que crezca.

Si miramos a nuestro alrededor de seguro podemos encontrar ejemplos cercanos de personas que han
tenido mucho dinero en algún momento de sus vidas y que luego han quedado con muy poco o nada de
él. Pero también podemos encontrar otros ejemplos de personas que sin antes tener casi nada de
dinero, ahora cuentan con un gran capital. ¿Cuál es la diferencia entre ambos tipos de personas? ¿Qué
los hace distintos?

Si eliminamos los factores fortuitos que pueden a veces ser la causa de la ruina de una fortuna, tales
como los daños que causan fenómenos naturales como sequías, terremotos, inundaciones, etc. o
incendios, guerras, y enfermedades personales, y también eliminamos factores fortuitos que llevan a
acumular dinero tal como sacarse un buen premio de la lotería, lo que queda como explicación de la
diferencia entre ambos tipos de persona es la habilidad para generar y multiplicar el dinero versus la
“habilidad” para consumirlo.

Vemos así que el solo hecho de contar con dinero no implica que podamos hacerlo crecer y, por el
contrario, la falta de dinero no implica que no podamos conseguirlo y hacerlo crecer. El factor
determinante entonces no es contar con el dinero sino que es generar y desarrollar una buena idea de
negocio.

¿Qué podemos hacer para generar una buena idea de negocio?

Antes que todo, pensar que podemos hacerlo! Que somos capaces de generar una idea de un negocio
que sea rentable y factible!

Si de antemano pensamos que es imposible porque ya todo está hecho, que es muy difícil porque no
tenemos los medios para hacerlo, que ya hay muchas personas haciendo los negocios que pueden
generar dinero, que no tenemos dinero, etc., entonces nos auto bloqueamos y no podemos seguir
adelante. Paramos ahí y volvemos a pensar que lo que nos queda es buscar un empleo, en uno de los
negocios, empresas o instituciones que ya existen.

De ese modo, nos subestimamos nosotros mismos, nos consideramos menos inteligentes y capaces
que otros. ¿Acaso somos los nicaragüenses menos inteligentes que los europeos, japoneses, chinos o norteamericanos? Claro que no! Lo que pasa es que, además de que vivimos en condiciones que hacen
más difícil desarrollar negocios, también muchos no tenemos una actitud positiva, de auto confianza en
nuestras capacidades para superar los obstáculos que nos impone este sistema económico y social
adverso al desarrollo de los negocios. Estamos acostumbrados a vivir inmersos en esas condiciones y no creemos que podemos cambiarlas individualmente.

Uno no nace genio, uno se convierte en genio. Autor: Simone de Beauvoir

El descubrimiento consiste en observar la misma cosa que todos y pensar algo diferente. Autor: Albert Szent-Gyorgyi

Entonces, lo primero que debemos hacer es cambiar de actitud y dejar que nuestra mente empiece a
explorar posibles ideas de negocio, aquí y ahora. A los adultos esto nos parece difícil, y con razón. Sin
embargo, para los jóvenes, lograr este cambio de actitud es más fácil. Está comprobado que mientras
más joven es una persona, más abierta estará su mente a aprender cosas nuevas.

No sólo para generar nuevas ideas debemos cambiar de actitud, sino también para aprender nuevos
métodos y maneras para iniciar y manejar una empresa, para desarrollar una cultura empresarial
diferente que posibilite el progreso económico y social.

Los jóvenes de hoy, futuros adultos de mañana,
son los llamados a practicar esta nueva cultura empresarial que haga surgir nuevas y numerosas
empresas capaces de competir con éxito bajo el nuevo entorno de globalización económica.

Un método para iniciar y hacer crecer un negocio sin tener dinero de previo pero generando buenas ideas

Existen varias metodologías para desarrollar capacidades sobre cómo iniciar una nueva empresa. La
mayoría de estas se centran en los aspectos técnicos de cómo preparar un plan de negocio o un estudio
de factibilidad: estudio del mercado, cálculo de los costos, plan de inversiones, proyecciones de
ingresos y gastos, organización de la empresa, etc.

Estos elementos son clave para el éxito de cualquier nuevo negocio y la falta de ellos es lo que hace que
muchos fracasen. Sin embargo, para llegar a este punto fue necesario antes haber escogido un tipo de
negocio que prometa ganancias y rentabilidad. Esto es lo más difícil. Para escoger una buena idea de
negocio hace falta tener creatividad y capacidad de innovar. El desarrollo de esta capacidad es una de
las deficiencias de muchos programas de formación de emprendedores, ya que no contemplan
módulos de capacitación en estos temas.

Una vez que contamos con un excelente plan de negocios, se necesita dinero para comenzarlo!

¿Cómo financiar el negocio. Qué hacer para obtener el capital inicial?

Como dijimos párrafos atrás, si tenemos una buena idea de negocio, podemos reunir el dinero y hacerlo
crecer. Y ya tenemos una buena idea! Sólo falta encontrar la manera de financiar nuestra idea. Pero
cómo? –Vendiendo esa idea a otras personas interesadas en hacer crecer su dinero.
Cualquier persona con un poco de dinero para invertir, estará interesada en invertir su dinero en algo
que le genere una ganancia. ¿Alguna vez Ud. ha comprado lotería con la esperanza de ganar, sino el premio mayor, al menos un premio pequeño? ¿O quizás haya alguna vez comprado una acción para una
rifa? Pero ni la lotería ni la rifa le aseguran a Ud. que siempre va a ganar algún premio. ¿Guarda Ud. un
poco de ahorros en el banco que le generan un interés aunque sea poco? Al menos su dinero ahorrado
en el banco está más seguro y no pierde valor al devaluarse la moneda, como es el caso de tenerlo
guardado en su casa. ¿Conoce Ud. a alguien que tiene cierta cantidad de dinero y que no lo invierte en
negocios para hacerlo crecer, ya sea porque tiene temor de los riesgos o porque no encuentra una
oportunidad para invertir? ¿O tal vez conoce a alguien que tiene tierras ociosas y propiedades que no le
producen nada, más que gastos, porque tal vez no sabe cómo hacerlas productivas o porque tiene
suficiente dinero para no preocuparse de eso?
Aún en un país pobre como Nicaragua, hay muchas personas que tienen dinero inmovilizado, sea éste
en efectivo o en propiedades. Sólo basta observar cuánta tierra cultivable, y buena tierra, está ociosa
durante todo el año. También se pueden ver lotes de terrenos urbanos vacíos durante años. Todo eso es
dinero inmóvil.

Consigue una buena idea y trabaja en ella hasta que esté bien realizada.
Autor: Walt Disney

También hay muchas personas que les gusta tomar riesgos e invertir una pequeña suma de dinero para
obtener una ganancia. Pero estas personas no encuentran una oportunidad para invertir su dinero.
Probablemente nadie se ha acercado a decirles: Oye, tengo un buen negocio que quiero empezar –o
que ya está funcionando‐ y necesito dinero para echarlo a andar ‐o para expandirlo‐ y te ofrezco la
oportunidad de asociarte conmigo a cambio de compartir las ganancias. O tal vez en alguna ocasión
alguien llegó a hacerle esa proposición pero como no es usual asociarse con otros, o no tenía suficiente
confianza para arriesgar su dinero, rechazó la propuesta.
Reuniendo el capital inicial del negocio: La venta de la idea a inversionistas

Si cuenta con un plan de negocios bien elaborado y atractivo, puede convencer a otros de invertir en el
negocio. El programa de entrenamiento en emprendedurismo del Cuerpo de Paz en Nicaragua La
Empresa Creativa y el programa de Emprendedores Juveniles de Nicaragua contemplan que los jóvenes
vendan acciones de participación en el capital para empezar el negocio. Este elemento es clave también
para el éxito del negocio, pues si se es capaz de convencer a otros de sacarse dinero de la bolsa para
invertir es que confían en que se trata de un buen negocio. Para eso tendrá que haberse informado de
los detalles del negocio y hasta podrá haber hecho sugerencias para mejorar el plan de negocios.

En este proceso de venta de acciones por los muchachos, están recibiendo opiniones y sugerencias de personas ajenas al grupo que ayudan a mejorar aún más el proyecto inicial. Si las sugerencias son
incorporadas al plan de negocio inicial, lo más probable es que los emprendedores estarán en capacidad
de vender todas las acciones.

Al final de este proceso, si el emprendedor o el grupo de emprendedores fueron capaces de vender las
acciones y reunir el dinero, significa que su idea fue aceptada por los demás –los inversionistas‐ como
viable, factible, rentable. Si no fueron capaces de vender las acciones es una señal de que la idea de
negocio no es vista como factible y rentable por los demás y es mejor desecharla.

Enseñanzas derivadas de este método de capitalización

De aquí se derivan dos enseñanzas importantes para los participantes en el curso y una tercera para
aquellos que fueron invitados a invertir en el negocio:
Al finalizar el proceso de venta de acciones, los jóvenes habrán aprendido que para iniciar su negocio no
necesitaron contar de previo con dinero, pero sí necesitaron desarrollar su creatividad para generar una
buena idea de negocio y seguir ciertos pasos para comprobar la viabilidad técnica y financiera de su
idea.

Habrán aprendido que la falta de dinero no debe ser un obstáculo para empezar un pequeño negocio y
que hay alternativas de ocupación diferentes a ser un empleado asalariado. Habrán aprendido que más
importante que el dinero, para iniciar un negocio, es desarrollar buenas ideas.

También habrán aprendido que un negocio puede iniciarse con el concurso de varias personas,
conocidas o no conocidas, donde los lazos de familia o amistad no son determinantes para los que
participan en el negocio, sino que los lazos que los unen es el interés común en obtener una ganancia.
Por su parte, los inversionistas que no son parte del grupo, habrán tenido la oportunidad de contribuir
con la formación práctica de los jóvenes esperando al mismo tiempo ser retribuidos financieramente.
Incubación de Empresas y Financiamiento

La incubación de nuevas empresas se enfoca en la fase posterior al desarrollo de capacidades
emprendedoras. Generalmente inicia a partir de que el emprendedor ya cuenta con un plan de negocios
elaborado y se concentra en la asistencia técnica y financiera que el emprendedor requiere para hacer
realidad el negocio.

Hay varias maneras de financiar el capital inicial que requieren estas nuevas empresas. Algunos centros
de incubación proveen capital semilla en forma de subvención o donación. Otros en forma de crédito
con suficiente período de gracia y bajas tasas de interés o una combinación de ambas. También hay
experiencias en obtener el financiamiento de “Inversionistas Ängeles”, personas con capital e interés en financiar nuevos emprendimientos, especialmente aquellos más innovadores y prometedores.

Este último método de capitalización no se practica en Nicaragua. Sin embargo, como se mencionó
anteriormente, es el método que asegura un mayor grado de éxito de los emprendimientos, ya que
involucra a terceros en correr los riesgos de la nueva inversión. También, tiene la ventaja de no tener los
costos financieros que involucra el financiamiento via crédito y obliga a practicar la transparencia en las
operaciones.

Otro ejemplo es el sistema de co‐inversión basado en el concepto del “Programa de Emprendedores
CONACYT‐NAFINSA” en México, donde por cada peso que pone un inversionista para financiar
proyectos de negocios, NAFINSA –el banco estatal‐ pone otro peso.

En una entrevista al funcionario encargado de este programa en Nacional Financiera de México1
expresó que “Se había creado un círculo vicioso en el que no había proyectos porque no había inversiones y
no había inversiones porque no había proyectos. Por eso creamos este proyecto, tipo ángeles inversionistas.
En otros países con esquemas similares, los resultados han sido productivos. En Estados Unidos, por
ejemplo, se crean 500 mil empresas al año. El 10 por ciento de esas recibe apoyo de estos inversionistas.”
1 Federico Patiño, Director General Adjunto de Banca de Inversión en Nacional Financiera, NAFINSA. México.
http://www.soyentrepreneur.com/pagina.hts?N=14733

Mercados de Capital y Desarrollo Económico

En el modelo económico actual de Nicaragua, los bancos y las instituciones de microfinanzas son la fuente principal de capital para las empresas.
El sistema bancario no ha sido una fuente importante de dinero para las necesidades de inversión del sector de pequeñas empresas en el país. Las altas tasas de interés y las garantías que se exigen impiden que las pequeñas empresas recurran a préstamos de los bancos y aún si pudieran los préstamos bancarios no son generalmente apropiados para empresas de reciente inicio o para nuevos emprendimientos en empresas establecidas. Las operaciones de crédito bancarias se concentran
principalmente en ofrecer préstamos a corto plazo para actividades comerciales, créditos al consumo
para bienes como automóviles, operaciones de tarjeta de crédito y, más recientemente, préstamos a
largo plazo para adquisición de propiedades inmobiliarias. El sector bancario en Nicaragua es muy
tradicional, conservador y reacio a asumir altos riesgos. Sin embargo, presenta la mayor tasa de retorno
en comparación con el sistema bancario en otros países de América Central.

Otro proveedor de financiamiento de corto plazo y de muy pequeño capital inversión son las
instituciones de micro crédito y algunas cooperativas de ahorro y crédito‐. Las instituciones de micro
crédito están bien desarrolladas en Nicaragua y sirven las necesidades de pequeñas cantidades de
préstamos a microempresas establecidas. Sin embargo, las tasas de interés son usualmente más altas y
los plazos de pago más cortos que en el sistema bancario. Como en el caso de las cooperativas de
ahorro y crédito, estas instituciones financieras no son proveedores del tipo de productos financieros
requerido para crear nuevos negocios o para un crecimiento empresarial acelerado.

La ausencia de otras opciones de ahorro, tales como fondos mutuos para la inversión de ahorros, y la
falta de opciones de inversión financiera que no sean las antes mencionadas‐ certificados de depósito,
bonos del gobierno y certificados del banco central‐ y las inversiones inmobiliarias, ha dejado al sistema
bancario con el virtual monopolio del ahorro y principal fuente de capital para las empresas. La liquidez
ha estado aumentando rápidamente en el sistema bancario en los últimos años. Sin embargo, esta
liquidez no se traduce en un acceso más fácil a los préstamos para inversión por parte de las pequeñas y
medianas empresas.

La bolsa de valores local ‐Bolsa de Valores de Nicaragua‐ comercia principalmente títulos valores del
gobierno y del Banco Central, así como certificados de depósito de bancos comerciales. No se negocian
acciones empresariales porque tradicionalmente los propietarios de las empresas son reacios a divulgar
información al público o no están dispuestos a diluir el poder de voto y el control de la empresa. Sin
embargo, esto tiende a cambiar mientras una nueva generación de mentalidad más abierta y educada
toma el control de las empresas.

Por todas estas razones, el desarrollo de fuentes alternativas de capital, y de opciones adicionales de
ahorro e inversión es crucial para un país como Nicaragua. Como producto del desarrollo de mercados
de capital resultan beneficios generalizados. Los mercados de capital dirigen los ahorros a las
inversiones más rentables disponibles en la economía. De este modo, mejoran la eficacia global de la
economía. Esto también permite a las empresas extenderse más allá de los límites impuestos por la
auto‐financiación proveniente de ganancias acumuladas, así como facilitar la creación de nuevas
empresas.
Los mercados de capital son complementarios a los intermediarios financieros tradicionales (como los
bancos que manejan depósitos del público), con el beneficio adicional de permitir sinergias y la
competencia entre los dos mercados, lo que también sirve para reducir los costos de transacción y
aumentar la eficiencia en la asignación de fondos. Los participantes en los mercados de capital también
ayudan a mejorar la profesionalización y la independencia de estos mercados y mejoran la gestión
empresarial.
El desarrollo de los mercados de capital es fundamental para alcanzar cinco objetivos estratégicos para
el desarrollo del sector financiero, tal como el Banco Interamericano de Desarrollo recomendó hace
más de diez años2:
1. Maximizar el acceso a los servicios financieros de todos los miembros de la sociedad;
2. Promover nuevas y variadas fuentes de ahorro interno de largo plazo;
3. Desarrollar la infraestructura financiera moderna e instrumentos innovadores para canalizar el
ahorro interno hacia la inversión privada;
4. Lograr la máxima eficiencia mediante la promoción de la competencia entre los proveedores
de servicios financieros conduciendo a un menor costo de intermediación, y
5. Mejorar la regulación prudencial, la supervisión del sistema financiero y la aplicación de sus
leyes.

Conclusiones

Para el desarrollo económico y social de Nicaragua, es imprescindible fomentar la creación de nuevas
empresas, capaces de producir nuevos bienes para satisfacer las cambiantes necesidades de los
mercados, en un entorno en el cual el avance de la tecnología y la globalización trae consigo la
desaparición y sustitución de unos productos por otros nuevos y la modificación de los patrones y
hábitos de consumo.

Un elemento principal para conseguir este objetivo es el desarrollo de capacidades, habilidades y
destrezas empresariales (espíritu emprendedor, identificación de oportunidades de negocio,
creatividad, toma de riesgos, formulación de proyectos y planes de negocio, administración de
negocios) en los jóvenes que atiende el sistema educativo formal y los desempleados que están fuera
de él.

Para ello se requiere reformar el currículo incorporando estas competencias para los niveles de
educación secundaria, educación técnica y universitaria, revirtiendo el sesgo del sistema educativo
hacia la preparación de empleados para el sector empresarial e institucional, así como desarrollar
programas de capacitación para los desempleados, especialmente jóvenes y mujeres.

Como complemento indispensable para fomentar el inicio de nuevas empresas, es necesario promover
el desarrollo de los mercados de capital para la provisión de capital semilla y de capital de riesgo. A fin
de que las personas puedan liberar sus habilidades creativas y emprendedoras, es necesario el fomento
de un modelo empresarial abierto y de nuevos instrumentos financieros que posibiliten el enlace entre
ideas y capital.
2 CAPITAL MARKET DEVELOPMENT IN LATIN AMERICA AND THE CARIBBEAN. A Strategy Proposal. Inter-
American Development Bank. 1995.

El Valor Agregado en la Economía de los Países

Introducción

Frecuentemente escuchamos que una de las causas del subdesarrollo o del pobre desempeño económico de un país es porque produce bienes y servicios de poco o escaso valor agregado. Esto es una verdad a medias.

Qué es el Valor Agregado?

En términos económicos, el valor agregado es el valor adicional que adquieren los bienes y servicios al ser transformados durante el proceso productivo. En otras palabras, el valor económico que un determinado proceso productivo añade a los insumos utilizados en su producción y distribución.

El Valor Agregado se calcula restando al Valor Bruto de la Producción (la producción valorada a precios de venta), el valor de los insumos (materias primas, materiales auxiliares, envases y empaques, electricidad, y otra diversidad de bienes y servicios) utilizados en esa producción, lo que se conoce como Consumo Intermedio. El Valor Agregado está compuesto por la suma total de los sueldos o remuneración de los asalariados, consumo de capital fijo o depreciación, impuestos menos subvenciones a la producción, y utilidades de los empresarios, en un determinado período.

El valor agregado puede estimarse para una empresa, un sector de la economía o para una región o país, o incluso para la economía internacional. La técnica de la Matriz Insumo-Producto (MIP)  (o matriz de contabilidad social) determina la corriente anual de bienes y servicios, obtenidos en función de los insumos o recursos utilizados procedentes de otras actividades económicas.

Una de las maneras de calcular el Producto Interno Bruto de un país es sumando los valores agregados de todas las actividades económicas existentes en el país.

En una economía, puede haber crecimiento económico y mayor prosperidad sólo si se produce más valor del que se consume. El valor total de todo lo producido debe exceder el valor total de todos los recursos utilizados en la producción para que la economía crezca. Eso, en pocas palabras, es lo que es el crecimiento económico.

A menos que se cree más valor que el utilizado, que es lo que mide la rentabilidad, la economía no puede crecer. El crecimiento se produce cuando el valor de lo que se produce en una economía supera el valor de todos los insumos utilizados en la producción. Steven Kates en “I, Mechanical Pencil: Why a socialist economy can never work” (2019)

Este concepto no debe ser confundido con el de “Valor Económico Agregado” conocido como EVA (Economic Value Added) por sus siglas en inglés. Este concepto es utilizado en el nivel de la empresa. Para una descripción muy detallada del concepto y su utilización puede consultarse “Izar, Juan. (2007). EL MODELO DEL VALOR ECONÓMICO AGREGADO (EVA)

Componentes del valor agregado

Según el Manual de Contabilidad Nacional de Naciones Unidas, los componentes del valor agregado son los siguientes:

  1. a) La remuneración de los asalariados: La remunera­ción de los asalariados es la remuneración total en efectivo o en especie que los empleadores pagan a los empleados por el trabajo realizado. Las transferencias sociales directas de los empleadores a sus empleados o empleados jubilados y sus familias, como los pagos por enfermedad, los subsidios de educación y las pensiones que no constituyen ningún fondo independiente, también se imputan a la remuneración de los asalariados;
  2. b) Otros impuestos menos las subvenciones a la producción: Los otros impuestos menos las subvenciones a la producción son los impuestos que pagan los empleadores para producir, con independencia de las ventas o de la renta­bilidad. Pueden pagarse como derechos de licencia o como impuestos sobre la propiedad o el uso de la tierra, las cons­trucciones u otros activos utilizados en la producción o sobre la mano de obra empleada o sobre la remuneración que se paga a los asalariados. No son impuestos sobre el valor de las ventas o la producción, los cuales se denominan impuestos sobre los productos;
  3. c) El consumo de capital fijo: El consumo de capital fijo es el costo de los activos fijos utilizados en la producción du­rante el período contable;
  4. d) El excedente de explotación bruto: El excedente de explotación bruto es el valor residual obtenido restando los componentes indicados supra del valor agregado. Así, el ex­cedente de explotación bruto incluye los intereses que se pa­gan a los prestamistas de activos financieros o la renta que se paga a los rentistas de activos no producidos, como la tierra, los activos del subsuelo o las patentes.

2.18.       El excedente de explotación bruto de las sociedades también puede calcularse sumando:

  1. a) Las cantidades que se agregan a las utilidades rete­nidas;
  2. b) La depreciación y el agotamiento;
  3. c) Las deducciones en concepto de deudas incobrables;
  4. d) La renta de la propiedad que se paga;
  5. e) (–) La renta de la propiedad que se cobra;
  6. f) ) Las transferencias corrientes que se pagan;
  7. g) (–) Las transferencias corrientes que se cobran;
  8. h) (–) Las ganancias (una vez excluidas las pérdidas) so­ bre las ventas de activos fijos y valores.

En la práctica, el valor agregado de las sociedades puede calcularse en función del ingreso, si bien el valor agre­gado de las actividades no correspondientes a sociedades no constituidas cuando no se dispone de las cuentas reglamen­tarias ha de calcularse en función de la producción.

Lo anterior es una descripción detallada del método de cálculo del valor agregado, universalmente aceptado y utilizado por los gobiernos y las organizaciones internacionales en las estadísticas económicas de los países.

Comprendiendo el concepto

En síntesis, el Valor Agregado, como su nombre lo indica es el valor que se agrega a los insumos usados (gastados o transformados) en el proceso de producción de bienes y servicios. Los salarios y otras remuneraciones, impuestos, intereses, depreciación y ganancias son partes de ese valor agregado. Como el Valor Agregado resulta de restar el Valor Bruto de la Producción (producción a precios de venta) del Consumo Intermedio (valor de los insumos), la variable de ajuste casi siempre son las ganancias (o pérdidas).

Aquí podemos ver claramente que las ganancias o pérdidas dependen de los precios de venta. Mayores precios de venta (no importa el nivel de producción) significan más ganancias y más valor agregado. De modo que cuando los precios suben, aumenta el valor agregado, y viceversa.

El grado de transformación, o el número de procesos de transformación que sufre una o varias materias primas hasta convertirse en un producto para la venta casi siempre implicará un mayor nivel de valor agregado. Pero no siempre. Materias primas como el hierro, el cobre, el petróleo, el oro, el azúcar o el café, muestran tendencias de precios muy diferentes unas de otras en el tiempo, en función de la oferta y la demanda. Los productos derivados de ellas seguirán la misma tendencia. Sin embargo, si hay escasez, digamos, de cobre, el precio se disparará y aumentará su valor agregado. Eso nada tiene que ver con el grado de transformación, sino con la ley de oferta y demanda en un momento o período determinado.

En ciertos casos, los precios están fijados por monopolios u oligopolios, manteniendo un alto nivel de ganancias y por tanto, de valor agregado. O están determinados por altos impuestos, como por ejemplo a bebidas alcóholicas, tabaco o perfumes. El valor agregado está inflado por los impuestos, no por las ganancias y menos por los demás factores que lo componen. Tampoco en estos casos el valor agregado se relaciona con el grado de transformación que tienen dichos bienes o servicios.

De modo que no es siempre el grado de transformación el que determina el valor agregado. Por tanto, es una verdad a medias decir que un país productor de materias primas siempre produce bienes de bajo valor agregado. Depende de cuáles materias primas estamos hablando y de los precios de las mismas.

El otro factor es la escala de producción. No es lo mismo producir y vender bienes y servicios para un 1% del consumo mundial, que producir y vender para el 10, 20, 50 o 100 por ciento del consumo mundial. Veamos más en detalle este factor.

Comparemos un país que produce bienes y servicios con un 40% de valor agregado, lo que es un porcentaje aceptable, y apenas sirve un 1% de la demanda mundial, con un país que produce otros bienes y servicios con un 30% de valor agregado pero que sirve a un 10% de la demanda mundial. Cuál país tendrá un mayor valor agregado? 40 x 1% = 0.4, versus 30 x 10% = 3. Resultado: 3  > 0.4. Lo que nos indica que el país con mayor tasa de valor agregado produce menos valor agregado que el país con menor tasa de valor agregado. La variable determinante aquí es el volumen de producción, la escala de producción, el total de ventas, el tamaño del mercado y cuánto de ese mercado es capturado o servido.

También depende del volumen de la demanda. No es lo mismo servir el 100% de una demanda mundial de un bien o servicio con escaso volumen demandado, que servir, digamos un 10% de la demanda mundial de un bien o servicio con alto volumen de demanda. El tamaño absoluto es determinante, no solamente el porcentaje que se cubre.

Eso se puede verificar en el nivel microeconómico. La tasa de ganancia o rentabilidad sobre ventas se equipara al porcentaje de valor agregado. Antes vimos que las ganancias son la variable de ajuste del valor agregado. A mayores precios, mayor la ganancia, mayor valor agregado. Pero también, a mayor volumen de producción y ventas, mayor la ganancia, y mayor valor agregado.

El otro factor determinante es el tiempo. Producen diferentes tasas de ganancia y de valor agregado actividades que producen y venden diariamente, aunque con una tasa menor, que actividades que producen y venden una vez al mes o al año con una tasa mayor.

De lo anterior se deduce que para entender la dinámica y efectos del valor agregado en la economía de un país, hay que entender la dinámica y efectos del valor agregado en la microeconomía, en el nivel de las empresas, que son, como en el cuerpo humano, las células que componen el organismo, y al mismo tiempo, entender el comportamiento de los consumidores.

Un corolario de todo esto es que la macroeconomía no puede explicarse sin entender la microeconomía, que es la base. La macroeconomía no es más que la agregación de los datos del comportamiento empresarial que luego se agregan a nivel de industrias o sectores económicos y al nivel de un país. La macroeconomía no tiene una dinámica propia. Su dinámica está determinada por la dinámica microeconómica: lo que sucede en las empresas, los sectores de la economía y los consumidores, que son los que toman las decisiones de inversión, consumo y ahorro. Esto es anatema para los keynesianos.

Finalizando, hemos visto que el porcentaje de valor agregado no es siempre  determinante en el desarrollo de un país. Hay otros factores que influyen en el valor agregado. El volumen o escala de producción y mercado servido y el tiempo o rotación de los tiempos de producción y venta.

Arturo J. Solórzano
Junio, 2021

Comentarios al ensayo “Populismo o mercados”

La impresión general sobre el ensayo es que pretende aportar evidencias de la “superioridad” del desempeño económico de un país al aplicar lo que llama “políticas heterodoxas” versus la aplicación de “políticas neoliberales” usando el ejemplo de Bolivia identificado con el primer caso y el de Chile, con el segundo caso, analizando el período que va desde 1990 hasta 2019, dividido en dos sub períodos 1990-2005 y 2006-2019.

En síntesis, lo que se trata de justificar es que una mayor intervención del Estado en la economía es beneficiosa y que lo contrario es, por tanto, perjudicial o menos beneficioso.

Pero vamos a la comparación. Las políticas económicas aplicadas en Chile pueden calificarse en gran parte como “neoliberales” si definimos este término como aquellas políticas recomendadas en el Consenso de Washington, en el período posterior al desmantelamiento de las políticas socialistas de Salvador Allende. Pero después de 2006, tales políticas se fueron abandonando, favoreciendo políticas de corte socialdemócrata que en resumen significaron mayor intervención estatal y mayor gasto público, especialmente en el período de Michelle Bachelet.

Por tanto, en el período 2006-2019 no se está comparando una Bolivia con un “modelo heterodoxo de Economía Plural” con un Chile aplicando políticas “neoliberales”, sino más bien cada vez menos liberales y pro socialistas. Era de esperarse entonces que los indicadores económicos chilenos fueran desmejorando en relación al período anterior, cuando las políticas “neoliberales” eran aplicadas en buena parte.

En la siguiente tabla podemos ver el PIB per cápita (US$ a precios constantes de 2010) de ambos países en los períodos analizados. Nótese que en el primer período, durante la aplicación de políticas “neoliberales” en Chile, este indicador aumentó 89% y en el siguiente período de ralentización de esas políticas y aplicación de políticas “populistas” socialdemócratas, este indicador bajó a 34%.

Países           1990        2005             2019       2005/1990 2019/2005

Bolivia  1,357   1,700   2,580 25% 52%
Chile 5,933 11,225  15,091 89% 34%

El aumento del PIB per cápita de un período a otro en Bolivia no necesariamente puede adjudicarse a la aplicación de políticas “neoliberales” en el primer período versus políticas “heterodoxas” en el segundo. En primer lugar, porque en el período anterior a 2005, tales políticas “neoliberales” no fueron aplicadas. Veamos por qué.

Dado que hay muchas interpretaciones del término “neoliberalismo” voy a usar las políticas recomendadas en el Consenso de Washington como el sustrato que da lugar a esa calificación.

1. Disciplina en la política fiscal, enfocándose en evitar grandes déficits fiscales en relación con el Producto Interno Bruto;
2. Redirección del gasto público en subsidios («especialmente de subsidios indiscriminados») hacia una mayor inversión en los puntos claves para el desarrollo, servicios favorables para los pobres como la educación primaria, la atención primaria de salud e infraestructura;
3. Reforma tributaria, ampliando la base tributaria y la adopción de tipos impositivos marginales moderados;
4. Tasas de interés que sean determinadas por el mercado y positivas (pero moderadas) en términos reales;
5. Tipos de cambio competitivos;
6. Liberalización del comercio: liberación de las importaciones, con un particular énfasis en la eliminación de las restricciones cuantitativas (licencias, etc.); cualquier protección comercial deberá tener aranceles bajos y relativamente uniformes;
7. Liberalización de las barreras a la inversión extranjera directa;
8. Privatización de las empresas estatales;
9. Desregulación: abolición de regulaciones que impidan acceso al mercado o restrinjan la competencia, excepto las que estén justificadas por razones de seguridad, protección del medio ambiente y al consumidor y una supervisión prudencial de entidades financieras;
10. Seguridad jurídica para los derechos de propiedad
Wikipedia lo define bastante claro y acertadamente. Consenso de Washington.

Alguien podría tener una objeción a las recomendaciones de política “neoliberales”? Lo que se observa en tales políticas es lo que la ciencia económica ha comprobado como prácticas prudentes y necesarias para un sano crecimiento y desarrollo económico. Los países que han hecho lo contrario en varias o algunas de esas políticas han sufrido crisis y estancamiento económico. Las evidencias documentadas están a la vista.

Puede decirse que en el período 1990-2005 se aplicaron esas políticas en Bolivia? Entiendo que no y algunas de ellas fueron tergiversadas respecto a sus objetivos. Luego veremos este punto.

Posteriormente estas recomendaciones se han pulido y ampliado considerablemente. Hacia fines de la década de los noventa se añadieron elementos a esta lista conocidos como “de segunda generación”, que tenían un cariz más institucional y se enfocaban a problemas de “gobernanza eficaz”.

Versión “aumentada” del Consenso de Washington (elementos agregados a los 10 originales)
1. Gobernanza corporativa.
2. Combate a la corrupción.
3. Mercados laborales flexibles.
4. Observancia de los preceptos de la OMC.
5. Observancia de los códigos y estándares financieros internacionales.
6. Apertura “prudente” de las cuentas de capital.
7. Regímenes cambiarios no intermedios.
8. Bancos centrales independientes / metas inflacionarias.
9. Redes de seguridad social.
10. Metas de reducción de la pobreza.
Dani Rodrik. Una economía, muchas recetas. La globalización, las instituciones y el crecimiento económico, 2011

Fueron aplicadas estas políticas adicionales en Bolivia y Chile? Cuáles de ellas aplicó cada país en los dos períodos analizados? Sin evaluar cuáles políticas se aplicaron, tanto de las 10 primeras como de las últimas, es muy aventurado calificar a las políticas aplicadas en un período como “neoliberales” tanto en un país como en otro.

En Latinoamérica, la mayoría de los gobiernos que aplicaron varias de recomendaciones, en realidad no todas, lo hicieron a regañadientes, para poder tener acceso a los fondos del FMI y del Banco Mundial. Un objetivo principal de las mismas era tratar de asegurar que la nueva deuda adquirida por los gobiernos fuera bien invertida y que estos pudieran repagarla sin mayores problemas, para romper el círculo de endeudamiento insostenible en que habían incurrido en el pasado y que llevó a muchos gobiernos a declarar su total insolvencia.

Algunas de estas medidas afectaban los intereses de grupos oligárquicos, como las relacionadas a la liberalización del comercio exterior y de la inversión extranjera, subsidios a la producción y combate a la corrupción. La izquierda también era férrea oponente de la liberalización de las importaciones (aunque esta siempre implicaba acceso a bienes con precios más bajos) y de los subsidios a la producción que provocaban incrementos de precios. La privatización de las ineficientes empresas estatales fue adversada por los partidos y movimientos de izquierda ya que en muchos casos eran empresas subsidiadas por el Estado y su privatización originaría aumentos en los precios. En varios países, la privatización no fue realizada de manera competitiva y transparente; quedando en manos de oligarcas coludidos con los gobiernos. La izquierda en general se oponía a la inversión extranjera, aunque la misma creara más empleos, También se oponía a la desregulación que provocaba la reducción de la burocracia estatal y a la reducción del gasto público necesaria para reducir exagerados déficits fiscales.

Todos en general, se oponían a la eliminación de los subsidios que no discriminaban entre ricos y pobres. Lo anterior es compartido por este especialista en finanzas internacionales:
“Para lograr el desarrollo, el país debe insertarse en el proceso de globalización. Sin embargo, como ello requiere una mayor competitividad, se necesita eliminar los obstáculos a la actividad empresarial y bajar los costos de transacción. Inevitablemente, la modernización institucional y económica afecta a algunos grupos privilegiados que medraban con la ineficiencia e iniquidad del viejo sistema. Estos grupos aprovechan cualquier tropiezo en el nuevo modelo para desprestigiarlo y proponer el regreso al pasado. A fin de facilitar su guerra ideológica encontraron una conveniente etiqueta que pegan a cualquier intento de reforma: neoliberalismo.

La lucha contra el neoliberalismo no es por la justicia social, sino por el restablecimiento del caduco sistema populista que llevó a todos los países de América Latina a la grave crisis que todavía no está superada.” Zbigniew Kozikowski Zarska. Finanzas Internacionales. (2013).
De modo que la aplicación de las recomendaciones del Consenso de Washington tuvo una fuerte oposición, principalmente de los partidos y movimientos de izquierda en todo el sub continente.

Algunos de los críticos a tales políticas empezaron a utilizar el término “neoliberal” para referirse a las personas que defendían la implementación de esas políticas y se referían a las mismas como políticas “neoliberales”.

Como hemos visto, varias de ellas cambiaban el status quo al que estaban acostumbrados los gobiernos, los empresarios, los sindicatos, los consumidores y la sociedad civil en general. Acostumbrados a una economía con un Estado que subsidiaba a diestra y siniestra, a productores y consumidores, para lo cual incurría en altos déficit fiscales que debía de cubrir con endeudamiento. Acostumbrados a una economía artificialmente protegida de la competencia exterior, provocando ineficiencias, baja productividad y mayores precios para los consumidores. Acostumbrados a las restricciones a la inversión extranjera, fuente de empleos y de nuevas tecnologías. Acostumbrados a un Estado interventor e inventor de una maraña de regulaciones que sofocan la actividad emprendedora, plagado de funcionarios contratados por lealtad antes que por mérito. Acostumbrados a un Estado ineficiente que dilapida los recursos obtenidos de los impuestos y de las deudas contraídas, en contubernio con las élites oligárquicas.

Como habría de esperarse, estas medidas tenían que ser adversadas por todos aquellos que se verían perjudicados por ellas a corto plazo.

Toda medicina es amarga, pero necesaria para curar la enfermedad. Y en esto es importante enfatizar el factor tiempo. Si bien a corto plazo algunas medidas, como por ejemplo la eliminación de subsidios indiscriminados, perjudican a muchas personas, a mediano y largo plazo, especialmente los más pobres, se ven beneficiados. Los subsidios indiscriminados no distinguen si los beneficiarios son pobres o ricos. Su eliminación ahorra recursos al Estado para enfocarlos en gastos sociales que sí beneficien a los más pobres.

Todas las medidas de política económica “neoliberales” recomendadas por el Consenso de Washington, de haber sido aplicadas por gobiernos y funcionarios honestos y técnicamente bien calificados, hubieran conducido a los países latinoamericanos a una transformación económica que los enrumbara hacia la prosperidad. Sin embargo, y esa fue la principal equivocación del FMI y del Banco Mundial, creer que los implementadores practicaban una ética y profesionalismo similar a los de los gobiernos de países desarrollados, los resultados fueron pobres. No tomaron en cuenta el factor cultural ni la naturaleza rentista de las élites en el poder. Muchas de las políticas propuestas fueron mediatizadas, otras no se llevaron a cabo y otras fueron aprovechadas por oligarquías corruptas vinculadas al poder.

La demostración práctica de la pertinencia de estas políticas “neoliberales” para enrumbar un país hacia el desarrollo económico se puede corroborar en el caso de Chile post Allende.

Otro término con el que hay que tener cuidado es el de “populismo”. En mi opinión, no toda política de gasto público dirigida a proveer servicios sociales es “populista”. Tradicionalmente, esa ha sido una de las áreas en que los economistas reconocen que el Estado debe jugar un papel importante. Bueno, excepto los libertarios.

En mi opinión, el populismo se caracteriza por la irresponsabilidad en el uso de los fondos públicos para proveer bienes o servicios gratuitos, sin importar la capacidad del Gobierno para sufragar esos gastos, lo que ha llevado a los países que lo practican al déficit fiscal, el endeudamiento público y la inflación, además de crear una mentalidad de dependencia en la población. Generalmente los políticos populistas, ignorantes del funcionamiento de la economía, o cínicos perversos que conocen las consecuencias pero no les importa, lo hacen con fines de perpetuarse en el poder. Vale mencionar que no solamente gobiernos de izquierda han aplicado políticas populistas, sino también algunos de derecha.

Por eso, una de las recomendaciones “neoliberales” del Consenso de Washington es la “Redirección del gasto público en subsidios («especialmente de subsidios indiscriminados») hacia una mayor inversión en los puntos claves para el desarrollo, servicios favorables para los pobres como la educación primaria, la atención primaria de salud e infraestructura.”
El período 2005-2019 coincide con un período de expansión de la demanda y los precios internacionales de materias primas, particularmente en los primeros 10 años. De eso se benefició Bolivia, al igual que muchos países latinoamericanos. Pero para un país menos industrializado y de economía menos diversificada, en comparación con Chile, el efecto fue mayor.

Otro factor es el que el efecto de crecimiento siempre es mayor cuando se tiene una base menor. El PIB de Bolivia es 5.4 veces menor al de Chile y un mismo aumento en las exportaciones tiene para Bolivia un efecto relativo mayor.

Otro factor conocido es que ese período coincide con el aumento del financiamiento venezolano a los países del “ALBA”, la Alianza Bolivariana de las Américas, del que Bolivia era un miembro importante.

Y otro factor cuyo impacto económico no se mide en el PIB es el narcotráfico. Sin embargo, es públicamente conocido que durante la presidencia de Evo Morales se ampliaron grandemente los cultivos de coca, materia prima principal de estupefacientes derivados que dejan multimillonarias ganancias no registradas.

El documento no aporta evidencias sobre los elementos y hechos que producen el aumento de la producción, que al final es la fuente de riqueza que se puede redistribuir. Lo que aporta son solamente elementos de aumentos en la redistribución:
“aumentó en términos reales el salario mínimo en 145,5 % respecto al nivel de 2005, … En lo referente a la distribución o repartición de recursos (rentas, impuestos, subsidios, patrimonios) entre individuos y países aumentó la Renta de los Hidrocarburos a un rango de 50%- 70%, aplicó impuestos a las utilidades de la minería y del sistema financiero y se amplió la renta de vejez no contributiva y otorgaron Bonos Sociales a grupos vulnerables como los niños y estudiantes y madres por un monto anual equivalente 1,5 % del PIB. … aplicación de impuestos y regalías por la utilización de recursos naturales no renovables como los hidrocarburos y la minería.”

Nada de lo anterior produce, solo son gastos e impuestos para financiar los gastos. Entonces, ¿de donde sale el crecimiento económico? ¿Cuáles fueron las nuevas inversiones en el período que produjeron el crecimiento?

Podría imaginar que los siguientes hechos pudieran ser fuente de nueva producción: “el Gobierno afectó la propiedad y distribución del factor Tierra a través del proceso de Saneamiento y Titulación de Tierras que otorgó 23,7 millones de hectáreas a 2,1 millones de beneficiarios. … afectó la propiedad de los recursos naturales no renovables: nacionalizó y re-estatizó las empresas estatales que fueron privatizadas y capitalizadas.”

Realmente sería el primer ejemplo en el mundo de que la producción aumenta cuando la tierra se divide en parcelas o cuando las empresas son estatizadas. Pero tampoco se ofrecen datos para demostrarlo.

En varias partes del ensayo, se trata de justificar el mayor gasto estatal, como si eso fuera la fuente del crecimiento de la riqueza. Pero hay un párrafo que viene a ser contradictorio con tal postulado:

“En el caso de Chile registra un gasto fiscal del 23,1% en 2019 muy por debajo del promedio de la OECD y de la región, mientras que Bolivia está con un gasto del 38% que lo ubica entre los tres primeros países de América Latina.” Entonces, en qué quedamos?

En lo que estoy de acuerdo es en la parte de la conclusión que dice: “que no existe un modelo único, puro y que es hora de quitar las etiquetas”. Especialmente cuando las etiquetas se ponen con fines ideológicos de promover o denigrar determinadas políticas, sin tomar en cuenta sus efectos en la realidad.

Termino con el análisis del primer párrafo del ensayo que dice: “El debate entre libertad económica o intervención del Estado, o también entre mercados o populismo es una falsa dicotomía, es decir una conclusión falsa a la que se arriba intencionalmente basada entre dos únicas posibilidades, a pesar de que existen alternativas de políticas económicas centradas en la gente.”

El debate entre libertad económica versus intervención del Estado o también entre mercados o populismo NO es una falsa dicotomía.

La intervención del Estado, per se, es ipso facto una reducción de la libertad individual. A mayor intervención estatal, menor libertad individual, tanto económica como social y política. Ninguna intervención estatal es consecuencia de la aprobación de cada persona, ya que es decidida por un número muy pequeño de personas en el poder.

En términos económicos, el Estado requiere de imponer “impuestos” para luego gastarlos. Todo impuesto es una exacción a los ingresos de una persona, que no puede oponerse a que le sean exigidos, so pena de cárcel. Por tanto, son compulsorios, nunca definidos de común acuerdo ni voluntarios. Ese es el origen de los ingresos del Estado. Otro puede ser el endeudamiento, que los que pagan impuestos luego tendrán que pagar. Es muy alegre para los políticos y burócratas estatales elevar impuestos, ya que no son ellos quienes tienen que pagarlos, al contrario, es de donde ellos se benefician.

Más impuestos es menos dinero disponible en los bolsillos de la gente para consumir y para invertir. Y más dinero para gastar a discreción de un puñado de políticos y burócratas. Por cierto, no son ángeles caídos del cielo.

Menos impuestos es lo contrario, significa que la gente decide en qué usar su dinero, los consumidores en qué tipo de bienes y servicios (el Estado nunca decidirá mejor que el dueño del dinero en qué debe gastarlo), y los emprendedores y empresarios en qué negocios invertir para producir riqueza.  Eso es lo que impulsa el círculo virtuoso de la creación de riqueza. Eso es libertad económica. Lo contrario es imposición totalitaria.

Es así que los políticos y funcionarios estatales tienen un incentivo perverso para elevar impuestos, expandir la burocracia y aumentar los gastos del Estado para “quedar bien con sombrero ajeno”. De ahí se deriva el populismo.

Debido a ese incentivo perverso, el Estado se llena de políticos y funcionarios mediocres, de asalariados que buscan un sueldo fijo mensual garantizado, de gente incapaz de crear riqueza produciendo y compitiendo en el mercado enfrentando los riesgos y vicisitudes de los cambios y la incertidumbre. Se llena también de ingenuos “buenistas” que quieren sacar a los pobres de la pobreza regalando lo que el segmento productivo crea, haciéndolos dependientes, en lugar de incentivarlos a producir y provocando la evasión de impuestos y el desincentivo a invertir.

Los emprendedores y empresarios son los creadores de riqueza y empleos para otros y están obligados a ser eficientes si no quieren perecer ante la competencia.

Ese concepto de eficiencia es ajeno al político y al burócrata estatal. Ninguna empresa estatal podrá ser tan eficiente como una privada, pues sus administradores no tienen los incentivos para eso. De ahí el despilfarro y la malversación de los fondos públicos. Lo confirmó el BID en un estudio que muestra que casi el 5% del PIB latinoamericano es robado.

La corrupción es rampante. En Latinoamérica, la élite de empresarios está coludida con los políticos y funcionarios para proteger sus intereses, limitando la libre competencia en el mercado y perjudicando a los consumidores. El problema no es un mal funcionamiento del mercado, es la ausencia de mercados libres y competitivos. Es la ausencia de políticas sensatas, “neoliberales” y la abundancia de políticas populistas.

Por tanto, más Estado no es ninguna solución, sino agravar el problema.

El sentido común es el menos común de los sentidos.

PD: Para ampliar sobre los análisis y mis argumentos, pueden ver los artículos en mi blog:

Por qué no salimos del pantano del subdesarrollo económico, social y político?

“Estoy convencido de que las circunstancias geográficas más afortunadas y las mejores leyes no pueden mantener una constitución a pesar de las costumbres, mientras que estas últimas pueden sacar ventaja incluso de las circunstancias más desfavorables y las peores leyes. La importancia de las costumbres es una verdad universal a la que el estudio y la experiencia nos traen continuamente de vuelta.” Alexis de Tocqueville. Democracy in América.
Alexis de Tocqueville (1805–1859) se refería así a sus conclusiones al comparar las leyes y costumbres de su Francia aristocrática natal con las de los democráticos Estados Unidos de América. Su investigación en el terreno, aunque iba dirigida a otros fines específicos –el sistema de prisiones- le permitió descubrir que muchas de las creencias, actitudes y valores eran diferentes a las que imperaban en Francia, y que son éstas, la cultura, más que las leyes o las circunstancias geográficas, determinantes para la democracia.
Destacados estudiosos del desarrollo económico han otorgado un papel fundamental a la cultura como factor determinante en el desarrollo de los países. La larga historia de este debate puede trazarse tan lejos como la existencia de la historia escrita. Entre los principales exponentes del enfoque cultural están Max Weber, Francis Fukuyama, David Landes, Samuel Huntington, Robert Putnam, Lawrence Harrison, Lucian Pye y Howard Wiarda. En la actualidad se pueden distinguir dos corrientes principales: las que niegan su influencia y las que la toman en cuenta.
En un artículo de mi blog “El factor cultural como explicación del desarrollo económico” desarrollo lo que dicen los intelectuales y agrego resultados de estudios que evidencian esa indiscutible relación entre valores culturales (creencias, comportamientos y costumbres) y el desarrollo económico y social de un país, incluyendo las infaltables referencias y comparaciones.
Hay valores culturales que promueven el progreso (como integridad moral, honestidad, responsabilidad individual, planificación del futuro) y otros que lo frenan (los contrarios a los mencionados) que producen diferentes resultados en la actitud frente al trabajo y al mérito, la actitud ante el riesgo, la actitud frente a las leyes, y en general, el comportamiento que tenemos en las relaciones personales, de negocios, políticas y sociales.
Tales valores determinan el éxito o el fracaso, tanto en el nivel personal como en el de la sociedad. Y cuando hablo de éxito y fracaso, no solamente es el económico.
Para ilustrar esto tomemos uno de los graves problemas que reiteradamente se mencionan como causantes de gran parte de las desgracias que enfrentamos como país: la corrupción, un cáncer que corrompe a la sociedad.
La corrupción es un cáncer que corroe a la sociedad y le extrae recursos para el enriquecimiento ilícito de unos cuantos que se coluden para obtener ventajas exclusivas.
¿Cómo nace la corrupción, a qué se debe? Es un fenómeno complejo, pero puede reducirse a la práctica de valores culturales que conducen a la corrupción como una salida alternativa o a veces obligatoria en un sistema social que la promueve.
Todo parte de la falta de integridad moral, particularmente de la deshonestidad, entendida esta como el hábito de mentir, de engañar, fingir, falsificar, disimular, traicionar o tomar ventaja injusta.

En “La Influencia de los Valores Culturales en las Empresas” entro en mayor detalle sobre el tema de cómo los valores culturales que prevalecen en la sociedad, de la cual son parte los empresarios, tienen un efecto determinante en la competitividad y el desarrollo de las empresas y son los responsables de su desempeño inferior, comparado al de las empresas en los países que han logrado desarrollarse, impactando negativamente el desarrollo económico y social de las economías latinoamericanas.

La influencia del marxismo

Otra influencia dañina ha sido el marxismo, aunque sus teorías no son muy creíbles entre los empresarios, pero sí entre los trabajadores. Según esa corriente, los ricos lo son porque le han quitado el fruto de su trabajo a los trabajadores y por eso estos son pobres. Un juego de suma cero que se aplica a las personas y se extrapola a las relaciones entre los países: hay países ricos porque han robado su riqueza a los que son pobres.

La teoría de la dependencia, que presentaba a América Latina y otros países de la “periferia” del sistema capitalista como una víctima de los países ricos y desarrollados del “centro” no hizo más que reforzar el fatalismo con un análisis falso que intentaba culpar a otros de nuestros propios fracasos e incapacidades, producto de los vicios y valores culturales prevalecientes. Ver Colonialismo y Dependencia.

La teoría marxista de la explotación del trabajo asalariado ha sido demostrada por muchos renombrados economistas como una falacia. La literatura disponible es extensiva. No existe tal explotación sistémica. Puede darse explotación en casos específicos, como seguramente todavía existen. Pero decir que en el sistema capitalista el empresario explota al trabajador es algo que no resiste el análisis económico. Las ganancias no son producto de la explotación de los trabajadores, sino del valor que los consumidores asignan a los bienes y servicios con sus decisiones de compra. También hay que recordar que en las empresas no siempre hay ganancias, pueden haber también pérdidas.

Pero aunque todos los economistas posteriores hayan rebatido y mostrado la falsedad de la doctrina marxista, la tesis marxista de la explotación sigue teniendo un atractivo para los que no comprenden el funcionamiento económico y para todos aquellos que ingenuamente creen que los ricos son ricos por explotar a los pobres. Ya forma parte de las creencias arraigadas en muchas personas y es parte de sus valores culturales.

Desde la antigüedad ha habido líderes que saben perfectamente que la manera de alcanzar y mantener el poder es diciendo a la gente lo que quieren oir, por irreal o inalcanzable que sea. Expertos en el marketing político. El populista se dirige a las masas, a los pobres que son la mayoría, ofreciendo acabar con la miseria, acabando con los supuestos causantes de la misma, la minoría más pudiente, identificada como el enemigo. Para los comunistas el enemigo es la burguesía. Para los nazis fueron los judíos. En otros casos, se escogen “enemigos” externos. Las masas, en su mayoría ignorantes y con bajo nivel de confianza en sus capacidades individuales, acogen los cantos de sirena del populista como una tabla de salvación.

La popularidad del líder se basa entonces en su capacidad de convencer a las masas de que la solución para todos sus males es destruir al enemigo. Destruido éste, todo vendrá por añadidura: la riqueza, la abundancia, la felicidad.

Marx fue un maestro del populismo. Alumnos aventajados como Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Castro o Chávez en la línea socialista, y otros como Hitler o Mussolini en la fascista, siguieron la misma estrategia para erigirse en dictadores totalitarios. Todos prometieron a las masas traer el cielo a la tierra destruyendo a los identificados como enemigos y erigieron al Estado como el instrumento central para llevar a cabo sus propósitos.
La revolución cubana en 1959 y la nicaragüense en 1979 fueron inspiradas en el marxismo. Aunque disfrazaron su ideología como una lucha popular contra dictaduras, una vez alcanzado el poder se deshicieron de sus aliados democráticos e instauraron regímenes autoritarios demoliendo las instituciones democráticas. Muchos movimientos guerrilleros en Latinoamérica fueron también inspirados en la doctrina marxista y ayudados por Cuba.

Los políticos
Los políticos llevan los vicios de la sociedad al Estado. Los valores culturales que practican son, generalmente, los que se practican en los segmentos más atrasados de la sociedad. Hay que recordar que el político, y en eso se parecen al intelectual, es aquel que no ha podido tener éxito procurándose su propio ingreso, como el empresario, el campesino, o el dueño de un pequeño negocio informal. Estos últimos se interesan poco por la política. El político, en su carrera hacia el poder, busca asegurarse una fuente de ingresos y de riqueza que de otra manera no puede obtener.
Son capaces de vender sus conciencias porque la alternativa a la honestidad es quedarse sin trabajo y “la calle está dura”.
Una vez que llegan al poder, se rodean de sus más fieles seguidores. Designan en los más altos puestos no a los más idóneos para ellos, sino a los que considera más leales, a aquellos que han contribuido a llevarlos al poder, a los que deben favores o que han contribuido con dinero a su campaña política, y a menudo a familiares y amigos cercanos, no importa si tienen méritos para ocupar dichos puestos. Son nombrados ministros, secretarios, directores, magistrados o presidentes de entidades públicas.
Pronto piden nuevos vehículos para transportarse, escoltas, asesores, asistentes, secretarias y remodelar sus oficinas. Piensan que se lo merecen después de años de estar en la llanura.
Estos, a su vez, hacen lo mismo en las dependencias estatales que administran. Si los puestos están ocupados, no faltará un sinfín de pretextos para despedir a los que los ocupaban antes de su llegada, no importando si se trata de personal calificado o idóneo para los puestos. Si es un partido político antagónico el que gobernaba anteriormente, la “barrida” de empleados públicos es general. Hay que dar empleo a los militantes del partido y simpatizantes y privar del empleo a los adversarios, a veces considerados como “enemigos”.
También hay que dar empleo a los familiares y a los amigos. El nepotismo se vuelve rampante. El resultado es que entonces el Estado se llena de un ejército de funcionarios y empleados públicos sin experiencia ni calificación y que de lo que menos se ocupan y preocupan es de servir a los ciudadanos, porque antes deben ocuparse y preocuparse de servir y agradar a sus jefes, ya que gracias a ellos tienen empleo y hay que conservarlo a toda costa porque “la calle está dura”.
Los puestos son limitados y la demanda por conseguir un puesto en el Estado es fuerte –el sector privado formal en América Latina no crea los suficientes puestos para los cienes de miles o millones de personas que cada año se incorporan a la fuerza laboral- de modo que se inventan nuevos puestos para atender la demanda de los que reclaman que no se les benefició con empleo al inicio de la toma del poder. El gasto estatal sigue aumentando para satisfacer tales demandas. Y si no es posible contratar a más personas, se recurre al conocido expediente del cheque cobrado sin presencia en el trabajo –los empleados fantasmas-. Como escribieron Mendoza et. al “El Estado no tiene dolientes: quienes manejan el dinero de los contribuyentes, en América Latina, parten de la base de que al ser ese dinero de todos no es de nadie, y por consiguiente se puede repartir o vender alegremente si con ello se consiguen votos”. Aquí decimos “lo que no nos cuesta hagámoslo fiesta”.
Y así, el resultado es que vemos las deficiencias en la atención pública en salud, la pésima calidad de la educación en las escuelas, colegios, institutos y universidades públicas, lo engorroso, lento y a veces incomprensible de los requisitos para realizar trámites gubernamentales, la lentitud de la policía y la justicia para resolver crímenes y disputas
Pero la demanda de obtener un beneficio del Estado nunca se satisface, por la misma razón de que la plata del Estado no tiene un dueño. A las oficinas de los altos funcionarios del Estado, ya no digamos del Presidente, fluye una fila de gente buscando algún tipo de beneficio.
Empresarios buscando favoritismo para vender algo al inmenso sistema de compras públicas o arreglos bajo la mesa para ganar licitaciones de proyectos de obras públicas o protección frente a la competencia de bienes y servicios importados. Amistades, simpatizantes partidarios o recomendados buscando preferencia en los beneficios de algún programa estatal o para contratación en una licitación de consultoría. A veces la orden llega “desde arriba” o por la intercesión de otro alto funcionario.
Así, las licitaciones públicas son un remedo. De antemano está seleccionado el ganador. Como resultado, las compras y obras públicas alcanzan un costo mayor del que normalmente tendría, pues un porcentaje adicional queda en el bolsillo del proveedor y otra en el bolsillo del funcionario. La calidad de las mismas es muchas veces inferior y el tiempo para realizarlas también se alarga.
La teoría de la elección pública estudia los fallos del Estado en su dinámica para administrar los recursos públicos, los políticos buscan cumplir sus propios intereses y solo como objetivo secundario buscan el bien social. Los grupos de interés tienen influencia en la distribución del gasto público.
Las evidencias de que el Estado en América Latina es un gran despilfarrador de recursos salieron a luz con la publicación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de su informe insignia “Mejor Gasto para Mejores Vidas. Cómo América Latina y el Caribe puede hacer más con menos” (2018) que muestra que cada año, la ineficiencia en el gasto de los Gobiernos de América Latina y el Caribe genera un despilfarro total de 220.000 millones de dólares, el equivalente a un 4,4% del PIB. «Esa cifra, bien invertida, sería suficiente para acabar con la pobreza extrema en la región» asegura Alejandro Izquierdo, economista jefe del BID.
El despilfarro de recursos no es más que una contabilización de la corrupción gubernamental.
Resumiendo, los valores, creencias, actitudes y comportamientos de las personas, en una palabra, la cultura, determina la manera en que se conducen los negocios, resultando en limitaciones de diverso tipo para el crecimiento y desarrollo de las empresas, como hemos visto: limitaciones de tamaño, de vinculaciones inter-empresariales, de eficiencia y de competitividad. La cultura de los individuos determina el modelo empresarial prevaleciente, generando distorsiones y obstáculos para el desarrollo económico y social.
En el caso de América Latina, el factor cultural, valores y actitudes que se interponen en el camino del progreso, ha tenido un peso determinante en su desarrollo económico y social. Los pueblos latinoamericanos, acostumbrados desde antes de la Colonia al autoritarismo y al poder discrecional de los gobernantes, y luego a la visión mercantilista de suma cero de la economía, al incipiente desarrollo del mercado, a la prevalencia de estructuras económicas oligárquicas, colusivas y corruptas, y un nivel muy bajo de educación en las mayorías, fue presa fácil de los cantos de sirena de líderes políticos que les prometían el cielo en la tierra, para lo cual en muchos casos vendieron sus libertades a cambio de dádivas y de la protección de dictadores y Estados “benefactores”.
Así surgieron y se impusieron por mucho tiempo las dictaduras de izquierda y derecha que asolaron el continente en el siglo XX, regresando de nuevo más recientemente con las dictaduras y regímenes populistas del autonombrado “Socialismo del siglo XXI”.
Arturo J. Solórzano A.
Octubre de 2020

Qué es el Capitalismo?

El capitalismo es la denominación que se le dio al sistema económico en el que empezó a proliferar y prevalecer la producción de bienes y servicios para su venta. Los embriones de tal sistema existieron desde la antigüedad, solo que esparcidos en el espacio y el tiempo en diferente escala.

El capitalismo es uno de los “ismos” más famosos de la historia, pero quienes lo conciben como una fuerza abstracta e impersonal no pueden captar su significado. Ese enfoque determinista fue parte de un consenso de moda en la historiografía occidental de mediados a finales del siglo XX. La agencia humana, las ideas individuales y el patrón cambiante de los acontecimientos cotidianos recibieron un papel menos central en las narrativas escritas por los historiadores. En su lugar vinieron las fuerzas sociales y económicas que ahora eran aclamadas como el verdadero foco del historiador. Se suponía que estas tendencias y estructuras a largo plazo eran el motor de la historia, ya que determinaban la forma de los acontecimientos. Sin embargo, el espíritu empresarial, la energía detrás del viaje histórico del capitalismo, no se puede categorizar de manera tan simple.

Los caravanserai de Arabia y Palestina de la Alta Edad Media; la  civilización urbana e innovación financiera en España e Italia durante la Edad Media central; el acceso a la riqueza del noroeste de Europa en el siglo XVI, junto con el surgimiento de una dimensión atlantista de la economía mundial “tempranamente moderna”; exploración colonial, aventura marítima y saqueo incomparable en el siglo XVIII, sobre todo en el caso de la Compañía de las Indias Orientales; la energía prometeica de la industrialización que, después de su aparición inicial en los valles del sureste de Gales, pasó a reclamar el “mundo desarrollado” como  su dominio.

La riqueza de la evidencia presentada en las páginas que siguen muestra que el “capitalismo” no se limita a las sociedades industriales. El término tal vez elude una definición universal o esencialista, pero invariablemente está asociado con la propiedad privada, la acumulación de capital, el trabajo asalariado, los mercados competitivos, los contratos legalmente vinculantes en relación con los servicios y los acuerdos sobre precios. Muchos de estos atributos se pueden ver en acción en la historia económica de la Edad Media central en Europa. La palabra latina “capitale”, un derivado de “caput” (cabeza), ganó popularidad durante los siglos que siguieron al colapso del imperio romano occidental a fines del siglo V. “Chattel”, un término en inglés para propiedad mueble, registra una aplicación y derivación similar. A mediados del siglo XIII, se usaba “capitale” para describir las existencias de bienes de un comerciante y, en la década de 1280, su significado se había extendido para incluir todos los activos de una empresa o negocio dedicado al comercio. “Capitalista”, en el sentido de un individuo que posee capital, se había establecido en el uso del inglés a mediados del siglo XVII. Una historia de la palabra por sí sola explica por qué un relato narrativo del capitalismo debe extenderse a lo largo de un milenio y medio de historia humana registrada. … algunas características del esfuerzo capitalista, como la globalización, por ejemplo, pueden observarse en sociedades que son más antiguas incluso que las de Grecia y Roma.

Las profundas raíces del capitalismo, junto con su capacidad de renovación, plantean la posibilidad de que se trate de un fenómeno cuya historia sea coetánea con la de la civilización urbana asentada. Visto desde esta perspectiva a largo plazo, las formas de vida y de pensar capitalistas parecen más naturales que artificiales, y la economía planificada del siglo XX, por el contrario, parece aberrante. La forma clásica de capitalismo adoptada en Occidente se ha basado en la custodia de esa civilización de la noción de dignidad humana, el estado de derecho y el derecho a la privacidad.  El colectivismo anuló estas dignidades.  Hywel Williams. An Introduction to the History of Capitalism 600-1900 AD, by Benedikt Koehler, David Abulafia, Victoria Bateman, Huw Bowen, Nicholas Crafts.

Fue Marx quien adjudicó al capitalismo la característica de un sistema explotador.

Fue en la obra de Karl Marx donde el capitalismo adquirió la connotación de codicia y exceso que ahora tiene en la mente la mayoría de la gente. Para Marx, era un término oprobioso utilizado para referirse a esa fase de la historia en la que el trabajo era (y sigue siendo) explotado por los capitalistas. Según Marx, que tomó prestadas las ideas del economista inglés David Ricardo, el trabajo es la fuente de todo valor, por lo que cualquier excedente sobre lo que se paga al trabajo puede considerarse “explotación”.

De este modo, el sistema social que conocemos como capitalismo -el mismo sistema responsable de la prosperidad milagrosa y sin precedentes de la humanidad- se considera un sistema explotador.

De este modo, el sistema social que conocemos como capitalismo -el mismo sistema responsable de la prosperidad milagrosa y sin precedentes de la humanidad- es visto como un sistema explotador. Aunque el sistema marxista, completamente desacreditado por la experiencia de la historia, puede tener poco peso hoy en día. Peter Lewin. ¿Qué significa realmente “capitalismo”?.  3 de agosto de 2021.

Henry Hazlitt se enfoca en las características que involucra el término capitalismo:

Hay por lo menos media docena de nombres para este sistema, cualquiera de los cuales sería más apropiado y verdaderamente descriptivo: sistema de propiedad privada de los medios de producción, economía de mercado, sistema competitivo, sistema de pérdidas y ganancias, libre empresa, sistema de libertad económica. Sin embargo, intentar desechar la palabra capitalismo a estas alturas puede no solo ser inútil, sino completamente innecesario. Esta palabra difamatoria, al menos llama la atención, involuntariamente, sobre el hecho de que toda mejora económica, progreso y crecimiento, dependen de la acumulación de capital —al constante aumento de la cantidad y mejora en la calidad de los instrumentos de producción— maquinaria, planta y equipo. Y el sistema capitalista hace más para promover este crecimiento que cualquier otra alternativa. Henry Hazlitt. Los fundamentos de la moral. 1964.

El capitalismo no se trata solamente de capital. El capital, que no es más que los recursos usados para producir, siempre ha existido.

“El término “capitalismo” fue acuñado por Marx como un peyorativo hacia las economías de mercado. El término se estancó y ha generado cierta confusión sobre por qué los mercados funcionan realmente. Como ha señalado la historiadora económica Deidre McCloskey, la gente siempre ha intentado acumular capital (tierra, recursos y dinero). Pero esos intentos colectivos no llevaron al tipo de crecimiento económico en toda la sociedad que hemos visto desde 1800.

La base subyacente del capitalismo es la libertad humana. Como reconoció Adam Smith, cuando a los individuos se les permite perseguir su propio interés a través de los mercados, son asombrosamente buenos para encontrar formas de mejorar no solo ellos mismos sino también la sociedad.

Igualmente importante, como explicó el economista  Joseph Schumpeter, de esta libertad surge un proceso continuo de mejora, lo que él llamó “destrucción creativa”. Es esta innovación constante – descubrir y llevar al mercado nuevos productos y servicios, encontrar formas de mejorar los productos y servicios existentes y encontrar formas más eficientes de crear estos productos y servicios – lo que realmente impulsa el crecimiento económico y aumenta los estándares de vida.

El hecho es que, si bien la acumulación de capital es una característica de una economía de mercado, ciertamente no es exclusiva de ella. Es la libertad individual y la innovación que surge de ella lo que impulsa el motor del capitalismo.” James Davenport. 4 Common Capitalism Myths Debunked. 9 de enero de 2018.

El capitalismo se caracteriza por utilizar el capital para generar valor.

El capitalismo, correctamente entendido, se refiere a un sistema social, el único sistema social que utiliza el “capital”. Para entender el capitalismo, hay que entender el fenómeno del capital. Afortunadamente, el significado de sentido común del capital nos lleva muy lejos. El capital debe entenderse como una medida de valor, como la cantidad de dinero que alguien pone, o pide prestado, para iniciar un negocio. Decimos que para iniciar un negocio es necesario tener capital. Sin embargo, en términos más generales, el capital es una medida del valor de cualquier proyecto productivo, en cualquier momento, de los cuales el más comúnmente referido es el valor de un negocio. El valor de cualquier empresa, su valor de capital, es el valor descontado del total de sus ingresos esperados menos sus costos esperados a lo largo de la vida económicamente relevante de la empresa. El capital es una herramienta contable que utiliza convenciones financieras para estimar el valor de las combinaciones de activos productivos empleados, tangibles e intangibles. Peter Lewin. ¿Qué significa realmente “capitalismo”?.  3 de agosto de 2021.

También se caracteriza por la existencia de un mercado en el que se realizan las transacciones de compra y venta. El indicador clave que permite esas transacciones son los precios.

Los empresarios privados, en su búsqueda de ganancias en un sistema social de propiedad privada, son capaces de utilizar los precios de mercado de los recursos productivos y de los bienes de consumo para formarse estimaciones en términos monetarios que sean relevantes para ellos y que motiven sus esfuerzos para proporcionar bienes y servicios valiosos para los consumidores, obteniendo así, si tienen éxito, un beneficio. Sin esa capacidad de estimar y calcular, no habría forma de formar conjeturas especulativas, que impulsan las acciones empresariales que son la sustancia misma del proceso de mercado de prueba y error con el que estamos familiarizados. Peter Lewin. ¿Qué significa realmente “capitalismo”?.  3 de agosto de 2021.

El germen del capitalismo se rastrea hasta el siglo XIII, pero habrían de pasar varios siglos para que fuera sustituyendo paulatinamente al sistema de producción feudal, basado en la agricultura y el trabajo de los siervos sujetos a la autoridad de los señores feudales y monarcas que extraían de los primeros parte de su producción.

Los historiadores coinciden en que el fin del sistema feudal de producción se da en el siglo XVIII. El desarrollo de la navegación ya había permitido la expansión del comercio europeo con otros continentes lejanos desde el siglo XVI, lo que fortaleció a los estados nacionales y la autoridad de los reyes o monarcas en detrimento de los nobles feudales, desarrollándose la producción agrícola y artesanal con fines comerciales. Fue la etapa del capitalismo mercantilista. Se produjo la transformación de pequeñas producciones artesanales que dejaron de ser exclusivamente a pedido, hechas una a una, en producciones para la venta, aunque todavía a pequeña escala. Los artesanos estaban organizados en gremios, fuertemente regulados por las autoridades.

La transición se aceleró con la primera revolución tecnológica de gran impacto, la Revolución Industrial a partir de 1820. Lo que hace expandirse al capitalismo es la invención de máquinas que pueden producir en serie el mismo artículo, sustituyendo el modo de producción manual artesanal, como los telares. Se pasa de la producción artesanal a la producción fabril. Muchos artesanos pasan a ser obreros y muchos siervos de la gleba dejan el campo para ir a trabajar a las ciudades. Eso liquidó más rápidamente al régimen feudal. La gente vota con los pies.

Es a partir de entonces que la producción se acelera, aumentan los ingresos salariales debido a la competencia por la fuerza de trabajo y por tanto, el consumo de la población. No podía ser de otra manera, pues la producción no encontraría compradores. La pobreza empezó a reducirse como resultado de esa primera revolución tecnológica, no a aumentarse, como pretende Marx en su descripción apocalíptica de las condiciones de trabajo en las fábricas del siglo XVIII.

La explotación del trabajo humano masculino, femenino e infantil durante el apogeo del sistema fabril del siglo XIX es discutiblemente válida. Y no lo es del todo para el presente. La narrativa de Marx no es objetiva, sus referencias a las condiciones de trabajo fueron escogidas para llevar agua a su molino. Por qué las personas habrían de irse a trabajar en fábricas con peores condiciones de las que tenían como artesanos o agricultores en el régimen feudal? Fueron acaso obligadas a hacerlo a punta de pistola? Eso desafía la lógica. Hay varios estudios que contradicen la versión apocalíptica de Marx durante la Revolución Industrial en Inglaterra.[i]

Es de esa forma que el capitalismo, nombre adjudicado para diferenciarlo del feudalismo, se basa en la propiedad privada de los medios (máquinas, equipos, edificios, etc.) para producir bienes destinados a la venta en el mercado, donde cada quien es libre de adquirirlos. La competencia no tarda en aparecer y de esa manera se compite por las materias primas y por la fuerza de trabajo, obligando a los empresarios a hacer más eficiente la producción (mediante innovaciones principalmente) para mantenerse en el mercado. Cuando Adam Smith, conocido como el Padre de la Economía, publica “La Riqueza de las Naciones” en 1776, llama a este sistema de libre empresa y libre mercado, en contraposición al sistema mercantilista.

“La ideología del laissez-faire y su rama, la “Revolución Industrial”, derribaron las barreras ideológicas e institucionales al progreso y el bienestar. Derribaron el orden social en el que un número cada vez mayor de personas estaba condenado a la abyecta necesidad y la indigencia. … El sistema fabril inauguró un nuevo modo de comercialización y producción. Su rasgo característico era que las manufacturas no estaban diseñadas para el consumo de unos pocos acomodados, sino para el consumo de aquellos que hasta ahora habían jugado un papel insignificante como consumidores. Cosas baratas para muchos, era el objetivo del sistema fabril. 

El hecho sobresaliente de la Revolución Industrial es que abrió una era de producción en masa para las necesidades de las masas. Los asalariados ya no son personas que se afanan únicamente por el bienestar de otras personas. Ellos mismos son los principales consumidores de los productos que producen las fábricas. Los grandes negocios dependen del consumo masivo. … El principio mismo del espíritu empresarial capitalista es proveer para el hombre común. En su calidad de consumidor, el hombre común es el soberano cuya compra o abstención de comprar decide el destino de las actividades empresariales. En la economía de mercado no hay otro medio de adquirir y preservar la riqueza que abasteciendo a las masas de la mejor y más barata forma de todos los bienes que piden.” Ludwig von Mises. Facts about The Industrial Revolution. 1956.

El capitalismo entonces, se generó espontáneamente y fue evolucionando a través del tiempo, ajustándose a las condiciones propias de cada lugar, geográficas, culturales, sociales y políticas.

“… como  explicó Friedrich Hayek , el sistema de mercado no está realmente “creado” sino que es un sistema que evoluciona a partir de la interacción y el descubrimiento humanos. Al igual que el lenguaje, la economía de mercado no fue creada por un solo individuo o grupo, sino que evolucionó durante un largo período en función de las interacciones de muchas personas. Las reglas e instituciones que sustentan la economía de mercado surgieron de estas interacciones.” James Davenport. 4 Common Capitalism Myths Debunked. 9 de enero de 2018.

“Hayek tomó prestada la noción de orden espontáneo de Adam Smith (recuerde “la mano invisible” del mercado de La riqueza de las naciones de Smith ) y los filósofos escoceses del derecho natural, quienes argumentaron que la sociedad se desarrolló a partir de un orden espontáneo que era el resultado de la acción humana pero no de diseño humano. Hayek, ampliando los argumentos presentados por los escoceses, escribió que la sociedad se desarrolló a través de la tradición y la razón, al mismo tiempo. La experiencia cotidiana, tanto lógica como práctica, influyó en el avance del hombre. Sin embargo, el uso de la razón no era ilimitado, ya que estaba limitado por el sesgo de un individuo o grupo. Esto significaba que la sociedad era demasiado compleja para ser creada pieza por pieza de una manera estrictamente racional y lógica.” David K  Rehr.  El legado de Hayek del orden espontáneo.  1 de junio de 1992.

En términos básicos y generales, el capitalismo es un sistema económico-social basado en la propiedad privada de los medios de producción y de consumo. Se caracteriza por la búsqueda del interés individual bajo libertad y se basa en la influencia de la razón. Sobre la base de sus fundamentos y naturaleza esencial, el capitalismo se caracteriza además por el ahorro, la inversión y la acumulación de capital, la innovación continua, el interés propio y el motivo de lucro, el intercambio entre productores y consumidores a precios determinados por la oferta y la demanda en los mercados, la división del trabajo, la competencia y la cooperación de beneficio mutuo, y la desigualdad económica como resultado de las diferencias individuales.

El lucro, la ganancia de la empresa es la retribución al emprendedor, empresario o propietario. Ninguna empresa tiene garantizada una ganancia, excepto cuando existe una distorsión en el mercado, generalmente causada por la intervención estatal. La mayoría de las nuevas empresas quiebran en sus primeros años de vida, especialmente aquellas en mercados competitivos. Incluso los monopolios no están exentos de irse a la bancarrota por efecto de la irrupción de nuevas tecnologías y nuevos competidores. La evidencia estadística histórica así lo demuestra.

La ganancia (o puede también ser una pérdida) resulta, para simplificar, de los ingresos por la venta de bienes o servicios menos lo que se ha gastado en producirlos. Parte de la ganancia la capta el Estado en forma de impuesto. El objetivo del empresario es que la empresa produzca ganancias. Una empresa que no produce ganancias deja de ser un incentivo para continuar operándola porque no puede sostenerse en el mercado y menos, crecer.

Aún más, el objetivo de obtener ganancias no es solamente para usarlas para el consumo del empresario. Este, como toda persona, tiene que usar parte de ellas para vivir. Pero está obligado a usar otra parte para reinvertirla en el negocio a fin de que este crezca o al menos pueda sobrevivir frente a la competencia de otras empresas, cada una de las cuales estará buscando lo mismo: crecer obteniendo una mayor cuota de mercado. De este modo, la ganancia ahorrada y no consumida es la fuente de la innovación y de la inversión y la inversión es la fuente de la generación de más producción, de más empleo, de más impuestos, en fin, de mayor riqueza y crecimiento económico.

La ganancia, vista de otro modo, es un premio para el empresario que mejor satisface las necesidades de los consumidores, un premio otorgado por estos en el referéndum diario del mercado. Las pérdidas, por el contrario, son el castigo del consumidor al empresario que no ha podido satisfacer tales necesidades, a precios y calidades que el consumidor demanda.

Sin embargo, lo que prevalece es la definición de capitalismo que se usa convencionalmente, no solamente por casi todas las personas, sino también como la usan casi todos los economistas y profesionales de las ciencias sociales. De manera que todos entienden, cuando se habla de capitalismo, del sistema económico basado en la propiedad privada del capital, el derecho de su uso, y el libre intercambio de bienes y servicios en los mercados, donde los precios son las señales que guían el comportamiento de productores y consumidores.

La toma de decisiones de inversión son determinadas por cada propietario de la riqueza en los diferentes mercados, de producción, financieros y de capitales, mientras que los precios y el consumo de bienes y servicios están determinadas principalmente por la competencia en los mercados y la preferencia de los consumidores. El principio fundamental de la Ley de Oferta y Demanda determina los precios, aún en mercados imperfectos, oligopólicos o cartelizados.[1]

Un elemento clave del capitalismo es el orden espontáneo que se produce en una economía de mercado libre, basado en la libertad que tienen los individuos para decidir qué producir, cómo producir, para quién producir, y qué consumir. Guiados por sus intereses individuales, millones de personas interactúan sin ningún plan superior que los guíe, y sin ninguna coacción, solamente su deseo de maximizar su ganancia, en el caso del vendedor (oferta), y su satisfacción en el caso del comprador (demanda), fomentando así, sin saberlo, el interés general. La suma de todas las decisiones individuales determinan, de la manera más eficiente, lo que se necesita producir, ya que es lo que se necesita consumir.

Según Adam Smith, a escala general, el interés voluntario de millones de personas crearía una sociedad estable y próspera sin necesidad de dirección central por parte del Estado. Su doctrina del interés propio iluminado a menudo se llama “la mano invisible“, basada en un famoso pasaje (parafraseado) de La riqueza de las naciones: “Al perseguir su propio interés, cada individuo es guiado por una mano invisible para promover el interés público[ii]

Los mercados tienden a maximizar la libertad de las personas del control político y que la libertad, aquello que siempre constituyó su valor básico, está mejor preservada en un régimen que permite a los mercados un rol decisivo.

Henry Hazlitt, establece que el capitalismo se basa en la existencia de cinco elementos o instituciones fundamentales: propiedad privada, mercado libre, competencia, división y combinación del trabajo, y cooperación social. Concluyen “En definitiva, de esto se trata el capitalismo, un conjunto de cinco instituciones (reglas) que fomentan la cooperación social en busca del mayor bienestar para cada uno de los individuos que forman parte de la sociedad.”[iii]

Para Joseph Schumpeter la esencia del capitalismo es el proceso de “destrucción creativa” (la innovación) mediante el cual nuevos productos (bienes o servicios), procesos y sistemas de producción y comercialización sustituyen continuamente a los viejos, dando como resultado el progreso económico.

Una comparación que trata de resumir el pensamiento de Smith y el de Marx sobre el sistema capitalista es la siguiente:

“Si la obra de Adam Smith es el Génesis de la economía moderna, la de Karl Marx es su Éxodo. Si el filósofo escocés es el gran creador del laissez-faire, el revolucionario alemán es su gran destructor. El marxista John E. Roemer lo admite. Según él, la “principal diferencia” entre Smith y Marx es la siguiente: “Smith sostuvo que la búsqueda del individuo del interés propio conduciría a un resultado beneficioso para todos, mientras que Marx sostuvo que la búsqueda del interés propio conduciría a la anarquía, la crisis, y la disolución del propio sistema basado en la propiedad privada. . . . Smith habló de la mano invisible que guía a los agentes individuales y de interés propio para llevar a cabo aquellas acciones que serían, a pesar de su falta de preocupación por tal resultado, socialmente óptimas; para el marxismo el símil es el puño de hierro de la competencia, pulverizando a los trabajadores y empeorándolos de lo que estarían en otro sistema factible, a saber, uno basado en la propiedad social o pública de la propiedad” (Roemer 1988, 2–3)”. Citado en Mark Skousen. “The big three in economics: Adam Smith, Karl Marx, and John Maynard Keynes” (2007)

Mercado libre versus Intervencionismo

En su libro La Riqueza de las Naciones, publicado en 1776, el economista Adam Smith hizo la observación más famosa de toda la economía: los hogares y las empresas interactúan en los mercados como si fueran guiados por una “mano invisible” que los condujera a obtener unos resultados de mercado deseables. …

Cuando el lector estudie economía, verá que los precios son el instrumento con que la mano invisible dirige la actividad económica. Los precios reflejan tanto el valor que tienen para la sociedad como el costo social de producirlo. Como los hogares  [consumidores] y las empresas observan los precios cuando deciden lo que van a comprar y a vender, tienen en consideración sin darse cuenta los beneficios y los costos sociales de sus actos. Como consecuencia, los precios llevan a cada uno a obtener unos resultados que en muchos casos maximizan el bienestar de la sociedad en su conjunto. La habilidad de la mano invisible tiene un importante corolario, cuando un gobierno impide que los precios se ajusten a las condiciones naturales de la oferta y la demanda, impide que la mano invisible coordine a los millones de hogares y empresas que constituyen la economía. Este corolario explica por qué los impuestos afectan negativamente a la asignación de recursos: los impuestos distorsionan los precios y, por tanto, las decisiones de los hogares y de las empresas. También explica el daño aún mayor que causan las medidas que controlan directamente los precios, como el control de los alquileres. Y explica el fracaso del comunismo. En los países comunistas, los precios no se determinaban en el mercado, sino que eran dictados por los planificadores centrales. Éstos carecían de la información que se refleja en los precios cuando éstos responden libremente a las fuerzas del mercado. Los planificadores centrales fracasaban porque trataban de dirigir la economía con una mano atada a la espalda: la mano invisible del mercado. Gregory Mankiw. “Principios de microeconomía” (1995).

Ludwig Von Mises explica cómo el libre mercado constituye la forma natural y eficiente de satisfacer los deseos y preferencias de los consumidores usando los recursos disponibles, respetando la libertad y la voluntad de productores y consumidores, lo que ningún plan de intervención estatal puede lograr.

En el siglo XVIII en Francia, el dicho laissez faire, laissez passer fue la fórmula en la que algunos de los defensores de la causa de la libertad comprimieron su programa. Su objetivo era el establecimiento de la sociedad de mercado sin trabas. Para lograr este objetivo, abogaron por la abolición de todas las leyes que impiden que las personas más laboriosas y más eficientes superen a los competidores menos laboriosos y menos eficientes y restrinjan la movilidad de las mercancías y de los hombres. Esto fue lo que la famosa máxima fue diseñada para expresar.

En nuestra era de anhelo apasionado por la omnipotencia del gobierno, la fórmula del laissez faire es de mala reputación. La opinión pública ahora lo considera una manifestación tanto de la depravación moral como de la mayor ignorancia.

A medida que el intervencionista ve las cosas, la alternativa es “fuerzas automáticas” o “planificación consciente”. Es obvio, implica, que confiar en procesos automáticos es pura estupidez. Ningún hombre razonable puede recomendar seriamente no hacer nada y dejar que las cosas vayan como lo hacen sin interferencia por parte de la acción intencional. Un plan, por el solo hecho de que es una muestra de acción consciente, es incomparablemente superior a la ausencia de cualquier planificación. Se dice que el laissez faire significa: que duren los males, no trates de mejorar la suerte de la humanidad mediante una acción razonable.

Esta es una conversación completamente falaz. El argumento avanzado para la planificación se deriva completamente de una interpretación inadmisible de una metáfora. No tiene más fundamento que las connotaciones implicadas en el término “automático”, que se acostumbra a aplicar en un sentido metafórico para la descripción del proceso de mercado. Automático, dice el Concise Oxford Dictionary, significa “inconsciente, no inteligente, simplemente mecánico”. Automático, dice Webster’s Collegiate Dictionary, significa “no sujeto al control de la voluntad, … realizado sin pensamiento activo y sin intención o dirección consciente”. ¡un triunfo para el campeón de planear jugar esta carta de triunfo!

La verdad es que la alternativa no es entre un mecanismo muerto o un automatismo rígido, por un lado, y la planificación consciente, por otro lado. La alternativa no es un plan o ningún plan. La pregunta es ¿de quién es la planificación? ¿Debería cada miembro de la sociedad planificar para sí mismo, o un gobierno benevolente solo debería planificar para todos ellos? El problema no es el automatismo versus la acción consciente; Es una acción autónoma de cada individuo versus la acción exclusiva del gobierno. Es libertad versus omnipotencia gubernamental.

Laissez faire no significa: dejar que operen las fuerzas mecánicas sin alma. Significa: que cada individuo elija cómo quiere cooperar en la división social del trabajo; Deje que los consumidores determinen qué deben producir los empresarios. Planificación significa: dejar que el gobierno elija solo y haga cumplir sus decisiones mediante el aparato de coerción y compulsión.

Según el laissez faire, dice el planificador, no son aquellos bienes que las personas “realmente” necesitan los que se producen, sino aquellos bienes de la venta de los cuales se esperan los mayores rendimientos. Es el objetivo de planificar dirigir la producción hacia la satisfacción de las necesidades “verdaderas”. Pero, ¿quién decidirá cuáles son las necesidades “verdaderas”?

Así, por ejemplo, el profesor Harold Laski, ex presidente del Partido Laborista británico, determinaría como objetivo de la dirección planificada de inversión “que el uso de los ahorros del inversor será en la vivienda y no en los cines”, el punto es si uno está o no de acuerdo con la opinión del profesor de que mejores casas son más importantes que las películas. Es un hecho que los consumidores, al gastar parte de su dinero para ingresar al cine, han tomado otra decisión. Si las masas de Gran Bretaña, las mismas personas cuyos votos llevaron al Partido Laborista al poder, dejaran de patrocinar las películas y gastaran más en casas y apartamentos cómodos, las empresas con fines de lucro se verían obligadas a invertir más en la construcción de viviendas y apartamentos y menos en la producción de cuadros caros. Era deseo del señor Laski desafiar los deseos de los consumidores y sustituir su propia voluntad por la de los consumidores. Quería acabar con la democracia del mercado y establecer la regla absoluta del zar de la producción. Tal vez creía que tenía razón desde un punto de vista superior y que, como superhombre, fue llamado a imponer sus propias valoraciones a las masas de hombres inferiores. Pero entonces debería haber sido lo suficientemente franco como para decirlo claramente.

Todo este elogio apasionado de la supereminencia de la acción del gobierno no es más que un disfraz pobre para la auto deificación del intervencionista individual. El gran dios Estado es un gran dios solo porque se espera que haga exclusivamente lo que el defensor individual del intervencionismo quiere lograr. Solo ese plan es genuino y el planificador individual lo aprueba por completo. Todos los demás planes son simplemente falsificados. Al decir “plan”, lo que el autor de un libro sobre los beneficios de la planificación tiene en mente es, por supuesto, solo su propio plan. No tiene en cuenta la posibilidad de que el plan que el gobierno pone en práctica puede diferir de su propio plan. Los diversos planificadores solo están de acuerdo con respecto a su rechazo del laissez faire, es decir, la discreción de los individuos para elegir y actuar. Están totalmente en desacuerdo con respecto a la elección del plan único que se adoptará. A cada exposición de los defectos manifiestos e incontestables de las políticas intervencionistas, los defensores del intervencionismo reaccionan de la misma manera. Estas fallas, dicen, fueron el resultado del intervencionismo espurio; lo que estamos defendiendo es un buen intervencionismo, no un mal intervencionismo. Y, por supuesto, el buen intervencionismo es la propia marca del maestro.

Laissez faire significa: dejar que el individuo elija y actúe; no obligarlo a ceder ante un dictador. Ludwig Von Mises. Human Action. Laissez Faire vs. Interventionism. 31 de julio de 2019.

Pero los principios básicos del funcionamiento del capitalismo han venido siendo trastocados por la intervención del Estado en el funcionamiento de las economías, con el argumento de corregir “fallas” del mercado, haciendo uso del poder coercitivo del Estado para incidir de manera artificial en el comportamiento de los agentes económicos, a través de políticas fiscales, monetarias y de gasto público, así como en la introducción de regulaciones para productores y consumidores.

El sistema capitalista y el Estado mínimo que existió en el siglo XIX hasta inicios del XX, no existe más. El gasto público que apenas significaba menos del 10% del Producto Interno Bruto (PIB) en la mayoría de países, empezó a expandirse de manera indetenible hasta el presente, de modo que esta cifra llega actualmente al 40% en los Estados Unidos y supera el 50% en muchos países europeos. En Latinoamérica pasó de significar menos de 5% hasta alrededor del 30%. Esto como resultado del crecimiento específicamente en el gasto social. El gasto público social como porcentaje del PIB, pasó de ser menos del 2% a un rango de 15-30% en los países desarrollados. Fuente: Our World in Data: Government spending, 1880 to 2011.

De modo que actualmente, y desde hace décadas, no existe un capitalismo “puro”, sino uno modificado y ajustado a los intereses de las élites o grupos de poder que usan el poder coactivo del Estado para ello. El crecimiento del gasto estatal ha sido a costa de los impuestos que se extraen de la actividad empresarial y del consumo, lo cual significa dejar menos dinero en manos de productores y consumidores para la inversión y el consumo. A pesar de ello, la capacidad del sistema para generar crecimiento económico ha probado ser capaz de soportar la creciente carga impositiva.

La riqueza generada en tan solo 150 años ha sacado de la pobreza extrema a gran parte de la humanidad. Antes de 1820 todas las personas eran pobres. Solo una pequeña minoría era rica: los monarcas, nobles, aristócratas y autoridades religiosas. La desigualdad económica en las sociedades pre modernas era extremadamente alta y la persona promedio vivía en condiciones que hoy llamaríamos pobreza extrema. Desde 1870, ciento cincuenta años después, la creación de riqueza se ha multiplicado doce veces, como promedio mundial, debido al sistema capitalista, ya que, como veremos más adelante, las economías socialistas que significaron un 20% de la economía mundial entre 1917 y 1990, tuvieron un menor desempeño.

Para tomar un período más reciente, cuando en casi todo el mundo funciona el sistema capitalista[2], el PIB per cápita ha pasado de $5,494 en 1990 a $17,913 en 2018, es decir se ha multiplicado 3.3 veces en tan solo 28 años.  Sin embargo, el crecimiento no ha sido igual en los países y regiones. Aun así, todos han crecido. Europa Occidental creció 16 veces, Estados Unidos y América Latina 14 veces.

El otro fenómeno es que el crecimiento se ha acelerado a medida que pasa el tiempo. En los primeros 1800 años de la era cristiana, el ingreso per cápita prácticamente no creció. El crecimiento se ha producido en los últimos 200 años y su tasa de crecimiento se ha ido acelerando, desde 0.65% en el siglo XIX, a 1.06% en los primeros 50 años del siglo XX, a  2.1% en los siguientes 50 años, a 3% en los primeros 15 años del presente siglo. Como consecuencia, el tiempo necesario para que se dupliquen los ingresos se ha venido reduciendo, pasando de 107 años de 1800 a 1900, a 23.5 años en los años transcurridos desde 2000 hasta 2014. De continuar la tendencia, para 2030 el ingreso per-cápita se estaría duplicando cada 14 años, o menos. Fuente de los datos: Javier G. Milei. El retorno al sendero de la decadencia argentina. 2015.

Tal crecimiento ha sido resultado de las sucesivas oleadas de cambios tecnológicos, las revoluciones tecnológicas que se han sucedido, como muy bien las describen Jeffrey D. Sachs y Klaus Schwab et. al (ver la nota).[iv] Como todas, la presente revolución tecnológica no solamente trae ganadores, también perdedores, pero como confirma la historia, los primeros siempre son muchos más que los segundos.[v]

En sólo los últimos 20 años, el crecimiento económico ha sido fenomenal, al mismo tiempo que se redujeron las diferencias en la distribución de riqueza entre países en un fenómeno que se denomina como convergencia de ingresos, mientras que la pobreza extrema en el mundo se ha reducido del 90% hace dos siglos a poco menos del 10% en 2015.

Angus Deaton, en su obra «El Gran Escape» se refiere al asunto diciendo: «el rápido crecimiento de los ingresos promedio, especialmente en China y la India, y particularmente después de 1975, hizo mucho para reducir la pobreza extrema en el mundo. En China más que en cualquier otra parte, pero también en la India, el escape de cientos de millones de una pobreza tradicional y largamente establecida califica como el Escape más Grande de todos.»

Xavier Sala i Martin nos ofrece datos más recientes:

“La riqueza mundial creció aproximadamente un 66 % entre 1995 y 2014 (de USD 690 billones a USD 1140 billones en dólares estadounidenses constantes de 2014 a precios de mercado). La proporción de  la riqueza mundial de los países de ingresos medianos está creciendo: pasó del 19 % al 28 % entre 1995 y 2014, mientras que la proporción de la riqueza mundial de los países de ingreso alto de la OCDE disminuyó del 75 % al 65 %.

De acuerdo con las últimas estimaciones, el 10 % de la población mundial vivía con menos de USD 1,90 al día en 2015, en comparación con el 11 % en 2013. Esta proporción es inferior al valor de casi 36 % registrado en 1990. En la actualidad, casi 1100 millones de personas menos viven en la pobreza, en comparación con 1990. En 2015 había 736 millones de personas que vivían con menos de USD 1,90 al día, cifra inferior a los 1850 millones de 1990.” Banco Mundial. Pobreza: panorama general (2019)

“Nunca, en toda la historia de la humanidad, el planeta Tierra había tenido una tasa de pobreza extrema tan baja como la que tenemos en el 2015. La tasa de pobreza extrema mundial se ha dividido por 5 desde 1970 y se ha dividido por 2 desde 1990. Es decir, los objetivos del milenio que pedían que la pobreza se dividiera por dos entre 1990 y 2015 se consiguieron. El éxito fue tan rotundo que a septiembre de 2015, las Naciones Unidas propusieron un nuevo objetivo para la humanidad: erradicar la pobreza extrema en 2030.” Xavier Sala i Martin. Economía en Colores (2015)

Es indudable que la pobreza está relacionada con el nivel de ingresos y que los datos anteriores confirman cómo esta se ha venido reduciendo por la acción del sistema de libre mercado. Pero la elevación del nivel de vida también puede verse examinando el comportamiento de muchos otros indicadores, como la esperanza de vida que ha venido aumentando, la mortalidad infantil y el analfabetismo que se han venido reduciendo, el acceso a servicios básicos de agua potable y electricidad, el tiempo y la calidad el trabajo, etc. Steven Pinker nos habla sobre el progreso en varios aspectos del bienestar que no notamos por la tendencia del ser humano a olvidar el pasado, desconocer la historia o asumir como dados –taken from granted es la frase en inglés que mejor define ese comportamiento- los beneficios de que hoy disfrutamos. En esa visión negativa influyen los medios de comunicación, sometidos a la competencia por la audiencia, enfatizando en la nota roja, las desgracias y calamidades. Las noticias positivas no venden. (Ver la nota al final).[vi]

Sin embargo, en el transcurso del tiempo ha habido varias caídas en la producción, conocidas como recesiones, pero la economía vuelve a repuntar. Los ciclos económicos de auge y depresión son normales en el capitalismo y son la forma en que se expresan los ajustes del sistema a la realidad de la evolución social. Schumpeter los calificó como procesos de “destrucción creativa” mediante los cuales se destruye lo viejo para dar lugar a lo nuevo. De manera que los expertos concuerdan en que las tendencias a mediano y largo plazo indican un crecimiento continuo.

En este artículo, Qué pasa si el futuro es mejor de lo que pensamos? escrito en 2014, Ben Carlson aporta importantes argumentos sobre la continuidad del crecimiento económico futuro y la mejora del nivel de vida de la población.[vii]

“La humanidad ahora está entrando en un período de transformación radical en el que la tecnología tiene el potencial de elevar significativamente los estándares básicos de vida para cada hombre, mujer y niño en el planeta”. – Peter Diamandis

Lea más sobre este tema en: La evidencia del progreso en el mundo

El capitalismo es un proceso social de gestión económica. Es orgánico y con la capacidad de adaptarse a una infinidad de variables impredecibles, ya que se basa en las decisiones individuales de miles de personas. Se adapta a distintas circunstancias, pero se desarrolla mejor con el sistema de libre mercado sin intervención del gobierno.

El capitalismo es tan versátil  que funciona en regímenes democráticos y en autoritarios, seculares o religiosos, en una variedad de países con culturas diferentes y con niveles diferentes de desarrollo. Existe capitalismo en países tan dispares como Estados Unidos y China, Rusia y Suiza, India e Irán, Finlandia y Panamá, Uruguay y Zimbawe.

No existe una sola forma de capitalismo, ya que factores políticos y culturales inciden en que adopte diferentes formas de funcionamiento:

… el capitalismo no es una forma monolítica de organización, sino más bien adopta muchas formas, que difieren sustancialmente en términos de sus implicaciones para el crecimiento económico y la eliminación de la pobreza.

… [Existen] cuatro tipos diferentes de capitalismo—el emprendedor, el de grandes empresas, el dirigido por el estado y el oligárquico, y … afectan [de manera diferente] el crecimiento. William J. Baumol, Robert E. Litan, Carl J. Schramm. “Good Capitalism, Bad Capitalism, and the Economics of Growth and Prosperity” (2007)

El capitalismo oligárquico es conocido también como “capitalismo de compadres o compinches” en el que las élites en el poder están coludidas con la oligarquía local para extraer las rentas derivadas de las prácticas corruptas, las que de otra manera no pueden obtener participando en el libre juego de la competencia en el mercado, perjudicando así a otros competidores y a los consumidores en general. Esto tiene como consecuencia el desincentivo de la competencia, la innovación y la inversión, fuente principal del desarrollo económico de cualquier país. También perenniza la pobreza, propicia la desigualdad y la concentración de riqueza ilegítima.

Una mirada cercana a los países que aún luchan por salir del subdesarrollo muestra que en ellos prevalece el capitalismo oligárquico y que es gran parte la causa de la pobreza, la desigualdad basada en la acumulación ilegítima de riqueza y del bajo nivel de vida.

A su vez, la existencia del modelo de capitalismo oligárquico es producto de la cultura prevaleciente en tales sociedades.[3] La tesis de Howard Wiarda es similar a la tesis defendida por Lawrence Harrison.

…la cultura es una de las principales claves del éxito. No la clave necesariamente, …, pero es una clave esencial. Además, diría, con la geografía, los recursos, el medio ambiente, la estructura social y las instituciones como las otras claves. Si preguntamos, por ejemplo, por qué Europa y América del Norte avanzaron en los primeros tiempos modernos, la respuesta es, principalmente, la cultura: la revolución de la ciencia, la imprenta, el estado de derecho, la libertad económica y política, el individualismo y el espíritu empresarial, y gobierno pluralista y representativo. Si preguntamos por qué, en la última mitad del siglo XX, Asia Oriental se adelantó a otras áreas en desarrollo (África, América Latina y Medio Oriente), la respuesta nuevamente es, en gran parte, la cultura: la ética del trabajo duro, el honor familiar, la educación y salir adelante que son parte de la cultura confuciana de la sociedad china ahora se extienden a otras partes de Asia. Del mismo modo, si preguntamos por qué algunos países y áreas (Haití, África subsahariana, el Medio Oriente árabe y el sudeste asiático) se han quedado atrás, la respuesta nuevamente es la cultura: la ausencia de una cultura que apoye el desarrollo. La cultura y los valores están en el corazón del desarrollo. … Valores tales como la responsabilidad personal, la confianza (Putnam y Fukuyama), la dignidad del trabajo, el gobierno legal y la prioridad del individuo hacen la gran diferencia en el desarrollo.

… Por el contrario, fue la cultura junto con la estructura social la que explica por qué el sudeste asiático, el Medio Oriente, África subsahariana y América Latina se quedaron atrás y todavía están luchando por ponerse al día. La cultura ayuda a explicar por qué la República Dominicana (hispana) se está modernizando mientras que el vecino Haití (premoderno) todavía está sumido en la pobreza y la desorganización.

Las culturas clientelistas, dirigidas por la familia y dominadas por el patrocinio del sur de Europa [España, Portugal, Italia, Grecia] ayudan a explicar por qué esa zona está en serios problemas, pero el norte de Europa está mucho mejor. Howard J. Wiarda, Cultura política, ciencia política y política de identidad. (2014)

Lea más sobre este tema en: El factor cultural como explicación del desarrollo económico

El capitalismo es el sistema económico-social que funciona en todo el mundo, con muy pocas excepciones, pero pueden distinguirse dos formas principales.

“El capitalismo gobierna el mundo. Con solo pequeñas excepciones, todo el mundo ahora organiza la producción económica de la misma manera: el trabajo es voluntario, el capital está principalmente en manos privadas y la producción se coordina de manera descentralizada y motivada por las ganancias.

… la verdad ineludible es que el capitalismo llegó para quedarse y no tiene competidor. Las sociedades de todo el mundo han adoptado el espíritu competitivo y adquisitivo integrado en el capitalismo, sin el cual los ingresos disminuyen, la pobreza aumenta y el progreso tecnológico se desacelera. En cambio, la verdadera batalla. es dentro del capitalismo, entre dos modelos que se enfrentan entre sí. … que difieren en sus aspectos políticos, económicos y sociales.

En los estados de Europa occidental y América del Norte y en otros países, como India, Indonesia y Japón, predomina una forma liberal de capitalismo meritocrático: un sistema que concentra la gran mayoría de la producción en el sector privado, ostensiblemente permite al talento crecer, y trata de garantizar la oportunidad para todos a través de medidas como la escolaridad gratuita y los impuestos de sucesiones. Junto a ese sistema se encuentra el modelo político del capitalismo dirigido por el estado, que es ejemplificado por China pero que también emerge en otras partes de Asia (Myanmar, Singapur, Vietnam), en Europa (Azerbaiyán, Rusia) y en África (Argelia, Etiopía. Ruanda). Este sistema privilegia el alto crecimiento económico y limita los derechos políticos y cívicos individuales. Branko Milanovic. The Clash of Capitalisms. The Real Fight for the Global Economy’s Future.

A pesar de los evidentes avances en el desarrollo económico, en el mundo actual vemos que hay países en los que el avance en la superación de la pobreza es lento y en que las tasas de crecimiento económico no se traducen en tasas equivalentes de aumento de riqueza para las mayorías, sino para minorías. También vemos países de los que cienes de miles de personas emigran buscando oportunidades de progreso que sus países de origen les niegan. Ciertamente, son realidades evidentes.

La explicación de tal situación es que en esos países existen formas de capitalismo limitado o mezclado con prácticas pre capitalistas o socialistas. En el caso de América Latina, por ejemplo, subsistieron elementos del feudalismo y del mercantilismo hasta hace pocas décadas. Las prácticas de la colonización española persistieron en la agricultura hasta bien entrado el siglo XX. El predominio del capitalismo oligárquico en la región se debe en parte a la herencia del colonialismo español y portugués.

El Informe de competitividad global 2019 del Foro Económico Mundial indica que no todo es color de rosa y que persisten problemas en varios países para lograr erradicar el hambre y la pobreza.[viii]

Sin embargo, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y la distribución de los ingresos explican solo una parte, aunque importante, del bienestar de las personas.  Para medir otros elementos del bienestar humano y presentar una visión global de la calidad de vida de las personas, se desarrolló el Índice de Progreso Social (IPS), publicándose por primera vez en el año 2014. El IPS “es un modelo integral de medición del desempeño social de un país, pues concibe que la calidad de vida de la persona esté compuesta por varios aspectos que se encuentran interrelacionados y que en conjunto impactan en su bienestar. …Para capturar la calidad de vida, el Índice de Progreso Social agrupa indicadores sociales en tres dimensiones: 1) Necesidades Humanas Básicas 2) Fundamentos del Bienestar y 3) Oportunidades, los que a su vez se dividen en doce componentes. Esta estructura permite tener una visión a la vez global del desarrollo social y enfocada en temas relevantes para la vida de las personas.” Manuel Velazquez. El Origen del Índice de Progreso Social.

Los resultados del IPS reflejan que el mundo, en general, está mejorando y muestra avances pero el progreso es lento y desigual en los países.[ix]

Uno de los pilares del capitalismo es la libertad económica, el derecho fundamental de todo ser humano a controlar su propio trabajo y propiedad.[4] El Índice de Libertad Económica (ILE) [x] muestra que los países tienen diferentes grados de libertad económica, lo que influye en su desempeño. El capitalismo no es un sistema homogéneo. Los diferentes sistemas legales y las políticas económicas de cada gobierno inciden positiva o negativamente en su funcionamiento. El ILE muestra que los países con mayor grado de libertad económica –apertura de los mercados, regulaciones y gobierno eficientes, y estado de derecho funcional- son los de mayor progreso económico y social.

De hecho, son los países con menos pobreza, menos desigualdad, menos desempleo, menos emigración; en general, están en mejor posición en cualquier otro indicador económico, social o ambiental. Las naciones más prósperas del mundo son aquellas que han implementado un mayor grado de capitalismo como sistema económico.

Pero bien, aun aceptando que el capitalismo conduce al desarrollo y la reducción de la pobreza si la cultura prevaleciente favorece el emprendimiento en un mercado competitivo y con instituciones democráticas, en contraposición al capitalismo oligárquico donde la corrupción impide la competencia y la democracia, surge la pregunta de por qué en ambos casos existen niveles de desigualdad similares?

La respuesta se ofrece más adelante cuando se aborda el tema de igualdad y desigualdad. Un adelanto es el siguiente: La desigualdad de ingresos es consecuencia natural de la actividad empresarial. La acumulación continua de ganancias conduce a la concentración de capital, resultando desigualdad de riqueza acumulada, pero al mismo tiempo, es la fuente de la inversión, y esta del crecimiento económico que permite reducir la pobreza y elevar el nivel de vida de todos.

La dinámica del capitalismo genera desigualdades de ingresos, pero esto no debe ser un problema en cuanto contribuya a la elevación continua del nivel de vida de los estratos poblacionales de menores ingresos. La desigualdad de ingresos de origen legítimo conduce al desarrollo para todos, la de origen ilegítimo, como en el caso de los países donde prevalece el capitalismo oligárquico, perpetúa la pobreza y el subdesarrollo.

Un resumen de las características del capitalismo se presenta a continuación:

• El capitalismo es el único sistema económico que preserva la libertad individual al tiempo que eleva el nivel de vida.
• La revolución industrial, y el consecuente aumento de la prosperidad, nunca habría tenido lugar ni bajo los gremios medievales ni bajo el socialismo de estado.
• La desigualdad es un resultado necesario para permitir que las personas avancen como individuos en el mercado. Las medidas para hacer cumplir la igualdad ralentizan el progreso y la innovación, perjudicando a todos.
• Los derechos de propiedad individuales brindan incentivos para que los propietarios conserven y mejoren sus activos. La propiedad colectiva o “pública” conduce al abandono y al despilfarro de recursos.
• Los precios de mercado permiten la recopilación y explotación de conocimientos dispersos sobre las preferencias de las personas. Los planificadores centrales socialistas no tienen un dispositivo comparable para obtener esta información.
• El racionamiento por precio tiene muchas ventajas sobre el racionamiento político. Los llamados servicios “gratuitos”, como el Servicio Nacional de Salud, inducen al despilfarro y al empobrecimiento mutuo.
• El capitalismo pone el interés a largo plazo del hombre como consumidor por encima de su interés como productor. En contraste, el socialismo de estado antepone los empleos a los servicios y los gobiernos tienden a favorecer los intereses organizados de los productores sobre los consumidores.
• Para que el capitalismo dé sus mejores resultados, el proceso político debe limitarse a organizar los deberes mínimos del Estado, como la defensa, donde el mercado puede no ser capaz de operar. Los niveles de vida de Occidente siguen estando restringidos y son innecesariamente desiguales porque el proceso político tiene demasiados beneficiarios.
• El estado de bienestar ha destruido en gran medida la prestación voluntaria de servicios, como educación y salud, que lo precedieron. En ausencia del mercado, la calidad del servicio se ha resentido, los intereses de los productores han triunfado y el
La cultura victoriana de “autosuficiencia” se ha visto socavada.
• Es más probable que un mundo de países capitalistas sea pacífico que un mundo de estados socialistas. Las personas y las empresas privadas, incluidas las multinacionales, que operan en un mercado internacional, tienen un claro interés creado a favor de la paz mundial.
Arthur Seldon. Capitalism – a Condensed
Version. The Institute of Economic Affairs, 2007.

Cómo se vislumbra el futuro del capitalismo?

La innovación tecnológica ha sido la fuente del progreso económico y social. Todas las sucesivas oleadas de cambios introducidos por las innovaciones tecnológicas han permitido la creación de más y más bienes y servicios, no solamente ampliando la cantidad producida y reduciendo los precios, sino también mejorando la calidad y características, pero también de productos nuevos y previamente inexistentes, para satisfacer las crecientes demandas de los consumidores, que aumentan en la medida en que aumentan sus ingresos.

Siendo el capitalismo, con sus pilares de libertad individual, derechos de propiedad, competencia y libre mercado[1], el sistema que ha permitido una explosión continua de innovaciones tecnológicas, el futuro parece promisorio. Las preocupaciones actuales sobre pobreza, contaminación, agotamiento de recursos y cambio climático serán resueltas por los avances tecnológicos.

Un análisis de las perspectivas futuras aporta importantes argumentos sobre la continuidad del crecimiento económico y la mejora del nivel de vida de la población: “para la década de 2030 podríamos ver grandes avances en todos nuestros problemas más importantes. … esto podría significar (1) niveles de vida más altos en todo el mundo, (2) una creciente clase media de consumidores para comprar productos, ahorrar e invertir, y (3) tecnologías saliendo a la luz que una vez solo estaban reservadas para el cine. Sin mencionar el hecho de que muchos de estos avances podrían ayudar a cerrar la brecha de la riqueza y sacar a miles de millones de personas de la pobreza. … Los beneficios de áreas como la educación mejorada también podrían conducir a una mayor libertad y democracia en los países opresivos, aunque esto podría llevar algún tiempo.” What if the Future is Better Than We Think? por Ben Carlson, 2014.

[1] La libertad individual, los derechos de propiedad, la competencia y el libre mercado, esenciales para el funcionamiento óptimo del capitalismo, aún estando bajo el asedio de la intervención estatal que los limita, continúan siendo los elementos clave que mantienen la vitalidad del sistema. Allá donde tales elementos están severamente restringidos, el sistema adolece de mal funcionamiento, impidiendo el progreso.

Arturo J. Solórzano
Octubre de 2020

[1] En abril de 2020 el precio del petróleo, cuya producción está en manos de pocos países productores, la mayoría organizados en el cartel de la OPEP, cayó hasta niveles negativos, como consecuencia de la reducción de la demanda mundial y una oferta que había venido en expansión.

[2] Con la excepción de Corea del Norte, Cuba y más recientemente Venezuela.

[3] Destacados estudiosos del desarrollo económico han otorgado un papel fundamental a la cultura como factor determinante en el desarrollo de los países. La larga historia de este debate puede trazarse tan lejos como la existencia de la historia escrita. Entre los principales exponentes del enfoque cultural están Max Weber, Francis Fukuyama, David Landes, Samuel Huntington, Robert Putnam, Lawrence Harrison, Lucian Pye y Howard Wiarda.

[4] En una sociedad económicamente libre, los individuos son libres de trabajar, producir, consumir e invertir como les plazca. En sociedades económicamente libres, los gobiernos permiten que la mano de obra, el capital y los bienes se muevan libremente y se abstienen de la coerción o restricción de la libertad más allá de lo necesario para proteger y mantener la libertad misma. Índice de Libertad Económica.

[i] Ludwig von Mises. Facts about The Industrial Revolution. 1956. La verdad es que las condiciones económicas eran muy insatisfactorias en vísperas de la Revolución Industrial. El sistema social tradicional no era lo suficientemente elástico para satisfacer las necesidades de una población en rápido crecimiento. Ni la agricultura ni los gremios tenían ningún uso para las manos adicionales. Los negocios estaban imbuidos del espíritu heredado de privilegio y monopolio exclusivo; sus fundamentos institucionales fueron las licencias y la concesión de una patente de monopolio; su filosofía era la restricción y la prohibición de la competencia tanto nacional como extranjera. Creció rápidamente el número de personas a las que no les quedaba lugar en el rígido sistema de paternalismo y la tutela gubernamental de los negocios. Eran virtualmente marginados. La mayoría apática de estos miserables vivía de las migajas que caían de las mesas de las castas establecidas. En la temporada de cosecha ganaban una pequeña cantidad con la ayuda ocasional en las granjas; por lo demás, dependían de la caridad privada y la ayuda comunitaria a los pobres.

… Otros miles, los más audaces y despiadados de su clase, infestaron el país como vagabundos, mendigos, vagabundos, ladrones y prostitutas. Las autoridades no conocían ningún medio para hacer frente a estas personas más que el asilo de pobres y el asilo de trabajo.

… Las fábricas liberaron a las autoridades y la aristocracia terrateniente gobernante de un problema vergonzoso que se había vuelto demasiado grande para ellos. Proporcionaron sustento a las masas de pobres. Vaciaron las casas de los pobres, los asilos y las cárceles. Convirtieron a los mendigos hambrientos en sostén de familia.

… En las primeras décadas de la Revolución Industrial, el nivel de vida de los trabajadores de las fábricas era sorprendentemente malo en comparación con las condiciones contemporáneas de las clases altas y con las condiciones actuales de las masas industriales. Las horas de trabajo eran largas, las condiciones sanitarias de los talleres eran deplorables. La capacidad de trabajo del individuo se agotó rápidamente. Pero el hecho es que para la población excedente a la que el movimiento del cercamiento había reducido a una miseria espantosa y para la que literalmente no quedaba lugar en el marco del sistema de producción imperante, el trabajo en las fábricas era la salvación. Estas personas se apiñaban en las plantas sin otro motivo que el impulso de mejorar su nivel de vida.

… Los dueños de las fábricas no tenían el poder de obligar a nadie a aceptar un trabajo en una fábrica. Solo podían contratar personas que estuvieran dispuestas a trabajar por los salarios que se les ofrecían. Por muy bajos que fueran estos salarios, eran mucho más de lo que estos pobres podían ganar en cualquier otro campo que se les abriera. Es una distorsión de los hechos decir que las fábricas se llevaron a las amas de casa de las guarderías y las cocinas ya los niños de sus juegos. Estas mujeres no tenían nada con qué cocinar y alimentar a sus hijos. Estos niños eran indigentes y hambrientos. Su único refugio era la fábrica. Los salvó, en el sentido estricto del término, de la muerte por inanición.

 

[ii] Adam Smith. “La riqueza de las naciones” (1776). “No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés. No nos dirigimos a sus sentimientos humanitarios, sino a su egoísmo, y nunca hablamos de nuestras necesidades, sino de sus propias ventajas.”

“Por regla general, el ciudadano no intenta promover el bienestar público ni sabe cuánto está contribuyendo a él. Prefiriendo apoyar la actividad doméstica en vez de la foránea, sólo busca su propia seguridad, y dirigiendo esta actividad de forma que consiga el mayor valor, sólo busca su propia ganancia, y en éste como en otros casos está conducido por una mano invisible que promueve un objetivo que no entra en sus propósitos.”

“En la medida en que todo individuo procura en lo posible invertir su capital en la actividad nacional y orientar esa actividad para que su producción alcance el máximo valor, todo individuo necesariamente trabaja para hacer que el ingreso anual de la sociedad sea el máximo posible. Es verdad que por regla general él ni intenta promover el interés general ni sabe en qué medida lo está promoviendo. Al preferir dedicarse a la actividad nacional más que a la extranjera él sólo persigue su propia seguridad; y al orientar esa actividad de manera de producir un valor máximo él busca sólo su propio beneficio, pero en este caso como en otros, una mano invisible lo conduce a promover un objetivo que no entraba en sus propósitos. El que sea así no es necesariamente malo para la sociedad. Al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo.”

”Cuál será el tipo de actividad local en donde su capital se puede invertir y cuya producción pueda ser de un valor máximo es algo que cada persona, dadas sus circunstancias, puede evidentemente juzgar mucho mejor que cualquier político o legislador.”

”El político que pretenda dirigir a las personas privadas sobre la forma en que deben invertir sus capitales no sólo se carga a sí mismo con la preocupación más innecesaria, sino que asume una autoridad que no debería ser delegada con seguridad en ninguna persona, en ningún consejo o senado, y que en ningún sitio es más peligrosa que cuando está en las manos de un hombre tan insensato y presuntuoso como para fantasear que es realmente capaz de ejercerla.”

 

[iii] Javier Milei y Diego Giacomini, en “Libertad, libertad, libertad”, (2019) resumen lo escrito por Hazlitt: Las instituciones fundamentales del capitalismo son cinco. En primer lugar tenemos la propiedad privada. En este sentido, cuando los derechos de propiedad están protegidos, ello significa que se puede conservar y gozar en paz de los frutos del trabajo propio. De hecho, esta seguridad es el principal incentivo para el trabajo mismo. Si cualquiera pudiera apropiarse del trabajo ajeno, no habría incentivos para producir. Toda producción, toda civilización descansa en el reconocimiento de los derechos de propiedad. Un sistema de libre empresa es imposible si no existe seguridad para la propiedad y la vida.

La segunda institución fundamental de una economía capitalista es el mercado libre. Mercado libre significa libertad para que todos dispongan de su propiedad, la intercambien por otras propiedades o por dinero, o la empleen para seguir produciendo en aquellos términos, sean cual fueren, que consideren aceptables. Por lo tanto, la propiedad privada y los mercados libres son instituciones inseparables.

La tercera institución capitalista es la competencia. Todo competidor que actúe dentro del sistema de libre empresa debe estar dentro de los precios vigentes en el mercado. Para poder sobrevivir, sus costos de producción deben ser inferiores a dichos precios. Cuanto más bajo sean sus costos con respecto de los precios de mercado, mayor será su margen de ganancia, lo cual permitirá mayores posibilidades para la expansión de la empresa y de su producción. Si debe hacer frente a pérdidas durante un período considerable de tiempo, no podrá sobrevivir.

El efecto de la competencia consiste, pues, en sacar constantemente la producción de las manos de los directivos menos competentes y ponerla más y más en los directivos más eficientes. Dicho con otras palabras, la libre competencia promueve constantemente métodos cada vez más eficientes de producción y tiende a reducir constantemente sus costos. Al mismo tiempo, la contra-cara de este aumento de la productividad implica una mejora de los salarios reales y del bienestar.

La cuarta institución del capitalismo es la división y combinación del trabajo. Así, tal como lo afirmara Adam Smith, “el mayor progreso de la fuerza productiva del trabajo y la mayor medida de la habilidad, destreza y buen juicio con que se aplica o dirige en cualquier parte, parece haber provenido de los efectos de la división del trabajo”. Más de dos siglos de estudios sobre economía sólo han logrado intensificar la verdad de esta afirmación: “la división del trabajo se extiende porque se comprende que, cuanto más se lo divide, más productivo resulta”. “Los hechos fundamentales que produjeron la cooperación, la sociedad y la civilización y transformaron al hombre animal en un ser humano, son aquellos que establecen que el trabajo efectuado bajo el sistema de la división del trabajo es más productivo que el realizado de manera aislada, y que la razón del hombre es capaz de reconocer esta verdad” (Mises).

Por último, y en estrecho vínculo con la institución precedente nos encontramos con la cooperación social, donde cada una implica la otra. Nadie puede especializarse si vive solo y debe proveer a todas sus necesidades. La división y combinación del trabajo ya significa cooperación social. Ellas conllevan el concepto de que cada una cambia parte de su producto especial de su trabajo por el producto especial del trabajo de los demás. Pero, a su vez, la división del trabajo, aumenta e intensifica la cooperación social. Finalmente, como sostenía Ludwig Von Mises, “la sociedad es acción concertada, cooperación. Ella sustituye la vida aislada de los individuos por la colaboración. Sociedad es división y combinación del trabajo. La sociedad no es sino la combinación de los individuos para el esfuerzo cooperativo”.

 

[iv] Jeffrey D. Sachs. «The End of Poverty: Economic Possibilities for Our Time» (2005). La primera oleada de la Revolución Industrial fue el desarrollo de la máquina de vapor y tecnologías relacionadas, incluyendo la organización de la producción de fábricas a gran escala, nueva maquinaria en el sector textil y de la confección, y nuevas técnicas para producir acero. Una segunda oleada de avances tecnológicos se produjo a mediados del siglo XIX con el ferrocarril, y aún más notablemente el telégrafo, que ofrecía las primeras telecomunicaciones instantáneas en todo el mundo, un avance fenomenal en la capacidad de información difusa a gran escala.

La segunda ola tecnológica también incluyó vapores oceánicos, comercio a escala mundial y dos grandes proyectos de infraestructura: el Canal de Suez, terminado en 1869, que acortó significativamente el tiempo de comercio entre Europa y Asia, y el Canal de Panamá, terminado en 1914, que redujo drásticamente el tiempo de comercio entre la costa este de Los Estados Unidos y los destinos en el oeste de los Estados Unidos, gran parte de América Latina y Asia oriental.

… La tercera oleada de avances tecnológicos implicó la electrificación de la industria y la sociedad urbana a finales del siglo XIX, incluyendo la invención de Edison de la bombilla incandescente y otros aparatos electrónicos. Edison, Westinghouse y otros lideraron la construcción de grandes centrales eléctricas que podían llevar electricidad a hogares, edificios de oficinas y fábricas por alambres, que era la nueva infraestructura definitoria de principios del siglo XX. El desarrollo del motor de combustión interna también fue crítico, al igual que el avance fundamental en la industria química, principalmente en Alemania, con el nuevo proceso para tomar nitrógeno atmosférico y convertirlo en amoníaco para fertilizante (el proceso Haber-Bosch). Este uso de la energía de combustibles fósiles para crear fertilizantes a base de nitrógeno fue el gran avance en el aumento de la producción de alimentos en el siglo XX, permitiendo que una gran proporción de la humanidad, aunque todavía no toda, superara el hambre crónica y los riesgos de hambruna que habían plagado siempre a la humanidad.

Klaus Schwab. Min Xu, Jeanne M. David & Suk Hi Kim. “The Fourth Industrial Revolution: Opportunities and Challenges” (2018) Ahora una Cuarta Revolución Industrial se basa en la Tercera, la revolución digital que se está produciendo desde mediados del siglo pasado. Se caracteriza por una fusión de tecnologías que está difuminando las líneas entre las esferas física, digital y biológica.

Hay tres razones por las que las transformaciones actuales representan no sólo una prolongación de la Tercera Revolución Industrial, sino más bien la llegada de una Cuarta y distinta: velocidad, alcance e impacto en los sistemas. La velocidad de los avances actuales no tiene precedentes históricos. En comparación con las revoluciones industriales anteriores, la Cuarta está evolucionando a un ritmo exponencial en lugar de lineal. Además, está perturbando casi todas las industrias de todos los países. Y la amplitud y profundidad de estos cambios anuncian la transformación de sistemas enteros de producción, gestión y gobernanza». (Schwab 2015)

 

[v] Carl Benedikt Frey, Ebrahim Rahbari  Automation and its enemies, Al igual que durante la Revolución Industrial, los perdedores de la tecnología exigen cambios. … Si bien la respuesta política hasta ahora se ha centrado principalmente en la globalización y sus descontentos, muchos ciudadanos ahora también favorecen las políticas para frenar la revolución de los robots. Según una encuesta de Pew Research en 2017, el 85% de los encuestados en los EE. UU. Están a favor de políticas para restringir el uso de máquinas más allá del trabajo peligroso. Mientras tanto, las propuestas para imponer impuestos a los robots para reducir el ritmo de la automatización ahora figuran en el debate tanto en los EE. UU., Europa y Corea. En los Estados Unidos, Andrew Yang incluso ha convertido la automatización en el tema clave de su apuesta por la Casa Blanca en 2020. El impulso ludita podría regresar. …

Podríamos decir que estamos en medio de otra revolución en robótica e inteligencia artificial, que amenaza con hacer que muchos trabajos sean redundantes (Citi 2015, Frey y Osborne 2017). Y como hemos visto, tales tecnologías históricamente han provocado una resistencia generalizada. Si se bloquean las nuevas tecnologías porque algunas personas temen perder sus empleos, el crecimiento y la prosperidad a largo plazo sufrirán como consecuencia. La revolución industrial fue el comienzo de una transformación extraordinaria que benefició a todos a largo plazo. La robótica avanzada y la inteligencia artificial tienen el potencial de hacer lo mismo, pero cosechar los beneficios de las tecnologías en el horizonte requerirá administrar el corto plazo.

 

[vi] Steven Pinker. El mundo, ¿está mejorando o empeorando? Una mirada a los números. …Durante casi toda la historia humana, la esperanza de vida al nacer eran 30 años. Hoy en día, mundialmente, es de más de 70 años, y en el mundo desarrollado es de más de 80 años. Hace 250 años, en los países más ricos del mundo, un tercio de los niños no vivían para ver su quinto cumpleaños, antes de que el riesgo descendiera 100 veces. Hoy en día, menos de un 6 % de los niños corren esa misma suerte en los países más pobres del mundo. La hambruna es uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Puede llevar la devastación a cualquier parte del mundo. Hoy, la hambruna ha sido desterrada a las regiones más remotas y devastadas por la guerra. Hace 200 años, un 90 % de la población mundial subsistía en extrema pobreza. Hoy en día, menos del 10 % de la gente lo hace.

…Antes de siglo XVII, solo un 15 % de los europeos sabían leer o escribir. Europa y EE.UU. alcanzaron la alfabetización universal a mediados del siglo XX, y el resto del mundo la está alcanzando. Hoy en día, más del 90 % de la población mundial de menos de 25 años sabe leer y escribir. En el siglo XIX, los occidentales trabajaban más de 60 horas por semana. Hoy en día, trabajan menos de 40 horas. Gracias al suministro universal de agua corriente y electricidad en el mundo desarrollado y la adopción general de lavarropas, aspiradoras, refrigeradores, lavavajillas, hornos y microondas, la cantidad de tiempo que pasamos en tareas domésticas se redujo de 60 horas por semana a menos de 15 horas por semana.

Todos estos avances en salud, riqueza, seguridad, conocimiento y ocio, ¿nos hacen más felices? La respuesta es sí. En un 86 % de los países del mundo, la felicidad ha aumentado en las décadas recientes.

Bien, espero haberlos convencido de que el progreso no es cuestión de fe u optimismo, sino una realidad de la historia humana, de hecho, la realidad más grande en la historia humana. ¿Y cómo han cubierto los medios esta realidad? Una tabulación de palabras sobre emociones positivas y negativas en las noticias mostró que durante las décadas en las que la humanidad se volvió más sana, más rica, más sabia, más segura y más feliz, «The New York Times» se volvió cada vez más malhumorado y las transmisiones de TV también se fueron volviendo más sombrías. Las noticias son sobre cosas que ocurren, no cosas que no pasan. Nunca ven un periodista que diga: «Estoy transmitiendo en vivo desde un país que estuvo en paz durante 40 años», o una ciudad que no ha sido atacada por los terroristas. Además, las cosas malas suelen ocurrir rápidamente, pero las cosas buenas no se construyen en un día. Los periódicos podrían destacar: «137 000 personas escaparon ayer de la extrema pobreza», cada día durante los últimos 25 años. Eso es 1,250 millones de personas que dejaron atrás la pobreza, pero nunca leen sobre eso. Además, las noticias capitalizan nuestro interés mórbido en lo que puede ir mal, capturado en la política de programación … el mundo está por terminarse ya desde hace mucho tiempo.

 

[vii] Ben Carlson. What if the Future is Better Than We Think? ¿Qué pasa si las personas están subestimando el potencial del futuro crecimiento económico mundial y la innovación? Cualquiera que tenga un teléfono inteligente tiene mejores capacidades de telefonía móvil que el presidente de los EE. UU. hace 25 años y un mejor acceso a la información que el presidente hace 15 años (piense en Google). Es imposible predecir lo que puede suceder cuando el crecimiento exponencial se afianza porque significa que las mejoras se desarrollan sobre sí mismas de manera muy similar al interés compuesto por los esteroides.

Diamandis argumenta que la mayoría de las personas ni siquiera pueden comenzar a imaginar adónde nos llevará el progreso tecnológico continuo porque es difícil comprender el crecimiento exponencial. Y no en un futuro lejano dentro de cientos de años. Regreso al futuro II podría estar aquí antes de lo que pensamos. Él dice que para la década de 2030 podríamos ver grandes avances en todos nuestros problemas más importantes.
Lea más en el artículo de Carlson.

 

[viii] World Economic Forum. Informe de competitividad global 2019. El crecimiento económico sostenido sigue siendo la ruta más segura para salir de la pobreza y un motor central del desarrollo humano. Durante la última década, el crecimiento ha sido moderado y sigue siendo inferior al potencial en la mayoría de los países en desarrollo, lo que obstaculiza gravemente el progreso en varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030 de la ONU. El panorama de competitividad de 2019 no es un buen augurio. Los países individuales, la comunidad de ayuda y todas las partes interesadas deben intensificar sus esfuerzos con urgencia. Los países individuales, la comunidad de ayuda y todas las partes interesadas deben intensificar sus esfuerzos con urgencia El mundo no está en camino de cumplir ninguno de los ODS. Los países menos adelantados han incumplido el objetivo de crecimiento del 7% cada año desde 2015. La reducción de la pobreza extrema se está desacelerando. 3.400 millones de personas, o el 46% de la población mundial, vivían con menos de $ 5.50 por día y luchaban por satisfacer las necesidades básicas. Después de años de disminución constante, el hambre ha aumentado y ahora afecta a 826 millones, o una de cada nueve personas, en comparación con 784 millones en 2015. Un total del 20% de la población de África está desnutrida. Es casi seguro que se perderá el objetivo de «hambre cero». El índice muestra que hay poco determinismo y fatalismo en el proceso de desarrollo económico. El crecimiento económico no ocurre en el vacío. Se requieren algunos elementos básicos para impulsar el proceso de desarrollo, y se necesitan más para mantenerlo. En el contexto geopolítico volátil actual, y con una probable recesión por delante, la creación de resiliencia económica a través de una competitividad mejorada es crucial, especialmente para los países de bajos ingresos. Por lo tanto, a medida que las políticas monetarias comienzan a agotarse, es crucial que las economías confíen en la política fiscal y los incentivos públicos para impulsar la investigación y el desarrollo, mejorar la base de habilidades de la fuerza laboral actual y futura, desarrollar nuevas infraestructuras e integrar nuevas tecnologías.

 

Rachel Bartlett, al contestar en Quora la pregunta ¿Por qué los estadounidenses son tan reacios al socialismo? nos da una muestra de lo que piensan las personas que vivieron bajo el régimen comunista:

Viví bajo el comunismo. No tengo interés en volver a pasar por esto. He tenido profesores universitarios de Manhattan que me han dado una conferencia sobre cómo el socialismo no es lo mismo que el comunismo, y sobre cómo esto no era «comunismo real», como si no me hubieran obligado a perder cientos de horas de mi juventud estudiando marxismo-leninismo . Como si no hubiera vivido en una cultura política decrépita compuesta por dieciséis millones de expertos en marxismo-leninismo.

Dieciséis millones de expertos en socialismo que no pudieron lograr que este horror cerebral funcionara en cuarenta años. ¿Cuántas horas-hombre de intentar lo mismo necesita la humanidad para comprender que los humanos no pueden existir en un sistema inhumano?

No importa cómo lo llames, socialismo, comunismo, socialismo democrático, el hecho es que no obtienes analgésicos en la odontología infantil. No tienes voz en qué carrera puedes seguir. No puedes elegir dónde vives o trabajas. Tendrá atención médica gratuita a cambio de existir en una prisión al aire libre. Why are Americans so averse to socialism?

 

 

[ix] Deloitte. 2020 Social Progress Index results. Los principales hallazgos del IPS de 2020 son:

  • El mundo obtiene las mejores puntuaciones en Nutrición y Atención Médica Básica (84,63), Vivienda (77,09), Agua y Saneamiento (74,72) y Acceso a los Conocimientos Básicos (75,18). El mundo obtiene las peores puntuaciones en Calidad ambiental (36,87) e Inclusión (39,25), las cuales están muy por detrás de todos los demás componentes del Índice.
  • El mundo ha mejorado drásticamente en el acceso a la información y las comunicaciones (+21.61). Otras mejoras materiales incluyen: acceso a educación avanzada (+7.45), refugio (+6.10) y agua y saneamiento (+5.57).
  • Noruega ocupa el primer lugar en el mundo en progreso social, con Sudán del Sur al final de la lista. El progreso más rápido durante la última década se da entre los países en desarrollo, incluidos Gambia, Sierra Leona, Túnez, Etiopía y Nepal.
  • Estados Unidos es el único país del G7 que retrocede en el progreso social y uno de los tres únicos países que han disminuido durante la última década, junto con Brasil y Hungría.
  • Los países en desarrollo se están poniendo al día. Desde 2011, la variación en las puntuaciones del índice ha caído un 12,3%. Las tasas de convergencia son más altas que las del PIB per cápita.
  • El PIB no lo dice todo. Muchos países tienen un desempeño inferior al del progreso social en relación con su PIB, pero otros se desempeñan mucho mejor de lo que sus ingresos sugieren que es posible o probable. El mundo debe aprender de estos países para acelerar el progreso de manera más amplia.

[x] Índice de Libertad Económica. Medimos la libertad económica con base en 12 factores cuantitativos y cualitativos, agrupados en cuatro amplias categorías, o pilares, de libertad económica:

  1. Estado de derecho (derechos de propiedad, integridad gubernamental, eficacia judicial)
  2. Tamaño del gobierno (gasto público, carga fiscal, salud fiscal)
  3. Eficiencia regulatoria (libertad comercial, libertad laboral, libertad monetaria)
  4. Mercados abiertos (libertad de comercio, libertad de inversión, libertad financiera)

 

La Izquierda Reformista: Socialdemocracia y Estado de Bienestar

El origen marxista del socialismo radical y de la socialdemocracia

Para la izquierda, la desigualdad es resultado de la “explotación” de los trabajadores por los empresarios y eso es básicamente lo que sostenía Marx.

La izquierda radical es la heredera de la corriente bolchevique que, basada en el dogma marxista, propugnaba por la revolución violenta para expropiar a la “burguesía” e instaurar el socialismo de manera inmediata, como sucedió en la Rusia de los zares. De esa manera, pensaban, las ganancias del capitalista serían “socializadas”. No sucedió así y el socialismo real resultó en el mayor fiasco de la historia, ocasionando pobreza, represión y muerte. Lea “Los Fracasos del Socialismo Real”

La izquierda democrática o reformista, también llamada socialdemocracia, es la heredera de la corriente menchevique del Partido Comunista ruso anterior a la revolución de 1917, que buscaba impulsar el socialismo de manera pacífica y gradual, participando en el juego democrático. Pero mientras los bolcheviques siempre siguieron los pasos trazados por Marx en el Manifiesto Comunista, los mencheviques solo estaban siguiendo los pasos de la Sociedad Fabiana.[1]

La izquierda democrática se diferencia de la izquierda radical por el grado de profundidad de las reformas que impulsa o la prisa relativa en ejecutarlas. No puede ser de otra manera si se le pone la etiqueta de democrática, ya que está sujeta a un marco legal que no puede cambiar sin convertirse en izquierda radical o izquierda revolucionaria.

La socialdemocracia reconoce la existencia de la propiedad privada y el mercado como un mal menor, pero hace énfasis en la redistribución del ingreso para reducir la desigualdad a través de programas sociales estatales.

Tal redistribución se hace mediante la coacción del Estado sobre los individuos, a través del sistema de impuestos, lo que implica una violación de la propiedad privada y de la libertad individual, ya que la libertad de hacer uso de los ingresos del trabajo y de las ganancias, resultados del esfuerzo propio, se ve así severamente limitada. Pero esta violación solamente podría ser justificada por los socialdemócratas si su “justeza” tiene como base la creencia en la teoría de la explotación marxista.

Jesús Huerta de Soto, afamado economista español, se refiere a las consecuencias de los errores en la teoría marxista de la explotación.

“La teoría de la explotación también llamada teoría de la plusvalía es una de las teorías con consecuencias históricas modernas más graves. Esa teoría  … ha apadrinado todo el socialismo moderno, desde el más radical o marxista hasta las socialdemocracias más próximas a nosotros. … Pero esta teoría ha sido refutada hace casi 150 años y todavía la gente sigue picando y creyéndola válida.

Qué dice la teoría de la explotación? Dice que todos los bienes económicos son fruto exclusivo el trabajo humano pero que sin embargo los trabajadores no perciben el producto íntegro de su trabajo, sino que debido a una serie de instituciones odiosas, en concreto, la propiedad privada, el contrato de trabajo por cuenta ajena, etcétera, … los trabajadores son explotados por los capitalistas que se apropian una parte importante de dicho trabajo en forma de interés, plusvalía, beneficio empresarial, etcétera. … eso es lo que dice la teoría de la explotación y eso es lo que implícita o explícitamente creen millones de personas, para salir a la calle, vociferar, hacer manifestaciones, votar por partidos políticos supuestamente progresistas; mantener una legislación laboral que condena al desempleo y la pobreza a millones, llevar a cabo políticas demagógicas de todo tipo que condenan a la revolución social y la pobreza a países como Grecia. Lo trágico es que … a pesar de haberse demostrado la absoluta falsedad científica de esta teoría, muchas personas todavía hoy la consideran correcta y consideran que legitiman movimientos políticos y sociales que, como ya he dicho, son enormemente perturbadores. Crítica de la Teoría de la Explotación por el Profesor Huerta de Soto.

Véase “Los errores de la Doctrina Marxista”, donde encontrará las diversas refutaciones a la teoría marxista de la explotación, iniciando con la realizada por Eugen von Bawerk; así como el análisis de los errores de la doctrina social marxista.

Fracasada la teoría de valor trabajo como explicación de la supuesta inmoral explotación de los trabajadores por los capitalistas, con el consecuente llamado a destruir a la burguesía; ahora es sustituida por la supuesta inmoral concentración de la riqueza, con el consecuente llamado a su distribución.

Los socialistas modernos argumentan que hay “explotación” en el mercado y hay economías de escala prácticamente ilimitadas en el sector público. Piensan que las ganancias privadas son inmerecidas y aumentan innecesariamente los costos de bienes y servicios. Las soluciones incluyen sistemas estatales de servicios únicos, prohibiciones de negocios con fines de lucro, precios determinados por el Estado para reemplazar la “anarquía del mercado”, altas tasas impositivas (Marx: “de cada uno según su capacidad”) y políticas públicas que reparten muchos de los bienes y servicios gratuitamente (Marx: “a cada uno según sus necesidades”. Mercados versus socialismo.

La socialdemocracia entonces, al igual que los socialistas, sigue teniendo como principios los dogmas marxistas.

Esto es lo que también se entiende por liberalismo en los Estados Unidos, lo opuesto al conservadurismo en el aspecto moral, y una mezcla de la libertad económica del liberalismo clásico, con elementos de la socialdemocracia en cuanto a políticas redistributivas.[2]

Los socialdemócratas padecen del mismo defecto de los socialistas y comunistas, no entienden que pretender regular la economía solo conduce a su mal funcionamiento. En el afán regulatorio del funcionamiento de la economía, son los herederos de la práctica de la planificación central leninista y de la intervención estatal keynesiana. Propugnan por un Estado grande y todopoderoso que reprime las decisiones de los ciudadanos, sustituyéndolas por las de “sabios” burócratas que toman las decisiones en su lugar.

Según F.A. Hayek, debido a que los precios del mercado revelan información económicamente importante sobre los costos y los deseos del consumidor, las regulaciones y los programas de gasto que distribuyen bienes o servicios a precios por debajo del mercado, como los que son “gratuitos”, tienen una serie de consecuencias no deseadas. Se producirán menos bienes y servicios, y lo que se produce puede asignarse incorrectamente a los consumidores con relativamente poca necesidad. Hayek fue muy enfático en eso:

Para que el hombre no haga más mal que bien en sus esfuerzos por mejorar el orden social, deberá aprender que aquí, como en todos los demás campos donde prevalece la complejidad esencial organizada, no puede adquirir todo el conocimiento que permitirá el dominio de los acontecimientos. … En realidad, el reconocimiento de los límites insuperables de su conocimiento debiera enseñar al estudioso de la sociedad una lección de humildad que lo protegiera en contra de la posibilidad de convertirse en cómplice de la tendencia fatal de los hombres a controlar la sociedad, una tendencia que no sólo los convierte en tiranos de sus semejantes sino que puede llevarlos a destruir una civilización no diseñada por ningún cerebro, alimentada de los esfuerzos libres de millones de individuos”. Friedrich Hayek. La Fatal Arrogancia. Los errores del Socialismo. 1988.

En síntesis, el argumento de Hayek, como el de Mises y demás pensadores de la Escuela Austríaca, es que un grupo de burócratas ingenieros sociales en el Estado, por muy bien intencionados que sean, no podrán superar, interviniendo mediante acciones de política económica, la organización espontánea del mercado, basada en las decisiones individuales de los millones de personas que actúan en él persiguiendo sus propios intereses, sin provocar graves distorsiones que afecten a todos.  Pero para los socialdemócratas y socialistas, los daños provocados no importan, en tanto sirvan a sus objetivos ideológicos, básicamente igualitaristas. El camino al infierno está recubierto de buenas intenciones.

Las diferencias entre derecha e izquierda se reconocen en muchos temas, pero fundamentalmente en el tratamiento de la diversidad y las diferencias individuales versus la igualdad. Tal es el punto de partida de las diferencias fundamentales entre ambas cuando se trata de las visiones antagónicas sobre los individuos, la familia, la propiedad, las ocupaciones, los ingresos, la economía, la naturaleza y la sociedad.

De modo que en relación a tales diferencias de visión, es ilustrador lo que Hans-Hermann Hoppe escribió al respecto.

Cada persona, incluidos los gemelos idénticos, es única, diferente y desigual a todas las demás personas. Todos nacen en un momento y / o lugar diferente. Todos tenemos dos padres biológicos diferentes, mayores y desiguales, un padre masculino y una madre femenina. Cada persona, a lo largo de su vida, se enfrenta y debe actuar en un entorno diferente y desigual con oportunidades y desafíos diferentes y desiguales, y la vida de cada persona, sus logros y sus fallas, sus alegrías y satisfacciones tanto como sus decepciones, dolores y sufrimientos, entonces, es diferente y desigual a la de todos los demás. Además, esta desigualdad natural de todos y cada uno de los seres humanos todavía se amplifica enormemente con el establecimiento de … las sociedades basadas en la división del trabajo.

La izquierda y el socialismo en general siempre se han sentido desconcertados, enfurecidos y escandalizados por esta desigualdad natural del hombre y, en cambio, han propagado y promovido un programa de “igualación” o “igualitarismo”, es decir, de reducción “correctiva”, minimización y en última instancia de eliminación de todas las diferencias y desigualdades humanas. Acertadamente, Murray Rothbard ha identificado este programa como “una revuelta contra la naturaleza”. Sin embargo, a pesar de este veredicto, el apoyo a las ideas igualitarias y sus promotores nunca ha escaseado, ya que en todas partes hay y siempre habrá mucha gente clamando que se han quedado cortos en la vida en comparación con otros.

Por lo tanto, para hacer avanzar su utopía (o más bien distopía) igualitaria, toda característica, condición e institución humana que huela a diferencia y desigualdad, entonces, ha sido atacada por la izquierda a su debido tiempo. Abajo la excelencia humana y todos los rangos de los logros humanos, porque ninguna persona debe ser más excelente que otra. Abajo la propiedad privada, ya que implica la distinción entre lo mío y lo tuyo y, por lo tanto, hace que todos sean desiguales. Abajo todas las diferencias de ingresos. Abajo la familia como ciudadela de la desigualdad, con un padre varón y una madre mujer y sus hijos comunes, jóvenes y dependientes. Abajo en particular los hombres y especialmente los hombres blancos como las personas más desiguales de todas. Abajo el matrimonio por su exclusividad, y abajo la heterosexualidad. Abajo la discriminación y las preferencias individuales de y por una persona sobre otra. Abajo la libre asociación y la disociación. Abajo todos los pactos, y abajo todas y cada una de las fronteras, fortificaciones o muros que separan a una persona de otra. Abajo los contratos privados exclusivos, bilaterales o multilaterales. Abajo los empleadores y propietarios como desiguales y diferentes de los empleados e inquilinos, y abajo la división del trabajo en general. Abajo con la noción bíblica de que el hombre debe gobernar y ser el amo de la naturaleza y estar por encima de todos los animales y plantas, y siempre abajo con todos los que disienten del credo igualitario de izquierda. Hans-Hermann Hoppe en Llewellyn H. Rockwell Jr. Against the Left. 2019.

Las visiones antagónicas sobre igualdad versus desigualdad son entonces la manzana de la discordia entre dos ideologías que dividen a la humanidad.

De la lucha contra la pobreza a la lucha por la igualdad de ingresos

La riqueza generada en tan solo 150 años ha sacado de la pobreza extrema a gran parte de la humanidad. Antes de 1,820 todas las personas eran pobres. Solo una pequeña minoría era rica: los monarcas, nobles, aristócratas y autoridades religiosas. Esa minoría tenía acceso a cosas que a la gran mayoría estaban vedadas.

La desigualdad económica en las sociedades pre modernas era extremadamente alta y la persona promedio vivía en condiciones que hoy llamaríamos pobreza extrema. El gráfico muestra que durante el milenio anterior (del año 1,000 al 2,000), la riqueza creada se mantuvo casi estática durante 800 años. Es después del año 1800 que el crecimiento económico empieza a acelerarse. Pero es a partir de 1900 que crece más rápidamente.

Nunca, en toda la historia de la humanidad, al planeta Tierra había tenido una tasa de pobreza extrema tan baja como la que tenemos en el 2015. La tasa de pobreza extrema mundial se ha dividido por 5 desde 1970 y se ha dividido por 2 desde 1990. Es decir, los objetivos del milenio que pedían que la pobreza se dividiera por dos entre 1990 y 2015 se consiguieron. El éxito fue tan rotundo que a septiembre de 2015, las Naciones Unidas propusieron un nuevo objetivo para la humanidad: erradicar la pobreza extrema en 2030. Xavier Sala i Martin. Economía en Colores (2015)

Es un hecho, como lo demuestran las cifras, que es el crecimiento de las economías lo que ha reducido drásticamente la pobreza en el mundo, independientemente de que las desigualdades de ingreso se mantengan o aumenten. Y eso sucede en cada país de manera diferente. Según el «World Inequality Report 2018» con base a datos de 1980 a 2016. «La mitad más pobre de la población mundial ha visto crecer significativamente sus ingresos gracias al alto crecimiento en Asia. El crecimiento de los ingresos ha sido lento o incluso nulo para las personas entre el 50% inferior global y el 1% superior. [Esto es el 49% que constituye la clase media y media alta] … Desde 1980, la desigualdad de ingresos ha aumentado rápidamente en América del Norte y Asia, ha crecido moderadamente en Europa y se ha estabilizado a un nivel extremadamente alto en Oriente Medio, África subsahariana y Brasil.»[3] Sin embargo, las clases medias norteamericanas y europeas aumentaron sus ingresos en menos de la mitad que en China e India, debido a la globalización, principalmente al movimiento de las inversiones de aquellos países a los últimos.

La percepción de la gente común sobre el capitalismo es entonces menos favorable entre norteamericanos y europeos (y también entre latinoamericanos) que entre los asiáticos orientales, quienes se han beneficiado más del crecimiento económico, el movimiento de capitales, la creación de empleos y el comercio internacional.

El grave error de la izquierda al asumir como cierta la falacia marxista de la explotación y su consecuente ataque a la desigualdad de ingresos como causante de la pobreza, es como hemos visto, refutado por la evidencia estadística de la realidad.

Hoy, el debate se concentra en la desigualdad de ingresos y de riqueza. La izquierda propugna por reducir esa desigualdad, ya que le atribuye ser causa de la pobreza, mientras que la derecha la considera un resultado natural de la dinámica del capitalismo y no causante de pobreza.

La visión de la izquierda es la de suma cero: “un crecimiento más rápido es la única forma efectiva de ayudar a los menos afortunados. La guerra de clases y la redistribución, por el contrario, no son efectivas. Dichas políticas se basan en la falacia de que la economía es un pastel fijo, y los defensores de este punto de vista se fijan en la desigualdad porque creen erróneamente que un ingreso adicional para los ricos significa menos ingresos para los pobres.” Dan Mitchell. One Image that Underscores Why Growth Is the Most Effective Way to Help the Poor.  Sept. 2018.

El enfoque en la desigualdad de ingresos es erróneo, ya que la redistribución reduce la pobreza cuando es vista en un enfoque estático o de corto plazo. Es la repartición de un pastel limitado. Sin embargo, pasa por alto la dimensión temporal, el hecho de que el pastel puede crecer y que lo más importante es que los más pobres puedan consumir cada vez más de ese pastel creciente. La evidencia estadística muestra que el nivel de pobreza mundial se ha reducido desde un 90% hace dos siglos a un 10% actualmente (Banco Mundial), no precisamente por aplicar políticas de redistribución del ingreso, sino por el crecimiento de las economías.

De ahí que la bandera de la lucha contra la pobreza haya perdido atractivo para los socialdemócratas y para la izquierda en general, por lo que la nueva bandera a levantar es la de la desigualdad.

Por ejemplo, tenemos la versión 2.0 de El Capital de Marx, El Capital en el siglo XXI de Thomas Piketty. que ha tenido una amplia difusión mundial, con sus predicciones de un futuro de alta concentración de la riqueza y sus recomendaciones de política, que incluyen un impuesto mundial al capital y una alta tasa de impuesto sobre la renta.[4]

A diferencia de Marx, Piketty no aboga por eliminar a los capitalistas, sino por confiscar la mayor parte de sus ganancias. Para la izquierda, provee la justificación teórica actualizada para su lucha contra el capitalismo. Pero no hay tal justificación teórica, pues su propuesta, puramente ideológica, es absurda y carece de todo sentido práctico y aún en el hipotético caso de que fuera realizable, tendría desastrosas consecuencias para todos.[5]

Pero además, obvia otro hecho elemental. La desigualdad es la manifestación de la acumulación de activos por las empresas. Tal acumulación es resultado del proceso de inversión continua a que se ven obligadas las empresas para introducir innovaciones tecnológicas, ampliar su producción y llegar a más consumidores. En ese proceso, las empresas crecen. Las que se estancan, apenas sobreviven o mueren debido a la competencia.

Ninguna economía puede crecer y desarrollarse sino crecen también las empresas, la unidad básica de toda economía. La concentración del capital es consecuencia del aumento de tamaño de las empresas. Las empresas aumentan de tamaño al producir más, reducir costos y precios a través de la expansión de sus economías de escala e innovando y mejorando la calidad para atender las necesidades cambiantes de más consumidores. Por tanto, en este proceso, generan desigualdad de ingresos y de riqueza, al mismo tiempo que contribuyen a reducir la pobreza.

Mientras tanto, las pequeñas y medianas empresas sirven mercados locales con bienes y servicios también necesarios y muchas también son parte de las cadenas internacionales de suministro.  La desigualdad de tamaños de las empresas no es un problema, cada una tiene un papel en el engranaje económico y en conjunto crean la riqueza e impulsan el desarrollo económico.  ¿Por qué entonces habría de ser un problema la desigualdad de ingresos o de riqueza?

La dinámica del capitalismo es la continua creación de riqueza, impulsada por la innovación. La obtención de ganancias es el indicador de que una empresa está realmente satisfaciendo las necesidades de los consumidores. Las que no lo hacen tienen pérdidas y desaparecen. La desigualdad de ingresos es consecuencia natural de la actividad empresarial. La acumulación continua de ganancias conduce a la inversión y la concentración de capital, resultando desigualdad de riqueza acumulada, pero al mismo tiempo, es la fuente de la inversión, de nuevos y más variados bienes y servicios, más baratos y de mejor calidad y también la fuente de mejores salarios.

La acumulación de capital implica desigualdad, pero también es la única manera de elevar el nivel de vida de todos, como lo expresó Mises hace más de 70 años:

“El principio fundamental de aquellos economistas verdaderamente liberales que hoy en día son generalmente abusados como ortodoxos, reaccionarios y realistas económicos, es este: no hay medios para elevar el nivel de vida general que no sea acelerar el aumento del capital en comparación con la población. Todo lo que el buen gobierno puede hacer para mejorar el bienestar material de las masas es establecer y preservar un entorno institucional en el que no haya obstáculos para la acumulación progresiva de nuevo capital y su utilización para la mejora de los métodos técnicos de producción. El único medio para aumentar el bienestar de una nación es aumentar y mejorar la producción de productos.

…No hay medios para elevar la altura de las tasas salariales y el nivel de vida general más que acelerando el aumento de capital en comparación con la población. El único medio para aumentar las tasas salariales de forma permanente para todos aquellos que buscan trabajo y ansiosos por ganar salarios es aumentar la productividad del esfuerzo industrial al aumentar la cuota per cápita de capital invertido.

…La filosofía que subyace al sistema de impuestos progresivos es que los ingresos y la riqueza de las clases acomodadas se pueden aprovechar libremente. Lo que los defensores de estas tasas impositivas no se dan cuenta es que la mayor parte de los ingresos gravados no se habrían consumido, sino ahorrado e invertido. De hecho, esta política fiscal no solo evita la acumulación adicional de nuevo capital. Provoca la desacumulación de capital.»  Ludwig von Mises. Planning for Freedom. 1952, 1974, 2017.

La riqueza no está almacenada en una bóveda de Rico McPato, está en forma de activos de empresas. No se puede redistribuir sin destruir el tejido económico.

Intentar reducir la desigualdad de riqueza solo sirve para apaciguar el sentimiento de envidia de los que propugnan por reducirla. No sirve para sacar a las personas de la pobreza.

En toda economía, algunas personas se enriquecen más rápido que otras, pero eso no tiene nada de malo, si las personas se ganan el dinero con honestidad. Bueno, a menos que usted sea marxista y crea que toda ganancia, por honesta que sea su procedencia, proviene de la explotación de otros.

Es preciso diferenciar la acumulación de riqueza en función de su origen legítimo o ilegítimo. Es saludable para la economía y la sociedad acabar con la apropiación ilegítima de ganancias obtenidas mediante la corrupción..

Es lo que se ha dado en llamar el “capitalismo de compadres o compinches” en el que las élites en el poder están coludidas con la oligarquía local para extraer las rentas derivadas de las prácticas corruptas, las que no pueden obtener participando en el libre juego de la competencia en el mercado, perjudicando así a otros competidores y a los consumidores en general. Esta forma de capitalismo corrupto es fuente de ingresos y riquezas de origen ilegítimo, cuya concentración conduce a una desigualdad moralmente repudiable, pero también reduce la competencia justa, disuade la inversión y estanca el crecimiento económico, necesario para reducir la pobreza.[6]

En su estudio de mercados y corrupción, Jason Brennan y Peter Jaworski de la Universidad de Georgetown concluyeron (Riddle, 2019):  «La política corrompe los mercados. Cuanto más politizada se vuelve una economía, más actores privados intentan manipular las regulaciones y la ley para engañar a los consumidores y competidores. En lugar de tratar de mantener el mercado desagradable lejos de la política prístina, deberíamos tratar de mantener la política sucia lejos del mercado.» También se refiere al tema de la corrupción en la distorsión de los mercados y su relación con el aumento de la desigualdad:[7]

Lea La desigualdad generada por acumulación legítima conduce al progreso para todos para revisar los argumentos que sustentan lo antes mencionado.

La socialdemocracia impulsa políticas públicas que implican una mayor intervención del Estado en la economía y la sociedad, la regulación del mercado, la redistribución del ingreso mediante subsidios y provisión de servicios estatales, financiados con altos impuestos a las empresas y personas de mayores ingresos.

Los socialdemócratas pretenden “transformar” el capitalismo de libre mercado otorgando más poder al Estado para redistribuir la riqueza que producen los empresarios y conseguir una mayor igualdad de ingresos en la sociedad, manteniendo la mayor parte de la propiedad privada de los medios de producción, pero confiscando una mayor proporción de los ingresos generados, que son, por definición, propiedad de quienes los generan. Redistribuyen, por tanto, la propiedad.

Al mismo tiempo, el carácter coactivo de la tributación, aceptada también por el liberalismo clásico, pero con límites, es llevado a un mayor grado. El dilema que enfrentan los socialdemócratas y socialistas democráticos es que se ven impedidos de lograr su objetivo de igualdad de ingresos mientras sigan respetando el sistema de propiedad privada, debido a que la tributación tiene un límite objetivo, más allá del cual causa un efecto negativo en la recaudación de impuestos, ya que disuade la inversión e incentiva la evasión. Pasado ese límite, se está matando a la gallina de los huevos de oro. La curva de Laffer ilustra esa realidad.

Sin embargo, la mayoría de la gente no está al tanto de estos hechos, no están al tanto de que hay un límite a la tasa impositiva pasado el cual la recaudación disminuye, fomentando la evasión fiscal, la reducción de la inversión, de la producción y de la oferta de bienes y servicios; no están al tanto de que una parte de las recaudaciones es capturada por la corrupción o gastada ineficientemente; no están al tanto de que existen prioridades para atender las necesidades de grupos, que son precisamente aquellos que no tienen voz ni capacidad de lobby, y tampoco están al tanto de que también hay un límite a los gastos gubernamentales, pasados los cuales resulta la inflación y la anulación real de los beneficios.

De esta ignorancia se aprovechan los políticos populistas para atraer a las masas de votantes prometiendo darles lo que demandan, conduciendo así a los países al camino del despeñadero económico y social. Esa ha sido una de las debilidades de la democracia, en la que las mayorías, por cierto no bien informadas, votan y deciden.

Lea más sobre este tema en “Desigualdad y Desarrollo Económico: Por qué la desigualdad es necesaria para reducir la pobreza”

El Estado de Bienestar

La explicación más convincente del marcado cambio en la suerte de los pobres es que continuaron respondiendo, como siempre lo habían hecho, al mundo tal como lo encontraron, pero que nosotros, es decir, los no pobres y los desfavorecidos, habíamos cambiado las reglas de su mundo. No de nuestro mundo, solo el de ellos. El primer efecto de las nuevas reglas fue hacer rentable para los pobres comportarse a corto plazo de maneras destructivas a largo plazo. Su segundo efecto fue enmascarar estas pérdidas a largo plazo: subsidiar errores irreparables. Intentamos proporcionar más a los pobres y, en cambio, producimos más pobres. Intentamos eliminar las barreras para escapar de la pobreza y sin darnos cuenta construimos una trampa. (Charles Murray, Losing Ground, pág.9) citado en: The Perverse Effects of Welfare State. Scott Beaulier and Bryan Caplan. 2007.

En las democracias, la presión que la mayoría, los que están en los niveles bajos de ingresos, ejercen sobre los gobiernos, termina por hacer muy necesario el análisis de cuál es el balance óptimo entre crecimiento económico y desigualdad.

En el título de su célebre libro de 1975, Arthur Okun nos dijo que el «gran balance» que enfrenta la sociedad es entre igualdad y eficiencia. Podemos usar el sistema del gobierno, los impuestos y las transferencias para trasladar los ingresos de los ricos a los pobres, pero ese sistema es un «cubo con fugas». Parte del dinero se pierde a medida que se mueve. Esta filtración no debería impedirnos tratar de redistribuir, argumentó Okun, porque valoramos la igualdad. Pero debido a que también nos preocupa la eficiencia, la filtración nos detendrá antes de igualar completamente los recursos económicos. N. Gregory Mankiw. Defending the One Percent. 2013.

La ineficiencia del Estado es histórica. Hay Estados más eficientes que otros en el manejo de los recursos. Eso depende en buena parte de la cultura. de cada país. Las evidencias de que el Estado en América Latina es un gran despilfarrador de recursos salieron a luz con la publicación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de su informe insignia  “Mejor Gasto para Mejores Vidas. Cómo América Latina y el Caribe puede hacer más con menos” (2018) que muestra que cada año, la ineficiencia en el gasto de los Gobiernos de América Latina y el Caribe genera un despilfarro total de 220.000 millones de dólares, el equivalente a un 4,4% del PIB. «Esa cifra, bien invertida, sería suficiente para acabar con la pobreza extrema en la región» asegura Alejandro Izquierdo, economista jefe del BID.

Para ampliación sobre este tema ver: El Estado, un problema o solución?

Lamentablemente, se confirma el refrán popular que reza “lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta”, lo que también puede ilustrarse en la siguiente imagen.

Como demostró el economista ganador del Premio Nobel Milton Friedman con su ilustración de “cuatro formas de gastar el dinero” los consumidores en el sistema de mercado gastan su propio dinero y, por lo tanto, tienen más cuidado en cuánto gastar y en qué se gasta el dinero. En la medida en que también usan lo que compraron (la esquina superior izquierda en la imagen) también son más exigentes, para que los artículos comprados sean de buen valor. Recopilarán y considerarán información que ayude a comparar los valores de diferentes opciones.

La esquina superior derecha de la imagen muestra el caso de gastar el dinero propio en otra persona (para la familia, dependientes o regalos a amigos), lo que introduce ineficiencias porque el receptor puede asignar un valor menor al gasto. La ineficacia de la esquina inferior izquierda se ejemplifica en el mayor gasto que se produce cuando se gasta en uno mismo utilizando el dinero de otras personas, como ocurre con los viajes a cuenta del empleador o el entretenimiento totalmente reembolsados. La categoría inferior derecha es la que se aplica a los empleados del gobierno que gastan los ingresos fiscales en los beneficiarios de programas estatales; no solo existe una tendencia a gastar en exceso el dinero de otras personas, sino que el gasto puede tener poco valor desde la perspectiva de los beneficiarios del programa.[8]  Mercados versus socialismo.

Además de la filtración y la ineficiencia del gasto estatal, los subsidios permanentes pueden tener un efecto perverso en los beneficiarios de los mismos, actuando como un desincentivo del esfuerzo individual para procurarse ingresos, reforzando y prolongando la dependencia de vivir de lo que el Estado ofrece, fomentando la mentalidad del “free rider” y la creencia en “derechos” que no pueden satisfacerse sino es mediante la exacción de recursos a otros.

Una crítica recurrente del estado del bienestar es que daña perversamente a las mismas personas a las que pretende ayudar[9]. Dar dinero a los pobres reduce sus incentivos para ingresar a la fuerza laboral, adquirir experiencia y eventualmente unirse a la clase media. Brindar asistencia social a los niños nacidos fuera del matrimonio fomenta el embarazo en la adolescencia y desalienta el matrimonio, dos serios impedimentos para escapar de la pobreza (Herrnstein y Murray 1994, Murray 1984). Como dice sucintamente Murray Rothbard, “La fácil disponibilidad del cheque de bienestar obviamente promueve la mentalidad presente, la falta de voluntad para trabajar y la irresponsabilidad entre los destinatarios, perpetuando así el círculo vicioso de pobreza-bienestar” (1978, p. 154). ).

Existe una queja paralela sobre la acción afirmativa en la educación superior.[10]

Los efectos perversos que con frecuencia se atribuyen al estado de bienestar son fáciles de interpretar desde una perspectiva conductual. Si las personas sobreestiman la magnitud de los beneficios inmediatos en relación con los más distantes, en realidad, en la red, puede dañarlos ofreciéndoles beneficios inmediatos adicionales. Ya tienden a invertir menos. Hacer su presente más habitable con regalos en efectivo solo amplifica esta tendencia. De manera similar, si las personas sobrestiman sistemáticamente sus propias habilidades, fácilmente podría dañar a un estudiante admitiéndolo en un programa para el cual no está calificado. Cegado por el exceso de confianza, es probable que seleccione la mejor escuela que lo acepte, sin considerar apenas el posibilidad de que esté fuera de su liga.

Como explica Tyler Cowen, la “crítica conservadora tradicional del estado de bienestar … implica una tensión analítica”. En la mayoría de los asuntos, los conservadores y libertarios argumentan desde las teorías económicas neoclásicas y de la escuela de Chicago. En estos enfoques, un regalo en efectivo siempre mejora la situación de las personas, como lo demuestra la demostración en el aula de cómo tales regalos desplazan a las personas hacia ‘curvas de indiferencia más altas’. Esta es una lección básica de cualquier curso intermedio de microeconomía, independientemente de la persuasión política del instructor. (2002, pág.39), … Lo mismo ocurre con cualquier programa gubernamental que amplíe el conjunto de oportunidades de los pobres.)

Obtener ingresos adicionales requiere sacrificios (pérdida de tiempo libre, reubicación en un área con trabajo mejor pagado, capacitación, horarios inconvenientes, etc.), y la gente evalúa si los ingresos netos obtenidos son suficientes para justificar los sacrificios. Las elevadas tasas impositivas inclinan fundamentalmente esta compensación a favor de preferir contar con menos ingresos. Mercados versus socialismo.

En este artículo, Dan Mitchel explica cómo el estado de bienestar castiga tanto a los pobres como a los ricos en los Estados Unidos.

Los ricos se ven perjudicados por razones obvias. Son golpeados con tasas oficiales más altas, y también los más afectados por la doble imposición (las capas adicionales de impuestos sobre el ahorro y la inversión resultante de los impuestos a las ganancias de capital impuestos dobles en dividendosimpuestos sobre la muerte, etc.).

Pero también señalé que se penaliza a los pobres porque quedan atrapados en la dependencia.

En gran parte, esto se debe a que enfrentan malos incentivos cuando trabajan e intentan ser autosuficientes. No solo se ven afectados por los impuestos federales y estatales, sino que también pueden perder el acceso a varios programas de redistribución. Y la combinación de esos dos factores puede producir tasas impositivas marginales implícitas muy altas.

Me citó un ejemplo sorprendente de este fenómeno en 2012, que demuestra que para una madre soltera en Pennsylvania estaría mejor ganar $ 29.000 en lugar de $ 57,000. En otras palabras, su tasa impositiva marginal implícita sobre $ 28,000 adicionales sería del 100 por ciento (cumpliendo así el odioso sueño de FDR, aunque contra un grupo diferente de víctimas).

¿Qué tan generalizado es este problema? Un nuevo estudio publicado por la Oficina Nacional de Investigación Económica nos da la respuesta. … estima tasas impositivas marginales implícitas para varios segmentos de la población.

En pocas palabras, cuando las personas son castigadas por participar en un comportamiento económico productivo, responden reduciendo su trabajo, sus ahorros, sus inversiones y su espíritu empresarial.

La conclusión es que el estado de bienestar es una mala noticia tanto para los contribuyentes como para los beneficiarios. Todo lo cual puede ayudar a explicar por qué la tasa de pobreza dejó de caer una vez que el gobierno declaró una “guerra contra la pobreza”. Dan Mitchell. The Welfare State Penalizes the Poor with High Marginal Tax Rates [11]

Se aduce que el Welfare State (Estado de Bienestar) con sus generosas políticas sociales ha producido desarrollo económico y disminuido considerablemente las desigualdades de ingresos. Lo último es discutiblemente cierto, pero lo primero es falso.

En los países donde se ha impulsado, -y hay que hacer notar que no solamente en los países nórdicos, sino que también en otros países europeos, además de Canadá, Japón, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda- no hubo ningún Estado de Bienestar durante el tiempo que tardaron para desarrollarse y no es sino después, cuando las empresas privadas y la economía de mercado hubieron alcanzado mayor productividad y creado suficiente riqueza, cuando sus gobiernos tuvieron los suficientes ingresos para empezar casi todos sus programas sociales.

Muchos confunden la intervención gubernamental en algunos aspectos económicos y sociales con un sistema económico socialista. De modo que no es difícil encontrar publicaciones refiriéndose al “socialismo” de los países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia) y su éxito en el desarrollo económico. Absolutamente falso, todos ellos tienen un sistema capitalista, hay unas pocas empresas estatales y todas las demás son privadas. El Primer Ministro danés, Lars Løkke Rasmussen tuvo que salir al paso de menciones de un candidato presidencial en un debate público en Estados Unidos sobre el supuesto socialismo de los países nórdicos.

A menudo se destaca a los países nórdicos por tener políticas supuestamente socialistas y resultados económicos admirables. Pero la realidad, según los hechos, es diferente.

“Al combinar los gobiernos estatales, locales y centrales, el gasto público es aproximadamente la mitad del PIB en los países nórdicos, en comparación con el 38% del PIB en los Estados Unidos (OCDE 2018b). Sin embargo, los países nórdicos hoy en día son poco socialistas, porque tienen impuestos corporativos bajos a nivel internacional, tienen una baja regulación de las empresas, permiten que el sector privado participe en la provisión de educación primaria y secundaria, vinculan los beneficios sociales completos con tener un historial laboral, y requieren costos compartidos para la atención médica en el momento del servicio. Aunque estos países tienen seguro médico de cobertura universal, no imponen un solo pagador a toda la nación, a pesar de ser países más homogéneos que los Estados Unidos (Anell, Glenngård y Merkur 2012; Vuorenkoski, Mladovsky y Mossialos 2008; Olejaz et al.2012; Ringard et al.2013; Sigurgeirsdóttir, Waagfjörð y Maresso 2014).

Encontramos que hoy en día, las tasas impositivas marginales de los países nórdicos sobre la renta del trabajo no están de hecho muy por encima de las de EE. UU., una vez que se consideran los impuestos implícitos sobre el empleo y la renta. Los niveles de vida de los países nórdicos siguen siendo al menos un 15 por ciento más bajos que los de EE. UU., en gran parte porque la gente trabaja menos. Los beneficios privados y sociales de una educación universitaria son más altos en los Estados Unidos, aunque la educación universitaria es al menos igual de común aquí. Estos resultados son consistentes con la idea económica básica de que la redistribución y los sistemas de pagador único tienen costos significativos en términos de reducción de los ingresos nacionales.

Los propios países nórdicos reconocieron el daño económico de las altas tasas impositivas en relación con la creación y retención de empresas y la motivación del esfuerzo laboral, por lo que sus tasas impositivas marginales sobre la renta personal y corporativa han caído 20 o 30 puntos, o más, de sus picos en las décadas de 1970 y 1980 (Stenkula, Johansson y Du Rietz 2014). Mercados versus socialismo.

La conveniente idea que nunca muere

Como hemos visto anteriormente, la izquierda, la socialdemocracia y los socialistas ya no pueden argumentar que el capitalismo, la economía de mercado y la libertad económica son incapaces de reducir la pobreza. La base teórica marxista que predecía que la “explotación” de los trabajadores el capitalismo aumentaría, no reduciría la pobreza, se desinfló ante la realidad.

Como la evidencia demostró que la pobreza se redujo a causa del crecimiento económico, la nueva bandera pasó a ser la lucha contra la desigualdad de ingresos. Sin embargo, la base teórica marxista es la misma, la “explotación” de los trabajadores causa la desigualdad.

Sin embargo, como vimos también anteriormente, esa falacia teórica no se sostiene ante la evidencia. La desigualdad de ingresos es producto del crecimiento y la acumulación de capital en el tiempo, no de que unos están quitando a otros parte del pastel que les corresponde en una economía estática. La desigualdad de ingresos va acompañada de aumento de ingresos para todos.

Aun así, no faltan intelectuales que, por motivos ideológicos, persistan en ofrecer sustentos teóricos para los políticos y activistas de la izquierda, la socialdemocracia y los socialistas, que son tomados por estos como dogma sin más análisis. También vimos anteriormente que son una estafa.

Solamente se me ocurre pensar en algunas razones que podrían tener para persistir en esas ideas, a pesar de que la realidad ha demostrado que son contraproducentes.

Una es la que manifiesta Kristian Niemietz en su libro “Socialismo: la idea fallida que nunca muere“: “Tan pronto como se confronta a los socialistas con ejemplos de experimentos fallidos, siempre ofrecen la siguiente respuesta: “¡Estos ejemplos no prueban nada en absoluto! De hecho, ninguno de estos son verdaderos modelos socialistas””.  Siempre están pensando que, con su novedoso modelo, esta vez será diferente. Utopías futurísticas.

La otra es que la teoría marxista de la explotación, por su simplicidad explicativa, aunque falsa, de las diferencias de ingresos entre las personas, resulta muy fácil de creer para las amplias masas, nunca expuestas a las argumentaciones que se han hecho en su contra, y aún para los intelectuales que han sido adoctrinados por tantos años en la misma. También, en ambos casos y para muchos, la teoría se ha convertido en dogma de fe, similar al de una religión.

Por otra parte, la corta memoria histórica, no transmitida eficientemente de una a otra generación, ha actuado en favor de los renovados intentos de la izquierda por captar el apoyo de las masas. En sus conferencias sobre la filosofía de la historia, el filósofo alemán Hegel observó: “Pero lo que la experiencia y la historia enseñan es esto: que los pueblos y los gobiernos nunca han aprendido nada de la historia, ni han actuado según principios deducidos de ella.”

La otra es que existen innegables diferencias naturales entre las personas, independientemente del país y del sistema político, económico y social donde vivan. En cualquier parte, habrán personas que explotando sus cualidades tendrán más éxito en la vida que otras. Como dice Hoppe: “en todas partes hay y siempre habrá mucha gente clamando que se han quedado cortos en la vida en comparación con otros.”  De ahí que hay personas, que son las menos, las que logran alcanzar una posición de holgura económica o hasta de poseer mucha riqueza. Otras, la gran mayoría, no lo logra por diversas circunstancias. Su reacción para con las primeras puede ser diversa, desde la admiración, hasta la envidia y el odio.

Las primeras se convierten en las proveedoras y protectoras de las otras, que se convierten en dependientes de las primeras. Las primeras pueden vivir más independientes, no necesitan tanto de las segundas pues hay muchas. Las segundas no pueden vivir sin las primeras, pues dependen de ellas. Esa situación marca la manera en que las personas se comportan en los diferentes momentos de su vida, situación que también puede cambiar a lo largo del tiempo. Por tanto, a las personas que se sienten que dependen de otras, les conviene la colectividad, no la individualidad. Las primeras abogarán por preservar la desigualdad, las segundas por promover la igualdad. Todo es un asunto relacionado a lo que conviene al interés propio, natural al ser humano.

Pero cualquiera que sea la explicación, y de hecho cada una puede ser parte de la explicación, el hecho es que los socialdemócratas, los socialistas y la izquierda en general, abogan por la igualdad de ingresos y son fervientes partidarias de un Estado grande que efectúe su redistribución, aplicando altas tasas de impuestos a los empresarios, los trabajadores y los consumidores, cercenando de manera coactiva el derecho a gozar de los frutos del esfuerzo propio, que es propiedad privada, limitando también de esa manera la libertad individual.

La evidencia demuestra que las altas cargas impositivas desalientan la inversión pues acaban matando “la gallina de los huevos de oro” al disuadir el ahorro, la inversión y la motivación por generar ingresos, tanto entre empresarios, como entre trabajadores. El resultado es siempre menos producción, menos empleo y más pobreza.

Cuando los impuestos son insuficientes, el Estado echará mano del recurso a endeudar a la presente y futuras generaciones para cubrir los crecientes gastos estatales.

La evidencia también demuestra que esa exacción impositiva o la deuda adquirida, es administrada ineficientemente por la burocracia estatal, en base al principio de que gastar el dinero de otros para beneficiar a otros es la peor de las cuatro formas posibles de usar el dinero.

Otra evidencia demostrada es que, además de la ineficiencia administrativa, una parte importante de los impuestos son malversados o robados, principalmente en países con alto nivel de corrupción e impunidad.

Otra evidencia del derroche e inequidad de un Estado grande que dispone de cuantiosos ingresos fiscales es que parte son usados en programas y subsidios indiscriminados que no se enfocan en ayudar a aquellos que realmente necesitan, como los niños, discapacitados y ancianos y que benefician a adultos sanos con capacidad de trabajar, que acaban promoviendo la dependencia de las personas de la ayuda estatal y perjudicando la actividad productiva.

A pesar de todas esas evidencias, la izquierda, la socialdemocracia y los socialistas, apartan la vista para negarlas sin aportar evidencias en contra, ya que esa realidad no coincide con sus creencias ideológicas de los males de la sociedad son causados por la “explotación”.

La alternativa e Ideas para el futuro

La alternativa a las políticas socialistas, socialdemócratas y en general, de la izquierda, es un Estado reducido al mínimo de las funciones estrictamente necesarias. De esa manera, se reduce el incentivo perverso para vivir de lo que el Estado puede ofrecer, incentivando la motivación por obtener ingresos en la economía privada. Se reduce la cantidad de fondos manejados por la burocracia, el despilfarro, la filtración y la corrupción. Y también muy importante, se reduce la posibilidad de que políticos populistas tomen el poder.

Una carga impositiva moderada para financiar un Estado limitado, deja en los bolsillos de empresarios y consumidores más dinero para usarlo en las necesidades que estos juzguen más convenientes a sus intereses personales. Deja más dinero disponible para ahorrar e invertir, impulsando mayor producción de riqueza y por supuesto, más dinero para consumir, aumentando la demanda y como efecto, la oferta de bienes y servicios. Esto produce un círculo virtuoso de crecimiento económico sostenido que reduce la pobreza y eleva el nivel de vida de la población.

Un Estado limitado debe concentrarse en financiar programas sociales enfocados a los más desfavorecidos, como educación pertinente, especialmente para niños y jóvenes en la educación básica, media y superior. También proveer alimentación en la etapa temprana a niños de escasos recursos. Es la mejor inversión que la sociedad puede hacer para que estos se puedan incorporar posteriormente a la generación de riqueza para todos.

Dada la singular importancia de la educación para el futuro de la sociedad, el Estado debe enfocarse en promover la educación en valores morales y éticos orientados al progreso, desterrando de ella las teorías que promueven el victimismo, el odio, la violencia y la confrontación en la sociedad. El marxismo, por tanto, debe ser desterrado de la educación y por el contrario, se debe preservar la memoria histórica de los fracasos y crímenes que se cometieron en su nombre.

Una educación que promueve el progreso debe cultivar el razonamiento lógico, la experimentación y la práctica, fomentar la creatividad y la innovación, fomentar el emprendimiento en la creación de negocios y desterrar el énfasis actual en la preparación de empleados que luego salen a buscar un puesto de trabajo ofrecido por otro.

De la misma manera, enfocarse en servicios de salud enfocados estrictamente en las personas pobres, discapacitadas y ancianas sin ingresos.

Un Estado limitado debe eliminar todo tipo de subsidios generalizados que son aprovechados tanto por pobres como ricos. Igualmente, debe eliminar todo subsidio que promueva un efecto perverso en las decisiones de trabajo.

Un Estado limitado debe abolir las fuerzas armadas, un enorme lastre improductivo para la sociedad, y limitarse a ofrecer seguridad pública y justicia independiente.

Un Estado limitado debe eliminar y reducir el número y costo de las regulaciones que encarecen la producción de bienes y servicios. Eliminar, reducir y facilitar trámites gubernamentales que se exigen a las personas. La tecnología digital es un aliado para eso.

Estas son algunas ideas básicas, muy lejos de ser exhaustivas, para lo que harían falta muchos párrafos más.  Hay otros temas, ni siquiera mencionados, como infraestructura y servicios relacionados, comercio exterior e interior, política agropecuaria e industrial, política salarial, seguridad social, etc.  Todo eso requiere un tratamiento que escapa a las limitaciones del tema de este breve ensayo.

Arturo J. Solórzano Arce
Septiembre de 2020

Información relacionada:
1. ¿Por qué la SOCIALDEMOCRACIA está en CRISIS en EUROPA?

 


Notas

[1] Llewellyn H. Rockwell Jr., The Left, the Right, and the State. 2008. Fundada el año de la muerte de Marx [1883] para promover sus ideas a través del gradualismo, la Sociedad Fabiana buscaba “hacer un panal” de la sociedad, como dijo Fabian Margaret Cole, con medidas socialistas encubiertas. Al pasar por alto [ocultar] sus objetivos, la Sociedad Fabiana esperaba evitar galvanizar a los enemigos del socialismo.

…originaron, promovieron y dirigieron en el parlamento la mayor parte de la política social británica …[durante] 80 años. El resultado fue una economía y una sociedad destrozadas, hasta que Margaret Thatcher comenzó a desfabianizar Inglaterra [1980].

Los fabianos lograron su objetivo de establecer el “estado proveedor”, un estado de bienestar que se preocuparía no solo por los pobres, sino también por la clase media, desde la cuna hasta la tumba.

Ya sea la compensación de los trabajadores, las pensiones de vejez, las prestaciones por desempleo o la medicina socializada, los fabianos siempre enfatizaron la “reforma social”, señaló John T. Flynn. Ellos vieron temprano el inmenso valor de la reforma social para acostumbrar a los ciudadanos a mirar al Estado para aliviar todos sus males. Vieron que la agitación por el bienestar podría convertirse en el vehículo para importar ideas socialistas en la mente del hombre común.

[2] Scott Sumner. The Great Danes: Cultural Values and Neoliberal Reforms, 2008. “Cuando se trata de cuestiones económicas de pobreza y desigualdad, los conservadores se centran en la obligación ética de los ricos de ayudar a los “pobres que lo merecen”. Los liberales se centran en la obligación de la sociedad en su conjunto de mejorar la vida de todos los pobres, una postura fácil de justificar sobre bases utilitarias, al menos en principio. Durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX, la opinión liberal favoreció cada vez más varios tipos de programas de bienestar social, que se consideraba que reducían la desigualdad económica.”

[3] El informe abunda en datos y gráficos que miden el progreso del ingreso según estratos de ingresos por regiones y países. En resumen, se deduce que (1) el ingreso real ha aumentado a nivel mundial; (2) el 50% de menores ingresos ha tenido un aumento real a una tasa mayor que el 10% de más altos ingresos y sustancialmente mayor al 40% de ingresos medios; (3) la brecha de ingresos entre el 50% inferior y el 10% inferior se ha reducido; (4) los mayores aumentos de ingreso se concentran en Asia Oriental y algunos otros países no desarrollados.

Usando las variaciones de ingreso del World Inequality Report 2018 y aplicándolas a un ingreso promedio mundial de $10,000 en 1980 para ejemplificar qué ha pasado con la brecha entre altos y bajos ingresos, resulta que la brecha de ingresos se ha reducido de 6.1 a 5.4 veces.

[4] La propuesta propone un impuesto del 90% sobre el patrimonio de los más ricos para conformar un fondo de capital universal que daría a cada persona 120,000 euros al cumplir los 25 años.

[5] Una vez repartida la riqueza de los multimillonarios, esta se gastaría principalmente en consumo. Por un tiempo el aumento del consumo podría aumentar la producción, pero una vez agotado, las nuevas inversiones caerían estrepitosamente en el mundo y las economías se derrumbarían, incrementando el desempleo y la pobreza.

Aun suponiendo que no pasaría nada, hay otro pequeño detalle, una verdad del tamaño de un elefante. Toda economía tiene una relación determinada entre el stock de bienes de capital y el de bienes de consumo que esos bienes de capital pueden producir. Si por efecto de la desafortunada propuesta mencionada estamos reduciendo el stock de bienes de capital al confiscar la riqueza invertida, el resultado será menos bienes de consumo disponibles, no más. Menos capital invertido significa menos producción. Y ya sabemos qué resulta de una demanda incrementada versus menor disponibilidad de bienes en el mercado: inflación, que al final convertirá los 120.000 euros en cero euros en muy poco tiempo. El balance final será cero aumento en el consumo de las personas y destrucción de la capacidad productiva, que en el mediano plazo significa aumentar el nivel general de pobreza.

[6] El capitalismo no ha surgido y no ha funcionado de manera similar en todas partes que ha echado raíces. William J. Baumol, Robert E. Litan, And Carl J. Schramm en su libro Good Capitalism, Bad Capitalism, and the Economics of Growth and Prosperity (2007) categorizan cuatro tipos de sistemas capitalistas: capitalismo emprendedor, capitalismo de grandes empresas, capitalismo guiado por el Estado y capitalismo oligárquico (o capitalismo de compinches). Los mecanismos que dirigen las energías productivas y las inversiones en cada sistema son los que diferencian una forma de otra y explican en buena parte el ritmo de desarrollo económico de los países.

[7] Los emprendedores pueden generar una enorme riqueza al mejorar la situación de las personas en la sociedad. No hay nada de malo en eso. Desafortunadamente, como en los viejos tiempos, también vemos a los políticamente conectados trabajando con agencias gubernamentales para manipular las ganancias .

Al pensar en la desigualdad económica en nuestro mundo moderno, debemos tener cuidado de diferenciar entre los medios económicos y los medios políticos para obtener riqueza.

Hay una verdad en la antigua historia de saqueo de la clase dominante, y todos están de acuerdo en que el poder corrompe.

Los altos niveles de control del gobierno sobre la economía tienden a generar corrupción y desigualdad estructural. Los mercados abiertos de cooperación dinámica tienden a disminuir la desigualdad y aumentar la riqueza para los más desfavorecidos.  Jason Riddle. 5 Spooky Facts about Power and Inequality You Probably Didn’t Know 

[8] La brecha entre el gasto del programa y el valor para los beneficiarios ha sido medida por Gallen (2015), Finkelstein y McKnight (2008) y Olsen (2008), entre otros.

[9] Murray (1984) es posiblemente el crítico más prominente de la ‘Guerra contra la Pobreza’. Friedman (1982 [1962]) ofreció argumentos similares contra la vivienda pública y el bienestar dos décadas antes: el objetivo de estos programas era ayudar a los pobres, pero el El efecto involuntario fue “todo lo contrario” (179). Sowell (1996 [1980], 1990) y Chávez (2002, 1992) plantean objeciones similares a la acción afirmativa y las políticas relacionadas.

[10] Supuestamente lleva a estudiantes de minorías a inscribirse en programas demasiado competitivos. En consecuencia, los estudiantes que pueden obtener un título universitario de una escuela menos competitiva a menudo terminan abandonando y no logran completar ningún título. Como observa críticamente Thomas Sowell:

Este estudiante [minoritario] no recibe una mejor educación porque está en una escuela más prestigiosa. Por el contrario, es muy posible que obtenga una educación mucho peor en instituciones tan aceleradas, en el sentido de no aprender cosas que es perfectamente capaz de aprender, en un entorno de aprendizaje que avanza a un ritmo normal. Un estudiante de esa minoría puede terminar “confundido, tambaleante e incapaz de seguir el ritmo” (1993, p. 137).

[11] Una plétora de políticas fiscales y de beneficios federales y estatales determinan conjuntamente los incentivos de los estadounidenses para trabajar. … Disposiciones complejas y, a menudo, misteriosas que condicionan los pagos de impuestos y los ingresos por beneficios a los ingresos laborales, los ingresos por activos, los ingresos totales y el nivel de activos. … Las innumerables características de nuestro sistema fiscal plantean las preguntas centrales de este documento: ¿Cuáles son los niveles típicos de tasas impositivas netas marginales que enfrentan los estadounidenses de diferentes edades y niveles de recursos, teniendo en cuenta todo el sistema fiscal federal y estatal? … ¿Cuánto afecta la elección del estado en el que vivir en el incentivo para trabajar? … Abordamos estas preguntas ejecutando datos de la Encuesta de Finanzas del Consumidor (SCF) de 2016 a través de The Fiscal Analyzer (TFA).

Economic Report of the President of the USA

Together with The Annual Report of the Council of Economic Advisers

Chapter 8

Markets versus Socialism

When the Council of Economic Advisers was founded in 1946, our Nation was at a crucial crossroads. There was bipartisan concern that the transition away from a war economy would lead to another depression, and there was much public debate over the best policies to ensure prosperity. As detailed in the first CEA Annual Report to the President, there were two distinct schools of thought that Congress implicitly charged the CEA’s members to evaluate. One held “that ‘individual free enterprise’ could, through automatic processes of the market, effect the transition to full-scale peacetime business and (even with recurrent depressions) the highest practicable level of prosperity thereafter.” The other school held “that the economic activities of individuals and groups need, under modern industrial conditions, more rather than less supplementation and systemizing (though perhaps less direct regulation) by central government.” The three members of the first CEA contrasted the “Roman” view that economic prosperity can be handed down by a powerful central government with the “Spartan” view that much of American history at times “carried a cult of individual self-reliance to the point of brutality.” The report warned against “100 percenters” of both views, as each misunderstood the role of government in fostering prosperity, and it advised that “the great body of American thinking on economic matters runs toward a more balanced middle view.”

The focus of that first report reminds us that there was a time in American history when grand debates over the merits of competing economic systems were front and center, and the terms of the debates and characteristics of the competing views were widely known. It is clear that such a time may be returning. Detailed policy proposals from self-declared “socialists” are gaining support in Congress and are receiving significant public attention. Yet it is much less clear today than it was in 1946 exactly what a typical voter has in mind when he or she thinks of “socialism,” or whether those who today describe themselves as socialists would be considered “100 percenters” by the first CEA.

There is undoubtedly ample confusion concerning the meaning of the word “socialist,” but economists generally agree about how to define socialism, and they have devoted enormous time and resources to studying its costs and benefits. With an eye on this broad body of literature, this chapter discusses socialism’s historic visions and intents, its economic features, its impact on economic performance, and its relationship with recent policy proposals in the United States.

Inevitably, this chapter uses evidence to weigh in on the relative empirical merits of capitalism and socialism, a topic that can be quite divisive. In his landmark book Capitalism, Socialism and Democracy, Joseph Schumpeter (1942, 145) predicted that socialism would become the only respectable ideology of the two, in part because the scholarship regarding both would be dominated by university professors. At the American university, he warned, capitalism “stands its trial before judges who have the sentence of death in their pockets. . . . Well, here we have numbers; a well-defined group situation of proletarian hue; and a group interest in shaping a group attitude that will much more realistically account for hostility to the capitalist order than could the theory.”

As documented in this chapter, the scholarship has not become as one-sided as Schumpeter envisioned. The chapter first briefly reviews the historical and modern socialist interpretations of market economies and the challenges socialist policy proposals face in terms of distorting incentives. Thereafter, we review the evidence from the highly socialist countries showing that they experienced sharp declines in output, especially in the industries that were taken over by the state. We review the experiences of economies with less extreme socialism and show that they also generate less output, although the shortfall is not as drastic as with the highly socialist countries. Finally, we assess the economic impact of the current American proposal for socialized medicine, “Medicare for All,” and we find that the taxes needed to finance it would reduce the size of the U.S. economy.


To economists, socialism is not a zero-one designation. Whether a country or industry is socialist is a question of the degree to which (1) the means of production, distribution, and exchange are owned or regulated by the state; and (2) the state uses its control to distribute the country’s economic output without regard for final consumers’ willingness to pay or exchange (i.e., giving resources away “for free”).[1] As explained below, this definition conforms with both statements and policy proposals from leading socialists, ranging from Karl Marx to Vladimir Lenin to Mao Zedong to modern self-described socialists.[2]

In modern models of capitalist economies, there is, of course, an ample role for government. In particular, there are public goods and goods with externalities that will be inefficiently supplied by the free market. Public goods are undersupplied in a completely free market because there is a free-rider problem. For example, if national defense, a public good enjoyed by the whole country, were sold at local supermarkets, few would contribute because they would feel their individual purchase would not matter and they would prefer others to contribute while still being defended. Consequently, the market would not provide sufficient defense. However, socialist regimes go well beyond government intervention into markets with public goods or externalities.

This chapter is an empirical analysis of socialism that takes as its benchmark current U.S. public policies. This benchmark has the advantage of being measureable, but it necessarily differs from theoretical concepts of “capitalism” or “free markets” because the U.S. government may not limit its activity to theoretically defined public goods. Relative to the U.S. benchmark, we find that socialist public policies, though ostensibly well-intentioned, have clear opportunity costs that are directly related to the degree to which they tax and regulate.

We begin our investigation by looking closely at the most extreme socialist cases, which are Maoist China, the USSR under Lenin and Stalin, Castro’s Cuba, and other primarily agricultural countries (Pipes 2003). Referring to these same countries, Janos Kornai (1992, xxi) explained that the “development and the break-up and decline of the socialist system amount to the most important political and economic phenomena of the twentieth century. At the height of this system’s power and extent, a third of humanity lived under it.” Not long ago, distinguished economists in the U.S. and Europe offered favorable assessments of highly socialist economies, and many contemporary commentators appear to have forgotten or overlooked this record. Moreover, as one analyzes the impact of moving away from a purely socialist model, as many modern proposals envision, it may be helpful to understand the history of extreme examples.

Socialists in the highly socialist countries accused the agriculture sector of being unfair and unproductive (equivalently, food was too expensive in terms of the labor required to produce it) because farmers, who had been working on their land for generations, were too unsophisticated and because the market failed to achieve economies of scale. Government takeovers of agriculture, which forcibly converted private farms into state-owned farms directed by government employees and party apparatchiks, were advertised as the way for socialist countries to produce more food with fewer workers so resources could be shifted into other industries.

In practice, however, socialist takeovers of agriculture delivered the opposite of what was promised.[3] Food production plummeted, and tens of millions of people died from starvation in the USSR, China, and other agricultural economies where the state took command. Planning the nonagricultural parts of those economies also proved impossible.

Present-day socialists do not want the dictatorship or state brutality that often coincided with the most extreme cases of socialism. However, peaceful democratic implementation of socialist policies does not eliminate the fundamental incentive and information problems created by high tax rates, large state organizations, and the centralized control of resources. Venezuela is a modern industrialized country that elected Hugo Chávez as its leader to implement socialist policies, and the result was less output in oil and other industries that were nationalized. In other words, the lessons from socialized agriculture carry over to government takeovers of oil, health insurance, and other modern industries: They produce less rather than more, even in today’s information age, where central planning is possibly easier.

Proponents of socialism acknowledge that the experiences of the USSR and other highly socialist countries are not worth repeating, but they continue to advocate increased taxation and state control. Such policies would also have negative output effects, albeit of a lesser magnitude, as are seen in crosscountry studies of the effect of greater economic freedom on real gross domestic product (GDP). A broad body of academic literature quantifies the extent of economic freedom in several dimensions, including taxation and spending, the extent of state-owned enterprises, economic regulation, and other factors. This literature finds a strong association between greater economic freedom and better economic performance, suggesting that replacing U.S. policies with highly socialist policies, such as Venezuela’s, would reduce real GDP more than 40 percent in the long run, or about $24,000 a year for the average person.

Participants in the American policy discourse sometimes cite the Nordic countries as socialist success stories. However, in many respects, the Nordic countries’ policies now differ significantly from policies that economists view as characteristic of socialism. Indeed, Nordic representatives have vehemently objected to the characterization that they are socialist (Rasmussen 2015). Nordic healthcare is not free, but rather requires substantial cost sharing. As compared with the U.S. rates at present, including implicit taxes, marginal labor income tax rates in the Nordic countries today are only somewhat greater. Nordic taxation overall is greater and is surprisingly less progressive than U.S. taxes. The Nordic countries also tax capital income less and regulate product markets less than the United States does, but they regulate labor markets more. Living standards in the Nordic countries, as measured by per capita GDP and consumption, are at least 15 percent lower than those in the United States.

With an eye toward the inaccurate description of Nordic practices, some in the U.S. have proposed nationalizing payments for healthcare—which makes up more than a sixth of the U.S. economy—through the recent “Medicare for All” proposal. This proposal would create a monopoly government health insurer to provide healthcare for “free” (i.e., without cost sharing) and to centrally set all prices paid to suppliers, such as doctors and hospitals. We find that if this policy were financed through higher taxes, GDP would fall by 9 percent, or about $7,000 per person in 2022. As shown in chapter 4 of this Report, evidence on the productivity and effectiveness of single-payer systems suggests that “Medicare for All” would reduce longevity and health, particularly among seniors, even though it would only slightly increase the fraction of the population with health insurance.[4]

To the extent that policy proposals mimic the 100 percent experience, the burden is on advocates to explain how their latest policy agenda would overcome the undeniable problems observed when socialist policies were tried in the past. As the sociology professor Paul Starr (2016) put it, “Much of [modern American socialists’] platform ignores the economic realities that European socialists long ago accepted.”[5] Marx’s 200th birthday is a good time to gather and review the overwhelming evidence.[6]

The “Economics of Socialism” section of this chapter begins by briefly reviewing the historical and modern socialist interpretations of market economies and some of the challenges with socialist policy proposals. The subsequent section reviews the evidence from the highly socialist countries, by which we mean countries that were implementing the most state control of production and incomes. Highly socialist countries experienced sharp declines in output, especially in the industries that were taken over by the state. Economies with less extreme forms of socialism also generate less output, although the shortfall is not as drastic as with the highly socialist countries, as shown in the section titled “Socialism and Living Standards in a Broad Cross Section of Countries.” A section on the Nordic-countries provides a more detailed examination of them. The final section assesses the economic impact of the headline American proposal, “Medicare for All.”[7]

The Economics of Socialism

Historically, philosophers and even some well-regarded economists have offered socialist theories of the causes of income and wealth inequality, and they have advocated for state solutions that are commonly echoed by modern socialists. They both argue that there is “exploitation” in the market sector and there are virtually unlimited economies of scale in the public sector. Profits are undeserved and unnecessarily add to the costs of goods and services. The solutions include single-payer systems, prohibitions of for-profit business, state-determined prices to replace the “anarchy of the market,” high tax rates (“from each according to his ability”), and public policies that hand out much of the Nation’s goods and services free of charge (“to each according to his needs”) (Gregory 2004; Marx 1875).

The Socialist Economic Narrative: Exploitation Corrected by Central Planning

When Marx was writing over 150 years ago, obviously exploitive practices were still familiar. The modern socialist view is that exploitation remains real but is somewhat hidden in the market for labor (Gurley 1976a). Much inequality arises, it is said, because market activity is a zero-sum game, with owners and workers paid according to the power they possess (or lack), rather than their marginal products. From the workers’ perspective, profits are an unwarranted cost in the production process and are reflected in an unnecessarily low level of wages. The contest over the fraction of output paid in wages, known among socialists as the “class struggle,” can take place in the political arena, in the private sector with union activity and the like, or violently with riots or revolution (Przeworksi and Sprague 1986).

As Karl Marx put it, “Modern bourgeois private property is the final and most complete expression of the system of producing and appropriating products, that is based on class antagonisms, on the exploitation of the many by the few” (Marx and Engels 1848, 24). The Chinese leader Mao Zedong, who cited Marxism as the model for his country, described “the ruthless economic exploitation and political oppression of the peasants by the landlord class” (Cotterell 2011, chap. 6). The Democratic Socialists of America, and elected officials who are affiliated with and endorsed by them, today express similar concerns that workers are harmed when the profit motive is allowed to be an important part of the economic system.[8]

The French economist Thomas Piketty, whose 2014 book Capital in the 21st Century recalls Marx’s Das Kapital, asserts that inequality today is “terrifying” and that public policy can and must reduce it; wealth holders must be heavily taxed.[9] Piketty (2014) concludes that the Soviet approach and other attempts to “abolish private ownership” should at least be admired for being “more logically consistent.”

Historical and contemporary socialists argue that heavy taxation need not reduce national output because a public enterprise uses its efficiency and bargaining power to achieve better outcomes. Mao touted the “superiority of large cooperatives.” He decreed that the Chinese government would be the single payer for grain, prohibiting farmers from selling their grain to any other person or business (Dikӧtter 2010).[10]  In describing China, the British economists Joan Robinson and Solomon Adler (1958, 3) celebrated that “the agricultural producers’ cooperatives have finally put an end to the minute fragmentation of the land.” Lenin stressed transforming “agriculture from small, backward, individual farming to large-scale, advanced, collective agriculture, to joint cultivation of the land.” Proponents of socialism in America today argue that the Federal government can run healthcare more efficiently than many competing private enterprises.[11]

State ownership of the means of production is an often-repeated Marxist proposal for ending worker exploitation by leveraging scale economies. This aspect of socialism is less visible in modern American socialism, because in most instances, socialists would allow individuals to be the legal owners of capital and their own labor.[12] However, the economic significance of ownership is control over the use of an asset and of the income it generates, rather than the legal title by itself. In other words, the economic value of ownership is sharply diminished if the legal owner has little control and little of the income.[13]  Full ownership in the economic sense is rejected by socialists; they maintain that private owners left to themselves would not achieve full economies of scale and would continue exploiting workers. Public monopolies, “public options,” profit prohibitions, and the regulatory apparatus allow the socialist state to control asset use, and high tax rates allow the state to determine how much income everyone receives, without necessarily abolishing ownership in the narrow legal sense.

Historical socialists—such as Lenin, Mao, and Castro—ran their countries without democracy and civil liberties. Modern democratic socialists are different in these important ways. Nevertheless, even when socialist policies are peacefully implemented under the auspices of democracy, economics has much to say about their effects.

The Role of Incentives in Raising and Spending Money

Any productive economic system needs incentives: means of motivating effort, useful application of knowledge, and the creation and maintenance of productive assets. The higher an economy’s tax rates, the more its industries are monopolized by a public enterprise, and the more its goods and services are distributed free of charge, then the more disincentives reduce the value created in the economy. Mancur Olson’s famous 1965 book The Logic of Collective Action showed how large groups have trouble achieving common goals without individual incentives. As an important example, Olson disputed Marx’s claim that business owners were working together to reduce wages, even though Olson acknowledged that business owners would have greater profits if wages were lower. The paradox, Olson said, is that the market wage is the result of a great many employers’ individual actions. Any specific employer decides the wage and working conditions to offer based on its own profits, without valuing the effects of its decision on the profits of competing employers. The result of competition among employers is that wages are in line with worker productivity, even though wages below that would enhance the profits of employers as a group.

 

The kinds of free-rider problems analyzed by Olson are also a challenge for socialist planning, because the persons deciding on resource allocations— that is, how much to spend on a product and how that product should be manufactured and delivered to the final consumer—are different from those providing the resources and different from the final consumer who is ultimately using them. As the Nobel Prize–winning economist Milton Friedman demonstrated with his illustration of “four ways to spend money” (see figure 8-1), consumers in the market system spend their own money, and are therefore more careful how much to spend and on what the money is spent (Friedman and Friedman 1980). To the extent that they also use what they purchased—the upper left corner in figure 8-1—they are also more discerning, so that the items purchased are of good value. They will gather and consider information that helps compare the values of different options.

The upper right hand corner of figure 8-1 gives the case of spending one’s own money on someone else, which introduces inefficiencies because the recipient may place a lower value on the spending. The inefficiency of the lower left corner is exemplified by the larger spending that takes place when spending on oneself using other people’s money, as with fully reimbursed corporate travel or entertainment. The lower right category is the one applicable to government employees who spend tax revenue on government program beneficiaries; not only is there a tendency to overspend using other people’s money, but that spending may have little value from the perspective of program beneficiaries.[14]

Many presentations of socialist policy options, even those by expert economists, ignore the distinction between individual and group action stressed by Olson. The “Medicare for All” bills currently in Congress, for example, supposedly just swap household expenditures on health insurance that occur under a private system for household expenditures on taxes earmarked for the public program.[15] But this swap fundamentally changes the types of healthcare that are ultimately received by consumers, the size of the healthcare budget, and the size of the overall economy. In a private system, a consumer has some control over his or her spending on health insurance—by, for example, selecting a plan with different benefits, or switching to a more efficient provider. Insurers in a private system must be responsive to consumer demands if they want to attract and retain customers and thus stay in business.[16] Individuals also have little reason to economize on anything that they can obtain without payment (Arrow 1963; Pauly 1968).

In a socialist system, the state decides the amount to be spent, how it is spent, and when and where the services are received by the consumer. A consumer who is unhappy with the state’s choices has little recourse, especially if private businesses are prohibited from competing with the state (as they are under “Medicare for All”). It may be argued that “giant” private corporations also limit consumer choice, but this comparison ignores how corporations are subject to competition. For example, a consumer can purchase goods from Walmart rather than Amazon, not to mention a whole host of other retailers. Amazon is legally permitted to entice Walmart customers, and vice versa, with low prices, better products, free shipping, and so on. Whereas retail customers are not forced to open their wallets, giant state enterprises are guaranteed revenue through taxation and are often legally protected from competition.[1] Those who maintain that Amazon and Walmart are too large might note that the single-payer revenues proposed in “Medicare for All” will be about eight times the revenue for either of these corporations.[2]

Another problem with the socialist system is that “other people’s money” starts to disappear when the “other people” realize that they have little incentive to earn and innovate because what they receive has little to do with how much they make.[3] An important reason that people work and put forth effort is to obtain goods and services that they want. Under socialism, the things they want may be unavailable because the market no longer exists, or are made available without the need for working.

Noneconomists sometimes claim that high taxes do not prevent anyone from working, as long as the tax rate is less than 100 percent, because everyone strives to have more income rather than less. This “income maximization” hypothesis is contradicted by the most basic labor market observations, not to mention decades of research.[4] Earning additional income requires sacrifices (a loss of free time, relocating to an area with better-paying jobs, training, taking an inconvenient schedule, etc.), and people evaluate whether the net income earned is enough to justify the sacrifices. Socialism’s high tax rates fundamentally tilt this trade-off in favor of less income.

The Economic Consequences of “Free” Goods and Services

Because market prices reveal economically important information about costs and consumer wants, regulations and spending programs that distribute goods or services at below-market prices, such as those that are “free,” have a number of unintended consequences (Hayek 1945). Fewer goods and services will be produced, and what is produced may be misallocated to consumers with comparatively little need. We explain in this section why the very idea that a single-payer government program will use its market power to obtain lower prices is an acknowledgment that the program will be purchasing less quantity or quality.

On the demand side of a market, people vary in their willingness to pay for the product or service, and their willingness varies over time. The market system allocates the available goods to consumers who are willing to pay more than the market price, while those not willing to pay the price go without. Willingness to pay is related to income, but it is also related to “need,” at least as consumers perceive need. Consumers are, for example, willing to pay more for food when they are hungry and to buy health insurance when they are older. In this way, the market has a tendency to allocate goods and services when and to whom they are needed.

If the government decrees that a product shall be free, then something other than a willingness to pay the market price will determine who receives the available supply. It may be a willingness to wait in line, or political connections, or membership in a privileged demographic group, or a government eligibility formula (Shleifer and Vishny 1992; Barzel 1997; Glaeser and Luttmer 2003). By comparison with the market, giving a product away for free may sometimes have the effect of taking the good away from consumers when they need it most and transferring it to consumers when they need it least. As we show in chapter 4 of this Report, single-payer healthcare programs tend to reallocate healthcare from the old to the young. Centrally planned agricultural systems have, in effect, taken food products away from starving people in rural areas and transferred the products to urban consumers or sold them on the international market.

Prices that are below their competitive levels also affect supply. Although a single government payer has market power that it can use to reduce the incomes of suppliers, the price reduction is accomplished by reducing the quantity or quality of what it purchases in order to squeeze its suppliers.[5] This may be one reason why single-payer healthcare systems have longer appointment waiting times than in the U.S. system (see chapter 4 of this Report), and why “free” Nordic colleges yield lower financial returns than higher education in the United States, even though the Nordic returns include no tuition expense (see the Nordic section below).

Von Mises (1920) and Hayek (1945) emphasized the value of market prices for coordinating and executing decisions in complex economies and went so far as to assert that central planning is impossible because it eschews markets. Perhaps contrary to their expectations, centrally planned economies did survive for decades, although these economies performed poorly and survived so long only because of their deviations from the socialist program (Gregory 2004, 5–6).

Socialism’s Track Record

Socialism is a continuum. No country has zero state ownership, zero regulation, and zero taxes. Even the most highly socialist countries have retained elements of private property, with consumers sometimes spending their own money on themselves (Pryor 1992). This chapter therefore begins with the historically common highly socialist regimes, by which we mean countries that implemented the most state control of production and incomes for at least a decade.[6] Highly socialist policies continue “to have considerable emotional appeal throughout the world to those who believe that it offers economic progress and fairness, free of chaotic market forces” (Gregory 2004, x). Of more than a dozen countries meeting these criteria, this section emphasizes Maoist China, Castro’s Cuba, and the USSR under Lenin and Stalin, which are the subject of much scholarship, and Venezuela, which has been unusual as an industrialized economy with elements of democracy that nonetheless pursued highly socialist policies.[7]

Many of the highly socialist economies were agricultural, with state and collective farming systems implemented by socialist governments to achieve purported economies of scale and, pursuant to socialist ideology, to punish private landowners. Agricultural output dropped sharply when socialism was implemented, causing food shortages. Between China and the USSR, tens of millions of people starved. It took quite some time for sympathetic scholars outside the socialist countries to acknowledge that large, state-owned farms were less productive than small private ones.

The economic failures of highly socialist policies have been described at length by both survivors and scholars who have reviewed the evidence in state archives. Not only did highly socialist countries discourage the supply of effort and capital with poor incentives, but they also allocated these resources perversely because central planning made production decisions react to output and input prices in the opposite direction from those of a market economy.

Although agriculture is not a large part of the U.S. economy, present-day socialists echo the historical socialists by arguing that healthcare, education, and other sectors are unfair and unproductive, and they promise that large state organizations will deliver fairness and economies of scale. It is therefore worth acknowledging that socialist takeovers of agriculture have delivered the opposite of what was promised.

Present-day socialists do not want the dictatorship or state brutality that often coincided with the most extreme cases of socialism, and they do not propose to nationalize agriculture. However, the peaceful democratic implementation of socialist policies does not eliminate the fundamental incentive and information problems created by high tax rates, large state organizations, and the centralized control of resources. As we report at the end of this section, Venezuela is a modern industrialized country that elected Hugo Chávez as its leader to implement socialist policies, and the result was less output in oil and other industries that were nationalized.[8]

When evaluating the misalignment between the promises of highly socialist regimes to eliminate the misery and exploitation of the poor and the actual effects of their policies, it is instructive to look at a major guide that economists use to determine value: the revealed preference of the population—in other words, people voting with their feet. The implementation of highly socialist policies, such as in Venezuela, has been associated with high emigration rates. Perhaps more telling is that historically socialist regimes—such as the USSR, China, North Korea, and Cuba—have forcibly prevented people from leaving.

State and Collective Farming

State and collective farming (hereafter, “state farming”) is a historically common practice in highly socialist countries.[9] The state acquires private farmland, and often much livestock, by force. The land is organized in large parcels, typically about one per village, as compared with the multitude of parcels in a typical village before collectivization. Villagers are required to work on the land, with the output belonging to the state. Decisions are made by government employees and party apparatchiks, who may have had little or no experience or specialized knowledge in comparison with the original landowners (Pryor 1992). These decisions include devising and implementing complex systems of production targets and quality requirements (Nolan 1988).

The socialist narrative emphasizes exploitation and class struggle, which in an agricultural economy refers to the power dynamic that determines the division of agricultural income between landlords and farm workers. State farms purport to end the exploitation by eliminating the landlords, known as kulaks in the USSR.[10] Another advantage of state farms, from the socialist perspective, was economies of scale (Pryor 1992). In principle, the knowledge and techniques of the best farmer could be applied to all the land rather than the comparatively small plot that the best farmer owned.[11] Capital may be easier to obtain for a larger organization. Writing about the USSR in 1929, Joseph Stalin stressed transforming “agriculture from small, backward, individual farming to large-scale, advanced, collective agriculture, to joint cultivation of the land.” Writing about China in 1958, the British economist Joan Robinson asserted that “the minute fragmentation of the land” that prevailed before collective farming was a major source of inefficiency. The family itself was sometimes criticized as operating on too small a scale; in China, household utensils were confiscated and villagers were assigned to communal kitchens for eating and food preparation (Jisheng 2012).[12]

Eyewitnesses tell a different story concerning the operation of state farms, and central planning more generally. In Cuba and the USSR, for example, the managers of state farms were chosen from the ranks of the Communist Party, rather than because of management skill or agricultural knowledge (Dolot 2011).[13] “The state monopoly stifled incentives for increasing production,” describes a Chinese eyewitness (Jisheng 2012, 174–77). Production units sometimes had an incentive to produce less and to hoard inputs, in order to obtain more favorable allocations the next year (Gregory 1990).

Unintended Consequences

State farms reduced agricultural productivity rather than increasing it. The unwarranted faith in state farms had a doubly negative effect on agricultural output. Not only was less produced per worker, but workers were removed from agriculture, on the mistaken understanding that farming was becoming more productive (Conquest 1986) and would produce surpluses that would finance the growth of industry (Gregory 2004). For China and the USSR, both the lack of food and reliance on central planning, rather than market mechanisms, resulted in millions of deaths by starvation.

Statistics from highly socialist regimes are informative, but necessarily imprecise. Gregory (1990), Kornai (1992), and others explain how officials in these regimes deceive their superiors and the public. Refugees from the regimes may be free to talk after their escape, but they may not constitute a random sample of the populations they left and may have imperfect memories. Readers are advised that the estimates in this section are necessarily inexact.

In Cuba, the disincentives inherent in the socialist system sharply reduced agricultural production. As O’Connor (1968, 206–7), explains, “Because wage rates bore little or no relationship to labor productivity and [state farm] income, there were few incentives for workers to engage wholeheartedly in a collective effort.” Table 8-1 shows the change in agricultural production in Cuba spanning the agrarian reform period of 1959–63, when about 70 percent of farmland was nationalized (Zimbalist and Eckstein 1987). Production of livestock fell between 14 percent (fish) and 84 percent (pork). Among the major crops, production fell between 5 percent (rice) and 75 percent (malanga). The biggest crop, sugar, fell 35 percent. There was not a major Cuban famine, however, because of Soviet assistance and emigration.[14]

The CEA also notes that, though Cuba had a gross national income similar to that of Puerto Rico before the Cuban Revolution in the late 1950s, by 2000 the Cuban gross national income had fallen almost two-thirds relative to Puerto Rico’s.[15]

In the USSR, the collectivization of agriculture occurred with the First Five-Year Plan, from 1928 to 1932. Horses were important for doing farm work, but their numbers fell by 47 percent, in part because nobody had much incentive to care for them when they became collective property (Conquest 1986). In the Central Asian parts of the USSR, the number of cattle fell more than 75 percent, and the number of sheep more than 90 percent (Conquest 1986). Looking at official Soviet data for about 1970, Johnson and Brooks (1983) concluded that the entire program of socialist policies—“excessive centralization of the planning, control, and management of agriculture, inappropriate price policies, and defective incentive systems for farm managers and workers and for enterprises that supply inputs to agriculture”—was reducing Soviet agricultural productivity about 50 percent.[16]

A famine ensued in 1932 and 1933, and about 6 million people died from starvation (Courtois et al. 1999).[17] The death rates were high in Ukraine, a nor mally fertile region from which the Soviet planners had been exporting food.[18] Figure 8-2 shows the time series for Ukrainian deaths by sex, along with births. This time series also appears to show that millions more people were not born because of the famine.

Mao’s government implemented the so-called Great Leap Forward for China from 1958 to 1962, including a policy of mass collectivization of agriculture that provided “no wages or cash rewards for effort” on farms.[19] The per capita output of grain fell 21 percent from 1957 to 1962; for aquatic products, the drop was 31 percent; and for cotton, edible oil, and meat, it was about 55 percent (Lin 1992; Nolan 1988).[20] During the Great Chinese Famine from 1959 to 1961, an estimated 45 million people died (Dikӧtter 2010). Figure 8-3 shows the time series for deaths and births, which form a pattern similar to Ukraine’s, except that the absolute number of deaths was an order of magnitude greater.

Failed agricultural policies are not the only way that civilians died at the hands of their highly socialist state. Rummel (1994), Courtois and others (1999), Pipes (2003), and Holmes (2009) document noncombatant deaths in the Soviet Bloc, Yugoslavia, Cuba, China, Cambodia, Vietnam, Laos, North Korea, and Ethiopia. These deaths exclude deaths in military combat but include deaths in purges, massacres, concentration camps, forced migration, and both escape attempts and famines. The death rate in famines was particularly high in North Korea, where about 600,000 people died from starvation in the late 1990s out of a population of about 22 million (Goodkind, West, and Johnson 2011).[21] Cambodia’s Communist period was especially violent.

 

The total noncombatant civilian deaths in the highly socialist countries were a combination of the effects of government takeovers of important industries and brutal political systems. Modern American socialists are against state brutality. But it is a mistake to ignore the highly socialist tragedies altogether, because it was high taxes, large state organizations, and centralized control that delivered the opposite of what was promised and forced consumers to endure intolerably small supplies of food and other consumer goods. In other words, the low output of state farms and centralized planning were results of economic failures that cannot be rectified with more peaceful implementation. Venezuela, discussed below, is a case in point.

Though the nationalization of agriculture depressed output, the privatization of the same land brought it surging back. Johan Norberg explains how, when Chinese villagers began to (secretly) privatize their land, the “farmers did not start the workday when the village whistle blew any longer—they went out much earlier and worked much harder. . . . Grain output in 1979 was six times higher than the year before.”[22]

Although socialist policies are ostensibly implemented to reduce poverty and inequality, it was the end of highly socialist policies in China that brought these results on a worldwide scale. China’s major reforms began in 1978, which is about the time that the poverty rate in China, and therefore world poverty rates and world inequality, began a remarkable decline (Sala-i-Martin 2006).[23] Policy changes in India also coincided with reduced poverty in that country, although it is debated whether the early Indian policies were socialist (Basu 2008). The end of socialism in the USSR increased poverty there, but this was not enough to offset, by worldwide measures, the progress elsewhere in the world (Pinkovskiy and Sala-i-Martin 2009).

Lessons Learned

Before the First Five-Year Plan, the USSR’s economists had observed the productivity losses that came with attempts to collectivize farming. Conquest (1986, 108) describes how they “still defended small scale agriculture in 1929—but soon had to repudiate that position.” The political leadership then prohibited the types of economic analysis that might show the opportunity costs of state farms (Conquest 1986).

Although the eyewitnesses saw in real time the economic problems with large state organizations, some distinguished economists outside the socialist countries dismissed evidence that might suggest socialism to be a failure in the USSR or China. For instance, Paul Samuelson (1976), the first American to win the Nobel Prize in economics, expressed surprise that the Soviet collective farms were not more productive than private land allotments. As recently as 1989, Samuelson and William Nordhaus (1989, 837) were still writing that “the Soviet economy is proof that, contrary to what many skeptics had earlier believed, a socialist command economy can function and even thrive.” John Gurley (1969), one of the 11 economists during the history of the American Economic Review who have served as its managing editor, wrote that “the basic overriding economic fact about China is that for twenty years it has fed, clothed, and housed everyone, has kept them healthy and has educated most. Millions have not starved.”[24] As recently as 1984, John Kenneth Galbraith asserted that “the Russian system succeeds because, in contrast with the Western industrial economies, it makes full use of its manpower.”[25]

The infamous journalist Walter Duranty privately estimated that 7 million people died from the Soviet famine, but instead he published Soviet-censored descriptions in the New York Times during those years.[26] Meanwhile, the highly socialist governments themselves eventually acknowledged the value of private enterprises. As a means of increasing national output, Cuba, China, the USSR, and other highly socialist countries eventually permitted private enterprises both in and outside the agriculture sector to coexist with state-owned enterprises.[27]

Central Planning in Practice

The Soviet leadership promised that “scientific planning” would replace the “chaos of the market,” whereas in practice central planning proved primitive, unreliable, and incapable of adjusting to change (Lazarev and Gregory 2003). Centralized deliveries were notoriously unreliable; managers relied on informal markets to exchange materials outside the official plan. Adding to managerial confusion and uncertainty was the fact that plans were constantly being changed based on interventions by ministry and party officials (Gregory 2004). Consumer goods were allocated based on coupon rationing or standing in line; illegal markets also proved to be more reliable for obtaining consumer goods.

Ludwig Von Mises (1990) and F. A. Hayek (1945) warned that planning an economy without prices, profit motives, and incentives is impossible. Managers in planned economies were government employees who lack incentives and even guidance to run their factories. On a more practical level, planning complexity meant that only a few commodities could be planned from the center, and then only in the form of crude aggregates like square meters of cloth or tons of steel (Zaleski 1980).

The first two five-year plans were grossly underfulfilled (Zaleski 1980). Soviet plan fulfillment improved over time, but this was not a sign of “better” planning. Rather, Soviet planners institutionalized “planning from the achieved level,” which meant that the current operational plan was almost entirely last year’s plan plus marginal adjustments (Birman 1978). Planning from the achieved level froze Soviet resource allocation in place and, curiously, created opposition to technological change as a disruptive threat to the plan.

Central planning ultimately proved to be a rather complex—and unplanned—mixture of political intervention, petty tutelage, and illegal markets (Zaleski 1980, 486; Lazarev and Gregory 2003; Gregory 2004, 189).

The Case of Venezuela Today: An Industrialized Country with Socialist Policies

Venezuela is not an agricultural economy, but in pursuing socialist policies, it nationalized important parts of its economy, implemented effectively high marginal tax rates, and centrally controlled prices of consumer and other goods. As with the other highly socialist countries, its state-owned enterprises have proven to be unproductive. Millions of people have already fled the country.

The economies of the highly socialist countries described above are agricultural and labor intensive. An oil-rich country such as Venezuela that managed its oil assets well and paid cash royalties to its citizens independent of how much they earn could in principle be providing income for its citizens with zero marginal tax rates.[28] The economy could also be unregulated and without state-owned enterprises (with oil assets rented to private businesses to operate), and therefore not be socialist in any aspect of the definition introduced in the “Economics of Socialism” section above. However, this is not the path taken by Venezuela over the past 20 years, when it nationalized most oil assets and many other businesses, implemented effectively high marginal tax rates, and centrally controlled prices of consumer and other goods.

In 1999, “Hugo Chávez convinced the people of Venezuela they were being robbed by the greedy oil companies, dramatically raised taxes and royalties on new and existing projects. . . . The state-owned oil entity no longer possessed the know-how to develop its resources and production began declining” (Oil Sands Magazine 2016). Oil revenues were spent on generous social programs rather than on investing in the country’s oil production capacity or cutting taxes (Economist 2017; Monaldi 2018).[29] As shown in figure 8-4, Venezuela’s oil production has been declining, while production in Canada, which has petroleum resources similar to Venezuela’s, has been increasing.[30]

Venezuela nationalized several other businesses, ranging from cell phones to medicines. According to Transparency International (2017, 52), “From 2001 to 2017, the Venezuelan state went from owning 74 public enterprises to 526, four times more than Brazil (130) and ten times more than Argentina,” and by 2016 state enterprise employment reached 6 percent of the entire workforce.

Earning and spending are heavily taxed in Venezuela. The top rate on personal income is 34 percent, plus 11 percent for payroll. The value-added tax rate is 16 percent. Inflation is a tax implicitly paid while a worker or consumer holds currency; even during normal times, inflation was 2 percent a month. Import restrictions are relevant because, in a well-functioning economy based on natural resources, many consumer goods would be imported. Currency transactions, and international financial transactions generally, are tightly controlled, which means that an importer would in effect pay a tax when obtaining the foreign currency required to purchase foreign goods. As of 2012, the import tariff rate was 12.1 percent on nonagricultural goods. Imports are also at risk of theft by the border patrol. If we take the foreign exchange and import theft rates to each be 10 percent, this puts the overall tax rate on earning for the purpose of obtaining consumption goods at over 60 percent (this applies a 48 percent import share to consumption).

The Venezuelan economy does not benefit from price signals in the way that less-regulated economies do. High inflation, which is expected to reach 1 million percent a year in 2018, makes it difficult to discern relative prices (Fischer, Hall, and Taylor 1981). Even without inflation, many prices are not determined by the market. In Venezuela, the 2011 Law of Fair Costs and Prices gives the Superintendency of Fair Costs and Prices (known as SUNDECOP) “broad authority to regulate the prices of almost all goods and services sold to the public,” deciding “whether prices are ‘fair’ and to identify businesses that make ‘excessive profits through speculation’” (USTR 2013). “Basic goods like flour and aspirin had fixed prices and were so cheap that companies had no incentive to make them” (Kurmanaev 2018).

Emigration has proven to be an important way in which Venezuelan policies have reduced the supply of goods and services. Talented workers have emigrated from the oil industry and from medical practices (Dube 2017). Overall, about 2 million people have emigrated from the country in recent years (Alhadeff 2018).

Economic Freedom and Living Standards in a Broad Cross Section of Countries

Of course, not all countries have pushed socialist policies to the extremes discussed in the previous section. To the extent that socialist policies would involve lesser increases in tax rates, the extensive literature on the effects of taxation could be used to assess some of the consequences of more moderate socialism, which is an approach pursued in the “Medicare for All” section of this chapter.[31] But the tax literature does not address state-owned enterprises and centralized price setting, or how these practices interact with high tax rates.

An extensive economic growth literature is helpful in this regard because it documents a relationship between real GDP and the degree of socialism, measured in a large sample of countries as the opposite of economic freedom.

The studies suggest that moving U.S. policies to highly socialist policies would reduce real GDP at least 40 percent in the long run. Alternatively, adopting a 1975 Nordic level of socialism, which is about halfway toward our highly socialist benchmark of 2014 Venezuela, would reduce real GDP by at least 19 percent in the long run.[32] These effects are similar to those obtained with alternative methods in the final two sections of this chapter.

The growth studies mainly rely on the Fraser Institute, which in 1996, in conjunction with 10 other economic institutes, published the book Economic Freedom of the World 1975–1995. Fraser has subsequently provided annual updates of its Economic Freedom of the World (EFW) Index, which measures the degree to which the policies and institutions of countries are supportive of economic freedom. Forty-two indicators are used to construct a summary index for each country and year that ranges between 1 for the least free and 10 for the most free. The indicators are aggregated to five main categories, which are then given equal weight in the overall index. The first category is the size of the government in terms of spending, taxation, and the size of governmentcontrolled enterprises. The second is the legal system and property rights in terms of the protection of persons having such rights. The third category is referred to as “sound money,” which measures policies related to inflation. The fourth is free international trade, which means that citizens are free to trade with other countries. And the fifth category is limited regulation, which addresses the freedom to exchange and trade domestically. Note that each category is an indicator of economic freedom, rather than political freedom or civil liberties.

Of particular interest in this chapter are the recent EFW Index values for the U.S. (8.0), the Nordic countries (averaging 7.5), and Venezuela (2.9).[33] Venezuela in 2016 was one of the least free in the entire country panel.[34] Also of interest is the Nordic average in 1975 (5.5), which was about when socialism peaked in those countries. In other words, the Nordic countries were once about halfway between where the U.S. and Venezuela have been recently, but now have economic freedoms that are much closer to those of the U.S.

The EFW Index is related to our discussion of more socialist policies that involve increased public financing, public production, and regulations that replace each citizen’s ability to spend his or her own money on himself or herself with the government’s spending other people’s money on others. As reviewed by Hall and Lawson (2014), the EFW Index has been cited and utilized in hundreds of academic articles. Their review discusses 402 articles, of which 198 used the EFW Index as an independent variable in an empirical study. They report that over two-thirds of these studies found economic freedom to correspond to improved types of economic performance, such as faster growth, better living standards, and more happiness, as well as other measures.

In particular, a large subliterature focuses on the correlation between the EFW Index and economic investment and growth, as reviewed by De Haan, Lundström, and Sturm (2006). One major study—by Gwartney, Holcombe, and Lawson (2006)—found that a 1-unit increase in the EFW Index from 1980 to 2000 was associated with a 2.6-percentage-point increase in private investment as a share of GDP, and thereby with a 1.2-percentage-point increase in annualized economic growth over 20 years.[35] This suggests that going from the U.S. EFW level to Venezuela’s would reduce GDP by about two-thirds after 20 years.[36] Going back to 1975, Nordic values of the EFW Index would reduce GDP more than 40 percent.

Another study, by Easton and Walker (1997), found effects that are smaller although still economically significant. They estimate the elasticity of the steady state level of GDP per worker with respect to the EFW Index as 0.61, so that going to Venezuela’s EFW would reduce real GDP per worker by about 40 percent in the long run.[37] With the 1975 Nordic value of EFW, long-run GDP per worker would be reduced at least 19 percent. To the extent that socialism reduces the fraction of the population that works, the reductions in GDP per capita are even greater.

This evidence is suggestive as to the opportunity costs of socialism, but of course cross-country correlations are not necessarily causal. Moreover, the EFW Index is not exactly the inverse of socialism, and the various ingredients of the index can be difficult to measure. This evidence therefore needs to be considered together with the case studies in the high-socialism and Nordic sections as well as the tax-impact analysis in the “Medicare for All” section.

The Nordic Countries’ Policies and Incomes Compared with Those of the United States

The Nordic countries include Denmark, Finland, Iceland, Norway, and Sweden. This section looks at these countries in more detail because they are often singled out as supposedly having socialist policies and admirable economic outcomes. Combining state, local, and central governments, public spending is about half of GDP in the Nordic countries, as compared with 38 percent of GDP in the United States (OECD 2018b). However, the Nordic countries today are hardly socialist, because they have internationally low corporate taxes, have low regulation of business, allow the private sector to participate in the provision of primary and secondary schooling, link full social benefits to having a work history, and require cost sharing for healthcare at the time of service.[38] Though these countries have universal-coverage health insurance, they do not impose a single payer on the entire nation, despite being more homogeneous countries than the United States (Anell, Glenngård, and Merkur 2012; Vuorenkoski, Mladovsky, and Mossialos 2008; Olejaz et al. 2012; Ringard et al. 2013; Sigurgeirsdóttir, Waagfjörð, and Maresso 2014).[39]

We find that today, the Nordic countries’ marginal tax rates on labor income are not in fact far above those in the U.S., once implicit employment and income taxes are considered. The Nordic countries’ living standards are still at least 15 percent lower than those of the U.S., in large part because people work less. The private and social returns to a college education are higher in the U.S., even though college education is at least as common here. These results are consistent with the basic economic idea that redistribution and single-payer systems have significant costs in terms of reducing national incomes.

The Nordic countries themselves recognized the economic harm of high tax rates vis-à-vis creating and retaining businesses and motivating work effort, which is why their marginal tax rates on personal and corporate income have fallen 20 or 30 points, or more, from their peaks in the 1970s and 1980s (Stenkula, Johansson, and Du Rietz 2014).

Measuring Tax Policies in the Nordic Countries

The Nordic countries are reputed to have taxes that are higher but “fairer” than those in the United States. However, the Nordic-country average tax rate on capital income is lower than in the United States, even since the Tax Cuts and Jobs Act lowered the top U.S. statutory corporate tax rate by 13 percentage points.[40] Nordic taxes on labor are only somewhat higher than in the United States, especially once implicit taxes are acknowledged.

A key difference between Nordic and U.S. taxation is that the former is broader based and the latter is considerably more progressive. With lower thresholds for their income tax brackets, the Nordic economies apply their highest marginal tax rate to taxpayers earning only a marginally above-average income, meaning that low- and middle-income tax filers face substantially higher average rates in the Nordic countries than in the United States. Moreover, the Nordic countries rely more heavily on value-added, or consumption, taxes, which are not progressive. The higher tax revenue share of GDP in the Nordic economies is thus predominantly accounted for by a broader base, rather than by “taxing the rich.” As shown below, Senator Bernie Sanders is currently proposing tax rates that are above the Nordic-country average in six of seven tax categories, with the exception being sales / value-added taxes.[41]

As shown in table 8-2, the corporate income tax rate in the Nordic countries ranges from 20 to 23 percent, which was about half the U.S. Federal and State statutory rate until 2018. Other tax rates vary significantly among the Nordic countries. The top personal rate on dividend income is 29 percent in the U.S., compared with 22 percent in Iceland, 29 percent in Finland, 30 percent in Sweden, 31 percent in Norway, and 42 percent in Denmark. Sweden and Norway have no estate tax, while the top estate tax rates range from 10 to 19 percent in the other three Nordic countries, as compared with 43 percent in the U.S.[42]

Senator Sanders has made specific proposals for the taxation of capital in the United States. He voted against cutting the corporate income tax, which in 2016 had the Organization for Economic Cooperation and Development’s (OECD’s) highest combined statutory rate of about 39 percent for Federal and State taxes combined, and he now supports repealing the cut (Bollier 2018). This rate is well above where the U.S. and the Nordic countries are now. The senator has proposed a 68 percent rate on dividends and capital gains, which is more than double, or about 39 points above, where the U.S. is now.[43] He has also proposed adding 24 points to the top estate tax rate, even though the U.S. rate is already well above Nordic rates.

The Nordic countries are similar to the U.S. in terms of their payroll tax rates (combined for employer and employee) and the top personal income tax rate.[44] Even excluding implicit taxes, the overall top marginal tax rate on personal income in the United States in 2017, 46.3 percent (as calculated by the OECD), was only 3 percentage points below the Nordic average of about 50 percent.[45] Senator Sanders also proposes increasing both payroll and personal income tax rates above the Nordic average, especially as regards the top personal rate.

None of the entries in table 8-2 incorporate implicit taxes, which refer to the loss or gain of transfer income that occurs when a household works or earns more. In the Nordic countries, implicit tax rates can be negative because working or earning more entitles a person to additional transfer income that helps offset some of the extra payroll, income, or sales tax that he or she will pay. In other words, a Nordic citizen with a history of working or earning more will receive a greater benefit when he or she has earned more in the past. For example, work is required in order to be eligible for full paid family leave, unemployment, or retirement benefits.[46] As a result, the disincentive to work in a Nordic country may be somewhat less than what is shown in table 8-2.

In the U.S., working and earning does cause a program beneficiary to lose benefits, which is not the case for Nordic-country health and other benefits. In other words, U.S. programs tend to have positive implicit taxes on work because the people who work and earn more are paid fewer benefits.[47] Table 8-2 shows a gap between Nordic and U.S. marginal tax rates on labor income, but the true gap would likely be smaller if implicit taxes were fully considered.

Margaret Thatcher (1976) observed that “socialism started by saying it was going to tax the rich, very rapidly it was taxing the middle income groups. Now, it’s taxing people quite highly with incomes way below.” Obtaining large amounts of tax revenue ultimately involves resorting to high tax rates on the poor and middle class because these groups in the aggregate generate much of the Nation’s income—what economists call “widening the tax base” (Becker and Mulligan 2003). Another way that the Nordic countries broadly levy high rates is with a value-added tax (VAT), which is essentially a national sales tax. Regardless of whether they are rich, poor, or in between, Nordic consumers are required to pay an additional VAT of 24 or 25 percent on their purchases, on top of all the other taxes that they pay.[48] By comparison, in the U.S. sales are taxed by States rather than the Federal government, but no State has a rate much above 10 percent, and the national average sales tax rate is about 6 percent. Excise taxes and nonrecurrent taxes—which include carbon taxes and sales taxes on specific products such as gasoline, tobacco products, alcoholic beverages, and automobiles—are also higher in the Nordic countries (see the second-to-last row of table 8-2).

Even without the VAT, the high Nordic rates apply to everyone, not just high-income households. The OECD prepares a measure of progressivity that is the share of nationwide household taxes paid by the top 10 percent of citizens (ranked by their income), expressed as a ratio of the share of national aggregate income.[49] The ratio would be 1 if the household taxes were a fixed proportion of income. A regressive tax would have a ratio less than 1; a progressive tax would have a ratio greater than 1. As shown in table 8-2’s last row, four of the Nordic countries have essentially proportional household taxes.[50] The average progressivity of all five countries is 1.01, which is 0.34 less progressive than in the U.S.

Another indication of the progressivity of U.S. income taxation relative to the Nordic countries is the threshold, expressed as a multiple of the average wage, at which the top marginal income tax rate comes into effect.[51] As shown in figure 8-5, in the United States, the top marginal rate only applies to income above 8 times the average wage. In contrast, on average, in the Nordic countries the top marginal income tax rate applies to income that is only 1.5 times the average wage. Indeed, in Denmark, earnings that are just 1.3 times the average are already subject to the top tax rate. To put this in perspective, if the U.S. tax code were as flat as that of Denmark, a filer earning just $70,000 a year (about in the middle of the household income distribution) would already face the top marginal personal income tax rate of 46.3 percent, whereas the U.S. code allows a filer to earn as much as 6 times that, or $423,904, before paying the top rate.

Lower personal income tax progressivity in the Nordic countries, combined with lower taxation on capital and, on average, only modestly higher marginal personal income tax rates on the right tail of the income distribution, means that a core feature of the Nordic tax model is higher tax rates on average and near-average income workers and their families. That is, contrary to the assertions of American proponents of Nordic-style democratic socialism, the Nordic model of taxation does not heavily rely on punitive rates on high income households but rather on imposing high rates on households in the middle of the income distribution. This is illustrated in table 8-3, which reports that even after accounting for transfers, a one-income couple earning the average wage, with two children, faces an all-in average personal income tax rate of 22 percent in the Nordic countries (counting government transfers as a negative tax), as compared with a rate of 14.2 percent in the United States. This comparison for the various family types suggests that American families earning the average wage would be taxed $2,000 to $5,000 more a year net of transfers if the United States had current Nordic policies.

Measuring Regulation in the Nordic Countries

According to the Fraser Institute’s Economic Freedom of the World Index, the Nordic economies—and particularly Denmark and Sweden—are above the OECD mean with respect to regulatory freedom, while the Heritage Foundation ranks all the Nordic economies higher than the United States for business freedom (Gwartney, Lawson, and Hall 2017; Miller, Kim, and Roberts 2018). OECD data show that the Nordic countries have less regulation in their product markets and more regulation in their labor markets in comparison with the United States. The Nordic countries are fairly similar to the average OECD member country on the regulation measures.

The top rows of table 8-4 show how the OECD ranks all five Nordic countries as having less product market regulation than the United States, largely due to Nordic deregulation actions over the past 20 years. In comparison with the Nordic countries, the study finds the United States to be especially high on price controls and command-and-control regulation of business operations.[1] As shown in chapter 2 of this Report, the Trump Administration has taken steps to reduce the costs of Federal regulations and to prevent the regulatory state from growing as it had in the past.

Unlike the United States, the Nordic countries do not have minimum wage laws, although the vast majority of jobs have wages limited by collective bargaining agreements. The Nordic countries have more employment protection legislation, which can make labor markets more rigid, although the Nordic economies obtain labor market flexibility with intensive use of temporary employees.[2]

Income and Work Comparisons with the United States.

The average real GDP per capita in the United States is about 20 percent above the averages in Denmark, Finland, Iceland, and Sweden. The comparison with Norway is also similar, if we adjust for Norway’s large oil income. Indeed, Alaska and North Dakota—U.S. States that, like Norway, have high energy production per person—enjoy per capita GDP that is 15 and 4 percent higher, respectively, than Norway’s.

Adults in Denmark and Norway work about 20 percent less, and in Sweden and Finland about 10 percent less, than American adults do, while work hours are similar in Iceland and the United States. Arguably, the citizens of these countries are partly “compensated” for lower incomes in terms of having additional free time, but note that all the countries have significant taxes on labor so that the national value of free time is less than the private value.[3]

To begin understanding the financial consequences of living in a Nordic country rather than the U.S., consider the cost of owning and operating a Honda Civic sedan, which is one of the more popular personal vehicles in the U.S. We take the case of a standard four-door Civic, which is available in all the Nordic countries (see figure 8-6). The car’s base price in the U.S. is $20,568 (including a 5.75 percent average vehicle sales tax), as compared with $39,617 in Denmark (including the VAT and vehicle taxes). Fuel taxes, which are higher in the Nordic countries than in the U.S., also add to the cost of ownership in the Nordic countries. In Denmark, for example, personal vehicles are excise taxed at 85 percent of the sticker price for the first $30,000, and an additional 150 percent tax is added for more than $30,000. As a result, owning and operating the automobile costs Danish consumers substantially more than it costs American consumers. In the U.S., the average annual cost of owning a Honda Civic, accounting for the purchase price and fuel costs, is $4,175. The average consumer in Denmark, for example, must pay $7,874 each year to afford a Civic. The greater ownership costs in the Nordic countries reflect a combination of higher retail prices (including the VAT), higher fuel costs, and other combinations of registration and owner taxes.

Figure 8-7 extends the automobile results to all goods and services in the economy by using real income and production statistics. The blue bars show real GDP per capita in the home country relative to the average for the entire U.S.[4] Four of the bars are negative, meaning that those countries have less GDP per capita. Despite being an oil-rich country, Norway’s average GDP per capita is only somewhat above the U.S. average, and is 13 percent below the average GDP per capita in the oil-rich State of Alaska (not shown in the figure).

Furthermore, it has been noted that the true U.S./Nordic output gap is likely even greater because the U.S. has more nonmarket household production, such as at-home child care or home schooling, than the Nordic countries do. Nordic countries tend to do more of their child care in the marketplace because child care is a government job. As Sherwin Rosen (1997, 82) described Sweden, “a large fraction of women work in the public sector to take care of the children of other women who work in the public sector to care for the parents of the women who are looking after their children. If Swedish women take care of each other’s parents in exchange for taking care of each other’s children, how much additional real output comes of it?”

Figure 8-7’s red bars show the per capita income of people with Nordic ancestry living in the U.S., and who therefore are not subject to Nordic tax rates and regulations.[5] They have incomes of about 30 percent more than the average American and, based also on the red bars, about 50 percent more income than the average in their home country. This suggests that the incomes of Nordic people are not lower because, apart from public policy, low incomes are somehow cultural.

However, the difference between the incomes of Nordic people in the U.S. and Nordic people living in the Nordic countries is too large to be entirely due to policy differences between the two sets of countries. One contributing factor may be that ancestry is self-reported and that, holding actual ancestry constant, the propensity to identify with Nordic ancestry may be correlated with income. Another factor may be that there was positive self-selection bias among Nordic emigrants to the United States. That is, those who emigrated from the Nordic countries to the United States would be earning more than the home country average if they and their families had not emigrated.[6]

Another indicator of differences in material well-being in the Nordic economies and the United States is average individual consumption per head.[7] Table 8-5 reports average individual consumption per head at current prices and exchange rates, adjusted for purchasing power parity, with the United States indexed to 100. In 2016, the most recent year for which data are available, average individual consumption per head was 31 percent lower in Denmark than in the United States, and 32 percent lower in Sweden than in the United States. The only Nordic economy in which average consumption is within 20 percent of the U.S. level is Norway, where average consumption per head is 82 percent of the U.S. level.

Though the Nordic economies exhibit lower output and consumption per capita, they also exhibit lower levels of relative income inequality as conventionally measured. Table 8-6 reports Gini coefficients, a standard way of measuring inequality, for disposable income after taxes and transfers in the Nordic economies and the United States in 2015. On average, the U.S. Gini coefficient is about 0.1 percentage point higher than the Nordic economies’, indicating higher relative income inequality. The Palma ratio—the ratio of disposable income at the 90th percentile to disposable income at the 50th percentile—is also higher in the United States than in the Nordic countries, as reported in table 8-6.

However, by some measures, even low-income American households have better living standards than the average person living in a Nordic country. Using 1999 data, Fredrik Bergström and Robert Gidehag (2004) found that all the States of the United States had a smaller percentage of households with incomes below $25,000 than Sweden did. As a country, the percentage was less than 30 for the United States, as compared with more than 40 for Sweden. Robert Rector and Kirk Johnson (2004) reviewed evidence from a sample of 15 European countries and found that homes were smaller for the average in all three of the sample’s Nordic countries (Denmark, Finland, and Sweden) than they were for poor households in the United States. Conversely, though the OECD Gini database shows median incomes to be greater in the United States than in Denmark, Finland, Iceland, and Sweden, it shows the opposite at the 10th percentile of the income distribution.[8]

Returns to “Free” Higher Education in the Nordic Countries

An OECD (2018a) study of education systems reports that college tuitions are zero in Denmark, Finland, and Norway.[9] Given that modern American socialists advocate free college tuition and stipends paid for by the Federal government (i.e., taxpayers), it is worth looking at the Nordic experience in this area to see whether, consistent with the economics of socialism, offering college for free (to the student) affects its quality.[10]

The same OECD study estimates that, though many American students pay tuition, Americans are somewhat more likely to attain tertiary (post–high school) education on average.[11] In comparison with the tertiary schooling returns in the Nordic countries, American college graduates earn their tuition investment back with interest, and also a lot more. To put it another way, the rates of return to a college education in the Nordic countries are low, and propensities to invest in it are not high, despite the fact that such an investment requires no tuition payments out of pocket.

Figure 8-8’s bars, measured in U.S. dollars adjusted for purchasing power parity, show the OECD’s estimates of the possibly negative net present financial value of a college education in the four countries, for men, discounted with an 8 percent interest rate.[12] The OECD’s estimates of the financial payoff to a U.S. college education are far greater, despite the fact that tuition payments count as negatives in the calculations.

The calculations are comparing two lifetime cash-flow profiles: (1) beginning work after high school and getting the earnings (after taxes) associated with that level of education; and (2) earning nothing during the college years, and paying tuition (if any), but then earning (after taxes) associated with a college education. Note that high school profile 1 has positive cash flows during the college ages, whereas college profile 2 has negative or zero cash flows according to the amount of tuition. A positive value means that investing the positive college age cash flows from the high school profile 1 at 8 percent yields less than the borrowing to pay tuition if any and then enjoying the extra earnings associated with college. A negative value, as for Norway, means that a student who could invest his or her high school earnings at 8 percent a year (real) would be financially ahead by working rather than going to college. The U.S. value of $108,700 means that the present value (discounted at 8 percent) of the college profile 2 exceeds the present value of the high school profile 1 by $108,700.[13]

Taxes and tuition subsidies are among the reasons that the financial value of a college education varies across countries. Their effects on the results can be removed by looking at earnings before taxes and by including public tuition subsidies as a cost. Even from this social (private plus public) perspective, the U.S. financial return is more than double the Nordic returns.[14] This is consistent with the economic hypothesis advanced in the “Economics of Socialism” section above that making a good “free” reduces its quality.[15]

Socialized Medicine: The Case of “Medicare for All”

Over the next few decades, the health sector is projected to grow to a fourth or even a third of the U.S. economy (CMS 2018a), which demonstrates the great importance of health to Americans and why the Trump Administration is pursuing market reforms to reduce prices and enhance quality. At the same time, a free, single-payer healthcare system continues to be the cornerstone of current socialist policy proposals in the United States. The Senate and House “Medicare for All” (M4A) plans, sponsored or cosponsored by 141 members of the 115th Congress, are designed to use the scale economies of a public monopoly to sharply cut costs (S. 1804; H.R. 676).[16] These plans make it unlawful for a private business to sell health insurance, or for a private employer to offer health insurance to its employees. Although, at the time of passing the Affordable Care Act, it was promised that consumers could keep their doctor or their plan, M4A takes the opposite approach: All private health insurance plans will be prohibited after a four-year transition period (box 8-1).[17]

This section relates “Medicare for All” to the economic issues raised above. According to the Senate and House bills, M4A would be a Federal program having a nationwide monopoly on health insurance. The price paid to the government monopoly, the analogue to revenue received by private health insurance plans, would be determined through tax policy.

Echoing historic claims about state-run enterprises, it is claimed that the government monopoly would be more productive by avoiding “waste” on administrative costs, advertising costs, and profits and would use its bargaining power to obtain better deals from healthcare providers. It is routinely claimed that single-payer programs are more efficient.[18]

Socialized medicine is an important example of the issues raised by Milton Freidman’s four spending categories portrayed in figure 8-1 above. It has individuals (government employees) spending other people’s money (tax revenue) on other people than themselves (program participants). The quality or productivity of health insurance would be determined through centrally planned rules and regulations. As opposed to a market with competition, if a patient did not like the tax charged or the quality of the care provided by the government monopoly, he or she would have no recourse. In addition, price competition in healthcare itself, as opposed to health insurance, would be eliminated because all the prices paid to providers and suppliers of healthcare would be set centrally by the single payer. Chapter 4 of this Report shows how in fact single-payer healthcare systems have delivered lower quality healthcare in terms of wait times, patient survival rates, and rates of healthcare innovation.

A smaller economy is another adverse effect, due to M4A’s disincentives to work and earn. If financed solely through higher taxes, we find that the program would reduce long-run GDP by 9 percent and household incomes after taxes and health expenditures by 19 percent.

Box 8-1. What Is “Medicare for All”?

“Medicare for All” (M4A) bills introduced in the U.S. Senate and House of Representatives propose a “free,” single-payer, universal coverage healthcare system” (S. 1804; H.R. 676). All private health insurance plans, including those now serving more than 150 million Americans who have employer-provided insurance and more than 40 million Medicare enrollees, would be prohibited after a four-year transition period.

As a “free” program, all financing would come from Federal revenues rather than premiums from members or cost sharing at the time of service.

As a single-payer system, the proposal makes it unlawful for a private business to sell health insurance, or for a private employer to offer health insurance to its employees, where health insurance refers to any insurance that covers “medically necessary or appropriate” hospital services, ambulatory patient services, primary and preventive services, prescription drugs, medical devices, biological products, mental health services, substance abuse treatment, laboratory/diagnostic services, reproductive care, maternity care, newborn care, pediatrics, oral health services, audiology services, vision services, or short-term rehabilitative and habilitative services and devices (sections 107 and 201 of the “Medicare for All” Act of 2017 and section 104 of the House bill). The House bill (section 102) goes further with dietary and nutritional therapies, long-term care, palliative care, chiropractic services, and podiatric care all prohibited from coverage by private or employer plans.

As a universal coverage system, all U.S. residents would be automatically enrolled.

It has been noted that M4A does not turn health providers into government employees (although section 103 of the House bill requires all participating providers to surrender their for-profit status). Nevertheless, because the bill makes private health insurance unlawful, health providers have no choice but to receive their income and instructions from the nationwide health insurance monopoly (the Federal government) or from the relatively few people who want to purchase their services without insurance.

“Medicare for All” bears little resemblance to the U.S. Federal program long known as Medicare. M4A so completely eliminates private insurance, profit motives, and consumer choice and incentives that programs like it are unusual elsewhere in the world. The current Medicare program is neither a single-payer system nor a public provider of healthcare because healthcare providers under the program are often for-profit institutions and are receiving much of their reimbursement from private, for-profit insurers, among others.

“Medicare for All” from an International Perspective

“Medicare for All” bears little resemblance to the U.S. Federal program long known as Medicare. M4A so completely eliminates private insurance, profit shown to be poor without making important uses of the price system, profit motives, and competition among private businesses.

According to the Senate and House bills, M4A is a universal coverage program, a single-payer system, and a “free” healthcare system. These are three distinct policy stances, and the latter two are what set it apart from the current Medicare program and from most government healthcare systems in other nations. Universal coverage programs automatically cover all citizens, but they do so in a variety of ways in terms of numbers of payers and patient cost sharing at the point of use. A single-payer system has a single monopoly payer of healthcare providers. Because one or more private businesses might take an interest in selling health insurance or providing it to their employees, a truly single-payer system is an unlikely market outcome unless the government explicitly prohibits private health insurance, as the Senate and House M4A bills do.[19] A free healthcare system does not, aside from the normal tax obligations, charge patients for health insurance premiums or at the point of use. The current Medicare program is not a single-payer system because health providers under the program are receiving much of their reimbursement from private, for-profit insurers, among others. Using documents provided on the website of the Centers for Medicare & Medicaid Services, the CEA counted more than 1,000 private Medicare plans coming from hundreds of parent companies.[20] Moreover, Medicare covers services from, among others, for-profit healthcare providers.

The current Medicare program is not free healthcare either; beneficiaries must pay both premiums and, at the point of use, cost sharing. According to the economics of socialism cited in the first section of this chapter, “Medicare for All” would have little similarity to the current Medicare program because M4A would be “free”; would prohibit all payers other than the Federal government; and, according to the House bill, would prohibit the profit motive among both healthcare providers and health insurers.[21]

Universal coverage systems are common internationally, but they are different from free health care and from single-payer systems. All the Nordic countries’ health systems have user fees or out-of-pocket payments, whose share of overall health spending is similar to what it is currently the case in the United States—although Denmark is the Nordic outlier, in that its patient cost sharing is essentially limited to prescription drugs.[22] The Nordic systems are sometimes described as single payer, but in reality these systems are geographically decentralized and have elements of private insurance. Private and for-profit health providers and health insurers exist in these countries and are accounting for a growing share of the market. Private health insurance is important in a number of other universal-coverage countries, such as Switzerland, where all residents are required to purchase health insurance.[23]

Effects on Overall Economic Activity

Here, we use an extension of the neoclassical growth model to estimate (1) the tax rate increase required to finance M4A entirely with taxes on labor income, and (2) the long-run equilibrium GDP associated with the higher tax rate.[24] The model is extended to have three goods and calibrated to fit the GDP, private health spending, and all other spending in the baseline situation of no M4A. The baseline economy has a 48 percent average marginal tax rate on labor income, which reflects the combination of various payroll, income, and sales taxes that are currently in place in the U.S., including implicit taxes on employment and income. Private health spending is assumed to be exempt from labor income taxation, which is an approximation of the current situation in which employersponsored insurance premiums are exempt.

This model is then used to simulate the effect of raising the tax rate across the board enough so that government revenue is sufficient to pay for all healthcare (as noted in chapter 4 of this Report, about $18,000 in additional taxation per household in 2022) without cutting any other government programs.[25] Although a significant amount of tax revenue and a significant reduction in disposable income are obtained by broadening the tax base (private health spending may be legally deductible under M4A, but its amount is assumed to be zero), the rate must still increase by 14 percentage points across the board in order for the Federal government to have enough revenue to pay for the Nation’s health expenditures.[26]

As a measure of the average incentive to work, the average after-tax share kept by households at the margin is reduced by 27 percent due to the higher tax rate. National income and GDP are thereby reduced by 9 percent in the long run, as illustrated in table 8-7, where national income falls from 100 to 91.0.[27] In 2022, for example, 9 percent of GDP is expected to be about $7,000 per person, or $17,000 per household. Although private health expenditures are eliminated, the amount of income that the private sector has after taxes and health expenditures still falls by 19 percent (about $17,000 per household in 2022), because the tax rate is higher and M4A removes a major tax exclusion. In other words, M4A is not just a swap of taxes for private health spending. Moving health spending onto the Federal budget reduces private sector economic activity so much that households are spending 19 percent less on nonhealth items than they would be without M4A. From a national perspective, healthcare is much more expensive with M4A than it is without it, not only because households need to pay for healthcare through taxes but also because the economy is smaller.

The Mercatus Center at George Mason University calculated the cost of M4A from a Federal accounting perspective as $32 trillion over 10 years (Blahous 2018). This is its version of the CEA’s 11.3 addition (34 percent increase, or about $18,000 per household in 2022) to the tax payments shown in table 8-7’s second row. Proponents of M4A point out that there is a benefit helping to offset the $32 trillion, which is true but incomplete. In the CEA’s framework, the offsetting benefit is the reduction in private health spending of 9.5, shown in table 8-7’s third row measured on a scale with baseline national income equal to 100. But the economics of socialism point to additional effects, one of which is also shown in table 8-7’s first row: There is less national income and therefore substantially less to spend on nonhealth goods and services.[28] The national income opportunity cost is similar in magnitude to, but not included in, Mercatus’s Federal accounting cost estimate or the CEA’s tax increase estimate. The Mercatus study did not consider any reduction in national income, which we estimate to be about $20 trillion over 10 years as a result of M4A.[29]

Conclusion

This chapter has examined socialism’s historic and current visions and intents, its economic features, its impact on economic performance, and its relationship with recent policy proposals in the United States. A large body of evidence shows how high tax rates, state monopolies, and centralized control disincentivize effort and innovation and substantially reduce the quantity and quality of a nation’s output. This evidence includes before/after estimates of the consequences of nationalizing agriculture, and later privatizing it; analysis of highly socialist policies; before/after estimates of the effects of a government takeover of the oil industry; cross-country relationships between economic freedom, GDP per worker, and other macroeconomic variables; comparisons of the rates of return between “free” and tuition-paid colleges; comparisons of conditional mortality between the U.S. and single-payer countries (see chapter 4 of this Report); and application of a broad body of economic literature on the effects of raising tax rates.

The China scholar Peter Nolan (1988, 4) once advocated socialism—until he observed the results. He explains that “errors of all kinds have been made in the socialist countries’ rural policies, but . . . none has been so important as the misplaced belief in the virtues of large-scale . . . units of production.” He adds that “stimulating the productive forces, and, consequently, the possibilities for human self-fulfillment, in a poor peasant economy (indeed, in any economy) requires harnessing . . . market competition.”

The CEA does not expect that socialist policies would cause food shortages in the United States, because modern socialists are not proposing to nationalize food production. The historical evidence suggests that the proposed socialist program for the U.S. would make shortages, or otherwise degrade quality, of whatever product or service is put under a public monopoly. The pace of innovation would slow, and living standards generally would be lower. These are the opportunity costs of socialism from a modern American perspective.

March 2019


Notes

 

[1] See also McCloskey (2016, 24) and the regulation components of the Fraser Economic Freedom of the World Index. The OECD product market survey was limited to the State of New York, and therefore may not be representative of the rest of the country. The data show the U.S. suffering from relatively high regulatory protection of incumbents due to exemptions from antitrust laws for publicly controlled firms (OECD 2018c). In addition, the OECD notes that U.S. product market regulation is more restrictive than other OECD economies due to the prevalence of State-level ownership of certain enterprises, particularly in the energy and transportation sectors. To the extent that the Nordic countries have lower product market regulation, this may somewhat offset their higher marginal tax rates on labor income (Fang and Rogerson 2011).

[2] U.S. temporary employment is about 2 percent of overall employment (per the Saint Louis Federal Reserve Bank’s series TEMPHELPS and PAYEMS), whereas it ranges from 9 to 17 percent in the Nordic countries (Svalund 2013).

[3] In other words, labor taxes have a deadweight cost that is revealed in part as additional free time (Feldstein 1999).

[4] Note that GDP includes both private and public sectors and therefore resources received by households from the public sector. The U.S./Nordic gap for disposable income would be even more dramatic.

[5] Most of them were born in the U.S. See also Sanandaji (2015, 2016).

[6] However, recent research suggests the sign of selection bias for Nordic emigrants is ambiguous. Specifically, Abramitzky, Boustan, and Eriksson (2012) study Norwegian emigration to the United States during the “Age of Mass Migration,” from 1850 to 1913, exploiting within-household variation in emigration status to compare outcomes for Norwegian brothers who emigrated versus those who did not. They find negative selection bias among migrants from urban areas, and mixed results for those from rural areas. These results are also consistent with those of Borjas (1987, 1991).

[7] Economists often prefer consumption to income as a measurement of living standards because it is less sensitive to transitory shocks. Also see chapter 9 of this Report.

[8] More work is needed to properly account for in-kind transfers and other government programs. For an analysis of the U.S. data, see chapter 9 of this Report.

[9] No data were reported for Iceland or Sweden.

[10] See the College for All Act of 2017, introduced in the U.S. Senate as S. 806.

[11] Also note that the Nordic governments also pay living stipends to college students.

[12] The country pattern is similar with the lesser discount rates also shown by the OECD, and similar for women (although female returns are not shown with the 8 percent rate). Among the various discount rates used by the OECD (2018a), the CEA uses the one closest to the net marginal product of physical capital.

[13] The country pattern is similar with the lesser discount rates also shown by the OECD, and similar for women (although female returns are not shown with the 8 percent rate). Among the various discount rates used by the OECD (2018a), the CEA uses the one closest to the net marginal product of physical capital.

[14] The data provided by OECD (2018a) only permit adding private and social returns when both are discounted at 2 percent per year.

[15] On the returns to postsecondary education in Norway, see Kirkeboen, Leuven, and Mogstad (2016); and on the effects of free college in England on education expenditures per student, see Murphy, Scott-Clayton, and Wyness (2017). Note that the returns pattern in figure 8-8 cannot be explained by a higher propensity to attain college in the Nordic countries because the tertiary education attainment rates among persons age 25–54 range from 31 to 35 percent in the Nordic countries, whereas the U.S. rate is 36 percent (OECD 2018a, table A1.1); these percentages do not include short-cycle tertiary degrees, although the conclusions would be similar if they were included. In the United Kingdom, the free college program was ended because it was reducing quality.

[16] See also Sanders (2017).

[17] This also echoes back to the socialization of agriculture. For example, the Chinese Communist Party’s collectivization agenda was initially discouraged by the “deep attachment” of the peasants to their land (Walker 1965, 4).

[18] See Kliff (2014), Frank (2017), and Konrad (2017). See also Weisbart (2012). The China scholar Peter Nolan (1988, 4) warns that “none [of socialism’s errors] has been so important as the misplaced belief in the virtues of large-scale . . . units of production.”

[19] The term “single payer” is sometimes used more broadly to refer to a health insurance market that has many payers but with just one of them making most of the payments. This Report uses “single payer” to refer to one, rather than many.

[20] This combines Medicare Part C and Part D.

[21] Moreover, even if M4A made no changes to Medicare operations, it still would have the problem of taking a program that functions well for about a sixth of the population and making it work on a vastly larger scale. The problem of scale is examined more closely at the end of this chapter.

[22] See Rice et al. (2018); Globerman (2016); Anell, Glenngård, and Merkur (2012); Olejaz et al. (2012); Ringard et al. (2013); Sigurgeirsdóttir, Waagfjörð, and Maresso (2014); and Vuorenkoski, Mladovsky, and Mossialos (2008).

[23] See Sturny (2017). The Netherlands achieves universal coverage by mandating the purchase of health insurance from private insurers (Wammes et al. 2017). Private health insurance is also required in Japan (Matsuda 2017).

[24] The long-run GDP effects would be of greater magnitude if partially financed with capital-income taxes.

[25] Note that the $18,000 exceeds what households would be paying privately under the current system. Even if those two amounts were equal, swapping household expenditures on private health insurance for household expenditures on taxes earmarked for the public program fundamentally changes the types of healthcare that are ultimately received by consumers and the size of the overall economy.

[26] A more detailed macroeconomic model could recognize that (1) the health insurance tax exclusion is in effect a negative tax on employment because it is tied to employment; (2) the Affordable Care Act is a positive tax on employment (Mulligan 2015); and (3) government health spending is of a different quality than private spending. Both aspects 1 and 2 are eliminated by M4A. In order to be conservative about the economic harm of M4A, the model used in this chapter assumes that M4A financing includes substantial broadening of the tax base. Without base broadening, it is unclear whether the economy would be capable of generating the tax revenue needed by M4A.

[27] As a comparison with the 9 percent, consider this chapter’s cross-country finding that changing the U.S. policies to those of the Nordic countries when they were at peak socialism would reduce long-run GDP by at least 19 percent. In other words, the 9 percent effect of M4A is about half the effect of peak Nordic socialism.

[28] The other cost is the loss of quality of the health spending when it is shifted from private to public, as discussed above in the main text.

[29] The loss of national income is not fully a cost because of the offsetting savings on using less labor and capital in the economy. At the same time, the factor savings are not a full offset because factor incomes are subject to large tax rates, thereby generating a large gap between the social and private values of factor supplies.

[1] Interestingly, socialist policies could simultaneously reduce the size of private enterprises with antitrust and other policies and enlarge government enterprises with legal protections from competition.

[2] Chapter 4 of this Report estimates that “Medicare for All” would be financed with about $2.4 trillion in 2022. In 2017, Walmart’s U.S. revenues were about $0.3 trillion, while Amazon’s U.S. revenues were less than $0.2 trillion. The final section of this chapter also explains why “Medicare for All” would sharply reduce consumer spending, which suggests that 2017 revenues would be an optimistic projection for what retail corporations would earn with “Medicare for All” in place.

[3] For an analysis of the private sector’s innovation advantage, see Winston (2010).

[4] E.g., Prescott (2004), Rogerson (2006), Chetty et al. (2011) and Mulligan (2012).

[5] This effect is the monopsony mirror image of monopoly pricing. Sellers with market power typically exercise it by constraining the quantity or quality of what they produce and thereby squeeze the buyers in the market (Williamson 1968; Farrell and Shapiro 1990; Whinston 2006). Buyers with market power typically exercise it by constraining the quantity or quality of what they purchase.

[6] The highly socialist countries are sometimes called “communist” or “centrally planned” although, as noted above, communism has a different meaning in the theory of socialism. We presume that, in contrast to the Nordic countries, central government spending far exceeds private spending in highly socialist countries—although, with pervasive state ownership and centralized control, it is difficult to construct accurate measures of the components of spending that would be comparable between highly socialist countries and the rest of the world.

[7] Also recall, from the “Economics of Socialism” section above, the parallels between modern socialist rhetoric and the statements attributed to Mao, Castro, and Lenin.

 

[8] See also the sections of this chapter on socialism in the Nordic countries and on “Medicare for All,” and chapter 4 of this Report, which include analyses of single-payer healthcare. Further evidence about the effects of socialism on nonagricultural industries are reported by Conquest (2005), Gregory (2004), Horowitz and Suchlicki (2003), and Kornai (1992). Johnson and Brooks (1983, 9) describe how the “Soviet rural road system can only be described as a disgrace, the result of decades of socialist neglect.”

[9] Among the highly socialist countries, state or collective farms were formed, e.g., in the USSR; elsewhere in the Soviet Bloc; and in Vietnam, North Korea, China, Cuba, South Yemen, Congo, Ethiopia, Cambodia, and Laos (Pryor 1992, chap. 4). In principle, participation in collective farms was voluntary, and operations were collectively managed by villagers, whereas state farms were owned and managed by government with the farm workers as government employees. In practice, even the collective farms may come “under the control of the Communist Party and the government,” as they did in the USSR (Dolot 2011, chap. 2). See also Johnson and Brooks (1983, 4–5), Conquest (1986, 171), and Pryor (1992, 12–14).

[10] With landlords resisting the seizure of their property, the state often imprisoned or murdered landlords (Conquest 1986; Rummel 2011).

[11] The CEA is not aware of socialist explanations of why the best farmer owned comparatively little land or did not contribute his or her talents to a larger but purely voluntary collective. A neoclassical explanation might involve credit constraints and the like, or simply that it would not be efficient for the best farmer to control more land than he or she chose to purchase in the marketplace (i.e., the market reflects genuine limitations on scale economies; see also Conquest 1986).

[12] See also Lenin (1951).

[13] See also O’Connor’s (1968, 205) description of Cuban state farms with “[inefficiencies] arising from overcentralized decisionmaking, together with a shortage of qualified personnel which was aggravated by a tendency to place politically reliable people in top administrative posts even when they lacked technical skills.”

[14] On Soviet economic aid to Cuba, see Walters (1966).

[15] This is per Collins, Bosworth, and Soto-Class (2006) and the Barro-Lee data set, using GDP for Cuba in 1950. The result is more extreme if the comparison is based on GDP, because people and businesses outside Puerto Rico have substantial claims on the production occurring there.

[16] This is likely an underestimate because, as Johnson and Brooks acknowledge, their research project was made possible through cooperation with the Soviet government.

[17] Conquest (1986, 301) cites 7 million.

[18] In fact, the USSR as a whole was exporting grain at that time (Dalrymple 1964, 271; Courtois et al. 1999, 167). Note that there were also starvation deaths elsewhere in the USSR (Conquest 1986). In contrast to the famines associated with highly socialist regimes, Ó Gráda (2000) and Goodspeed (2016, 2017) find that one important margin of adjustment during the Irish Famine of 1845–51 was substantially increased net imports of relatively cheap corn and other grains, and similarly dramatically increased exports of higher-value agricultural output such as eggs, dairy products, and cattle.

[19] See Meng, Qian, and Yared (2015, 1572), summarizing Walker (1965).

[20] For aggregate productivity time series, see Cheremukhin et al. (2015).

[21] The CEA did not find comparable data on deaths for highly socialist regimes in Afghanistan, Angola, Benin, Congo, Mozambique, Somalia, and South Yemen. Such data may be lacking because their implementations may have been comparably peaceful from a civilian perspective. Of course, state brutality is not limited to highly-socialist countries.

[22] See Norberg (2016, chap. 1), citing Zhou (1996).

[23] See also the official rural poverty measure (State Council of the People’s Republic of China 2016), which fell from 98 percent in 1978 to 6 percent in 2015.

[24] Gurley republished these ideas later (e.g., Gurley 1976b, 13). Today, it must be acknowledged that the Great Chinese Famine was in the middle of Gurley’s “twenty years” period, when everyone in China was supposedly fed.

[25] According to Schumpeter (1943, chap. XIII), these attitudes are to be expected. He says that intellectuals benefit from criticizing the social system in which they live, and that it is the abundance of the market system that allows intellectuals to be a large share of the population.

[26] He won a 1932 Pulitzer Prize for some of his publications about the USSR (Conquest 1986, 320). Though he personally visited the famine regions in 1933, his New York Times publications that year denied that there was a famine, and mocked a journalist who reported otherwise (Conquest 1986, 319; Applebaum 2017). Conquest explains how Duranty was further honored in New York City for telling “people what they wished to hear.” The New York Times “publicly acknowledg[ed] his failures” in the 1980s (New York Times Company 2003).

[27] See Johnson and Brooks (1983, 5–6), Zimbalist and Eckstein (1987, 13), Pipes (2003, 871), and Dikӧtter (2010, xxii).

[28] For example, the oil-rich State of Alaska has no sales or state income taxes. Oil-rich Norway, conversely, has marginal tax rates that are similar to those of the other Nordic countries.

[29] Under Hugo Chávez, the Venezuelan government “constructed a free healthcare program for people living in poor and marginalized areas,” largely by importing about 31,000 medical personnel from Cuba (Brading 2013, chap. 4; Westhoff et al. 2010; Wilson 2015).

[30] The success of Canada’s oil industry over the same time frame is one reason why the CEA believes that the economic disaster in Venezuela cannot be blamed on world oil markets.

[31] An extensive review is provided by the CEA (2018b, chap. 1).

[32] In 2017, 19 and 40 percent of annual U.S. per capita GDP were, respectively, about $11,000 and $24,000.

[33] The year 2016 is the most recent one with comprehensive coverage. Alesina and Angeletos (2005) explain why fundamentally similar countries can nonetheless take quite different approaches to socialism and, conversely, that small political changes could result in a dramatic increase in a country’s socialism.

[34] We also note that the highly socialist countries tend to be excluded from the data, in part because it is difficult to construct accurate measures of the components of spending that would be comparable between highly socialist countries and the rest of the world. Among the countries with EFW indices, the Marxist governments of 1990 Nicaragua and 1980 Congo have EFW values below 3.5, although so too do a few repressive anti-Marxist governments.

[35] The other independent variables in the model are tropical location, coastal population, and human capital growth.

[36] The CEA notes that, at very low levels of economic freedom and therefore tax rates near 100 percent, it is difficult to predict GDP. The effects of, say, a 95 percent tax rate should be quite different from the effects of a 90 percent tax rate, because in the latter case workers keep twice as much as they do in the former. As noted above, the data for the least-free countries are often lacking or are of especially poor quality.

[37] The other independent variables in the model are a transformation of the population growth rate, the physical investment rate, and schooling. Also recall this chapter’s estimates of the output effects of highly socialist policies: reductions of at least two-thirds (all of Cuba, as of the 21st century), about half (Soviet agriculture, c. 1970), and about three-fourths (Venezuelan oil production). Also of interest is the comparison of North Korea with South Korea; highly socialist North Korea appears to have about a 90 percent shortfall in GDP per capita (Rice et al. 2018). The CEA therefore refers to the output effect of highly socialist policies as “at least 40 percent” (negative).

[38] Also see the “Medicare for All” section of this chapter.

[39] The exception is Iceland, which is a nation of less than 350,000 people and therefore smaller than even the least-populous U.S. State, Wyoming.

[40] Low corporate tax rates raise wages by encouraging capital accumulation.

[41] Senator Sanders, who is the leading socialist in Federal politics today, proposes to repeal the Tax Cuts and Jobs Act, which reduced the combined Federal-State statutory corporate rate by 13 percentage points (Bollier 2018). The other rate proposals are reported on Senator Sander’s website (http://sanders.senate.gov) and by Cole and Greenberg (2016).

[42] All the countries have a zero rate for comparatively small estates. U.S. rates include the population-weighted average of State estate and inheritance tax rates.

[43] The 68 percent rate includes 3.9 percentage points for State and local taxes (Potosky 2016), the top Sanders bracket inclusive of 2.2 percentage points for his additional personal income surtax (54.2), and Sanders’s 10 percent Affordable Care Act tax on investment income. See also Sammartino et al. (2016). The 68 percent does not include any phase-out of the rebate of Senator Sanders’s proposed carbon tax.

[44] Some of the Nordic countries have privatized much of their old-age social security programs (Turner 2005).

[45] The Tax Cuts and Jobs Act temporarily reduces the Federal rate, and therefore the combined State-Federal rate, by less than 3 points.

[46] See Anderson et al. (2007), Rogerson (2007), and Kleven (2014), who describes “the strong subsidization of goods that are complementary to working.” See also Gruber and Wise (1999) on retirement benefits. U.S. unemployment and retirement benefits can be tied to work history, too (Feldstein and Samwick 1992), but by comparison with the Nordic countries, these negative implicit taxes are smaller because the full benefit amounts are smaller. U.S. welfare programs have sometimes required work from able-bodied adults (Mulligan 2012; chapter 9 of this Report). The CEA also notes that Senator Sanders proposes to increase implicit marginal income tax rates by phasing out the rebate of a proposed carbon tax (Mermin, Burman, and Sammartino 2016). The collection of such a tax also shares some economic features with sales taxes.

[47] Health premium tax credits and Medicaid eligibility are two important examples in the health area (Mulligan 2015). Food stamps and public housing are two more U.S. assistance programs that have positive implicit tax rates on employment and income.

[48] The sales price of retail items is usually quoted inclusive of the VAT. Note that a sales tax rate cannot be added to income tax rates to get a meaningful overall rate because the sales tax is levied on a smaller base. For example, a 25 percent sales tax is like a 20 percent income tax.

[49] The OECD (2018c) refers to income and payroll—the employee part only—taxes as “household taxes.”

[50] Household taxes, which include personal income taxes, can be essentially proportional even while personal income tax rates rise with income because payroll tax rates fall with income and/or high-income taxpayers have disproportionate deductions from income for tax purposes.

[51] The term “average” refers to the mean.

[1] Criterion 1 is from the Oxford English Dictionary, which defines socialism as public policy based on “a political and economic theory of social organization which advocates that the means of production, distribution, and exchange should be owned or regulated by the community as a whole.” Criterion 2 further focuses the discussion to rule out state ownership or regulation for other purposes, such as fighting a war. See Sunstein (2019); and see Samuelson and Nordhaus (1989, 833), who describe “democratic socialist governments [that] expanded the welfare state, nationalized industries, and planned the economy.”

[2] For classical socialists, “communism” is a purely theoretical concept that has never yet been put into practice, which is why the second “S” in USSR stands for “Socialist.” Communism is, in their view, a social arrangement where there is neither a state nor private property; the abolition of property is not sufficient for communism. As Lenin explained, “The goal of socialism is communism.” The supposed purpose of the “Great Leap Forward” was for China to transition from socialism to communism before the USSR did (Dikӧtter 2010). The classical definition therefore stands in contrast to vernacular usage of communism to refer to historical instances of socialism where the degree of state control was the highest, such as the USSR, Cuba, North Korea, or Maoist China. This chapter therefore avoids the term “communism.”

[3] Many socialist scholars concur on this point (Nolan 1988, 6; Roemer 1995, 23–24; Nove 2010).

[4] This Report refers to the specific “Medicare for All” bills in Congress (S. 1804; H.R. 676). The economic effects of other healthcare reform proposals, or aspirations, are not necessarily the same even if they share the same name.

[5] See also Boettke (1990).

[6] See also Acemoglu and Robinson (2015), who review Marx’s key predictions about trends for wages and profits and find them to be falsified by the evidence.

[7] The CEA previously released research on topics covered in this chapter. The text that follows builds on The Opportunity Costs of Socialism (CEA 2018a), a research paper produced by the CEA.

[8] See Stone and Gong (2018) and Day (2018a). See also Bernhardt et al. (2008), Sanders (2018), and Section 103 of the House “Medicare for All” bill (H.R. 676), which prohibits health providers from participating unless they are a public or not-for-profit institution.

[9] Piketty (2014, 572) writes that “the right solution is a progressive annual tax on capital,” and that “the primary purpose of the capital tax is not to finance the social state but to regulate capitalism” (p. 518).

[10] Lenin (1918) also enforced a grain monopoly in the USSR.

[11] The CEA notes that it is directed by the 1946 Employment Act to “formulate and recommend national economic policy to promote employment, production, and purchasing power under free competitive enterprise” (sec. 4a).

[12] Even the USSR and other highly socialist countries had elements of private property (Dolot 2011, 134; see also Pryor 1992, chap. 4). The CEA also notes that American socialists may not only intend to prohibit private health insurance but also, for example, intend to nationalize energy companies (Day 2018b).

[13] Epstein (1985) and Fischel (1995). See also Samuelson and Nordhaus (1989, 837), who define a socialist economy as one “in which the major economic decisions are made administratively, without profits as a central motive force for production,” and Roemer (1994), who defines socialism independent of legal property rights.

[14] The gap between program spending and value to beneficiaries has been measured by Gallen (2015), Finkelstein and McKnight (2008), and Olsen (2008), among others.

[15] Cooper (2018) refers to it as the “taxes-for-premiums swap.” Krugman (2017) writes that “most people would gain more from the elimination of insurance premiums than they would lose from the tax hike” without mentioning any of the economic problems with spending someone else’s money on someone else. As Von Mises (1990, chap. 1) observed long ago, advocates of socialist policies “invariably explain how . . . roast pigeons will in some way fly into the mouths of the comrades, but they omit to show how this miracle is to take place.”

[16] See also Shleifer (1998).

Propiedad y Progreso

 “La vida, la libertad y la propiedad no existen porque los hombres hayan hecho leyes. Por el contrario, fue el hecho de que la vida, la libertad y la propiedad existieran de antemano lo que hizo que los hombres hicieran leyes en primer lugar.” Frederic Bastiat

En última instancia, los derechos de propiedad y los derechos personales son lo mismo.” Calvin Coolidge

Tanto los derechos de libertad de expresión como los derechos de propiedad pertenecen legalmente a los individuos, pero su función real es social, para beneficiar a un gran número de personas que no ejercen estos derechos.” Thomas Sowell

“La teoría del comunismo se puede resumir en una frase: Abolir toda propiedad privada.” Karl Marx

“El hecho de que el deseo de propiedad es uno de los elementos de la naturaleza humana sugiere un argumento fatal para la teoría comunista.” Herbert Spencer

“Así como el hombre no puede existir sin su cuerpo, tampoco puede existir ningún derecho sin el derecho a … pensar, a trabajar y conservar los resultados, lo que significa: el derecho de propiedad.” Ayn Rand

“Tiramos al viento el viejo dogma de que los gobiernos pueden otorgar derechos. Antes de que se organizaran los gobiernos, nadie niega que cada individuo poseía el derecho a proteger su propia vida, libertad y propiedad.” Susan B. Anthony

“Si la historia pudiera enseñarnos algo, sería que la propiedad privada está indisolublemente ligada a la civilización.” Ludwig von Mises

La libertad  individual y la propiedad privada son la fuente fundamental del progreso.

El tema de la propiedad es tal vez en el que existen las posiciones más contrapuestas. De hecho, según sea el tratamiento del derecho a la propiedad, así habrán resultados diferentes en los temas de igualdad y libertad.

…La lucha por la abolición de la propiedad individual, por la colectivización, aunque no de manera integral, de los medios de producción, siempre ha sido, para la izquierda, una lucha por la igualdad, por la remoción del obstáculo principal para la realización de una sociedad de iguales. Richard Pipes. Propiedad y Libertad, La Piedra Angular de la Sociedad Civil. 2002.

La propiedad privada legítima es un derecho humano fundamental. Las personas tienen derecho a disfrutar del fruto de su trabajo y libertad para hacer uso de su propiedad. En el ejercicio de ese derecho, pueden aumentar su propiedad y están en libertad también de compartirla según su voluntad. Solamente la propiedad privada de los medios de producción puede asegurar la creación eficiente y sostenida de más riqueza. De hecho, los países de mayor desarrollo económico son los que han garantizado el derecho a la propiedad privada. Lea La evidencia del progreso en el mundo.

Para la izquierda, las personas tienen derecho a disfrutar de la propiedad de bienes de uso, pero tienen diferencias en cuanto a los derechos sobre los medios de producción. Para la extrema izquierda, en la que se ubican los socialistas y comunistas, todos –o casi todos- los medios de producción no deben ser de propiedad privada, sino de propiedad “social”, otra palabra para no decir “estatal”, ya que en la práctica es el Estado el propietario que los administra, supuestamente en nombre de la sociedad, pero que también en la práctica, usufructúa en beneficio de la clase que detenta el poder político.

En su libro «La Nueva Clase», Milovan Djilas dice al respecto:

La revolución comunista, … destruye al capitalista, al terrateniente, la propiedad privada, es decir la propiedad que utiliza fuerza de trabajo ajena. Esto crea inmediatamente la creencia de que se cumple la promesa revolucionaria de un nuevo reinado de la igualdad y la justicia.  … Como cuestión de forma, el Estado se convierte también en propietario de esa propiedad. … Es la burocracia la que usa, administra y controla oficialmente tanto la propiedad nacionalizada y socializada como la vida entera de la sociedad. El papel de la burocracia en la sociedad, es decir la administración monopolista y el control de la renta y los bienes nacionales, le da una posición especial privilegiada.  En realidad esa clase privilegiada realiza esa función utilizando la maquinaria del Estado como una cubierta y un instrumento. … esta “nueva clase” obtiene su poder, sus privilegios, su ideología y sus costumbres de una forma de propiedad peculiar: la propiedad colectiva, que la clase administra y distribuye en nombre de la nación y de la sociedad.

Ya casi no quedan sistemas económicos socialistas o comunistas en el mundo donde todas las empresas son de propiedad estatal. Solamente quedan Cuba y Corea del Norte y su fracaso económico es evidente. China y Vietnam, donde gobiernan partidos comunistas, tuvieron que privatizar empresas estatales y permitir la inversión privada para poder progresar. El sistema económico socialista, de empresa estatal y economía planificada, llegó a abarcar un tercio de la población mundial cuando existió la Unión Soviética y los países socialistas ocupados de Europa Oriental, hasta su desaparición a fines de la década del 80 y su transformación en economías de mercado basadas en la propiedad privada. Otros intentos, con diferentes énfasis de estatización, también han resultado en lamentables fracasos económicos, como en Venezuela y varios países africanos. Lea Los fracasos del “Socialismo Real”.

El colectivismo es otra forma que rechaza la propiedad privada individual. En este caso, la propiedad es administrada por un grupo de personas, independiente de la autoridad estatal. Se trata de propiedad privada, no estatal ni perteneciente a toda la sociedad. El cooperativismo es una forma de colectivismo. No es un concepto exclusivo de la derecha ni de la izquierda.

Una manera de esquilmar la propiedad individual, no ya de eliminarla por completo, son los impuestos. Estos existen desde la antigüedad, desde que existe el Estado y son aceptados por la sociedad, vistos como una contribución para el funcionamiento de la administración pública. Sin embargo, no son una contribución voluntaria, sino coactiva. Aun así, se consideran como necesarios para evitar el comportamiento del “free rider”, del que optaría por no contribuir pero sí recibir los servicios públicos.

Los Estados modernos han venido aumentando de tamaño y requiriendo cada vez más recursos para cubrir el costo de las burocracias y de los servicios que prestan. El “Estado de Bienestar” de los países desarrollados y el “Estado Populista” de los subdesarrollados extraen recursos del sector privado, principalmente de las empresas y de los que trabajan en el sector formal de la economía, para redistribuirlos a otros destinatarios que están fuera del sector productivo.

El Estado mínimo por el que advoca la derecha no existe. El Estado hoy es, en todas partes, del tipo que advoca la izquierda. Con diferentes grados de intervención y eficiencia, los Estados son redistribuidores de la riqueza, con el propósito de conseguir mayor igualdad, principalmente mayor igualdad de ingresos y consumo.

De modo que hoy nadie discute la necesidad de redistribuir ingresos desde los que más los generan hacia los que menos generan. La discusión debe más bien centrarse en tres  aspectos: uno es el destino y la prioridad de la distribución, el otro es el nivel de ingresos  que se puede extraer para redistribuir sin que provoque una reducción de ese nivel y otro no menos importante es la eficiencia en ambas acciones: tributación y distribución del gasto.

Empecemos por el último. la eficiencia en la tributación y distribución del gasto.

En el título de su célebre libro de 1975, Arthur Okun nos dijo que el «gran balance» que enfrenta la sociedad es entre igualdad y eficiencia. Podemos usar el sistema del gobierno, los impuestos y las transferencias para trasladar los ingresos de los ricos a los pobres, pero ese sistema es un «cubo con fugas». Parte del dinero se pierde a medida que se mueve. Esta filtración no debería impedirnos tratar de redistribuir, argumentó Okun, porque valoramos la igualdad. Pero debido a que también nos preocupa la eficiencia, la filtración nos detendrá antes de igualar completamente los recursos económicos.

…El planificador social quiere mover los recursos económicos de aquellos con alta productividad y baja utilidad marginal hacia aquellos con menor productividad y mayor utilidad marginal. …Si redistribuye los ingresos demasiado, los individuos de alta productividad comenzarán a actuar como si fueran individuos de baja productividad.

…En particular, la redistribución óptima depende del grado en que el esfuerzo laboral responda a los incentivos. Si la oferta de esfuerzo es completamente inelástica, entonces el balde no tiene fugas y el planificador social puede alcanzar el resultado igualitario. … Pero si el esfuerzo laboral responde sustancialmente a los incentivos, entonces el cubo es más como un tamiz, y el planificador social debería intentar una redistribución escasa o nula. Por lo tanto, mucho debate entre los economistas sobre la redistribución óptima se centra en la elasticidad de la oferta laboral. N. Gregory Mankiw. Defending the One Percent. 2013.

La ineficiencia del Estado es histórica. Hay Estados más eficientes que otros en el manejo de los recursos. Eso depende en buena parte de la cultura de cada país, básicamente del nivel de corrupción. Las evidencias de que el Estado en América Latina es un gran despilfarrador de recursos salieron a luz con la publicación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de su informe insignia  “Mejor Gasto para Mejores Vidas. Cómo América Latina y el Caribe puede hacer más con menos” (2018) que muestra que cada año, la ineficiencia en el gasto de los Gobiernos de América Latina y el Caribe genera un despilfarro total de 220.000 millones de dólares, el equivalente a un 4,4% del PIB. «Esa cifra, bien invertida, sería suficiente para acabar con la pobreza extrema en la región» asegura Alejandro Izquierdo, economista jefe del BID.  Para ampliación sobre este tema ver: El Estado, un problema o solución?

Veamos ahora cuál es el nivel de ingresos máximo que se puede extraer para redistribuir sin obtener el efecto contrario.

Para ilustrar sobre el tema de los impuestos a los ingresos y sus consecuencias, transcribo estos párrafos de Dan Mitchel sobre el tema. Sus afirmaciones están soportadas con datos.

«Cuando los políticos intentan castigar a los ricos, somos los demás los que pagamos el precio. Como Winston Churchill dijo  «para una nación, ponerse impuestos para prosperar, es como un hombre parado en un balde y tratando de levantarse de la agarradera».

En segundo lugar, las altas tasas impositivas sobre los ricos no generarán muchos ingresos. Como explicamos en nuestra serie de videos sobre la curva de Laffer, las altas tasas impositivas desalientan a las personas a trabajar ahorrando e invirtiendo. Esto significa que producen menos ingresos imponibles. Las altas tasas impositivas también alientan a las personas a esconderse en refugios fiscales y declarar sus ingresos de manera insuficiente. Y esta evasión fiscal también reduce los ingresos imponibles. Y si los ingresos imponibles caen lo suficiente, pueden compensar por completo el impacto de la tasa impositiva más alta, lo que significa menos ingresos. Dan Mitchell.  Five Key Reasons to Reject Class-Warfare Tax Policy.

Los impuestos progresivos al ingreso y al capital de las empresas frenan su crecimiento al reducir los incentivos para invertir en la investigación y desarrollo de productos y servicios, orientada a satisfacer las crecientes necesidades de los consumidores, sino también a reducir incentivos para mejorar la calidad, reducir los precios de venta o aumentar los niveles de producción y llegar a más consumidores.

…”La filosofía que subyace al sistema de impuestos progresivos es que los ingresos y la riqueza de las clases acomodadas se pueden aprovechar libremente. Lo que los defensores de estas tasas impositivas no se dan cuenta es que la mayor parte de los ingresos gravados no se habrían consumido, sino ahorrado e invertido. De hecho, esta política fiscal no solo evita la acumulación adicional de nuevo capital. Provoca la desacumulación de capital.”  Ludwig von Mises. Planning for Freedom. 1952, 1974, 2017.

La elasticidad del esfuerzo laboral depende mucho de la cultura. Hay sociedades donde se valora más el ocio,  el goce del tiempo libre en el presente y el consumo inmediato, y hay otras donde se valora más el trabajo y el ahorro para el futuro.  Incrementos en la tributación a los ingresos de negocios y capital tendrán menor efecto en las primeras y causarán mayor desincentivo en las segundas.  También, el efecto será distinto en sociedades más homogéneas o más heterogéneas. En las primeras, el impuesto se percibe más como una contribución con la que se está de acuerdo, mientras que en la segunda, se percibe más como una obligación impuesta con la que poco se está de acuerdo.

También depende del grado de confianza que los agentes económicos tienen en la eficiencia del manejo de los recursos por parte del Estado. Si la percepción es que existe mucha filtración por corrupción y uso inefectivo de los recursos en la redistribución hacia los sectores de menores ingresos, hay mayor resistencia a los impuestos y mayor nivel de evasión fiscal. Dependerá entonces de cuántos y qué tan grandes sean los huecos del balde en el ejemplo de Okun que ocasionan la fuga de recursos.

También los ingresos estatales pueden obtenerse vía impuestos indirectos, impuestos generalizados y uniformes aplicados al consumo de bienes y servicios –como los impuestos sobre ventas o selectivos sobre productos de amplio consumo-. Estos son pagados sin distinguir el ingreso de los que los consumen, por pobres y ricos. Generalmente, estos constituyen una gran parte de los impuestos recaudados por los gobiernos. El efecto de este tipo de impuestos en la redistribución del ingreso es mínimo o nulo, por lo que son llamados regresivos.

De ahí que no hay recetas que funcionen igual para todos los países, cuando se trata de determinar el nivel impositivo óptimo que no perjudique el crecimiento de la economía.

Por último, abordemos el tema del destino y la prioridad de la distribución.

El Estado de bienestar ha provocado un mayor nivel de igualdad de acceso a la atención de la salud, la educación, la infraestructura, las pensiones, etc. Pero la desigualdad no solamente se ha reducido como efecto de la redistribución efectuada por los gobiernos, sino también como efecto de los avances tecnológicos, que han puesto a la disposición de las mayorías innumerables bienes de consumo. Aún con todo, persisten bolsones de pobreza en muchos países.

Las prioridades del gasto público redistributivo deben dirigirse hacia los estratos poblacionales que están imposibilitados de costearse sus gastos con ingresos propios y eso es muy fácil de identificar: los menores que aún no alcanzan la edad para trabajar, los discapacitados y enfermos y los adultos mayores. Incluso dentro de estos tres grupos, el de los menores es el que debe tener mayor prioridad, dado que el gasto en ellos –educación, alimentación y salud principalmente- se convierte en inversión que rendirá frutos con creces en el futuro, lo que es vital para el desarrollo económico y social.

Este es uno los puntos del Consenso de Washington, un conjunto de recomendaciones de política económica que la izquierda califica como “neoliberales”. El número dos dice así:

“Redirección del gasto público en subsidios («especialmente de subsidios indiscriminados») hacia una mayor inversión en los puntos claves para el desarrollo, servicios favorables para los pobres como la educación primaria, la atención primaria de salud e infraestructura. ”

Solamente una vez cubiertas las necesidades de los grupos de prioridad antes mencionados con los ingresos disponibles, puede pensarse en atender necesidades de personas con capacidad de trabajar y generar ingresos pero que por diversos motivos no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas. Este es el caso de los desempleados, subempleados y otros bajo el nivel mínimo de ingresos necesarios para vivir.

Los subsidios indiscriminados son un uso ineficiente de los recursos públicos y reducen el nivel de recursos que podría utilizarse para necesidades en los grupos de mayor prioridad.

Además de eso, los subsidios permanentes pueden tener un efecto perverso en los beneficiarios de los mismos, actuando como un desincentivo del esfuerzo individual para procurarse ingresos, reforzando y prolongando la dependencia de vivir de lo que el Estado ofrece, fomentando la mentalidad del “free rider” y la creencia en “derechos” que no pueden satisfacerse sino es mediante la exacción de recursos a otros.

Sin embargo, la mayoría de la población no está al tanto de estos hechos, no están al tanto de que hay un límite a la tasa impositiva pasado el cual la recaudación disminuye, fomentando la evasión fiscal, la reducción de la inversión, de la producción y de la oferta de bienes y servicios; no están al tanto de que una parte de las recaudaciones es capturada por la corrupción o gastada ineficientemente; no están al tanto de que existen prioridades para atender las necesidades de grupos, que son precisamente aquellos que no tienen voz ni capacidad de lobby, y tampoco están al tanto de que también hay un límite a los gastos gubernamentales, pasados los cuales resulta la inflación y la anulación real de los beneficios.

De esta ignorancia se aprovechan los políticos populistas para atraer a las masas de votantes prometiendo darles lo que demandan, conduciendo así a los países al camino del despeñadero económico y social. Esa ha sido una de las debilidades de la democracia, en la que las mayorías, por cierto no bien informadas, votan y deciden.

Políticos y regímenes populistas ha habido de derecha y de izquierda, pero superando en número los últimos a los primeros. Como hemos visto anteriormente, la izquierda aboga por la igualdad de ingresos y es ferviente partidaria de un Estado grande que garantice la redistribución del ingreso, aboga por la eliminación o la restricción de la propiedad privada y por tanto es partidaria de las altas tasas de impuestos a los empresarios.

La propiedad en el análisis de Richard Pipes:

…Los análisis sobre la propiedad desde los tiempos de Platón y Aristóteles hasta el presente han tenido que ver con cuatro cuestiones principales: su relación con la política, con la ética, con la economía y con la psicología.

    1. El argumento político a favor de la propiedad sostiene que ésta (a menos que se distribuya de una forma extremadamente injusta) promueve estabilidad y limita el poder del gobierno. En contra de la propiedad se argumenta que la desigualdad, que necesariamente la acompaña, genera intranquilidad social.
    2. Desde el punto de vista moral se afirma que la propiedad es legítima porque todo el mundo tiene derecho a los frutos de su trabajo. A lo que los críticos responden que muchos dueños no realizan ningún esfuerzo para adquirir lo que poseen, y que la misma lógica demanda que todos deben tener las mismas oportunidades a la hora de adquirir propiedad.
    3. El razonamiento económico que defiende la propiedad sostiene que es el modo más eficiente de producir riqueza, mientras que sus opositores afirman que la actividad económica impulsada por el afán de obtener beneficios conduce a una competencia destructiva.
    4. La defensa psicológica de la propiedad sostiene que eleva el sentido de identidad y auto estima del individuo. Otros afirman que corrompe la personalidad al infectarla con la avaricia.

Estos cuatro enfoques abarcan, prácticamente, el espectro de argumentos a favor y en contra de la propiedad articulados en los últimos trescientos años. En sus raíces, la controversia enfrenta el enfoque moral al pragmático. Kenneth R. Minogue en Nomos, no 22 (1980), p. 3. Richard Pipes. Propiedad y Libertad, La Piedra Angular de la Sociedad Civil. 2002.

La propiedad puede ser estudiada desde dos puntos de vista bien distintos: como concepto y como institución. Los dos enfoques generan resultados muy diferentes. A través de la historia del pensamiento, la propiedad ha disfrutado de una reputación ambivalente, y ha sido identificada en ocasiones con la prosperidad y la libertad, y otras veces con la corrupción moral, la injusticia social y la guerra.

Las fantasías utópicas, como regla general, sitúan en el centro de su análisis la abolición de la distinción entre “mío” y “tuyo”. Incluso muchos pensadores que defienden la existencia de la propiedad la ven, en el mejor de los casos, como un mal inevitable.

Por otro lado, la historia de todas las sociedades, desde la más primitiva a la más avanzada, revela la universalidad de los derechos de propiedad y el fracaso de todos los intentos de establecer una comunidad sin propiedad, ya sea voluntariamente o por la fuerza.

Una de las constantes de la naturaleza humana, insensible ante la manipulación legislativa y pedagógica, es el afán por adquirir. Confío haber logrado persuadir al lector de que el deseo de poseer no indica codicia, del mismo modo que el apetito no indica gula, ni el amor lujuria. El deseo de adquirir es común a todos los seres vivientes, y es universal entre los animales, los niños y los adultos en todas las etapas de la civilización, razón por la cual no es susceptible de ser reformado. En su forma más elemental es una expresión del instinto de supervivencia.

Pero más allá de esto, constituye un rasgo esencial de la personalidad humana, para la cual los logros y las adquisiciones son, medios de autorrealización. Y en la medida en que la autorrealización es la esencia de la libertad, la libertad no puede florecer cuando la propiedad privada y la desigualdad que ella engendra se eliminan por la fuerza. Como dijo un teórico de la política en la Inglaterra del siglo XIX, “la propiedad privada es la esencia misma de la desigualdad” y, al mismo tiempo, la adquisición de la propiedad es la más importante de las libertades.

La antropología no conoce ninguna sociedad en la que no hayan existido los derechos de propiedad: en palabras de E.A. Hoebel, citadas anteriormente, “la propiedad es tan omnipresente como el hombre, una parte del tejido básico de toda sociedad”. Lo que quiere decir, por emplear un término aristotélico, que no es solamente una institución “legal” o “convencional” sino una institución “natural”. Como tal, no es ya un asunto de moral (a no ser que sea por sus excesos), como no lo es la mortalidad o cualquier otro aspecto de la existencia sobre el que los seres humanos tienen, al menos, un mínimo de control.

…El derecho de propiedad no garantiza en sí y de por sí los derechos y libertades civiles. Pero, históricamente, ha sido el mecanismo más efectivo para asegurar ambas cosas, porque crea una esfera autónoma en la que, de mutuo acuerdo, ni el Estado ni la sociedad pueden incurrir en usurpación: al trazar una línea entre lo público y lo privado, hace al propietario co-soberano. De ahí que pueda afirmarse que es aún más importante que el derecho al voto.

El debilitamiento de los derechos de propiedad por mecanismos tales como la distribución de la riqueza para fines de bienestar social y las intromisiones en los derechos de contratación en nombre de los “derechos civiles” socava la libertad en las democracias más avanzadas, aun cuando la acumulación de riquezas y la observancia de los procedimientos democráticos en tiempos de paz puedan dar la impresión de que todo marcha bien.

… La propiedad es un ingrediente indispensable de la prosperidad y la libertad. La estrecha relación entre propiedad y prosperidad se pone de manifiesto a través de la historia, donde se demuestra que una de las razones principales de la preeminencia económica de Occidente es la institución de la propiedad, que se originó allí y allí mismo alcanzó su mayor desarrollo. Este hecho se ha presentado de modo convincente en muchos trabajos de investigación de autores como North y Thomas, Landes, y Bethell.

También lo demuestran las estadísticas del mundo contemporáneo. Incluso si admitimos que este tipo de estadísticas cae fuera de los parámetros de las ciencias exactas porque las categorías empleadas son en cierto grado subjetivas, los resultados, no obstante, son de una consistencia impresionante. Estudios auspiciados conjuntamente por la Heritage Foundation y el Wall Street ]ournal señalan que, prácticamente sin excepción, los países más ricos son los que más firmemente garantizan la independencia económica, incluyendo los derechos de propiedad. También disfrutan de los mejores servicios civiles e instituciones judiciales. Esto no sólo describe a los países europeos sino también a Japón, Corea del Sur, Hong Kong, Chile y Taiwán. A la inversa, los países con un menor índice de derechos de propiedad y libertad de mercado (Cuba, Somalia y Carea del Norte, por ejemplo) están en el fondo de la escala.

,,, La relación simbiótica entre propiedad y libertad no presupone que el Estado no imponga restricciones razonables sobre la utilización de los objetos poseídos, o garantice un nivel de vida elemental a los estratos más necesitados de la población. No puede permitirse que los derechos de propiedad sirvan como pretexto para destruir el medio ambiente o ignorar las necesidades básicas de los desempleados, los enfermos y los ancianos. Prácticamente nadie defiende esta posición hoy en día: incluso Frederick Hayek, un enemigo implacable de la intromisión del Estado en la economía, admitió que éste tiene el deber de garantizar a todos los ciudadanos “un mínimo de alimentación, techo y abrigo, suficiente para conservar la salud y la capacidad de trabajar”. Pero esto no quiere decir que el Estado use sus poderes para interferir en la libertad contractual, para re distribuir la riqueza u obligar a una parte de la población a costear los auto titulados “derechos” de determinados electores.

… el paternalismo bien intencionado también exaspera a las personas al privarlas del espíritu empresarial implícito en la libertad. El daño que puede producir la larga dependencia del Estado de bienestar social se hizo patente después del desplome de la Unión Soviética, cuando una parte considerable de la población, súbitamente privada del amparo estatal y no acostumbrada a defenderse por sí misma, llegó a desear la restauración del yugo despótico. Richard Pipes. Propiedad y Libertad, La Piedra Angular de la Sociedad Civil. 2002.

La propiedad en el análisis de Hans-Hermann Hoppe:

La verdad es tan simple como fundamental: la propiedad privada y los derechos de propiedad privada son válidos de forma indisputable en tanto que principios absolutos de la ética y como base de un desarrollo económico “óptimo” y continuado;

…La propiedad privada como resultado de actos de apropiación original y/o producción, implica el derecho exclusivo del propietario con respecto a la jurisdicción exclusiva que éste tiene sobre su propiedad, incluyendo el derecho a emplear esta propiedad en defensa contra posibles invasiones e invasores. De hecho, no puede haber propiedad si se anula el derecho de los propietarios a defenderse, y la función de la propiedad privada es la de establecer dominios separados de jurisdicción exclusiva. Ningún propietario puede ceder su derecho absoluto de jurisdicción sobre su propiedad a nadie más que a él mismo—salvo que éste venda o transfiera su propiedad a otro— (en cuyo caso alguien más tendrá jurisdicción exclusiva sobre ella). Esto es, mientras algo (un bien) no haya sido abandonado, debemos presumir que su propietario retiene esos derechos; y en lo que a sus relaciones con otros respecta, cada propietario puede sólo entonces participar en las ventajas de la división del trabajo y buscar mejor protección para sus derechos de propiedad a través de la cooperación con otros propietarios.

…Según una larga tradición de filosofía política compartida por Mises y Rothbard, la libertad está definida como libertad para poseer y controlar propiedad real, y la coerción es la iniciación de violencia física sobre la propiedad privada de otros.

…Puede decirse aquí que sólo debido a la existencia de la escasez se da un problema al formular leyes de tipo moral; si los bienes son superabundantes (bienes libres), no habrá conflicto sobre el uso de los mismos y no hará falta de acción-coordinación alguna. Por lo tanto, de aquí se deduce que cualquier ética, correctamente concebida, deba de ser formulada como una teoría de la propiedad, es decir, una teoría de la asignación de derechos de control exclusivo sobre recursos escasos, ya que sólo así se hace posible escapar de conflictos que de otra manera serían irresolubles.

…La economía política comienza con el reconocimiento de la escasez. El que no vivamos en el Jardín del Edén es la razón por la que nos preocupa el problema de la eficiencia económica. Según la economía política, el medio más eficiente para aliviar, o incluso superar la escasez es la institución de la propiedad privada. Las reglas que subyacen a esta institución han sido correctamente identificadas mayormente por John Locke. Éstas son como siguen:

Cada persona posee su propio cuerpo así como todos los bienes escasos a los que da uso con ayuda del mismo antes de que nadie más lo haga. Esta propiedad implica el derecho a emplear estos bienes escasos cuando éste lo vea apropiado siempre que al hacerlo no agreda la propiedad de otras personas, es decir, mientras no cambie sin pedir permiso la integridad física de la propiedad ajena o delimite el control ajeno sobre ella sin su consentimiento. En particular, una vez un bien ha sido apropiado originariamente al mezclar la labor propia con el mismo (frase de Locke) la propiedad sobre misma sólo podrá ser adquirida por medio de una transferencia contractual del título de propiedad de un propietario anterior a otro posterior.

La razón por la que esta institución conduce a la producción de riqueza más grande posible es evidente. Cualquier desviación de este conjunto de reglas implica, por definición, una redistribución de títulos de propiedad (y por lo tanto de los ingresos) desde los usuarios-productores y contratantes de bienes hacia los no-usuarios-productores y no contratantes. Como consecuencia, cualquier desviación tal implica que habrá relativamente menos apropiación originaria de recursos cuya escasez sea conocida, y habrá menos producción de nuevos bienes, menos mantenimiento de los bienes existentes, y menos contratos y comercio que sea mutuamente beneficioso. Esto naturalmente implica un menor estándar de vida en relación con los bienes y servicios que pasan de mano. Además, la provisión de que sólo el primer usuario (no el último) de un bien adquiere el derecho de propiedad sobre el mismo nos asegura que los esfuerzos productivos serán tan altos como sea posible en todo momento.

Además, la provisión de que sólo la integridad física de la propiedad (no el valor de la propiedad) debe ser protegido garantiza que todo propietario llevará a cabo los mayores esfuerzos productivos de valor, es decir, esfuerzos para promover cambios favorables el el valor de la propiedad y para prevenir o contrarrestar cualquier cambio no favorable en el valor de la misma (tal y como podría suceder a partir de las acciones de otra persona sobre su propiedad). Por lo tanto, cualquier desviación de estas dos reglas también implica una reducción de los esfuerzos productivos en todo momento.

…Obviamente, si hubiese una superabundancia de bienes, no habría problemas económicos en absoluto. Con una superabundancia de bienes tal que mi uso presente de los mismos ni reduzca mi propio suministro futuro ni el suministro presente o futuro de otra persona, los problemas éticos sobre el bien o el mal, lo justo o lo injusto no surgirían al no darse un conflicto sobre el uso de tales bienes escasos. Sólo mientras los bienes sean escasos es que se hacen necesarias la economía y la ética. De la misma manera, de igual forma en que la respuesta al problema de la economía política debe ser formulada en términos de reglas que limiten los posibles usos de recursos en tanto que recursos escasos, la filosofía política debe responder a partir de los derechos de propiedad.

Para evitar conflictos ineludibles, ésta debe formular un conjunto de reglas que asignen derechos de control exclusivo sobre bienes escasos (nótese que en el Jardín del Edén, tanto el cuerpo de una persona, como el espacio ocupado por el mismo o el tiempo también serían escasos, y en esta medida, la economía política y la filosofía aún tendrían una tarea, aunque limitada, que cumplir). Hans-Hermann Hoppe. Economía y Ética de la Propiedad Privada. 2005.

La propiedad en el análisis de Murray Rothbard:

…en el libre mercado toda propiedad se basa, en último extremo, a) en la propiedad que tiene cada persona sobre su propio cuerpo y sobre su trabajo; b) en la propiedad que tiene todo hombre sobre la tierra que ha descubierto y transformado mediante su propio trabajo; c) en el intercambio en el mercado de los productos de la mezcla de a) y b) con los productos de otras personas, que los han conseguido por estas mismas vías.

… Así, pues, en la sociedad libre descrita en las líneas anteriores la propiedad se reduce, en definitiva, a esto: todo ser humano es naturalmente propietario de sí mismo y de los recursos de la tierra que es capaz de transformar y convertir en productos. El libre mercado es una sociedad de intercambio voluntario y mutuamente beneficioso de los títulos de propiedad entre productores especializados. Se ha objetado a menudo que esta economía de mercado se apoya en la perversa doctrina de que el trabajo es una mercancía más. Pero la auténtica realidad es que los servicios laborales son, en efecto, una mercancía y que, al igual que en el caso de las propiedades tangibles, el servicio laboral del que una persona es dueño puede ser enajenado e intercambiado por otros bienes y servicios. Puede enajenarse el trabajo de una persona, pero no su voluntad.

… Hemos definido como sociedad libre aquella en la que los títulos de propiedad se fundamentan en las realidades humanas básicas: en la propiedad de cada individuo, en virtud de su ego, sobre su propia persona y su propio trabajo, y en su propiedad sobre los recursos naturales que descubre y transforma. Al ser las propiedades tangibles y los servicios laborales enajenables por su propia naturaleza, puede surgir un entramado de libre intercambio de los títulos de propiedad. Murray N. Rothbard. La ética de la libertad.  2009.

La propiedad en el análisis de Arturo Damm:

Para entender mejor por qué la propiedad privada es la condición de posibilidad del ejercicio de la libertad individual, vale la pena recurrir a la distinción que hizo Isaiah Berlin4 entre libertad positiva y libertad negativa, distinción que rescato dándole mi propia interpretación, siendo la primera -la negativa- la libertad de y la segunda -la positiva- la libertad para. La libertad de es la libertad para poder5 escoger fines, mientras que la libertad para es la libertad para poder usar los medios necesarios para el logro de esos fines, lo cual supone que una cosa es querer y otra lograr, siendo que entre lo primero y lo segundo se encuentra el poder, que en el caso de la acción humana depende de los medios con los que se cuente para intentar el logro del fin elegido. Dado que el ser humano no es omnipotente logra, no lo que quiere, sino lo que puede, poder que depende de los medios a su disposición, desde conocimientos y habili­dades, hasta recursos naturales y herramientas de todo tipo.

La libertad negativa, que es libertad de, supone estar libre de prohi­biciones, lo cual no quiere decir estar libre de toda prohibición, ya que algunas (no matarás, no esclavizarás, no robarás) son necesarias para hacer valer los derechos naturales de la persona (a la vida, a la libertad individual y a la propiedad privada).

La libertad positiva, que es libertad para, supone tener la libertad para usar los medios necesarios para la consecución del fin, libertad que supone, ¡obviamente!, la propiedad de dichos medios, de tal manera que la libertad para es la condición de posibilidad de la libertad de o, dicho de otra forma, la propiedad de los medios necesarios para la consecución de los fines es la condición de posibilidad de la libertad para intentar el logro de tales metas. Con otras palabras: la propiedad privada es la condición de posibilidad del ejercicio de la libertad individual (Esta es la razón por la cual la pobreza -falta de propiedad- limita la libertad para: impide el ejercicio de la libertad positiva). Libertad individual es libertad negativa; libertad positiva es propiedad privada.

Vuelvo a los dos ejemplos ya citados. La propiedad privada sobre los ingresos (libertad positiva: tengo los medios para intentarlo) es la condición de posibilidad de la libertad individual para consumir (libertad negativa: no hay algo o alguien que me lo prohíba), de la misma manera que la propiedad privada sobre los medios de producción (libertad positiva: cuento con los medios necesarios para intentarlo) es la condición de posibilidad de la libertad individual para emprender (libertad negativa: nada ni nadie me lo impide), y en la misma medida en la que se limita la segunda se limita la primera. La libertad negativa, que es libertad de, tiene que ver con la elección de los fines, la positiva, que es libertad para, con el uso de los medios para intentar el logro de esos fines, uso de los medios que supone su propiedad.

La propiedad privada es la condición de posibilidad del ejercicio de la libertad individual, y en el mismo grado que se limita o elimina la primera se limita o elimina la segunda. La lucha a favor de la libertad individual pasa, necesariamente, por la lucha a favor de la propiedad privada, y hoy las principales amenazas en contra de la libertad no se dan de manera directa, sino de forma indirecta, a través de los atentados contra la propiedad, atentados que cometen, ante todo, los gobiernos redistribuidores, que lo son prácticamente todos: en mayor o menor medida todos los gobiernos -de derecha, centro e izquierda- redistri­buyen, es decir, todos les quitan a unos para darles a otros, lo cual es un robo, que puede estar avalado por la ley, aval que no le quita lo injusto, es decir, el hecho de que viola la propiedad privada y, dado que ésta es la condición de posibilidad del ejercicio de aquella, también viola la libertad individual.

El liberalismo no es nada más laissez faire -dejar hacer: libertad- sino también laissez avoir -dejar poseer: propiedad-, laissez avoir que es la condición de posibilidad del laissez faire. Arturo Damm Arnal. Propiedad Privada [Condición de Posibilidad del Ejercicio de la Libertad Individual – Laissez Faire, Laissez Avoir]. 2012.

William EH Lecky (1838–1903) escribió en 1896:

El deseo de cada hombre de mejorar sus circunstancias, de cosechar la recompensa total de un talento superior, energía o ahorro es la fuente principal de la producción del mundo. Elimina estos motivos. . . corta todas las esperanzas que estimulan, entre los hombres comunes, la ambición, la empresa, la invención y el sacrificio personal, y todo el nivel de producción se hundirá rápida e inevitablemente. (Democracia y libertad). Lawrence W. Reed. The XYZ’s of Socialism. 2018.

Arturo J. Solórzano
Agosto de 2020

Libertad y Progreso

«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres». Miguel de Cervantes. El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha. 1605.

El derecho a disfrutar de la libertad es inalienable… Todos los hombres tienen derecho a su propio cuerpo —a los productos de su propio trabajo—, a la protección de la ley… Todas las leyes actualmente en vigor que admiten la esclavitud son, por tanto, ante Dios, absolutamente malas e inválidas… y deben ser derogadas sin dilación.” William Lloyd Garrison. Declaración de Sentimientos de la Convención Americana contra la esclavitud, 1833.

Veo la libertad del individuo no solo como un gran bien moral en sí mismo (o, como Lord Acton, como el mayor bien político), sino también como la condición necesaria para el florecimiento de todos los demás bienes que la humanidad aprecia: moral virtud, civilización, artes y ciencias, prosperidad económica. De la libertad, entonces, surgen las glorias de la vida civilizada“. Murray Rothbard. Conceived in Liberty Quotes.

“Un mundo en el que los hombres sean libres e iguales sería el paraíso en la Tierra. Un mundo así es difícil de lograr; y obligados a escoger, debemos poner la libertad por encima de la igualdad. Porque la ausencia de libertad conduce a la más desastrosa de las desigualdades e injusticias: el despotismo. Pero la desigualdad no conduce necesariamente a la ausencia de libertad”. Karl Popper.

La libertad (en latín: libertas, -ātis) en sentido amplio es la capacidad humana de obrar según la propia voluntad.

Según las acepciones 1, 2, 3 y 4 de este término en el diccionario de la Real Academia Española, el estado de libertad define la situación, circunstancias o condiciones de quien no es esclavo, ni sujeto, ni impuesto al deseo de otros de forma coercitiva. En otras palabras, aquello que permite a alguien decidir si quiere hacer algo o no, lo hace libre, pero también responsable de sus actos en la medida en que comprenda las consecuencias de ellos.

La quinta acepción del término define la libertad en los Estados democráticos como «derecho de valor superior que asegura la libre determinación de las personas.».

El Glosario de filosofía define la libertad como “Capacidad de obrar sin impedimentos, de autodeterminarse, lo que supone la posibilidad de elegir tanto los fines como los medios que se consideren adecuados para alcanzar dichos fines.

En la medida en que podemos aplicar el término a distintas facetas de la realidad podemos hablar de distintos tipos de libertad: moral, jurídica, política, religiosa, de pensamiento, etc.”

En la tradición anglosajona existen dos términos para libertad. Liberty y Freedom.

La palabra freedom / libertad proviene del inglés antiguo, que significa “poder de autodeterminación, estado de libre albedrío; emancipación de la esclavitud, liberación”. Hubieron variantes similares en frisón antiguo como “fridom”, el holandés “vrijdom” y el bajo alemán medio “vridom”.

La libertad (freedom) es la condición filosófica y psicológica interna”, En resumen, la libertad (freedom) es inherente al ser humano. Existe dentro de ellos en virtud de su humanidad.

La palabra liberty / libertad proviene del latín “libertatem” (nominativo libertas), que significa “libertad civil o política, condición de hombre libre; ausencia de restricción o permiso “.

“La libertad (liberty) es una condición que surge de la convivencia de personas libres en sociedad. La libertad (liberty) es una condición social. La libertad (liberty) es una construcción política que permite a las personas disfrutar de libertades como los derechos de propiedad, la libertad de expresión, la libertad de asociación, etc.

Lamentablemente, la libertad no ha sido el estado natural de la humanidad . La historia ha demostrado que la libertad, particularmente la del individuo, ha sido una característica distintiva de las sociedades occidentales, especialmente en los primeros años de los Estados Unidos. Freedom vs. Liberty: How Subtle Differences Between These Two Big Ideas Changed Our World

La libertad es uno de los pilares fundamentales del pensamiento liberal y del orden económico de mercado en el que se basa el capitalismo.

Las ideas liberales se remontan al siglo XVII, con las obras de pensadores como Thomas Hobbes y John Locke, aunque el término no fue utilizado sino hasta el siglo XIX. El significado original se refiere a la preponderancia de la libertad individual, en tanto no entre en conflicto con los derechos de otros y el rechazo a todo aquello que trata de menoscabarla. Entre estos derechos está la propiedad privada y los derechos políticos como la libertad de expresión. La base del liberalismo está también en el pensamiento de Lord Acton (1834-1902), quien decía que “La libertad no es el poder de hacer lo que nos gusta, sino el derecho a hacer lo que deberíamos.”

Una definición de liberalismo que cuenta con amplio consenso se publica en Wikipedia:

El liberalismo se identifica como una actitud que propone la libertad y la tolerancia en las relaciones humanas, fundamentada en el libre albedrío y en el principio de no agresión (vid. Escuela de Salamanca). Promueve, en suma, las libertades civiles y económicas y se opone al absolutismo, al despotismo ilustrado y al conservadurismo. Constituye la corriente en la que se fundamentan tanto el Estado de derecho como la democracia representativa y la división de poderes.

Desde sus primeras formulaciones, el pensamiento político liberal se ha fundamentado sobre tres grandes ideas:​

    1. Los seres humanos son racionales y poseen derechos individuales inviolables, entre ellos, el derecho a configurar la propia vida en la esfera privada con plena libertad, y los derechos a la propiedad y la felicidad. Esto se basa en los tres derechos naturales de John Locke: vida, libertad y propiedad privada.
    2. El gobierno y, por tanto, la autoridad política deben resultar del consentimiento de las personas libres, debiendo regular la vida pública sin interferir en la esfera privada de los ciudadanos.
    3. El Estado de derecho obliga a gobernantes y gobernados a respetar las reglas, impidiendo el ejercicio arbitrario del poder. Wikipedia. Liberalismo.

En los siguientes párrafos, varios autores ilustran esta relación entre libertad y economía.

En términos económicos, el liberalismo se basa en la propiedad privada y en el funcionamiento de la economía de mercado, con una interferencia mínima del Estado, justificable para corregir fallas y proteger los derechos de propiedad, libre comercio y libre contratación.

En resumen, los liberales creen en un orden social espontáneo, próspero, con respeto mutuo, tolerancia, no agresión, cooperación e intercambio voluntario entre personas libres. La mayoría basan esto en los derechos morales básicos de vida de los individuos, libertad y propiedad, protegidos por un sistema de justicia creíble y fuerte. Favorecen la libre expresión, la libre asociación, el imperio de la ley y los límites al gobierno que previenen la violación de las libertades individuales por las autoridades.  Eamonn Butler. 101 Great Liberal Thinkers. 2019.

El sistema que Adam Smith (1723-1790) describe, [el capitalismo de libre mercado] no es creado, sino espontáneo: resultó de las necesidades prácticas que comenzaron con el trueque de los pueblos primitivos, siguieron con formas más elaboradas del comercio, la aparición de la propiedad privada, las leyes y los tribunales, es decir, el Estado, y, sobre todo, de la división del trabajo que disparó la productividad. Este orden espontáneo, como lo llamaría más tarde Hayek, [y que Smith describe como si fuera guiado por una “mano invisible”] tiene a la libertad —a las libertades— como su cimiento: libertad de comercio, de intervenir en el mercado como productor y consumidor en igualdad de condiciones frente a la ley, de firmar contratos, de exportar e importar, de asociarse y formar empresas, etcétera. Los grandes enemigos del mercado libre son los privilegios, el monopolio, los subsidios, los controles, las prohibiciones. Lo espontáneo y natural del sistema se reduce a medida que la sociedad progresa y se crean estructuras legales que regulan el mercado. Ahora bien, siempre que preserven, por lo menos en grandes márgenes, la libertad, el sistema será eficiente y dará resultados positivos. Mario Vargas Llosa. La llamada de la tribu. 2018.

El capitalismo es el sistema económico que se desarrolla en la medida en que las personas son libres de ejercer su derecho a la vida y elegir ejercerlo.

Y en la medida en que la producción depende de la paz y la tranquilidad, del respeto de los derechos individuales, de la libertad limitada del gobierno, de la libertad económica y política, e incluso de la autoestima personal, depende fundamentalmente de la influencia de una filosofía racional del mundo real.

La aplicación, a su vez, de esta visión del individuo a la sociedad y a la política era la doctrina de los derechos individuales inalienables, y del gobierno como existente para ningún otro propósito que asegurar esos derechos, con el fin de dejar al individuo libre para perseguir su propia felicidad. Esto, por supuesto, fue la base de la libertad en el capitalismo. George Reisman en “Capitalism. A Treatise on Economics” (1996)

Tomando la naturaleza humana como funciona en la vida promedio, (Wilhelm Roepke, FA Hayek, Ludwig von Mises y otros) han demostrado que el mercado competitivo y el sistema de precios son la base de cualquier libertad política real que exista o pueda imaginarse que existe…

No soy economista, pero he observado con cuidado los escritos sinceros de estos hombres. No ha habido respuesta, y no veo cómo puede haber una respuesta, a su afirmación de que la humanidad se enfrenta a una elección entre dos y solo dos sistemas económicos, una elección que implica el destino de la civilización democrática. Podemos elegir un sistema en el que la cantidad y el tipo de bienes producidos estén determinados por el mecanismo impersonal del mercado, emitiendo sus decretos en forma de precios fluctuantes. O podemos elegir un sistema en el que esto se determina mediante comandos emitidos por una autoridad personal respaldada por la fuerza armada. … La pregunta es si la economía está mezclada hasta el punto de destruir la función esencial de dirección del mercado, si las regulaciones son un sustituto del mercado o un marco dentro del cual operará, si la intervención es compatible o incompatible con el control general de la economía de todo el pueblo como consumidores de bienes. Esa es la diferencia entre el colectivismo y la economía de mercado. Esa es la alternativa con la que se enfrenta la humanidad. No puedes esquivarlo, rezarlo o esconderte de ti mismo con cortinas de humo de ideas. Es un hecho, no una idea. Tenemos que elegir. Y la elección es entre libertad y tiranía. Max Eastman. Reflections on the Failure of Socialism. 1955.

Desde el punto de vista de la economía, podemos hablar de liberalismo económico, el cual promueve la economía de mercado, basada en la propiedad privada de los medios de producción, es decir, donde la mayoría de decisiones económicas son tomadas por los individuos en lugar de por el Estado. Aunque también puede apoyar la regulación gubernamental hasta cierto punto, tienden a oponerse a la intervención del gobierno en el mercado libre cuando inhibe el libre comercio y la competencia abierta.

Una corriente del liberalismo es el libertarismo, una filosofía política que sostiene que una persona debe ser libre de hacer lo que quiera en la vida, siempre que su conducta sea pacífica. Los libertarios sostienen que el gobierno debería dejarlo solo y su propósito principal es enjuiciar y castigar a las personas antisociales que inician la fuerza contra otros. Los libertarios son escépticos a la idea de que la sociedad obtiene más beneficios que perjuicios del Estado y es frecuente que defiendan la limitación o incluso la eliminación de este último.

Históricamente, el liberalismo económico surgió en respuesta al mercantilismo y al feudalismo. Hoy en día, también se considera opuesto a los sistemas económicos no capitalistas como el socialismo y las economías planificadas. También contrasta con el proteccionismo, debido a su apoyo al libre comercio y a los mercados abiertos.

Más información sobre el concepto de liberalismo se encuentra en Liberalismo y Neoliberalismo.

El libertarismo se diferencia del liberalismo clásico básicamente por su énfasis en la reducción sustantiva del papel del Estado.

En las ciencias políticas el pensamiento libertario puede ser visto como heredero de algunas ideas de las tradiciones intelectuales del liberalismo clásico en mayor medida y del anarquismo filosófico en menor medida, … Las corrientes de pensamiento agrupadas bajo el término libertarismo se fundamentan en principios bastante similares, y si bien los libertarios comparten ideas como el respaldo del derecho de propiedad, la libre asociación, la reivindicación de la desregulación del comercio interno y externo, el pedido de privatización de gran parte de los servicios estatales, y el rechazo a la intervención del Estado en acuerdos privados, existen discrepancias entre libertarios sobre el alcance de sus principios filosóficos. Uno de los debates más conocidos, aunque no el único, trata sobre el alcance del antiestatismo libertario y se da entre los defensores del anarcocapitalismo y del minarquismo laissez faire.

La persona más responsable de popularizar el término «libertario» fue Murray Rothbard, … que consolida definitivamente el significado de esta palabra con la publicación del libro Por una nueva libertad. El manifiesto libertario en 1973.

En la década de 1950, la novelista ruso-estadounidense Ayn Rand desarrolló un sistema filosófico llamado objetivismo, expresado en sus novelas El Manantial y La Rebelión de Atlas, así como otras obras que influyeron en muchos libertarios. Wikipedia. Libertarismo.

A la libertad en sus acepciones fundamentales y al liberalismo se oponen el colectivismo, objetivo del socialismo y el comunismo, que siempre han desembocado en el autoritarismo y el totalitarismo.

La subordinación de los derechos individuales a los intereses de un grupo que pretende ser el intérprete de los derechos colectivos ha conducido a la existencia de los regímenes autoritarios y totalitarios. Los orígenes filosóficos del totalitarismo son tan antiguos como la humanidad, pero es hasta el siglo XVI que toma forma como un cuerpo doctrinario moderno.

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), autor de “El Contrato Social”, fue uno de los precursores del totalitarismo del siglo XX, al insistir en la idea del sacrificio de la libertad del individuo por la colectividad; incorporó a la filosofía política conceptos incipientes como el de la  voluntad general (que Kant transformaría en su imperativo categórico) y la alienación.

Charles Edwyn Vaughan, en un estudio sobre la obra de Rousseau, observó que “En sus escritos anteriores afirma la libertad del individuo, pero de un individuo divorciado de toda comunión —no es mucho decir, de toda conexión— con los de su especie. En su obra posterior, invierte el proceso y exalta las pretensiones de la comunidad de la total “aniquilación” de los intereses y derechos individuales.

«Las cláusulas de este contrato», prosigue Rousseau, «están tan completamente determinadas por la naturaleza del acto que la más mínima desviación las haría nulas y sin efecto. … “Estas cláusulas, bien entendidas, se reducen a una sola; Es decir, la entrega total (aliénation totale) de cada asociado con todos sus derechos a la comunidad en general … si luego dejamos de lado todo lo que no es la esencia del contrato, encontraremos que se reduce a los siguientes términos: Cada uno de nosotros se arroja a sí mismo y todos sus poderes al capital social, bajo el control supremo de la voluntad general; y, como cuerpo2, recibimos a cada miembro individual como una parte inseparable del todo.  The Political Writings of Jean Jacques Rousseau, vol. 1 [1915]

Dice Rousseau, en su famosa obra El contrato social, que las cláusulas del contrato «pueden reducirse a una: la total alienación de cada asociado, junto con todos sus derechos, a la totalidad de la comunidad, pues, en primer lugar, en la medida en que cada uno se entrega absolutamente, las condiciones serán iguales para todos, y esto, siendo así, significa que nadie tendrá interés en convertirse en una carga para otros». El mismo Rousseau pensaba que quien no obedeciera a la autoridad debía ser castigado con la muerte porque ella era la voluntad del pueblo. Más aún, según Rousseau, el espíritu completo de la nación podía «residir en una minoría iluminada que ha de actuar para su  ventaja política».Siguiendo estas ideas, Robespierre sintió que estaba legitimado para asesinar a miles, pues él se veía como el iluminado portador de la voz del pueblo. El célebre jurista alemán Georg Jellinek advirtió de las consecuencias de esta doctrina totalitaria con gran claridad. Dice Jellinek:

El contrato social contiene una sola cláusula, esta es, la completa transferencia a la comunidad de todos los derechos del individuo. El individuo no retiene una partícula de sus derechos desde el momento en que entra al Estado. Todo lo que recibe en cuanto a derecho lo obtiene de la voluntad  general, que es el único juez de sus propios límites y no puede ni debe ser restringida por la ley de ningún poder. Incluso la propiedad pertenece al individuo sólo por virtud de concesión estatal. El contrato social hace al Estado el amo de los bienes de sus miembros, quienes mantienen la posesión sólo como fidecomisarios de la propiedad pública.

Según uno de los filósofos más importantes del siglo pasado, Isaiah Berlin, profesor de la Universidad de Oxford, la doctrina según la cual la libertad de las personas se consuma en el Estado fue la de la «servidumbre absoluta», lo que convierte a Rousseau en uno de los «más siniestros y  formidables enemigos de la libertad en toda la historia del pensamiento moderno».

Tal vez no hay lugar en el mundo en que el concepto de «democracia» carezca más de significado que en América Latina, donde, siguiendo la tradición totalitaria de Rousseau, quien pensaba que no  debía haber límites a las decisiones de las mayorías porque el gobernante siempre representaba de manera infalible la «voluntad general» del pueblo, ha servido para expandir el poder del Estado de manera ilimitada. Axel Kaiser y Gloria Álvarez. El engaño populista. 2016.

El guión para construir el estado totalitario que Hakey magistralmente describió en “Camino de Servidumbre” hace ya 85 años y Orwell retrató hace 70 en sus famosas novelas tituladas “Rebelión en la Granja” y “1984” publicadas en 1945 y 1949 respectivamente, fue documentado con evidencias surgidas de fuentes oficiales por Hannah Arendt muy poco después en “Los orígenes del totalitarismo”.

En los gobiernos totalitarios, y todos los regímenes fascistas, socialistas o comunistas lo han sido, se restringen las libertades civiles e incluso sociales, de pensamiento y de reunión. Cualquier confrontación con el Estado se suele considerar como un acto de conspiración y traición. En ocasiones, sin ningún tipo de evidencia, eludiendo así cualquier tipo de justicia.

…«nada representaba tanto el retorno a la «tribu» como el comunismo, con la negación del individuo como ser soberano y responsable, regresado a la condición de parte de una masa sumisa a los dictados del líder, especie de santón religioso de palabra sagrada, irrefutable como un axioma, que resucitaba las peores formas de la demagogia y el chauvinismo.» Mario Vargas Llosa. La llamada de la tribu. 2018.

Una característica inseparable del Estado omnipotente en los países que sucumbieron a la imposición violenta del socialismo fue el totalitarismo y el autoritarismo.

Para entender estos conceptos consideremos su opuesto: la democracia liberal.

Tomando como punto de apoyo posiciones como las de Popper, Schumpeter, Buchanan y Hayek, no todas las democracias ofrecen las mismas condiciones para un orden social donde prevalezcan las libertades individuales e incluso, el estado de derecho. La redefinición minimalista de la democracia admite incluso regímenes que coaccionen directamente la libertad. Sólo el tipo específico de democracia denominado “democracia liberal” puede sostener la consistencia entre libertad y democracia, cuyos rasgos fundamentales quedan perfectamente sintetizados en lo que Ralf Dahrendorf consideraba que debía estar en el ámbito de lo permitido por una democracia: i) el cambio de los encargados del gobierno a través de procedimientos pacíficos y objetivos, sin conflictos ni violencia; ii) el control permanente a los que ejercen el poder, a través del sistema de pesos y contrapesos y el examen de las normas por parte de los parlamentos y otras instituciones que canalizan la representatividad del pueblo; y iii) la introducción de las demandas, intereses y preferencias en la vida política de los ciudadanos, de manera directa en las elecciones y de manera indirecta mediante las deliberaciones y negociaciones entre sus representantes. Para Dahrendorf, sólo si la democracia se sostiene en un orden liberal, puede cumplir estas funciones.

Efectivamente, la democracia liberal es una forma particular de democracia. Así, aunque estrictamente el término “democracia” sólo se refiere a un sistema de gobierno en que el pueblo ostenta la soberanía, el concepto de “democracia liberal” supone un sistema con las siguientes características:

    1. sufragio universal, materializado en el derecho a elegir y ser elegido en votaciones secretas y elecciones libres para una amplia mayoría de la población, que respaldan el mandato de un poder orientado a satisfacer las necesidades que prioriza la mayoría;
    2. división de poderes del estado – donde por lo menos, los cuerpos ejecutivo y legislativo son elegidos mediante elecciones abiertas y libres – y una constitución que limita estos poderes y controla el funcionamiento del gobierno;
    3. protección de los derechos de propiedad de manera generalizada;
    4. existencia de diversidad de partidos políticos;
    5. libertad de expresión y libertad de prensa, incluyendo el acceso a fuentes de información alternativa a las propias del gobierno;
    6. libertad de asociación;
    7. libertad de modus vivendi en el marco de la ley;
    8. ciudadanos educados e informados acerca de sus derechos y deberes, los cuales son sostenidos en su ejecución por un sistema judicial y coercitivo eficaz;
    9. un marco institucional de protección a las minorías que reconozca la aplicación indivisible e inalienable de los derechos humanos; y
    10. las autoridades elegidas tienen poder y autoridad real para gobernar y no están sujetas a ningún control tutelar de las fuerzas armadas o a los líderes religiosos.

Lo que define a la democracia liberal es democracia basada en la regla de la mayoría con respeto a los derechos para las minorías. Toda democracia liberal debe estar sometida a la ley. Es decir, ser una democracia limitada. Limitada por la ley, que limita, además, el poder del ejercicio del gobierno. Seudónimo: Darío. Totalitarismo Democrático o Democracia Liberal ¿Adónde Apunta Latinoamérica?

Por el contrario, los regímenes totalitarios controlan todos los aspectos de la vida de las personas. Todo está permanentemente vigilado. Se controla la economía, la política, la religión, la cultura, la ciencia, el deporte.

Todo dentro del estado, nada fuera del estado, nada contra el estado“, en las palabras de Mussolini (Gurian, 1978). Zbigniew Brzezinski y Carl Friedrich caracterizaron al estado totalitario como ideología, un partido con un líder omnipotente, una economía controlada por el Estado, un monopolio en todas los formas de comunicación, control sobre el ejército, y un terror organizado de la policía secreta (1965). The Evolution of Totalitarianism,

También, desde que existe el Estado, en la historia antigua tanto como en la reciente, los monarcas, los regímenes totalitarios, dictatoriales o autoritarios siempre tuvieron que recurrir al apoyo de una elite generosamente recompensada para sostener su poder, a costa de la libertad del resto.

En los Discursos observa Maquiavelo que todo aquel que pretenda establecer un gobierno de libertad e igualdad fracasará, «a menos que, aparte de esa igualdad general, a un número de los espíritus más osados y ambiciosos los haga caballeros, no solo de nombre sino de hecho, dándoles castillos y posesiones, así como dinero y súbditos, para que, rodeado de ellos, pueda mantener su poder y ellos, con su apoyo, puedan satisfacer su ambición».

El camino a la servidumbre que Hayek describe pasa por la rendición de la libertad individual. Coincidiendo con George Orwell, Hayek se refiere a  “la perversión completa del lenguaje, el cambio de significado de las palabras con las que se expresan los ideales de los nuevos regímenes.

La que más ha sufrido a este respecto es, desde luego, la palabra libertad. Es una palabra que se usa tan desembarazadamente en los Estados totalitarios como en cualquier parte. Aun pudiera casi decirse —y ello debería servirnos como advertencia para ponernos en guardia contra todos los incitadores que nos prometen nuevas libertades por las viejas — que allí donde se destruyó la libertad tal como la entendemos, casi siempre se hizo en nombre de alguna nueva libertad prometida a la gente. … Como la libertad de éstos, la «libertad colectiva» que aquél nos ofrece no es la libertad de los miembros de la sociedad, sino la libertad ilimitada del planificador para hacer con la sociedad lo que se le antoje. Es la confusión de la libertad con el poder, llevada al extremo.

… La tragedia del pensamiento colectivista es que, aun partiendo de considerar suprema a la razón, acaba destruyéndola por desconocer el proceso del que depende su desarrollo.

… . Si hemos fracasado en el primer intento de crear un mundo de hombres libres, tenemos que intentarlo de nuevo. El principio rector que afirma no existir otra política realmente progresiva que la fundada en la libertad del individuo sigue siendo hoy tan verdadero como lo fue en el siglo XIX. Friedrich A. von Hayek. “Camino de servidumbre” (1944)

Concluyendo,

debemos subrayar el nefasto efecto que tendrá el pensamiento de Rousseau sobre las élites políticas, especialmente las de la izquierda marxista: esa idea de actuar en cada momento representando la voluntad general (o el interés general, que no es más que una forma un poco atenuada del mismo) como legitimador de cualquier medida que suponga la violación de la libertad de los individuos, nos ha dejado los casos más terribles de genocidios de la historia y la más larga lista de tiranos que, por compartir un ideal, hayan actuado justificados por una misma excusa: hacer el bien (el mal, en realidad) al pueblo. Eduardo José Ramírez Allo. ¿Cómo ha llegado la izquierda a ser tan penosa como lo es en la actualidad? 

La libertad de pensamiento y de expresión se considera como una de las más importantes de las libertades. En las sociedades democráticas occidentales, la libertad de expresión se considera como el sustento básico de la democracia. Tanto como para que muchos escritores, intelectuales y periodistas se permitieran alabar a regímenes autoritarios, autores de crímenes de lesa humanidad, con total libertad, sin miedo a ser censurados o peor aún, castigados, como sucede con toda voz disidente en los regímenes que ensalzan.

Sin embargo, es una de las más reprimidas en los regímenes autoritarios, una de cuyas características principales es la intolerancia política y religiosa. Los regímenes autoritarios eliminan la libertad de expresión a través de la censura y la vigilancia permanente: Monopolizan la difusión de información imponiendo una visión sesgada de la realidad en todos los ámbitos.

Pero además, desarrollan un sistema de adoctrinamiento ideológico que inicia desde la educación de los niños y continúa durante todo el ciclo educativo. La lealtad política al régimen se mide en gran parte por el lenguaje utilizado y es la medida para tener acceso a los beneficios que pueda otorgar el Estado. El lenguaje disidente es motivo de exclusión y persecución.

La persecución del pensamiento disidente ha dejado de ser hoy una actividad exclusiva del Estado. El adoctrinamiento ideológico es eficiente en lograr una masa importante de personas en las que se ha desarrollado la intolerancia hacia el pensamiento y la expresión de ideas diferentes o críticas, que se encargan de funcionar como policías del pensamiento. En los regímenes autoritarios son los que denuncian ante las autoridades a todo aquel que consideren un disidente para que sea castigado.El incentivo son las dádivas o ventajas que pueden obtener. En las sociedades democráticas, se convierten en los voceros de la intolerancia y la división social usando el acoso y el asedio contra todos los que expresan ideas que difieren de sus creencias. Las redes sociales han potenciado su trabajo.  

Liberté, egalité, fraternité fueron la consigna fundamental de la Revolución Francesa.

Las revoluciones francesa y estadounidense ocurrieron con una diferencia de doce años entre sí, pero se centraron en dos conceptos muy diferentes de libertad individual. Para los franceses, el objetivo era garantizar la igualdad política. Para los estadounidenses, fue la independencia personal. Esta distinción ayuda a arrojar luz sobre lo que hizo que los resultados de las dos revoluciones fueran tan diferentes.

La Revolución Francesa se convirtió en un caos cuando fanáticos revolucionarios como Maximilien Robespierre se convirtió en el jefe de facto del Comité de Seguridad Pública . Bajo la dirección del Comité, Robespierre condujo el infame ” Reinado del Terror ” contra todos los oponentes de la Revolución Francesa. Robespierre se inspiró en parte en Rousseau, afirmando: “Rousseau es el único hombre que, a través de la altura de su alma y la grandeza de su carácter, demostró ser digno del papel de maestro de la humanidad”.

Durante su despótico período de liderazgo, Robespierre llegó a crear un Culto al Ser Supremo, una religión estatal basada en el secularismo. Esto fue parte del programa revolucionario de Robespierre para destruir completamente la tradición católica romana de Francia en la búsqueda de una ambigua “igualdad política” entre las masas. En lugar de intentar luchar por principios basados ​​en la libertad como hicieron los Padres Fundadores, Robespierre estaba más preocupado por destruir todas las características de la sociedad cívica francesa en nombre del progreso.

En un cruel giro de ironía, Robespierre y su Comité de Seguridad Pública se comportaron más como la anterior monarquía francesa una vez que tomaron el control. Por esa razón, la Revolución Francesa se convirtió en una ola de asesinatos caótica que vio a decenas de miles de personas ejecutadas en la guillotina por simplemente oponerse a la visión de Robespierre. Al final, Robespierre probó su propia medicina, cuando la Convención Nacional Francesa lo arrestó y lo condenó a muerte el 28 de julio de 1794.

El camino hacia la estabilidad política en Francia fue bastante accidentado y fue una demostración de que las ideas erróneas sobre la tenue relación del papel del estado en la vida de un individuo pueden ser mortales.

En los Estados Unidos, los Padres Fundadores lucharon, sobre todo, por el restablecimiento de las libertades que disfrutaban como ingleses, usurpadas por el tiránico rey Jorge III. Thomas Jefferson escribió en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos:

Sostenemos como evidentes en sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad. …”.

La filosofía de Jefferson sostenía que los derechos inalienables de un individuo no se le  otorgan a uno en un documento, sino su Creador (y posteriormente codificados en la Declaración de Derechos “para evitar la interpretación errónea o el abuso de sus poderes”, como se establece en el preámbulo), En otras palabras, un derecho inalienable es otorgado por Dios. No es otorgado por un presidente, un rey o ningún gobierno; de lo contrario, puede ser retirado.

Desafortunadamente, la mayoría de los países de todo el mundo han seguido el ejemplo de gobernanza de Francia frente al modelo estadounidense.

América Latina es posiblemente el mejor ejemplo de esto. Santander y su homólogo Bolívar no compartían la opinión de Jefferson. Juan Bautista Alberdi, uno de los principales pensadores liberales clásicos de América Latina en el siglo XIX, entendió las principales distinciones detrás de las Guerras de Independencia de América Latina y América en su ensayo Omnipotencia del Estado :

Washington y sus contemporáneos estaban más interesados ​​en luchar por los derechos y libertades individuales que en luchar por la independencia de su país. Una vez que lograron lo primero, pudieron lograr lo segundo, a diferencia de los países sudamericanos, que ganaron su independencia política pero no obtuvieron libertades individuales

Bolívar (1783-1830) nació en la aristocracia de Caracas. Fue un producto de la Ilustración y fue fuertemente influenciado por Jean-Jacques Rousseau. Al igual que Robespierre en Francia, Bolívar estaba fascinado con las ideas de Rousseau. En particular, se suscribió al concepto de “voluntad general” de Rousseau, que llamaba a la élite intelectual y educada a identificar qué es lo que es mejor para la gente.

Desde entonces, América Latina experimentaría décadas de inestabilidad política y económica. El despotismo, la inexistencia del estado de derecho y el intervencionismo económico han sido señas de identidad de la política latinoamericana durante el último siglo y medio. Se podría argumentar que esto se debe al hecho de que no existe una base filosófica en el derecho inalienable a la libertad del individuo. Es solo una cuestión de poder. Freedom vs. Liberty: How Subtle Differences Between These Two Big Ideas Changed Our World

El concepto hegeliano de la alienación, usado por Rousseau en su doctrina de subordinar las libertades políticas a la voluntad general representada por el Estado, fue transformado por Karl Marx (1818-1883) en su concepción de la libertad económica.

El significado de la libertad en el marxismo se encuentra en la abolición de la alienación, es decir, de la producción de mercancías, la producción para el mercado. Para Marx y Engels, el mercado representa no solo la arena de la explotación capitalista sino, más fundamentalmente, un insulto sistemático a la dignidad del hombre. A través de él, las consecuencias de la acción del hombre escapan de su control y se vuelven contra él de manera maligna. Por lo tanto, la idea de que los procesos de mercado generan resultados que no eran parte de la intención de nadie se convierte, para el marxismo, en la razón misma para condenarlos. Como Marx escribió sobre la etapa de la sociedad comunista antes de la desaparición total de la escasez,

La libertad en este campo puede consistir solo en el hombre socializado, los productores asociados, que regulan racionalmente su intercambio con la Naturaleza, poniéndolo bajo su control común, en lugar de ser gobernado por él como por las fuerzas ciegas de la Naturaleza.

El punto es más claro con Engels:

“Con la toma de los medios de producción por parte de la sociedad, la producción de mercancías se elimina y, con ello, el dominio del producto sobre los productores. La anarquía de la producción social es reemplazada por una organización consciente según el plan. Toda la esfera de las condiciones de vida que rodean a los hombres, que hasta ahora gobernaban a los hombres, queda bajo el dominio y el control consciente de los hombres, que se convierten por primera vez en verdaderos y conscientes señores de la naturaleza, porque y en eso se vuelven dueños de su propia organización social. Las leyes de su propia actividad social, que las confrontaba hasta este punto como leyes extrañas de la naturaleza, que las controlan, luego son aplicadas por hombres con plena comprensión, y así las dominan. Solo a partir de entonces los hombres harán su historia ellos mismos con plena conciencia; solo a partir de entonces tendrán las causas sociales que pusieron en marcha en la proporción principal y en constante aumento, también los resultados que pretenden. Es el salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad.” 6

Así, la libertad del hombre se expresaría en el control total ejercido por los productores asociados en la planificación de la economía y, con ello, toda la vida social. Las consecuencias no intencionadas de las acciones del hombre ya no traerían desastre y desesperación, no habría tales consecuencias. “El hombre” determinaría su propio destino. No se explicó cómo millones y millones de personas separadas podrían actuar con una sola mente y una voluntad, cómo de repente podría convertirse en “el hombre”, especialmente porque se alegaba que el estado, el motor indispensable de la coerción, se marchitaría.

Ya en los días de Marx y Engels, décadas antes del establecimiento del estado soviético, había algunos con una idea astuta de quién era el que asumiría el papel principal cuando llegara el momento de realizar el heroico melodrama El hombre crea su propio destino. El más famoso de los primeros críticos de Marx fue el anarquista ruso Michael Bakunin, para quien Marx era “el Bismarck del socialismo” y advirtió que el marxismo era una doctrina ideal para funcionar como la ideología, —en el sentido marxista: la racionalización sistemática y la ofuscación —de los impulsos de poder de los intelectuales revolucionarios. Bakunin advirtió que conduciría a la creación de “una nueva clase”, que establecería “el más aristocrático, despótico, arrogante y despectivo de todos los regímenes” 7. y afianzar su control sobre las clases productoras de la sociedad. El análisis de Bakunin fue extendido y elaborado por el polaco Waclaw Machajski. Ralph Raico. Marxist Dreams and Soviet Realities.

La realidad demostró que Bakunin tenía razón, que para que las mayorías consiguieran igualdad económica debía ser sacrificada su libertad, otorgando (o sufriendo forzadamente el) poder al Estado para privar a unos del fruto de su trabajo para entregarlo a otros. Pero aún ese ideal de igualdad tampoco fue cumplido. En los países que implantaron las ideas de Marx, para llegar al “Reino de la Libertad” o la “Sociedad de los Libres e Iguales”, una nueva clase minoritaria goza de privilegios económicos y políticos negados a las mayorías cuya condición se asemeja a la de los siervos o esclavos.

Los estados que implantaron el socialismo han sido, y lo siguen siendo donde aún tienen el poder, estados policíacos que restringen las libertades personales y los derechos humanos y reprimen sin miramientos cualquier disidencia u opinión diferente a los dogmas revolucionarios; dogmas y mitos difundidos a través de la educación obligatoria, el adoctrinamiento, en las escuelas y universidades para crear el “hombre nuevo”, de modo que con el cerebro lavado por el adoctrinamiento desde la infancia y libres de la ideología “burguesa”, las personas se convirtieron en entusiastas fanáticos que aplaudieran los dictados del partido, o al menos en dóciles y obedientes, pusilánimes o resignados ciudadanos incapaces de desafiar el poder. Cuba, Corea del Norte son el ejemplo viviente y aún China y Vietnam, con economías mixtas pero regímenes políticos comunistas.

En el pasado, promotores efectivos de la libertad, como Ronald Reagan, han enfatizado que el caso de la libertad económica es más espiritual que material: “Los socialistas ignoran el lado del hombre que es el espíritu. Pueden proporcionarle refugio, llenar su barriga con tocino y frijoles, tratarlo cuando esté enfermo, todo lo garantizado para un prisionero o un esclavo. No entienden que también soñamos”. El argumento de Reagan sigue siendo una potente condena de las quimeras de la izquierda.

Lo que la historia ha demostrado es que ha habido una mayor libertad humana, una mayor prosperidad humana y una mayor paz y tranquilidad humanas durante los momentos en que las ideas de libertad individual, mercados libres y gobierno limitado han prevalecido y se han instituido en la sociedad. Cuanto mayor es el grado de control, intervención y coerción del gobierno en la sociedad, menos han existido y florecido estas cosas.

La tarea no es estar en el mítico “lado correcto de la historia”, sino hacer que la historia refleje el triunfo y el éxito de la idea y los ideales de la libertad humana. Pero esto no sucede solo. Requiere que cada uno de nosotros comprenda el significado, el valor y la importancia de la libertad en ese sentido liberal y libertario clásico, y que estemos dispuestos a defenderla y promoverla entre nuestros semejantes. Eso es lo que haría historia. Richard M. Ebeling. Karl Marx’s Ideas and Errors About Capitalism and Markets

Hoy, la evidencia estadística muestra la importancia que para un país tiene la libertad económica para lograr el desarrollo sostenible.

Existe una asociación positiva entre niveles crecientes de libertad económica y tasas de crecimiento económico promedio más altas. Aún más, la libertad económica también se asocia positivamente con tasas más altas de alfabetización, mayor matrícula escolar, menor mortalidad infantil y una mayor esperanza de vida.

… En el Índice de Libertad Económica, los componentes más débiles de la libertad económica en la región (América Latina) fueron la protección débil de los derechos de propiedad, las percepciones generalizadas de la corrupción del sector público, la protección inadecuada para los inversores, la considerable interferencia del gobierno en el sistema financiero, las reglas rígidas e inflexibles impuestas por el gobierno sobre el mercado laboral y demasiada intromisión del estado en la gestión de empresas privadas. James Roberts. «Economic Freedom: The Only Way for Latin America to Escape Its Slow-Growth Path «. 2016.

En particular, para la mayoría de los países latinoamericanos, una cultura de corrupción frena la inversión y el crecimiento del empleo, y la mala calidad del entorno regulatorio frena el espíritu empresarial. Estas, entonces, son las áreas más importantes para la reforma en un país típico de las Américas”. Índice de Libertad Económica.

Por otro lado, según el Informe Mundial de la Felicidad, los países que mejoran el compromiso cívico al hacer que su gobierno sea más representativo serán más felices. Y un gobierno representativo implica libertad de elegir.

Combatir la corrupción, evitar conflictos civiles y mejorar los servicios públicos básicos afectan la felicidad de los habitantes, sin embargo hay que permitir que las personas disfruten de la libertad personal.
«El dinero ayuda, pero no te compra la felicidad», concluye el informe. ¿Qué es el índice de la felicidad?

Es aleccionador el hecho de que el totalitarismo, en sus vertientes fascista y comunista, no pudo echar raíces en sociedades con un arraigado aprecio de la libertad individual, como tampoco pudo el autoritarismo y la dictadura.

En el caso de América Latina, el factor cultural, valores y actitudes que se interponen en el camino del progreso, ha tenido un peso determinante en su desarrollo económico y social. Los pueblos latinoamericanos, acostumbrados desde antes de la Colonia al autoritarismo y al poder discrecional de los gobernantes, y luego a la visión mercantilista de suma cero de la economía, al incipiente desarrollo del mercado, a la prevalencia de estructuras económicas oligárquicas, corporativistas y corruptas, y un nivel muy bajo de educación en las mayorías, fue presa fácil de los cantos de sirena de líderes políticos que les prometían el cielo en la tierra, para lo cual en muchos casos vendieron sus libertades a cambio de dádivas y de la protección de dictadores y Estados “benefactores”.

Así surgieron y se impusieron por mucho tiempo las dictaduras de izquierda y derecha que asolaron el continente en el siglo XX, regresando de nuevo más recientemente con las dictaduras y regímenes populistas del autonombrado “Socialismo del siglo XXI”.

Es evidente entonces, que el pensamiento autoritario no es exclusivo de la izquierda. En el transcurso del siglo XX hubo varias dictaduras de derecha y estas limitaron las libertades políticas, especialmente la libertad de elegir, la libre expresión y la libertad de asociación. Su caracterización como “de derecha” se debe a que no limitaron la libertad económica, la que las dictaduras de izquierda sí limitan junto a las anteriores. Ambas, dictaduras de izquierda y derecha, tienen en común la imposición de la voluntad del Estado por sobre la voluntad de los individuos, una característica compartida con el fascismo.

De lo anterior puede concluirse entonces que una característica de la derecha es respetar las libertades económicas individuales mientras que la izquierda las limita o las anula para imponer o promover el colectivismo.

Como toda imposición coactiva, la imposición del colectivismo por el Estado como medio para alcanzar la igualdad social, estuvo y está siempre destinada a fracasar, en cuanto niega a las personas una de las libertades fundamentales: la libertad económica.

No en vano, renombrados economistas reconocen que el sistema de mercado y la libertad de los individuos para elegir qué producir, cómo producir y para quién producir es el único que ha podido crear riqueza y elevar el nivel de vida de las personas.

Por el contrario, los regímenes que implantaron el socialismo, el comunismo y otras formas de colectivismo y que derogaron la libertad económica de los individuos fracasaron en mejorar el nivel de vida de sus pueblos.

…”.soy liberal precisamente porque me interesa eliminar la pobreza del Tercer Mundo. Además de creer firmemente que la libertad de los individuos es el valor sobre el que deben fundamentarse la sociedad y la economía (la palabra liberal tiene el mismo origen etimológico que la palabra libertad), estoy profundamente convencido de que la libertad de elección individual dentro de la economía de mercado es un gran mecanismo, quizá el mejor mecanismo que jamás haya inventado el hombre, para crear riqueza y bienestar. Y la historia nos lo demuestra. Tal como dice el economista americano Paul Krugman, «el espíritu mercantil y el afán de lucro han hecho más para un gran número de gente pobre que toda la ayuda humanitaria y todos los créditos blandos concedidos por todos los gobiernos y todas las ONG del mundo a la vez».”  Xavier Sala i Martin. Economía liberal para no economistas y no liberales (2001)

Arturo J. Solórzano
Agosto de 2020

Influencia de los valores culturales en la desigualdad

Howard J. Wiarda, en su obra “Cultura política, ciencia política y política de identidad” (2014) define la “cultura política” como “las ideas, creencias, valores y orientaciones conductuales profundamente arraigadas que las personas tienen, o llevan en sus cabezas, hacia el sistema político.” Esta definición está más cerca del significado que entendemos cuando hablamos del “factor cultural” como explicación del desarrollo económico.

Wiarda resume su tesis sobre la cultura como factor clave en los siguientes párrafos. En lo fundamental, es similar a la tesis defendida por Lawrence Harrison:

En la literatura analizada en este libro, y en la literatura sobre desarrollo nacional, se hace evidente que la cultura es una de las principales claves del éxito. No la clave necesariamente, aunque algunos de nuestros autores lo argumentan, pero es una clave esencial. Además, diría, con la geografía, los recursos, el medio ambiente, la estructura social y las instituciones como las otras claves. Si preguntamos, por ejemplo, por qué Europa y América del Norte avanzaron en los primeros tiempos modernos, la respuesta es, principalmente, la cultura: la revolución de la ciencia, la imprenta, el estado de derecho, la libertad económica y política, el individualismo y el espíritu empresarial, y Gobierno pluralista y representativo.

Si preguntamos por qué, en la última mitad del siglo XX, Asia Oriental se adelantó a otras áreas en desarrollo (África, América Latina y Medio Oriente), la respuesta nuevamente es, en gran parte, la cultura: la ética del trabajo duro, el honor familiar, la educación y salir adelante que son parte de la cultura confuciana de la sociedad china ahora se extienden a otras partes de Asia.

Del mismo modo, si preguntamos por qué algunos países y áreas (Haití, África subsahariana, el Medio Oriente árabe y el sudeste asiático) se han quedado atrás, la respuesta nuevamente es la cultura: la ausencia de una cultura que apoye el desarrollo. La cultura y los valores están en el corazón del desarrollo. Por supuesto, también es necesario que sus instituciones estén bien, pero, al menos en las etapas iniciales de desarrollo, es esencial tener una cultura de apoyo, propicia para el desarrollo como en Asia, Europa y América del Norte. Valores tales como la responsabilidad personal, la confianza (Putnam y Fukuyama), la dignidad del trabajo, el gobierno legal y la prioridad del individuo hacen la gran diferencia en el desarrollo. Así, por supuesto, los recursos naturales, la geografía (por ejemplo, el sistema de transporte fluvial interno estadounidense y europeo), y tener un sistema de clase permeable que permita la movilidad ascendente. Todos estos factores (las instituciones adecuadas, los recursos, la geografía y un sistema social móvil ascendente) son importantes, pero en última instancia, la cultura también juega un papel importante, tal vez el más importante. La cultura es la llave que abre la puerta del éxito civilizatorio.

Algunas culturas, algunos sistemas de valores, algunas creencias y algunas religiones son más propicias para promover el desarrollo y la democracia que otras. Puede que no estemos muy cómodos con ese hecho, y ciertamente no es muy políticamente correcto decirlo, pero es un hecho.

… siguiendo el trabajo pionero de Max Weber, los países protestantes (calvinistas y evangélicos luteranos) del norte de Europa fueron mejores para promover los valores que llevaron al crecimiento: confianza, responsabilidad individual, estado de derecho, el valor de la educación, y la toma de riesgos, que los países católicos del Mediterráneo, aunque ahora países católicos como Austria, Bélgica y Francia se han puesto al día. Del mismo modo, en las Américas: las sociedades modernas, progresistas, de clase media y autosuficientes que los británicos y holandeses implantaron en América del Norte apoyaron mucho más la democracia que los cuasi feudales, de dos clases, y sociedades aún medievales y premodernas que España y Portugal implantaron en América Latina. Y ahora en Asia: las sociedades confucianas de Japón, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Singapur y recientemente Macao y China, con su énfasis en la educación, el honor de los padres y el logro individual, lo han hecho fenomenalmente bien, con tasas de crecimiento milagrosas, que incluso han superado a los Estados Unidos y Europa occidental. Sin embargo, las culturas de África, el sudeste de Asia y el Medio Oriente, áreas que también están sujetas a rígidos sistemas de creencias, instituciones débiles y sociedad civil, y estructuras sociales que no conducen ni al crecimiento ni al desarrollo, no han tenido tanto éxito.

Las culturas clientelistas, dirigidas por la familia y dominadas por el patrocinio del sur de Europa [España, Portugal, Italia, Grecia] ayudan a explicar por qué esa zona está en serios problemas, pero el norte de Europa está mucho mejor. Howard J. Wiarda, Cultura política, ciencia política y política de identidad. (2014)

Del penúltimo párrafo , la palabra clave es ” estructuras sociales” en cuanto al tema de desigualdad. Los países con estructuras sociales rígidas y que dificultan la movilidad entre las clases de diferentes ingresos son las más desiguales. Tómese el caso extremo de la India con su estructura social de castas y otros menos extremos como los países iberoamericanos que durante siglos tuvieron una estructura social más o menos rígida que se ha venido flexibilizando con el tiempo.

Francis Fukuyama, más conocido por su libro “El fin de la historia”, aborda en su obra “Trust. The Social Virtues and the Creation of Prosperity” (Confianza. Las Virtudes Sociales y la Creación de Prosperidad), 1995,  un elemento cultural fundamental, la confianza, que se construye a partir de la honestidad, como determinante para el desarrollo económico, pues este se facilita cuando hay relaciones de cooperación. Según Fukuyama, las relaciones de cooperación basadas en la confianza en un radio más amplio que el limitado de la familia, son claves porque disminuyen los costos de transacción y por tanto mejoran la competitividad. El análisis de Fukuyama se concentra en el papel que juega la confianza en el crecimiento y desarrollo económico, independientemente del grado de desigualdad.

Confirma los hallazgos de Richard Wilkinson y Kate Pickett en su libro «The Spirit Level«, enfatizados por Peter Saunders en  la revisión crítica de ese estudio en «When Prophecy Fails«, en cuanto a la alta correlación del grado de confianza en la sociedad y el nivel de ingreso percápita. El gráfico abajo, que muestra esa correlación, es del libro de Saunders.

Trust-vs-GDP

El análisis de Saunders valida también el que hacen Wilkinson y Pickett sobre la correlación negativa entre el nivel de confianza y la desigualdad dentro de los países. En los países más pobres hay mayor desconfianza y presentan un mayor grado de desigualdad.

Trust-vs-Inequality

También encuentra que los países con menor desigualdad comparten, además de un mayor grado de confianza, otras características comunes, como la homogeneidad étnica, tradiciones culturales y desarrollo histórico orientadas a un sentido de pertenencia nacional común y un menor grado de individualismo y diversidad. En los extremos se agrupan países como los nórdicos y Japón por un lado, y los latinoamericanos por el otro.

Por su parte, David C. Rose, en “Why Culture Matters Most”, concuerda en mucho con el análisis de Fukuyama sobre la importancia de la confianza para crear una sociedad próspera y adicionalmente se refiere a la importancia de educar a los menores en este tema.

Si suficientes personas son confiables, se convierte en el valor predeterminado asumir que otros son confiables, lo que reduce los costos de las transacciones y permite una mayor cooperación y prosperidad. Enseñar que la deshonestidad está bien es similar a la contaminación. Los padres deben enseñar moderación moral basada en el deber moral para hacer que sus hijos sean dignos de confianza y que la sociedad confíe en ellos. Se debe enseñar a los niños a rechazar la idea misma de captar las llamadas «oportunidades de oro», es decir, acciones que les permitan beneficiarse a expensas de los demás sin temor a ser detectados, como hacer trampa en un examen, hacer trampa en sus impuestos cuando no hay rastro de papel, o eludir algo en el trabajo cuando nadie puede detectarlo. Nuestros cerebros deben «llegar a considerar la acción oportunista como indigno de consideración», por lo que «literalmente eludirán el estado de cálculo costo-beneficio de la toma de decisiones cuando las posibilidades de comportarse oportunistamente se presenten»

Las democracias de libre mercado pueden desmoronarse si los padres y otros no enseñan suficiente fiabilidad. Y, las democracias de libre mercado se están desmoronando a través del redistribucionismo, el favoritismo regulatorio y el amiguismo. Esto está socavando la confianza en el sistema y socavando las instituciones democráticas, y por lo tanto socavando el capitalismo del libre mercado y la prosperidad material.  Reseña de Robert M. Whaples, The Independent Review, del libro de David C. Rose “Why Culture Matters Most”, Oxford University Press, 2019.

Como veremos, la desconfianza conduce a un sistema de corrupción, en el que los ingresos y la riqueza son en buena parte de origen ilegítimo. Este es el tipo de desigualdad moralmente repudiable y que no contribuye a reducir la pobreza.

La desconfianza resulta en la práctica de la mentira, la hipocresía, el fingimiento, la simulación y la mojigatería, que están enraizadas en lo profundo de la cultura de gran parte de los latinoamericanos.

El hecho de mentir, de engañar, de prometer algo y no cumplirlo, de obtener ventajas mediante el juego sucio, tiene consecuencias devastadoras en las relaciones personales, en la política y en los negocios. Si no hay confianza en las demás personas, no puede haber ningún tipo de cooperación o relación confiable.

La desconfianza fomenta el nepotismo. El nepotismo desincentiva el deseo de superación personal y promueve en las personas vicios de comportamiento negativos como la adulación calculada, el servilismo, el clientelismo, el soborno y la corrupción, como únicos medios pragmáticos para competir y “triunfar” en un ambiente hostil.  El mérito pasa a segundo plano. ¿Para qué alguien va a esforzarse en estudiar, en prepararse para luego recoger los frutos de su esfuerzo, si lo que cuenta más son las conexiones, no el mérito?

El nepotismo es una práctica recurrente tanto en las empresas privadas como en el Estado. El nepotismo frena el incentivo por la educación y la superación personal, por desarrollar habilidades con la certeza de obtener luego los frutos del esfuerzo personal. En la cultura local, el mérito pasa a segundo plano, se vuelve más importante desarrollar relaciones de amistad, especialmente con las personas de las cuales se puede obtener algún beneficio, ya sea alguien que toma decisiones en una empresa o un funcionario estatal. Se cae a veces en el servilismo para generar confianza en la lealtad para con los superiores o en halagos y regalos para con otras personas de interés. Una vez lograda la confianza, se usa para coludirse en actos reñidos con las leyes, normas o reglamentos, para obtener mutuos beneficios, en otras palabras, en actos de corrupción como obtener una concesión, un contrato o un tratamiento preferencial.

Esa combinación de valores negativos conduce a la corrupción, un cáncer que corroe a la sociedad y le extrae recursos para el enriquecimiento ilícito de unos cuantos que se coluden para obtener ventajas oportunistas exclusivas.

Es lo que se ha dado en llamar el “capitalismo de compadres o compinches” en el que las élites en el poder están coludidas con la oligarquía local para extraer las rentas derivadas de las prácticas corruptas, las que no pueden obtener participando en el libre juego de la competencia en el mercado, perjudicando así a otros competidores y a los consumidores en general. Esta forma de capitalismo corrupto es fuente de ingresos y riquezas de origen ilegítimo, cuya concentración conduce a una desigualdad moralmente repudiable, pero también reduce la competencia justa, disuade la inversión y estanca el crecimiento económico, necesario para reducir la pobreza.

Una investigación realizada en 2015 (Sutirtha Bagchi and Jan Svejnar. “Does Wealth Inequality Matter for Growth? The Effect of Billionaire Wealth, Income Distribution, and Poverty“ 2015) encontró que la desigualdad de riqueza, en lugar de la desigualdad de ingresos o la pobreza, está significativamente relacionada con el crecimiento económico.  Pero más importante aún fue la verificación de que la riqueza obtenida a través de conexiones políticas o corrupción está relacionada negativamente al crecimiento económico mientras que los efectos de la desigualdad de riqueza, la desigualdad de ingresos y la pobreza inicial políticamente desconectados son estadísticamente insignificantes.

El estudio referido es una confirmación de lo que Baumol et. al. (William J. Baumol, Robert E. Litan, And Carl J. Schramm, Good Capitalism, Bad Capitalism, and the Economics of Growth and Prosperity (2007) ) establecen al denominar el tipo de capitalismo oligárquico “o de compinches” como diferente a otros modelos de capitalismo y su peor desempeño en crecimiento económico. Pero también, son esos los países donde la desigualdad de ingresos y riqueza es más marcada.

Es saludable para la economía y la sociedad acabar con la apropiación ilegítima de ganancias obtenidas mediante la corrupción, pues esta no solamente produce una desigualdad moralmente repudiable, sino que también reduce la competencia legal, disuade la inversión y estanca el crecimiento económico,  necesario para reducir la pobreza.

Otra dimensión del efecto de los valores culturales se observa en el tema de los ingresos y gastos estatales, con impactos en la desigualdad.

Los impuestos son la fuente principal de los gobiernos para financiar su operación y llevar a cabo programas de beneficio social que ayudan a aliviar las desigualdades de ingreso en la población. La mayoría de gobiernos tienden a aplicar impuestos progresivos sobre la renta con ese fin. Sin embargo, hay un límite que si se sobrepasa, no redunda en una mayor recaudación.  La Curva de Laffer, desarrollada en base a datos reales, enseña que las altas tasas impositivas desalientan a las personas a trabajar, ahorrar e invirtir. Esto significa que obtienen menos ingresos imponibles. Las altas tasas impositivas también alientan a las personas a esconderse en refugios fiscales y declarar sus ingresos de manera insuficiente. Y esta evasión fiscal también reduce los ingresos imponibles. Y si la renta imponible cae lo suficiente, puede compensar por completo el impacto de la tasa impositiva más alta, lo que significa menos ingresos.

Hay sociedades donde se valora más el ocio,  el goce del tiempo libre en el presente y el consumo inmediato, y hay otras donde se valora más el trabajo y el ahorro para el futuro.  Incrementos en la tributación a los ingresos de negocios y capital tendrán menor efecto en las primeras y causarán mayor desincentivo en las segundas.  También, el efecto será distinto en sociedades más homogéneas o más heterogéneas. En las primeras, el impuesto se percibe más como una contribución con la que se está de acuerdo, mientras que en la segunda, se percibe más como una obligación impuesta con la que poco se está de acuerdo.

También depende del grado de confianza que los agentes económicos tienen en la eficiencia del manejo de los recursos por parte del Estado. Si la percepción es que existe mucha filtración por corrupción y uso inefectivo de los recursos en la redistribución hacia los sectores de menores ingresos, hay mayor resistencia a los impuestos y mayor nivel de evasión fiscal. Dependerá entonces de cuántos y qué tan grandes sean los huecos por donde se fugan los recursos.

Las evidencias de que el Estado en América Latina es un gran despilfarrador de recursos salieron a luz con la publicación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de su informe insignia  “Mejor Gasto para Mejores Vidas. Cómo América Latina y el Caribe puede hacer más con menos” (2018) que muestra que cada año, la ineficiencia en el gasto de los Gobiernos de América Latina y el Caribe genera un despilfarro total de 220.000 millones de dólares, el equivalente a un 4,4% del PIB. «Esa cifra, bien invertida, sería suficiente para acabar con la pobreza extrema en la región» asegura Alejandro Izquierdo, economista jefe del BID.

El despilfarro de recursos no es más que una contabilización de la corrupción gubernamental.

El informe del BID es revelador y contundente. En América Latina, más recursos para el Estado significa más recursos desviados por la corrupción para beneficiar a unos cuantos corruptos y perjudicar a la mayoría. Pero también significa menos recursos disponibles en el bolsillo de las personas para consumir o para ahorrar e invertir. Menos recursos para expandir la demanda y la producción.

La corrupción daña a los pobres desproporcionadamente, desviando fondos asignados para el desarrollo, minando la capacidad gubernamental de proveer servicios básicos, alimentando la desigualdad y la injusticia, y desalentando la inversión y la ayuda extranjera. La corrupción es un elemento clave en el bajo desempeño económico y un obstáculo principal para el desarrollo y la reducción de la pobreza”-  Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, en su discurso sobre la adopción por la Asamblea General, de  la Convención contra la Corrupción. New York, 31 Octubre 2003.

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